por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

PSICOLOGÍA ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CÁTEDRA I

Prof. Titular: Juan Fariña

ALUMNAS:
Fabiana VALERIO JAITOV LU. 93.907379/0
Romina DIPRIZIO LU. 29097661/0

COMISIÓN DE PRÁCTICO: 13

PROFESOR DE TRABAJOS PRÁCTICOS: Carlos FRAIMAN

CUATRIMESTRE: SEGUNDO

AÑO 2009

Elegimos para trabajar la película “Babel” (2006), dirigida por Alejandro González Iñárritu. La historia trata de una pareja estadounidense que hace un viaje turístico por Marruecos con el objetivo de superar una crisis conyugal. Durante la excursión por el desierto sucede un incidente trágico; un disparo que desencadena y afecta a cuatro familias en distintos países del mundo. Se entrecruzan cuatro historias, nosotras elegimos la de Amelia, de nacionalidad Mexicana quien vive ilegalmente en Estados Unidos desde hace 16 años, y trabaja de niñera de dos niños hijos del matrimonio antes mencionado.

El recorte que decidimos hacer es a partir de que Amelia recibe el último llamado telefónico del padre de los niños, quien la obliga a hacerse cargo de ellos hasta que solucionen su situación. Pero el deseo de la mexicana de estar presente en la boda de su hijo en México, la lleva a busca con quien dejar a los niños. Y luego de acabar todas las posibilidades sin encontrar con quien dejarlos, decide cruzar la frontera ilegalmente con los niños, sin la autorización de sus padres, y en compañía de su sobrino, para poder asistir a la boda de su hijo que se celebraba en esos días. Amelia se divierte en el casamiento, y hasta conoce a un hombre con quien intimida en pleno festejo, y los niños correteando afuera. Al finalizar, los niños están cansados, y como al día siguiente tenían clases, decide que lo mejor es volver, sin importar que su hijo le señalara que su sobrino (quien conduciría el auto) estaba alcoholizado (y armado). Le propone pasar la noche allí pero no acepta. Cuando llegan a la frontera, son inspeccionados e indagados por la policía. Le piden pasaportes de los niños (que no estaban sellados) y por ultimo la carta con el permiso de los padres a Amelia (que no lo tiene). Esto hace sospechar al policía que era un secuestro, sumado a que queda en evidencia el estado de alcoholemia del sobrino de Amelia. La reacción de éste comenzó a tornarse violenta y se dio a la fuga con Amelia y los niños, sin importar el miedo y la angustia que provocaba en ellos esta situación de descontrol. La policía empezó la persecución en la carretera y él, para “protegerlos” los abandona en el medio del desierto, con una linterna. Al amanecer se encuentran totalmente perdidos en el desierto, y bajo el rayo del sol, la niña inconsciente y al pequeño asustado; deshidratados y quemados. En determinado momento ve una patrulla, pero fue un fracaso porque éste no la divisó, por lo tanto decide dejar o abandonar a los niños debajo de la sombra de un árbol y seguir buscando ayuda. Ve nuevamente una patrulla, y logra que la vean dado que estaba vestida de rojo. El policía le hace preguntas, ella pide ayuda para encontrar a los niños y éste la esposa por considerarla sospechosa del secuestro de los mismos. Amelia continuó implorando por ellos, porque si los dejaban ella decía que se iban a morir. Fue sometida a un interrogatorio, donde le informaron que era conveniente que acepte la deportación voluntaria de Estados Unidos, que los padres de los niños no le levantarían cargos. A pesar de preguntar por los niños y su sobrino, se le negó la información, sólo el detective le ofreció una reflexión: “¡Es un milagro que hayamos encontrado a esos niños, no sé cómo pudo dejarlos solos en el desierto! ¿Sabe cuántos niños mueren cada año cruzando esa frontera?”.
Finalmente Amelia se reencuentra con su hijo.

