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Volver luego de la ceguera

por Martínez, Alejandra Gabriela

"Volver… con la frente marchita (…) Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida… Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar…Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar…"

Volver (Pedro Almodóvar, 2006) cuenta la historia de Raimunda, una madre joven, emprendedora con un marido desempleado y una hija en plena adolescencia. Desde su infancia guarda en silencio un terrible secreto. Su hermana Sole es un poco mayor. Su marido la abandonó y desde entonces vive sola. Una noche, Sole llama a Raimunda para decirle que Agustina, una vecina del pueblo, le ha comunicado por teléfono que su tía Paula ha muerto. Raimunda adoraba a su tía, pero no puede ir al entierro porque momentos antes de recibir la llamada ha encontrado a su marido muerto en la cocina, con un cuchillo clavado en el pecho. Su hija le confiesa que lo ha matado dado que su padre, en estado de ebriedad, la acosó insistentemente. A regañadientes, Sole se desplaza sola al pueblo. Entre las mujeres que la acompañan en el duelo escucha rumores de que su madre (que murió en un incendio con su padre hace muchos años) volvió del otro mundo para cuidar en los últimos años a su tía Paula, que estaba enferma. Las vecinas hablan con naturalidad del "fantasma" de la madre. Cuando Sole vuelve a Madrid, después de estacionar su auto, escucha unos ruidos procedentes del baúl del mismo. Sole lo abre y allí encuentra, rodeada de bolsas, al “fantasma” de su madre. Sole empieza a convivir con el fantasma materno integrándolo en el trabajo de su peluquería. Por su parte, Raimunda sólo le comenta que Paco, su marido, las ha dejado y que intuye que no volverá (mientras está tratando de deshacerse del cadáver).

Todos los personajes de esta historia luchan por sobrevivir, incluso el fantasma de la abuela. Y es justamente a la Abuela Irene a quien tomaré para analizar el circuito de la responsabilidad subjetiva.

El primer tiempo que compone este circuito es definido como el momento “(…) donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los cuales fue realizada.” [1]. La escena que corresponde a este momento no está representada en la película pero es relatada por Irene en una charla con Raimunda cuando se rencuentran en la última escena de film. El “fantasma” de Irene se le aparece primero a Sole, luego es descubierta por Paula y es Raimunda la última en confrontarse con este “Fantasma” Materno. En una charla profunda entre Raimunda e Irene, ésta confiesa que no es un fantasma (como todos creen) y le dice a Raimunda: “Pero si me hubiera muerto, hubiera vuelto para pedirte perdón por lo que te pasó… estaba ciega… me enteré el mismo día del incendio…Lo había dejado (al padre de Raimunda y Sole), no podía mas con los cuernos… esa tarde tu llamaste y hablaste con la Tía Paula, y como siempre no preguntaste por mi… y como comencé a echar pestes, la tía salió en tu defensa y me contó todo… que tu padre había abusado de ti, que te quedaste embarazada y que Paula es tu hija y tu hermana. No lo podía creer, que semejante monstruosidad ocurriera frente a mis ojos y que yo, no me diera cuenta, entonces lo entendí todo… (…) que te casaras con Paco y nunca mas quisieras saber de nosotros, y que tu padre se fuera a trabajar a Venezuela incapaz de asumir la vergüenza de lo que había hecho. Fui a la casilla dispuesta a arrancarle los ojos y me lo encontré durmiendo la siesta con la madre de la Agustina, prendí fuego la Casilla, con el viento fuerte se quemó en seguida, no les di tiempo a que se despierten. Anduve escondida por el campo y luego pase por lo de Tía Paula antes de ir a entregarme a la policía, estaba tan mal, me recibió como si nada y decidí quedarme a cuidarla hasta que falleció”. El Primer tiempo de este circuito supone entonces que “el personaje lleva acabo una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida” [2].

Irene se enfureció al saber que su hija menor había llamado y no había preguntado por ella, entonces comenzó a maldecir y hablar pestes de ella, pensando que su accionar se agotaría allí, ya que no tenía otro fin más que expresar en palabras la bronca que sentía al sentirse destratada e ignorada por Raimunda. En un momento del film, cuando Irene habla con su nieta Paula le dice, hablando de Raimunda: “De niña era la niña de mis ojos. Pero cuando se hizo adolescente por alguna razón que yo desconocía se fue alejando de mí, hasta que la perdí completamente. Tu madre no me quería… es muy doloroso que una hija no quiera a su madre”. Es decir que el tiempo uno lo encontramos en ese maldecir de Irene porque su hija no pregunta por ella.

