Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Resumen:
Este trabajo toma como punto de partida el documental La rabbia (1963) de Pier Paolo Pasolini y lo pone en diálogo con algunos de sus escritos posteriores, especialmente Cartas luteranas y sus ensayos sobre el cine, para reflexionar sobre ciertos rasgos característicos del presente. Más que ofrecer un análisis cinematográfico detallado de la obra, el ensayo propone recuperar algunas reflexiones pasolinianas –la relación entre libertad y rabia, la crítica de la sociedad de consumo, la homogeneización cultural y el papel de los lenguajes audiovisuales– como herramientas para comprender fenómenos contemporáneos. En particular, se examinará la radicalización actual de los procesos denunciados por Pasolini a la luz de la digitalización de la experiencia, el predominio de las redes sociales y la transformación del lenguaje audiovisual. Para concluir, se resalta la potencia crítica del cine entendido como una lengua de poesía para para resistir la homogeneización perceptiva propia del capitalismo contemporáneo.
Palabras Clave: Pasolini | Rabbia | consumo | audiovisual
La rabbia: Pasolini’s Reflections for Understanding our Time
Abstract:
This paper takes Pier Paolo Pasolini’s documentary La rabbia (1963) as its point of departure and places it in dialogue with some of his later writings, particularly Lutheran Letters and his essays on cinema, in order to reflect on certain defining features of the contemporary world. Rather than offering a detailed film analysis, the paper revisits some of Pasolini’s key reflections, namely the relationship between freedom and anger, the critique of consumer society, cultural homogenization, and the role of audiovisual languages, as conceptual tools for understanding contemporary phenomena. In particular, it examines the ways in which the processes denounced by Pasolini have become increasingly radicalized in light of the digitalization of experience, the predominance of social media, and the transformation of audiovisual language. Finally, it highlights the critical potential of cinema, understood as a poetic language, as a means of resisting the perceptual homogenization characteristic of contemporary capitalism.
Keywords: Pasolini | Rabbia | consumerism | audiovisual
I. Rabia y libertad
En 1963, al principio del documental poético La rabbia, escuchamos la voz en off de Pasolini que dice:
Si no se grita “¡Viva la libertad!” humildemente,
no se grita “¡Viva la libertad!”.
Si no se grita “¡Viva la libertad!” riéndose,
no se grita “¡Viva la libertad!”.
Si no se grita “¡Viva la libertad!” con amor,
No se grita “¡Viva la libertad!”.
Ustedes, hijos de hijos,
gritan con desprecio, con rabia, con odio “¡Viva la libertad!”
Por eso, no gritan “¡Viva la libertad!”.
La rabbia fue el primer documental de Pasolini, realizado poco después de su incursión en el mundo del cine con Accattone y Mamma Roma, tras sus primeros años dedicados principalmente a la escritura de poesía. A pesar de las diferencias de género, en estas tres primeras películas ya pueden verse los rasgos característicos de la obra del director italiano: la puesta en primer plano del sector marginal y empobrecido de Roma y del resto del mundo, no solo en sentido metafórico, sino también literal, a través de los característicos primerísimos primeros planos de irrepetibles rostros.
Tomando como punto de partida este documental, y poniéndolo en relación con algunos textos posteriores del autor italiano, me propongo, en este breve ensayo, reflexionar sobre algunas de las problemáticas que caracterizan nuestro presente, para formular con mayor claridad las preguntas que, a mi juicio, deberíamos hacernos, y esbozar una posible dirección desde la cual buscar algunas respuestas. Sostendré que muchas de las transformaciones denunciadas por Pasolini en los años sesenta y setenta, tales como la homogeneización cultural, el predominio del consumo y la naturalización de los nuevos lenguajes audiovisuales, no solo continúan vigentes, sino que alcanzan hoy una radicalización a la que es necesario prestar atención para poder comprender adecuadamente nuestro presente.
