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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Asignatura: Psicología, Ética y Derechos Humanos.

Cátedra – I
Prof. Regular Adjunto: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Ayudante T.P.: Lic. Alfano Adriana

Comisión N° 7

SEGUNDO PARCIAL

19 DE NOVIEMBRE DE 2009

Alumnas:

Beretta, Silvia Elisabeth LU 12.969.416-0

Zorzoli, Liliana Silvia LU 10.961.408-0

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2005 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente el efecto particularista.

PRESENTACION DEL CASO

El siguiente relato fue extraído de un artículo del diario Clarín del día 28 de Septiembre de 2008.
“Kari…decíme que no lo maté.” Esta es la frase con la cual Graciela Aguirre relata lo sucedido.
Graciela Aguirre tiene 38 años, es una mujer de menos de 1.60 de altura y convivía con su marido Ricardo Avila de 42 años, de 1,90 de alto y más de 100 kg. de peso, con quien tiene un hijo varón de 3 años. También tiene dos hijas mujeres de una pareja anterior, una de las cuales se llama Karina, de 15 años.
Graciela conoció a Avila en la casa de una amiga y al mes se fue a vivir con él. "Era dulce, cariñoso, atento. Es que el problema lo tenía cuando tomaba. Le gustaba mucho la bebida. Ahí se me volvía un desconocido", trata de justificar.
Durante algunas borracheras de su esposo, Graciela y sus hijos optaban por irse de la casa y esperar a que Avila se durmiera. La situación no le era ajena a sus propios vecinos, que testimoniaron "escuchar gritos, insultos y golpes en las paredes en forma cotidiana".
El 4 de junio de 2007, Karina y unos amigos más habían festejado el cumpleaños de otra amiguita hasta las siete de la tarde. El hombre aprovechó a encerrarse en la habitación y se tomó una botella de vodka que había ido a comprar a escondidas. Graciela llamó a su familia a comer los fideos con tuco que habían quedado del almuerzo. "Metete la comida en el…..” Y vino la seguidilla de insultos —"irrepetibles", advierte— y golpes con los puños cerrados, en la cara. Karina quiso interponerse y Avila le rompió un vaso en la cabeza. A Graciela la tomó del cuello. "Sentía que me ahorcaba. Los chicos gritaban y él agarró el cuchillo y se me vino encima. Lo empujé como pude, forcejeamos y le di sin querer en el cuello. Le decía a la nena que no era verdad, que no había muerto.”
"Yo no soy una asesina. El me atacó con un cuchillo, le pegó a los chicos y yo me puse en el camino, forcejeamos y el cuchillo le dio en el cuello. Salí a defender a mis hijos. Qué hubiera hecho otro en mi lugar"
Graciela fue quien mató a la pareja con la que convivió seis años y nunca lo negó. Sin embargo, aduce que: “fue la fatalidad, por una pelea que había comenzado él, borracho”, y a la que ella puso fin.

