por 

PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

TITULAR: FARIÑA, JORGE J. MICHEL

CÁTEDRA I

2º PARCIAL

AYUDANTE: DOMINGUEZ, MARÍA ELENA

ALUMNA: GAUNA VIEITES, PATRICIA SUSANA
DNI / LU: 16.871.307/0 gauna_vieites@hotmail.com

COMISIÓN: 10

2º CUATRIMESTRE

AÑO 2009

Pelicula: “Atando cabos” - Titulo original: “The shipping news”

Dirección: Lasse Hallström. - País: USA. - Año: 2001.
Interpretes: Kevin Spacey (Quoyle), Julianne Moore (Wavey), Judi Dench (Agnis ), Cate Blanchett (Petal ).
Guión: Robert Nelson Jacobs; basado en la novela de E. Annie Proulx.

 SINOPSIS

El film comienza con los denodados esfuerzos de Quoyle, a los 6 años, por mantenerse a flote, sus brazadas desesperadas, sus pedidos de auxilio, que nadie atiende, mientras su padre le grita desde el borde del embarcadero: “vamos muchacho!!, agita los brazos, mueve las piernas, no te esfuerzas lo suficiente….nadie va a hacerlo por ti.”, hasta que finalmente el pequeño Quoyle vencido se hunde, con la mirada vacía, como adormecido, y es así como pasará gran parte de su vida, pretendiendo ser invisible, hasta que finalmente alguien se fija en él, una mujer, Petal, no era la mejor mujer, pero tal vez era la ideal para ese Quoyle, una mujer a imagen y semejanza de ese padre, egoísta y sin ley, a quien ni el amor de Quoyle ni el de su propia hija, lograron retener.
Así es como el mundo impávido y desabrido de Quoyle, aquel pobre fracasado, neurótico adormecido en su fantasma, alienado a los significantes del Otro, se ve conmovido por la muerte, primero de sus padres, en un aparente pacto suicida, y cuando todavía no termina de acomodar las urnas con las cenizas en un estante; la muerte de Petal en un trágico accidente. Estos trágicos acontecimientos lo dejan absorto en el dolor y el sin sentido. Era la presencia misma de la muerte, la que ponía a Quoyle frente a un vacío enorme, ante el que nadie podía darle una respuesta.
Sus propios interrogantes le vuelen en boca de su hija, quien inocentemente pregunta:
-  ¿Petal está durmiendo?.
-  Si, durmiendo en paz. Durmiendo con los ángeles.
-  Pero si yo estuviese durmiendo podría despertarme.
Así como la pobre argumentación no le bastaba a la pequeña Bany, tampoco a Quoyle, quien se queda sin respuesta y se quiebra irremediablemente.
Vencido por el dolor y sin saber que hacer, acepta la propuesta de su tía Agnis, y se embarca rumbo a la isla de Terranova, tierra tan misteriosa como bella e inhóspita, que guarda oscuros secretos y recuerdos dolorosos, pero una inesperada posibilidad de ser para nuestro amigo Quoyle.
En este momento Quoyle no es conciente de la magnitud de los sucesos que se avecinan, no tiene conciencia de las consecuencias que este acto loco e infundado le traerán a su vida, solo pretende huir del dolor de esa vida que ya le es ajena, de la nada que lo rodea y la angustia que lo embarga.
Basta con poner un pie en el barco para que una serie de inesperados indicios empiecen a marcar el camino de un viaje sin retorno; Una mujer extrañamente cautivante, en la cubierta, Wavey, de quien todavía no sabe que se enamorará sin remedio, le llama poderosamente la atención, pero apenas podía distraerlo de sus tristes cavilaciones, ¿Qué haría él, Quoyle, el fracasado, el inútil, el aburrido, el que odiaba el agua, tanto como le temía, en una isla de pescadores?. Sin embargo en aquel lugar apartado del mundo, Quoyle empieza a encontrar las piezas del rompecabezas, que le faltaban para armar su propio destino y encontrar su verdad.
Su pasado se funde con su presente, para dar lugar a un tiempo nuevo. Aquel mágico lugar que llevaba su nombre Cabo Quoyle, le deparará un sin fin de nuevas experiencias. Sus antepasados hacía cientos de años habían llegado allí, arrastrando sueños, penas y hasta una casa sobre el hielo, se habían establecido allí, sufrido allí y habían partido, pero él había vuelto, y estaba dispuesto a quedarse. Convencido de que aquel lejano y helado paraíso, del que jamás había tenido noticias, era su lugar, el lugar que le correspondía, y que él mismo no sabía que buscaba.

 ANÁLISIS

“Solía imaginar que al nacer, me habían entregado a la familia equivocada, y que en algún lugar mi verdadera familia me seguía esperando. En cuanto a mi padre, la incapacidad para aprender a nadar, fue el primero de mis múltiples fracasos, incapacidad para expresarme con claridad, fracaso en andar erguido por la vida, fracaso para hacer nuevos amigos,… en mí, mi padre reconocía una vida llena de fracasos, la suya propia. Cuando me admitieron en la Escuela Superior, mi padre creyó que se trataba de un error burocrático, y cuando al año, la abandoné, no se sorprendió.”

El personaje que analizaremos es el de Quoyle, e intentaremos dar cuenta de cómo transita las encrucijadas de su vida, entre sinsabores y caídas, hasta que algo cambia, y deja de ser una hoja librada a los vientos de la vida, para hacerse cargo de su propio deseo, dando lugar al advenimiento de un sujeto de la responsabilidad.
Quoyle transcurre sus días, uno tras otro, alienado en el discurso de los otros, primero de su padre, un hombre feroz y desconsiderado, cuyos decretos determinan la vida de su hijo, condenándolo a sufrir un fracaso tras otro; luego su mujer, Petal, desenfrenada y sin ley tan desconsiderada como su padre, que lo denigra y humilla sin la más mínima piedad. Nada parece conmover a este hombre, cuyo único refugio es el amor que siente por su pequeña hija Bany
Los días y los años se suceden para Quoyle, hasta que finalmente la muerte lo “pesca” desprevenido, (si se nos permite el término, y ya verán que es absolutamente pertinente), y su mundo se desmorona. La muerte como tal excede su capacidad simbólica, no tiene respuestas ni palabras que puedan dar cuenta de tanta angustia. Ya no estaban allí, esos Otros terribles, para decirle quien era o que hacer, la consistencia de ese Otro que tenía todas las respuestas se desvanece y con ella la vida de Quoyle. ¿Qué hacer?, esta era su pregunta desesperada, “¿Qué voy a hacer ahora?”. Siguiendo en la misma línea del discurso yoico y la dependencia, Quoyle hace lo que le sugiere su tía Agnis, figura clave en el desarrollo posterior de nuestra historia, que es un Otro, que va a cubrir aquella vacante vacía, pero sin esa consistencia terrible que Quoyle le había dado a las figuras paterna y de su difunta esposa.
Ni bien sube a aquel barco, se quiebra el universo particular de las acciones de nuestro personaje, el plano de su existencia yoica se ve atravesado por el deseo y se empieza a vislumbrar la posibilidad de un Tiempo 2, en el que la aparición casi mágica de diferentes indicios, lo interpelan sobre su propia posición de sujeto, aquella misteriosa mujer de la que terminaría enamorándose, esa comunidad que parece saber más de él que él mismo, su tía, mujer, dura e inquebrantable, que guarda tantos oscuros secretos, como aquella vieja casa, plagada de fantasmas y recuerdos. Una fructífera producción onírica lo interpela, aquellos sueños recurrentes en los que se hunde irremediablemente, van dejando paso a otras producciones, como algo extraño que irrumpe y quiebra todo sentido, el yo se desorienta frente a esto que le es ajeno, pero a la vez tan siniestramente familiar. El letárgico transcurrir neurótico de Quoyle se ve conmovido por un exceso que exige ligadura .
La suerte de Quoyle parece estar cambiando en aquella isla, si ser un Quoyle, hasta ahora, solo le causó desdicha y desazón, ahora parecía facilitarle las cosas, como por ejemplo conseguir aquel empleo en el periódico local, cuyo excéntrico director lo re-conoce como un Quoyle, y por eso le da el puesto, más allá de la poca y nada experiencia que acredita para merecerlo.
“tienes que encontrar el núcleo de tu noticia, el corazón que late en ella, solo así serás un buen reportero, comenzarás por idear titulares, cortos y directos, titulares dramáticos”. Estas palabras parecían tener una resonancia particular, impensadamente tenían un sentido más allá de lo explicito, como todo lo que le pasaba a Quoyle últimamente, así lo entiende y siguiendo aquel sabio consejo de su nuevo amigo, Billy Prety, Quoyle empieza a redactar los titulares de su propia vida. Titular: “Padre inepto, humillado en la escuela”, completamente coherente, todavía, con el universo de discurso del Quoyle al que nada le sale bien, pero parece que al decirlo, como en un conjuro, ya algo empieza a cambiar. El segundo titular da cuenta de este cambio: Titular: “El idiota del pueblo, asombra al público”, al parecer “el idiota” no era tal, ya que logra, con un articulo inesperadamente brillante, el beneplácito de su jefe, quien le otorga, una columna semanal, en la portada misma de su periódico, “el idiota” se había transformado en el “periodista estrella”.
A pesar de estos pequeños triunfos, Quoyle se cuestiona si ese lugar es el más adecuado para criar a su hija, quien rodeada de fantasmas del pasado y de dolorosos recuerdos, aún guarda un cuarto vació, esperando que su madre regrese, Quoyle aún no puede responder a esto, y se siente culpable.
Pero ¿De que podríamos culpar a nuestro entrañable amigo? , más que de cobardía moral, de adormecerse en los significantes del Otro, de habérselos creído, en la más estricta perspectiva analítica, de tratar de evitar la senda del deseo, de haber cedido en su deseo .
Sin embargo la culpa en la forma de remordimientos y autorreproches, asoma a cada instante, ante cada posibilidad de ser….¿como podría merecer el amor de una mujer el hijo de un padre violador, el descendiente de bándalos y asesinos, como podría ser un buen padre si era un fracasado y un aburrido, como podría ser un buen reportero, si era un inútil, los autorreproches invadían todo su mundo obturando cualquier posibilidad de ser algo diferente .
