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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra 71 (I - Fariña)
Comisión 27
“El curioso caso de Benjamin Button”

• Profesor: Ludueña,Federico
• Alumnas:
Rommel, Cynthia LU: 33897590
Vegas de Aracama, Constanza LU: 345194760
• Fecha de entrega: 10/06/10

El curioso caso de Benjamin Buttton

Relato de la película:

El curioso caso de Benjamin Button es un film que nos relata la vida de un niño nacido en Nueva Orleans al final de la Primera Guerra Mundial y abandonado por su padre por ser “diferente”. Benjamin ha nacido completamente envejecido, a medida que pasa el tiempo, nos damos cuenta de que está creciendo al revés, rejuveneciendo más y más con el paso de los años. El problema es que en el fondo es un niño atrapado en el cuerpo de un anciano. En su apariencia de anciano conoce a una niña, Daisy, de la que se enamora pero tendrán que pasar muchos años para que Benjamin y Daisy se reencuentren en un punto intermedio de sus particulares procesos de crecimiento que posibilite su historia de amor. La película sigue avanzando con las nuevas diferencias en el aspecto físico y mental de ambos personajes, el tiempo no perdona.
El punto de partida, que la vida de este personaje vaya al revés, permite jugar con un enfoque retorcido e inquietante de la vida del ser humano. Que Button pase su infancia siendo viejo por fuera le permite acercarse, con la mente de un niño, al final de la vida de otras personas, a la muerte, mucho antes de que eso mismo pueda afectarle realmente.
Nuestro protagonista es como un espejo y que, como tal, guarda ciertas similitudes con aquellos a los que refleja: su tiempo está invertido pero, al fin y al cabo, también él está sometido a sus reglas; es decir, el bebé que tiene un cuerpo de 80 años no deja de ser un bebé, y el anciano que tiene cuerpo de bebé no deja de ser un anciano.
El tiempo en sí (es decir, pasado, presente y futuro) se mezcla con la idea de la muerte desde la primera escena: el pasado, el diario (que no es otra cosa que fragmentos temporales de una vida del ya fallecido Benjamin Button), sirve para aliviar el presente (la muerte) de Daisy, mientras que el futuro, el letal Katrina, se acerca a la ciudad, hecho que subyace durante todo el film a través de la lluvia que cae en el exterior de la habitación y los breves planos de los informativos televisivos en los que se habla del huracán.

Análisis de la película:
El análisis que vamos a efectuar recae principalmente sobre el personaje de Benjamin Button, quien encarna el niño que nace anciano y todos los acontecimientos y sucesos por los que transita debido a la necesidad permanente de replantearse su vida en el curso del tiempo. Al mismo tiempo también iremos puntualizando aspectos sobre Daisy, su mujer, y sobre el padre de Benjamin que consideramos relevantes.

Para ir ubicando los tiempos lógicos comenzaremos analizando el personaje de Benjamin Button.
Se pueden detectar los tres tiempos lógicos comprendidos bajo el término de responsabilidad. El primer tiempo de la responsabilidad en este caso correspondería al abandono, por parte de Benjamín, de su mujer y de su hija excusado por la necesidad de su enfermedad. Tiempo que corresponde al momento en el que el sujeto lleva adelante sus acciones con determinados fines.
El segundo tiempo de la responsabilidad está caracterizado por los indicios de que algo de lo que estuvo haciendo el sujeto, resulta disonante. En este tiempo, podríamos ubicar la escena en la que Benjamin vuelve para ver a Daisy y a Caroline movido por algo de la culpa que interpela al sujeto. La interpelación, es en donde el universo particular sostenido se resquebraja, provocando la aparición de una pregunta en relación a la posición del sujeto que daría lugar al acto. El tiempo 2 se funda en la resignificación del tiempo 1, esta retroacción resignifica los elementos disonantes del tiempo 1, es importante remarcar que la interpelación exige respuesta. Hay algo que lo angustia, este segundo momento interpela a Benjamin cuando él ve la nueva familia de su mujer y su hija, ¿podría haber sostenido su lugar de padre? seguramente no pero, si hay angustia hay responsabilidad subjetiva, podemos decir que él no es responsable de su enfermedad pero si del hecho de querer aprovecharla para ser irresponsable como un joven. En su lugar de víctima ocupa un lugar confortable. El discurso social le da una especie de recurso, le asigna un sentido a su vida y el sujeto contribuye a prestarse a esto. Es responsable de querer ser joven, de vivir su “juventud” lo que a cualquier joven normal le sucede, esta creemos que puede ser la hipótesis clínica, el deseo inconciente de aprovechar su cuerpo joven.
Ubicamos entonces al personaje de Benjamin Button como aquel sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva. Él es responsable del deseo de querer seguir viajando y aprovechar su juventud en lugar de hacerse cargo de su hija. También vemos un acto de abandono al igual que el que sufrió del padre como una repetición inconsciente.
El campo de la responsabilidad subjetiva confronta al sujeto con aquello que perteneciéndole le es ajeno. Es decir, que la responsabilidad atañe al sujeto en relación a lo que el desconoce de sí mismo, aquello que se juega en lo inconciente.
El autor no parece proponer una hipótesis sobre esto pero nosotras vimos algunos indicadores como por ejemplo que al partir emprendió viajes por el mundo, disfrutando de su juventud.
Podemos plantear en Benjamin una responsabilidad invertida ya que cuando el era “viejo” era en realidad un niño, no podemos hablar en ese momento de responsabilidad subjetiva, podemos hasta decir que su aparato psíquico se estaba formando, de una subjetividad en formación. Pero cuando es “joven” hay responsabilidad subjetiva, el comete los actos irresponsables de los jóvenes, se va a viajar por el mundo sin responsabilidades. Hay algo de la culpa que lo interpela frente al acto de abandono pero puede esconderla detrás de la necesidad de su enfermedad.
Podemos preguntarnos cuando es responsable Benjamin, ¿cuando es “viejo”? ¿Cuando es un niño? ¿Son responsables los niños?, en este caso Benjamin ¿es un niño o un viejo? ¿Podemos decir que la responsabilidad en este caso dura hasta la muerte? Porque si no fuera así el acto del abandono no hubiera provocado angustia ni culpa, hay algo que sucede en él que va mas allá, podemos decir que él es responsable por su hija hasta su muerte, como dice Ludueña:
“el viejo mantiene su posición de responsabilidad aún en los momentos que sólo luego, retrospectivamente, serán calificados de últimos (…) la vida no se acaba hasta que se acaba, y con ella la responsabilidad. Ni un momento antes.”

