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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

Psicología Ética y Derechos Humanos

Segundo Parcial Domiciliario

2º Cuatrimestre del 2009

Cátedra: I
Profesor Reg. Titular: Lic. Fariña, Juan Jorge Michel
Profesor Adscripto: Lic. Laso, Eduardo

Comisión: 8
Alumna: Montenegro, Marcela
D.N.I.: 30.304.734

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).
En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.
Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.
Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.
Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.

Para desarrollar el trabajo propuesto, he elegido al personaje “El Tenso”, del film argentino “Un novio para mi mujer”, de Juan Taratuto, protagonizado por Adrián Suar (quien protagoniza “Al Tenso”) y Valeria Bertuccelli (“La Tana”).
El mismo siente que su vida junto a La Tana es insoportable, ella tiene un carácter muy peculiar, a penas se levanta, sin dejar de prender el primer cigarrillo matutino, comienza su día enumerando una seria de situaciones de la vida que no soporta, que dice odiar y la irritan; las cuales con gran énfasis y entusiasmo se las cuenta a su marido, haciendo de sus palabras un monólogo constante de quejas hacia la vida, los vecinos, los amigos de él; el listado es extenso y amplio. Y frente a esto, el Tenso la mira, la escucha, pero no dice mucho, por lo menos no en frente de ella, a lo sumo le advierte que: “me parece que te estas haciendo demasiada manija”, o le pide que acepte a sus amigos tal como son.
Dada esta situación parental, todos los días el Tenso sale a trabajar, no sin seguir escuchando las quejas de su mujer en el teléfono, quien se queda en la casa para, podríamos decir, seguir ampliando su lista de cosas que la irritan y la desesperan. Mientras tanto, el Tenso juega a la pelota con sus amigos, y durante los partidos, como en el vestuario al finalizar los mismos, se encarga de contarle la pesadilla que vive todos sus días: la Tana, diciendo “la estoy pasando muy mal,…quiero renunciar al matrimonio…”, y ante la pregunta de uno de sus amigos: “¿Por qué no das el paso (de separarse)?”, el Tenso contesta: “Quiero dar el paso, pero no puedo, me da miedo, no puedo mirarla a los ojos”. Es así que un personaje secundario, que cuida el vestuario masculino, y que podríamos decir que interviene como espectador de las quejas del Tenso hacia su mujer, le dice: “Vos pibe necesitas a alguien como el Cuervo Flores”. Ante lo cual, los amigos se encargan de contarle sobre dicho personaje, que es una suerte de experto para enamorar a las mujeres. Al finalizar esta escena el Tenso enuncia: “Yo necesitaría a alguien así”, y luego se dirige a buscarlo con uno de sus amigos.
Era de noche, hacia frio, y ambos esperaban en el medio de la calle desolada, hasta que llega el encargado del vestuario, quien los dirige hasta el lugar donde se encontraba el Cuervo Flores. Lo encuentran, y en esta escena el Tenso le dice: “Sr. Flores, me quiero separar, me quiero separar de mi mujer y no puedo, por eso vengo a pedirle que seduzca a mi mujer y no pare hasta que ella se separe de mí”. Y luego explica que lo busca a él: “Porque dicen que usted no falla, y es lo que yo necesito Sr. Flores”. Ante esta solicitud, el Cuervo Flores le pide que lleve a su mujer a un restaurante para conocerla, y comienza a acercarse a ella ensayando su seducción. Acepta la solicitud del Tenso, y pactan un contrato, mediante el cual el Tenso debe seguir una serie de indicaciones del Cuervo Flores: hacerle una lista de los gustos y preferencias de su mujer, conseguirle un trabajo porque no podrá llevar adelante el plan de seducción si la Tana permanecía todo el día en la casa, y además que no se comunique directamente con él, que deje el plan en sus manos, el cual consideraba que llegará a su fin en 15 días.
Así las cosas, el Tenso consigue un trabajo para su mujer, para lo cual debió negociar con el dueño de una radio del barrio: la Tana ingresa a la radio si es él mismo quien le paga su sueldo mensual.
Hasta aquí propongo ubicar como primer tiempo lógico del circuito de la responsabilidad subjetiva el momento en que el Tenso le solita al Cuervo Flores que: “seduzca a mi mujer y no pare hasta que ella se separe de mí”. Y el Tenso se asegura de esta acción que realizó, mediante dos pactos: con el Cuervo Flores y con el dueño de la radio, ya que este segundo era indispensable para concretar el primero, y llegando este contrato a su fin, el personaje supone que su mujer lo librará del infierno en que vive, pidiéndole que se separen. Es entonces que podríamos ubicar esta acción en las coordenadas de lo Moral-Particular, porque el Tenso, elige una opción que, podríamos considerarla como una estrategia que “no es la mejor, la más sana para ambos”, si la pensamos desde los valores morales de la época de nuestra sociedad. Es decir que, si bien podríamos objetar que él podría haber elegido otras formas para separarse de su mujer, (por ejemplo, pidiéndole directamente el divorcio legal), la estrategia elegida no deja de tener un lugar en el orden particular porque puede ser pensada y “es nombrable como tal, no excede los recursos simbólicos de la situación, no pone en juego real alguno”, por lo tanto, no es irreductible a las palabras, y es llevada a cabo mediante un plan pensado por el Tenso.
Ahora bien, retomemos la historia del Tenso y su mujer, la misma continua mostrando los cambios rotundos de la Tana, ahora se ríe, comenzó a investir libidinalmente su trabajo en el programa radial, en el cual encuentra una vía regia para manifestar sus quejas, compartirlas con los oyentes y sus compañeros, no sin una cuota de humor de por medio, y por lo tanto ya poco queda para hostigar a su marido. En relación a lo cual considero que, si bien podríamos decir que fue el Tenso el que le consiguió dicho trabajo y que es él el que se encarga de pagarle un sueldo en función de su plan premeditado, el hecho de que justamente este espacio le permitiera manifestarse tal como ella es y la reconozcan, es un hecho azaroso, fortuito, que no fue premeditado por su marido, es que él solo quería que saliera de la casa para ser seducida por Flores.
Entonces, si las quejas antes mediaban entre ellos dos, ahora el Tenso comienza a enfrentarse con la mujer que velaba la Tana, y supone que es gracias al gran trabajo de seducción que estaba realizando el Cuervo Flores.
Sin embargo, veremos que a partir de un momento, el Tenso manifiesta un giro de posición con respecto a su cometido enunciado en el primer tiempo lógico, y propongo ubicar el segundo tiempo lógico del circuito de la responsabilidad en la escena que describiré a continuación. Cuando la Tana y el Cuervo Flores se encontraban en el parque de diversiones, (donde el Cuervo vivía en una casa rodante), almorzando y hablando de sus respectivas vidas, el Cuervo lo ve al Tenso escondido, “espiando la escena”. Va en busca de él, y al preguntarle qué hacía en el lugar, el Tenso manifiesta: “No, vine acá porque empecé a sentir angustia, de golpe, me da vergüenza”, y comienza a llorar. A partir de entonces, podríamos inferir que la culpa interpela al Tenso, la cual se manifiesta en este caso mediante la angustia y la vergüenza, y éste comienza a quebrar las condiciones del contrato pautado en todos los sentidos.
Ahora bien, es en este segundo tiempo lógico a partir del cual podemos decir que, en la acción: “seduzca a mi mujer y no pare hasta que ella se separe de mí”, algo se escapa al orden simbólico, es decir, algo propio del Tenso que podríamos llamar real, es un exceso que no puede ser puesto en palabras. Como tampoco, este exceso fue calculado por el pensamiento, porque de repente comienza a sentir culpa y vergüenza, es decir, estas últimas surgen en una situación-escena específica: en el espiar la escena, y es por esto que lo interpela sobre su acción del primer tiempo. Entonces, este acto singular, que llamamos ético porque revela un más allá del momento en que el Tenso vive, produce un quiebre en las coordenadas de lo Moral-Particular, desarrollada anteriormente. Ya que, podríamos pensar que el “espiar la escena” del segundo tiempo lógico, indica que ya no lo podemos considerar al Tenso una víctima de las insufribles quejas de su mujer de la cual se quería deshacer, sino que podríamos decir ahora, que su acción de llamar al Cuervo Flores se anuda a un deseo, del cual él no sabe nada, y veremos luego de qué se trata.
Retomemos la historia, en ese momento de angustia del Tenso, el Cuervo Flores lo ayuda a recomponerse, y le pide abstinencia, que trabaje a reglamento por unos días nada más, es decir, que se mantenga cordial pero distante con su mujer. Y además, le indica que no le pida explicaciones a ésta sobre dónde va ni a qué hora vuelve, para no obligarla a mentirle.
Frente a éstos pedidos, el Tenso lo intenta, ante las maniobras de seducción de su mujer no responde, pero su abstinencia tiene un límite, y rompe el pacto con el Cuervo Flores. Porque comienza a preguntarle a su mujer a dónde fue, si estuvo sola durante el día, y ante una salida repentina de la Tana, ahora es él quien hostiga a su mujer con preguntas como: “¿Me queres decir algo?, ¿Me estas ocultando algo?”. Asimismo, cuando el Cuervo Flores le dice que no se preocupe por la lista que le había pedido sobre su mujer, porque “en un par de días liquidamos todo”, el Tenso solo puede enunciar: “¿Por qué, ya pasó algo?”. Hasta que llega el momento del arrepentimiento, y va en busca del Cuervo Flores, para decirle que está muy feliz con el trabajo que hizo, pero que quiere que no continúe, quiere romper el pacto. Porque “ella comenzó a trabajar, está más contenta, es más mujer y eso me hizo a mí tener otra mirada, es la mujer de mi vida”. Ante lo cual, el Cuervo Flores acepta romper el pacto.
