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Perfume: La historia de un asesino. El aroma del ser.
por Suque Stecklein, Valeria
Título original: Das Parfum – Die Geschichte eines Mörders

Tom Tykwer / Alemania / 2006

“Olvidado el alfabeto del olfato

que elaboraba otros tantos vocablos

de un léxico precioso, los perfumes

permanecerán sin palabra,

inarticulados, ilegibles”.

Italo Calvino (escritor italiano)

El aroma es efímero e intangible, sólo puede ser capturado a través del sentido. El instante en que es vivenciado no dura para siempre, es rápido y se desvanece tan pronto cuando se mezcla con el aire, produciéndose un remolino de olores, enmarañados uno de los otros, generando para el que lo percibe una polifonía de fragancias cuyos elementos posiblemente no puedan ser diferenciados. Para que este instante sea duradero en el tiempo, el hombre ha tenido que valerse de instrumentos y de mediatizaciones ya que por si mismo, es decir por su sentido del olfato y su percepción no es capaz de sostenerlo por demasiado tiempo. También ha tenido que utilizar instrumentos para poder clasificar y aislar cada uno de los aromas que nos invaden, que nos hacen sentir, que nos transportan a sitios inimaginables. Esta clasificación ha sido de gran utilidad para diferenciar aquellos aromas desagradables de los encantadores, generando diversidad de acuerdo a las preferencias y singularidades de cada quien. Pero… ¿qué es el aroma?, ¿cómo puede algo ser definido como olor?. Aquí se nos abre el interrogante, ya que podemos pensar que el olor no es más que una sensación, que puede ser placentera o por el contrario, displacentera. Los olores no sólo nos hacen recordar imágenes y sonidos, sino que nos permiten a través de su percepción generar sensaciones. Éstas varían según cada persona, por eso debemos pensar que la experiencia de sentir olor es única en cada ser.

Una experiencia única es la que vivencia Jean-Baptiste Grenouille, protagonista principal del film dirigido por Tom Tykwer “El Perfume: historia de un asesino” [1]. Basada en la novela “Das Perfum” [2] de Patrick Süskind. Situada en la Francia del siglo XVIII, este joven protagonizará su historia basada en una búsqueda incansable. Búsqueda de lo efímero, de lo etéreo, de lo que siempre se escapa, búsqueda del aroma del ser, o si se quiere, la búsqueda del ser mismo, de su ser, de su existencia en este mundo tan mundo, en donde no caben las respuestas para la propia existencia. Jean-Baptiste se convertirá en un buscador implacable, descendiendo a los abismos más oscuros del espíritu humano para conseguir eso que lo mueve y que lo instiga a seguir. En su recorrido nos podemos preguntar cuál es el sentido de lo que hace, ¿nos encontramos ante un sujeto consciente de sus actos?, ¿cuál sería la responsabilidad que a él le concierne?, ¿será un sujeto responsable, culpable?, pero la pregunta más arriesgada que se nos presenta es si él es un sujeto, ya que en sus inicios, su existencia explicita algo del orden más bien de la carne, de lo que no tiene ser. Desde sus inicios es más bien considerado como un monstruo, como un fenómeno, como algo…no como alguien. Nació el 17 de julio de 1738 en el lugar más pútrido de todos: el mercado del pescado de París. Allí, tuvo su primer contacto con el mundo exterior, en la ciudad en donde el hedor era el más pestilente de todos. Cuando empezaron los dolores de parto, la madre de Grenouille dio a luz debajo del mostrador, como lo había hecho las cuatros veces anteriores (los cuales habían nacido muertos o casi muertos), cortó con el cuchillo el cordón umbilical del recién nacido y retomó sus actividades dejándolo tirado junto a los restos de vísceras de los pescados, para que a la noche sea tirado como los anteriores, al río junto con el resto de los despojos. Con el rostro pálido, escucha un grito, aquel grito proveniente del mostrador hizo que se descubriera la verdad, era el pequeño Jean-Baptiste quien comenzó a gritar, quien comenzó a dar señales de vida. Esto hizo que apresaran a la madre por haber cometido infanticidio. El primer sonido que emitió Jean-Baptiste mandó a su madre al patíbulo. Se podría pensar que ese grito fue interpretado no como un llamado hacia un Otro (interpretación que la realiza el otro de los primeros cuidados), sino como un sonido que culpabiliza a ese Otro encarnado bajo la figura de la madre. Ya que ante ese llamado, ella huye. Esto será decisivo en la vida de Jean-Baptiste.

