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Psicoanálisis y muerte digna: El cine como vía para singularizar un derecho
por González Pla, Florencia Paula
Título original: PS!

Contardo Calligaris / Brasil / 2014

“¿No sería mejor dejar a la muerte, en la realidad y en nuestros pensamientos, el lugar que por derecho le corresponde, y sacar a relucir un poco más nuestra actitud inconciente hacia ella, que hasta el presente hemos sofocado con tanto cuidado? [Esto tendría] la ventaja de dejar más espacio a la veracidad y hacer que de nuevo la vida nos resulte soportable." (Freud, 1915). [1]

El noveno episodio de la serie PS! realizada por Contardo Calligaris, [2] lleva como título “La vida en mis manos”. Se inicia con la toma de exteriores de una casa residencial de Sao Paulo, frente a la que se encuentra estacionada una ambulancia. En el interior, el médico conversa con tres personas jóvenes, dos hombres y una mujer. Al fondo, se ve una cama de hospital con una anciana que reposa con los ojos cerrados. Rápidamente advertimos que se trata de una familia que atraviesa una situación dolorosa. La madre, postrada en el lecho está en la etapa terminal de un cáncer y los hijos discuten con el médico acerca de cómo proceder ante el fin, que resulta inminente. Los dos varones se inclinan por una sedación terminal con el argumento de que lo que su madre está viviendo no es verdaderamente vida. La mujer, en cambio, se niega a tomar cualquier iniciativa en esa dirección, considerándola una crueldad.

¿Qué nos dice Contardo Calligaris con esta escena inicial? Que en la entrada situacional la decisión sobre el fin de la vida se presenta siempre atravesada por una lógica bivalente. Se trata de una situación conocida y relativamente anticipable por la que atraviesan muchas familias. Estamos ante un dilema, es decir un problema que tiene dos soluciones posibles, lo cual se expresa en las “posiciones” de los hermanos frente al destino de una madre agonizante.

En términos de Ignacio Lewkowicz:

Opinar a favor o en contra no cesa de constituir la operación básica de identificación imaginaria. El comentario circula sin rozar la superficie de lo comentado; agrupa y disuelve conjuntos fácilmente encuestables. Hoy ganan los a favor; mañana los en contra. El tema que ocasionalmente los divide carece de significación por sí; vale por su función imaginaria de demarcación de una diferencia pequeña, de una diferencia opinable. Si la discusión es a favor o en contra, no hay margen para el pensamiento ético (Lewkowicz, 2004).

Pero lo interesante de la propuesta del episodio es que la situación está allí justamente para ser destituida. Para poner en evidencia sus límites, para ponerla en cuestión. No se trata de confirmarla, reforzando los argumentos a favor o en contra de una decisión sino de generar condiciones analíticas para pensar la situación misma.

En una segunda escena, suena el teléfono en el consultorio del psicoanalista Marco Antonini, quien es convocado por estos hermanos para una consulta familiar. En la entrevista se profundiza la discrepancia manifestada previamente. Paula, que está en una etapa avanzada de su embarazo, insiste en mantener a su madre con vida, ofreciendo incluso alojarla en su casa para cuidarla junto al bebé que nacerá pronto. Los hermanos varones insisten a su vez en poner fin a esa agonía. La situación parece repetir la escena inicial con el médico, con la familia dividida frente a la decisión. Pero cuando finaliza la entrevista Paula acompaña al analista hasta la puerta y antes de despedirse Antonini le pregunta si no le parece que deben volver a conversar sin la presencia de los hermanos. Inmediatamente Paula pregunta si considera que sus argumentos no son válidos, el analista contesta que le parece extraño que estando su embarazo tan avanzado quiera cuidar al mismo tiempo de su madre y del bebé. Frente a esta intervención, ella acepta un próximo encuentro.

Eutanasia, autonomía, consentimiento, sedación

Hagamos un pequeño paréntesis para recordar la noción de eutanasia, cuya etimología deriva del griego euthanasía, que significa ‘buena muerte’. Tanto por acción como por omisión, la eutanasia supone la decisión médica de provocar la muerte de una persona con el propósito de evitar el dolor y poner fin al sufrimiento. Según las concepciones clásicas se habla de eutanasia activa cuando la muerte es causada a través de una acción, por ejemplo administrando medicación en dosis considerables. Y de eutanasia pasiva cuando se precipita la muerte por no proveer los cuidados necesarios, por ejemplo privando de alimento o agua al paciente (Michel Fariña, 2012).

