Inicio > Congresos Online > Congreso Online 2026 > Heldin > Enfermería: el mito de la heroína y el acto clínico

Enfermería: el mito de la heroína y el acto clínico

por Noelia Segovia y Juan Jorge Michel Fariña

De la dama de la lámpara a la heroína precarizada

La película suiza "Heldin" ("Turno de noche", 2025), dirigida por Petra Volpe funciona como una radiografía cruda y realista de la alienación laboral, centrándose en el cuerpo y la mente de Floria (Leonie Benesch) una enfermera que enfrenta un turno crónicamente desbordado y bajo de personal. El propio título “Heldin” ("Heroína", en alemán) es una ironía sobre cómo el sistema romantiza el sacrificio de lxs enfermerxs para ignorar fallas estructurales.

Cuando el film comienza vemos circular en una máquina cientos de uniformes idénticos, acomodándose en una línea industrial de lavandería. El hospital, como dispositivo biopolítico, disciplina los cuerpos de los trabajadores para maximizar la productividad, disociando a las personas de sus necesidades y singularidades. La película suspende deliberadamente la idea de la "compasión romántica" de los “héroes de la salud” para mostrar algo más foucaultiano: un cuerpo (el de la actriz Leonie Benesch) siendo domesticado y consumido por los ritmos de la maquinaria institucional.

En simultáneo, el espectador puede ver cómo el concepto de Sorge (cuidado/procuración) se pervierte. En lugar de un cuidado basado en el vínculo humano y la presencia, el sistema hospitalario moderno convierte el cuidar en una serie de tareas burocráticas y cronometradas. Esto produce una cosificación tanto del paciente como del enfermero, que distancia al efector de su tarea y al destinatario de sus cuidados.

Por otro lado, y no tan distante, el título del film, Heldin (Heroína), entabla un diálogo tenso y crítico con los mitos fundacionales de la enfermería, encarnados históricamente en la figura de Florence Nightingale. La iconografía decimonónica de ’la dama de la lámpara’ instituyó el cuidado sanitario como un acto de abnegación mística y entrega absoluta, donde el cuerpo de la enfermera se desvanece en pos del bienestar ajeno. Sin embargo, en el escenario postpandémico que retrata la película, ese ideal de heroísmo es reapropiado por la lógica hospitalaria neoliberal como un mecanismo de control. Al romantizar el trabajo de Floria bajo la etiqueta de ’heroína’, la ironía del film muestra cómo la institución desplaza la responsabilidad de la crisis estructural (la falta de personal y la precarización) hacia la resistencia moral y subjetiva de la trabajadora. La lámpara victoriana, que originalmente simbolizaba la luz de la compasión y el tiempo dedicado al enfermo, es reemplazada aquí por la tiranía del cronómetro y el software de gestión. Se hace evidente así que el imperativo del sacrificio ya no produce “santas”, sino sujetos en vías de un inminente colapso psíquico. [1]

En el film se observa cómo, incluso para la estudiante que está haciendo su pasantía en el hospital, el hacer de enfermería está marcado por la trampa de la "Heroína". En la actualidad (y sobre todo tras los aplausos en los balcones durante la pandemia), llamar "héroe" o "heroína" al personal de salud arriesga convertirse en una estrategia política e institucional para normalizar la falta de recursos. Si la enfermera es una heroína, se espera que tenga superpoderes: que no necesite ir al baño, que pueda atender a 13 pacientes a la vez y que resista el colapso sin llorar ni desbordarse.

Al final de la jornada, la acumulación de tareas impide a Floria acompañar a ciertos pacientes, cometer errores producto de la sobrecarga y desbordarse frente a un paciente. Esto genera un sentimiento de culpa, Floria internaliza como un fallo "personal" lo que en realidad es una falta "institucional". [2]

Acting y acto clínico

En medio de esta rutina, que se repite seguramente en muchos servicios de internación general, ocurre un pequeño acontecimiento. Todo comienza apaciblemente. Esta enfermera llega al hospital, se cambia en el vestuario y en cuanto se presenta en el piso se le informa la situación de la docena de pacientes que corresponden a su ala del servicio. A lo largo de esta recorrida debe cambiar pañales a una anciana que ingresó por obstrucción y tendrá que evacuar varias veces en la noche; debe asistir a un paciente que espera ansiosamente su diagnóstico, que ella sabe es de cáncer de colon, pero que la médica no accede a comunicar y ella por secreto profesional no puede revelar; en otra habitación y ante la demora del camillero debe trasladar ella misma a un paciente que entra a quirófano y acompañar a la familia en la despedida; quitarle los cigarrillos y el encendedor a otra paciente que se ha sacado el oxígeno y está fumando en el balcón… todo esto mientras lidia con una estudiante de enfermería a la que debe instruir en la urgencia…

En medio de esta vorágine, visita al único paciente que paga por privado. El hombre, que tiene un diagnóstico de cáncer de páncreas y está en habitación individual, se muestra irascible con ella, pide de mala manera que le traigan un té y la amenaza con hablar con sus superiores si se demora en exceso. La enfermera va a la cocina para cumplir con el pedido… La cámara enfoca el proceso de ebullición del agua para indicarnos el drama interior de esta mujer que está a un paso del desborde. En ese momento la interrumpen porque una paciente ha dejado de respirar. Corre con los familiares a la única habitación que no había llegado a asistir, y debe hacer ella misma respiración artificial a la mujer mientras llega el personal especializado en reanimación. Pero todo es inútil y la paciente muere. Los hijos están devastados y la acusan de negligencia. Queda a solas con el cuerpo y debe acondicionarlo para que la familia regrese a despedirla. Sale al balcón y tiene un ataque de impotencia y llanto.