En relación al tercer tiempo nos parecería forzado tratar de ubicarlo ya que no hay una verificación de la responsabilidad subjetiva. No hay un cambio de posición en Benjamin después de encontrarse con su mujer sino que vuelve a su vida cotidiana emprendiendo viajes hasta que finalmente acaba en el asilo de ancianos donde se crió y a donde años más tarde lo irá a buscar Daisy para cuidarlo en sus últimos momentos. No vemos que el protagonista pueda hacer algo con aquello descubierto, llevándolo a actuar de un modo diferente.

Nos parece oportuno poder ubicar los tiempos lógicos no sólo desde el lado de Benjamin sino también encararlo desde el personaje del padre.
El primer tiempo lógico es el momento en que el padre lleva a cabo la acción de abandono cuando nace su hijo, por considerarlo un monstruo y porque el médico le dijo que no tendría mucho tiempo de vida.
Un segundo momento podría ser cuando se encuentra con Benjamin, años más tarde, en un burdel y ocurre algo no calculado en su propia acción que lo va a interpelar respecto de la misma: se encuentra que contrariamente a lo que había pensado, su hijo, si bien es viejo, ha sobrevivido. Como dice Fariña, se acerca sumido en la culpa de haberlo abandonado y es sorprendido por su extraña sobrevivencia.
Lo interpela porque él esperaba que se muera al poco tiempo y sin embargo sigue vivo. La culpa lo interpela desde su lugar de padre.
La interpelación implica una deuda por la que hay que responder. Se pone en marcha cuando la ley simbólica del deseo obliga a retornar sobre la acción. No hay deseo sin culpa. Frente a la culpa subyace la responsabilidad, responsable de hacerse cargo por la acción cometida.
No podemos precisar exactamente una hipótesis clínica porque creemos que nos faltan indicadores para hacer tal suposición. Sin embargo podemos arriesgarnos a la idea de suponer que ver a su hijo viejo le representa otra cosa, de la que no es conciente, que lo angustia y frente a eso lo abandona a pesar de la promesa que le hizo a la esposa de que lo iba a cuidar. Porque no es casualidad que justamente haya dejado a su hijo “viejo” en un geriátrico.
Podemos esbozar un tiempo tres en el que el padre cambia su postura subjetiva. La interpelación implica una deuda y exige una respuesta más allá de lo que el yo querría responder. La culpa es lo que lo interpela al ver a Benjamin, y frente a eso tiene que dar una respuesta que sería confesarle que es su padre, dicho en términos de Oscar D´Amore:
“La interpelación es en términos económicos lo que genera deuda, culpa en el sentido lato”
El padre tiene una deuda con el hijo que es justamente no haber ejercido la función de padre.

