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Etica y Cine

por 

Psicología, Ética y Derechos Humanos, Cátedra I:
Prof. Tit. Reg. Juan Jorge Fariña

Segundo Parcial

Ayudante de Trabajos Prácticos: Domínguez, Maria Elena

Integrantes:
• Anastasio Campot, Alejandro Javier LU: 33.004.085/0
• Sicardi, Luciana LU: 31.695.270/0

Comisión: 10

- Segundo Cuatrimestre 2009 -

Film Seleccionado: XXY de Lucía Puenzo

Personaje: Álvaro.

Recorte: Álvaro es hijo de una pareja que se hospeda en casa de otra que vive en Piriapolis, Uruguay, el motivo del viaje es que el padre de Álvaro, que es cirujano tiene cierto interés en la hija de la pareja amiga, Alex, ya que a ella se le diagnosticó al nacer una hiperplasia suprarrenal congénita, diagnóstico que la convierte en una pseudohermafrodita femenina. Álvaro no sabe nada de este asunto pero a medida que avanza el film sospecha que algo raro tiene Alex pero no se imagina nada de esto. Alex, en un momento de la película le propone un acercamiento sexual a Álvaro y en determinado momento él accede a la propuesta, cuando va a penetrarla, ella asume una posición activa y lo penetra a él. Álvaro se sorprende ante esta situación, aunque no la evita, sino que permanece en aquella posición. En este momento, el padre de Alex casualmente observa la situación a través de una puerta entre abierta. Luego de esto Álvaro sale corriendo del lugar y va hacia el bosque, allí se masturba.
Luego podemos consignar otra escena como importante para este trabajo, esta se da en el momento en que Álvaro va en busca de Alex para hablar sobre lo sucedido y preguntarle que es lo que pasó, ella le contesta que es “las dos cosas” y le pide perdón por lo que le hizo, a esto Álvaro responde diciéndole que no le molestó y que además le gusto lo que paso, después le pide a Alex que terminen lo que fue interrumpido por la presencia del padre de ella.
Otra escena a destacar se da casi al final del film en la cual el padre de Álvaro le dice al hijo que no toleraría que el fuera homosexual, que tenía temor de que lo fuera. Álvaro luego de esto se queda angustiado pero es destacable que continua acercándose a Alex mas allá de lo que le dijo el padre.

Introducción

Del recorte realizado, tomaremos el personaje de Álvaro para realizar una lectura del circuito de la responsabilidad subjetiva que podemos ubicar allí. (Domínguez, M. E. (2006). “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”). Realizaremos el recorrido a través de los tres tiempos lógicos del circuito, teniendo como fin último la asunción subjetiva, por parte del personaje, de la responsabilidad con respecto al deseo inconsciente que las contingencias de la situación hubieron de señalar allí, lo que configura el tiempo 3.
Para cada uno de los tiempos ubicaremos el recorte específico del relato, ya que tratan de diferentes momentos cronológicos (en el sentido literal) del film.
En este análisis haremos a su vez referencia a las nociones de necesidad y azar. (Fariña, J. (Web), Responsabilidad: entre necesidad y azar), (Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto.) Y los conceptos de culpa, determinación inconsciente y responsabilidad (Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto.), (D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa.)
Hacia el final, trataremos de construir una hipótesis clínica (Domínguez, M. E. (2006). “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”). que de cuenta de aquello por lo cual y a lo cual el sujeto (Álvaro) debe responder.

Desarrollo

Circuito de la responsabilidad

El tiempo uno lo situamos en el momento en que Álvaro accede a tener relaciones sexuales con Alex. Se trata de una acción que presupone agotarse en los mismos fines para los cuales es realizada. Mero particular que adscribe al mandato paterno de “ser hombre” (como ya veremos más adelante) en tanto que aborda, penetra a una mujer. Esta acción está inscripta en un lugar egosintónico en relación al discurso-amo paterno, y en su consistencia imaginaria ubica al personaje en una determinada posición de obediencia así como de alienación a los significantes del Otro . Desde ya que todas estas cuestiones podemos ubicarlas en razón del devenir posterior que resignificará determinada escena. Se trata entonces de una decisión “inocente” que toma el personaje, la cual a posteriori, señalará una hiancia desde el efecto producido por el tiempo dos.
La decisión de Álvaro va mas allá (o mas acá) de lo esperado. Algo no sale bien, y es en el momento en que se ve penetrado por Alex donde la decisión anterior se ve fallida por las características disonantes de la misma. El ordenamiento imaginario de la acción primera se ve jaqueado por una circunstancia que implica un más allá, abriendo la posibilidad de un señalamiento subjetivo en relación a determinada pauta inconsciente de la cuál Álvaro elegirá o no hacerse responsable (ya veremos como el toma la palabra para hacerse cargo de aquello). Tal circunstancia, desde una mirada superficial, quizás indicaría una mera cuestión azarosa, la “mala suerte” de que queriendo abordar a una mujer penetrándola, ocurra justamente lo contrario. Para Álvaro no será una cuestión de mala o buena suerte, sino una cuestión que lo implica. Podríamos incluso enunciar el “saber no sabido” de una forma ilustrativa; en la trama, el padre de Álvaro es el cirujano que va a cortarle el miembro a la niña hermafrodita , ¿Acaso Álvaro es totalmente ajeno al objetivo que el viaje tenía, tanto conciente o inconcientemente?
Hasta ahora entonces tenemos ubicados un tiempo uno, como mero particular que describe una decisión enmarcada en los significantes del universo del sujeto, es decir: La decisión de mantener relaciones sexuales con “supuestamente” una mujer, sin pene, penetrándola a ella. El tiempo dos se ubica en relación al momento en que esta “mujer” lo penetra a el, ante lo cual la primera reacción de Álvaro pareciese ser muda, sorpresiva; algo del orden de la sorpresa se juega allí. El personaje acepta (o mas específicamente, no la “cuestiona”) la iniciativa proveniente de la adolescente poseedora de pene en lo real, en tanto que permanece en tal postura. Es difícil ubicar cual es la respuesta de Alvaro ante la penetración, pues se trata de algo sorpresivo, y no será clara su posición sino en el tiempo tres.
Posteriormente, presa de un afecto que no podríamos nombrar con precisión (quizás vergüenza o culpa), Álvaro huye de la escena al percibir que el padre de Alex ha visto casualmente la situación.
Notemos que lo acontecido hace entrar en escena elementos que señalan algo del orden real en términos de goce pulsional.

Es interesante notar aquí cual es el lugar que Álvaro le adjudica a esta situación disruptiva que lo lleva a interpelar su decisión primera.
Podría él apelar a la construcción de sentido fantasmático, empeñándose por significar lo acontecido en términos del tapón imaginario que ya se ha tambaleado; podría negarse la propiedad inconsciente (en términos de que aquello le compete y pertenece) desde los argumentos ya conocidos; quizás lo atribuya a la casualidad o al azar.
No obstante, la irrupción económica en la situación no es algo nimio que puede ser pasado por alto fácilmente. Se ha escenificado allí lo real del goce pulsional, y la acción en primera instancia egosintónica deviene totalmente disonante y ajena, abriendo una dimensión desconocida referente a lo inconsciente, lo cual le pertenece. El orden de lo erógeno y la satisfacción pulsional en un lugar que no se inscribe en el mandato de “ser hombre” interpela al yo de Álvaro, de esto da cuenta la culpa y el ideal del padre. Cabe aclarar que no ubicamos que surge alguna cuestión en relación a una elección de objeto homosexual. Afirmar tal es forzar por entero el material; surge algo que consideramos cuestiona el mandato moral paterno, el “ser hombre” y el miedo del padre a que el sea “puto”. No obstante, lo que emerge es apropiado por Álvaro en el tiempo tres, donde ejerce un cambio de posición en relación a lo acontecido.
Surge aquí la posibilidad de emergencia de una pregunta por la posición del sujeto en la decisión del tiempo uno. Hasta aquel momento no podíamos nombrarnos a favor de que lo emergido se encontrara inscripto en el orden del deseo de Álvaro. La diferencia entre emergencia de un goce pulsional angustiante y la apropiación subjetiva de lo acontecido como una “forma” de sexualidad inscripta en el deseo la remarca Álvaro hacia el tiempo tres. Busca a Alex y pide concluir lo que fue interrumpido, afirmando que aquello “le gustó”.
En otras palabras; la decisión emprendida en el tiempo uno, supuestamente agotándose en sus mismo fines, resignificada après-coup por lo sorpresivo y disonante del tiempo dos, es alojada en el tiempo tres como una formación del inconciente que puso en juego algo del orden del deseo de Álvaro. En lugar de obturar imaginariamente la hiancia que su inconciente provocó, Álvaro se responsabilizó subjetivamente por su deseo que, “sin saberlo” se jugó en su “inocente” decisión yoica.

Necesidad y azar

Citando la clase del profesor Fariña “Diosas griegas: Necesidad y Azar…”: “En su texto, Juan Carlos Mosca sugiere que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.” Luego de esto podemos comenzar a hablar sobre el azar y la necesidad que hemos podido encontrar en nuestro recorte de la película.
Podríamos determinar como azaroso que el viaje sea realizado por toda la familia de Álvaro. Podría haber viajado su padre solo; el interés por ir le era propio por cuestiones relacionadas a su profesión. En el azar no hay un porqué como respuesta por esto también debemos mencionar la cuota de necesidad, en la que si se puede encontrar un porque al suceso . El viaje es realizado por toda la familia porque se da justo en la época de pascuas y puede ser realizado así como excusa para viajar a ver una familia amiga.
Podría a su vez ubicarse en determinismo azaroso y casual el hecho de que justo la joven que Álvaro decide abordar se trata de una hermafrodita poseedora de pene; en relación a una buena o mala suerte, depende del lente con el que se responsabilice al Otro de la casualidad.

Lo relevante de todo esto es que en el momento en que Álvaro debe responder por su deseo no recurre ni al azar ni a la necesidad para encontrar una explicación a lo que le ha sucedido. Vemos una grieta entre estas dos instancias mediante la cual se permite que surja la responsabilidad como respuesta subjetiva, estas dos no son las únicas rectoras de la situación. Ni la necesidad ni el azar, que están fuera de su voluntad, alienando el sujeto a Otro, aparecen taponando y excluyendo al sujeto del acto, entonces lo no sabido, lo que está cercano a lo Real es lo que surge de esta situación, el sujeto de deseo.

Culpa, determinación inconsciente y responsabilidad

Podemos enmarcar la determinación inconsciente como la que deviene de los otros significativos del sujeto que dejaron ciertas marcas por el modo en el que actuaron y siguen actuando con el. El sujeto puede hacer algo con eso y responder a su deseo apropiándose de las marcas pero dándoles un sentido propio, haciéndose cargo de su subjetividad.
En el caso de Álvaro vemos como los mandatos paternos del “ser hombre” funcionan de manera extrema y condicionante, supuestamente hasta el momento en el que situamos el circuito de la responsabilidad Álvaro adscribía a estos.
Un sujeto debe poder distinguirse de los determinismos morales que le vienen dados desde que aparece como sujeto en la vida de los otros significativos. Esta distinción le permitirá trascender en actos y poder ser responsable por estos.
Si el sujeto es sujetado a los determinismos preexistentes no hay sujeto, no hay acto ni posibilidad de responsabilidad, el sujeto queda exculpado.
Cuando se abre un roce con lo Real, el sujeto debe poder hacer con esa marca, hacer propio el lugar que ocupa en relación a lo que le ha sucedido.
Vemos que Álvaro va en camino a poder realizarlo, si hubiera quedado sometido al deseo del Otro, al mandato superyóico para librarse de la culpa, el resultado sería un sentimiento de culpa mayor. Si el sujeto cede ante el deseo para quedar refugiado en los mandatos y gozar de este sometimiento se desvanecería el sujeto, no habría inscripción de deseo.
La responsabilidad podría ser anulada por la culpa, taponada por esta, no dando lugar a la emergencia del efecto de la hiancia, lo que traería consigo sorpresa y angustia pero no culpa. En el personaje vemos que le sobreviene la angustia al enfrentarse con los mandatos paternos, esto nos daría la pauta de que algo del deseo inconsciente esta teniendo lugar, que hay una emergencia del sujeto en acto.
A esta conceptualización de la culpa como obturante, tomada del texto de Mosca podemos sumarle la conceptualización de la culpa que ob-liga que nos ofrece D’amore en su texto.
Si algo de culpa aparece en el personaje tiene esta función de ligar, de ob-ligar a responder al sujeto, por ende a hacerlo responsable. La culpa aparece, así conceptualizada, como condición necesaria para que surja la responsabilidad subjetiva, la singularidad, el sujeto del acto que da cuenta de su deseo inconsciente. La culpa que interpela al sujeto en el tiempo dos pone en marcha el circuito de la responsabilidad, resignificando el tiempo uno que ahora le exige respuesta, una respuesta que va mas allá de lo que el yo quisiera responder.
La respuesta del sujeto de la película no pretende ponerlo en una posición moral , que sería parte de lo particular, en el no aparecen como respuestas figuras de la culpa. Esto se evidencia en que el sujeto no se autoculpabiliza ni proyecta la culpa por ejemplo en Alex, ya que cuando ella le pide perdón el podría haber optado por aceptar su perdón poniéndola en el lugar de culpable, el no le reprocha lo que hizo, sino muy por el contrario admite que el tuvo algo que ver en eso porque le pide que terminen lo que empezaron y además le dice que le gustó lo que sucedió. Si algo de la culpa ante los dichos del padre aparece en el sujeto, la función que tiene es la de ligar lo sucedido con algo que lo implica, que tiene que ver con el, algo que le pertenece, formas estas de dar cuenta de su deseo inconsciente, este sujeto responde desde una dimensión ética, hay efecto sujeto, por ende hay tiempo tres en el circuito de la responsabilidad. Lo puesto a una ciega adscripción al mandato.

Hipótesis clínica

Podríamos comenzar diciendo que el sujeto responde ante su deseo relacionado con aquella forma de gozar, se hace responsable subjetivamente de lo que quiere con respecto a su sexualidad, opuesta a la moral del mandato paterno. Una cierta forma de gozar, un singular atravesamiento pulsional en su cuerpo.
Sin hablar aquí de elección de objeto, ya que implicaría forzar la cuestión.

Esto queda bien descripto en el tiempo tres donde el se hace cargo de lo que pasó, de lo que le pasó a el con eso que sucedió. Ya dijimos que no hay figuras de culpa que lo exculpen ante su deseo sino que hay un efecto sujeto producido por el acto ético, se funda un sujeto distinto del que había antes. En este punto podemos tomar la cita de Lacan, “La única cosa de la que se puede ser culpable, al menos en la perspectiva analítica es de haber cedido en su deseo” , en este caso se habría cedido al Otro por no querer dar cuenta de la castración, de su barradura en relación al atravesamiento pulsional que inscribe y nombra su cuerpo. Creemos que esto no sucede en el caso de Álvaro.
En un primer momento el sujeto responde a los mandatos paternos, tiene una posición obediente en la cual queda sometido a los significantes de Otro. El momento de la interpelación hace que estos significantes con los que el se identifica tambaleen y se le presenta ante el, sin posibilidad de obviarlo, un dilema ético que lo confronta con una disyuntiva ante la cual tiene que decidir, ante la cual el sujeto es convocado a responder, algo de todo esto le pertenece. El sujeto tiene varias vías posibles para dar la respuesta. En esta caso de este dilema ético se desprende un problema ético , que convoca a responder desde la responsabilidad subjetiva, esto esta en plena relación con lo que sucede en el tiempo tres mencionado antes. Además este momento representa el quiebre del horizonte, que da como resultado la emergencia de una singularidad, emerge un deseo que es entre significantes.
Vemos que cuando Álvaro enfrenta a este Otro de los significantes y va más allá de su universo, ampliándolo, puede dar cuenta de su castración en tanto la sexualidad lo marca, puede “esa vez”, en acto, hacer una elección sin garantías, una elección de la que surja la responsabilidad subjetiva. Esto lo podemos acompañar con otra frase de Lacan, “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables” .
Hemos dicho recién que “esa vez” el sujeto puede realizar esto, pero con los tres tiempos del circuito no alcanza para hablar de responsabilidad. Debemos situar un tiempo cuatro que debe intervenir el “savoir y faire avec” , “es saber hacer ahí con”, otro frase de Lacan que resume este tiempo. El sujeto cada vez ante cada situación debe poder dar una respuesta que nos indique que hay responsabilidad subjetiva y en la cual se produzca sujeto, esta respuesta no puede ser siempre la misma, ya que sino estaríamos frente a una sutura fantasmática que clausura la pregunta por la causa, debe ser una respuesta que ponga en juego la lógica del no-todo, por eso remarcamos el “esa vez” o el “cada vez”.
Relacionando esto con nuestro personaje creemos que este puede ser capaz de mantener lo que ha podido hacer en el tiempo tres y enfrentar la castración esta vez, haciendo caso a su deseo respondiendo y enfrentándose a los mandatos del otro que determinan cierta forma de sexualidad que no es la que el ha realizado. Creemos que Álvaro puede dar una respuesta distinta a la fantasmática que le daría consistencia al goce del Otro, que completaría al Otro, sería esperable que pueda hacer algo con su deseo, ahí, cada vez.

Bibliografía

• Domínguez, M. E. (2006). “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

• Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

• Fariña, J. (Web), Responsabilidad: entre necesidad y azar

• D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006

• Domínguez, M. E.: (2007) "El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético". Inédito. Ficha de cátedra www.psi.uba.ar

• Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.



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