por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I (Fariña)

Segunda Evaluación

Alumno: Cristian H. Zacarias (DNI 26.365.389)
Comisión de TP: 15
Profesora de TP: Gabriela Mercadal

Segundo Cuatrimestre 2009
Introducción.

En esta monografía analizaré el recorrido del personaje Rorschach, de la película Watchmen (2009) en relación al concepto de responsabilidad subjetiva. En vez de presentar todo de antemano un resumen de la película y el personaje, la trama (y la caracterización del personaje) será desarrollada a la par que es relacionada con los conceptos teóricos, los cuales estarán estrictamente aplicados a esta narrativa, y no serán dados “en abstracto”, como mera repetición de la bibliografía. Se detallará el universo previo del personaje (para justificar el posible “quiebre” de este, y el reposicionamiento subjetivo), se ubicarán los tiempos lógicos del circuito de responsabilidad (de acuerdo a este recorte particular, uno solo de muchos posibles ), y se fundamentará qué los caracteriza como tales. Teniendo siempre en mente los ejes de lo universal-singular y de lo particular.

El mundo ficcional de Watchmen. El efecto del Dr.Manhattan. (Contexto)

La narrativa de Watchmen transcurre en un 1985 alternativo, en el cual (y desde la década del ’30) existieron y existen vigilantes enmascarados que combaten el crimen con medios poco ortodoxos, y cuya repercusión alteró el panorama mundial (resultando así la historia alternativa, ya que antes de los ’30s sería igual al mundo real). Estos “héroes” enmascarados (las comillas en el primer término, para poner en duda su caracter heróico) son de carne y hueso, con habilidades y debilidades muy humanos. La obra pretende analizar el impacto que tendrían estos personajes en un mundo con dinámicas políticas y sociales realistas. Y es así que el viraje se produce con la introducción del único personaje con “superpoderes” (como planteando “¿Qué sucedería si existiera un personaje de la escala de Superman en un mundo realista?”).
En los ’50s, un científico nuclear llamado Jon Osterman sufre un accidente fatal dentro de una maquinaria experimental que desintegra su cuerpo. De alguna manera (desconocida para todos, incluso él mismo), su mente sobrevive de manera incorpórea y adquiere la habilidad de desintegrar y reordenar la materia a su antojo. Y su primer acto es recrearse físicamente en un cuerpo idealizado (al estilo del “hombre Vitruvio” de Da Vinci) completamente azul, calvo con ojos brillantes, y con mínimas expresiones emocionales. Tiene la capacidad de desintegrar cualquier objeto, incluso cantidades masivas y a distancia, así como existir en varios lugares al mismo tiempo al multiplicar su cuerpo. Además de esto, su percepción del tiempo ha sido trastocada, brindándole una mirada casi inhumana... puesto que percibe su presente, pasado y futuro de manera simultánea (como si tuviera “recuerdos” vívidos no solo de su pasado, sino también de su futuro). Como sabe exactamente qué es lo que va a hacer en el futuro, percibe todo con una mirada absolutamente determinística. Él actúa en base a conocimiento y (aparentemente) sin capacidad de elección. Se percibe a sí mismo como una marioneta, aunque cree que todos lo son.
Osterman es rápidamente reclutado por el gobierno de EE.UU., que le adjudica el ominoso apodo de “Dr.Manhattan” (por el infame “Proyecto Manhattan” que creó las primeras bombas atómicas), con la intención de intimidar a cualquier opositor del estado. Con esta poderosa arma viviente, EE.UU. rápidamente aventaja a la Unión Soviética, y con la intervención directa del Dr.Manhattan gana la guerra de Vietnam (lo cual beneficia a Richard Nixon, quien es reelecto una y otra vez, y es todavía presidente para 1985). Sin embargo, esto crea un clima hostil a escala mundial, en donde la desesperada Unión Soviética acumula una increíble cantidad de armas nucleares (aún mayor en el mundo de ficción que en la realidad, considerando los números que mencionan), al sentirse amenazada por este superhombre que ya es tildado de “un dios” .
Ya para el presente de la película, en 1985, las tensiones han llegado al máximo. La Unión Soviética ha empezado a invadir el Medio Oriente, y los otros países del Pacto de Varsovia avanzan sobre el centro de Europa. La Tercera Guerra Mundial (y un holocausto nuclear) está tan solo a días de suceder cuando empieza la narrativa. Hace varios años que los vigilantes enmascarados han sido prohibidos por ley, y así todos ellos se encuentran retirados. Excepto uno...

