Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires
Resumen:
El presente escrito propone una lectura ético-clínica del film El huevo de la serpiente (Bergman, 1977) como pasador de lo real a lo simbólico en contextos de catástrofe. A partir de la teoría del deseo desarrollada por Deleuze y Guattari (1985) y de los conceptos de catástrofe, actividad configurante y nosotros de Lewkowicz (2004), se examina el Berlín de 1923 como territorio de desfondamiento. La pregunta que orienta el trabajo es: ¿qué nos enseña el film sobre las condiciones que hacen posible –o imposible– que algo del orden del lazo pueda emerger cuando el deseo está siendo capturado? Se sostiene que el fascismo no triunfa porque sea más poderoso que el lazo, sino porque el lazo no pudo constituirse antes. A través del recurso cinematográfico de la puesta en abismo, Bergman cartografía el momento en que el deseo es capturado en el vacío que el nosotros no llegó a ocupar. La lectura de los personajes y de ese recurso cinematográfico permite identificar las condiciones bajo las cuales el lazo puede –o no– emerger en el umbral, con implicancias para una intervención ético-clínica en contextos de catástrofe.
Palabras Clave: deseo| fascismo | lazo | catástrofe
The Serpent’s Egg: A Cartography of Fascist Desire and Conditions of The Bond in The Threshold
Abstract:
This paper proposes an ethical-clinical reading of the film The Serpent’s Egg (Bergman, 1977) as a passer of the real to the symbolic in catastrophe contexts. Drawing on the theory of desire developed by Deleuze and Guattari (1985) and Lewkowicz’s (2004) concepts of catastrophe, configuring activity and "nosotros" (we), the Berlin of 1923 is analyzed as a territory of groundlessness. The guiding question is: what does the film teach us about the conditions that make it possible –or impossible– for something of the order of the bond to emerge when desire is being captured? The paper argues that fascism does not triumph because it is more powerful than the bond, but because the bond could not be constituted before. Through the cinematographic resource of the mise en abyme, Bergman produces a cartography of the moment in which desire is captured in the void that the "nosotros" did not occupy. The reading of the characters and of this cinematographic resource allows identifying the conditions under which the bond can –or cannot– emerge in the threshold, with implications for an ethical-clinical intervention in catastrophe contexts.
Keywords: desire | fascism | bond | catastrophe
El Berlín de 1923 como umbral
Berlín, noviembre de 1923. "Un paquete de cigarrillos cuesta cuatro billones de marcos" (Bergman, 1977, 00:02:37). La voz en off que abre El huevo de la serpiente no describe solamente un escenario histórico: enuncia una condición de subjetividad. El film transcurre en el momento en que la hiperinflación ha licuado el valor del dinero, el desempleo ha deshecho los lazos del trabajo y la República de Weimar se desintegra sin que nada ocupe su lugar. Abel Rosenberg, un trapecista judío-estadounidense varado en la ciudad, encuentra a su hermano muerto tras su suicidio y asiste a la desintegración de todo horizonte de sentido. Junto a Manuela, su cuñada, intenta sobrevivir en un mundo donde el miedo se ha convertido en la única moneda estable. En ese mismo Berlín, el doctor Hans Vergerus dirige una clínica donde experimenta sobre sujetos que no saben que son objetos de experimentación. Su proyecto es estudiar cómo las condiciones de devastación moldean la subjetividad y preparan el terreno para lo que vendrá.
Vergerus anticipa lo que está siendo incubado: "Al odio heredado por sus padres, ellos añadirán su propio idealismo e impaciencia. Alguno prometerá un futuro. Alguno hablará de grandeza y sacrificio. Los jóvenes e inexpertos brindarán su valor y su fe a los cansados e indecisos" (Bergman, 1977, 01:53:19). Esa generación, la que nazca sin memoria, deseará con más intensidad un orden firme aunque ese orden implique su propio sometimiento.
Es desde esa escena que adquiere toda su potencia la reflexión de Deleuze y Guattari (1972/1985): "no, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo en determinadas circunstancias, y esto es lo que precisa explicación, esta perversión del deseo gregario" (p. 36). Explicar esa perversión implica preguntarse también por sus condiciones: las que la hicieron posible y las que hubieran permitido que algo del orden del lazo pudiera emerger. En el presente trabajo proponemos una lectura ético-clínica del film El huevo de la serpiente como un pasador de lo real a lo simbólico –como sostienen Laso y Michel Fariña (2019)–: un dispositivo que transmite por vía sensible lo que desde adentro de la catástrofe permanece opaco. La pregunta que nos orienta es: ¿Qué nos enseña El huevo de la serpiente sobre las condiciones que hacen posible –o imposible– que algo del orden del lazo pueda emerger cuando el deseo está siendo capturado?
Herramientas para pensar el desfondamiento
El esquizoanálisis propuesto por Deleuze y Guattari (1972/1985) concibe el inconsciente no como representación sino como producción. El deseo no refiere a la falta sino que es una fuerza que construye realidad, conecta flujos y opera sobre el campo social. En determinadas condiciones históricas, esa fuerza puede orientarse hacia aquello que lo somete, no por engaño, sino porque encuentra allí una superficie sobre la cual producir. De ahí la proposición que orienta este trabajo: las masas no fueron engañadas, desearon el fascismo. En Mil Mesetas (1980/2020), Deleuze y Guattari desarrollan dos conceptos que permiten pensar las condiciones del encuentro: el afecto, entendido como la capacidad de un cuerpo de afectar y ser afectado por otro, fuerza de transformación mutua que no remite a emociones individuales sino a la potencia del encuentro; y el devenir, entendido como el proceso por el cual dos términos heterogéneos se afectan mutuamente constituyendo una zona de entorno donde ambos se transforman (Deleuze y Guattari, 1980/2020, p. 353). Sin esa reciprocidad en la afectación, no hay encuentro productivo en el sentido esquizoanalítico del término.
Si esas condiciones del encuentro no se producen, el deseo queda sin superficie sobre la cual producir lazo. Lewkowicz (2004) proporciona las herramientas para nombrar esas condiciones de disolución. La catástrofe no es el derrumbe de lo edificado sino la licuación del suelo mismo: "no pasamos de una configuración a otra sino de una totalidad articulada a un devenir no reglado" (Lewkowicz, 2004, p. 157). Frente a eso, Lewkowicz distingue modos posibles de subjetivación. La actividad configurante es el acto que "decide la posibilidad de figurabilidad en una situación" (Lewkowicz, 2004, p. 202): produce orden y vínculo sin suelo previo que lo sostenga. Cuando ese acto se da con otros, puede emerger el nosotros, que no es un conjunto preexistente sino un espacio al que se ingresa para construirlo (Lewkowicz, 2004, p. 219). "Nosotros no adviene; continge" (Lewkowicz, 2004, p. 227), se produce en el encuentro contingente de quienes se piensan mutuamente en situación. La asamblea es "la mecánica efectiva de nosotros" (Lewkowicz, 2004, p. 221), no como institución sino como disposición, un espacio precario en el que se existe porque se piensa con otros. Es, en ese sentido, la forma que puede tomar el lazo cuando el suelo se ha desfondado.
La captura, la fuga y el naufragio
El huevo de la serpiente no muestra el momento en que la catástrofe irrumpe sino sus efectos ya instalados en la subjetividad. La escena que abre el film muestra una multitud que camina encorvada, en cámara lenta, sin levantar la cabeza. El Berlín de noviembre de 1923 es el territorio de una catástrofe en sus dimensiones económica e institucional –la hiperinflación que licúa el valor del dinero, el colapso de la República de Weimar, el desempleo que deshace los lazos del trabajo– que, según IBIS (2003), corresponden a las condiciones materiales que producen el umbral, una zona donde las formas antiguas ya no rigen y las nuevas todavía no se han constituido. En términos de Lewkowicz (2004), lo que esas condiciones producen no es el derrumbe de lo edificado sino la licuación del suelo mismo. Lo que queda es fluidez sin orientación, y en esa fluidez el deseo de las masas queda disponible, desorientado, en busca de una superficie sobre la cual producir.
