por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología Ética y Derechos Humanos
Titular: Prof. J.J.M. Fariña

ATP: Lic. Fraiman Carlos
Lic. Loza Julieta

Comisión Nº 13

Segundo Cuatrimestre 2010

Perfumo, Magdalena DNI 31.082.412 maguirula@hotmail.com
Velez Gabriela DNI 33.209.757 gaby_lnlp@hotmial.com

Consignas:
1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

En el presente trabajo haremos una articulación teórica con la película Titanic. Hemos escogido como personaje a analizar al Capitán del barco ya que en él podemos observar el entrecruzamiento entre sus propias decisiones, deseos y ambiciones subjetivas y las que respectan al cargo de Capitán del barco, es decir su responsabilidad en cuanto a la conducción del mismo. Introduciremos la reseña de las escenas pertinentes en la película y fundamentaremos nuestra elección siguiendo el los ejes temáticos de las consignas.

En la primer escena en que aparece el Capitán, se muestra orgulloso del barco y de ser quien está a su mando. Le da la indicación a uno de sus trabajadores para que lo pongan a toda marcha para dar cuenta del andar del barco a los tripulantes. Luego el Capitán y el Señor Isman (un señor reconocido en su círculo social y de importante incidencia en el Titanic) se encuentran en el salón tomando un té y éste le pregunta porqué el Titanic tiene todavía cuatro calderas sin funcionar, a lo que el Capitán responde que no quiere exigir el funcionamiento del barco. Isman insiste en que podría ser de mucho prestigio para el Capitán que el Titanic llegue a destino un día antes y que el retiro del Capitán fuera luego de ese éxito logrado y reconocido públicamente. El Capitán le asiente con la cabeza que cumplirá ese pedido. Suponemos que en este posicionamiento responde no solo a una demanda de un Otro, sino también a sus propios deseos de prestigio y reconocimiento que le planteaba Isman en el diálogo.
A continuación, el Capitán es informado desde el norte de la presencia de icebergs, un poco más adelante, el Capitán se encuentra en la cubierta observando la noche y le comenta al subcapitán de lo tranquilo que se encuentra el océano. El subcapitán le recuerda de la posibilidad de icebergs por la zona y de lo difícil que es verlos por la noche. Allí el Capitán piensa y luego le comunica que deja el puesto, que mantengan la velocidad y la dirección. Vemos que, en diferentes situaciones, se ve interpelado y teniendo la posibilidad de repensar su postura, él aún así decide sostener dicha decisión.
En un momento Rose le pregunta a Andrew, el ingeniero naval, acreca del número de botes de rescate en relación al número de pasajeros y Andrew le confirma que, si los necesitaran, sólo alcanzarían para la mitad de la tripulación. Suponemos que, por el cargo que ocupaba, este dato está implícito en las decisiones del Capitán, por lo que en sus decisiones había ya un riesgo que estaba decidiendo asumir.
A partir de estas escenas podríamos ubicar el primer tiempo lógico.
Los trabajadores de proa estaban distraidos mirando a los protagonistas y cuando vuelven a sus cargos ven el iceberg. Comunican la alerta. Al ser notificado el Capitán da la orden de cerrar las puertas herméticas e iniciar contramarcha. Luego a detener la marcha y revisar los daños del barco. Se hace una reunión donde el ingeniero naval analiza los mapas del barco y notifica que en una o dos horas se producirá el hundimiento del barco. El Capitán manda la señal de SOS diciendo que se van a pique por la proa y necesitan ayuda. Reciben una respuesta diciendo que acudirán a dar ayuda en cuatro horas. El Capitán se sorprende asustado y rápidamente vuelve a una actitud de “calma”, desde aquí empieza a caminar absorto y confundido. Aquí podemos ubicar el segundo tiempo lógico donde se ve claramente la interpelación subjetiva que provocan los hechos, ya no responde desde “el estado de arte”. El Capitán ha agotado las posibilidades de respuesta desde su cargo encontrándose con la limitación inminiente de la catastrofe, ha llegado la instancia en que sus saberes anticipados se han agotado. Estas habían sido las respuestas desde su paricular, que dan cuenta de la función que ocupaba en el barco, estando su responsabilidad subjetiva íntimamente relacionada a la jurídica, es decir que en sus decisiones subjetivas estaban implicados su potencial prestigio y su deber ser como Capitán.
Es a partir de este momento que comienza una suceción de acontecimientos que continúan atravesándolo y donde él continúa actuando con dicha afectación:
Se le acerca el subcapitán y le pregunta si a los barcos deberían subir primero mujeres y niños. El Capitán confundido dice que sí y sigue caminando. Luego aparece observando el agua subiendo por el barco. Luego, mientras va caminando una mujer le pide ayuda y él sigue sin hablarle, un hombre le ofrece el salvavidas y él sigue sin responder.
Vemos que en estos acontecimientos el Capitán no responde como una persona más en el barco que intenta salvar su vida, ni tampoco, como hemos dicho ya, desde el rol de Capitán habiéndosele agotado las instancias posibles. Sino que corriéndose del lugar de la culpa, o a través del lazo que ésta establece, asumiendo la responsabilidad subjetiva respecto a las decisiones previamente tomadas, aparece algo más respecto al acto ético, es decir a la singularidad del sujeto, sujeto que en su momento decidió (a pesar de los riesgos) acorde a sus deseos.
Éste sujeto en situación se encuentra en una encrucijada ¿cuál es su margen para crear sentidos a dicha situación?. Acto seguido, se dirige a la cabina de tripulación, la recorre hasta llegar al timón y allí aguarda hasta la última escena en donde el agua entra a la cabina por las ventanas y el Capitán se funde en el océano aferrándose del timón. Aquí ubicamos el tercer tiempo lógico, es decir se produce la resignificación del tiempo uno.
En torno al concepto de azar vemos que dentro de este conocimiento que tenían acerca de la presencia de icebergs en la zona que estaban atravesando, existía un margen de contingencia con el cual el Capitán decidió jugar. Y a partir del choque contra el iceberg es que esa aparición azaroza se torna necesariamente en una responsabilización de su parte como respuesta y a su vez la situación eccede las posibilidades de acción del sujeto en torno a la misma. Por ese choque azaroso se resignifican todas sus acciones anteriores y así mismo las subsiguientes ya que en consecuencia hay un reposicionamiento subjetivo.
Del mismo modo, este hecho puede observarse como una catástrofe donde a diferencia del desastre, en el que el hombre está excento de responsabilidad, aquí fue un evento que “exede las capacidades singulares y colectivas”, “suponen la intervención del azar sumada al error humano”. Vemos en el recorrido por las sucesivas decisiones y el accidente, su incidencia en este encuentro con la naturaleza y los cambios en su accionar consecuentes, en donde asumió, a su modo, su implicación en tal suceso.
A modo de cierre, se nos plantean algunos interrogantes: ¿Qué otras posibilidades de respuestas tenía que no evadieran su responsabilidad? ¿Hubiese actuado de esta manera si el número de botes de rescate cubrían la capacidad de pasajeros? ¿Si en las instancias en que pudo repensar su decisión de sostener la marcha cambiaba de decisión, eso también lo habría hecho responsable de sus deseos?
Nos surge la reflexión de la imposibilidad del sujeto de tener control de todo, puesta a la vista entre el azar y las acciones del Capitán, entre el accidente y los límites de la acción que impone la inminencia de una catastrofe, de ese encuentro con lo real. También pensamos en cómo influye la subjetividad de la época, el querer ser “alguien” reconocido o exitoso, ¿hasta dónde se juegan esos deseos en las negociaciones con el azar y los riegos?. ¿Cuánto se puede relativizar la responsabilidad de un rol que implica una responsabilidad por sobre el resto (en este caso el del Capitán de un barco) en relación a las propias añoranzas? ¿Dónde ubicamos la ética del deseo allí?
Bibliografía

- D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra viva, 2006.

- Fariña, J. J. M.: Desastres y catástrofes, Ficha de Cátedra. Mimeo. www.psi.uba.ar

- Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra viva, 2006.



NOTAS

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