El pequeño es enviado al orfanato de Madame Gaillard, quien era una mujer a la cual no le agradaban los niños, sino que sólo los percibía como una fuente de ingresos. Inmediatamente los demás niños del orfanato notaron que había algo distinto en él, hasta intentaron matarlo, pero no pudieron. Parecería que escapa a la muerte una y otra vez. Allí el pequeño creció, rodeado del miedo proveniente de los demás niños. Poco a poco fue consciente de su particularidad: su excelente sentido del olfato, que lo hacía único y que lo distinguía del resto de las personas. Cuando Jean-Baptiste comenzó a hablar, primero olía esas sensaciones que percibía del exterior para luego poder nombrarlas. Difícilmente podía llegar a nombrar aquellas cosas carentes de olor, es decir, los conceptos abstractos. Iba registrando cada olor, realizando una exhaustiva clasificación en su memoria. Aún no sabía si eran olores agradables o desagradables, sólo eran olores y él se encargaba de registrarlos.

A los trece años ya no había más sitio para el joven en el orfanato, con lo cual Madame Gaillard decidió venderlo por diez francos a un curtidor llamado Grimal, quien necesitaba mano de obra joven. A diferencia de la novela alemana, en el rodaje Madame Gaillard fue asesinada por unos bandidos quienes le sacaron la paga que había obtenido por Grenouille.

Ahora el protagonista realizaría trabajos en una curtiembre, adaptándose muy bien a las nuevas tareas. Demostró ser inmune e invencible respecto a la tarea, al clima, a las pestes, al trabajo de quince o dieciséis horas al día, al olor penetrante característico del lugar. Al ser un trabajador ejemplar, Grimal le propone ir al reparto a la ciudad. El joven poco a poco fue tomando consciencia del mundo tras la curtiembre, más aún sabiendo que iba a poder ir a la ciudad, donde lo esperaban los más sorprendentes y sofisticados aromas. El ir a la cuidad representaba el poder completar su objetivo: el de capturar y poseer todos los olores que el mundo le ofrecía.

Ya en la ciudad, sucede un episodio central en la vida del joven. Enmarañado entre todos los olores que percibe en el área, se detiene en la perfumería más excéntrica de la cuidad, permaneciendo horas y horas capturando todos los aromas que allí se encontraban, miles de ellos que formaban un caldo invisible. Perdido en el tiempo, olfateó a través del viento algo nuevo, algo nunca registrado. La fragancia era de una sutileza y finura excepcionales. Tuvo el extraño presentimiento de que aquella fragancia era la clave del ordenamiento de todas las demás. Él tenía que capturarla, para ello la siguió incansablemente, atravesando muchos lugares de la ciudad. Era como si la fragancia lo habría hecho prisionero. La fragancia provenía de una muchacha que vendía ciruelos amarillos, su tez era bien blanca haciendo resaltar sus cabellos rojizos. La combinación de los olores provenientes de la muchacha producía un perfume fascinante. Era para Jean-Baptiste la belleza pura. Su vida no tenía sentido sin la posesión de aquella belleza tan sublime. Desde atrás, sin que la muchacha se diera cuenta aún, el joven se inclina sobre ella para aspirar la fragancia, cuando la joven se da cuenta comienza a gritar, él le tapa la boca para que no lo siga haciendo ya que justo aparece en escena una pareja. Grenouille sigue sosteniendo su mano sobre la boca de la joven esperando que la pareja se disperse. La muchacha al no poder defenderse, resiste tanto como puede, pero el tiempo es más que suficiente para que pierda su vida a causa de la asfixia. La reacción de Jean-Baptiste fue tenderla en el suelo, desgarrarle el vestido para poder llenarse con ese olor, para poder inundarse con ese aroma fascinante. Obnubilado por el episodio, esa noche no pudo dormir. El aroma embriagador de la chica le recordó por qué se había aferrado a su propia vida tan salvajemente, ahora tenía bien en claro que su destino era el revolucionar el mundo de los olores, aprender a conservar los aromas para no volver a perder nunca más una belleza tan sublime. Aquella escena se homologaría a la experiencia del objeto perdido propuesta por Sigmund Freud, objeto que por más que se intente buscar, estará perdido. Es un objeto ligado a lo mítico, a lo que no se puede volver a encontrar. Tiene que ver con la contingencia del mismo, ya que no habrá ningún objeto que venga a colmar esa falta, sin poder volver a sentir aquella experiencia de satisfacción plena, primaria y única. Este nuevo olor, fragancia, aroma, y sus tantos otros sinónimos se podría pensar como algo que irrumpe en la vida del protagonista, como algo que viene a dar sentido a lo anterior, a su existencia tan confusa. Vendría a ordenar aquello sin ley, aquello del aroma que se escapa. Se podría ubicar que aquellos vocablos que designan el nombre de los olores serían los significantes en la vida de Jean-Baptiste. Pero… ¿qué se encuentra entre uno y otro que hace la diferencia? ¿qué es lo que viene a ordenar ese registro?. La escena espeluznante daría a conocer algo del orden del rasgo unario, concepto propuesto por Jacques Lacan [3]. Algo que se podría esbozar como aquello que viene a ordenar la serie, aquel trazo que hace de soporte del significante, es aquello que no se encadena pero que permite el encadenamiento de los significantes. Esa escena vivenciada por el joven daría cuenta de que esa fragancia, “LA” fragancia, ordena a las demás. Sin embargo, aquella es del orden de lo que se escapa a la significación, la excede, la precede si se quiere. Es una belleza que se diluye, que se desvanece, pero que deja una huella, una marca. Es una marca invisible, que hace posible que el significante sea una marca visible para el sujeto. Siguiendo estos lineamientos, el rasgo unario al no estar ligado a los significantes ni a lo que deviene representación, da cuenta de un lugar vacío. Lugar que atañe a la falta en ser, falta que en Jean-Baptiste indica un lugar vacío carente de significación, el cual nos dirige hacia su origen, hacia ese momento por el cual se comienza a “ser”.