El relato de Irene prosigue: “El pueblo empezó a rumorear que mi fantasma había vuelto para cuidar a Tía Paula hasta sus últimos momentos. Para mi fue mas fácil seguir la corriente que decir la verdad. No podía imaginarme que nadie investigaría ni me castigaría, aunque te aseguro que todo este tiempo he vivido en un verdadero purgatorio”. En una charla con su nieta Irene le dice: “Volví porque me sentía muy sola”. También al preguntarle a Sole si está en pareja, ésta le responde “No mamá, estoy sola como siempre”. Todos estos indicios nos abren el campo para plantear el Segundo tiempo de este circuito donde "recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá o más acá de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de esa diferencia le pertenece" [3]. Este segundo tiempo hace que Irene se interpele subjetivamente por todo lo que ha sucedido, al enterarse de lo que ha pasado a su hija comprende ahora su alejamiento y su odio. Raimunda le dice en esa charla: “Yo te odiaba por no haberte dado cuenta de nada”. En este segundo tiempo ya no hablamos a un nivel yoico, de acción y de conciencia. Es un tiempo de interpelación, en el que se abre una nueva dimensión antes desconocida, la del acto, la de Irene como sujeto llamada a la responsabilidad por aquello que desconoce pero le pertenece. Es el tiempo de apertura del circuito, tiempo que retroactivamente vuelve sobre el primero resignificándolo. La acción voluntaria y conciente ya no será lo que fue. Su acción queda subjetivada, ya no es una acción cualquiera sino que recae sobre ella en tanto sujeto, poniéndose así en acto. Este segundo momento revela la singularidad de Irene en tanto sujeto porque destotaliza lo que para ella era un universo cerrado, muestra ese punto de inconsistencia donde no todo esta dicho ni es calculable. Y es llamada a responder por las acciones cometidas en el tiempo 1, y en su posición ante la relación con su marido y sus hijas, donde la verdad sale a la luz y ya no hay negación que valga. El sujeto se ve confrontado con lo que hasta ese momento no quería o no podía ver y es obligado a responder. Las cosas se sucedieron de tal forma que ella ya no podía controlar la situación. Este imprevisto, (la revelación del secreto, por parte de la Tía Paula) la toca de cerca “realmente”. Se trata de una respuesta que supone un cambio de posición del sujeto frente a las circunstancias. En esta transformación el primer sorprendido es el propio sujeto.

Frente a la interpelación, la primera respuesta de Irene, es un pasaje al acto. Irene necesita eliminar a su marido y su amante ya que lo que le devuelven le resulta intolerable al enfrentarla con su propia falta y su propia incapacidad de registrar lo que sucedía a su alrededor. El pasaje al acto, es considerado (Laznik, 1989), como el modo de instalar una falta en el Otro, y a su vez como una condición para que el sujeto vuelva a instalar una escena en la que tenga otro lugar posible.

“El tiempo uno es ya un tiempo resignificado por la interpelación a través de la culpa” [4]. Pero, ¿de que se siente culpable Irene?, o yendo mas allá, ¿de que debe hacerse responsable Irene?: ¿De haber matado a su marido? ¿De no haberse dado cuenta de lo que éste le hacia a su hija? ¿De haber soportado que la engañe durante tantos años? ¿De haber elegido a ese hombre como marido? ¿De haber estado alejada de sus hijas por haberse convertido en un “fantasma”? No se trata aquí de juzgar si Irene es responsable jurídicamente de la muerte de su marido, sino de interrogarnos sobre la pertinencia de la respuesta que brinda Irene, para poder identificar si la misma es acorde a la asunción de su responsabilidad subjetiva en la situación, hecho que nos llevaría a un Tiempo 3, ¿Hay un cambio de posición subjetiva en Irene? ¿Surge un nuevo sujeto? En una charla con Sole, Irene se confiesa: “Siempre hay cosas que se dejan sin hacer o que se hacen mal. Y mi vida no ha sido una excepción…pero no se si tienen arreglo y si lo tienen me corresponde a mi arreglarlas”. Cuando Raimunda se reencuentra con su madre, ésta le dice: “He vuelto para pedirte perdón. Yo no sabía nada hija mía, ni me lo podía imaginar” Y también he vuelto para estar contigo, le dice a Sole.