El documental convoca a dos reconocidos intelectuales de la época: el propio Pasolini, vinculado al Partido Comunista, y Giovannino Guareschi, escritor de orientación democristiana. Ambos, pese a sus diferencias ideológicas, habían sido cuestionados y marginados por sus propios espacios políticos y, cada uno a su manera, mantenían una mirada crítica tanto sobre el fascismo como sobre la sociedad de consumo que lo sucedió. Desde perspectivas opuestas, debían responder a una pregunta que, más de sesenta años después, no nos es en absoluto indiferente: “¿Por qué nuestra vida está dominada por el descontento, la angustia, el miedo a la guerra, la guerra?”. Pasolini declara al comienzo que responderá a esa pregunta guiado por sus razones políticas y su sentimiento poético. La película superpone un poema recitado a un montaje de imágenes y recorre acontecimientos que van desde la revolución húngara de 1956 y los procesos de liberación de África y Cuba, en contraste con la decadencia europea, hasta un poema dedicado a Marilyn Monroe, convertida en símbolo de la muerte de la belleza, y los prometedores viajes a la Luna que alimentaban el imaginario de la década.
Por otra parte, más de diez años después, cerca del final de su corta vida, Pasolini escribe en Cartas Luteranas (2017, p. 31):
La regresión y el empeoramiento no se aceptan. Se viven, a lo sumo, con indignación o con rabia; indignación y rabia que en este caso concreto son, contra lo que parece, profundamente racionales. Hay que tener la fuerza de la crítica total, del rechazo, de la denuncia desesperada e inútil.
¿Hay un cambio en la posición del cineasta-escritor acerca de la rabia entre aquel documental de sus comienzos y su último escrito? Es posible: nadie piensa lo mismo toda su vida, y menos en tiempos de grandes transformaciones como fueron las décadas de los años sesenta y setenta. Pero, quizás, el cambio no sea tan abrupto, y las dos afirmaciones puedan ser compatibles. ¿Podría haber dos tipos de rabia, una racional y otra irracional, una en pos de la libertad y otra en contra de la libertad que pretende promover?
En las páginas siguientes, Pier Paolo explica que el que no siente algún tipo de rabia racional frente a una humanidad en retroceso, significa que “no ama” a quien sufre la degradación del mundo en que vivimos, a las personas que lo rodean. Entonces, este tipo de rabia está de alguna manera relacionada con el amor que pregonaba el documental. El autor acusa de no amar a los que son su principal enemigo en ese momento, “los hombres del poder democristiano”, quienes, luego de apoyar al régimen fascista, apoyaron a uno mucho peor: al poder consumista y su peligrosa tolerancia.
Hoy, en Argentina del 2026, tenemos un presidente que grita “¡Viva la libertad, carajo!”. Y ese “carajo” –nombre, también, del programa de stream conducido por los soldados de las redes del presidente–, modaliza el grito por la libertad, convirtiéndolo en un grito de odio, rabia y desprecio. Por eso, como dice La rabia, no gritan verdaderamente por la libertad. No desean la libertad del pueblo, y quizás ni siquiera la de ellos mismos, sino ejercer algún tipo de castigo o reprimenda hacia los que ellos consideran que les privaron de alguna forma de la posibilidad de ejercer lo que ellos creen que es su libre albedrío. Son pequeños hombres asustados, que prefieren la libertad de las redes y de mercado antes que la propia, a la que no sabrían ni mirar a los ojos.
Sin embargo, quizás no baste con pregonar “el amor vence al odio”, y tengamos que ser capaces de unir el amor por la humanidad con el odio hacia la que lo oprimen, y no temer tanto enfrentarnos a los supuestos progresos que rigen la sociedad actual; no ser tan tímidos en criticar todo desde raíz. Pero la respuesta al odio no es la tolerancia: el discurso políticamente correcto contra el que se alza la libertad de los libertarios tampoco es verdadera libertad, es tolerancia, “la forma más refinada de condena” (Pasolini, 2017, p. 27), mezclada, muchas veces, con un ejercicio de policía moral frente a quien no la ejerce. De esta manera, el problema nos ataca desde los dos frentes: desde ningún lado parece oírse el grito por una verdadera, humilde, amorosa, risueña, libertad para todos, y, al mismo tiempo, se juzga a quienes no apoyan la mediocre divulgación de los buenos valores.
