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Análisis del film Cinema Paradiso

Introducción
En este trabajo propongo una lectura del film Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) con un eje en la problemática de la responsabilidad subjetiva.
La película relata la historia de Salvatore, un reconocido director de cine, que vuelve a su pueblo natal tras la muerte de un viejo amigo suyo, Alfredo. La visita le permite retrotraerse a su infancia y juventud, rastrear las raíces de su amor al cine, pero también resignificar su carrera y su vida.
El tiempo de la película es el tiempo del viaje. Comienza con un llamado telefónico de la madre de Totó (así lo llamaban de chico a Salvatore), avisándole de la muerte de Alfredo. Esto lo moviliza a volver a su pueblo y, a partir de ahí, la película continúa con un flashback de de casi dos horas en el que el espectador conoce la historia de vida de este personaje al tiempo que éste va recordando. Así, la película adquiere un aura melancólico, interpela al personaje desde su deseo más profundo y abre la vía para reevaluar su destino.

Desarrollo
Cuando hablamos de responsabilidad subjetiva, nos referimos a una “relación ética del sujeto al deseo” . Es decir, la postura de un sujeto que reconoce su deseo, lo asume y actúa en consecuencia.
Estamos hablando en términos psicoanalíticos. Entonces, es muy importante distinguir deseo de anhelo. La responsabilidad subjetiva no atañe al sujeto autónomo, conciente y de la voluntad, sino que se refiere al sujeto del inconciente, al sujeto barrado, que está atravesado por un deseo inconciente y muchas veces éste lo toma por sorpresa.
A través del circuito planteado en el libro La transmisión de la ética, clínica y deontología analizaré la dimensión de la responsabilidad subjetiva en la película Cinema Paradiso. Me centraré específicamente en el personaje de Salvatore para indagar los cambios subjetivos que se producen en él a raíz del viaje a su pueblo.
El circuito de la responsabilidad subjetiva consta de tres tiempos lógicos y permite ver más claramente los cambios subjetivos. En un primer tiempo, encontramos al sujeto de la voluntad que cree emprender una acción que se agota en sus fines. En el caso de Salvatore, es el hecho de irse de su pueblo natal, dejar a su familia y a su amada, con el objetivo de ir a Roma para triunfar en su carrera como cineasta.
Para emprender este paso, Salvatore es empujado por su amigo Alfredo, que es mucho mayor que él y que en verdad ocupa el lugar de su padre ausente. Alfredo había sido quien lo introdujo en el mundo cinematográfico desde su infancia, enseñándole las técnicas para proyectar y compartiendo sus tareas cotidianas (trabajaba en el Cinema Paradiso). Sin embargo, este hombre siempre lo alentó a que siga creciendo laboralmente porque tenía la certeza de que eso en algún momento se iba a terminar y no deseaba que Totó se quedase sin trabajo y fracasase en la vida. De ahí el origen de sus palabras y de sus consejos . De hecho, desde un punto de vista, ni Alfredo ni Salvatore se equivocan: ya que pasados los años, el Cinema Paradiso es demolido y el personaje no se frustra en su vocación porque ya es un reconocido cineasta romano.
Sin embargo, la película avanza y hacia el final de la misma podemos advertir un tiempo dos de interpelación subjetiva que obliga al sujeto a volver sobre su propia acción. Momento en el cual aparece algo que excede el universo previo y las certezas que había hasta entonces comienzan a generar preguntas.
En este momento de interpelación, se observa que aquellos consejos de Alfredo tienen un efecto particularista sobre Totó. Alfredo aconseja desde sus deseos y desde sus frustraciones, es decir, desde su posición. Pero no tiene en cuenta la singularidad de su pequeño amigo, los deseos del otro, y así es que sus consejos de hombre grande y "sabio" se vuelven limitados para Salvatore. Fue preciso que Salvatore los quebrante y vuelva a su ciudad natal 30 años después para que se abra el camino hacia la asunción de la responsabilidad subjetiva.
En Cinema Paradiso, la interpelación se produce luego de la muerte de Alfredo, cuando Salvatore se anima a quebrantar el mandato de Alfredo y regresa a su pueblo. Esto da la ocasión para el recuerdo de su infancia y el reencuentro con sus viejos deseos que tuvo que resignar con su partida a Roma. Me refiero explícitamente al abandono de su amada Elena, que era su novia de la juventud por la cual él se había esforzado mucho en conseguirla y ante la cual manifestaba sus más tiernos deseos.
El punto de interpelación se produce en el reencuentro con su madre, cuando ésta le dice que siempre que lo llama la atienden mujeres distintas y que ella siente que ninguna lo ama verdaderamente. Así se presenta aquello que excede el universo yoico particular armado hasta ese entonces donde el éxito profesional deja de ser todo y aparece la dimensión afectiva que había sido relegada en la vida del personaje.
Este tiempo dos, como dijimos, obliga al sujeto a volver sobre sus propias acciones y responder. No sabemos cómo lo va a hacer porque la película termina con el regreso de Salvatore a Roma.
Sin embargo, se ve que las palabras de la madre realmente movilizan a Salvatore, lo implican y producen un efecto sujeto, en una charla donde Salvatore manifiesta su culpa por haber huido y haber dejado a sus seres queridos. En una elaboración clínica del film, se puede postular que se produjo una implicación subjetiva ya que el personaje manifiesta culpa. Y, este estado afectivo, tal como dice D´Amore, es efecto de la interpelación. El sujeto acepta que dejó de lado su vida afectiva en su intento por crecer profesionalmente y triunfar como director de cine.
Ahora, como dijimos, no sabemos qué va a hacer Salvatore con su vida, cómo va a responder a su deseo. La película no nos muestra si el personaje realmente tiene el valor de hacerse cargo de su deseo o, si le gana la cobardía y cede nuevamente ante él. La película termina ahí, señalando la historia de un hombre que ha cedido a su deseo.
La película termina con una escena muy conmovedora en la que Totó mira una cinta que le dejó como legado su viejo amigo Alfredo. La misma está compuesta por todos los fragmentos censurados de las películas que aquél proyectaba en el viejo Cinema Paradiso. Son besos apasionados de parejas, que se suceden unos a otros, y que no estaban permitidos mostrar por pudor en ese lugar y esa época (el viejo Cinema Paradiso funcionaba en una Iglesia en la post segunda guerra mundial).
A diferencia de la escena con la madre, en la que Totó se veía culpabilizado, en esta escena final el personaje aparece con una sonrisa en la cara. El cambio en su expresión da la pauta de que éste se habría reconciliado con su deseo y que, a partir de ese momento podría tener una relación "más ética" con él. Éste sería el tiempo tres esperable del circuito de la responsabilidad subjetiva, el momento del sujeto en acto, de la singularidad en situación, en el que sería posible una vida que incluya tanto su trabajo como cineasta como su vida afectiva. De hecho, las cintas que le deja Alfredo le señalan que esto es posible, e incluso, le recuerdan que éste era el deseo más primario de su infancia (cuando hacía todo lo que estaba a su alcance para acceder a los fragmentos censurados de las películas, llevarse los fílmicos cortados a su casa, etc.)
Pero la película no nos lleva hasta allí y sólo podemos imaginarlo como espectadores.

Unas reflexiones a modo de conclusión
A través del análisis realizado, nos adentramos en lo más profundo de la vida anímica de Salvatore, un personaje de Cinema Paradiso que en las primeras escenas aparece como un cineasta exitoso pero, en las últimas, se lo ve como un sujeto que reconoce haber cedido a su deseo.
Entonces, podemos decir que la historia de Cinema Paradiso es la de un hombre que se va “quebrando” . Y esta dirección, lejos de constituir un fracaso, se presenta como una apertura hacia una posición ética con respecto al propio deseo.
Esto lo vimos a través del circuito de la responsabilidad subjetiva, donde se fueron ubicando los indicadores precisos de este movimiento subjetivo, del paso por cada uno de los tiempos lógicos.
Sin embargo, a pesar de la claridad a la cual nos permite llegar el esquema, lo cierto es que las vivencias del personaje son no menos que complejas. Éste transita por la vida con las herramientas que fue adquiriendo en un contexto adverso, marcado por la necesidad. La película nos muestra que, en la infancia, Salvatore no tuvo padre porque éste se había ido a la segunda guerra mundial, y por ello se vio forzado a trabajar desde muy pequeño.
En ese trayecto, se encontró por azar con Alfredo, que trabajaba proyectando películas en la misma iglesia en la que colaboraba Totó. Éste, adoptando una posición de padre sustituto, le brindó parte de su experiencia de vida y le transmitió su amor al cine, entre otras cuestiones. Le brindó su amor, le transmitió sus valores, sus conocimientos y buscó llevarlo por el mejor camino. Así, lo alentó a estudiar, a crecer, a que se vaya del pueblo a la gran ciudad…
En ese camino, complejo es que Totó cede a su deseo, pensando que es lo mejor para él. Pensando que lo mejor era triunfar en el cine, ser un gran director, tal como lo había soñado Alfredo. En ese momento, no advierte la diferencia entre su propio deseo y el del otro. Y, en esa confusión, se pierde.
Pero el momento de la película es el momento de la historización y del rehallazgo. En este movimiento, emerge aquello que Salvatore había excluído de su proyecto de vida. Esto lo sorprende como a todo sujeto que se ve, de pronto, frente a su deseo inconciente. Y lo obliga, como ya dijimos, a dar una respuesta y a elegir nuevamente su destino.



NOTAS

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