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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Película asignada: El abogado del diablo

Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos
Comisión: 10
Titular: Lic. Fariña, Juan Jorge Michel
Docente: Lic. Domínguez, María Elena

Alumnos:
• Blasco, Lucía DNI 32.301.214
• Dupuy de Lôme, Dominique DNI 31.916.251

- 1° cuatrimestre de 2010-

ANALISIS DEL FILM: “EL ABOGADO DEL DIABLO”
A partir de haber visto el film “El abogado del diablo”, intentaremos dar cuenta del circuito de la responsabilidad subjetiva que lleva a la posible emergencia de una singularidad. El personaje elegido para el desarrollo de la consigna del segundo parcial es uno de los protagonistas de la película: Kevin Lomax, protagonizado por Keanu Reeves.

Para comenzar nos parece preciso distinguir, en primer lugar, que la responsabilidad de la que se intentará dar cuenta no es una responsabilidad jurídica o moral en función de un sujeto autónomo, sujeto de la intención y de la razón, sino la responsabilidad subjetiva la cual se configurará a partir de la noción de sujeto del inconciente, sujeto no autónomo que por definición no es dueño de su voluntad e intención; estos dos campos convocan al sujeto a responder desde diferentes lugares. En segundo lugar, que el circuito de la responsabilidad establece tiempos lógicos y no lineales.
De esta manera, podríamos situar un tiempo 1, en el cual se realiza una acción determinada en concordancia con el universo del discurso en el que se haya inmerso el sujeto y que se supone se agota en los fines para los que fue realizada. Basándonos en el film, una de las primeras situaciones a remarcar es cuando, después de haber ganado un caso de abuso sexual a una menor (aún sabiendo acerca de la culpabilidad de su cliente), Kevin acepta una oferta laboral en una de las firmas con mayor prestigio de New York. La pareja, dejándose persuadir por el dinero, poder y fama, abandona Gainesville con el fin de poder tener una vida llena de lujo y confort, sin privaciones; mejorando su posición económica. Durante el desarrollo y el apogeo de la carrera de Kevin, Mary Ann comienza a percibir la falta de su marido; él trabaja demasiado y ya no le presta la misma atención que antes. Ella le advierte que algo anda mal y que estaban pasando cosas que no eran normales, sin embargo él desestima lo dicho por ella y acepta su primer caso: un triple homicidio. Lomax, creyendo que su mujer estaba perdiendo poco a poco su juicio, decide internarla en un hospital psiquiátrico, con el siguiente argumento “Dejo el caso, ella mejora y la odio por eso. No quiero vivir resentido.” Esta manera de ser, de actuar del sujeto en su vida será resignificada en un momento lógico posterior.
En el tiempo 2 aparece un indicador que da cuenta de un exceso en lo acontecido en el tiempo 1, donde el universo particular se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo; el tiempo 2, el de la interpelación, exige una respuesta. La realidad le muestra a Lomax que sus acciones, descriptas anteriormente, no agotaron los fines para los cuales se realizaron: él observa como su esposa se suicida después de ser internada. En el mismo marco, su madre le confiesa que su padre no había fallecido, que estaba vivo y que era John Milton. Si bien Lomax había aceptado la oferta de trabajo para mejorar su estatus económico y poder tener una mejor calidad de vida con su mujer, esto fue más allá de lo que él esperaba: su relación matrimonial empezó a peligrar al igual que la salud de Mary Ann. Es así que el universo particular de Kevin comienza a quebrarse, pero solo en el momento en que él se interpela a si mismo cuestionando su actuar, configurando así el momento indicado para el surgimiento de una singularidad que ponga al descubierto la incompletud del universo. A partir de la interpelación de Kevin con respecto a su accionar en el transcurso de su vida, defendiendo a sujetos que él mismo sabe que son culpables, y el haber descuidado a su esposa a causa de su avaricia nos es posible comenzar a entrever marcas de responsabilidad. El tiempo 2, el de la interpelación, resignifica el tiempo 1. Esto se deja ver cuando en el sujeto el universal previo y los ideales sostenidos (tiempo 1) resultan incompletos y tras esto puede ocurrir un reposicionamiento del sujeto frente a algún aspecto de su vida, la emergencia de una singularidad (tiempo 3).
Podemos retroactivamente hallar en el lazo asociativo entre el tiempo 1 y el tiempo 2 una hipótesis clínica que sitúe la naturaleza de esta ligadura. Lo que podemos ubicar, a partir del texto propuesto por María Elena Domínguez sobre el film, es una hipótesis clínica que nos permitirá dar cuenta de algo del deseo inconsciente de nuestro personaje y a la vez desarrollar respecto de qué éste debe responder, en términos de responsabilidad subjetiva. Es así que partimos de la hipótesis de que Lomax tiene un asunto pendiente: la paternidad. Para Kevin su padre está “muerto” y esto le deja las puertas abiertas para ocupar su lugar y ensayar qué es un padre. El interrogante “¿Qué es ser padre?” se pone en juego cuando en un funeral observa como Cullen pasa el dedo por la espalda de su hijastra, lo cual basta para que en él se despierte algo del deseo incestuoso. También lo podemos ubicar a partir de que su mujer, Mary Ann, le comunica sus ganas de formar una familia, a pesar de saber que para él no era el momento indicado. Esto se liga a la negación de la castración, lo cual mantiene lazo con la función paterna. Un indicador de dicha negación se pone de manifiesto cuando vemos la constante insistencia de Kevin por ganar los juicios, incluso sabiendo que sus clientes eran culpables. Los