Es en ese territorio donde Vergerus opera. Su proyecto no es represivo sino productivo. Registra cómo las condiciones de devastación moldean la subjetividad para capturar el deseo antes de que encuentre otra superficie. "Liberamos las fuerzas destructoras y controlamos las productivas", enuncia (Bergman, 1977, 01:54:41). Para comprender a Vergerus no alcanza con pensarlo como un villano excepcional. Como señala Laso (2009) a partir de Bauman:
"los actos crueles no los cometen individuos crueles, sino sujetos comunes que intentan alcanzar el éxito en sus tareas normales. La crueldad tiene escasa relación con las características psicológicas de los que la llevan a cabo, y sí tiene una fuerte vinculación con la relación de autoridad y subordinación" (p. 41).
A Vergerus no le satisface la crueldad, sino la eficiencia del dispositivo. Su laboratorio blanco y aséptico es el espacio donde el caos se convierte en proyecto, donde la inhumanidad se vuelve, como señala Laso (2009), un producto social racionalmente organizado.
Pero el dispositivo de Vergerus no solo registra, también captura. Y para capturar necesita que el deseo esté disponible –desorientado, sin suelo desde el cual pensarse–. En términos de Deleuze y Guattari (1972/1985), el fascismo no reprime el deseo sino que lo captura y redirige hacia la dominación, ofreciendo certeza donde había perplejidad y orden donde había dispersión. Lo que el film cartografía es la estructura temporal de ese engendramiento, y hay un procedimiento cinematográfico que la vuelve visible. La puesta en abismo, como la definen Michel Fariña y Laso (2024), es "una obra al interior de otra, cuando la segunda establece un diálogo con la primera y arroja una nueva luz sobre ella" (p. 14). En el laboratorio de Vergerus, Abel descubre que todo el tiempo fue objeto de observación y experimentación. Vergerus le proyecta las imágenes grabadas –las mismas personas del plano inicial, la misma multitud encorvada– y esa proyección dentro del film resignifica lo que vimos al comienzo. El mismo plano, pero ya no se lo puede mirar igual. Con el saber que el film construyó, se vuelve legible de otro modo. Lo que faltó fue el suelo desde el cual esa información pudiera volverse pensamiento. Bergman no hace una crónica del nazismo sino algo más inquietante. Cartografía el momento en que el fascismo todavía no tiene nombre pero ya está siendo incubado. "Cualquiera puede ver el futuro –dice Vergerus–. Es como un huevo de serpiente. A través de la fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado" (Bergman, 1977, 01:55:50).
En ese territorio, Manuela encarna lo que Lewkowicz (2004) describe como actividad configurante. Mientras Abel se dispersa y Vergerus la convierte en instrumento, Manuela hace lo que el umbral exige. Intensifica las potencias presentes. Consigue comida cuando no hay dinero, sostiene un techo, ofrece presencia donde no hay reciprocidad. Según Deleuze y Guattari (1972/1985), podría pensarse que los flujos que Manuela produce no han sido capturados ni redirigidos. Sigue tejiendo lazo, negándose a invertir su fuerza en la figura del orden represivo. En ese sentido puede pensarse como una línea de fuga en el umbral, no una salida heroica sino una trayectoria que escapa a la lógica del dispositivo precisamente porque opera en el registro de lo cotidiano y la supervivencia, antes de que la captura pueda nombrarla.
Lo que Manuela hace no surge de un programa previo ni de categorías externas a la situación. Michel Fariña (2006) distingue dos movimientos en la ética contemporánea: un primer movimiento que opera desde el saber disponible, desde lo que la norma establece como el "qué debería hacerse" ante una situación dilemática, y un segundo movimiento, suplementario del anterior, que emerge cuando la situación misma desborda el conocimiento que la antecede. Este segundo movimiento no puede calcularse de antemano. Es la situación la que funda el saber, no el saber el que organiza la situación. Manuela habita ese segundo movimiento sin saberlo. No consulta ningún manual, no aplica ninguna técnica. Produce desde la singularidad de lo que el umbral efectivamente ofrece, y en esa producción sin cálculo reside tanto su potencia como su vulnerabilidad.
La línea de fuga, sin embargo, no garantiza salida. Deleuze y Guattari (1972/1985) advierten que puede ser capturada, que puede convertirse en línea de muerte. Y eso es lo que le ocurre a Manuela. No fracasa porque su actividad configurante sea débil sino porque la ejerce en soledad. No hay nadie que la esté pensando mientras ella piensa. El nosotros –en el sentido que le da Lewkowicz– que podría haberse instaurado entre ella y Abel permanece virtual. Tienen historia compartida pero no producen pensamiento en situación. Abel no puede recibir lo que Manuela ofrece. Sus flujos de deseo se han dispersado, ya no encuentran superficie sobre la cual producir. Y sin ese intercambio, la actividad configurante de Manuela queda expuesta sin resguardo al dispositivo de Vergerus, diseñado para capturar ese tipo de actividad.
La cama en que Manuela muere está bajo la mirada de una cámara que ella no ve. Lo que su fracaso revela no es la imposibilidad de la actividad configurante en el umbral sino su condición de posibilidad –el nosotros–. Sin un nosotros que la sostenga, la línea de fuga más potente queda sola frente al dispositivo que la captura.
Lo que el film no muestra –y esa ausencia es su diagnóstico más agudo sobre el umbral– es el nosotros. Ningún personaje logra pensarse en situación con otro. Están en el mismo espacio pero no habitan lo mismo. La perplejidad colectiva del Berlín de 1923 no encuentra otro destino que la captura de Vergerus, precisamente porque en ese umbral nadie puede reunirse para pensarla.
Lewkowicz (2004) sostiene que el nosotros no es un conjunto preexistente ni una comunidad con identidad compartida. Es algo que se produce en el acto de pensar con otros. Existe mientras se lo está produciendo –y deja de existir si ese acto se interrumpe. En la fluidez, el nosotros no puede darse por supuesto. Hay que construirlo, sostenerlo, perseverar en él. Es en ese acto de construcción donde la asamblea encuentra su lugar, ese espacio extraño y precario mediante el cual ese nosotros puede emerger en el umbral, no como institución con sede y reglamento sino como encuentro contingente de quienes se reúnen para pensar una situación común sin que ninguna institución los preceda. "La asamblea es los que van a la asamblea" (Lewkowicz, 2004, p. 221). Nada la precede, nada la garantiza. Su potencia no reside en ninguna estructura previa sino en el acto mismo de reunirse a pensar.
Habitar la fluidez –habitar el umbral– es entonces el nombre de esa apuesta. No se trata de adaptarse a la dispersión ni resignarse a ella, sino de aprender a producir vínculo y pensamiento en ese medio inestable, construir con otros un suelo en situación. Lewkowicz (2023) describe el espacio donde eso es posible como aquel que es habitable solo si pasan dos cosas: "el que lo habita se altera por habitarlo y el espacio se altera por ser habitado" (p. 29). Esa doble alteración podría ser una condición de la intervención clínica en el umbral. No quien llega con herramientas ya hechas desde afuera de la situación sino quien acepta dejarse afectar por ella y opera desde ese afectamiento, intensificando las potencias que ya están presentes, produciendo las condiciones de asamblea donde la perplejidad pueda ser pensada con otros.
Porque no pensar desde adentro de la catástrofe no es una opción neutral. Como señala Lewkowicz (2023),
"Aquel que en medio de la catástrofe no pueda pensar su vida cotidiana, su trabajo, sus afectos, lo va a pagar o con delirios o con el corazón y el cuerpo –o viendo cómo se va desamarrando de los demás. Pensar juntos y no suponernos desde lejos; si hacemos esto último naufragamos" (p. 31).
El naufragio es la descripción precisa de lo que le ocurre a la multitud del plano inicial, a Abel, a Manuela en soledad.
Las condiciones del lazo en el umbral
La pregunta que orientó este trabajo, ¿Qué nos enseña El huevo de la serpiente sobre las condiciones que hacen posible –o imposible– que algo del orden del lazo pueda emerger cuando el deseo está siendo capturado?, encuentra en el film una respuesta por la negativa. Muestra lo que ocurre cuando las condiciones del lazo no se producen, y en esa ausencia traza con precisión cuáles son.