En la primera escena en que los tres hermanos están reunidos con el médico debatiendo sobre la decisión “correcta”, uno de ellos sugiere dejar de alimentarla, mientras que el otro hermano aclara que estaría sedada, que no sentirá nada. En ambos casos la hermana se niega a dar curso a sus propuestas, preguntándoles si sus conciencias les permitirían dormir… Como vemos los hermanos proponen dar fin al sufrimiento mediante lo que se podría considerar eutanasia pasiva y activa respectivamente, mientras que la hermana desacredita ambas posturas insistiendo en mantenerla con vida todo lo posible.

Las dos escenas, ante el médico y ante el analista, giran aparentemente sobre la misma decisión. Pero su tratamiento circula por carriles diferentes. En la primera vemos a los hermanos dirigirse al médico para saber si su madre podrá tener una vida digna –si escucha lo que le dicen, si sufre– interrogantes que el médico responde por sí o por no, expresando compasión desde su saber. En la segunda en cambio, ocurre algo diferente. Luego de que cada hermano expone sus argumentos, uno de ellos interroga al analista para saber si él está de acuerdo. Antonini contesta que no está allí para convencer a nadie de cambiar de opinión. Les dice que se trata de una decisión que tendrán que tomar entre los tres, sustrayéndose así de tomar partido. ¿Qué nos está queriendo mostrar el personaje? Que no se trata de lo que el analista piense o sepa al respecto, en términos de lo que sería correcto o incorrecto, sino de generar las condiciones de posibilidad para que otra cosa allí suceda.

¿Cómo ingresa en este contexto la noción de “muerte digna”? La expresión “muerte digna” se refiere al derecho a no prolongar la vida de un paciente que se encuentra en la fase final de una enfermedad terminal, limitando los esfuerzos médicos y terapéuticos que pudieran dilatar el inevitable desenlace.

El 9 de mayo de 2012 se sancionó en la Argentina la ley 26.742 de Muerte Digna [3], la cual modificó la Ley 26.529 de los Derechos de los Pacientes en su Relación con los Profesionales de la Salud [4].

El siguiente párrafo, agregado en la nueva legislación, destaca la diferencia más sustancial y controvertida entre ambas leyes. El mismo aparece en el artículo 1°, refiriéndose a la Autonomía de voluntad y luego en el artículo 2° sobre Consentimiento Informado:

El paciente que presente una enfermedad irreversible, incurable o se encuentre en estadio terminal, o haya sufrido lesiones que lo coloquen en igual situación, informado en forma fehaciente, tiene el derecho a manifestar su voluntad en cuanto al rechazo de procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital cuando sean extraordinarias o desproporcionadas en relación con la perspectiva de mejoría, o produzcan un sufrimiento desmesurado [5]. También podrá rechazar procedimientos de hidratación o alimentación cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo de ese estadio terminal irreversible o incurable.

Más adelante agrega que, en caso de que el paciente no esté en condiciones de dar su consentimiento, la decisión quedará a cargo de sus representantes legales. Punto que nos lleva al corazón del episodio. ¿Se trata de tener la vida del otro en las manos, o de soportar la propia vida sin los otros que amamos?

Quienes están de acuerdo con la ley afirman que se trata de evitar el empecinamiento médico de salvar vidas a cualquier precio, del derecho del paciente a poner fin a su vida y que este sea con el menor sufrimiento posible. Calidad de vida y muerte serían los argumentos principales. Quienes se oponen a la aplicación de la ley sostienen que el hecho de que no se los asista con alimento o agua, y en su lugar se lo haga con suero, alarga la agonía y el sufrimiento, volviendo tortuoso dicho accionar [6].

La sedación terminal o paliativa, que consiste en facilitar a los pacientes terminales en agonía la posibilidad de recibir medicación que los duerma profundamente mientras esperan la muerte, es la iniciativa más frecuente que adoptan los médicos para cumplir con el espíritu de la ley.

Derechos del paciente, autonomía, consentimiento informado, revocabilidad, sufrimiento, vida, agonía, muerte, son significantes que insisten y que no logran encadenarse para encontrar una salida respecto de qué se debe hacer o de qué se debe evitar en ese punto de no retorno. Se vuelve evidente que a pesar del intento de modificación de las leyes vigentes no hay consenso respecto de su interpretación, cuando se trata tanto de la propia muerte como de la de un ser amado [7] .

La singularidad de una muerte digna

Volvamos al episodio. En la escena siguiente, Paula está frente a su madre acompañando a la mujer que la higieniza, cuando súbitamente rompe bolsa y debe salir urgida al hospital, auxiliada por la enfermera… Hay un corte, y cuando finalmente el terapeuta acude a la entrevista, el bebé ya ha nacido. Nuevamente vemos a Paula pidiendo asistencia a la enfermera para que se lleve a su hijo mientras ellos conversan. Frente al llanto que se escucha en la casa, decide comenzar la sesión en el jardín. Paula retoma el tema de la charla con sus hermanos. Dice que ellos no entienden por qué quiere mantener con vida a su madre. Antonini pregunta si ella entiende por qué lo hace, a lo que Paula responde que hace lo que toda hija haría. Quiere que viva todo lo que pueda…

Aparece una primera cuestión donde Paula diferencia entre “ser hija” y “ser hijo”; afirma que con ella su madre era más controladora que con sus hermanos. Comienza entonces a hablar de la ambivalente relación madre-hija. De chica solía escaparse de su casa para encontrarse con un noviecito, gracias a la complicidad de la criada. Al volver, la madre acostumbraba olerla para saber si fumaba o tomaba. También leía sus diarios íntimos y así la tenía controlada. Además la obligaba a contarle todo. Antonini pregunta si ella la obedecía y Paula responde que le mentía porque se sentía intimidada. En cambio con su padre no podía hacerlo. Con su madre “era una locura”, tenía sentimientos encontrados por haberle mentido y por haberse divertido. Contradicción que la sorprende dejando entrever que algo de eso le pertenece. A continuación recuerda la anécdota en que la madre le leyó sus diarios íntimos. Entonces Antonini redobla la apuesta respondiendo que ahora es ella quien controla a su madre. Más sorprendida todavía Paula le responde –y se pregunta– ¿Le parece…? Otra vez el llanto del bebé que ahora anuncia el corte de la sesión.

¿Qué es lo que ha sucedido aquí? Hasta este momento la situación para Paula se presentaba en términos de posiciones mutuamente excluyentes A/-A. Sus hermanos, vencidos por la situación que atraviesa su madre, quieren poner fin a su vida, mientras que Paula se dispone a cuidar de ella para que viva todo el tiempo que sea posible. Posición sacrificial que la enfrenta a la frialdad de sus hermanos.

En este contexto, ¿qué movimientos introduce el analista a partir de sus intervenciones? Diremos que en una primera intervención, aquella en la que responde que él no está allí para convencer a nadie, da lugar a que surja alguna pregunta, alguna grieta que ponga en jaque la completud del universo de posibilidades de Paula. Luego, durante la sesión, se produce otro movimiento, algo del relato infantil se le vuelve ominoso. De niña, Paula era el objeto vigilado y controlado por su madre; y ahora, devenida madre, es ella quien cuida celosamente de su propia madre como objeto. Inversión de lugares en donde lo que se juega es lo idéntico de la duplicidad. Tensión agresiva entre la imaginen especular y el cuerpo real, en donde lo especular aún no está dispuesto a ceder, pero comienza a traslucirse bajo los galas narcisistas de la venganza…

Una escena más viene a reforzar esta hipótesis clínica. Se trata del momento en que Paula decide maquillar a su madre. Se encuentran en la habitación Paula, su madre y su bebé, quien oficiará de “interlocutor”. Paula le dice a su madre que alguien vino a visitarla, mientras le presenta a su abuela el bebé que lleva en brazos. Al verla agotada y pálida se le ocurre que sería oportuno maquillarla. Mientras comienza a hacerlo le dice que quiere verla saludable y bonita, que le trajo los maquillajes que tanto le gustaban, y que la va dejar hecha una belleza. Interrumpe la escena la criada, para avisarle que ha llegado el doctor Carlo. La enfermera, sorprendida por el aspecto de la anciana le pregunta a Paula qué le ha sucedido. La toma concluye con una elocuente escena duplicada. Paula le cambia los pañales al bebé mientras le pide a la criada que le cambie los pañales a la madre. Entretanto, Antonini espera fuera de la habitación en silencio.

Recordemos que en el Seminario de La Transferencia Lacan hace referencia al discurso de Diotima en relación a la belleza y la búsqueda de la inmortalidad. El deseo de lo bello oculta el deseo de muerte. A partir de este mito Lacan propone pensar el concepto de belleza como la última trinchera del sujeto frente a la angustia. En este sentido la belleza opera como velo frente a la propia castración. Enseguida volveremos a este punto.

