Institución Fernando Ulloa, Buenos Aires, Argentina
Resumen:
El presente trabajo propone una lectura analítica de la película Sirât (Oliver Laxe, 2025) a partir de las elaboraciones de Sigmund Freud sobre la transitoriedad y el desamparo, y las formulaciones de Jacques Lacan sobre la ética del psicoanálisis y lo real. El film no se reduce a una mera ilustración de categorías clínicas, se indaga de qué modo su singular propuesta estética –caracterizada por la densidad sonora y el despojamiento del paisaje sahariano– pone en acto una experiencia de la finitud y el límite. A lo largo del escrito, se sostiene que la travesía de los protagonistas, marcada por la contingencia traumática de la pérdida, escenifica el pasaje desde el desamparo inicial (Hilflosigkeit) hasta la asunción de una posición ética. Confrontado con la caída de las referencias que organizaban su mundo y con una experiencia que desborda toda posibilidad de sentido, el sujeto no encuentra una salida reparadora. Lo que se vislumbra es, más bien, la posibilidad de una posición frente a aquello irreductible de la existencia, una manera singular de seguir adelante sin desconocer la pérdida y de encontrar un modo de sostenerse frente a lo inasimilable. De este modo, la obra de Laxe interroga la responsabilidad subjetiva en una época marcada por el anestesiamiento cultural ante la muerte, restituyendo el valor de lo transitorio y planteando la tarea ética de saber hacer con lo insondable de la existencia.
Palabras clave: transitoriedad | desamparo | finitud | ética
There are no shortcuts. A reading of “Sirât. Trance in the desert” from the ethics of psychoanalysis.
Transience, helplessness, and the position of the subject in the work of Oliver Laxe
The present paper proposes an analytical reading of the film Sirât (Oliver Laxe, 2025) based on Sigmund Freud’s elaborations on transience and helplessness, and Jacques Lacan’s formulations on the ethics of psychoanalysis and the Real. Far from reducing the film to a mere illustration of clinics categories, it investigates how its singular aesthetic proposal–characterized by sonic density and the stripping bare of the Saharan landscape–enacts an experience of finitude and the limit. Throughout the paper, it is argued that the protagonists’ journey, marked by the traumatic contingency of loss, stages the transition from initial helplessness (Hilflosigkeit) to the assumption of an ethical position. Confronted with the collapse of the reference points that organized their world and with an experience that overflows any possibility of meaning, the subject does not find a reparative way out. What emerges instead is the possibility of a position towards the irreducible nature of existence, a singular way of moving forward without disavowing the loss, and of finding a way to sustain oneself against the unassimilable. In this way, Laxe’s work interrogates subjective responsibility in an era marked by the cultural numbing towards death, restoring the value of the transient and posing the ethical task of knowing what to do with that which is irreducible in existence.
Keywords: Transience | Helplessness | Finitude | Ethics
Introducción
Sirât. Trance en el desierto (Oliver Laxe, 2025) propone una experiencia cinematográfica singular. En lugar de organizarse en torno a una narración destinada a ser comprendida exclusivamente desde el orden de la significación, la película parece orientarse hacia una experiencia que involucra el sonido, la percepción y la sensibilidad del espectador. En este sentido, la obra de Oliver Laxe desborda las fronteras del relato –apartándose de la primacía de lo simbólico– para aproximarse a la dimensión del rito y de la travesía.
La historia comienza con la búsqueda emprendida por Luis y su hijo Esteban en el sur de Marruecos. Ambos recorren las fiestas rave instaladas en medio del desierto con la esperanza de encontrar a Mar, hija y hermana desaparecida desde hace varios meses. Veremos que aquello que inicialmente se presenta como una búsqueda concreta se va transformando en una travesía marcada por la contingencia, la pérdida y el encuentro con aquello que excede toda pretensión de dominio.
En diversas entrevistas concedidas con motivo del estreno, Oliver Laxe (2025) ha señalado que el arte no exige una comprensión intelectual, sino que está diseñado para ser sentido directamente a través del cuerpo, dice que llega un momento en que la película se ve con la piel y que la experiencia cinematográfica puede recuperar algo de la función de los antiguos ritos de paso. Por fuera de toda forma de escapismo, el director insiste en que no existen atajos y en que es la propia vida la que finalmente obliga a mirar hacia adentro.