Introducción de Rorschach. La máscara en blanco y negro.

En el principio, “Rorschach” nos es presentado como un personaje sin nombre propio, sin rostro, del cual no sabemos nada de su pasado. Un individuo vestido de manera más o menos normal con un piloto de cuero y un sombrero marrón... pero con una peculiar máscara. Hecha de una tela gris-blanco con cualidades especiales, presenta una mancha negra como “rostro”, muy similar a las del test de Rorschach, pero eternamente fluctuante, cambiando de configuración segundo a segundo. El caracter moralista y desdeñoso de Rorschach es visto en su monólogo inicial:
“Esta ciudad me teme. He visto su verdadero rostro. Las calles son extensas cloacas y las cloacas están llenas de sangre, y cuando los drenajes finalmente se tapen, todas las alimañas se ahogarán. La suciedad acumulada de todo su sexo y muerte les llegará hasta las cinturas y todas las prostitutas y políticos alzarán la vista y gritarán “¡Sálvennos!”... y les susurraré “No””

Ya en este párrafo inicial podemos ver las temáticas que este personaje desplegará en su recorrido: cuestiones referentes al “rostro”, la alienación del personaje respecto de los demás, sexo (o podríamos decir “vida”) y muerte.
Así, Rorschach se erige como un personaje inflexible e inconmovible. Es un vigilante nocturno que persigue al crimen y ejecuta él mismo a los criminales. Funciona como juez y verdugo, y al mismo tiempo es un fuera de la ley, perseguido por la policía (a los cuales no tiene problemas en moler a palos para defenderse, aún cuando no los mate). Se erige como un severo superyo, eternamente juzgando, un personaje del “deber ser”, así como agente de la pulsión de muerte. No olvidemos al superyo como subrogado de la cultura, y podríamos encontrar un tenue vínculo con el triunfo de los Republicanos moralistas, de la dualidad “nosotros o ellos” (cualquiera que se oponga al gobierno estadounidense es automáticamente tildado de “comunista”). En esta historia alternativa de Watchmen el movimiento hippie es rápidamente sofocado , el pacifismo es superado por el belicismo y la vigilancia incesante. Y en todo esto, Rorschach se convierte en una caricatura de los valores morales imperantes.
“Pronto habrá guerra. Millones arderán. Millones morirán en la enfermedad y la miseria. ¿Por qué importa una muerte entre tantas ? Porque existe el bien y existe el mal, y el mal debe ser castigado. Incluso ante la faz del Armagedón, no transigiré en esto.”

Lo particular, los valores, la dualidad moral presente explícitamente en su discurso y representada en su rostro-máscara, con el blanco y negro persiguiéndose eternamente, pero sin mezclarse jamás. Como fue mencionado antes, es un personaje del “deber ser”, y que juzga severamente a “lo que es”, reprueba a los seres humanos, a los que califica de “sucios”. Podríamos decir... en los cuales el blanco y negro no están tan bien diferenciados.

La investigación.

Con los rasgos antes mencionados, Rorschach entra en escena para investigar la muerte de un tal Edward Blake, un ex-compañero suyo, otro vigilante enmascarado bajo el apodo de “el Comediante” (una versión cínica y burlona de Rambo, criminal de guerra, violador... e incluso el verdadero asesino de Kennedy en este mundo de ficción). En su paranoia (que luego resulta ser bien fundada), Rorschach empieza a pensar que es parte de un complot para asesinar vigilantes enmascarados, y así se pone en contacto con sus viejos camaradas, para advertirles del peligro.
En el transcurso de la película, Rorschach y compañía empiezan a sospechar que este asesinato y otros atentados similares forman parte de un complot aún mayor, para inducir una guerra nuclear a escala global. Típico complot de villano de cómics. Ya se verá más adelante que las cosas no son tan blanco y negro...

La captura. El develamiento de Walter Kovacs.

