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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Ética y Derechos Humanos
2do. Cuatrimestre 2010

Evaluación 2do. parcial
La ética y la responsabilidad subjetiva
Docente: Lic. Adelqui Del Do

Análisis de una película:
Crash

Flavio Hernández
CTP: nro. 2

CRASH

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió: el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le había revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo.
Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.
Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes, que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron: Cayó del cielo.
Wei Cheng, que había despertado, la miró con perplejidad y observó: Qué raro, yo soñé que mataba a un dragón así.

Wu Ch’eng En (autor chino del siglo XVI)

“Opino, simplemente, que se equivocaba el emperador romano que hizo ejecutar a uno de sus súbditos porque éste había soñado que le daba muerte. Primero, habría debido preocuparse por buscar el significado de este sueño; muy probablemente, no era el que parecía. (…)” Freud, S (1900-1901) La interpretación de los sueños. Amorrortu editores, Bs. As., pág. 607 (El sujeto dividido y la responsabilidad, Salomone).
Nada sabemos acerca del desenlace del cuento del epígrafe con respecto a la respuesta del emperador, pero sí sabemos (con Freud) que el sueño, al igual que el síntoma, el acto fallido, y el chiste (como en el caso de Ibbieta en el cuento de Sartre), es otra de las formaciones del inconciente que fallidamente reprimidas encuentran su expresión en forma desfigurada, y que nos indica -una vez más- que hay algo a ser develado más allá de lo aparente, y de lo cual el sujeto es responsable. Freud dice que también de sus sueños es responsable el sujeto. “Se trata de la realidad psíquica. La responsabilidad se ubica en relación a aquel propósito inconciente que, ajeno a la voluntad del yo, propició la acción” (El sujeto dividido y la responsabilidad, Salomone).
Tal vez algo hizo “crash”, en su acepción de verbo como “retumbar”, en el emperador cuando se enteró de la muerte del dragón y del sueño de su ministro. Tal vez algo lo conmovió; así, tanto retumbó la tierra como también la cabeza del emperador, cuando cayó la cabeza del dragón.

CRASH, película estadounidense estrenada en 2005, fue una decantación de lo ocurrido el 11 de setiembre de 2001 en EE.UU (y dudosamente esclarecido por el oficialismo). Luego de aquel hecho, la política estadounidense (bushense, perdón el neologismo) se encargó de instaurar el miedo entre sus habitantes, lo cual no hizo más que generar más actos de segregación de todo tipo con la consecuente violencia. Además, no es casual que haya sido Bush (h) quien obtuviera la (primera) presidencia de su país, cuando todo hacía suponer (y quién sabe qué sucedió) que ganaba su contrincante (lo cual no garantizaba nada en especial). Era necesaria una política exterior determinada para justificar luego lo injustificable en varios países lejos del territorio de EE.UU y, tal vez, también en su misma tierra.

