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Mochila pesada, pertenencias de otro: patrimonio mortífero y proceso de duelo

por Torres, Carina

Universidad de Buenos Aires - Facultad de Psicología

Resumen:

El presente trabajo indaga de qué manera una catástrofe caracterizada por el terror y la muerte masiva continúa operando transgeneracionalmente en subjetividades que no la han vivenciado fácticamente. En el marco de la Práctica Profesional “Cine y Subjetividad”, el abordaje se centra en la transmisión psíquica de un sufrimiento heredado que se erige como "patrimonio mortífero". A partir del análisis del film A Real Pain (Eisenberg, 2024), se examina la articulación entre la transmisión de dicho legado ancestral y el proceso de duelo ante una pérdida singular, tomando para ello la conceptualización freudiana clásica. Sostenido en los aportes teóricos de Viñar, Benyakar y Lewkowicz, el artículo examina cómo la irrupción de este legado genera un impacto disruptivo que desestabiliza el funcionamiento psíquico. Asimismo, se analiza el proceso de victimización que obtura la dimensión singular del dolor, contraponiendo la fijación en la categoría de "víctima" frente a la movilidad psíquica propia del "damnificado". Finalmente, se concluye que los mandatos impuestos y el patrimonio mortífero acaparan gran parte del procesamiento de la pérdida, obstaculizando la elaboración del duelo.

Palabras Clave: catástrofe | duelo | mortífero | victimización

Heavy Backpack, Others’ Belongings: A Mortiferous Legacy and The Mourning Process

Abstract:

This paper examines how a catastrophe marked by terror and mass death continues to operate transgenerationally within the subjectivities of individuals who did not directly experience it. Conducted within the framework of the Professional Practice course Cinema and Subjectivity, the study focuses on the psychic transmission of inherited suffering, conceptualized by Viñar as mortiferous heritage. Through an analysis of the film A Real Pain (Eisenberg, 2024), the paper explores the relationship between the transmission of this ancestral legacy and the process of mourning following a singular loss, drawing on Freud’s classical conceptualization of mourning. Building on the theoretical contributions of Viñar, Benyakar, and Lewkowicz, it examines how the emergence of this inherited legacy exerts a disruptive impact that destabilizes psychic functioning. Furthermore, it analyzes the process of victimization as one that obscures the singular dimension of suffering, contrasting the fixation on the identity of the "victim" with the psychic mobility associated with the "affected subject." Finally, the paper argues that imposed mandates and mortiferous heritage come to dominate the processing of loss, thereby hindering the elaboration of mourning.

Keywords: catastrophe | mourning | mortiferous | victimization


Introducción

En el marco de la Práctica Profesional "Cine y Subjetividad. Intervenciones con películas y series en el campo clínico-comunitario desde una perspectiva ética", cursada en la Asociación Civil para la Formación e Intervención en Disrupción, Catástrofe y Guerra (AFID), y a fin de abordar de qué manera una catástrofe caracterizada por el terror y la muerte masiva puede continuar operando en subjetividades que no la han vivenciado fácticamente, tomaremos la película Un dolor real (A Real Pain; Eisenberg, 2024).

El material fílmico, pone el foco en descendientes de víctimas del Holocausto y nos permite interrogarnos sobre las consecuencias del horror y su capacidad de repetirse de forma renovada en las siguientes generaciones.

A partir del cine, podemos reflexionar acerca de las secuelas del Holocausto, que siguen vigentes hoy. Ello, debido a la gravedad del "exterminio", conceptualizado como “una operación en la que los seres humanos sometidos a él fueron despojados de todo rasgo de palabra, insignia o marca jurídica que hace a la constitución de lo humano” (IBIS, 2003, "Armamento").

El análisis se centrará en el personaje Benji, afectado por la reciente muerte de su abuela Dory, una sobreviviente del nazismo. Tras este hecho, cae en una depresión que lo lleva a un intento de suicidio; su primo Dave, también nieto de Dory, al enterarse por el difícil momento que atravesaba Benji, decide organizar un tour para viajar juntos a Polonia. Se trata de un recorrido que los enfrentará con las huellas del horror, las cuales desestabilizan significativamente a Benji, evidenciando el peso de un sufrimiento heredado. Asimismo, se manifiesta la dificultad de abrir un espacio para el dolor propio, cuando el duelo por la muerte de la abuela se despliega sobre el trasfondo de un genocidio.

Este sufrimiento heredado, es conceptualizado por Viñar (1986) como un "patrimonio mortífero", una herencia transgeneracional con un resto indescifrable y excesivo. La irrupción del patrimonio en cuestión genera un impacto que desestabiliza el funcionamiento psíquico del personaje y adquiere un carácter disruptivo (Benyakar, 2006). Ante esto, nos preguntamos: ¿De qué manera acontece la transmisión del patrimonio mortífero en el proceso de duelo del personaje de Benji en el film A Real Pain (Eisenberg, 2024)?

Desarrollo

El proceso de duelo se comprende como la reacción ante la pérdida de un ser querido o de un concepto abstracto que ocupe su lugar, tal como la libertad, un ideal, entre otros (Freud, 1917, p. 241). El fallecimiento de Dory implica para el personaje de Benji la pérdida de un sostén importante, que lo confronta con un trabajo psíquico exigente. Freud (1917, p. 242) sostiene que ante una pérdida lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad y que se lleve adelante una tarea que se ejecuta pieza por pieza, con un gran gasto de tiempo y de energía libidinal. Es a través de este proceso, que el Yo logra quitar la libido de sus enlaces con ese objeto.

El escenario donde Benji atraviesa este duelo lo lleva a conectar con los padecimientos de su historia familiar, despertando en él sentimientos de tristeza y culpa. Por momentos, el personaje parece perder la distancia entre su propia realidad y el horror histórico sufrido por el pueblo judío. Una escena ilustra la culpa que le despierta viajar en primera clase, se lo nota inquieto, se agarra la cabeza y, desbordado por el malestar, le dice a su primo que cree que deberían cambiar de vagón, remarcando lo insoportable que le resulta el hecho de ser dos judíos, viajando en un lugar de privilegio en un tren por Polonia. Tomando la perspectiva de Benyakar (2006), la dimensión de lo disruptivo se hace evidente en la conducta del personaje, en tanto el entorno cuenta con el potencial de irrumpir en su psiquismo, sin que esto signifique que el hecho sea necesariamente traumático.

A continuación, y ante la situación planteada, el guía del tour le consulta si se encuentra bien, inmediatamente Benji confronta al resto del grupo sobre si es correcto disfrutar de ese lujo, cuando hace ochenta años sus antepasados eran trasladados en trenes hacia el exterminio. Finalmente, incapaz de tolerar la situación, decide cambiar de vagón. Tomando el concepto del autor, podemos ubicar que el evento disruptivo propiamente dicho no es el viaje actual, lo que se pone en juego es la catástrofe histórica del Holocausto, que lo desestabiliza psíquicamente. Ante esta circunstancia, cabe interrogarse si un evento no vivenciado fácticamente por el sujeto tiene la capacidad de operar como un elemento disruptivo en su subjetividad.

Para poder argumentar sobre lo señalado en el párrafo anterior, resulta pertinente el concepto de "patrimonio mortífero" de Viñar (1986), el horror que se repite y se reproduce en otros eslabones de la cadena generacional. El autor afirma que este legado no implica salud, sino una reapropiación dolorosa (p.12). A su vez, sostiene que la prevención intenta evitar que el horror se transmita, pero la labor deviene compleja, en tanto cada intento de elaboración conserva un resto indescifrable. Cuando Benji se encuentra con los escenarios reales del horror, ese resto se presenta como disruptivo. El malestar de Benji en el viaje en tren pareciera ser la consecuencia de esa reapropiación dolorosa.

Ante la magnitud de lo que su abuela soportó para sobrevivir, la angustia singular de Benji se desdibuja. Viñar (1991) plantea que la posición de la víctima o del muerto como una figura heroica, debe desplazarse para no obstaculizar el surgimiento de la singularidad en las generaciones próximas. Los sujetos se apropian de los mitos de quienes los precedieron, la forma en que eligen habitar el pasado y la dialéctica de valores entre las generaciones escapan a explicaciones sencillas. En la transmisión siempre aparecen omisiones y distorsiones que crean vacíos para protegerse de lo intolerable. Así, se genera un relato donde los límites entre la elaboración y la repetición traumática no están escritos en ningún manual.