A partir del análisis del film en diálogo con los marcos teóricos trabajados, identificamos dos condiciones. La primera remite al momento en que el deseo queda disponible. El desfondamiento no lo destruye, lo deja sin orientación. Lo que determina hacia dónde se dirige no es la voluntad individual sino las condiciones del encuentro. En este film, el fascismo no triunfa porque sea más poderoso que el lazo, sino porque el lazo no pudo constituirse antes. La captura operó en el vacío que el nosotros no ocupó.
La segunda remite a la reciprocidad en la afectación –en el sentido que Deleuze y Guattari (1980/2020) dan al término, la capacidad de ser transformado por el encuentro con otro–, que el nosotros se produzca contingentemente en la reunión de quienes se piensan juntos (Lewkowicz, 2004). Manuela tenía la potencia, pero la ejerció en soledad. Sin Abel que pudiera ser afectado por el encuentro con ella, el lazo permaneció virtual. Lo que el film muestra es exactamente ese naufragio, el de quienes estaban en el mismo espacio pero no pudieron pensarse en situación.
La intervención ético-clínica en contextos de catástrofe desde una perspectiva preventiva y comunitaria exige dar respuesta a esas condiciones desde adentro de la situación misma. La tarea no es restaurar lo que se perdió ni ofrecer certezas donde hay perplejidad, sino producir las condiciones del nosotros. En contextos de desfondamiento, eso puede tomar la forma de la asamblea, ese espacio contingente donde quienes atraviesan la catástrofe puedan reunirse a pensar la situación con otros, intensificando las potencias que ya están presentes antes de que la captura las nombre.
El cine, cuando opera como pasador de lo real a lo simbólico, no siempre da respuestas, pero hace urgente la pregunta. ¿Qué nos enseña esta cartografía del Berlín de 1923 para pensar y pensarnos en el contexto actual? Lewkowicz (2002) deja abierta una posibilidad: "tendremos la ocasión de conquistar, inventar y construir subjetividades". Esa ocasión no está garantizada. Depende de que haya nosotros dispuestos a producirla.
Referencias:
Bergman, I. (Director). (1977). El huevo de la serpiente [Das Schlangenei / Ormens ägg] [Película]. Bavaria Film; De Laurentiis.
Deleuze, G., & Guattari, F. (1985). El Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia. Paidós. (Obra original publicada en 1972)
Deleuze, G., & Guattari, F. (2020). Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Pre-Textos. (Obra original publicada en 1980)
International Bioethical Information System (IBIS). (2003). Intervención en desastres y catástrofes: ética y complejidad. IBIS. https://biblioteca.corteidh.or.cr/adjunto/41651
Laso, E. (2009). Las coordenadas de la obediencia. Milgram a través de la lectura de Zygmunt Bauman. Aesthethika. International Journal on Subjectivity, Politics and the Arts, 9(1), 41-47.
Laso, E., & Michel Fariña, J. J. (2019). El cine como pasador de lo real. Ética & Cine Journal, 10(1), 87-93.
Lewkowicz, I. (2002, 11 de julio). Traumas, acontecimientos y catástrofes en la historia. Página/12. http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-7505-2002-07-11.html
Lewkowicz, I. (2004). Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Paidós.
Lewkowicz, I. (2023). Todo lo sólido se desvanece en la fluidez. Coloquio de Perros.
Michel Fariña, J. J. (2006). El doble movimiento de la ética contemporánea: una ilustración cinematográfica. En G. Z. Salomone & M. E. Domínguez (Comps.), La transmisión de la ética: clínica y deontología. Volumen I: Fundamentos. Letra Viva.
Michel Fariña, J. J., & Laso, E. (2024). Acting: la puesta en abismo en el cine como recurso de la clínica analítica. Ética & Cine Journal, 14(2), 13-19.
NOTAS
FORUM
Película:El huevo de la serpiente
Título Original:Das Schlangenei (The Serpent's Egg)
Director: Ingmar Bergman
Año: 1977
País: Alemania del Oeste (RFA)
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