Volviendo a la película, en Crash se trata de la intolerancia, el razismo, la crueldad, el poder, el miedo, la segregación, la responsabilidad, el amor –entre otras cuestiones-, donde no todos los personajes se responsabilizan subjetivamente por las decisiones que toman.
El término crash tiene traducción del inglés al español en tanto sustantivo -estrépito, accidente, choque-, verbo -estrellar, chocar, retumbar, colapsar-, y adjetivo –intensivo. Creo que los personajes viven en una situación de permanente e intensivo estrépito (en tanto ostentación de poder -policial, racial, sexual, político), choque (en sus encuentros violentos, contiendas, disputas, riñas y desazón entre ellos), estrellados (donde los dichos de una persona chocan con las ideas u opiniones de otra, contradiciéndolas abiertamente, o donde se fracasa en la pretensión de tropezar contra un obstáculo insuperable), colapsados (aplicable a la destrucción o ruina de las instituciones, sistemas o estructuras). Y en algunos de ellos todo esto retumba (donde los dichos resuenan mucho o hacen gran ruido o estruendo), dando lugar a una repuesta que nos permite hablar de un Tiempo 3 en el circuito de la responsabilidad subjetiva.
Para el caso, elegí el personaje de Thayer, conocido director de TV, quien volviendo de una cena junto a su esposa en su camioneta, es detenido por dos policías que los perseguían en un patrullero, a pocas cuadras de la casa, acusándolos del “grave delito de felación”, dice uno de los policías. Luego de un cruce de palabras, el policía palpa de armas a la mujer manoseándola lentamente y a la vista del esposo, quien lagrimoso y en visible estado de impotencia nada hace ante los pedidos de su esposa en llanto, mientras es revisado por otro policía de modo correcto. Creo que este personaje (Thayer) es comparable a Ibbieta (del cuento “El muro”, de J.P Sastre), en cuanto a que en ambos podemos hablar de un T3 con respecto al circuito de la responsabilidad subjetiva.
Asumiendo que la responsabilidad es una atribución (no algo natural), es en esta parte del relato donde ubico el T1 (tiempo uno) del circuito de la responsabilidad subjetiva, que será resignificado a partir de un T2, el cual interpelará al sujeto y de su respuesta saldrá su posición subjetiva, habrá o no un acto ético, efecto sujeto, sujeto del inconciente. Ante la pregunta del policía “¿qué hacemos Sr. Thayer?, podemos dejarlos ir con una advertencia o esposarlos en el patrullero” frente al delito del que se los acusa, Thayer opta por lamentarse y pedir la advertencia para irse a su casa (no quiere que esto resulte un problema en su trabajo). En este punto cabe observar una de las cinco circunstancias que enfrentan al sujeto al desvalimiento estructural: las instituciones. “Hay un deterioro de las mediaciones normativas (en la dimensión universal, que mediatizan las relaciones entre los seres humanos, a través del lenguaje, por ejemplo), que son reemplazadas por una lógica inmediatista que genera el terreno propicio para la violencia en el tejido social: instituciones destinadas a proteger y formar devienen agentes de agresión” (Desastres y catástrofes, ficha de la cátedra). Frente a la interpelación objetiva y sostenido por el universo particular, el sujeto se ofrece como instrumento al saber de otro, por un lugar tranquilizador. El sujeto actúa desde la responsabilidad jurídica, pues acata la orden que le impone la ley policíaca. Aquí hay una respuesta como sujeto de la moral: dejó que manosearan a su mujer frente a él y a otro policía (varón) porque la ley lo ordena, más allá de su dignidad y del pedido de su mujer de que hiciera algo para impedir el abuso del policía corrupto. En este tiempo se realiza una acción determinada, en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso y que se agota en los fines para los que fue realizada. Thayer actúa en la línea del sujeto joya. Podría decirse que su goce es ser un ciudadano ejemplar y aceptar lo que indica la ley (“haz lo que te dice -el policía-” y “deja de hablar”, le dice a la esposa), no sin culpa (la cual lo aleja de la responsabilidad subjetiva creando un déficit de sujeto, pero que –veremos- en un T2 lo lleva a la responsabilidad subjetiva). La culpa vela (porque oculta, es engañosa), y devela (porque nos pone en la pista sobre la responsabilidad pendiente). Thayer se mostrará molesto en todo momento a raíz de lo sucedido. Y habrá situaciones que abonarán para el crash que nos llevará a hablar de un T2 y con el que encontrará la resignifiación el T1: los reclamos de la mujer en su casa y en el trabajo, lo que le dice el productor en su trabajo, a saber, “el negro debe hablar como negro, y no es su personaje el inteligente sino el de Eddie (un blanco). Pero Thayer siempre va a responder como un sujeto joya: “¿qué hubieras preferido, que nos arrestaran?”, “eran policías”, le dice a la mujer. Y, “lo haremos una vez más”, le dice al productor con referencia a la toma que están grabando.
Todo comienza a precipitarse cuando dos ladrones (negros) intentan robarle la camioneta, ante lo cual Thayer reacciona a trompadas contra uno de ellos, quien le dice: “te mataré, negrito”, dicho que a Thayer ofusca por completo. Luego de esta escena viene otra en la cual ubico el T2. Es la escena de Thayer frente a los policías (la segunda), en la cual, ante la orden de la policía de bajarse de la camioneta con las manos en alto, el ladrón que está con él le dice “si eres tan valiente, bájate tú”, lo cual “colma” el conjunto de elementos disonantes que llevan a la interpelación subjetiva y Thayer ya no responde como en el T1. “Se pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones. Así, el plano de la existencia yoica es atravesado por el deseo. Hay un exceso que exige ligadura. La Hipótesis clínica buscará hallar una explicación al exceso, a esa diferencia. (…) una respuesta en la que se ponga en juego la cualidad del eje Universal-Singular y su lógica del no-todo. Es decir, una respuesta que avance más allá del goce regulado por el fantasma”. (Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis, Domínguez). La culpa hace a la retroacción, los reproches empiezan a interpelarlo por la deuda contraída por la culpa. El T1 es resignificado por la interpelación a través de la culpa. Ésta hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder. En esta retroacción trataré de ubicar una hipótesis clínica.
Thayer ya no opta, decide. “Se tiene que elegir a sí mismo, tiene que hacerse a sí mismo, y todo determinismo es mala fe. La angustia lo lleva a la acción, a una elección sin garantías. Esta elección lo hace sujeto, elección que se impone (no desde la voluntad), y surge de un modo aporético. Uno es a partir de la falta en ser” (El decicionismo, Alemán). En el acto de decidir se funda una nueva posibilidad que no estaba disponible. Es la singularidad en situación. Thayer decide bajar de la camioneta y decide enfrentar a la institución policial con una serie de improperios en contra de ellos y clara actitud desafiante, renegando de las órdenes policiales. En esta situación la respuesta hace advenir un sujeto, hay un efecto sujeto que habilita hablar de un T3, dimensión ética y tiempo de la responsabilidad subjetiva, se amplía el universo y hay acto ético. El sujeto ya no es el de la repetición. Es un acto en que se produce un sujeto de deseo inconciente, pues el estatuto del inconciente es ético. Es una respuesta que hace pensar que actúa en la línea de su deseo. Por otro lado, cuando Thayer deja bajar al ladrón de su camioneta dándole el arma y le dice “me das vergüenza, debería darte vergüenza”, observo una actitud que me hace pensar en un nuevo sujeto, un plus. Finalmente, para continuar con elementos que hagan pensar en un sujeto que amplió su universo, cuando a Thayer lo llama la esposa por celular él está viendo las cenizas de algo que fue (un auto), lo cual simbolizo con las cenizas de lo que él fue: un negro creyéndose blanco, pues ahora es otro: un sujeto de raza negra orgulloso de serlo. Además, me parece significativo en este sentido, el hecho de que él se acerque al auto en llamas y arroje una madera para avivar el fuego y confirmarse en ese nuevo sujeto. Al llamado de la esposa él responde “te amo”, pero es un te amo desde otro lugar, desde otra posición subjetiva, él ya no es el mismo.
Thayer, frente a una situación, responde queriendo producir una cosa –estar de acuerdo a la ley para regresar a su casa con su mujer “sin problemas”, pero se encuentra con otra –a raíz de los reclamos de su mujer (y de su inconciente) que, frente a una situación similar a la primera, es interpelado subjetivamente. Lleva adelante una acción con determinados fines, y termina haciendo algo diferente que le retorna.
La hipótesis clínica que arriesgo para este caso tiene que ver con que el deseo que pudo llevarlo a actuar como lo hizo en la escena del T2, donde hay un efecto sujeto.
Quizá tenga que ver con el deseo de ocupar el lugar de “negro”, sin considerarse de “inteligencia inferior” (como mencionó el productor con el que trabaja), ni como “negrito” (como lo nombró el ladrón de su misma raza), ni como le reclamó su mujer en una discusión en su casa donde él responde “tú no sabes lo que es ser negro”. Y así, ocupando el lugar que le corresponde –con los mismos derechos y obligaciones que cualquier ser humano, y no el de otro (un blanco)-, ocupar su lugar frente a la mujer que ama. Thayer toma una decisión trascendente. Esta podría ser una hipótesis clínica con la cual dirigir una cura.