Pareciera que el haber cometido un asesinato no había generado ningún tipo de sentimiento, le era totalmente indiferente. No habría allí una intencionalidad consciente de matar, la intención era otra. Ahora bien, cuando la joven muere, Jean-Baptiste no expresa la sensación de arrepentimiento o desesperación. Se desespera, pero por otro motivo: terminar lo que fue a buscar allí, aspirando el aroma de ese encanto de mujer. Parecería que la muerte le es algo ajeno. No lo interpela. Se podría pensar aquí que este sujeto, desde la responsabilidad jurídica sería inimputable por no comprender la criminalidad del acto. El sujeto el cual se vale el ámbito jurídico es aquel que es autónomo, teniendo la capacidad de auto-gobernarse, es el sujeto de la voluntad y la decisión [4]. Vemos claramente que el joven protagonista no posee dichas características. Pero la cuestión más inquietante sería pensar qué posición subjetiva está en juego allí. Ese hecho lo interpelaría, no desde el campo de la muerte, sino desde su complementario: la vida. El haber encontrado ese aroma fatal, significaría saber algo de la propia existencia, existencia que es caracterizada como un enigma, implicaría saber el para qué se vive. En Jean-Baptiste, está ligado a la finalidad que se arma respecto a su existencia, que no es más que una ficción, una ilusión que permite ligar aquello del orden de lo extraño, de lo ajeno.

Jean-Baptiste al llevar un pedido a la ciudad, conoce al señor Giuseppe Baldini, quien era uno de los perfumistas más grandes de París. Éste se encontraba desganado, ya que su enorme negocio se encontraba vacío y fuera de moda. Trataba de crear una fragancia nueva e innovadora, para atraer a nuevos clientes, y para resurgir como el gran perfumista de todos los tiempos. Al conocer al joven, Jean-Baptiste lo desafía proponiéndole que le iba a preparar “Amor y Psique”, aquel perfume de vanguardia que había confeccionado la competencia de Baldini. Éste último se había pasado largas horas tratando de descifrar los componentes y las proporciones de aquel excéntrico perfume. Baldini acepta, desafiándolo aún más, ya que era imposible que un joven trabajador de curtiembre, incapaz de conocer todos los aromas sepa la receta que encubre el perfume. Él, que era el mayor perfumista de todos los tiempos, se había encargado de estudiar el magnífico perfume por horas, obtuviendo resultados pocos favorables. El joven protagonista emprende a su modo la confección del perfume, dejando exhausto a Baldini, quien descubrió que este joven a pesar de todo realizó una copia exacta de “Amor y Psique”. Baldini, atónito, acepta la propuesta del joven de modificar la fragancia creando una aún mejor. Como es de esperar, la fragancia creada era perfecta. El gran perfumista se quedó sin palabras, y con un grado de enojo y frustración le dice que se retire, contestándole que iba a pensar luego la propuesta realizada por Grenouille de ser su aprendiz.

Sin lugar a dudas, el joven comienza a trabajar con Baldini, ayudándolo a retomar su prestigio. Una vez más, tras la ida de Jean-Baptiste, adviene la muerte. Ahora era el turno de Grimal.

Baldini le enseña todos los secretos referidos al arte de la perfumería. Comenta una historia que sin querer, marca o moldea aún más el destino del joven. Le enseña la composición del perfume, el cual se compone de tres acordes: la cabeza (contiene la primera impresión), el corazón (es el tema del perfume que dura varias horas) y la base (la cual dura varios días), necesitando doce notas en total. Siguiendo el relato, Baldini comenta que “los egipcios creían que se podía crear un perfume único añadiendo una nota extra. Una esencia final que destaca y domina a las otras. Dice la leyenda que encontraron un ánfora en la tumba de un faraón y cuando la abrieron, se liberó un perfume después de todos esos miles de años. Un perfume de una belleza tan sutil y de tan gran poder que por un instante, todas las personas de la tierra creían estar en el paraíso. Pudieron identificar doce esencias, pero la decimotercera, la esencial, nunca se pudo descubrir”. El aprendiz atrapado en las palabras de su maestro comienza preguntando por qué no se la encontró. Baldini, desde el sentido común le responde que es sólo una leyenda dando por sentado que es lógico que no se haya encontrado esa esencia. El joven decididamente sabía que esa pregunta no podía quedar sin respuesta, no podía sostener que haya algo sin respuesta, todo tiene que estar taponado al menos con algo transitorio, con algo del orden del fantasma que tapona y tranquiliza esa ansiedad del no saber. El fantasma en tanto se ubica como respuesta a la pregunta sobre el deseo del Otro [5]. También es considerado como el soporte del deseo [6]. Vendría a funcionar como un rodeo respecto del deseo. Jean-Baptiste no pudiendo sostener la falta de respuesta, emprende un camino hacia ella. Había una certeza implacable de que esa esencia existía, y que él, como gran captador de fragancias, la tenía que encontrar. Se podría pensar que la falta no estaría instaurada en Jean-Baptiste. Habría una lógica de completud que invade la vida del joven, estando ausente la castración. En ausencia de esa falta, de ese agujero, que hace a un sujeto y que lo introduce como un ser deseante, es pensado como un ser que no fue alojado en el deseo de un Otro. Por ende, se podría pensar como hipótesis que aquello que persigue (es decir, capturar todos los aromas incluso aquel que Baldini describe como “la esencia final que destaca y domina a las otras”) hará de él un sujeto capaz de ser deseado por un Otro.

Jean-Baptiste Grenouille se empeña en extraer todos los aromas del mundo. Y, con ansias de seguir aprendiendo otros métodos para extraer la esencia, y para capturar el aroma y preservarlo para siempre, emprende un viaje a Grasse [7], lugar que es caracterizado como “la tierra prometida del perfume”. Cuando el joven aprendiz se va hacia la gran ciudad del perfume, una vez más, la muerte va tras sus pasos. Baldini, lleno de felicidad por su éxito, se va a la cama para nunca despertar.

En el camino a Grasse, el joven realiza un descubrimiento sorprendente. Situado en un ambiente casi libre de olores, no puede reconocer su propio olor. Se huele con desesperación hasta que confirma la sospecha de que había un olor que brillaba por su ausencia, era nada más ni nada menos que su olor. Él, la persona que tenía la capacidad de registrar todos los olores que existían, no olía a nada. Surgiendo así el temor de su propio olvido, ya que él no olía.

A partir de su llegada a Grasse, comienza a trabajar realizando la técnica o más precisamente, el arte del enfleurage [8]. Con ansías de encontrar y extraer el aroma de todo, y sobretodo de encontrar aquella esencia del ser, comienza a realizar experimentos con personas, para capturar justamente sus esencias, para retener aquel olor característico de cada persona, era nada más ni nada menos que aquello que él no poseía, la esencia del ser. Sus experimentos estaban orientados a encontrar aquel aroma sublime aspirado por única vez aquella noche en los callejones de París. Sus víctimas entonces se parecían estéticamente a aquella vendedora de ciruelos. Se podría suponer que también sus aromas eran similares o se asemejaban al olor característico de aquella muchacha de cabellos rojizos.

Mientras que el pueblo se veía revolucionado con los crímenes de las jóvenes muchachas, Jean-Baptiste iba llenando su colección de acordes con la intención de realizar un perfume sublime que produzca ese efecto de éxtasis descripto por el maestro Baldini. Para completar la serie, Grenouille había visto una muchacha que representaba aquella belleza pura, aquella primera vez si se quiere. Como fue mencionado más arriba, ésta experiencia primera, será un hito cero para la vida del joven, homologable a aquella experiencia de satisfacción de la que hablaba Freud. La experiencia, el contacto con ese conjunto de aromas que formaban una fragancia excepcional, marcó, dejó una huella. Ahora, el joven querrá volver a sentir la misma sensación, de placer podríamos agregar. Querrá repetir aquella sensación producto de la aspiración de ese aroma. Podríamos suponer que por más de que lo vuelva a vivenciar, jamás será de la misma manera.

Aquella hermosa muchacha que escogió Jean-Baptiste para completar su obra maestra era la hija del Marqués de Montesquieu, llamada Laura. El Marqués a raíz de los asesinatos que azotaban a la región, trató de proteger a su hija llevándola afuera de la cuidad. Con la desgracia de que para Grenouille la distancia no era un problema, logró realizar su cometido, matándola, dejándola calva y desnuda como a las anteriores víctimas. Al encontrar a las muchachas de esta manera, se llamó al asesino “discípulo de Satán” y “asesino de almas”.

Una vez que Jean-Baptiste Grenouille unió las esencias que componen el perfume, se resistió y fue apresado, llevando consigo su creación: el pequeño frasco de perfume. Cuando el Marqués lo interroga, le pregunta porqué mató a su hija, la única respuesta que da el joven fue: “la necesitaba”. Respuesta que da cuenta que su objetivo era sólo el perfume, no las vidas de las jóvenes muchachas, en todo caso ellas eran un medio para que se lleve a cabo la meta, eran objetos…no sujetos. Respecto a la responsabilidad ante los hechos, podemos presumir que el joven no se entera de ella, no se arrepiente ni se culpabiliza. Podemos suponer que la muerte de la primera joven, vendedora de ciruelos no fue intencional sino más bien un accidente. En contra partida con esta muerte, las subsiguientes fueron ideadas y premeditadas. Es en este caso, en que el sujeto es punible, en tanto los asesinatos fueron intencionales. Su condena será la crucifixión en vida seguido de azotes en frente de todo el pueblo, la cual es la muerte que se daba en esa época para este tipo de delitos.

Llegado el día de su condena, los oficiales van a buscar al perfumista a su celda. Es allí donde Jean-Baptiste aferrado a su pequeño frasco de perfume, se coloca unas gotas en su cuerpo, generando de esta manera la obtención de un trato cordial por parte de los oficiales. Como espectadores observamos que el aspirar el aroma proveniente del cuerpo del perfumista hace que se lo venere, que se lo consienta, de esta manera se confirma que ese aroma es especial. De esta manera, Grenouille consigue vestirse con las ropas de un oficial. Vestido casi como un rey se dirige a la plaza donde lo estaban esperando para condenarlo y azotarlo. Ni bien baja del carruaje, el aroma que emana su cuerpo hace que todos se rindan a sus pies, considerándolo como un ángel. El aroma hace que las personas se sientan como en el paraíso. Poco a poco vemos cómo las personas comienzan a besarse una con las otras, quitándose las ropas, sumergidos cada vez más en un clima de éxtasis y excesos. Mientras sucede esto, se puede observar al joven Grenouille, con una expresión de alegría al principio, teniendo el poder de todo; mientras que luego, sobrevienen lágrimas que comienzan a rodar por sus mejillas. Se ha dado cuenta de que, mientras los demás están felices, abrazados los unos con los otros, él está y permanece solo. Como siempre lo estuvo. Se dio cuenta de que el efecto del perfume embriagador servía para el resto de las personas, pero no para él. Allí Jean-Baptiste se ve interpelado, esa escena da cuenta de que todo lo realizado hasta el momento, es decir su plan, su creación, no había servido para nada. Es un instante que nos permite ver al sujeto, ya no completo y absoluto, sino en falta. Podemos ver que algo de lo humano aparece allí, ligado al sufrimiento y a la soledad. Él era invisible a los ojos de los demás. Él era su propia sombra, él era el agujero de aquel enjambre que representaba la completud, la lujuria y la felicidad suprema.

Al día siguiente, las personas comenzaron a despertar de ese estado de profunda satisfacción, sintiendo una total amnesia de lo que había ocurrido. Algunas personas borraron ese episodio de su cabeza, ya que iba totalmente en contra de su moral. Apresaron a otro joven quien luego de tantas torturas, terminó confesando los crímenes. En cuanto a Jean-Baptiste Grenouille, le espera todo el mundo para esclavizar, ya que poseía suficiente perfume para hacerlo. Podía hacer lo que quisiese ya que poseía el mayor poder de todos. Pero había una cosa que el perfume no podía hacer: no lo convertiría en una persona capaz de amar y ser amada. Podemos esbozar un porqué de su accionar: él quería ser amado, él quería vivenciar aquello que nunca tuvo, quería desear y ser deseado por un Otro. Es por esta razón que, no ingenuamente recorre ese lugar en donde nació, en el cual comenzó su existencia. Allí se encontraba un grupo de indigentes, quienes comenzaron a idolatrar al joven ya que éste derramó en su propio cuerpo todo el frasco de perfume, con el afán de ser amado, de ser deseado. Allí en unos minutos, Jean-Baptiste desapareció de la faz de la tierra, consumido por el grupo de personas quienes se le habían tirado encima. Ellos, cuando acabaron, sintieron un destello virginal de felicidad. Por primera vez en sus vidas, creían haber hecho algo simplemente por amor. Quizás fue la única vez que Jean-Baptiste sintió esa sensación de amor, justo en el momento por el cual dejó de existir.

Respeto a la responsabilidad subjetiva mencionada más arriba, en Jean-Baptiste se podría ubica la posición en relación a aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del sujeto, propició la acción [9] (es en este punto en donde Freud ubica a la responsabilidad). Dicho propósito estará ligado al querer ser deseado por un Otro, un Otro barrado que permita alojar en su deseo al sujeto por venir. En ese instante que vivencia el personaje en el cual se siente sólo en el medio de la multitud, podemos suponer que se ve interpelado, pero aún así no puede soportar esa falta. Esa interpelación hace que termine con su vida, decidiendo que su vida acabe de forma canibálica para ser consumido y quizás amado. Retomando la hipótesis enunciada más arriba, podemos decir que el personaje no desea más que el hecho de ser deseado. Pero no pudiendo ser alojado en un deseo, su búsqueda se vuelve inútil. Será pertinente citar un párrafo extraído de un texto elaborado por Diana Rabinovich, el cual dice “[…] El no deseo, el no haber estado en esa posición de causa en relación con el deseo del Otro, es algo que marca al sujeto para siempre, y que Lacan considera “sin retorno”. Sostiene incluso que ese niño podrá con gran esfuerzo llevar a cavarse algún lugar en el Otro, faltarle de algún modo, pero igualmente queda una marca que será imborrable más allá de cuál sea el Otro concreto en cuyo deseo no tuvo lugar. Observen que no se trata del rechazo, porque el rechazo es un deseo de no deseo, sino el no tener ningún lugar, ni siquiera el de ser odiado. Esta es una situación en la cual el sujeto generalmente se precipita, por lo común, en pasajes al acto serios, importantes para él” [10]. Pudiendo pensar a partir de este recorte, que su muerte, pudo ser un pasaje al acto como un modo de responder a través de la huída, en el cual él sale de la escena para caer como objeto, ya que se disuelve como sujeto dejando de existir.

A pesar de que es una ficción literaria que traspasa a la pantalla, como espectadores sentimos una sensación de ambivalencia, por un lado, desde una posición moral condenamos al perfumista por los crímenes realizados; pero por el otro, si nos posicionamos desde un plano más profundo, podemos suponer que sólo quería amor. Podemos suponer que, el protagonista busca aquello que es propio del ser humano, el ser alojado en un deseo, en un lugar, en una trama filiatoria, etc., para luego poder posicionarse como un sujeto capaz de desear. Tal como lo describe Spinoza, “el deseo es la esencia misma del hombre [11]”. Jean-Baptiste a través de los aromas, quería sentir la sensación de “ser”. Podemos decir que su búsqueda incansable era una búsqueda del “ser”.

Bibliografia

Haddad, M. I. “La Función del Rasgo Unario”. Trabajo enmarcado en el Proyecto de investigación: UBACyT P036, 2008-2010. “El concepto de identificación: sus transformaciones, variedades y relaciones con la estructura de la histeria en el último período de la obra de Lacan (1974-1981)”, Facultad de Psicología, U.B.A, Secretaría de Investigaciones, Buenos Aires.

Lacan, J. “El deseo y su interpretación”.Clase I (12 de noviembre de 1958). En El Seminario, Libro VI. Buenos Aires. Paidós.

Lacan, J. “La Angustia”. En El Seminario, Libro X. Buenos Aires. Paidós.

Rabinovich, D. (1986). “La teoría del YO en la enseñanza de J. Lacan”. En J. A. Miller, Síntoma y Fantasma y D. Ravinovich, La teoría del Yo en la enseñanza de J. Lacan. Buenos Aires. Manantial.

Rabinovich, D. Topología de la Cosa y angustia en Puntuaciones freudianas de Lacan: Acerca del más allá del principio del placer. p.158.

Salomone, G. Z. (2006). “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En La Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Fundamentos. Letra Viva.

Salomone, G. Z. (2006). “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Fundamentos. Letra Viva.

Süskind, P. El Perfume. (1988). Barcelona. Seix Barral


Notas

[1] Sinopsis de “Perfume: the story of a murderer” (2006) en www.imdb.com/title/tt0396171/

Página Web oficial del film en www.perfumemovie.com

[2] Traducción al castellano “El Perfume” (1988).

[3] Haddad, M. I. “La Función del Rasgo Unario”. Trabajo enmarcado en el Proyecto de investigación: UBACyT P036, 2008-2010. “El concepto de identificación: sus transformaciones, variedades y relaciones con la estructura de la histeria en el último período de la obra de Lacan (1974-1981)”, Facultad de Psicología, U. B. A. Secretaría de Investigaciones, Buenos Aires.

[4] Salomone, G. Z. (2006). “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En La Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Fundamentos. Letra Viva.

[5] Rabinovich, D. (1986). “La teoría del YO en la enseñanza de J. Lacan”. En J. A. Miller, Síntoma y Fantasma y D. Rabinovich, La teoría del Yo en la enseñanza de J. Lacan. Buenos Aires. Manantial.

[6] Lacan, J. El Seminario, Libro X: “La Angustia”. Buenos Aires. Paidós.

[7] Localidad situada al sur de Francia. Destacada como centro mundial de la industria dedicada a la elaboración de perfumes y fragancias.

[8] Enfleurage es un procedimiento que utiliza grasas inodoras que son sólidas a temperatura ambiente para capturar los fragantes compuestos exudados por las plantas. El proceso puede ser “frío” o “caliente”. En enfleurage caliente, las grasas sólidas se calientan y la materia botánica se agita en la grasa. Botánicos gastados son repetidamente tensas de la grasa y reemplazado con material fresco hasta que la grasa se satura con la fragancia. Este método es considerado el más antiguo procedimiento conocido para la conservación de las sustancias de las plantas de fragancia. Una vez que la grasa es saturada con fragancia, que se denomina el “enfleurage pomada”. La pomada puede ser lavada o empapada en alcohol etílico. Fragmento extraído de Wikipedia.

[9] Salomone, G. Z. (2006). “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La Transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I. Fundamentos. Letra Viva.

[10] Rabinovich, D. “Topología de la Cosa y angustia en Puntuaciones freudianas de Lacan: Acerca del más allá del principio del placer”. p.158.

[11] Spinoza citado en Lacan, J. El Seminario, Libro VI: “El deseo y su interpretación”.Clase I (12 de noviembre de 1958). Buenos Aires. Paidós







Comentarios
Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 19 de octubre de 2012 » val9_2004@hotmail.com 
El Perfume: historia de un asesino

Estimada colega,

Es muy interesante el comentario propuesto. Me gustaría poder responder algunas cuestiones que se plantean como interrogantes sobre este maravilloso film. En primer lugar, podríamos ubicar esa búsqueda del ser, como aquella búsqueda de lo indecible, búsqueda que justamente hace al “ser” humano. Búsqueda de lo que se escapa.. algo que tiene que ver con la dimensión del deseo, aquello que no es reducible a la demanda. Lo que caracteriza al personaje es que es una búsqueda muy particular ya que en el camino se encuentra con la muerte, al principio de manera incalculada pero luego de manera intencional. La búsqueda en este personaje lleva a encontrarse con la muerte. Su resultado lleva a reconocerse como agujero, como alguien que no fue objeto causa del deseo del Otro. Es a partir de allí que realiza el pasaje al acto, pretendiendo ser incorporado de manera canibálica por otros: “si no puedo ser amado, al menos estaré en ustedes”.
Por otra parte, no creo que el sentido del olfato este en desuso hoy en día (comentario totalmente moral de mi parte). Lo que expreso es que la experiencia de sentir olor es única en cada ser. Otro interrogante que me surge es.. ¿qué es captar la realidad sino vía la representación?
Intenté realizar una distinción entre responsabilidad jurídica y responsabilidad subjetiva, en donde trato, no de justificar esas muertes, sino de encontrar alguna hipótesis en relación al porqué el protagonista hace lo que hace en tanto sujeto del inconsciente. Si pensamos el término responsabilidad en tanto respuesta, podemos suponer que Jean-Baptiste responde con una huída.
Ojala estas cuestiones puedan responder a los interrogantes planteados en su comentario.