Como sabemos, toda situación humana esta construida a partir de las variables: necesidad, azar y responsabilidad. Vamos a pasar a desarrollar un poco más sobre las dos primeras.
En este film podemos hablar principalmente de la necesidad que se presenta, ya desde un comienzo, con la muerte de la madre de Benjamin. Y por otro lado de la necesidad de la enfermedad de éste que aparece estableciendo los límites de su comportamiento circunscribiendo los grados de libertad posible y que condiciona todas las acciones del sujeto a lo largo de la película, por ejemplo no puede jugar de chico con Daisy o con otros niños porque bajo la apariencia de un anciano no tiene lugar para ello, como le dice Quinee, la madre, “algunos no entienden tu enfermedad”; otro ejemplo sería el hecho de no poder ejercer la función de padre porque un padre es, como dice Fariña, aquel que ha dejado de ser hijo, cosa que no le ocurre a Benjamín quien cada vez se hace mas chico. La necesidad no es del abandono, sino del enjuvenecimiento.
El azar lo vemos en la escena en que Benjamín vuelve a buscar a Daisy al estudio de danza y casualmente entra su hija y el nuevo marido de su mujer lo que provoca algo en él que podría dar lugar a una resignificación de su acto de abandono.
El azar en la película esta muy explicito en el accidente de Daisy, incluso es relatado de esta manera, como un conjunto de factores y situaciones azarosas que hicieron que en el momento que Daisy salía a la calle pasara el taxi que la atropelló, fue ese minuto en que coincidieron y que hicieron que ella no pudiera bailar nunca más, fue algo inesperado, impensado. En palabras de Benjamin “siendo la vida como es, una seria de vidas cruzadas e incidentes que escapan a nuestro control”. Los hechos se encadenaron azarosamente para producir finalmente ese penoso resultado.

Podemos hablar de una figura de la culpa frente a la responsabilidad subjetiva porque Benjamin vuelve a ver a su familia. La culpa depende de la interpelación subjetiva, obliga a dar una respuesta a esta interpelación.
Es responsable subjetivamente como dijimos antes, pero ¿qué pasa jurídicamente?, si un niño no es responsable, ¿como juzgaría un juez el hecho de que Benjamin abandone a su hija? Aquí se da una situación interesante, porque la responsabilidad subjetiva y la jurídica van exactamente al revés. Cuando el es “viejo” (al comienzo del film), seria responsable jurídicamente de sus actos, si bien en su subjetividad es un niño, inocente e irresponsable. Cuando el es un joven de 15 años, no es responsable jurídicamente, sin embargo se angustia, hay una responsabilidad subjetiva, quizás su acto es un intento de unir su edad aparente con su responsabilidad subjetiva, echándole la culpa a la necesidad por lo que hace.

Comparando el film con el caso de Ibbieta, este último intenta burlase de los falangistas sobre el paradero de su amigo Gris y sin embargo revela un sitio verosímil. Tal vez la broma estaba cargada de deseo e Ibbieta no lo sabía. Este personaje es responsable de haber jugado un juego de azar, mencionó el cementerio por puro azar. Sin darse cuenta Ibbieta decidió vivir un poco más, hay una manifestación de su angustia y de su miedo ante la muerte. Cuando el autor se pregunta si Ibbieta ¿es leal o un traidor? Podemos hacer la pregunta paralela, Benjamin ¿es un padre preocupado o un padre abandonador?
Si equiparamos los tiempos lógicos podemos ver que ambos personajes son culpables del deseo inconsciente, Ibbieta de vivir más tiempo y Benjamin de querer vivir su juventud como un joven irresponsable.
Volvemos a plantear los dos tiempos lógicos en Ibbieta y en Benjamin. Un primer tiempo en la acción de Ibbieta, que interpelado por el falangista dice que Gris esta en el cementerio, solo para hacerles un jugarreta. En el primer tiempo de Benjamin el decide abandonar a su familia interpelado por su enfermedad.
En el segundo tiempo de Ibbieta el panadero le cuenta que agarraron a Gris en el cementerio, se conmueve el campo de la jugarreta, Ibbieta se pregunta que hizo cuando quiso hacer esta broma, hay algo en la acción de la jugarreta que lo involucra, que va mas allá, que toca su responsabilidad subjetiva. Sabemos que la hipótesis clínica de Ibbieta seria que él es responsable no de la muerte de Gris sino del deseo de vivir más tiempo.
Como dice Mosca, Ibbieta recuperó su tiempo bajo la amenaza de perderlo, negando su responsabilidad bajo la coartada del azar y del destino. Salvo su vida, ese es su deseo, de eso es responsable. En Benjamín este deseo de “disfrutar” plenamente de su juventud se encuentra bajo el manto de la necesidad, necesidad de irse ya que su enfermedad era irreversible y terminaría siendo una carga para su mujer y su hija. Benjamin, en el segundo tiempo vuelve a ver a su familia, se conmueve el campo de la decisión por el bien de su hija, ¿por qué la abandonó? ¿Es responsable por el abandono?, no es responsable de abandonarla, pero si es responsable como Ibbieta del deseo, también del deseo de vivir pero de vivir una juventud denegada en el momento propicio que su inconsciente reclama.

Bibliografía

Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Ludueña, F.: La responsabilidad en la vejez. En Memorias de las XVI Jornadas de investigación. Facultad de Psicología, 2009.

Fariña,M.: Benjamin Button: lo que el cine nos enseña sobre la vejez. Etica y Cine



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