II. Contra la dicotomía entre comprensión y rechazo
El “odio racional” o el “odio amoroso” –aquella extraña intersección en donde esos elementos aparentemente irreconciliables como son el odio, el amor y la razón se encuentran– no debe proceder del resentimiento y la ignorancia, sino de la comprensión profunda de una época y de las consecuencias que esta genera en la humanidad. Para eso, entonces, es necesario, primero, comprender, y, segundo, animarse a rechazar lo que haya que rechazar. A veces, sin embargo, es necesario lo segundo para poder lograr lo primero: si no estamos abiertos a la posibilidad de decirle no a aquello que queremos analizar, es probable que no lo podamos entender apropiadamente. Por ello, un gran problema para la generación en la cual me incluyo –los llamados “millenials”, palabra que ya produce cierto agotamiento– es que últimamente parece haber más temor a ser un “viejo choto” que no se adapta a los tiempos modernos que a las consecuencias que visiblemente están teniendo estos tiempos, sobre todo en la juventud que los encarna y que muchas veces se enfrenta más directamente a su propia época.
Si las generaciones anteriores se jactaban de sus viejos valores, ahora hay un fuerte temor, y por tanto una negación, a ese corte generacional (¿será porque no tenemos tan claros los valores que deberíamos defender?). Sin embargo, por más fuerza que hagamos, el tiempo pasa y el mundo cambia, y cada vez más rápidamente. PPP ve que en 1975 no se produce una mera brecha generacional, sino “el fin del mundo”, aquel que solo se produce cada varios milenios (Pasolini, 2017, p. 45). Las cosas estaban cambiando radicalmente: emergía en ese momento, sin posible vuelta atrás, el capitalismo postindustrial dominado por el consumo masivo. La pérdida de lo artesanal y la homogeneización del consumo genera un cambio profundo en la humanidad porque nuestro primer aprendizaje viene de las cosas. Son las cosas que nos rodean las que nos proveen nuestras primeras enseñanzas, y dado que su lenguaje es inarticulado y rígido, así lo es su aprendizaje, por lo que es muy difícil, sino imposible, de modificar.
Hoy estamos viviendo las consecuencias extremas de ese fin del mundo que comenzó en los años setenta, y que se fue intensificando con las nuevas tecnologías que abrevan hacia el mismo fin homogeneizador y consumista. Pero hoy el corte generacional parece ser aún mayor que el que evidenció Pasolini: no solo han cambiado las cosas, ¡sino que ya ni siquiera hay cosas! El mundo digital reemplaza progresivamente al mundo físico y analógico, o, de mínimas, oficia de mediador ineludible de toda experiencia. Los defensores de la propiedad privada y la libertad de mercado son también los apologistas del progreso tecnológico que hace que cada vez tengamos menos cosas que podamos llamar propias y que enriquezcan nuestro ambiente, que conservemos como parte de nosotros. La digitalización acaba con el paradigma de las cosas, estamos frente al mundo de las “no-cosas”, escribe Byung Chul-Han (2021), el nuevo filósofo de moda. Quedan, entonces, preguntas pendientes para comprender nuestro tiempo: ¿qué pueden enseñarnos las no-cosas? ¿de qué particular forma ejercen su enseñanza?
III. La homogeneización de las formas
Antes de intentar responder a estas preguntas, debemos pensar, primero y continuando con las temáticas pasolineanas, de qué forma hacerlas, es decir, bajo qué formato las producimos y compartimos. Aunque la tesis del filósofo coreano-alemán sobre el pasaje de las cosas a las no-cosas es, sin duda, relevante para nuestros tiempos, ¿no habla este en sus libros con el lenguaje de aquello que critica? Oraciones breves, sin subordinadas, efectistas, citando de forma simplificada a grandes filósofos y presentando varias ideas sin profundizar en ninguna ni argumentar demasiado. ¿Se puede criticar al sistema utilizando su mismo lenguaje?
Más allá del filósofo en cuestión –que por lo menos transmite su pensamiento a través de libros–, en este momento, incluso en los ámbitos que pretenden enfrentarse al sistema consumista, la fascinación por las redes sociales hizo que estas sean aceptadas sin cuestionamiento como la única forma actual de comunicar las ideas. Esta es la evidencia más grande de la homogeneización en que vivimos: el problema no son solo los pocos caracteres disponibles para expresar una idea, la preminencia de la imagen por sobre el texto, los criterios que impone el algoritmo y la dinámica de la viralización, sino, sobre todo, que toda la información sea recibida a través de los mismos medios y bajo la misma forma, sin diferenciación alguna: en un mismo feed de Twitter –o X para los más jóvenes o libertarios–, Instagram o TikTok, nos enteramos de las novedades cotidianas de nuestros conocidos, de las noticias oficiales del gobierno nacional, de los chismes de la farándula, del genocidio en Palestina y la guerra en Ucrania, de tiernos videos de bebés y perritos que, a esta altura, ya son todos creados por IA. Todo se coloca en un mismo nivel, a un paso de ser barrido con el dedo hacia arriba para pasar al siguiente tema. ¿Qué ocurre cuando nuestra forma de recibir estas informaciones tan dispares, que supondrían modos distintos de leerlas, pensarlas y recibirlas, es el mismo? ¿Y qué pasa cuando al producir ideas propias tenemos que, si queremos tener algún receptor para estas, adaptarlas a este mismo lenguaje homogéneo de las redes?
IV. El lenguaje del cine
Todo lo que Pasolini denuncia en 1975 parece hoy llevado al paroxismo: la homogeneización de la cultura de consumo se cristaliza en los aparentemente variados y democráticos pero verdaderamente uniformes y policíacos modos de comunicación contemporáneos, pero también en los cuerpos, unificados por las cirugías estéticas y las nuevas drogas para adelgazar, aplicadas ambas a personas más y más jóvenes. Basta comparar los rostros elegidos cuidadosamente por el cineasta para sus películas con las caras carentes de expresión por el exceso de ácido hialurónico que hoy pretenden encarnar cualquier papel en el cine o la televisión. No es ninguna sorpresa que el cine actual caiga también en las garras de la homogeneización de las redes: todo tiene que poder reducirse a un clip de un minuto, ponerse en modo vertical, escucharse de fondo sin verse, o, a la inversa, verse sin sonido.
En ensayos como “La lengua escrita de la realidad” y “Cine de poesía”, escritos en los años sesenta, momento del apogeo del cine y de los inicios de la televisión, Pasolini advierte que el advenimiento de las técnicas audiovisuales como lengua pone en crisis la identificación entre poesía y lengua, y que comienza a producirse un fenómeno de suplantación de la palabra ligado al debilitamiento de las lenguas humanísticas de las elites (Pasolini, 2022, p. 69-70). Sin embargo, este lenguaje continuaba siendo novedoso, y “nuestros cerebros de robot” estaban todavía habituados desde hace siglos a la evocación particular de la palabra gráfica u oral que evoca sonido e imagen (Pasolini, 2022, p. 66).
El predominio absoluto de lo audiovisual en el mundo actual parece ser indiscutible, a tal punto que este ya no tan nuevo lenguaje ha puesto en cuestión no solo la identificación entre lengua y poesía sino la lengua escrita y hablada en sí mismas. Efectivamente, hoy las elites que guían los procesos “civilizatorios” actuales son cada vez menos humanistas y menos literatas, y el lenguaje audiovisual se consolida frente al oral y, sobre todo, al escrito. Aunque la educación formal todavía continúa aferrándose a la enseñanza basada en la lecto-comprensión, nadie duda de las dificultades que atraviesa, e incluso muchos diagnostican su enfermedad terminal, debido también a los desarrollos de la inteligencia artificial y su capacidad para escribir e interpretar textos mucho más rápidamente que cualquier ser humano –aunque no por eso mejor, al menos por ahora–, que llevaría a la aparente falta de necesidad de aprender y desarrollar estas actividades. A su vez, en la vida cotidiana cada vez se necesitan menos palabras: las noticias ya no se leen en los diarios sino que se ven o escuchan en videos o podcasts; los memes, emojis y reacciones nos permiten ahorrarnos una respuesta elaborada al mensaje de un amigo, condensando en una imagen prefabricada la idea que queremos transmitir; ya no hace falta contar narrativamente los viajes a la familia si se pueden mandar o subir fotos y videos en el momento mismo que lo estamos viviendo. En resumidas cuentas, la imagen, y en particular la imagen sonora, va reemplazando a las palabras, que se vuelven cada vez más mudas.
Para cerrar estas páginas, podemos preguntarnos, ¿qué queda de las características del cine que rescataba Pasolini en estas imágenes sonoras que condicionan nuestro día a día? Como escribe este en su famoso ensayo “El cine de poesía”, el lenguaje del cine, y el audiovisual en general, en cierto sentido no es otra cosa que el lenguaje de las cosas mismas: ese lenguaje objetivo y casi universal e indiscutible, eso que está delante de nosotros. Una mesa es una mesa, una silla es una silla, sea en la vida real o en una pantalla. Pero, asimismo, el del cine es el lenguaje más subjetivo de todos: el de los sueños y la memoria. El cine, entonces, tiene una doble naturaleza: es a la vez extremadamente objetivo y extremadamente subjetivo.
Pero lo característico del cine, o lo que le interesa a PPP, es “su violencia expresiva y su corporeidad onírica” (Pasolini, 2022, p. 42), lo que hace pensar que como lengua el cine es más bien una lengua de poesía que de prosa, es decir una lengua basada en lo expresivo y lo subjetivo que emerge del juego con lo formal de la lengua. Sin embargo, la tradición cinematográfica ha sido más bien de prosa o prosa narrativa: se produjo una suerte de traición al lenguaje cinematográfico en la cual este aparenta ser una lengua de prosa que cuenta una historia, pero mientras que su fundamento, la verdadera razón por la que capta la atención del público masivo se basa en los elementos irracionales de este “monstruo hipnótico que siempre es un film” (2022, p. 43).
Esta traición se ha profundizado en el lenguaje audiovisual que nos rodea: de un lado todo lo que se muestra allí se presenta como objetivo e informativo, irrefutable, mientras que, a su vez, se aprovecha de ese fundamento mítico a infantil para atraer la atención constante. Al mismo tiempo, el predominio de las pantallas hace que cada vez pese más eso que sucede allí que el verdadero lenguaje de los seres humanos y en el cual lo que vemos en la pantalla debería basarse, “la acción humana de la realidad” (Pasolini 2022, p. 70). La idea pasolineana de que la vida es un cine natural y viviente (2022, p. 78) es de hecho hoy llevada al paroxismo: de un lado, las cámaras necesitan intervenir en cada experiencia vivida; del otro, las imágenes creadas con IA omiten la parte de la referencia al mundo real que parecía implicar necesariamente el cine. Y todo esto pasa desapercibido porque se ha vuelto hábito. Por eso, como dice Pasolini, volviendo, para terminar, al tema de la rabia:
“Hace falta trabajar sobre estos problemas, juntos o solos, con competencia o con rabia, pero hace falta trabajar. Hay que ideologizar, hay que deontologizar. Las técnicas audiovisuales ya forman parte de nuestro mundo, o sea del mundo del neocapitalismo técnico que avanza, y cuya tendencia es volver a sus técnicas, justamente, aideológicas y ontológicas; volverlas tácitas e irreales; volverlas hábitos; volverlas formas religiosas.” (Pasolini, 2022, p. 103).
Si queremos comprender nuestro tiempo, tenemos la obligación, entonces, de ideologizar y deontolologizar las técnicas audiovisuales que dominan nuestras vidas, no tomarlas como naturales y necesarias sino como parte del engranaje humano y social en el que se insertan. Pero, por otro lado, debemos, si queremos escapar de la opresiva lógica consumista imperante, proteger al cine como lenguaje y como lengua de poesía, e intentar diferenciarlo de aquellos productos audiovisuales regidos por el marketing. Porque si, como dice Lennon, la felicidad es un arma caliente, y eso significa que el verdadero desafío en la vida consiste en permanecer en el elemento del movimiento, de su ínsito dinamismo, sin caer en la tentación de entorpecer la virtuosa fluidez del verbo, entonces, si esto es así, el lenguaje del cine, en la medida en que puede prescindir de la gramática con base en sujeto y predicado, es el verdadero lenguaje de la felicidad.
Referencias:
Han, B.-C. (2021). No-cosas. Quiebras del mundo de hoy. Taurus.
Pasolini, P. P. (Director). (1961). Accattone [Película]. Cino del Duca.
Pasolini, P. P. (Director). (1963). La rabbia [Película documental]. Opus Film.
Pasolini, P. P. (Director). (1962). Mamma Roma [Película]. Arco Film.
Pasolini, P. P. (2017). Cartas luteranas. Trotta.
Pasolini, P. P. (2022). Confesiones técnicas y otros ensayos sobre cine. El Cuenco de Plata.
NOTAS
FORUM
Película:La rabia
Título Original:La rabbia
Director: Pier Paolo Pasolini, Giovanni Guareschi
Año: 1963
País: Italia
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