El presente trabajo propone una lectura de Sirât en diálogo con algunas elaboraciones de Freud acerca de la transitoriedad, la guerra y el desamparo, así como con ciertas formulaciones de Lacan sobre la ética del psicoanálisis y la relación del sujeto con lo real. Más que considerar la película como una ilustración de conceptos psicoanalíticos, se trata de interrogar de qué modo la experiencia propuesta por Oliver Laxe permite pensar una posición frente a la contingencia y la finitud.
I: Trance transito y transitoriedad
La palabra Sirât remite en la tradición islámica al puente –más delgado que un cabello y afilado como una espada– que une el infierno y el paraíso. También designa un sendero, un camino, una travesía. Esta referencia, evocada por Oliver Laxe a propósito del título de la película, se vuelve significativa en una obra construida enteramente alrededor del desplazamiento. Los personajes avanzan por carreteras sinuosas, montañas y desiertos en busca de una última fiesta, pero también de algo más difícil de nombrar: una experiencia capaz de sustraerlos, aunque sea momentáneamente, a las coordenadas habituales de la vida contemporánea.
La cultura rave aparece asociada no sólo a la música y al baile, sino también al viaje, al nomadismo y a la conformación de comunidades efímeras. En diversas entrevistas, Oliver Laxe ha señalado que los personajes de Sirât buscan otros modos de existencia y otras formas de comunidad. El director no romantiza la marginalidad, nos muestra seres desplazados, marcados por diversas formas de pérdida y exclusión, pero también por una búsqueda cuyo sentido permanece abierto y que no encuentra un punto de llegada definitivo. Sabemos que al carecer de un objeto empírico que pueda colmar el vacío estructural de la existencia, el psiquismo humano ensaya rodeos, rituales y lazos colectivos para bordear ese núcleo real y mantener una distancia de seguridad frente a su dimensión más sufriente y devoradora.
La repetición hipnótica de la música, la errancia compartida y las formas efímeras de reunión producen una experiencia que oscila entre la celebración y el rito. Sin embargo, el trance no constituye un punto de llegada sino un momento dentro de un recorrido más amplio. Más que una suspensión del tiempo, la película parece insistir en el carácter transitorio de toda experiencia humana. Allí donde el consumo masivo intenta taponar el vacío con objetos del mercado, la comunidad nómada prefiere circunscribir el vacío del desierto a través de la música electrónica pesada y el loop sonoro.
Los términos trance y tránsito comparten una misma raíz etimológica, trans «más allá» o «a través de», derivada del latín transire (pasar, ir al otro lado). Ambas nociones remiten a un pasaje, a una transformación y a un movimiento que no puede fijarse definitivamente. Las fiestas son efímeras, las comunidades se disuelven, los caminos se bifurcan y los encuentros se producen bajo el signo de la contingencia. Todo en Sirât parece recordar la precariedad y la fugacidad que acompañan la existencia.
Estas cuestiones encuentran una particular resonancia en el texto de Freud “La transitoriedad”. Allí, frente a la queja de quienes consideran que el carácter perecedero de las cosas disminuye su valor, Freud sostiene exactamente lo contrario. La fragilidad de la belleza y la certeza de la pérdida no anulan la intensidad de la experiencia; por el contrario, es precisamente la limitación temporal la que vuelve más valioso aquello que se ama. Como señaló Freud (1915/1990): "El valor de la transitoriedad es el de la escasez en el tiempo” (p 309). Esta frase condensa la condición temporal del transcurrir y el movimiento de pasar a través del tiempo.
Por fuera de toda nostalgia por una permanencia imposible, la reflexión freudiana permite pensar la finitud no solo bajo el signo de la privación, sino también como aquello que otorga una dignidad particular a los encuentros, a las obras humanas y a las formas siempre precarias del lazo.
La travesía que propone Sirât parece inscribirse en esta perspectiva. Nada garantiza la permanencia de los vínculos ni la estabilidad de los mundos que los personajes habitan. Todo aparece sometido a la contingencia y a la pérdida. Aun así la película no hace de esta condición un motivo de desesperanza, sino nos recuerda que es justamente bajo el signo de lo transitorio que la existencia adquiere su espesor y que las formas de comunidad, por efímeras que sean, encuentran su valor.
En una de las entrevistas concedidas con motivo del estreno, Oliver Laxe resume esta condición con una imagen tan sencilla como contundente: "muchas curvas, como la vida misma. Abismo a ambos lados del camino, como la vida misma" (El Corresponsal 2025,15:12). Más que una visión pesimista de la existencia, la frase parece señalar el carácter incierto y contingente de todo recorrido humano. Quizás sea precisamente en ese horizonte de finitud donde Sirât encuentra una de sus preguntas más insistentes.
II. El desierto y la experiencia del límite
Las fiestas que estructuran la travesía de Sirât. Trance en el desierto se desarrollan en el Sáhara Occidental y en las montañas del sur de Marruecos. El paisaje no es un simple escenario. Desde las primeras imágenes, el desierto se impone como una experiencia de inmensidad y despojamiento, un espacio donde las referencias habituales se vuelven precarias y donde los personajes se encuentran progresivamente expuestos a aquello que escapa a su dominio.
El desierto es uno de los grandes protagonistas de la película. Oliver Laxe (2025) ha señalado en distintas entrevistas que el desierto te da quitando y que son precisamente las pruebas y las crisis las que obligan al ser humano a mirar hacia adentro. Afirma que no se trata de una decisión subjetiva, sino de una condición impuesta por la experiencia misma.
Esta perspectiva impregna toda la película. Los personajes buscan una última fiesta, un espacio de comunidad y de celebración, pero la travesía se encuentra constantemente condicionada por lo inesperado. El accidente, la guerra y la pérdida irrumpen una y otra vez, desbaratando la ilusión de que sería posible sustraerse a aquello que excede cualquier intento de control.
En una de sus entrevistas, el director menciona una frase ligada a la cultura rave: “Hundimos nuestras cabezas en los altavoces para no escuchar cómo se derrumba el mundo”. La formulación condensa una tensión central del film: la música y el trance aparecen como formas de intensificación de la experiencia, pero también como intentos de suspensión frente a una realidad atravesada por la violencia y la devastación. La película nos muestra, por otro lado, que ninguna forma de intensidad permite abolir la contingencia ni sustraer al sujeto de la pérdida.
En este sentido, Sirât se distancia de toda idealización del nomadismo o de la cultura rave. La travesía expone a los personajes a una serie de pruebas que no conducen a una superación, sino a una confrontación cada vez más radical con el límite.
En Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte (1915), Freud señala cómo la cultura tiende a mantener la muerte en los márgenes de lo pensable, como si pudiera ser excluida del campo de la vida cotidiana. La guerra introduce una ruptura en esa operación de velamiento, confrontando al sujeto con aquello que no puede ser simbolizado ni domesticado completamente. Del mismo modo Lacan (1960/1988) sostiene que la cultura es un intento de proteger al sujeto del horror del vacío mediante el servicio de los bienes; la irrupción del conflicto fronterizo en la película destruye esa ilusión y demuestra que el desierto es el lugar donde fracasan las garantías de la civilización.
La guerra permanece durante gran parte del film en los bordes del relato, casi fuera de campo, pero finalmente irrumpe y reorganiza retrospectivamente el sentido de la travesía. La ilusión de una experiencia intensiva capaz de sustraerse al mundo se desarma frente a la irrupción de una realidad que no puede ser evitada ni integrada.
El desierto, en este sentido, no funciona como metáfora de evasión ni como espacio de retiro espiritual, sino como lugar donde se ponen en juego los límites de toda experiencia. Es allí donde la travesía se vuelve exposición a lo incierto, a la pérdida y a la contingencia, sin garantía de resolución.
III. Travesía, experiencia y bordes de lo real
Es en este desplazamiento donde la experiencia sensible deja de organizarse como intensificación continua para acercarse a una lógica de exposición.
Lo que se pone en juego no es únicamente una estética del trance o una poética de la inmersión, sino la evidencia de que toda forma de experiencia se sostiene en un borde: allí donde algo puede irrumpir sin ser anticipado ni dominado. En ese borde, las intensidades no eliminan la pérdida, los trances no la suspenden y los lazos no la cancelan.
La puesta en escena de la película; la música inmersiva, los sistemas de sonido montados sobre camiones, la escala del paisaje y la inmensidad del desierto no funciona únicamente como contexto o ambientación, sino como una tecnología de la experiencia. Todo en la imagen parece orientarse a producir una forma de inmersión que arrastra progresivamente al espectador hacia un punto de desestabilización de las coordenadas habituales de percepción: no se trata solo de ver o escuchar, sino de ser conducido hacia aquello que excede la representación y roza lo impensable; allí donde el sentido se desarma y la significación colapsa
Cuando el coche cae al vacío, el corte abrupto del sentido no se ofrece a la mirada, sino que se inscribe como un vacío de representación. El grito de Luis en medio del desierto, y el deambular por las dunas, quebrado por la inmensidad de un espacio que no devuelve respuestas, muestran un sujeto que ha sido arrojado fuera de la realidad simbólica introduciendo una ruptura en la continuidad de la experiencia.
Allí donde el trance había organizado una forma de inmersión sensible, irrumpe una dimensión del desamparo que Freud conceptualiza como Hilflosigkeit. El desierto deja de ser paisaje para convertirse en la puesta en escena de lo Real: un territorio que no responde a la significación ni a la expectativa, donde la ilusión de sentido se desarma ante la contingencia. Un campo minado donde dar un paso en falso es toparse con la finitud biológica.
En ese punto, la travesía ya no puede pensarse en términos de trance, sino como confrontación con un límite estructural. También el sonido con el cese de los sintetizadores y el inicio del silencio denso transporta perceptivamente al espectador a ese límite impensable. La película no propone una salida, sino que inscribe esa imposibilidad como condición.
El desplazamiento final no introduce resolución, sino continuidad en la pérdida: una vida que sigue sin garantías, donde el sujeto debe sostenerse en aquello que no promete reparación. Es allí donde se perfila la cuestión ética: no como elección entre alternativas, sino como posibilidad de sostener una posición allí donde ninguna ficción garantiza cierre.
IV. No hay atajos. herida y posición ética
No hay atajos adquiere en Sirât el valor de una indicación estructural sobre la experiencia humana. Ninguna de las configuraciones de intensidad, o lazo mostradas en la película permite sustraerse a la contingencia ni a aquello que irrumpe más allá del dominio. La pérdida del hijo desgarra deja al protagonista por fuera de toda protección cultural.
Al caer las garantías Luis deja de ser un ciudadano común protegido por la realidad cotidiana y pasa a encarnar la figura del héroe de la tragedia, aquel sujeto que ha sido despojado de todo amparo y que queda expuesto, a la intemperie, en el límite mismo de lo real.
En este punto, la ética del psicoanálisis no se organiza a partir de un ideal de bien, sino desde la relación del sujeto con aquello que ninguna garantía puede cancelar. Entonces no hay Bien Supremo que ordene la experiencia: la falta y la contingencia son estructurales.
El Sirât, como puente sobre el abismo, permite pensar esta condición: no hay suelo garantizado. Mientras los otros supervivientes se desesperan, Josh dominado por la desesperación y en un intento desesperado dominar la contingencia a través de la técnica, avanza impulsado por el pánico y termina pisando en falso, Tonin y Stef que avanzando abrazados se entregan despojados ya de cualquier pretensión de control al terreno. Luis adopta la rectitud del héroe trágico, avanza buscando de forma milimétrica las piedras firmes. No imita a nadie ni intenta usar prótesis técnicas; se sostiene en su propio paso. Calcula y mira el suelo porque quiere pasar, sosteniendo una rectitud inquebrantable que se niega a ceder en su deseo a pesar de habitar el abismo. Su caminata demuestra que no hay atajos: la posición ética no es solidaria ni se puede delegar, es una decisión absolutamente desolada y singular.
Desde esta perspectiva, la ética no consiste en eliminar la falta, sino en sostener una posición frente a ella sin desconocer su irreductibilidad.
No hay atajos, nombra la imposibilidad estructural de sustraerse a lo real
V. Desamparo, finitud y posición del sujeto
El viaje trágico de Luis demuestra que no existen atajos frente al destino ineludible ni ante la pérdida absoluta. Lo que Sirât pone en escena, en sus distintos registros de cuerpo, sonido y experiencia es precisamente la imposibilidad de una excepción.
El director comenta que el film muestra una humanidad no unida por sus certezas sino por sus mutilaciones afirmando que todos estamos rotos. Esto no remite a una experiencia excepcional ni a una fragilidad accidental, sino a una condición estructural del sujeto. No hay integridad originaria a la cual retornar, ni completud previa que haya sido perdida. La herida no es un acontecimiento contingente, sino una forma de inscripción de la existencia misma, verdad que recorre la historia misma del psicoanálisis: no existe una forma de vida exenta de pérdida.
Es en este punto donde la noción freudiana de Hilflosigkeit adquiere su relevancia. El desamparo no designa una etapa superable del desarrollo, sino una dependencia constitutiva que acompaña al sujeto desde el inicio. No hay autonomía absoluta, sino una relación estructural con la alteridad, con el otro y con los modos de sostén simbólico e imaginario. Lacan (1960/1988) retoma esta dimensión para desplazar cualquier ilusión de fundamento último, la ética del psicoanálisis no se organiza en torno a un ideal de bien, sino a partir de la ausencia de un Bien Supremo capaz de garantizar la armonía entre el sujeto y el mundo.
Sirât, nos vuelve testigos mudos de una experiencia contemporánea de la finitud poniendo en acto al desamparo en el nivel de la experiencia sensible. La errancia, la pérdida, el accidente y la irrupción de la guerra no funcionan como episodios narrativos, sino como modos de exposición a una falta que no se resuelve y también a la sonoridad de la pura intemperie, como si fuese un correlato acústico de la Hilflosigkeit.
Una vez que logran atravesar el campo minado, los tres sobrevivientes; Luis, Josh y Stef, son evacuados y forzados a subir a los vagones abiertos de carga de un tren. Están completamente despojados de todo, tuvieron que abandonar sus vehículos, sus equipos de sonido, sus documentos, sus pertenencias y comparten ese vagón con una multitud migrantes y nativos marroquíes. Bajo el peso de ese eco irreversible, la pantalla nos confronta con la imagen fija de un viaje pasivo sobre las vías, hay también un cambio de sonido; el crujido metálico y rítmico del tren avanzando y el viento desértico contra las chapas de hierro y los cuerpos.
En la escena final, la película se abstiene de ofrecer una reconciliación o una salida reparadora. La noticia de un conflicto global que se escucha por la radio del tren nos recuerda que abandonar el desierto no significa regresar a un mundo ordenado o finalmente pacificado. El mundo exterior también está roto. La contingencia y la vulnerabilidad no han quedado atrás. No se trata de la superación de la herida ni de la restitución de un sentido perdido, sino de la persistencia de una vida que continúa aun cuando ninguna promesa de reparación definitiva resulte posible. El sonido final no sutura la herida, sino que le otorga una dignidad absoluta a los sobrevivientes que avanzan en el abismo.
Conclusiones
La lectura propuesta ha intentado poner en diálogo Sirât. Trance en el desierto, con algunas elaboraciones de Freud sobre la transitoriedad, la guerra y el desamparo, así como con ciertas formulaciones de Lacan acerca de la ética y de la relación del sujeto con aquello que ninguna promesa de felicidad consigue cancelar completamente. La película de Oliver Laxe no fue abordada para ilustrar conceptos, sino como una experiencia capaz de interrogar y hacer resonar estas perspectivas desde el campo del cine.
La travesía que la película despliega excede la historia de una búsqueda. A través del progresivo despojamiento y de la irrupción de la contingencia, Sirât confronta al espectador con la estructura misma del Acontecimiento: esa dimensión del tiempo real que irrumpe para quebrar la linealidad cronológica del reloj, fundando un antes y un después irreversible en la experiencia del sujeto. No se trata aquí de la superación de la herida, sino de la asimilación de un impacto que escapa a las pretensiones de dominio y a las promesas de una reparación definitiva.
En este sentido, la película se sitúa a distancia tanto de las narrativas de autosuperación como de las posiciones nihilistas, dejando entrever la posibilidad de una continuidad sin garantías, sostenida únicamente por formas siempre precarias de lazo y de existencia. Su potencia ética no reside en ofrecer respuestas, sino que sostiene una interrogación sobre cómo habitar la finitud. La tarea no consiste en eliminar ese abismo, sino en saber hacer con eso.
En una época caracterizada por la negación de la muerte y por la búsqueda permanente de formas de anestesiamiento, la película de Oliver Laxe recupera una experiencia de la finitud y abre un espacio de interrogación renovado sobre la máxima clínica de "no ceder en el deseo", cuestión decisiva para el psicoanálisis.
Si el Sirât designa un puente sobre el abismo, la película desplaza esa figura hacia la condición humana: no hay recorrido sin borde ni experiencia sin contingencia. Lo que insiste, más allá de cualquier organización, es aquello que no cesa de no inscribirse. Ante el desierto, la guerra y la finitud, cobra vigencia aquella máxima del maestro Sigmund Freud (1915/1990) que sacudió las ilusiones de su época: “si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”.
Referencias:
El Corresponsal. (2025, 23 de mayo). Anatomía de una escena: SIRÂT de Oliver Laxe [Vídeo]. Dailymotion. dailymotion.com
Freud, S. (1990). De guerra y muerte. Temas de actualidad. En J. L. Etcheverry (Trad.), Sigmund Freud. Obras completas: Trabajos sobre metapsicología y otras obras (1914- 1916) (Vol. 14, pp. 275-303). Amorrortu editores. (Trabajo original publicado en 1915).
Freud, S. (1990). La transitoriedad. En J. L. Etcheverry (Trad.), Sigmund Freud. Obras completas: Trabajos sobre metapsicología y otras obras (1914-1916) (Vol. 14, pp. 305- 311). Amorrortu editores. (Trabajo original publicado en 1915).
Lacan, J. (1988). El Seminario de Jacques Lacan, Libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Paidós. (Trabajo original dictado en 1960).
Laxe, O. (Director). (2025). Sirât [Película]. El Viaje Films; BTeam Prods; Pyramide Productions.
Laxe, O. (2025, 1 de octubre). Oliver Laxe | ¿De dónde somos? ¿Hacia dónde vamos? Conversación con Íñigo Sáenz de Miera [Episodio de Podcast de vídeo]. En Las preguntas de la Fundación Botín. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=P9n4bzvtfo8
Laxe, O. (2025, 9 de junio). Oliver Laxe - ¿Por Qué DEBES Ir al Cine? [Episodio de Podcast]. En A. Fidalgo (Anfitrión), LO QUE TÚ DIGAS con Alex Fidalgo. Spotify. https://open.spotify.com/episode/7tuBMstfP8sb6yYwXjX2Ac
Laxe, O. (2026, 26 de enero). De Sirât y otros viajes sin retorno ft Oliver Laxe [Episodio de Podcast]. En Blancos Perfectos Podcast. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=POXk50KoYds
Laxe, O. (2026, enero). Entrevista en La Cafetera de Radiocable [Episodio de Podcast]. Radiocable.com.
Laxe, O., & Fillol, S. (2025, 4 de junio). Oliver Laxe, una rave en el fin del mundo (CARNE CRUDA) [Episodio de Podcast]. En Carne Cruda. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=DjFqRB5kV3c
NOTAS
FORUM
Película:Sirât: Trance en el desierto
Título Original:Sirât
Director: Oliver Laxe
Año: 2025
País: España
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