Sumergido en su investigación, Rorschach cae en una trampa tendida por el mismo “villano” que asesinó a Edward Blake, y así resulta rodeado por la policía mientras revisaba un departamento en busca de pruebas. Rorschach es capturado, y al instante los policías le arrancan la máscara. Podemos ver algo más de su carácter, cuando desaforado grita una y otra vez: “¡Mi cara! ¡Devuélvanme mi cara!”, haciendo referencia a su máscara. Así comprendemos que su alienación del resto de los humanos abarca también su identificación con la máscara que él mismo se confeccionó. Un rostro inhumano, inexpresivo, blanco y negro.
Llevado a una penitenciaría, ya es identificado como Walter Kovacs. Es entrevistado por un psiquiatra, que lo llama por tal nombre, pero Rorschah no se da por aludido. Reconoce el nombre, pero afirma que la persona con ese nombre ya no existe... sólo queda el vigilante llamado Rorschach. Durante la entrevista, nuestro personaje central empieza a recordar su pasado, y así los espectadores nos adentramos en su vida previa.
Walter Kovacs es el hijo indeseado de una prostituta, la cual al menos una vez le remarcó que “Debería haber tenido un aborto”. El niño ve entrar y salir a los clientes de su madre, y al no entender qué hacen, le pregunta a ésta si “la están lastimando”. Los otros niños se burlan de él, sabiendo de su madre prostituta, y él los ataca salvajemente, en un caso mordiéndole la cara a otro.
Sin la máscara, ahora reconocemos a Rorschach como aquel indigente que vimos en tantas otras escenas, caminando silenciosamente por las calles con un cartel apocalíptico que dice “El fin está cerca”. Finalmente sabemos que está completamente divorciado de la humanidad. Es un marginal de día tanto como de noche. De día un indigente anónimo, y de noche un vigilante enmascarado (rostro humano oculto, y ni siquiera reconocido como propio) bajo el nombre de Rorschach. Nombre autoadjudicado. No el nombre materno (porque podemos asumir que nunca conoció a su padre, el cual nunca es referenciado en la película), no el nombre dado por la prostituta. Madre que curiosamente comparte los rasgos que Rorschach desdeña en la humanidad. Explicitado en su discurso (ver el monólogo inicial) sobre suciedad, sexo y prostitutas. Desdeña a los demás como extensiones de quien lo creó. Se margina y aparta de los demás, de la misma forma que se apartó de su madre.

Rasgadura de la máscara. Interpelado por el complot de Adrian Veidt.

Finalmente rescatado por sus ex-compañeros, Rorschach junto con éstos encuentra pistas que señalan a Adrian Veidt (otro vigilante enmascarado retirado) como el autor solitario del complot para inducir una guerra nuclear. Así todo el grupo viaja a la Antártida, al refugio del complotador. Aislados y distantes del resto del mundo, el verdadero complot les es revelado por Veidt mismo. Éste, rompiendo el clásico esquema del villano de cómics, les cuenta todo el plan cuando ya es inevitable... porque ya han transcurrido 30 minutos desde su ejecución. Y el complot mismo, y la intención de Veidt, rompen con toda distinción entre héroe y villano. Adrian Veidt ha previsto desde hace años el punto en que la humanidad se extinguiría en una catástrofe nuclear. Así que decidió crear una amenaza externa ficticia, que fuerce a las superpotencias a un cese al fuego, y a la paz. Esa amenaza externa, inhumano y omnipotente como parece, es el propio Dr.Manhattan. Por medio de cierta maquinaria, Veidt ha logrado imitar la energía que éste despliega al desintegrar objetos... y ha utilizado esta maquinaria para desintegrar enormes porciones de varias metrópolis en el mundo. Nueva York (donde transcurrió casi toda la película, y el “hogar” de Rorschach), Londres, París, Moscú, etc. Veidt presenta así al Dr.Manhattan como una amenaza para toda la humanidad, para lograr unificarla de una vez por todas, y prevenir una guerra nuclear. Y tiene éxito.
Se ha conseguido la paz, y Veidt ha salvado el mundo. Pareciera la acción de típico superhéroe de cómics. Pero a cambio ha tenido que matar 15 millones de personas. Un genocidio. La acción típica de un villano de cómics. Por separado, se podría juzgar lo primero como un bien mayor. Y lo segundo un mal inmenso. Finalmente, es aquí donde vemos (y empezando con los términos más precisos) el Tiempo (lógico) 2, la interpelación. La interpelación a Rorschach, más específicamente, porque es en él que empieza a producir un quiebre. Lo que realmente la distingue como tal, es que es algo totalmente inasimilable para su lógica particular. En su universo previo de blancos y negros... ¿cómo clasificar este plan? ¿Cómo clasificar esta acción ya efectuada por Veidt? ¿Es un mal salvar al mundo? ¿Es un bien matar 15 millones de personas? Esto constituye un límite a la lógica dual y moralista de Rorschach, es improcesable para él. No es una mera transgresión (en cuyo caso sería procesable, porque estaría ya previsto desde el eje particular-moral), sino un elemento que conmueve su lógica preexistente. O que al menos tiene el potencial de hacerlo. Potencial de singularidad. Rorschach podría simplemente tratar de forzarlo, negar el aspecto diverso, y juzgarlo según sus valores establecidos. Tomarlos como universales y aplicarlos a todo (“a todo universo particular” podríamos decir). E inicialmente parece hacerlo...

