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Qué es un analista

por Michel Fariña, Juan Jorge

1. El doble movimiento de la ética contemporánea  [1]

La transmisión de la llamada “ética profesional psicológica” se asienta hoy en un doble movimiento, doble movimiento que se expresa en la dialéctica de lo particular y lo singular.

Primer movimiento: está integrado por el universo de conocimientos disponibles en materia de ética profesional y constituye una suerte de "estado del arte". Estado del arte que da cuenta de los avances alcanzados por la disciplina y permite deducir el accionar deseable del psicólogo ante situaciones dilemáticas de la práctica profesional. Da cuenta del "qué debería hacer el psicólogo y por qué". Un ejemplo paradigmático de este tipo de situaciones lo constituyen las viñetas clínicas expresadas en términos particulares , cuyo análisis puede prescindir del caso singular. El conocimiento necesario para resolver el dilema existe, antecede a la situación misma, disponga o no de él el profesional que debe resolverlo. Su forma sintética se expresa en las normativas profesionales, entendidas éstas no en su carácter expeditivo sino como la manifestación más depurada de los conocimientos disponibles en la materia. En el ejemplo que trataremos aquí, este primer movimiento da cuenta del encuadre inicial, es decir de la entrada en la situación.

Segundo movimiento: suplementario del anterior, en el sentido que lo expresa Alejandro Ariel, con Alfred Jarry, da cuenta de las singularidades en situación. [2]Son las situaciones paradojales para las cuales no existe en sentido estricto un conocimiento disponible, sino que es la situación misma la que funda un conocimiento, en la medida en la que redefine, transferencia mediante, el caso mismo. Da cuenta no del "qué debería hacer…" de la pauta deontológica particular, sino del "qué hacer", pero ahora en acto, allí donde la situación se revela a posteriori como ocasión para un movimiento cuya eficacia radica justamente en la ausencia de todo cálculo. Este segundo movimiento constituirá el foco de esta presentación y establece la salida de la situación.

Analizaremos a continuación dos escenas que dan cuenta de esta peculiar dialéctica. Se trata de situaciones que a priori podrían ser encuadradas dentro de determinadas evidencias, pero que se revelan como sustrayéndose a ese orden inicial.

En su film de 1999, Deconstructing Harry, Woody Allen presenta una serie de situaciones cuyos personajes son terapeutas y pacientes interactuando en contexto clínico. La articulación y sentido que éstas tienen en el contexto general del film no resulta evidente. Tomaremos como referencia dos de esas viñetas. [3]

2. La terapeuta del Sr. Farber

La primer situación muestra a una terapeuta que irrumpe en el estudio en que se encuentra su marido, Harry, (el personaje protagonizado por Woody Allen) porque se acaba de enterar que éste se acostó con una paciente suya.

La terapeuta atiende en su propia casa y la paciente que se acaba de retirar -llamada Amy Pollack- le relató en sesión la aventura que tuvo con su marido. La escena es tragicómica, porque Harry -que aparece claramente como un manejador- intenta minimizar su conducta, pero sus argumentos defensivos terminan empeorando aún más el estado de las cosas.

La discusión entre ambos va in crescendo a medida que se desplaza desde el estudio al hall de recepción del departamento y ya incluye forcejeos físicos. Cuando la disputa está en su punto más álgido, ocurre algo imprevisto: se abre la puerta de entrada e irrumpe en la escena un hombre de mediana edad, con aspecto sumiso y ordenado. Es el Sr. Farber, el siguiente paciente, que llega tarde a su sesión -"Perdón, doctora, se me hizo tarde...".

La terapeuta interrumpe por un momento su disputa matrimonial y lo hace pasar, animándolo: "adelante, Sr. Farber." Ingresa con su paciente al consultorio, se sienta en su sillón de analista a espaldas del paciente que se recuesta en el diván, evidentemente incómodo por la escena que acaba de presenciar. Finalmente se sobrepone y comienza tímidamente a hablar. "Hace varias noches que no duermo. Hay una situación que no soporto más. Se trata de mi cuñado. No quiero trabajar más con él, porque me hace sentir mal...". La terapeuta, hecha todavía un manojo de nervios, lo interrumpe: "¿me disculpa un segundo, Sr. Farber?" El señor Farber llega a balbucear un tímido "¿Qué?", pero la terapeuta ya se puso de pie y, pasando frente a él, se dirige raudamente a la otra habitación. Allí hace un comentario final a su marido, comentario que resulta perfectamente audible para el Sr. Farber: "... eso no se hace, desgraciado; los pacientes son intocables...".

Regresa entonces a su sesión con el Sr. Farber, que, ya visiblemente alterado, no atina a continuar. "¿Qué le pasa, Sr. Farber? ¿Perdió el hilo? Estaba hablando de su trabajo." El Sr. Farber retoma entonces su relato. "No soporto más la situación con mi cuñado. Quiero irme. Mi mujer me apoya, pero sólo aparentemente, porque ella lo idolatra... pasan todo el día juntos...". La terapeuta interrumpe nuevamente: "un segundo más, Sr. Farber". "¿Otra vez?", se queja Farber, pero la terapeuta ya se levantó y pasa a otra habitación más alejada en la que -ahora sin que Farber la escuche- retoma el diálogo con su marido, al que le dice, resuelta: "te vas. Has llegado demasiado lejos. Sabía que estabas enfermo, pero esto fue demasiado. Empacas tus cosas y te vas...". Harry ensaya otra débil defensa, lo que no hace sino enojarla aún más. Regresa al consultorio, se sienta en su sillón a espaldas de un Farber ya completamente desestructurado, y, desde allí, profiere "¡hoy mismo! ¡esto no pasa de hoy: te vas hoy mismo!" El Sr. Farber rompe en llanto.

La escena finaliza allí, indicando, en nuestra lectura, también el corte de la sesión.

3. Más allá de todo cálculo

Se trata, como es de evidencia, de una suma de desprolijidades. De hecho, cuando se estrenó el film, algunos alumnos utilizaron la situación como ejemplo de falla ética. Una terapeuta no puede atender a un paciente en medio de semejante crisis emocional. Pero el ejercicio que proponemos aquí consiste en analizar cuidadosamente la situación para complejizar el análisis con una hipótesis suplementaria.

Las "desprolijidades" de la terapeuta podrían pensarse como una serie de intrusiones que podríamos sintetizar así:

La casa y el consultorio / El marido y la paciente / El engaño con la paciente y la paciente con el engaño / El Sr. Farber, que irrumpe con la puerta abierta / Las interrupciones (nuevas intrusiones) de la terapeuta / el reproche psicopático de Harry: "estoy siempre aquí. Nunca salgo".

Pero sostendremos que una cosa es la entrada en la situación, y otra bien diferente será su salida. Nótese que en su desprolijidad, la terapeuta intentó siempre distinguir los espacios. Cuando discutía con su marido, "salía" del consultorio, explicitando tal movimiento a su paciente, y cuando se dirigía al Sr. Farber, lo hacía "regresando" a su sillón de analista. No interesa juzgar aquí el sentido -y menos aún la eficacia- de tal maniobra en semejantes circunstancias, sino llamar la atención respecto de un momento crucial en ese periplo. En su comentario final, la terapeuta "equivoca" los lugares. Mientras que siempre se dirigió a su marido abandonando el sillón de analista, su última intervención resulta peculiar.

Dirigida a su marido, la exigencia "¡Te vas hoy mismo!", es pronunciada por la terapeuta cuando está sentada detrás del paciente, y desde ese lugar es escuchada por Farber, quién rompe en llanto. Y en sentido estricto podemos conjeturar que está dirigida a él, ya que su terapeuta así lo indicó a través del lugar desde donde habló. La ambigüedad de la lengua inglesa, que no distingue entre el "te vas hoy mismo" y el "se va hoy mismo", refuerza la hipótesis.

4. Tres triángulos

Lo acontecido en la situación podría graficarse así:

El triángulo sombreado identifica los elementos de la secuencia del film: Farber, la terapeuta, su marido Harry.

Al triángulo superior le asignaremos el valor de la dimensión transferencial -ya que si de algo no cabe duda es de que el Sr. Farber está en plena transferencia con su terapeuta. Este segundo triángulo indica el escenario en que adquiere eficacia la intervención clínica.

El triángulo inferior, finalmente, representa la escena por la que está tomada la terapeuta.

En virtud de este singular ajuste de registros, la intervención de la terapeuta cobra valor de acto. Hay situaciones que no se pueden sostener. Existen límites que no se pueden traspasar. Con su intervención, la terapeuta rompe la serie de repeticiones que venían signando la situación. Veamos esto en detalle.

Nótese que los tres triángulos se juegan en el plano incestuoso. Para este tipo de situaciones no cabe ser "políticamente correcto". Pretenderlo sería condenar los vínculos a su absoluta esterilidad. Efectivamente, hay situaciones que no se pueden, que no se deben tolerar. Con su intervención final, la terapeuta se sustrae a su propia desprolijidad, modificando las coordenadas de la situación. Pero lo que sobre todo interesa señalar es que la interpretación encuentra su eficacia en la ausencia de todo cálculo.

La interpretación "¡se va hoy mismo!", que quiebra la vacilación, la duda obsesiva del Sr. Farber, resulta no calculada. Lo cual no significa que sea azarosa. Muy por el contrario, para un marido manipulador, que pretexta su conducta psicopática en el "las únicas personas que conozco son tus paciente, porque estoy siempre aquí", resulta un hallazgo decirle que se tiene que ir. Inmediatamente.

De tal suerte que el comentario, dirigido al marido, para disolver su problema doméstico, resulta un tiro por elevación al Sr. Farber, que quiebra el triángulo conflictivo en el que se encuentra atrapado.

Esta lectura no supone evidentemente cambiar la caracterización inicial de la terapeuta, "redimiendo" su desprolijidad clínica. La terapeuta no ha devenido "ética", pero fundamentalmente, porque en este movimiento no existe el ser de la ética. Nadie puede ser más o menos "ético", sino que la emergencia de la ética se define, a posteriori, como un efecto de la singularidad situacional.

5. El terapeuta de Harry

Curiosamente, una escena anterior del mismo film parece confirmar après coup la hipótesis que acabamos de proponer. Harry tiene a su vez su propio analista. El film lo muestra con características opuestas a las de la terapeuta del Sr. Farber.

Un consultorio impecable, decorado con buen gusto, con paredes forradas de bibliotecas, plantas y una envidiable vista al Central Park. El estilo del analista es sobrio, pero con cierto toque de informalidad. Su agradable timbre de voz transmite seguridad y a la vez calidez y contención. Harry, que es escritor, llega a su sesión y habla sin parar durante los primeros minutos.

El analista espera una pausa en el discurso caótico de su paciente para introducir su bocadillo y le dice: "esto se parece mucho a un cuento suyo. Aquél en el que el personaje está fuera de foco...". Y a continuación, recuerda la historia, contando el cuento completo, lo cual ocupa la escena completa que acabamos de presenciar, para concluir luego: "¿no será que usted es como el personaje de su cuento, y lo que quiere es que los demás se adapten a usted?" Y como habiendo calculado el efecto de su larga intervención, cierra diciendo: "Bueno, es la hora. Dejamos acá".

Toda la sesión se caracteriza por un calculado despliegue por parte del analista. Despliegue orientado a seducir a su paciente y que nada tiene que ver con la función de un terapeuta.

Haber leído un cuento que el paciente escribió y desplegarlo en su sesión para hacer girar en ello una interpretación tiene más que ver con las veleidades narcisistas del terapeuta que con las necesidades clínicas del paciente.

6. Sin certezas

Harry se fue de su sesión reconfortado, mientras que el Sr. Farber salió con lágrimas en los ojos. Pero podríamos conjeturar que el Sr. Farber tuvo una excelente sesión, mientras que la de Harry estuvo signada por la esterilidad de un analista que habla porque no escucha.

Un par de aclaraciones finales. Tratándose de una ficción cinematográfica, el análisis no pretende verosimilitud clínica. Se trata por lo tanto de una ilustración metodológica. No es ni un elogio de la desprolijidad ni una condena del cálculo. Hacerlo significaría cambiar un ideal estético por otro de signo contrario. El movimiento desplegado no propone nuevas certezas en las que alojar la ética sino que supone una invitación a pensar sin ellas.



NOTAS

[1Este apartado resume la ponencia presentada por el autor en el I Congreso Hispano-Portugués de Psicología, en el interior del Simposio "Etica profesional y derechos humanos: la situación en Argentina". Santiago de Compostela, España, Setiembre 2000. Una versión ampliada de la ponencia fue publicada en La transmisión de la ética: clínica y deontología, Salomone & Domínguez, Letra Viva, 2006.

[2Ariel, A. (1993): El Estilo y el Acto. Buenos Aires: Manantial. Ver igualmente Lewkowicz, I. Particular, universal, singular. En Michel Fariña, J. Etica . Un horizonte en quiebra. Eudeba 1999.

[3Lo hacemos autonomizándolas de su carácter "argumental" e inclusive de su literalidad cinematográfica, en la que finalmente sólo se inspira este análisis.

Película:Los secretos de Harry

Titulo Original:Deconstructing Harry

Director: Woody Allen

Año: 1997

Pais: Estados Unidos

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