Saludos,

Valeria


Mensaje de Marolyn Regueiro  » 12 de octubre de 2012 » fermentalia@hotmail.com 
El Perfume: historia de un asesino

Es increíble como en este film, la problemática que abre el debate se encuentra en torno a los sentidos y a la realidad, para luego desembocar en una problemática ética-estética, ¿Cuánto de asesino hay en Jean Baptiste y cuanto de artista?
Podría preguntar a partir de los que planteas en los primeros párrafos, si esas categorías de aromas desagradables y agradables de alguna forma nos han sido impuestas o hay cierta predisposición innata a rechazar y preferir ciertos aromas ante otros. A partir de tu pregunta inicial ¿cómo puede algo ser definido como olor? Surge la pregunta por los aromas y las palabras, ¿qué sucede con aquellos aromas que por ser menos frecuentes o innecesaria su identificación a nivel práctico, no poseen nombre? ¿Qué ocurre con lo que se capta subjetivamente, la riqueza de las sensaciones particulares pueden ser realmente captadas por palabras que tienden a homogeneizar la realidad? Si realizáramos una pirámide de mayor a menor jerarquía de los sentidos en relación a su relevancia y uso en la vida cotidiana, el aroma seguramente lo pondríamos en último lugar, ¿a qué se debe ese desuso? Resulta de un condicionamiento cultural por un lado, y por otro de la necesidad moralizadora de olvidar nuestra dimensión “animal”.
En cuanto a la segunda dimensión del film ética-estética, el relativismo que se irgue como posibilidad, tiene sentido en tanto sea analizado a la luz (o a la sombra)…de este particular sujeto, el cual tiene una forma de captar sensiblemente la realidad totalmente diferente a la del resto, por ende también su forma de representársela a nivel mental. El mundo sensible tiene otra riqueza, ¿qué ocurre con el mundo de los valores? En el caso de que exista tal plano, cómo incide su ontología, su forma de captar la realidad sensible en su manera de valorarla, en su dimensión moral ¿podría no tenerla?. Dentro de este universo simbólico híper enriquecido, en donde las palabras convencionales quedan cortas, ¿es coherente preguntar si lo que es valioso para la mayor parte de las personas lo puede ser para un sujeto que tiene esta forma privilegiada de acceder a la "realidad"?. Ya es un problema que mantuvo y mantiene bastante entretenidos a los filósofos analíticos, el tema de la correspondencia entre el mundo de los objetos sensibles y el mundo de los valores, y cómo muchos sistemas éticos cometen una falacia en concluir enunciados éticos a partir de enunciados descriptivos, pero esto es a la luz de la lógica clásica, la que postula el principio de identidad, de no contradicción, etc como presupuestos básicos para la comunicación y el pensamiento "correcto" de la realidad, pero ¿qué ocurriría si esas leyes no se ajustarán al universo que ha descubierto Jean Baptiste? ¿Ya estaba ahí o este plano es pura invención sin relevancia? , nuevamente rozamos el relativismo (en base al cual se puede ostentar justificar lo impensable)…

Pensé en estas cuestiones, a partir de tus preguntas sobre su responsabilidad moral, su culpa, su conocimiento. No podemos dejar de reconocer que si bien se encuentra de forma azarosa con la muerte, luego, muy racionalmente va planificando cada uno de sus asesinatos. Tal vez esta forma de “cranear” un plan estratégico se vea justificado desde su universo axiológico, en vistas de conseguir un fin, un objetivo que se conecte de alguna manera con un plano superior metafísico de realidad, pero, este universo sería privado, ¿podría tener validez entonces? Donde no hay un “otro” con el cual dialogar, intercambiar argumentos, ¿estamos ante una dimensión realmente moral?.

Esa carencia de “ser” a la que te refieres, la podríamos relacionar, tal vez, con esto, su incapacidad para comunicarse, para compartir un universo simbólico con otro ser, tal vez solo eso nos hace humanos, lo cual el resuelve a partir de un proyecto estético. Lo inquietante es cómo algo que solo es captado por él como “el aroma de la existencia” por decirlo de alguna manera, imperceptible para los demás, luego en su producto final puede llegar a tener tanto alcance, tanta influencia en los demás, privilegio al cual finalmente renuncia.

Me quedo por acá, pues hay muchas aspectos para analizar y problematizar, me gustaría saber lo que piensa la autora de mi aporte.

Sinceramente no sabía que la forma de participar era ésta, sino lo habría hecho mucho antes. Gracias


Mensaje de Marolyn Regueiro  » 1ro de octubre de 2012 » fermentalia@hotmail.com 
El Perfume: historia de un asesino

Hola que tal? me gustaria saber cómo se puede participar en el congreso? estoy inscripta como asistente. Gracias


Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 3 de agosto de 2012 » val9_2004@hotmail.com 
El Perfume: historia de un asesino

Gracias Mauro, aprecio mucho tu comentario, Saludos!


Mensaje de Mauro Lionel Zamijovsky  » 3 de agosto de 2012 » zami.mauro.lionel@gmail.com 
El Perfume: historia de un asesino

¡Muy bueno, Vale! Me pareció interesante la lectura que hiciste de la serie de asesinatos como la "búsqueda incansable del ser", sostenida por el lugar que se le dio a Jean-Baptiste Grenouille desde su nacimiento. ¡Saludos!



 

 
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