Una última escena. Carlo recibe un llamado telefónico de Paula y acuerdan una entrevista al día siguiente. Se produce entonces un movimiento que obliga a Paula a volver sobre sus pasos y responder por su propia separación. Decide que ya no quiere mantener a su madre de esa manera, que es demasiado cruel. Recuerda la última sesión y le dice a Carlo que tiene razón, que se está vengando de su madre al controlar su vida. Él le pregunta de qué manera lo está haciendo. Se da el siguiente diálogo:

P: Porque ahora ella [su madre] sabe lo qué es ser controlada.

A: Podrías vengarte dejándola morir.

P: Sí, pero es más vengativo dejarla como está. Y ayer hice algo tan raro. Tú fuiste testigo. La maquillé de forma tan grotesca. No sé, no sé qué debo hacer, ¿entiendes? No sé si dejarla así, o si dejar que se muera, no sé.

A: Creo que sólo debes saber por qué decides una cosa u otra.

P: Creo que es mejor dejarla ir. También sería extraño dejarla como está. ¿Tú crees que...si decidimos dejar que se vaya, podrías acompañarnos?

Aquello que en los encuentros a solas con el analista se presentaba como una posición “vengativa” de Paula, del orden de lo especular, en la salida situacional emerge como un verdadero movimiento subjetivo. Ya no se trata de lo que toda hija haría por una madre, sino de lo que ella pueda hacer con la muerte de su madre. Punto ineludible en el que nuevamente el sujeto se desvanece por la torsión que significa una nueva separación. Ahora ya no causando al sujeto, sino asumiendo su propia castración. Momento en el que ni la última trinchera, la belleza, puede velar lo real.

Bibliografía

Freud, S. (1915). "Nuestra actitud hacia la muerte", en Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, 2008, XIX.

Gómez, M. et. al. (2014) Identidad y cuerpo en tiempos de la biopolítica. Aesthethika. Revista Internacional de estudio e investigación interdisciplinaria sobre subjetividad, política y arte. 11 (1), Mayo 2015.

Lacan, J. (1956). El Seminario. Libro 8, “La Transferencia”. Buenos Aires: Paidós, 2011.

Lewkowicz, I (2004) Infinito, paradoja y negación de la negación. Mimeo, Facultad de Psicología, UBA.

Michel Fariña y Solbakk (2012) (Bio)ética y cine. Tragedia griega y acontecimiento del cuerpo. Buenos Aires: Letra Viva.


Notas

[1] En Nuestra actitud hacia la muerte, Amorrortu, p. 301. Citado en Gómez, M. et. al. (2014) Identidad y cuerpo en tiempos de la biopolítica. Aesthethika. Revista Internacional de estudio e investigación interdisciplinaria sobre subjetividad, política y arte. 11 (1), Mayo 2015, p. 10.

[2] Respecto de la serie PS! y su interés para el campo de la ética narrativa y en particular para el tema de este artículo, ver Michel Fariña "La vida eterna sería insoportable: Un analista en la extimidad”. Disponible en: http://www.eticaycine.org/article3234

[3] Ley 26.742. Ley de Muerte digna. Sancionada por el Congreso Nacional el 9 de Mayo 2012. Promulgada de Hecho el 24 de Mayo de 2012

[4] Ley 26.529. Ley de Derechos del Paciente en su Relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud. Sancionada el 21 de octubre de 2009 y promulgada de Hecho el 19 de noviembre de 2009.

[5] El 7 de Julio de 2015, tuvo lugar la primera aplicación de la ley en la Argentina. Ver: http://www.infojusnoticias.gov.ar/n...

[6] Al respecto Jack Kevorkian, el médico que promovió en Estados Unidos el derecho al suicidio asistido, cuestiona incluso la eutanasia pasiva, comparando la muerte lenta por inanición a la que se somete al paciente con el largo tormento que debieron padecer los prisioneros en los campos de concentración. Ver Michel Fariña, “Dr. Muerte, Eutanasia y suicidio asistido: Narrativa cinematográfica de la muerte que más duele”. En Bioética y Cine. op.cit.

[7] Freud se refirió en varios de sus artículos al tema del duelo y la muerte. En Nuestra actitud hacia la muerte encontramos el siguiente pasaje donde se refiere a la pregunta –y especialmente a la respuesta– en torno a la posición de cada ser humano hacia su propia muerte. “No fue el enigma intelectual ni cualquier caso de muerte, si no el conflicto afectivo a raíz de la muerte de personas amadas, pero al mismo también ajenas y odiadas, lo que puso en marcha la investigación de los seres humanos. De este conflicto de sentimientos nació ante toda la psicología. El hombre ya no pudo mantener lejos de sí la muerte, pues la había probado en el dolor por el difunto. Pero no quiso admitirla, pues no podía representarse a sí mismo muerto”. En Obras Completas (1915), Tomo XIV, 1915. p. 295.






Comentarios

Mensaje de Montserrat Díaz Membrives  » 20 de septiembre de 2015 » mdiazmem@gmail.com 

El cine en la etapa final de la vida ha sido una temática tratada en numerosas ocasiones tanto en series como en películas comerciales. En este capítulo, se puede observar como los profesionales de la salud respetan la autonomía, ya no del paciente en proceso de morir, sino de su familia. El personal sanitario tiene en su código ético, la obligación de evitar el sufrimiento y dar la posibilidad de ofrecer una muerte en paz a la persona, respetando siempre los principios bioéticos. Con respecto a la autonomía del paciente, existen decisiones que implican una deliberación moral, en este caso, de los hijos de la persona enferma.
Las razones de unos, son argumentos que no anulan en ningún caso, los argumentos de los otros. Situaciones como estas son útiles para conseguir una mayor sensibilización y favorecer una reflexión colectiva de la sociedad,
Gracias por su excelente análisis.



Mensaje de Paula Mastandrea  » 27 de agosto de 2015 » paulamastandrea@hotmail.com.ar 

Me gustaría partir de una pregunta central en el escrito: ¿Se trata de tener la vida del otro en las manos, o de SOPORTAR la propia vida sin los otros que amamos?

Cuando Paula argumenta, en una primer escena, su postura respecto de porque desea que su madre permanezca con vida, podríamos decir que lo hace desde un lugar moral, culposo, argumentando que "es lo que toda hija haría". Sin embargo, el desarrollo del capítulo nos lleva a considerar que este moral está encubriendo la posibilidad de responsabilizarse subjetivamente por su decisión: es más fácil sentir culpa por dejar morir a su madre, que reconocer la responsabilidad por el deseo de mantenerla con vida para así obtener una "revancha" respecto de los pesares que esa madre le había hecho padecer en su adolescencia.-

La cuestión no es si la madre permanece o no con vida, sino desde dónde se ubica Paula para tomar la decisión, si desde un bien para la madre, o desde una posición de goce respecto del padecimiento ajeno.

Considero que el analista, con su intervención, permite el giro desde ser madre de su madre, para devenir hija de SU madre, aceptando su condición desigual respecto de sus hermanos varones, su posición de “controlada”, para así lograr hacer algo con la madre que le ha tocado. Es al final de ese recorrido (y del capítulo mismo), como desde esa condición de hija puede llevar a cabo un acto singular, aceptando la partida de su madre.

Únicamente tramitando su lugar en tanto hija, podrá devenir (plena) madre de su hijo, desde una perspectiva superadora.-



Mensaje de Florencia González Pla  » 21 de agosto de 2015 »  

Efectivamente se trata de una lectura hegeliana. Allí donde el analista se sustrae de la lógica bivalente que encierra el dilema en cuestión, puede generar un margen para el pensamiento ético, como plantea Ignacio Lewkowicz. Y será a partir de la negación de la negación que pueda suceder algo inédito para el sujeto.

Por lo mismo, si bien el derecho se aplica “para todos”, a partir de la ley de Muerte Digna, será un movimiento singular el que deba realizar cada sujeto para alcanzar alguna verdad que le concierna.



Mensaje de Juan Jorge Michel Fariña  » 14 de agosto de 2015 » jjmf@psi.uba.ar 

Resulta muy interesante no sólo el artículo sino también la expresión utilizada en el título: “singularizar un derecho”. Los derechos son por definición algo que alcanza a todos, o al menos a un grupo. Esta lógica de lo general/particular, aparece subvertida en el desarrollo del texto al introducir el desafío de la singularidad en situación.

Se puede también apreciar la lógica de la “tríada hegeliana”. A la afirmación inicial (propuesta de los hermanos varones), le sigue la réplica de Paula, que introduce una negación radical. Cuando el analista intervenga, advendrá un movimiento de «negación de la negación», que al decir de Zizek supone, “un cambio inesperado del mismísimo terreno: este cambio socava la posición del sujeto, y lo implica en la acción de una manera nueva y mucho más directa”.





 

 
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