¿De que más se siente responsable Irene? Al finalizar la película, ésta deja a sus hijas para volver al pueblo a cuidar a Agustina, que se encuentra en la fase terminal de un cáncer. Cuando Raimunda le pregunta si se quedará ahí, y le dice que tiene muchas cosas para contarle, Irene le dice que ya habrá tiempo para eso y le dice sobre Agustina: “Después de lo que le hice a su madre, lo menos que puedo hacer es cuidarla ¿no te parece?”. Esta actitud de Irene nos mostraría que también se siente culpable por haber matado a la madre de Agustina y por haberla dejado huérfana, sin nadie que la cuide. Podemos pensar que hacerse responsable implica ayudar a reparar un poco de lo que se hizo. Y es precisamente eso lo que intenta hacer Irene. La única manera que siente Irene que tiene de reparar lo que hizo es cuidar a Agustina, e intentar recuperar la relación con sus hijas y su nieta. Pero, el hacerse responsable subjetivamente, implica un cambio de posición del sujeto frente a su deseo inconsciente. La responsabilidad subjetiva alude al sujeto del inconsciente y es una responsabilidad ante lo desconocido para el yo. ¿Asume Irene la responsabilidad por sus actos? Irene se enoja con su hija por no preguntar por ella, pero cuando se entera de la verdad mata a su esposo como la única posible respuesta que puede brindar frente a lo intolerable que le resulta la verdad frente a sus ojos, oculta hasta ese momento. Tal vez, este pasaje al acto sea una expresión del sentimiento de culpa que siente por no haber podido darse cuenta de lo que sucedía, con lo cual su respuesta quedaría del lado de una respuesta moral, no llegando a un tiempo 3 y taponando toda posibilidad de asunción de alguna responsabilidad subjetiva por su deseo.

Considero que Irene debería también hacerse responsable subjetivamente del hombre que eligió para ser su marido: un hombre que la engañó hasta el último día de su vida y abusó de su hija adolescente, dejándola embarazada.

A partir de lo presentado en este trabajo, podríamos inferir, como Hipótesis Clínica que Irene fue incapaz de vislumbrar la Falta en el Otro, o sea la castración y con lo cual se muestra incapaz de reconocer su propia falta. Ya que por todos los medios posibles y de manera inconsciente, Irene trata de velar la castración. Cuando comienza la película se ve a Raimunda y a Sole en el pueblo limpiando la tumba de sus padres. Raimunda dice: “Mamá murió abrazada a lo que más quería en el mundo que era papá, tuvo suerte”. Irene en una charla con Sole le dice: “Yo estaba ciega con tu padre, y él se aprovecho y me puso los cuernos hasta el último día de su vida”. Cuando Agustina la confronta a Raimunda diciéndole que la muerte de sus madres están relacionadas y que su madre estaba aliada con su Padre, Raimunda le contesta: “Pero que dices, mi madre tenía ceguera por mi padre, no lo hubiera permitido nunca”. Es entonces de esa ceguera a la que tanto se hace referencia y a ese amor del que se valía Irene para no aceptar la falta de su marido, para no ver “esa monstruosidad que ocurrió frente a sus ojos” y como iba a verlo si ella estaba ciega ante él… La negación es un mecanismo a partir del cual reaparece en la conciencia algo que estaba inconsciente. Esto que aparece en la conciencia es algo intolerable para el yo. La manera que tiene de defenderse de éste es negándolo. Y es precisamente esto lo que le sucedía a Irene. Este intento de negar lo que pasa a su alrededor se ve también en su imposibilidad de enfrentarse a sus hijas y al mismo pueblo, donde ella misma dice que le resultó más fácil convertirse en un fantasma que asumir la verdad. Es más fácil ser un fantasma que cuida enfermos y los acompaña durante sus últimos días y no asumir la verdad de haber elegido a un hombre capaz de hacer lo que hizo y de asumir, en consecuencia, su propia falta, que ella había sido incapaz de enterarse de lo que estaba pasado, y una vez enterada ha tenido que matarlo porque no soportaba verlo, ni soportó enfrentarse a Raimunda y por esa razón fingió su muerte en un primer momento y luego se convirtió en un Fantasma. Al final del film, Irene se enfrenta a su hija, pidiéndole perdón por no haberse dado cuenta e intenta retomar la relación. Esta escena podría considerarse una respuesta moral, desde el sentimiento de culpa (el mismo que la lleva a cuidar a Agustina en sus últimos días) o podríamos también pensarlo como el comienzo de un cambio en su posición deseante y subjetiva, donde Irene puede por primera vez mirar a los ojos a su hija y enfrentar la situación a la que escapó durante todos años.

De eso se trata justamente la interpelación, del Volver a los actos cometidos para poder repensarlos y relacionarnos con ellos y con nuestro deseo de una manera y con una posición diferente.

Referencias

Fariña, J. & Gutiérrez, C Comp. (2000) “Ética y Cine”. Bs. As. Eudeba/JVE

Salomone, G. Z., Domínguez M. E. (2006) “La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Buenos Aires, Ed. Letra Viva

Urbaj, E, Comp (2008). “El manejo de la Transferencia”. Bs. As, Letra Viva



NOTAS

[1Salomone, G. Z., Domínguez M. E. (2006) “La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Buenos Aires, Ed. Letra Viva. Página 135.

[2Fariña, J. & Gutiérrez, C Comp. (2000) “Ética y Cine”. Bs. As. Eudeba/JVE, Página 166.

[3Op. Cit.

[4Salomone, G. Z., Domínguez M. E. (2006) “La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Buenos Aires, Ed. Letra Viva. Página 152.