En el material fílmico, es posible ubicar un mandato familiar ligado a la resiliencia, que deja sin lugar la autocompasión frente a las dificultades. Esta lógica se evidencia en la escena del restaurante judío, donde el grupo comparte una cena y relata historias de superación. El montaje subraya la desconexión de Benji: mientras Dave habla, la alternancia de planos lo muestra a él comiendo en silencio y sin mirar a nadie, limitándose a asentir o acotar algo. El punto de inflexión se produce cuando Dave resalta que la abuela nunca se compadeció de sí misma; ahí Benji deja de comer y le sostiene la mirada fija a su primo, como adivinando por dónde viene el relato. Al recuperar una anécdota de la abuela donde ella decía que las primeras generaciones de inmigrantes progresaron y que la tercera –la de ellos– se droga y vive en el sótano de sus padres, Benji se siente directamente afectado. Frente a esa simplificación, se levanta de la mesa de forma ruidosa, dejando a todos desconcertados.

Se confirma así, la lógica familiar que viene marcándose en los personajes. Después, a espaldas de Benji, Dave confiesa que es incapaz de concebir como su primo, descendiente de una mujer que sobrevivió gracias a "mil malditos milagros", haya terminado en una sobredosis de somníferos. Agrega, con indignación, que todas las personas sufren, él también, pero que su dolor no es excepcional ni pretende que otros lo carguen. Se termina de manifestar acá la desautorización del sufrimiento de Benji ante la magnitud de la catástrofe. Su dolor no es reconocido en su singularidad, en tanto su primo Dave, se considera partícipe de ese mismo dolor, pero no valida el impacto que le ocasiona.

El viaje a Polonia tiene como objetivo principal conocer la casa donde vivió la abuela Dory, cumpliendo así con una de sus últimas voluntades. Más allá del homenaje familiar, la propuesta turística les plantea a los personajes el desafío de no quedar atrapados en el lugar de “herederos del sufrimiento”. En este marco, resulta pertinente analizar el proceso de "victimización" que se pone en juego cuando un grupo es atravesado por una tragedia. Según Benyakar (1994), la persona victimizada corre el riesgo de perder su identidad singular para quedar reducida al daño sufrido, pasando a ser identificada como "víctima". Quedar fijado en esa posición, conlleva tanto perjuicios como beneficios secundarios, que impactan en la subjetividad de Benji.

La visita al campo de concentración de Majdanek implica para todo el grupo una experiencia difícil de procesar, los recursos técnico-estilísticos resultan fundamentales para sostener el relato. Tal como señala Cambra Badii (2018), el relato es el enunciado narrativo donde se materializa la historia a través de imágenes y música, configurando significantes organizados en función del estilo y el ritmo. Esto se evidencia durante el traslado, cuando la música de fondo de Chopin, que acompaña gran parte de la obra, desaparece por completo al ingresar al predio. Este paso abrupto al sonido ambiente presenta la crudeza del lugar, mientras los personajes recorren el espacio en silencio.

El montaje va secuenciando los lugares que visitan y focaliza en el impacto que despiertan en los personajes, cobrando especial importancia el Mausoleo construido donde solían estar los hornos crematorios. Mediante tomas que resaltan la magnitud del lugar, la cámara muestra a las personas diminutas ante la imponente cúpula que contiene las cenizas de miles de víctimas. El recorrido sigue por los depósitos donde se acumula una enorme cantidad de zapatos. Allí, Dave percibe el sufrimiento de su primo y coloca su mano en el hombro de él. En ese instante, la cámara realiza un acercamiento lento hacia la cara de Benji, un recurso estilístico que expone el impacto subjetivo producido. Al regresar, su llanto desconsolado contrasta con la actitud de los demás integrantes quienes, si bien se muestran afectados, no llegan a ese nivel de desborde.

