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2073: el futuro ya llegó

por Del Do, Adelqui

Universidad de Buenos Aires

Resumen:

El artículo analiza la película 2073 (Asif Kapadia, 2024) como una obra que trasciende la ciencia ficción para convertirse en una advertencia política y ética sobre los riesgos contemporáneos del autoritarismo, la vigilancia tecnológica y el debilitamiento de las democracias. A partir de los aportes teóricos de Slavoj Žižek, Jacques Lacan, Giorgio Agamben, Jean-Paul Sartre y Fernando Ulloa, el texto sostiene que los escenarios distópicos representados en la película no constituyen una proyección fantasiosa del futuro, sino la radicalización de procesos ya presentes en nuestras sociedades. Asimismo, el artículo recupera la noción existencialista de responsabilidad para afirmar que el futuro no constituye un destino inevitable, sino el resultado de decisiones políticas, éticas y colectivas. 2073 interpela al espectador acerca de su responsabilidad frente a los procesos actuales de erosión democrática y advierte que el mayor peligro no reside en imaginar un futuro distópico, sino en naturalizar las condiciones que hacen posible su realización.

Palabras claves: Ideología | autoritarismo | Estado de excepción | democracia | derechos humanos

2073: The Future has Arrived

Abstract:

The article analyzes the film 2073 (Asif Kapadia, 2024) as a work that transcends science fiction to become a political and ethical warning about the contemporary risks of authoritarianism, technological surveillance, and the weakening of democracies. Drawing on the theoretical contributions of Slavoj Žižek, Jacques Lacan, Giorgio Agamben, Jean-Paul Sartre, and Fernando Ulloa, the text argues that the dystopian scenarios depicted in the film do not constitute a fanciful projection of the future, but rather the radicalization of processes already present in our societies. The article recovers the existentialist notion of responsibility to affirm that the future is not an inevitable destiny, but the result of political, ethical, and collective decisions. 2073 challenges the viewer regarding their responsibility in the face of current processes of democratic erosion and warns that the greatest danger lies not in imagining a dystopian future, but in normalizing the conditions that make its realization possible.

Keywords: Ideology | authoritarianism | State of exception | democracy | human rights


"Ignorar no es lo mismo que la ignorancia. Hay que trabajar en eso." Margaret Atwood.

2073 es una película híbrida entre documental y ciencia ficción dirigida por Asif Kapadia. Ambientada en un futuro distópico, sigue a una sobreviviente que intenta comprender cómo el mundo llegó al colapso. A través de una combinación de ficción, imágenes documentales y material de archivo, la película advierte sobre los riesgos del avance del autoritarismo, la vigilancia tecnológica y el deterioro de las democracias. Más que una historia de ciencia ficción tradicional, funciona como una reflexión crítica sobre el presente y una advertencia acerca de los posibles futuros de la humanidad.

Las preguntas que formula la protagonista ¿cómo llegamos hasta aquí?, ¿en qué momento comenzó este proceso? son también las preguntas que la película dirige al espectador. ¿Cómo se construye una sociedad profundamente desigual, autoritaria y excluyente? ¿Cómo se llega a un mundo donde el control y el disciplinamiento alcanzan todos los aspectos de la vida?

Dos conceptos resultan especialmente útiles para pensar estas cuestiones: la responsabilidad y la ideología.

En El sublime objeto de la ideología, Slavoj Žižek desarrolla una concepción de la ideología que va mucho más allá de la noción clásica de "falsa conciencia". Las personas no son simplemente engañadas por las ideologías; muchas veces conocen las contradicciones, las injusticias y las consecuencias de un sistema, pero continúan actuando como si nada de ello existiera.

Su conocida fórmula lo expresa con claridad: "ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así lo hacen". La ideología no opera únicamente en el plano de las ideas, sino también en las prácticas cotidianas, las instituciones y los modos de relacionarnos con el mundo.

Apoyándose en el marxismo, el psicoanálisis de Jacques Lacan y la filosofía de Hegel, Žižek sostiene que la realidad social se organiza alrededor de fantasías que le otorgan coherencia y sentido. Estas fantasías no son simples ilusiones; son estructuras simbólicas que permiten sostener un determinado orden social.

Desde esta perspectiva, la potencia de 2073 no reside únicamente en mostrar un futuro distópico, sino en evidenciar cómo determinadas lógicas del presente ya se encuentran naturalizadas. La vigilancia tecnológica, la concentración del poder económico y el debilitamiento de los derechos democráticos no avanzan porque la sociedad ignore sus consecuencias, sino porque, aun conociéndolas, continúa reproduciendo las prácticas que las sostienen.

La ideología opera aquí como una fantasía que promete seguridad, eficiencia y progreso tecnológico mientras oculta sus costos humanos y sociales. La aceptación cotidiana de la vigilancia, la desigualdad o la exclusión puede conducir gradualmente a escenarios cada vez más autoritarios. El futuro que presenta la película no surge de una catástrofe repentina, sino de una serie de decisiones colectivas e institucionales legitimadas ideológicamente.

La referencia a Jacques Lacan permite comprender por qué estas fantasías resultan tan eficaces. Para Lacan, los sujetos no se relacionan directamente con la realidad, sino a través de fantasías que estructuran su deseo. Estas fantasías ofrecen una ilusión de orden y completud frente a una realidad atravesada por la falta y la incertidumbre.

En 2073, la promesa de la tecnología, el control y la seguridad funciona precisamente de ese modo. Se presenta como una solución racional a los conflictos sociales, pero termina habilitando formas cada vez más sofisticadas de dominación. Al mismo tiempo, la película muestra el retorno de aquello que Lacan denomina "lo Real": aquello que no puede ser completamente controlado ni simbolizado. La crisis ecológica, las migraciones forzadas, la violencia política y el sufrimiento social irrumpen una y otra vez, desbordando las narrativas del progreso ilimitado.

En el plano simbólico, el odiar se institucionaliza. El discurso de odio, esa retórica que deshumaniza, estigmatiza, señala al “otro” como amenaza, ya no es solo un fenómeno marginal: es política de Estado. Su propósito no es metafórico: es disciplinar, excluir, vulnerar.

Pero eso no fue todo. En lo concreto, se activaron políticas que profundizan desigualdades, desmantelan redes de protección y dejan a vastos sectores a merced del abandono.

Sabemos que el neoliberalismo no es solo una doctrina económica, sino una tecnología de gobierno que penetra la vida misma: regula los cuerpos, captura las almas y produce la subjetividad que sostiene su propio orden.

Aquí observamos, como en la actualidad, la capacidad de los partidos de derechas para diseminar mecanismos de negación en la población, tan efectivo como costoso para la vida. También sus enormes recursos para sembrar odio hacia cualquier valor moral de carácter progresista, llegando incluso atacar a la comunidad científica, ridiculizando sus estudios e investigaciones, poniendo en duda su saber desde la más absurda ignorancia. Todo en nombre de la “libertad”, una falsa libertad para que el 1% más rico decida los destinos del mundo. Como así también intentar apagar cualquier deseo individual o colectivo de luchar por un mundo mejor para todos y todas.

La desaparición como política de Estado

La desaparición forzada como política de Estado es un crimen de lesa humanidad que ocurre cuando agentes gubernamentales, o grupos actuando con su apoyo, privan a una persona de la libertad ocultando su paradero. Su objetivo es sembrar el terror social y eliminar disidentes políticos sin amparo legal.

Este método fue sistemáticamente utilizado en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX, destacando el "Proceso de Reorganización Nacional" en Argentina (1976-1983), la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y otros regímenes del Cono Sur. El modus operandi consistía en el secuestro, traslado a centros clandestinos de detención, tortura y posterior ocultamiento de los cuerpos, negando las instituciones estatales cualquier información a los familiares.

En el derecho internacional, esta práctica está tipificada y condenada. La Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas establece que estos delitos no prescriben. En democracias actuales, el Estado tiene la obligación de investigar, reparar a las víctimas, sancionar a los responsables y buscar a las personas desaparecidas.

En 2073 esta lógica no queda confinada al pasado: es el principio organizador del presente narrativo de la película. Ghost, la protagonista, vive fuera de la red, oculta bajo las ruinas de un centro comercial en el Nuevo San Francisco, mientras drones de vigilancia con reconocimiento facial recorren el cielo con la función explícita de detectar y arrestar a quienes el Estado considera indeseables. La propia sinopsis oficial del filme lo resume con una fórmula elocuente: "la gente desaparece y la red se cierra sobre Ghost". La película traduce al lenguaje de la ciencia ficción el mismo mecanismo que documentaron los organismos de derechos humanos respecto de las dictaduras del Cono Sur: identificación, seguimiento, captura y desaparición del disidente. La diferencia no es de estructura sino de escala y de tecnología: donde el terrorismo de Estado de los años setenta dependía de informantes, listas negras y centros clandestinos de detención, el Estado de 2073 automatiza la vigilancia y la delación mediante inteligencia artificial y reconocimiento facial. El resultado, sin embargo, es el mismo: la desaparición como forma de gobierno.

Estado de excepción

Los campos de concentración fueron lugares de tortura y de terror implementados durante el Régimen nazi entre 1933 y 1945. Los campos de exterminio se crearon con la única finalidad de llevar a cabo de la manera más eficaz posible, el asesinato masivo de seres humanos. Estos campos representaron la industrialización de la muerte.

Nikolaus Wachsmann (2017) en su libro, Una Historia de los Campos de Concentración Nazi, describe cómo los campos combinaron la explotación industrial del trabajo esclavo con el exterminio de 2.000.000 de seres humanos. Su investigación es un descenso a los infiernos, donde el horror, la crueldad y la muerte constituyen la “técnica” de la lógica del campo.

La particularidad del campo de concentración, que lo distingue de otros dispositivos de encierro, es que allí solo prima la arbitrariedad del “soberano” frente a una ausencia total de una legalidad establecida. Giorgio Agamben (2004) define esta operación como la suspensión del orden jurídico, donde las vidas pueden ser matables sin que ello implique un delito.

Esta figura, la suspensión del orden jurídico convertida en paradigma normal de gobierno, es exactamente lo que 2073 pone en escena. La ficción transcurre treinta y siete años después de "el Evento", un colapso deliberadamente impreciso, a la vez climático, económico y político, que funciona como la excepción fundante a partir de la cual el estado de emergencia deja de ser transitorio para volverse la normalidad administrativa del Nuevo San Francisco. Ya no hay disidencia ni libertad porque ya no hay, en sentido estricto, un orden jurídico que las garantice: hay policía militarizada patrullando calles devastadas y una población reducida a la supervivencia bajo tierra. La película no imagina un campo de concentración delimitado y cercado, como los que describe Wachsmann, sino algo más inquietante: la extensión del campo a la totalidad del espacio urbano, que es precisamente el diagnóstico que Agamben anticipa cuando sostiene que el estado de excepción se convierte hoy en un paradigma normal de gobierno, y no en su suspensión ocasional.

En el campo, la ausencia de Ley es la norma, cualquiera puede morir en cualquier momento sin ningún tipo de justificación. En palabras de Fernando Ulloa (1995) la víctima depende por completo, para dejar de sufrir o para sobrevivir, de su victimario. La encerrona trágica de dos lugares fijos, sin tercero de apelación. El paradigma del desamparo cruel.

Nuestro país tuvo sus propios “campos” durante la última dictadura cívico militar (1976-1983). La Escuela de Mecánica de la Armada (Esma) fue el más emblemático, donde se mantuvo en cautiverio a alrededor de cinco mil personas secuestradas por las Fuerzas Armadas, convirtiéndose en el mayor centro clandestino de detención y desaparición de personas de nuestro país

Los criminales creen que sin cuerpo no hay delito, por eso su desesperación y creatividad por desaparecer los cuerpos. Además, la figura del “desaparecido” fue parte de un plan sistemático destinado a aterrorizar a toda la población civil. “No están ni vivos ni muertos, están desaparecidos [1]”.

La imposibilidad

La novela La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq, ofrece un contrapunto interesante para profundizar esta reflexión. Allí se imagina una humanidad que, gracias al desarrollo tecnológico, logra superar biológicamente la muerte y buena parte del sufrimiento. Sin embargo, en ese proceso pierde aquello que da sentido a la existencia: el deseo, el amor, la vulnerabilidad y el encuentro con los otros.

Michel Houellebecq en su novela La Posibilidad de una Isla dialoga con la advertencia de 2073. Ambas obras cuestionan la fantasía contemporánea según la cual la tecnología podría resolver por sí sola los problemas fundamentales de la condición humana. Cuando la búsqueda de seguridad absoluta se convierte en el principio organizador de la vida social, el resultado puede ser una humanidad totalmente controlada, más aislada, más disciplinada y menos humana.

Aquí aparece la cuestión de la responsabilidad. Sartre sostenía que los seres humanos están condenados a ser libres. Incluso cuando intentan eludir su responsabilidad, están eligiendo. No decidir también es una decisión.

Desde esta perspectiva, 2073 interpela al espectador acerca de su propia responsabilidad histórica. El futuro que la película imagina no surge por necesidad ni por destino. Es el resultado de innumerables decisiones individuales y colectivas que aceptan pasivamente un determinado orden social.

En este punto adquiere relevancia la cuestión del decisionismo. Frente a la ilusión de que la historia avanza por mecanismos automáticos, la película recuerda que toda sociedad se configura a partir de decisiones políticas concretas: quién tiene poder, qué derechos se garantizan, qué vidas se protegen y cuáles se vuelven descartables. La neutralidad es imposible. La ausencia de intervención también constituye una toma de posición.

La gran pregunta que deja 2073 no es qué ocurrirá en el futuro, sino qué estamos dispuestos a hacer hoy para evitarlo. El futuro no aparece como un destino inevitable, sino como el resultado abierto de nuestras decisiones políticas, éticas y colectivas.

El verdadero peligro no es imaginar un futuro oscuro, sino acostumbrarnos a las condiciones que lo hacen posible.

Referencias:

Agamben, G. (2004). Estado de excepción. Homo sacer, II, 1. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora.

Houellebecq, M. (2005). La posibilidad de una isla. Madrid: Alfaguara.

Kapadia, A. (Director). (2024). 2073 [Película]. Reino Unido / Estados Unidos: Neon.

Sartre, J.-P. (1946/2009). El existencialismo es un humanismo. Buenos Aires: Edhasa.

Ulloa, F. (1995). Novela clínica psicoanalítica: Historial de una práctica. Buenos Aires: Paidós.

Wachsmann, N. (2017). KL: Una historia de los campos de concentración nazis. Buenos Aires: Crítica.

Žižek, S. (2003). El sublime objeto de la ideología. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.



NOTAS

[1La frase fue pronunciada por el entonces presidente de facto Jorge Rafael Videla en una conferencia de prensa en 1979.




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Película:2073

Título Original:2073

Director: Asif Kapadia

Año: 2024

País: Reino Unido

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