COMENTARIOS

Mensaje de Acosta Jorge Ariel  » 30 de octubre de 2012 » arielmail21@yahoo.com.ar 

Las consecuencias q tienen la no sepultura de un cuerpo es la de una segunda muerte del significante. Nadie termina de morir mientras alguien lo recuerde. lo verdaderamente peligroso de la falta de sepulcro es el olvido. No sepultar a un hombre le quita parte de su condicion humana y su paso por el mundo. Si bien, hay un dicho popular q dice que hay personas a las que mejor no recordar, simpre es necesario que gente nefasta no tenga el privilegio de morir "dos" veces sino que deje una marca simbolica.



Mensaje de Alejandra Martinez  » 28 de octubre de 2012 » alemartinez85@yahoo.com.ar 

Tal como bien reflexiona el autor del comentario, es interesante ver como, a pesar de la desidia de Paco y a su imposibilidad de sostener una función paterna, Raimunda es obligada a responder por dicha imposibilidad (y dicha elección de pareja). Frente a la cantidad de opciones posibles, la protagonista del film nunca considera ir a la policía y relatar el hecho ocurrido, repitiendo, salvando las diferencias, la historia que su misma madre llevo a cabo con la muerte de su marido y su amante. Manteniendo en la clandestinidad dicho acto y dicha decisión.
La posibilidad de darle sepultura a los seres humanos, permite reivindicar su categoría como seres humanos, yendo mas allá de lo que fueron o hicieron en vida, y permitiendo dejar una marca simbólica que represente su paso por esta vida.



Mensaje de Armando Kletnicki  » 28 de octubre de 2012 » akletnicki@yahoo.com.ar 

Recorto un detalle comentado por la autora de este escrito, centrándome en el intento que hace Raimunda de deshacerse –o dicho de otra manera, de hacer algo– con el cadáver de su marido.

Como ha sido dicho, en “Volver” el hombre es asesinado por su hija en el momento en que intenta abusar de ella. Mientras se le acerca, a punto de realizar su intención, le dice a la joven que él no es su verdadero padre, comentario que sólo resuena en la chica como justificación vana frente a lo que está por suceder.

Tras matarlo acude a Raimunda, su madre, quien decide dar inicialmente al cadáver un destino enigmático, guardándolo en un freezer que, azarosamente, había quedado ese mismo día a su cuidado.

El recorrido que propone el filme produce en el espectador algunas confusiones, permitiéndole (o invitándolo a) suponer que uno de los destinos elegidos podía ser el de cocinarlo en un banquete multitudinario cuando, también azarosamente, irrumpe en el pueblo un equipo de filmación y contrata a la mujer para que se haga cargo de organizar sus comidas. Sin saber si cuando Raimunda les ofrece preparar cerdo, alude metafóricamente al asesinado, y con muy pocas certezas respecto al camino que las cosas podrán tomar, nos enteramos que el cuerpo aún está allí, conservado en la refrigeradora a la espera de una decisión.

Algo más tarde la protagonista emprenderá un viaje junto a una de sus vecinas, develándole paulatinamente la acción que se propone llevar a cabo.

Dentro del freezer, que había sido sellado con cintas adhesivas y atado con gruesas sogas, viaja el cuerpo del padre que ha criado durante años una niña, y que había pretendido disolver la existencia de ese lazo para convertir la paternidad en un mero dato biológico, al afirmar que podía abusar de ella porque no era dueño de los espermatozoides que la gestaron.

Al llegar a la orilla de un río cavan durante horas un pozo, y allí irá a parar el freezer completo aun cuando –cuestión obvia para el espectador– hubiera resultado menos trabajoso enterrar sólo el cadáver.

El valor de la escena se develará completamente sólo más tarde, en otro fragmento del filme, cuando en el lugar donde yace el muerto la madre dice a su hija que ese había sido el sitio preferido de quien fue su padre hasta el momento en que el abuso canceló esa función.

Homenaje póstumo, improvisado cementerio en el lugar en el que el hombre amaba descansar, invención de un féretro en la estructura metálica y plástica del freezer, el pozo laboriosamente fabricado se convierte ahora en una tumba.
La marca en el árbol acompaña, cual epitafio, el descanso final.

Todo hombre, por más aberrante que haya sido su acto o, como en este caso, su intención manifiesta, merece una tumba, su propia condición humana la reclama.

Almodóvar nos lo enseña: cuando el espectador puede pensar –y hasta consentir– un destino diferente para el que ha muerto suprimiendo las mediaciones que estructuran el parentesco, el cineasta ilumina ese otro costado de la condición humana que elige, y exige, dar al cadáver un tratamiento humano.


Película:Volver

Titulo Original:Volver

Director: Pedro Almodóvar

Año: 2006

Pais: España