Silencio o muerte. La elección de Rorschach.

Veidt, complotador solitario hasta este punto, les señala a todos los presentes que develar su complot a la humanidad implicaría negar el sacrificio de 15 millones de personas. Serían vidas perdidas en vano. Es más, hasta resulta interesante remarcar que develarlo lo convertiría en crimen puro (porque se perdería el componente del bien mayor, no se salvaría al mundo, y solo quedaría este genocidio ya efectuado). Ante esto, todos acceden a guardar silencio y convertirse en cómplices, para preservar la paz y no convertir en vano el sacrificio. Incluyendo al omnipotente Dr.Manhattan. Pero Rorschach no...
Aparentemente obedeciendo a sus valores morales (obedeciendo a un Otro, no olvidemos el superyo como subrogado de la cultura y sus normas... y en esta obediencia no habría sujeto, y por lo tanto no habría responsabilidad subjetiva), Rorschach elige no transigir, no ser cómplice, no callarse. Es una elección, una acción (un Tiempo 1 que responde al Tiempo 2, la interpelación del plan de Veidt), pertenece al orden del “deber hacer” y no introduce ninguna novedad, ningún saber nuevo... así que no se constituiría como un acto-decisión.
¿Pero cuál es la verdadera acción, qué es lo que realmente está eligiendo? Desde el momento en que el Dr.Manhattan se puso del lado de los complotadores, Rorschach sabe (y esto bien a nivel consciente) que no tiene oportunidad de llegar a divulgar nada. Está en medio de la Antártida, y se le enfrenta un ser que puede estar en cualquier parte del mundo en cuestión de un instante, además de que puede desintegrar el cuerpo de cualquier ser humano con un esfuerzo mínimo. Todos saben que Rorschach no cederá jamás. “Incluso ante la faz del Armagedón, no transigiré (...)” El Armagedón, el fin del mundo y el fin del tiempo (en su acepción popular). La faz... el rostro. ¿No es el Dr.Manhattan la faz del Armagedón? Y por supuesto que Rorschach no va a transigir. No importa que no pueda divulgar nada. No está eligiendo divulgar nada, porque no puede hacerlo. Está eligiendo morir por sus ideales. No hay novedad aparente, y responde al universo previo del personaje.
¿Cómo llegó a este punto, Rorschach? ¿Y qué posibilidades le quedan? Es puro azar lo que lo llevó a estar 30 minutos tarde en la Antártida, y a tener que elegir entre hacer silencio o morir (porque ya no puede evitar el complot, ya llevado a cabo). Si la nave en la que viajaban no hubiera empezado a fallar, hubiera llegado antes. Si se hubiera topado con pistas concluyentes antes, hubieran partido más pronto. Si se hubiera demorado más, habría muerto en Nueva York, junto con los demás. No hay responsabilidad (subjetiva) en todo eso. Pero la afirmación osada que ahora me propongo hacer no es con respecto al azar, sino a la necesidad. ¿En dónde está el determinismo en todo esto? En la figura del Dr.Manhattan. No, sé que la necesidad nunca puede estar del lado del ser humano (del lado del sujeto). Pero no olvidemos que el Dr.Manhattan es “un dios”. Sabe lo que va a hacer, y por eso no puede elegir. Es la “faz del Armagedón”, el fin del tiempo, porque percibe toda su vida al unísono. Pasado, presente y futuro son lo mismo para él. Es determinismo puro. Hace (en el presente) lo que ya hizo (en el futuro). Es inevitable, es necesario. El Dr.Manhattan se constituye en una ley natural. El Dr.Manhattan es “lo que le sucedió” a Rorschach. Y lo único que le queda a este último es ver cómo se posiciona (subjetivamente) frente a éste (o esto).

Desprendimiento de la máscara. “Uno más”.

Rorschach sale de la fortaleza, cabizbajo, como sabiendo lo que le espera, y afuera es interceptado por el Dr.Manhattan. El momento llegó, los últimos segundos (¿de vida? ¿finalmente vida? Ya vamos a ver) del personaje. Y se sucede este último diálogo:

Rorschach: Fuera de mi camino. La gente debe ser avisada.
Dr.Manhattan: Sabes que no puedo dejarte hacer eso.
R: Súbitamente has descubierto la humanidad. Conveniente.
(Rorschach se quita la máscara)
R: Si te hubiera importado desde el principio, nada de esto hubiera pasado.
DM: Puedo cambiar casi cualquier cosa... pero no puedo cambiar la naturaleza humana.
R: Por supuesto, debes proteger la nueva utopía de Veidt. ¿Qué es un cuerpo más entre sus cimientos?
DM: …
R: ¿Qué esperas? (expresión de súplica, miedo y tristeza) Hazlo. ¡HAZLO!

Medio segundo más tarde, el cuerpo de Rorschach se deshace. Es el “cómo” de su muerte, más que el “qué”, lo que resuena aquí. Conscientemente, Rorschach eligió morir por sus ideales (T1). Pero el complot de Veidt, esa interpelación de caracter externo (T2), ya hizo su mella en el universo previo del personaje. Introdujo un límite y un quiebre. E introdujo una novedad...
Se quitó la máscara. El rostro inhumano en blanco y negro. Aquel que cubría como una armadura su fragilidad... humana. Al borde del llanto, con la boca en forma de U invertida, suplicó que lo maten. Pero no era un deseo de muerte lo que se jugaba ahí. Como dije, no es el “qué” sino el “cómo” lo importante. Tenía miedo, ahí donde nunca antes tuvo miedo en toda la película (y hubieron otros riesgos de muerte en el transcurso). Estoico en todo momento (salvo cuando le arrancaron “su cara”, la máscara, durante su captura), con cara de nada y ojos vidriosos durante su entrevista con el psiquiatra... ahora todo eso cayó. Lo dejó caer.
Ya no es el mismo. ESA es la característica de un Tiempo 3. Ya no es el Rorschach severo, estoico, juez, verdugo. Ya no es un “superyo con patas”, por así decirlo. Mientras obedecía al Otro de los mandatos morales, el “deber ser”... él no estaba implicado. Y al no estar implicado, no había sujeto, no había responsabilidad subjetiva... no había vida. Hay un cambio de posición subjetiva, y no necesariamente de valores. Rorschach finalmente decide vivir, y por eso la expresión de miedo. No hay miedo a la muerte si no hay vida. Y decide vivir de la misma forma que el resto de los humanos, con su rostro imperfecto , con sus debilidades (todo lo opuesto al superyo hiperfuerte). Ya no cede el deseo a instancias del superyo, sino que cede AL deseo. Antes siempre estuvo signado por la pulsión de muerte, marginación de sí mismo, persecución, violencia y muerte hacia los demás (sin importar si fueran criminales o no). Tan libre de culpa como libre de responsabilidad, ambas caras de la misma moneda. Porque no estaba involucrado como sujeto deseante. Sólo obedecía al Otro, al seguir tajantemente sus preceptos morales (otra forma de “obediencia debida”, igual dilución de responsabilidad y culpa).
Finalmente, no solo se sacó la máscara, sino que le devolvió vida a su rostro, en forma de expresiones francamente humanas. Su deseo inconsciente no es morir, ya no es pulsión de muerte en juego. Quizás su anteúltima frase devele más de lo que parece. “¿Qué es un cuerpo más entre sus cimientos?” Es su cuerpo lo que está entregando para construir la utopía del mundo en paz. Repito, está entregando su cuerpo... no su vida. No habla de una “muerte más” o de una “persona más”. De todas maneras, más allá del sustantivo... es “uno más” . En sus últimos segundos, decide ceder su cuerpo pero no su vida... no ceder su deseo de vivir/ser como los demás (resignado a instancias del superyo, hasta este momento... pero no más). Ya no más una mascarada en blanco y negro, sino un rostro humano con la ambigüedad de tener miedo y suplicar por la muerte al mismo tiempo. Se hace cargo de su deseo. Se hace responsable.

Bibliografía

 D’AMORE, O. “Responsabilidad y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol.I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
 FREUD, S. (1923) “El yo y el ello”, cap.5 “Los vasallajes del yo”. En FREUD, S. Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, tomo XIX, 2003 (novena reimpresión).
 GUTIERREZ, C. y MONTESANO, H. “Farsa y ficción”. En Filiación: ciencia y arte. La restitución como problema epistemológico y como acto creador. Aesthetika, Vol.3 Número 1, 2008.
 MOSCA, J.C. “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra, Buenos Aires, Eudeba, 1998.
 SALOMONE, G.Z. “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol.I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: