por 

Facultad de Psicología de la UBA

Psicología Ética
y Derechos Humanos
Cátedra I

Carrera: Licenciatura en Psicología
Cuatrimestre: 2º Cuatrimestre
Año: 2009
Ayudante de Trabajos Prácticos: Dora Serúe
Titular de Cátedra: Juan Jorge Michel Fariña
Nº de comisión: Comisión 2
Alumno: Gaussmann, Lucía
Lib. Nº 32699599-0

Segunda Evaluación de Psicología, Ética y Derechos Humanos

A fin de realizar el presente trabajo, en el que el eje central será la responsabilidad subjetiva y en el que se intentará plantear una hipótesis clínica a partir de ello, se seleccionó la película “Volver”, de Pedro Almodóvar, estrenada en el año 2006. A continuación, un resumen del argumento de la misma:
Raimunda (Penélope Cruz) vive en un pequeño poblado de España, con su hija de 14 años, Paula y su marido (supuesto padre de la niña) Paco. Una noche, al volver a la casa madre e hija, Raimunda va hacia la cocina, sin siquiera mirar a un algo borracho Paco, y comienza a prepararle la cena, mientras que Paula lo saluda: “Hola Papá”. Paula (quien tiene puesta una minifalda y calzas) se sienta frente a Paco con las piernas abiertas. Paco, con una mirada excitada, observa su entrepierna, además la mira ,con evidente deseo, de arriba a abajo. La mira a los ojos (Paula no lo ha visto mirarla) y le dice “¿Se han divertido?”, a lo que ella contesta “¿En el cementerio? ¿Te estás quedando conmigo?” Segundos después, Raimunda (quien no ha visto nada) le dice a Paula: “Ponte bien, ¡cierra las piernas coño!”. Paco en ese momento le dice “¿Me traes otra cerveza?” a lo que Raimunda le contesta: “¿Estás de cachondeo? Paco, ya has bebido bastante. Mañana tienes que trabajar.” Es allí cuando ella se entera que lo han despedido del trabajo. Paula, ante la discusión inminente, se va al cuarto. Raimunda piensa en voz alta, que entonces ella será la que deba hacer horas extras, a pesar de que él le dice que puede buscar otro trabajo.
En la siguiente toma, Paco camina por el pasillo (bajándose el cierre y abriéndose los pantalones) hacia el cuarto de la pareja. Pero en el camino, se detiene a observar por la puerta entreabierta a Paula, quien esta desnuda cambiándose. Paula se da vuelta, pero ya no hay nadie allí. Cuando Paco se acuesta al lado de Raimunda, con claras intenciones de tener relaciones sexuales, Raimunda se niega, alegando que al día siguiente se tiene que levantar temprano. Paco declara “Bueno, pues ya me lo curro yo.” (Paco se le acuesta encima y ella pone cara de extrañeza, confundida) “¡Ay, Paco, no seas pesao!” “No me vuelvas a llamar pesao.” Le dice imperativamente él. “Perdona” le pide ella. Acto seguido Paco comienza a masturbarse. Raimunda, gira, se da vuelta, de espaldas a Paco y claramente se angustia muchísimo, las lagrimas le corren por los ojos.
Al día siguiente, al volver por la noche del trabajo, Raimunda se encuentra en la parada de colectivo con una petrificada Paula. Cuando, después de un rato de intentar hablarle, llegan a la casa, Raimunda se da cuenta que algo le sucede, y le pregunta a Paula “¿y tu padre?”. Va a la cocina y descubre que Paco ha sido asesinado. Paula le relata que Paco, diciéndole que no era su padre “se le hecho encima”, agregando que mientras tanto le decía que “ello no era malo” y que “él no era su padre”. Durante el relato, Raimunda no puede parar de llorar y temblar, angustiadísima y claramente trastornada. Antes de que Paula termine el relato (que claramente sigue con la descripción del asesinato de Paco), Raimunda corta sus palabras abrazándola con los ojos desorbitados. La manda al cuarto a cambiarse “porque sino se cogerá una pulmonía” y le aclara “Recuerda que fui yo quien lo mató, es muy importante que recuerdes eso”. En ese momento su cara se desencaja aun más. Se dirige a la cocina, con papel absorbente limpia la sangre de Paco, lo da vuelta, haciendo un gesto de negación le sube el cierre del pantalón, y finalmente, con ayuda de su hija, esconde el cadáver en un freezer del restaurant (del cual su vecino la ha dejado a cargo, para que lo muestre si alguien lo quiere comprar). Más tarde en la película, Paco es enterrado (con la ayuda de la prostituta del pueblo) al lado del rio, lugar que gracias a uno de los diálogos finales (entre Raimunda y Paula) nos enteramos que a Paco le agradaba mucho, y no solo eso, sino que madre e hija están tranquilas “de que pueda descansar allí”.
Como cuestión final, vale aclarar, que durante la película el espectador se entera, que a Raimunda su padre la había violado, quedo embarazada de Paula (su hija y hermana), con lo cual Raimunda se va de la casa, debido a la bronca hacia su Madre, ya que ella “no se dio cuenta de nada” (según las propias palabras de Raimunda). La madre hacia el final de la película, le explica, que cuando ella se enteró de la violación, mató al marido y a su amante, prendiéndolos fuego en un incendio (la versión oficial era que había sido un accidente).

En principio, se planteará el circuito de la responsabilidad que se da en la película, el cual tiene como personaje principal a Raimunda. Podemos así plantear, que hay un primer tiempo, en el cual, frente a la interpelación de Paco, que quiere tener relaciones con ella, Raimunda se niega, frente a la interpelación decide negarse. Cuando él comienza a masturbarse, ella le da la espalda y se angustia. En este primer tiempo, yoicamente la acción se agota en este simple fin: no tener relaciones con Paco, debido a su cansancio.
En un segundo momento, frente al terrible acontecimiento del asesinato de Paco, a manos de su hija, Raimunda le dice a esta, para encubrirla: “Recuerda que fui yo quien lo mató” Aquí podríamos plantear una resignificación retroactiva del primer momento, ya que podemos ver en Raimunda, por su expresión facial durante el relato de su hija y debido a sus palabras, se siente culpable en principio de haber podido ser la causante del ataque sexual de Paco hacia su hija y por lo tanto de su asesinato. Además, ella ese mismo día, le había ordenado a Paula: “¡Ponte bien, cierra las piernas coño!” y esto sin teóricamente VER lo que allí en realidad había sucedido, que fue la mirada perversa de un padre hacia su hija. En esta resignificación, se abre un nuevo piso en el circuito de la subjetividad, un nuevo nivel: el de lo no sabido, donde se pone en juego el deseo inconsciente de Raimunda. En ese primer tiempo, se jugó algo más de lo que ella creyó yoicamente. A partir de la angustia que le causa, ese darse cuenta de que algo más se le jugó, puede haber o no, un cambió en la posición del sujeto, un tercer tiempo que no es calculable (ya que el deseo inconsciente no es articulable, no es decible). El sujeto es atravesado por un punto ciego, algo no sabido de lo que no puede desentenderse y debe responder: siguiendo por el camino que ya venía o cambiando de posición. Este tercer tiempo no es calculado, ni puede ser anticipado. Es un efecto sujeto (del inconsciente),ya que se dispone a soportar su punto de inconsistencia, a confrontar su miseria.
¿Hay cambio de posición en Raimunda? Hubo un cambio: Ella la pudo perdonar a la madre… ¿pero cambió de lugar como sujeto? Se podría plantear que no, ya que el marido sigue estando en el lugar del ideal (de hecho, “descansa” en el lugar perfecto para él”), al igual que sucedió con el padre (ella se enoja con la madre, no con el padre). En este caso hay un cortocircuito, Raimunda nada quiere saber de su deseo y se defiende yoicamente mediamente la negación.
Por otra parte, respecto al tema de la responsabilidad subjetiva, la misma se encuentra entre la necesidad (más comúnmente llamada destino) y el azar (o suerte). El sujeto se encuentra en circunstancias en las cuales imperan la necesidad y el azar, entre las cuales se da una grieta donde aparece la responsabilidad subjetiva. Se puede plantear, que la necesidad en el caso planteado estaría en los siguientes hechos: que ella esa noche estuviera cansada, por haber tenido un día largo y tedioso, lleno de complicaciones y que los tres integrantes de la familia estuvieran juntos allí en la casa. Se le puede adjudicar al azar, que Paco justo hubiera sido despedido ese día (y encima se hubiera puesto borracho), lo que traería a colación que además de cansada, Raimunda estuviera de mal humor. Podría ser azaroso también que justo ese día, Paula se abriera de piernas frente a Paco, con lo cual el estaba excitado y esa noche quiso tener relaciones.
Como hipótesis clínica, se podría plantear el tema de la negación, negación de la perversión del padre/pareja. Los hombres de Raimunda no son tan ideales, están barrados. Si puede llegar a notar (y por eso la perdona) que la madre estaba barrada, al igual que ella. Ambas estaban ciegas en ese mismo punto: en esa persona idealizada hasta el extremo, que es el padre/pareja. Tanto ella como su mamá, “no se dieron cuenta”, literalmente miraron hacia otro lado, frente a la clara perversión sexual de ELLOS (tanto el padre de Raimunda como de Paco). Y es en ese instante, en que Raimunda le dice a su hija “fui yo quien lo mato”, se puede ver que ella, al igual que su madre, inconscientemente, cree haberlo matado. Se transgreden las dos leyes primordiales, las de Tótem y Tabú: el parricidio y el incesto. Al igual que su madre, Raimunda no puede ver, de hecho, SE NIEGA A VER, esa terrible estructura que tienen tanto su padre como su pareja, mira hacia otro lado, como ella dice, “lo mato”, ya que dio el pie para que su hija estuviera a merced de la sed de su marido. Raimunda no lo culpa a Paco, al igual que no lo culpó a su padre, la culpa a su madre y ahora se culpa a si misma. La culpa es el reverso de la responsabilidad subjetiva, es su contracara. Aparece cuando el sujeto se desentiende de su deseo y marca un déficit de Sujeto.
Algo a destacar y bastante notorio, es que Raimunda es muy provocadora con los hombres que la rodean. En cada situación que se le presenta, coquetea con cada hombre que se le acerque. De hecho, inmediatamente después de abrir por primera vez el freezer donde esconde (otra vez la negación) el cuerpo de su marido, un joven, bastante mas chico que ella le propone que cocine para 30 comensales, pesando que ella trabaja en el restaurant, cosa que no es cierta y ella sin dudarlo sonriendo acepta. Se viste con escotes y vestidos que marquen sus curvas y de la misma forma viste a su hija, cosa que resulta llamativa, ya que es tan solo una púber. En un punto, podríamos decir, que a pesar de sentirse culpable (ya que subjetivamente no se hace responsable de su deseo) insiste en ese punto (y por eso podemos decir que no hay cambio de posición), ya que un tiempo después del asesinato, habiéndose hecho cargo del restaurant que no le correspondía, la noche en que había una fiesta, ella se produce muchísimo y a su hija le dice “¿todavía estas así’? y la ayuda a cambiarse. Esto podría tomarse como un particularismo, ya que aplasta a su hija como sujeto al imponerle que se cambie, no la deja dar rienda suelta al duelo por el que pasa por la muerte de su padre. Cuando la volvemos a ver, su hija definitivamente no esta vestida como alguien de su edad. Se repite, al igual que probablemente se repitió su madre, poniéndose y poniéndola en el lugar de objeto sexual para un hombre. Esto podría plantearse que se debe a la forma en que Raimunda aprendió a alojarse en el deseo del Otro, encarnado en su padre, quien no la veía como hija sino como cuerpo de mujer.
Algo para agregar en este punto, la mujer que la ayuda a esconder el cuerpo al lado del rio, no es ni la hermana, ni la madre, ni la hija: es la prostituta del pueblo (además, entierra el cadáver, no por motus propio, sino porque cuando la hija se entera donde lo tiene escondido, dice que le resulta tortuoso que él este ahí cerca). Se juega aquí quizás, a nivel inconsciente, que como la prostituta justamente, ella vendió de alguna manera el cuerpo de su hija, al igual que su madre hizo con el suyo y por eso se sintió identificada con la prostituta en ese punto, el ser un cuerpo, un objeto para el otro, dejando de lado el deseo propio. Raimunda tiene una buena relación con esta prostituta, ¿será quizás porque no la quiere condenar, porque a nivel inconsciente se le esta jugando otra cosa?