Teniendo en cuenta lo desarrollado, intentaré a continuación pensar en una hipótesis clínica que permitiría explicar de qué es responsable el Tenso, interpelando al sujeto del inconsciente, es decir, al sujeto del deseo y de la responsabilidad subjetiva.
Hemos visto cómo en el segundo tiempo lógico la angustia y la vergüenza inunda al Tenso, y sabemos que ambas son figuras de la culpa, que aspiran a velar la responsabilidad ante un deseo que habita al sujeto. Por lo cual, considero que la hipótesis clínica, que podría interpretar de qué es responsable el Tenso, es que en el intento de “espiar la escena”, reactualiza mociones pulsionales inconscientes, que constituyeron parte de su vida sexual infantil, ahora reprimida. Entonces, podríamos decir que en la acción de convocar al Cuervo Flores y el “espiar la escena” de seducción, se despliega la forma singular del Tenso en que retorna parte de la sexualidad humana neurótica reprimida, en concordancia con el rasgo universal de la sexualidad: la castración y la ley de prohibición del incesto.
Para ampliar dicha hipótesis, me referiré a lo que plantea Freud sobre algunas características de la vida sexual infantil. Es así que, en la “escena primordial” (cuando el niño fantasea espiando el comercio sexual de sus progenitores), las aspiraciones del Complejo de Edipo se manifiestan: desplazando al padre, para tomar posesión sobre la madre; como así también, de ser poseído por el padre, reemplazado a la madre. Ambas aspiraciones, que expresan la bisexualidad constitucional del ser humano, sucumben a la represión, por amor al narcisismo. Sin embargo, sabemos que el inconsciente no aspira a otra cosa que aflorar a la conciencia y, cuando retorna lo reprimido en forma desfigurada (por condensación o desplazamiento) afloran en el Yo consciente las mociones de angustia, vergüenza y finalmente en este caso el llanto, que si bien generan displacer, proporcionan satisfacción para otro sistema: el inconsciente . Entonces, volviendo a Freud, podríamos decir que el Superyó del Tenso, en su función de conciencia moral que vigila y enjuicia los pensamientos del Yo, ha sabido más que éste último sobre el Ello: el continuar abrigando inconscientemente los deseos prohibidos .
En relación a lo expuesto, considero pertinente hacer una aclaración, no se trata de considerar que el Tenso es responsable de la bisexualidad, ya que ésta, como plantea Freud y sostiene el pensamiento psicoanalítico, es inherente a la constitución del ser humano, y por lo tanto un determinismo que consideramos necesario, y no contingente.
Sin embargo, podríamos inferir que el Tenso, es responsable de convocar a un Otro para que lo confronte con los puntos ciegos de su sexualidad. Y podríamos pensar que, si la culpa que emerge en el segundo tiempo lógico “hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder” , el primer tiempo lógico del circuito de la responsabilidad subjetiva, revela algo del campo de verdad del sujeto: esas palabras plenas de sentido de las que nos habla Lacan, del sujeto del inconsciente, las cuales en este caso podríamos pensar en: “seduzca-me y no pare hasta conseguirlo”.
Finalmente, hemos visto cómo el Tenso, no se responsabiliza por su acto, ya que inmediatamente se asegura de su heterosexualidad varonil, volviendo a investir libidinalmente a la Tana como mujer: ahora dice desearla, es la mujer de su vida. Por lo cual, podríamos pensar que ha cedido a su deseo, el cual no significa necesariamente llevarlo al acto, sino que, de lo que se trata, y es justamente lo que constituye la propuesta peculiar de la clínica psicoanalítica, es que el sujeto pueda tener una posición más ética ante el deseo que lo habita, responsabilizarse del mismo y, a partir de entonces, saber-hacer con él.

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA

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• Domínguez, M. E. (2006): “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.
• Freud, S. (1920): Más allá del principio de placer. Cap. III, Vol. XVIII, Amorrortur, Buenos Aires.
• Freud, S. (1923): “Los vasallajes del yo”, en El yo y el ello. Vol. XIX, Amorrortur, Buenos Aires.
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• Lewkowick, I. (1998): “Particular, universal, singular”, en Ética: Un horizonte en Quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
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• Salomone, G. Z. (2006): “El sujeto dividido y la responsabilidad”, en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva.



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