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Con la finalidad de articular los contenidos teóricos con el tema que plantea la película se han tomado escenas sobre el personaje protagonista: Larry.
Vemos que el sujeto se desenvuelve en un universo conocido, cerrado, que consiste en llevar una vida desordenada, inestable, viviendo al límite de sus circunstancias, sorteando obstáculos que él mismo parece imponerse, resolviendo situaciones sobre la marcha, sin medir las consecuencias materiales o emocionales tanto para él como para su entorno, en especial para con su hijo. Sus días transcurren entre llegadas tarde a cualquier sitio, incumplimientos de todo tipo, situaciones en las que parece no involucrarse, o prefiere creer que se trata de sucesos que le vienen de afuera, inesperadamente, por lo que siempre está pidiendo disculpas, dando excusas por sus faltas, sintiéndose culpable por ello. Incapaz de asumir la responsabilidad frente a estas situaciones, todo para él sucede como algo que no lo puede evitar, mientras las personas que lo rodean, lo ven como un sujeto que pareciera “no pone los pies sobre la tierra”.
Larry cree estar destinado a hacer algo grande, tras diversos, delirantes y fallidos intentos como inventor, se encuentra ante el dilema de seguir detrás de su sueño o buscar un empleo estable, seguro y aceptable para la sociedad. Tras el ultimátum de su ex esposa, quien considera que Larry es irresponsable, que no es una buena influencia para Nicky, el hijo de ambos, decide trabajar ante la primera oferta que aparece, como guardia nocturno en un museo.
Podemos ubicar aquí un Tiempo 1, en que Larry ejecuta una acción: busca empleo, consigue un trabajo de características aparentemente azarosas. Aún sin estar plenamente convencido, forzado por el límite que le impone su ex esposa y por la necesidad de demostrar estabilidad y agradar a su hijo, lo acepta. Se muestra como una acción que se agota en su fin. Desde lo moral- particular, vemos en Larry, un gran esfuerzo por ser un sujeto responsable, de acuerdo con lo esperable, ligado a un sentimiento de culpa por no poder ser un padre “normal” y conseguir un trabajo estable, por no poder fijarse metas claras y realistas. Podría leerse que esa culpa es la que lo moviliza desde lo moral, a trabajar, a “sentar cabeza”, como si tratara de saldar una deuda, reparar una falta, con su hijo, con la sociedad. Tal como lo señala, Oscar D’Amore, él mismo se transforma en un bien ofrecido en garantía, él mismo, como rehén, dispuesto a renunciar a su sueño, para obtener, reconocimiento y valoración.
Larry cumple con su primera noche laborable, en ella sucede lo inesperado, los personajes del museo cobran vida, durante el tiempo que dura su turno, pasa una noche entre el asombro, la desesperación y la incertidumbre en la que se le dificulta discernir entre la realidad y la fantasía. Al día siguiente, convencido que no está dispuesto a volver a experimentar un episodio parecido, y que no es el trabajo que se adecua a sus expectativas, decide renunciar.
En el momento en que se retira, a la salida del museo, se encuentra con su hijo, acompañado del novio de su ex esposa. El niño le expresa su deseo de ingresar y ver cómo es el lugar donde él trabaja, la expresión de ilusión y orgullo que ve en el rostro de su hijo, lo enfrenta a un nuevo dilema: inventar una excusa, ocultando su intención o retractarse de la decisión que acaba de tomar.
Podríamos considerar aquí un tiempo 2: en que la mirada de su hijo lo interpela, es como si hablara por sí misma y lo retrotrae; tal vez es ésta la oportunidad de responder ante el niño, lo ve ilusionado, su hijo demuestra estar orgulloso de tener un papá con un trabajo “serio”, (responder ante el niño, podríamos traducirlo como “responderse a sí mismo”). Vuelve sobre sus pasos, dice que lo intentará una vez más y retoma el empleo. Sabe que lo que le espera es un gran desafío, sobre lo que parece “no saber”, es sobre la singularidad de la situación en que se vio envuelto, ese gran episodio dentro del museo. Se podría pensar que en este segundo momento es cuando se resignifica el tiempo 1, quizás este empleo no apareció, al azar, sino que necesariamente tenía que ocurrir de ese modo y con esas características, como si algo lo conectara con un escenario inconsciente, con un lugar de falta, de amenaza ante la pérdida del objeto de amor. Podemos ver aquí un cambio en la posición subjetiva, una responsabilidad de la que antes parecía incapaz. Algo que hallando soporte en lo moral particular, donde las normas sociales excluyen a quien no es capaz de estabilizarse y responder ante lo esperable, emerge o se inscribe en Larry, desde otro lugar que excede este universo y lo amplía, lo suplementa.