“Casualmente”, el mismo titulo de la película: Volver…remite a esta situación. Volver a hacer lo mismo que hizo ella, su mama. Volver a caer en esa misma negación, negación de lo que no quiere ver, que es esa falta de la ley paterna en ambos padres. Ambos, siguiendo al psicoanálisis, desmienten la castración. Desmienten la falta del falo en la madre. La perversión, desde Freud, es el negativo de la neurosis. La perversión adulta aparece como la persistencia o reaparición de un componente parcial de la sexualidad. Además, aunque sea obvia la observación, buscó una pareja anaclítica, es decir, siguiendo el modelo edípico del padre; a pesar de lo, para el común de la gente (viéndolo desde una óptica moral), “terrible” que fue el modelo paterno. Obviamente, algo del deseo se jugo allí, algo en esa perversión causo y sigue causando deseo en esta mujer, Raimunda, un deseo del que no responde, por ser inconciliable con su yo, sino que lo sigue tapando (y con mucha tierra) sintomáticamente. Por último, y no menos importante, la canción que Raimunda canta en esta fiesta mencionada dice lo siguiente (canción que le enseñó su madre): “Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve, a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de la noche que, poblada de recuerdos, encadena mi soñar, pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar. Y aunque el olvido, que todo lo destruye, haya matado a mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón. Volver…con la frente marchita. Las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.”

BIBLIOGRAFÍA
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