ANÁLISIS
En el texto “Veinte años son nada” de Juan Fariña y Carlos Gutiérrez (1) señalan que: “El término “responsabilidad” se remonta al vocablo latino respondere. De allí proviene también responso, literalmente, respuesta. Entonces responsable es aquel del que se espera una respuesta”.
Desde el sentido común se oye la conocida expresión “hacerse cargo” de una afirmación o de una acción realizada por la persona. Se trata por lo general de que la persona pueda hacerse responsable de un hecho realizado por el, ya que se suponen todos hechos concientes y voluntarios. O sea que se apela siempre al plano de lo manifiesto representándonos así la responsabilidad social o moral dentro de la que nos encontramos inmersos. A esto lo conocemos como “responsabilidad jurídica” (2), en el campo de lo Particular en la dimensión histórica.
A diferencia de la responsabilidad jurídica, la responsabilidad subjetiva supone la interpelación del sujeto y, evidentemente, se trata del deseo inconciente. Como desarrolla Freud en sus investigaciones psicoanalíticas (2), teoriza a cerca de su carácter fundante y responsabiliza al sujeto de aquello que desconoce de sí mismo, aquello de lo que el sujeto considerado autónomo no puede dar cuenta.
Desde lo antedicho se puede plantear la diferencia conceptual que existe entre responsabilidad jurídica y responsabilidad subjetiva, ya que configuran dos modos diferentes de confrontar el campo de la responsabilidad. Desde la responsabilidad jurídica se espera una respuesta desde el campo de la conciencia, del yo, siendo que el sujeto en este caso, responde libremente desde su voluntad de decidir. En cambio la responsabilidad subjetiva tiene que ver con el sujeto del inconciente (3), de deseo inconciente, se interpela al sujeto dividido.

2º Movimiento de la ética: Singularidad en Situación. En este recorte de situación, los tiempos lógicos que ubicamos en el circuito de la responsabilidad subjetiva (4) son: el tiempo 1 referido a una determinada acción en concordancia con el universo previo del discurso en el cual el sujeto se halla inmerso; y se supone que dicha acción se agota en sus propios fines. Tomamos el momento en el que Amelia sube al auto de su sobrino volver con los niños a Estados Unidos. Esta acción se confronta con un tiempo 2, que tiene que ver con la interpelación subjetiva, que lleva a re-significar el tiempo 1. El sujeto se confronta con un interrogante que está en relación a su posición tomada en el tiempo 1. Aquí ubicamos el momento que llegan a la frontera y son inspeccionados e indagados por la policía. Le piden pasaportes de los niños y el permiso de los padres para salir del país. Amelia es sospechada de secuestro. La fuga y el estado de ebriedad de su sobrino confluyen en que la decisión tomada por ella es delito.
El personaje recibe de la realidad indicadores que la ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Cuando los niños y ella son abandonados en el desierto por su sobrino y comienza a desesperarse de la situación, el niño le pregunta si ella es mala; es aquí donde interpela a Amelia, irrumpe de esta forma la dimensión de la culpa, la obliga a responder; y Amelia dice: “No soy mala, pero cometí una estupidez”. (5) la culpa aparece como reverso de la responsabilidad, por que donde existe un punto ciego en la responsabilidad del sujeto, el sentimiento de culpa aparece en su lugar. No hay responsabilidad subjetiva sin culpa. La culpa depende de una operación eminentemente simbólica: la interpretación subjetiva.
Aquí el tiempo 1 se re-significa por la culpa, se arrepiente de su accionar, retorna sobre la acción por la que debe responder, es por sacarlos ilegalmente y sin permiso de los padres que Amelia debe responder por las consecuencias de su error. Amelia de alguna manera asumió un poder por sobre la ley, en donde decidió que hacer con los niños, como objetos de su propio deseo. Sólo el sujeto que es consciente, es culpable, habiendo hecho es responsable de hacerlo, porque ella comprende lo que hace y sucede a partir de su decisión.
El tercer momento es el de la responsabilidad subjetiva, es el efecto sujeto, cuando el sujeto se responsabiliza del acto, toma conciencia del mismo, hacer algo con lo que sucedió aunque no lo haya buscado, re-significa al tiempo 1. En el caso de Amelia podemos suponer que se produce este cambio cuando responde desde la culpa, y la negación de su desarraigo, ya que dice por un lado que tiene su vida en Estados Unidos, pero por otro infringe la Ley, y vive ilegalmente durante años.
Según Fariña, la figura de la culpa es el reverso de la responsabilidad, no se presenta sino bajo formas sustitutas. La figura de la culpa, velan y se adhieren a un sustituto banal, y al mismo tiempo develan responsabilidad.
Es entonces, en el momento de la interpelación del sujeto donde se abre el conflicto. El circuito de la responsabilidad subjetiva (7) se enmarca en tres coordenadas que son las categorías de: necesidad, azar y responsabilidad.
En primer lugar, la categoría de necesidad o determinismo, ya que una vez comenzado no puede volverse atrás, o sea, que inexorablemente va a suceder. Se trata de algo externo, ajeno al sujeto, pero que lo involucra. La necesidad es entendida como aquel elemento de destino que se impone. Los seres humanos no somos responsables de todo lo que nos pasa, pero que al pasar afectan al mismo. La necesidad marca causa a efecto. La ubicamos en la escena del desierto, donde Amelia y los niños quedan abandonados. Otro factor del orden de la necesidad se debió a las altas temperaturas, y la falta de agua que determinó la deshidratación de los mismos
El azar se relaciona con la coincidencia, se desconecta la idea de causa y efecto. Aparece como algo de la contingencia que altera el orden del conocimiento. Esta película comienza en un pueblo desértico de Marruecos, con la venta de un fusil que es comprado por un pastor con el objetivo de ser usado para matar chacales y así proteger las cabras que tenían como ganado. Los hijos del pastor disparan a un micro de turistas (para comprobar el alcance del fusil), hieren a la madre de los niños (cuidados por Amelia), y esta situación altera el viaje modificando su regreso y por lo tanto la participación de Amelia a la boda de su hijo. “Eso puede esperar. Esto es más importante, debes quedarte Amelia, yo te pago otra boda” (le dice el padre de los niños por teléfono). Esto se puede ubicar en el orden del azar, de la casualidad, como algo imprevisible, como una coincidencia temporal.
“(…) Para abordar estos dos términos, diremos que el cortocircuito pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones (…). Es el plano de la existencia yoica que se ve atravesado por el del deseo.” En consecuencia, la ética como horizonte en quiebra, supone que el acto ético irrumpe como singularidad ya que quiebra ese universo previo; esa grieta, o falla descripta en el sistema, entre la necesidad y el azar permite que haya responsabilidad subjetiva.

Proponemos pensar la hipótesis clínica de la siguiente manera: Amelia inconscientemente busca el retorno a su país natal. Aparece el desarraigo en juego, un duelo no resuelto, una historia no des-investida que perdura en el inconsciente y que se reaviva con la boda de su hijo, en donde, desde la preparación (vestimenta) al contexto, producen nostalgia y anhelo por los recuerdos y los objetos perdidos. Detrás de esto es donde leemos el deseo inconciente, que como tal, va más allá de lo que el yo expresa concientemente. La respuesta subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del Yo. Según Lacan en el inconsciente hay un deseo inconsciente y este responde a uno mismo. Deseo de salvaguardar su integridad yoica y evitar el proceso de duelo, junto a la herida de su narcisismo, que la pérdida le produciría.
En términos jurídicos, un sujeto responsable es aquel que reconoce sus derechos y es consciente de sus decisiones, elecciones y actos que tiene que responder, porque para la ley no importa el inconsciente. La respuesta moral es una parte de la respuesta jurídica aunque no se agota en ella, se alcanza un efecto sustancial por el goce de la culpa (“No soy mala, pero cometí una estupidez”). Amelia reconoce su responsabilidad en cierto modo, en relación al hecho acontecido.

Bibliografía

(1) Michel Fariña, J. y Gutiérrez, C. (1996). “Veinte años son nada”. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

(2) Salomone, G. Z.: “El sujeto divido y la responsabilidad”. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

(3) Freud, S.: (1925) “La responsabilidad moral por el contenidos de los sueños”. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras Completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

(4) Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

(5) D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

(6) Michel Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). del acto ético (Cap. VI). En ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

(7) Michel Fariña, J.: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Pagina Web de la cátedra.
(8) Freud, S. “Duelo y melancolía”, O. C. AE, Vol. XIV (1917)
(9) Fariña, Juan Jorge. “Lo universal-singular” en Ética un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires 1998.
(10) Fariña, Juan Jorge Michel y Gutiérrez, Carlos: “Ética y cine”. Eudeba, Buenos Aires, 2000.
(11) Domínguez, Maria Elena. “La singularidad en los coditos de ética” en La transmisión de la ética clínica y deontología. Vol.1: Fundamentos. Letra viva, Buenos Aires 2006.
(12) Domínguez, Maria Elena. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en La transmisión de la ética clínica y deontología. Vol.1: Fundamentos. Letra viva, Buenos Aires 2006.



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