Con respecto a la determinación y el azar:
La necesidad o determinismo: los policías reciben por radio el alerta de una camioneta conducida por dos jóvenes negros, armados y peligrosos con las características de la camioneta de Thayer. Uno de ellos (el novato) advierte que no es la camioneta buscada (la patente no coincidía con la anunciada), pero el otro decide (por cuestiones personales no analizables aquí) detenerlos de todas formas aduciendo: “algo hacían”. Esto los pone en una inexorable posición de responder a la ley. Otro punto de determinismo lo ubico en relación a ser negro.
El azar: como algo fortuito, casual, contingente, lo encuentro en que justo el tipo de camioneta buscada coincide con la que conduce Thayer. También el azar estuvo presente cuando en la primera escena les tocó en suerte un policía corrupto, frente al cual Thayer responde como sujeto joya. Y en la segunda escena le toca en suerte el otro policía de la escena anterior, el cual –tal vez para resarcir la humillación a la que su compañero corrupto enfrentó a la pareja- lo deja ir también con una advertencia. De no haber aparecido este policía que lo conocía, la respuesta a la interpelación subjetiva que fue en la línea del acto ético tal vez hubiera llevado a Thayer a la muerte (como en el caso de Antígona). Entiendo, además, que Thayer no reconoció al policía.

“Es el sentido del tacto. En una ciudad real, la gente te roza, te golpea al caminar. En Los Ángeles nadie te toca. Siempre estamos detrás de metal y vidrio. Creo que tanto extrañamos tocarnos, que chocamos contra el otro para sentir algo”. Así empieza el film Crash, con estas palabras en boca de uno de sus protagonistas.
Thayer encontró en el crash algo que lo enfrente con su deseo, algo en lo real que lo acerque un poco a la felicidad anhelada. Poder tocar y tocarse reconociéndose en su singularidad, ya sea en el roce o en el choque.-
Flavio Hernández



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