Pero se sobrepone y lleva finalmente el té al paciente, que la recibe de manera agresiva, burlándose de ella por la demora: mira su reloj pulsera y dice “un nuevo record… ¡una hora y cuarto para preparar un té!”. Entonces la enfermera, le arranca el reloj y lo arroja por la ventana. El hombre vocifera que vale 40.000 francos y redobla sus insultos… pero la mujer sale de la habitación y le dice que el idiota es él… y que además se está muriendo.

Y allí comienza una película dentro de la película. Porque esta enfermera, ya un poco más calmada, intenta recuperar el reloj, pero advierte que ha caído en un jardín de invierno interior y resulta imposible encontrarlo. Regresa entonces a la habitación para decirle al paciente que informará a sus superiores y que ella pagará por su reloj… Pero se encuentra con un hombre diferente al que había dejado, un hombre derrotado, que le dice que efectivamente ha leído sobre el tema y sabe que su cáncer es mortal. Que ya no necesitará el reloj. Angustiado, le confía a la enfermera que todavía no lo ha podido hablar con su esposa e hijos. Que viene de una familia longeva y que no está preparado para este prematuro fin… Ella se aproxima y le toma la mano. El hombre llora… tienen un último diálogo fugaz y él le termina diciendo que si encuentra el reloj puede quedárselo.

¿Qué ha sucedido aquí? Cuando la enfermera lo despoja del reloj y lo deja a solas en la habitación no imagina aquello que puso en marcha. Ella queda solamente preocupada por informar a sus colegas de su mal desempeño, intentar recuperar el reloj y finalmente disculparse con el paciente ofreciendo compensar económicamente la pérdida. Pero en ese ínterin, del lado del paciente se produjo un cambio, porque el despojo del reloj y el pronóstico atroz tuvo efecto de interpelación. Interpelación no calculada por la enfermera, pero tampoco azarosa, ya que su reacción buscaba acotar el goce agresivo en que este hombre se había montado.

El reloj que el paciente usa para calcular la demora de la enfermera y así poder agredirla, es arrojado por la ventana. Ella le devuelve el insulto y, como remate, le informa que se está muriendo. Se trata de un paciente que está en acting out, que en el fondo sabe que no le queda mucho tiempo, y que está solo. Su destrato hacia la enfermera es una demanda agresiva, pero demanda al fin: un llamado al Otro a que le diga la verdad de su condición de salud. Así consigue que finalmente la enfermera le espete la verdad. El acto de tirar por la ventana ese valioso reloj, constituye para ella un modo de desquitarse del maltrato recibido, sin percibir el valor simbólico puesto en juego: él ya no necesita relojes, porque ya no le queda tiempo.

Que finalmente el Otro haya puesto en palabras su condición terminal sospechada por él, lo reubica en relación a ella, y al tiempo que le queda de vida. Ya no pelea, ni reclama, y el valioso reloj pasó a ser nada. Tampoco su posición social importa. Puede regalárselo a quien finalmente tuvo el valor de ser sincero con él. Este llamado a un Otro no sólo consigue que se le diga la verdad, sino también que se le reconozca su dignidad como humano antes de la muerte. La enfermera y el moribundo pueden, finalmente, tener un trato de reconocimiento y de compasión, inesperado para ambos. Pero posibilitado por este movimiento mutuo, que hace de un acting la oportunidad de un acto. [3]

No adelantamos aquí el final de la historia. Digamos simplemente que el periplo de ese reloj permitirá también a la enfermera humanizarse con sus pacientes y comenzar a lidiar de otra manera con sus fantasmas.



NOTAS

[1Christophe Dejours postula que el trabajo nunca es neutro: o es un mediador de salud o es un vector de sufrimiento. En Heldin, vemos cómo las "estrategias defensivas colectivas" fallan porque el personal está tan atomizado y sobrepasado que ni siquiera hay tiempo para construir lazos de solidaridad entre compañeros (Floria y Bea, colegas y compañeras de turno, apenas pueden comunicarse). El autor sostiene que la prevención real no es enseñarle al trabajador a "respirar profundo" (vía mindfulness), sino transformar realmente la organización del trabajo.

[2Byung-Chul Han explica, en “La sociedad del cansancio”, que el sujeto contemporáneo ya no está oprimido por un explotador externo, sino que se "autoexplota” bajo el imperativo del rendimiento ("tú puedes"). En la película, el colapso no ocurre como un estallido dramático, sino como un proceso lento, invisible y cotidiano. El burnout de Floria es la consecuencia directa de una sociedad que mide el cuidado en términos de gestión y eficiencia matemática.

[3Ver al respecto el trabajo “Acting: La puesta en abismo en el cine como recurso de la clínica analítica”, escrito en colaboración con Eduardo Laso, a quien agradecemos por su contribución al presente artículo.

FORUM

moderación a priori

Este foro es moderado a priori: su contribución sólo aparecerá una vez validada por un/a administrador/a del sitio.

¿Quién es usted?
Su mensaje

Este formulario acepta atajos SPIP [->url] {{negrita}} {cursiva} <quote> <code> código HTML <q> <del> <ins>. Para separar párrafos, simplemente deje líneas vacías.



Película:Turno de noche

Título Original:Heldin

Director: Petra Biondina Volpe

Año: 2025

País: Suiza

Otros comentarios del Autor: