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PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CÁTEDRA 71

PROF. FARIÑA, JUAN JORGE MICHEL

SEGUNDA EVALUACIÓN

COMISIÓN 8

ALUMNA: ALESSO, SONIA LUISA

SEGUNDO CUATRIMESTRE 2009

Segunda Evaluación Ética:
Para esta segunda evaluación he elegido un texto literario escrito por el cuentista y novelista francés Guy de Maupassant (1850-1893), llamado “Un drama verdadero” (Alianza Editorial S.A.-E.Rei Argentina S.A.-Edición realizada mediante acuerdo especial con Compañía Europea de Comunicación e Informática S.A.).
A continuación lo transcribiré, omitiendo los primeros y últimos párrafos, porque no los considero relevantes en mi trabajo:
“En una propiedad rural, mitad granja y mitad quinta, vivía una familia que tenía una hija a la que cortejaban dos jóvenes, hermanos.
Estos pertenecían a una antigua y excelente casa, y vivían juntos en una propiedad vecina.
El preferido fue el mayor. Y el pequeño, a quien un amor tumultuoso le trastornaba el corazón, se tornó sombrío, soñador, errabundo. Salía durante días enteros o bien se encerraba en su habitación, y leía o meditaba.
Cuanto más se acercaba la hora de la boda, mas receloso se volvía.
Aproximadamente una semana antes de la fecha fijada, el novio, que regresaba una noche de su cotidiana visita a la joven, recibió un disparo a quemarropa, en un rincón del bosque. Unos campesinos, que lo encontraron al nacer el día, llevaron el cuerpo a su hogar. Su hermano se sumió en una fogosa desesperación que duró dos años. Se creyó incluso que se metería a cura o que se mataría.
Al cabo de esos dos años de desesperación, se casó con la novia de su hermano.
Entretanto no se había podido encontrar al homicida. No existía el menor rastro seguro, el único objeto revelador era un trozo de papel casi quemado, negro de pólvora, que había servido de taco al fusil del asesino. En aquel jirón de papel estaban impresos unos versos, el final de una canción, sin duda, pero no se pudo descubrir el libro del que había sido arrancada aquella página.
Se sospechó que el asesino era un cazador furtivo de mala nota. Fue perseguido, encarcelado, interrogado, hostigado, pero no confesó, y fue absuelto, por falta de pruebas.
Tal es la exposición de este drama. Uno creería estar leyendo una horrible novela de aventuras. No falta nada: el amor de dos hermanos, los celos de uno, la muerte del preferido, el crimen en un rincón del bosque, la justicia despistada, el acusado absuelto, y un leve hilo en manos de los jueces, el trozo de papel negro de pólvora.
Y, ahora, transcurren veinte años. El hermano menor, casado, es feliz, rico y considerado: tiene tres hijas. Una de ellas va a casarse a su vez. Se desposa con el hijo de un viejo magistrado, uno de los que formaron el tribunal antaño, cuando el asesinato del hermano mayor.
Y he aquí que se celebra la boda, una gran boda rural, una juerga. Los dos padres se estrechan las manos, los jóvenes son felices. Cenan en la larga sala de la quinta, beben, bromean, ríen, y llegados a los postres, alguien propone cantar canciones, como se hacía en los viejos tiempos.
La idea agrada, y cada cual canta.
Al llegarle su turno, el padre de la desposada busca en su memoria antiguas coplas que tarareaba en tiempos, y poco a poco las encuentra.
Hacen reír, se aplauden, él prosigue, entona la última, después, cuando ha acabado, su vecino el magistrado le pregunta: “ ¿ De dónde diablos ha sacado usted esa canción? Conozco los últimos versos. E incluso me parece que están relacionados con alguna grave circunstancia de mi vida, pero no lo sé exactamente, estoy perdiendo la memoria.”
Y al día siguiente, los recién casados salen de viaje de bodas.
Sin embargo, la obsesión de los recuerdos imprecisos, ese prurito constante de recordar una cosa que se les escapa sin cesar, acosaba al padre del joven. Tarareaba sin descanso el estribillo que había cantado su amigo, y seguía sin recordar de dónde le venían aquellos versos que, sin embargo, tenía grabados desde hacía mucho tiempo en la cabeza, como si hubiera sentido un serio interés por no olvidarlos.
Transcurren dos años más. Y he aquí que un día, hojeando unos viejos papeles, encuentra, copiadas por él, aquellas rimas que tanto ha buscado.
Eran los versos que habían quedado legibles en el taco del fusil de que se habían servido antaño para el asesinato.
Entonces vuelve a iniciar él solo la investigación. Interroga con astucia, registra los muebles de su amigo, tanto y tan bien que encuentra el libro cuya página había sido arrancada.
El drama se desarrolla ahora en ese corazón de padre. Su hijo es el yerno de aquel de quien sospecha tan violentamente, pero, si el sospechoso es culpable, ha matado a su hermano para robarle la novia! ¿ hay crimen mas monstruoso?
El magistrado triunfa sobre el padre. El proceso vuelve a abrirse. El verdadero asesino es, en efecto, el hermano. Lo condenan.”
De esta historia he recortado los siguientes tiempos de una singularidad en situación:
TIEMPO UNO:
El protagonista de esta historia es un “viejo magistrado, uno de los que formaron el tribunal antaño, cuando el asesinato del hermano mayor.”, quién fue despistado en su investigación, y a quién lo único que le queda de ese juicio fue un trozo, un jirón de papel negro de pólvora donde estaban impresos versos, versos que eran el final de una canción. Ese papel era una página de un libro que nunca pudo ser hallado.
TIEMPO DOS:
Después de veinte años del asesinato y en ocasión de celebrarse la boda del hijo del viejo magistrado, luego de haber comido, bebido y llegando a los postres, alguien propone cantar canciones, como se hacía antiguamente. Cuando es el turno del padre de la novia, éste tararea viejas coplas.
Cuando termina con su última canción el viejo magistrado le pregunta: “ ¿ De dónde diablos ha sacado usted esa canción? Conozco los últimos versos. E incluso me parece que están relacionados con alguna grave circunstancia de mi vida, pero no lo sé exactamente, estoy perdiendo la memoria.”
TIEMPO TRES:
Después de dos años, el magistrado, hojeando viejos papeles, encuentra, copiadas por él, esas coplas escuchadas en la boda, y que tanto interés tuvo en no olvidar, eran los versos que habían quedado legibles en el taco del fusil de que se habían servido antaño para el asesinato.
Decide iniciar él solo la investigación, y al registrar los muebles de su amigo, encuentra el libro cuya página había sido arrancada.
Pero el drama es que su hijo es el yerno de aquel de quien sospecha que ha matado a su hermano para robarle la novia.
En síntesis el protagonista se encuentra en una encrucijada ante la cual debe responder por su acción: ha descubierto el autor del crimen. Es un juez que ha investigado un homicidio que ha quedado impune luego de un proceso de investigación, pero lo que podría haberse perdido en el laberinto del olvido, vuelve a escena de la mano de un juego desarrollado durante la fiesta. Si bien el azar está presente en dos oportunidades: su hijo se casa con la hija del asesino y la canción elegida es la prueba del delito, la responsabilidad subjetiva del magistrado lo lleva a realizar un acto ético: la condena del asesino, prescindiendo de su situación familiar.
Con respecto a la hipótesis clínica, no estoy en condiciones de plantearla.



NOTAS

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