Sin embargo es en aquel momento, en que vislumbra que solo un acto de amor puede romper esa maldición que pesa sobre su vida, que puede hacerse responsable, y al mismo tiempo re-ligar aquello, que en el camino al 2º tiempo marca un exceso y lo interpela a cada paso que da. Pero no nos adelantemos, y tratemos de retomar el hilo de la historia.
Cuando todo parecía ir “viento en popa”, si se nos permite la metáfora, algo escapa a los cálculos de Quoyle, por puro Azar, un cuerpo decapitado, arrastrado por una caprichosa corriente se cruza con la lancha de Quoyle, quien al hacer una mala maniobra, hace que su bote naufrague, quedando así expuesto al peor de sus temores, “hundirse irremediablemente”, y morir ahogado. Se produce un 2º encuentro con la muerte, que esta vez lo implica de manera directa, es él, el que casi termina en el fondo del canal, este casual encuentro con su propia posibilidad de muerte es lo que de alguna insólita manera resignifica todos los demás indicios y especialmente aquel loco e impensado acto de viajar a la Isla de Terranova, que aquí queda fundado como un Tiempo 1. Lo que hasta ese momento, apenas había sido una opción casi sin alternativas, ahora abre la posibilidad de que se despliegue la dimensión universal –singular
Aquella escena logra capturar la naturaleza pulsatil del inconciente, cuando Quoyle se hunde y sale repetidas veces; hasta ahora, solo lo habíamos visto hundirse indefinidamente, pero esta vez, luego de varios intentos sale a flote y se aferra desesperadamente a aquel extraño objeto que le posibilita flotar hasta que lo rescatan. Consideramos este momento de encuentro con la muerte, con su propia posibilidad de muerte, como el momento culminante del Tiempo 2, en el que se produce la apertura del inconciente, movimiento que le permite resignificar muchos de los “sin sentidos” que marcaron su vida. Sabe porque ha elegido aquel lugar, sabe que es exactamente donde debe estar, sabe que es un Quoyle, que todos los Quoyle son hombres de mar, que llevan agua salada en las venas, y definitivamente sabe que no quiere volver a hundirse.
Volverá de esa experiencia transformado, ha tocado un punto de no reversibilidad, se ha enfrentado a sus más terribles temores y ha recorrido el camino oscuro de sus orígenes, ha enfrentado a la muerte y ha salido airoso: vivo, vivo como nunca lo había estado y ya nunca volverá a ser el mismo.
Ahora sabe porque había ido a ese lugar, era absolutamente necesario para que pudiera advenir a esta nueva vida, como acto fundacional de ese nuevo sujeto; puede decirle a su hija que su madre ha muerto, puede asumir él mismo esa pérdida, también la muerte de sus padres, asume que ahora está solo, que solo de él depende su destino. Como un hombre recién nacido despierta a un mundo de múltiples posibilidades.
Asumir esta nueva posición le permite encarar a esa mujer que le despierta tanto amor, pero a la que hasta ese momento solo pudo acercarse con temor, estando borracho, o con la excusa de “ser un buen amigo”.
La aparición de las formaciones del inconciente, no se hacen esperar, una noche tormentosa vuelve a tener aquel sueño recurrente, hundiéndose indefinidamente, pero esta vez hay un cambio, logra salir a flote, y con la primera bocanada de aire que llena nuevamente sus pulmones, se despierta, sin pensarlo, con premura, en medio de la tormenta, va hasta la casa de Wavey, sin mediar palabras, la toma en sus brazos y hacen el amor. Esa noche no cesan de pasar cosas extrañas, la vieja casa de los Quoyle, como si ya hubiese cumplido su misión, es arrancada de cuajo por el viento, para desaparecer misteriosamente, la misma tormenta que se lleva la casa, casi cobra la vida del Sr. Valint, el director del periódico, que cae de su barco y por efecto del shock y del agua fría, entra en coma, y lo dan por muerto, pero para alivio de su desconsolada esposa y para el asombro de todos los presentes, despierta en medio de su velatorio, que termina transformándose en una caótica y desconcertante situación.
A partir de todos estos extraños sucesos nuestro protagonista puede hacerse responsable de su propia vida, de sus elecciones, resignifica aquel acto insensato de viajar a Terranova, sin duda ese era el lugar, su lugar, después de todo, él era un Quoyle, pero no era un Quoyle como sus antepasados, logra identificarse con ellos, pero al mismo tiempo separase de ese legado plagado de barbarie, puede re-crearse, re- conocerse, re-encontrarse como un hombre capaz de amar.
Es aquí donde no dudamos en ubicar las coordenadas de un Tiempo 3, que verifica la responsabilidad subjetiva, Quoyle toma posición en relación a lo universal inscribiendo un acto que produce un nuevo sujeto. Quoyle no solo logra hacer una interpretación que re-liga los elementos disonantes, sino que da una respuesta que pone en juego la cualidad del eje Universal-singular y su lógica del No-todo . Esto se ve reflejado en el decir de Quoyle: “hay cosas que no se, pero si el viento puede, con su fuerza, desenclavar una casa y llevársela y un hombre ahogado, puede resucitar, creo que alguien con la moral destrozada puede recuperarse”.
Debemos aclarar que no se trata solo de un saber, sino de algo que precisamente orada y trasciende el campo del saber, haciendo lugar a una producción de verdad , la verdad del sujeto. Y por eso ubicamos también aquí la dimensión del acto ético, en tanto que devela la posición del sujeto frente a la soledad, frente a lo que está dispuesto a afirmar, más allá de la temporalidad en la que el sujeto está condenado a vivir. Más allá del efecto particularista que ejercieron aquellos nefastos decretos paternos, Quoyle logra desplegar el juego de lo Universal-singular, aunque no es sin este particular que lo soporta.