Es complejo para el personaje de Benji desligarse del lugar de víctima de la tragedia y de heredero de todo ese horror. Benyakar (2006) propone el concepto de "damnificado" para señalar la importancia de reconocer la singularidad de la persona. Como ya se introdujo, fijar al sujeto en la categoría de víctima puede anular su subjetividad y su capacidad para elaborar estrategias de afrontamiento. El autor sostiene que, mientras el impacto real de la situación permanezca como un interrogante a descifrar, el damnificado resguarda su movilidad psíquica (p. 81). Sin embargo, en la lógica de Benji existe la idea de que las consecuencias de este hecho son cerradas y devastadoras, quedando atrapado en una herencia que anula su subjetividad.

En términos de Lewkowicz (2002), se establece una diferencia conceptual entre el trauma y la catástrofe. El trauma es concebido como un impasse en una lógica que pone en funcionamiento los esquemas previos, dando lugar a una recomposición traumática. Por su parte, la catástrofe se define como un retorno al no ser, un desmantelamiento que no da lugar a una lógica con función articuladora. Es decir, no hay esquemas previos ni nuevos capaces de generar que se vuelva a empezar.

Desde esta lógica, el fallecimiento de Dory y el impacto del viaje –en tanto despierta ese patrimonio mortífero que lo habita– podría constituirse tanto en un trauma como en una catástrofe. Aún no sabemos si Benji arbitrará herramientas para recomponer lo ocurrido a partir de sus esquemas previos. Al respecto, el autor utiliza la inundación como metáfora, ubicando al trauma como una inundación que finalmente drena, mientras que la inundación que no cede define a la catástrofe.

Así contextuado, es posible afirmar que Benji se encuentra adentrado en una inundación. Si no lograra armar otra lógica con función articuladora, Benji correría el riesgo de instalarse en el marco de la catástrofe, desprovisto de todo mecanismo de recomposición.

El personaje afirma respecto a su abuela: “Era dura conmigo. Era la única en toda la familia que me mantenía a raya. Los demás desaparecían cuando más los necesitaba” (Eisenberg, 2024, 00:49:44). La abuela Dory representaba lucha y superación y, a la vez, materializaba que todo otro sufrimiento quedaba chico al lado del vivenciado por ella. Sin embargo, sostenía y acompañaba a Benji, “manteniéndolo a raya”, operando como un límite que contenía su desborde. Freud, en “Inhibición, síntoma y angustia” (1925), plantea que “el duelo se genera bajo el influjo del examen de realidad, que exige categóricamente separarse del objeto porque él ya no existe más” (p. 160). Para Benji, este imperativo implica aceptar la pérdida de Dory y quedarse desprovisto de la única persona que oficiaba como sostén incondicional.

En este punto, la encrucijada no radica en la gravedad objetiva del acontecimiento, sino en la dificultad del sujeto para llevar a cabo dicha elaboración. Se pone en juego tanto su sufrimiento singular como el dolor que hereda, en tanto el funcionamiento psíquico de cada individuo está determinado por los conflictos comunes a la especie, por los accidentes singulares y, asimismo, por aquellas huellas que marcaron la vida de los padres, de los abuelos, de los colaterales y de su entorno (Tisseron, 1995).

Como señala Viñar (1986), “hay modos distintos de trabajar el duelo y la muerte, y estos modos no tienen un manual de utilización reductible a la transparencia del panfleto” (p. 12). El autor advierte que no todo sufrimiento conduce necesariamente a una elaboración progresiva, por lo que no existen respuestas normalizables ante la pérdida. El proceso de duelo es estrictamente singular; en el caso de Benji, la desolación lo llevó incluso a un intento de suicidio. Desde la perspectiva del tratamiento, la labor clínica implica interrogarse cuándo el decir del sujeto es una confesión traumática y repetitiva, y cuándo da lugar a una apuesta simbólica de elaboración. La propuesta del viaje, planteada casi como un rito de despedida donde finalmente visitan la casa de su abuela con la intención de dejar dos pequeñas piedras allí como ofrenda, podría colaborar en este segundo sentido, como una forma de honrar y simbolizar lo que ella significó.

No obstante, retomando a Freud, el trabajo de duelo exige quitar la investidura a la abuela en tanto objeto perdido. Este desasimiento se ve obstaculizado durante el viaje, ya que el intento de procesar el horror del pasado invade la elaboración.

Conclusión

A modo de cierre, este análisis no pretende agotar la complejidad del tema, sino servirse del cine como un puente para repensar la práctica y abrir nuevos interrogantes en el ámbito de la salud mental.

El material fílmico permite repensar cómo el duelo se ve obstaculizado por factores familiares y transgeneracionales. En primer lugar, se observa el peso de los mandatos, cuando Benji se ve afectado por el legado de la resiliencia, desautorizando su padecimiento singular ante la magnitud del Holocausto. El personaje pareciera ubicarse en una posición de víctima, la que opera como un beneficio secundario, postergando el proceso de duelo que exige la pérdida de Dory. Respecto a esto, Viñar (1986) sostiene que mal servicio haríamos a los pacientes, confirmándolos en la posición de héroes o víctimas que el discurso social les asigna. Si bien ningún integrante del tour valida este lugar, los espacios de memoria visitados terminan reforzando la posición de víctima.

La muerte de la abuela y la inmersión en el horror reactivan el patrimonio mortífero heredado, situando al personaje en el marco del trauma o de la catástrofe, dependiendo esto de sus posibilidades de recomposición (Lewkowicz. 2002). Si bien el viaje plantea un intento de ritualización a través de la visita a la casa familiar y el reencuentro con su primo, el acompañamiento afectivo resulta pasajero e insuficiente para aliviar el peso de un dolor tan complejo. Se trata de un sufrimiento singular, donde se anudan sus propios padecimientos previos, el duelo actual por la pérdida y el horror heredado de la tragedia histórica.

Como se fue ubicando anteriormente, el patrimonio mortífero y los mandatos impuestos acaparan gran parte del procesamiento de la pérdida. No obstante, el análisis nos deja, finalmente, con una pregunta abierta sobre si este viaje habrá sido el inicio de un intento de reelaboración del trauma, o si lo ubicará en una inundación que vino para quedarse, en tanto no cuente con esquemas para "reiniciar el juego".

Finalmente, hay aspectos no abordados, como por ejemplo: ¿Qué lugar ocupa el consumo de sustancias por parte de Benji respecto a su sufrimiento personal?; ¿Qué ocurre frente a esta misma herencia en el caso de Dave?

Referencias:

Eisenberg, J. (Director). (2024). A Real Pain [Película]. Searchlight Pictures.

Benyakar, M. Del diván a las piedras. Artículo sobre intervención clínica en situaciones traumáticas y desastres.

Benyakar, M. (2006). Lo disruptivo. Amenazas individuales y colectivas: el psiquismo ante guerras, terrorismo y catástrofes sociales. Buenos Aires: Editorial Biblos.

Freud, S. (1979). Duelo y Melancolía, en Obras Completas (Vol. XIV). Buenos Aires, Argentina. Ed. Amorrortu.

Freud, S. (1925) “Inhibición, síntoma y angustia”. Obras Completas. Vol. XX, pp. 83-161. Argentina, Buenos Aires: Amorrortu Editores.

International Bioethical Information System (IBIS). (2003). Intervención en desastres y catástrofes: ética y complejidad, IBIS https://biblioteca.corteidh.or.cr/adjunto/41651

Lewkowicz, I. (11 de julio de 2002). Traumas, acontecimientos y catástrofes en la historia. Página/12. http://www.pagina12web.com.ar/diario/psicologia/9-7505-2002-07-11.html

Tisseron, S. (1995) Introducción. En El Psiquismo ante la prueba de las generaciones; (pp. 11 a 33)

Viñar, M. (1986). La transmisión de un patrimonio mortífero. Premisas éticas para la rehabilitación de afectados. Buenos Aires, Argentina. Ed. Territorios, número 2. MSS



NOTAS




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Película:Un dolor real

Título Original:A Real Pain

Director: Jesse Eisenberg

Año: 2024

País: Estados Unidos

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