por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Segundo Parcial
Segundo Cuatrimestre – Año 2009

Alumnos: Axel Bonilla
M. Lucía Navarro
Asignatura: Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra: J. J. M. Fariña
Año: 2009
Comisión: 3
Ayudante: Lucila Kleinerman

Para la realización de este escrito hemos decidido tomar el film norteamericano del género épico “Troya”, dirigido por Wolfgang Petersen, con Brad Pitt como Aquiles, Eric Bana como Héctor, Orlando Bloom como Paris y Peter O` Toole como Príamo. Nos centraremos concretamente en el personaje de Aquiles para abordar el circuito de la responsabilidad, entre otras temáticas planteadas.
En tiempos de guerra, 3200 años atrás, la Grecia de Agamenón combatía incesantemente para conquistar la mayor porción de tierras posible. Por pedido de su hermano Menelao, para recuperar a su esposa Helena, que viajó junto con el joven Paris, invaden, con un millar de barcos, las costas de Troya. Aquiles, el mejor guerrero griego, así como también el más obstinado, es convencido para ir a la a la guerra, en donde conseguiría la inmortalidad. Éste decide ir junto con su primo y sus mirmidones, no por amor a su patria, sino con el motivo de ser reconocido a través de los tiempos. Al encontrarse con Héctor, príncipe de Troya, se da el primer diálogo entre ambos protagonistas, en el que Aquiles da a conocer su meta:

Héctor: -¿Por qué viniste?-
Aquiles: - Hablarán de esta guerra durante mil años.-
Héctor: -En mil años, el polvo de nuestros huesos no existirá.
Aquiles: -Sí, príncipe. Pero nuestros nombres quedarán.

Aquiles se encuentra en su campamento con una esclava troyana, Briseida. Los dichos de esta mujer hacen que este guerrero abandone su orgullo y decida no luchar y volver a Grecia.
Los troyanos, luego de una primera victoria, aprovechan la baja moral de los griegos e invaden su campamento. En ese momento aparecen los mirmidones, liderados por Aquiles, lo cual confunde a los guerreros, ya que se suponía que no lucharía. Éste se enfrenta con Héctor, quien lo derrota y corta su cuello. Al sacarle el casco que le cubría la cara, sorpresivamente descubre que quien cayó vencido no era el mejor guerrero griego, si no que su joven primo y aprendiz, Patroclo.
Al enterarse Aquiles de la noticia, cambia su decisión de volver a Grecia y decide enfrentarse a Héctor para vengar la muerte de su primo. Héctor es derrotado, y ya muerto, es humillado por Aquiles quien le ata los pies a su carruaje y lo arrastra, como si fuera un trofeo de su victoria personal, hasta el campamento griego.
Llegada la noche, Aquiles descansa en su refugio, cuando es sorprendido por un misterioso visitante. Éste resulta ser Príamo, rey de Troya, el cual viene a reclamar el cuerpo de su hijo Héctor para poder darle los honores funerarios merecidos. Esta escena es la que utilizaremos para el desarrollo central del circuito de la responsabilidad, ya que en ella ubicamos el tiempo 2 del mismo en Aquiles, quien se ve involucrado en un cambio de posición subjetiva a raíz de su diálogo con el rey. Éste se desarrolla del siguiente modo:

Príamo ingresa en la escena encapuchado, se quita la capucha, se arrodilla ante Aquiles y besa sus manos con un aire de desesperanza en su rostro, revelando su identidad tras decir que ha visto morir a su hijo.
Aquiles: -Eres valiente. Podría tener tu cabeza en una pica en un segundo.-
Príamo: -¿De verdad crees que la muerte me espanta ahora? Vi a mi hijo mayor morir. Te vi arrastrar su cadáver detrás de tu carroza. Devuélvemelo. Él se merece el honor de un entierro apropiado, tú lo sabes. Dámelo.-
Aquiles: -Mató a mi primo.-
Príamo: -Él creía que eras tú. ¿Cuántos primos has matado tú? ¿Cuántos hijos y padres y hermanos y maridos? ¿Cuántos, valiente Aquiles?-
Aquiles queda sin respuesta ante la sentencia del rey.
Príamo: -Yo conocí a tu padre. Murió antes de lo debido. Pero tuvo la suerte de no vivir suficiente para ver caer a su hijo.-
Aquiles sigue sin contestar y desvía su mirada hacia un lado en señal de consentimiento con los dichos del rey.
Príamo: -Tú me lo has quitado todo. Mi hijo mayor, heredero de mi trono, el defensor de mi reino. No puedo cambiar lo que pasó. Es la voluntad de los dioses. Pero hazme esta pequeña caridad. Yo amé a mi hijo desde el momento que abrió los ojos, hasta el momento en que tú se los cerraste. Déjame lavar su cuerpo. Déjame decir los rezos. Déjame poner dos monedas en sus ojos para el barquero.-
Aquiles se sostiene en silencio y pensativo, y dice:
Aquiles: -Si te permito salir de aquí, si dejo que te lo lleves, eso no cambia nada. Seguirás siendo mi enemigo en la mañana.-
Príamo: -Tú sigues siendo mi enemigo esta noche. Pero hasta los enemigos pueden mostrar respeto.-
Aquiles lo mira fijamente en silencio, perplejo por sus palabras, se levanta y dice:
Aquiles: -Admiro tu valor. Encuéntrame afuera en un momento.-

En ese momento, Aquiles abandona el refugio y se dirige hacia el cuerpo de Héctor. Mientras lo envuelve cuidadosamente, desencadena un doloroso llanto sobre el cadáver y dice: “Pronto nos veremos, hermano”.
Situamos como tiempo 1 del circuito de la responsabilidad al momento en que Aquiles vence a Héctor en la pelea para cobrar venganza por la muerte de su primo; y, atado de los pies, arrastra desde su carro el cadáver por la arena hasta el campamento griego, ubicándolo de este modo como un trofeo de guerra. Este comportamiento se condice con el carácter narcisista predominante en Aquiles durante toda la trama, evidenciado en su insubordinación ante Agamenón o su interés por hacer que su nombre trascienda en el tiempo, en contradicción con el rol del clásico soldado que obedece y muere por un rey. Entonces, según M. E. Domínguez, en el tiempo 1 “…se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada…” , lo cual se condice con el carácter egoísta de Aquiles, hasta que ésta se ve confrontada con un acontecimiento que llama a responder al sujeto, sujeto del inconsciente, ya ubicados en un tiempo 2. Esta primera acción se corresponde con un síntoma egosintónico, ya que se halla en sintonía con el yo, con su universo imaginario, agotándose en su forma de ser, sin plantear aún una interrogación para el sujeto.
En el diálogo con Príamo, el universo particular puramente narcisista de Aquiles encuentra un punto de inconsistencia, de hiancia, en pos de la irrupción de una singularidad que introduce algo fuera de lo esperable; Aquiles lo refleja en la perplejidad de su mirada, algo nunca antes demostrado por el valiente guerrero. Aquí ubicamos la aparición de un tiempo 2 en el circuito, en donde se produce una interpelación al sujeto para que responda con la puesta en juego de su deseo; tiempo lógico que, en realidad, pone en marcha el circuito, ya que resignifica la acción del tiempo 1 que, de no haber sido retomada por la interpelación, no hubiese cobrado importancia en la trama vital del individuo. Es un “…tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían…”
Esta interpelación subjetiva que introduce una singularidad en el universo ideal vigente hasta el momento en Aquiles sigue evidenciándose en la continuación del diálogo:

Aquiles: -Tu hijo es el mejor rival que he tenido. En mi país los juegos funerales duran 12 días-.
Príamo: -Igual en mi país.-
Aquiles: -Entonces el Príncipe tendrá su honor. Ningún griego atacará Troya en 12 días.-
Aparece en escena Briseida y Aquiles dice:
Aquiles: -Estás en libertad. Si te lastimé, no fue mi intención. Vete. (a Príamo) Nadie los parará, te doy mi palabra. Eres mucho mejor rey que el que dirige este ejército.-

Este segundo tiempo obliga al sujeto a volver sobre su decisión (en este caso, la conducta narcisista y poco respetuosa de Aquiles), genera un sentimiento de culpa, y lo llama a responder. Así es como continúa M. E. Domínguez: “…es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el deseo. Esa falla que el circuito comporta no es otra cosa que el lugar mismo del deseo. Deseo que, indomesticable, no se deja atrapar por el significante: es entre significantes…”
Es evidente el cambio de posición subjetiva producido en Aquiles a raíz de la interpelación de Príamo: algún significante del discurso del rey ha logrado penetrar en el inconsciente de Aquiles desestructurando su edificio yoico, dejándolo sin palabras, derrumbando la trama imaginaria que hasta el momento lo sostenía. A diferencia de la acción yoica del tiempo 1, ésta representa un síntoma egodistónico, conmoviendo la trama fantasmática en detrimento de la sintonía yoica. Aquiles es llamado a responder; en términos de Freud, a “hacerse responsable por un saber no sabido”. G.Z. Salomone, retomando a Freud, afirma que “…Freud responsabiliza al sujeto de aquello que desconoce de sí mismo, aún de aquello que él mismo, acorde a sus valores morales, no estaría dispuesto a reconocer como propio…” .
Desde un principio, nos encontramos con un Aquiles sumamente narcisista, egoísta, preocupado por sus propios ideales, negado a ser ubicado como un simple siervo de los caprichos del rey. Estos ideales de Aquiles se veían movidos principalmente por su pretensión de ser recordado, de que su nombre perdure a través de la historia. Existen varias escenas en donde se refleja esta personalidad narcisista del guerrero griego:

Al comienzo de la película Ulises, enviado por Agamenón, solicita a Aquiles que se una al ejército griego en la guerra con Troya, a lo que éste responde:
Aquiles: - ¿vienes a petición de Agamenón?-
Ulises: -Necesitamos hablar.-
Aquiles: -No pelearé por él.-
Aquiles modifica su decisión ante los posteriores dichos de Ulises:
Ulises: -Esta guerra nunca será olvidada. Tampoco los héroes que peleen en ella.-
En la siguiente escena, Aquiles se encuentra con su madre, la cual le dice:
Tetis: -Si vas a Troya, la gloria será tuya. Escribirán historias sobre tus victorias durante miles de años. El mundo recordará tu nombre. Pero si vas a Troya, nunca volverás a casa. Pues tu gloria está ligada a tu perdición.-
Mas adelante, en otra escena, Agamenón se dirige a uno de sus súbditos diciéndole:
Agamenón: -¡Héctor pelea por su país! ¡Aquiles pelea solo por si mismo!... ¡Aún si pudiera hacer las paces con Aquiles, él no me hace caso!-

En la escena con Príamo, desarrollada anteriormente, se ve por primera vez un Aquiles conmovido y sin respuesta, a tal punto en que llega a llorar sobre el cadáver de quien, en momentos anteriores, había estado mancillando y deshonrando, paseándolo como un animal, en señal del triunfo de su venganza.
Aquiles, a raíz de la interpelación subjetiva, producto de los dichos de Príamo, se “sabe” culpable, lo que lo obliga a responder por su deseo, poniendo en marcha el circuito de la responsabilidad subjetiva: “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa”; como afirma O. D´Amore, retomando a Jinkis, “…solo el hecho de saberse culpable de la situación en juego permite la posibilidad de otro tipo de responsabilidad no clivada (…) Es la culpa, lo que ob-liga a responder…” . Es entonces la culpa la que hace que Aquiles vuelva retroactivamente sobre su acción, así como también sobre su personalidad, produciendo una respuesta que lo obligue a hacerse cargo de su deseo inconciente.
A razón de lo desarrollado anteriormente, planteamos la Hipótesis Clínica en relación al deseo inconciente de Aquiles de encontrarse regulado bajo una ley paterna que le otorgue una identidad, que lo ubique en el mundo simbólico; un significante paterno que le garantice un marco de sostén para no quedar indefenso ante la falta del Otro. Aquiles buscaba desesperadamente inscribir su nombre, su ser, dentro de un plano significante en el que pudiera ser reconocido; un lugar que le otorgue una inmortalidad nominal. El respeto y la sinceridad presentes en el trato de Príamo, le otorgan un esbozo de esta identidad que él busca tener lo cual lo lleva a ceder ante sus pedidos. Se ve como Aquiles, atrapado por el surgimiento de angustia producto de la vacilación del sostén imaginario del fantasma, trata como “hermano” al que había sido su mayor enemigo, y se ve compelido a responder, asumir una responsabilidad por lo que fue, encarando una batalla con su propio ser. En su último dialogo con su amigo y leal mirmidón, Eudoro, Aquiles dice:

Aquiles:-Perdóname, Eudoro. Hice mal en pegarte. Has sido un amigo fiel toda tu vida.-
Eudoro:- Espero nunca volver a desilusionarlo.-
Aquiles:- Yo he sido la desilusión. Despierta a los hombres. Los llevarás a casa.-
Eudoro:-¿Ud. no vendrá con nosotros?-
Aquiles: Tengo que pelear mi propia batalla. No quiero que nuestros hombres sean parte de esto.-

Aquiles muestra su culpa y arrepentimiento ante su amigo y decide asumir la responsabilidad de pelear la batalla más difícil de su vida. Podemos decir que Aquiles llega a pesquisar su destino, en este caso, su responsabilidad subjetiva, ante la posibilidad incluso de su propia muerte; y, aún así, decide encarar esa batalla que él toma como propia. Esto se clarifica ante el dicho de Aquiles frente al cadáver de Héctor “Pronto nos veremos, hermano”. Esta asunción de responsabilidad por parte de Aquiles se refleja en la frase de J. C. Mosca: “…la razón de que se trata tiene su verdad en el deseo, es decir, se trata de una razón deseante, una razón impensable en el campo de la ciencia, pero constituyente del campo de la subjetividad. Y aunque no interrogue acerca de la voluntad, sí plantea una elección: o por el Otro y el sentido, o por el Sujeto, la verdad y la responsabilidad…” . Retomando el circuito de la responsabilidad, ubicamos esta escena en la que Aquiles decide “pelear su propia batalla” como tiempo 3, en donde se toma una posición que desembocará en un acto ético, de tal magnitud que culmina con la muerte efectiva del héroe; producción de un sujeto como efecto de la división de la palabra, es decir, un sujeto del inconciente, $.
Para culminar, en palabras de G. Z. Salomone: “…se trata de evocar la falta, sostener y propiciar el punto de inconsistencia que da lugar a la responsabilidad subjetiva fundadora de sujeto (…) haciendo lugar a la producción de verdad…”

Bibliografía:
• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
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