ANÁLISIS

Hemos elegido este artículo periodístico a fin de situar las coordenadas que el Prof. J. Fariña denominó “Circuito de Responsabilidad” tratando de localizar los tres tiempos lógicos en la persona de Graciela Aguirre. Incluiremos en nuestro análisis los conceptos de necesidad, azar y culpa, y propondremos una hipótesis clínica.
Tenemos que hacer una distinción entre responsabilidad subjetiva y responsabilidad jurídica, dos modos de aproximación del sujeto a la responsabilidad. En el caso de la responsabilidad jurídica estaremos hablando del sujeto autónomo, del sujeto de la ley, del sujeto que se configura en el campo normativo. En este trabajo nos dedicaremos a desarrollar la primera, es decir la responsabilidad subjetiva, definiéndola como “aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconsciente; sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención.”
El tiempo 1, dentro del circuito de la responsabilidad, es el tiempo en el que el sujeto, en nuestro caso Graciela, emprende una acción con fines determinados, es decir que su acción se agota en los fines por los cuales fue concebida.
Situaremos aquí el momento del homicidio accidental, acción llevada a cabo por Graciela más allá de su voluntad e intención, siendo ésta una acción no deliberada del sujeto.
Es cuando Graciela, quien mató a su pareja, dice “forcejeamos y el cuchillo le dio en el cuello”.
En un segundo tiempo el sujeto se interpela, ya sea interior o exteriormente, poniendo en marcha el circuito. A partir de esta interpelación se constituye y se resignifica el tiempo uno. Es por esto que no hablamos de tiempos cronológicos sino de tiempos lógicos.
Ante la realidad que se le impone el sujeto recibe indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. En nuestro caso es cuando Graciela viendo a su marido tirado en la cama desangrándose le dice a su hija: “Decime que no lo maté”. Frente a la interpelación hay diferentes respuestas, Graciela elige la culpa, reprime su deseo y se desentiende de él. La culpa aparece sancionada por la mirada de sus hijos, testigos de la escena, la culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se debe responder. Es decir un llamado al sujeto a responder por lo que hizo. La culpa se constituye así en el reverso de la responsabilidad.
Aquí aparece la culpa moral, que como expresa D’Amore “está en las antípodas de la culpabilidad del deseo”, en la que Graciela se convierte en el sujeto de la moral, de lo particular.
La distancia entre un tiempo 1 y un tiempo 2 autoriza la puesta de una hipótesis clínica que nosotros ubicamos en: la vuelta de Graciela al hogar y el deseo de matar a su marido: “ decime que no lo maté” por “decime que lo maté”, y sostenemos nuestra hipótesis a partir del texto de Freud “La Negación” cuando afirma “la función intelectual del juicio consiste en afirmar o negar contenidos de pensamiento; negar algo en el juicio, quiere decir, en el fondo: Eso es algo que yo preferiría reprimir. El juicio adverso es el sustituto intelectual de la represión, su “no” es una marca de ella, su certificado de origen; digamos como el “made in Germany”. Por medio del símbolo de la negación, el pensar se libera de las restricciones de la represión y se enriquece con contenidos indispensables para su operación” aquí se manifiesta lo propio del sujeto, su singularidad. Este mecanismo de defensa hace que Graciela niegue que su marido le volverá a pegar y por eso vuelve.
En otro pasaje del mismo texto, Freud nos dice “La negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido; en verdad es ya una cancelación de la represión, aunque no, claro está, una aceptación de lo reprimido. Se ve como la función intelectual se separa aquí del proceso afectivo” .
Es por este deseo inconsciente que Graciela resulta ser interpelada en el Tiempo 2, por un deseo desconocido que la sorprende, pero que paradójicamente le pertenece, porque el sujeto que está aquí en juego no es el sujeto de la conciencia sino el sujeto del inconsciente.
Ciertos indicios nos permiten inferir la existencia de éste deseo, como ejemplo, las denuncias realizadas a la policía por los maltratos y abusos recibidos, que nunca tuvieron respuesta… A partir de este momento se abre la posibilidad de un Tiempo 3, en el que Graciela debe dar una respuesta frente a aquel deseo que la habita, debe responder porque “es responsable, quizás no culpable, pero si responsable de haber deseado” . Hablamos aquí de responsabilidad subjetiva, no jurídica ni moral, que atañe al sujeto con relación a aquello que desconoce de sí mismo.
No se observa una respuesta por parte de Graciela acerca de su responsabilidad y cuestiones subjetivas relacionadas con ella y su decisión. Nada se observa acerca de que se “abra otro tiempo” , como dice Ariel, porque es como que lo que hay es lo que había antes y no hay ningún cambio de posición de Graciela, ya que ella permanece durmiendo “en los signos de un guión ajeno” sin abrir esa puerta que la lleve “más allá del horizonte hacia un tiempo otro.” , hacia un reconocimiento de su deseo y una toma de decisión respecto de él.
En su texto, Juan Carlos Mosca sugiere que “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir que cuando rigen por completo necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.”
En el caso que nos convoca inferimos que el homicidio accidental producido por Graciela fue una combinación de Necesidad y Azar.
Necesidad o “destino”, como nombre cotidiano al que se le da hoy, también se puede designar de otras formas como diría Homero “compulsión”, Rigidez”, Exactitud”, “inflexibilidad”, “fatalidad”; “fue la fatalidad, por una pelea que había comenzado él, borracho” diría Graciela en su declaración. Pensamos que en una relación de pareja, donde las manifestaciones de afecto son las agresiones constantes, físicas y verbales existe la probabilidad que alguno de los dos salga lastimado, en este caso, muerto.
Azar o “suerte”, “coincidencia”, “casualidad”, “accidente” como otros de los nombres para designarlo son importantes a tener en cuenta en esta situación.
“Lo empujé como pude, forcejeamos y le di sin querer en el cuello” diría Graciela. Avila era un hombre muy alto y muy pesado, si el alcohol no hubiera producido la fragilidad e inestabilidad en él, es decir si no se hubiera dado esta condición es probable que el resultado hubiese sido otro.
Elementos del Azar y la Necesidad se combinaron para establecer el campo de pertinencia de la responsabilidad del sujeto.
Respecto del efecto particularista creímos interesante hacer mención de lo que dicen Gutierrez y Lewkowicz “el diagnóstico empuja al sujeto a la creencia de que hay otros que sufren de lo mismo que él…” “…le permite al sujeto un refugio en donde puede desentenderse de su posición de sujeto deseante” Graciela en su declaración dice: “Salí a defender a mis hijos… ¿qué hubiera hecho otro en mi lugar?” Ella se pone dentro de una categoría, todos en su lugar hubieran realizado la misma acción. De esta manera se desresponsabiliza respecto de su deseo.
Para concluir, Jinkis dice en su articulo, “Si el hombre dividido por el lenguaje habla sin saber lo que dice, aquel deseo lo vuelve responsable de lo que dice, mientras las formas de traicionarlo, que parecen converger en ese no-saber, envuelven al sujeto en las brumas flotantes de una culpabilidad morosa.

“La culpa es por haber traicionado el deseo”
Jaques Lacan

BIBLIOGRAFIA

- Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Publicado
en la página web de la cátedra.

- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética.
Clínica y Deontología. Volumen I. Fundamentos. Letra Viva 2006.

- Freud, S. “La negación” 1925. El yo y el Ello O.C. Amorrortu. 1923-1925

- Jinkis, J. “Vergüenza y responsabilidad” conjetural, Nº 13 1987.

- Lewkowicz, I. y Gutiérrez, C.: “Memoria, víctima y sujeto”, en Índice, pu-
Blicación de la DAIA, 2005.

- Mosca, J.C Responsabilidad, otro nombre del Sujeto. En ética: un hori-
zonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires. 1998.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmi-
ción de la ética. Clínica y Deontología. Volumen I Fundamentos. Letra
Viva. 2006



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