Estamos entonces ante un empleo que aparece por azar, entre tantas ofertas que podrían haber, la consultora de la agencia de empleos, le dice que “tal vez haya algo” para ofrecerle, realiza el contacto con un lugar (el Museo) del que han rechazado a todos los postulantes, enviados anteriormente. Cuando Larry es entrevistado por uno de los Guardias que dejará el puesto vacante, éstos comentan entre sí que “éste es el indicado”, denotando que esperaban alguien como “él” para ocupar el cargo.
Según sostiene Juan Fariña, al referirse a la combinación azar/necesidad: “basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión”. Aquí podemos argumentar nuestra hipótesis clínica: nuestro personaje queda suspendido y es tomado por esta “grieta”: entre el empleo, dado por azar y las características del empleo, que necesariamente aparecen, se crea condición de posibilidad para la responsabilidad subjetiva.
De este modo, podemos inferir que lo que aparece como azar, se combina con algo del orden de la necesidad. Es él, a quien necesariamente se considera apto para un puesto que va más allá de ser un guardia, (secretamente, lo que sucede por las noches, es sabido por los 3 guardias que fueron despedidos, pero Larry, objetivamente, desconoce esta situación).

Mientras busca información para evitar que la siguiente noche en el museo lo “pesque” indefenso, se hace valer de sus recursos de “inventor” para enfrentarse con la situación que ahora ya no es inesperada. Mientras se prepara para su segunda noche de trabajo en el museo, Larry desvía la mirada hacia un portarretrato que contiene la foto de su hijo, esta actitud lleva a pensar que el motivo que vehiculiza el accionar de Larry, es que su hijo recupere la confianza en él, o conservar el amor de su hijo. Lo que abre un interrogante es ¿por qué a través de este tipo de empleo y no de otro? ¿Cómo responde Larry ante esta interpelación?
Ubiquemos el tiempo 3: Larry decide continuar trabajando: antes se despide de su hijo, vuelve sobre sus pasos y anuncia que intentará retomar su turno, por una noche más. Podemos ver que es el momento en que ya no se trata de una respuesta desde la moral, en el orden de lo normativo, sino de lo que se inscribe ante el registro del temor a la pérdida. En un escenario inconsciente, lo podemos pensar como la remoción de un sentimiento de temor a la pérdida del amor y ese temor a la pérdida lo interpela.
En la advertencia de su ex mujer: “-Nicky ya no podrá quedarse contigo, ya no puede tolerar una vida tan inestable,…”, se podría pensar que Larry siente el rigor de la Ley, el “deber hacer” y en consecuencia responde con la búsqueda laboral. Pero es en la expresión del rostro de Nicky, donde intentamos localizar la implicancia de Larry. Cabe preguntarnos con qué lo conecta su deseo de inventar grandes cosas, obtener éxito y la posibilidad de estar con su hijo ocupando un lugar, cumpliendo su función paterna. Podríamos inferir que el móvil que encuentra Larry para retener el amor de su hijo, es eso grandioso que irrumpe, este episodio singular en el museo, que resignifica y expande el tiempo uno y, de este modo, viene a suplementar, a ampliar el universo de Larry. El sujeto decide responder-se, tomar una postura ante ese dilema y llevar a cabo un acto ético: es posible valerse de un trabajo poco formal, (lo adverso adviene favorecedor en este sentido), sin necesidad de renegar de su deseo, consciente, casi obsesivo, de inventar a lo grande, pero que en realidad podría estar ocultando un deseo del que él “nada sabe”, de ser algo para alguien, para el otro. Podemos ver como algo del orden inconsciente lo conduce hacia otro lugar y desde éste, es interpelado. En este punto podemos hablar de la culpa como condición para el circuito de responsabilidad, como culpa que obliga a responder. Es este efecto de desplazamiento, ser alguien para otro - ser protagonista de algo grandioso, el que haría a la función simbólica en juego.
Podemos pensar que es a través de este trabajo, que Larry logra ponerse en contacto con la dimensión de las circunstancias, adquirir el protagonismo de esa historia “mágica” que se desata por las noches en el museo, asumir una responsabilidad que va más allá de lo moral, ante aquello que espera una respuesta de su parte.
Aquí vemos como lo que irrumpe como raro, rompe con un universo conocido para Larry, lo coloca como sujeto en situación, desde lo universal en que se inscribe su función paterna simbólica, que lo convoca a responder no ya desde la realidad objetiva, particular, consensuada, sino desde su realidad psíquica en que se pone en juego su propia subjetividad.



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