conceptos de “ganar” y “perder” se ven relacionados con el “tener” y “no tener” referentes a la castración. Kevin se rehúsa a renunciar a ese goce total que obtiene por medio de sus triunfos. Además, el hecho de buscar una mejora económica y aspirar a “algo mejor” nos muestra esa continua búsqueda por el goce total, poniendo una distancia a la castración. Un indicador en el film de lo postulado respecto al rechazo de esta operación simbólica (la castración) lo podemos ubicar cuando Kevin prefiere hacer oídos sordos a las advertencias que su mujer le hace y seguir en busca de la satisfacción de sus deseos. El hecho de ser abogado, el que transmite la ley, podría ser pensada como un intento de ensayar qué es un padre, en el eje de lo social: es él quien decide quién es culpable y quién no, es él quien marca la ley buscando un lugar donde ubicarse. Es a partir de la muerte de su esposa que se empieza a poner en manifiesto la castración.
Es aquí que resulta necesario ver que lugar ocupa el azar, aquello que implica lo fortuito, la incertidumbre, lo imprevisto, lo no planeado por el sujeto. En “Psicopatología de la vida cotidiana”, Freud plantea el azar como una acción simple e inocente en apariencia, pero que es en realidad una “acción somática” que conlleva un propósito inconciente, tiene un sentido más allá de la intención o voluntad conciente. Este elemento lo ubicamos en el film en relación a los padres que tuvo Kevin y al pueblo en el que creció; aunque hay que destacar que el azar no exime de responsabilidad al protagonista en cuanto a su actuar.
La determinación, por su parte, también hace referencia a aquello que el sujeto no elige, que tiene que ver con aquellas marcas, con la historia personal de cada uno, que hace que se actué de determinada manera. Es decir, aquello que el sujeto no determina pero que lo determina a él. Sin embargo, el sujeto sigue siendo responsable ya que tiene posibilidad de elección, por ejemplo Lomax tiene la posibilidad de decidir si defiende o no a un cliente, a pesar de saber que es culpable.
Además es necesario tener en cuenta que no hay responsabilidad subjetiva sin culpa, por lo cual creemos necesario abarcar la misma para completar el circuito de responsabilidad que se viene planteando en el presente trabajo. La culpa de la cual intentaremos dar cuenta no es la que tradicionalmente conocemos, como sentimiento de culpa, sino la que depende de una operación simbólica, la interpelación subjetiva. La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa obliga a una respuesta ad hoc a la interpelación: dado el tiempo 2, que es el de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta, que aunque no es considerada todavía tiempo 3 (aquel de la responsabilidad subjetiva), responde a la interpelación. La culpa hace que se retorne sobre la acción por la cual se debe responder. En un primer momento podríamos pensar que Lomax, mediante proyección, evita responsabilizarse de la muerte de su esposa y de su accionar, culpabilizando a Milton, su padre. Sin embargo se puede observar una segunda forma de dar respuesta a partir de que él se da cuenta que fue él mismo quién eligió cómo actuar, tomando sus propias decisiones: “Lo hice todo, la dejé morir, la deje atrás y seguí caminando”.
Teniendo en cuenta que Lomax se suicida, podría pensarse que mediante este acto él se responsabiliza moralmente al modo de “la culpa es mía”. Pero decir “la culpa es mía, me equivoqué” no hace más que desculpabilizar al yo del deseo, por eso teniendo en cuenta ese actuar de Kevin no podríamos hablar de responsabilidad subjetiva. Sin embargo a partir de la decisión de suicidarse Kevin vuelve en el tiempo para cambiar el rumbo de su vida. La película vuelve a su punto de inicio: Lomax en el receso del juicio del profesor acusado de abuso, frente al espejo y sin su anillo. Al volver del receso Lomax besa a su mujer, quien esta ahí como siempre mirando en primera fila y comunica al juez que no puede continuar con el proceso. Es así que el abogado pierde su record, encontrándose con la primera derrota. Esto nos llevaría a ver un cambio respecto a la hipótesis clínica: perder equivale a aceptar la propia castración. Lomax pudo realizar el movimiento que va del tiempo 2 a resignificar el tiempo 1, se hizo cargo de la falla del universo (de lo particular) en el cual se encontraba en el tiempo 1, de un exceso, que al ser reconocido, al responsabilizarse subjetivamente por ello, permite la construcción de un nuevo universo, en el cual realiza una singularidad. Y es precisamente por esto que puede decirse que se ha dado un acto ético, acto que conlleva singularidad porque no pertenece al universo al cual irrumpe, porque hace fracasar a las legalidades que constituían su vida. El protagonista realiza una respuesta diferenciada y sólo así puede establecer una relación más ética con su deseo.
A partir de esto podríamos plantear un tiempo 4, el cual ubicamos al finalizar la película cuando, una vez más Lomax es tentado: un periodista le pide una primicia sobre su primera derrota. Lomax no acepta. Pero cuando el periodista le dice “tú puedes ser la estrella” el abogado pide que lo llame al día siguiente. Así podemos ver que Lomax no deja su vanidad a un lado, pero ahora sabe llevarla de otra forma.
De esta manera, concluimos que Lomax no es ético, sino que ha realizado un acto ético, lo que no supone que su existencia misma pueda ser revestida de tal atributo; como señala M. Fariña: “no es un ser humano, sino un momento de ese ser humano”, es decir, este acto ético no determina como continuará siendo la vida de Lomax, ni que hará con la incertidumbre que se abre tras el quiebre del universo en el cual estaba inmerso.

A continuación haremos una comparación entre al caso de Ibbieta, presentado en el texto “El muro” de Jean Paul Sartre, y el film. En ambos casos el interés no reposará en lo judicial sino en la subjetivación de una acción; no cualquier acción, sino aquella que recaiga sobre el sujeto poniéndose en este acto. Para comenzar haremos una comparación del circuito de la responsabilidad; así como en la película pudimos observar un circuito hasta el tiempo 4, en el relato solamente pudimos encontrar la presencia de un tiempo 1, un tiempo 2 y un tiempo 3: tiempo 1, cuando Ibbieta se burla de los falangistas (acción con determinado fin); tiempo 2, a partir de la presencia de indicios que connotan que “algo anduvo mal”. Lo que confunde al protagonista es el hecho de que no lo maten, y luego enterarse que habían matado a Gris. Esto marca una situación plena de elementos de necesidad y azar. El azar podría ser una exculpación posible para Ibbieta, ya que él sabía que Gris estaba en la casa de su primo (y no que había abandonado el refugio para esconderse en el cementerio). Sólo por azar fue que la “confesión mentirosa” de Ibbieta coincide con el verdadero paradero de Gris. Así podemos dar claro ejemplo de que el azar implica lo fortuito, lo no planeado por el sujeto. Y la necesidad la ubicamos en tano Ibbieta “tiene que hablar”.
Invocar el azar sería una forma de negar la responsabilidad de Ibbieta. Sin embargo, podemos ver el empuje de un deseo inconciente, el cual muchas veces hace que en la vida se disponga de determinada manera, por lo que el azar no exime de responsabilidad a Ibbieta. Si Ibbieta es responsable de un acto, este acto inscribió el deseo y como precio de éste, carga con lo real de la culpa: la responsabilidad. El sujeto es responsable de la puesta en acto de éste deseo (tiempo 3: expresión de Ibbieta: “¡En el cementerio!”, mientras se encuentra llorando de la risa). En Ibibieta emerge la subjetividad, una singularidad que permite el despliegue del sujeto del inconciente, al igual que en Kevin Lomax.
Así podríamos dar cuenta de una primera hipótesis clínica, la cual es una conjetura a partir del material que podemos extraer del relato de Ibbieta y que él no puede “oír”: que tuvo miedo a la muerte, cosa que él no sabía. Con esa falsa mentira que Ibbieta creía estar diciendo, él salvó su vida; y si ese fue un deseo, de eso es responsable. También podríamos dar cuenta de una segunda hipótesis clínica en base a la palabra que Ibbieta utilizó para delatar a Gris: “cementerio”.
BIBLIOGRAFÍA:
• D’Amore, O.: “Responsabilidad y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Domínguez, M. E.: “Aunque lo vean venir ¡Libre albedrío! Un saber-hacer-ahí con la vanidad”. En www.elsigma.com
• Domínguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Fariña, J. J. M. (1998). “Qué es esa cosa llamada ética”. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Ficha de cátedra: “Responsabilidad: entre necesidad y azar”.
• Freud, S. (1901). “Psicopatología de la vida cotidiana”. Obras completas. Amorrortu Editores, Buenos Aires, (2005)
• Mosca, J. C. (1998). “Responsabilidad, otro nombre del sujeto”. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Salomone, G. Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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