Estamos aquí ante un típico caso de neurosis, en el que le personaje se debate frente a la inhibición que le causa el sometimiento a los significantes del Otro. Otro que se presenta sin barrar, que tiene todas las respuestas y se reserva todo el goce.
Un síntoma hace su aparición, la fobia al agua, “no me llevo bien con el agua”, suele decir, aún cuando se ve obligado a embarcarse para ir en pos de su propio destino. Este síntoma que se presenta como egosintónico lo había mantenido lejos de la senda del deseo, pero su hora había llegado y comienza a marcarle un insoportable malestar, se torna egodistónico. Marcando allí la irrupción de algo del orden de un exceso que exige ser ligado.
Abúlico, infeliz, “aburrido”, “de fracaso en fracaso”, Quoyle vive su desventura evitando, postergando transitar, o deberíamos decir “navegar “, la senda del deseo.
La muerte en tanto Real irrumpe en su vida conmoviéndolo, y la angustia se apodera de nuestro personaje y no sabe que hacer.
Es su tía Agnis, quien logra deconsistir a ese Otro terrible que Quoyle se había forjado con la imago paterna, se presenta como alguien que sostiene, pero que permanentemente deja abierto un interrogante, que a su vez le permite a Quoyle interrogarse por sus orígenes. Aquella mujer que dice poco y nada, pero cuando habla expresa las palabras justas, hace posible que aquellas identificaciones mortíferas que su sobrino había forjado, caigan como un pesado lastre, permitiéndole a Quoyle una visión alternativa. Lo acompaña, lo sostiene, pero desde otro lugar, negándose a ser el amo, a ocupar el lugar del Gran Otro que tiene todas las respuestas.
Podemos marcar en la apertura de un tiempo 3, que indefectiblemente Quoyle logra un “saber-hacer-ahí-con” aquello que antes lo mortificaba y se presentaba como un exceso; y esto se pone de manifiesto en su último titular, que da cuenta de esa deconsistencia del Otro: Titular: “Una gran tormenta se lleva una casa,… dejando una magnífica vista”
La apertura del inconciente propicia una transformación en el sujeto, que aquel aburrido, desventurado e infeliz y fracasado neurótico devenga un hombre capaz de amar y de encontrar la felicidad, o por lo menos de intentarlo, después de todo de eso se trató desde el momento mismo en que se embarcó rumbo a Terranova, de ir en pos del deseo, nos atrevemos a decir que se produce en el personaje una conversión ética radical, que introduce al sujeto en el orden del deseo, podríamos decir que desde el principio se trató de un ¿deseo de deseo?, un saber no sabido, que desde otra escena, pujó por hacer manifiestos sus efectos.

 BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

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