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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Primer Cuatrimestre 2010

Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra I: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Comisión: 10
Docente: Lic. Domínguez Maria Elena

Alumnos:

Tebele, Denise LU: 32.187.745/0
García, Mariangeles LU: 31.538.198/0

Parcial Domiciliario

Título de la película: El color de la noche
Año: 1994
País de origen: Estados Unidos

Analizaremos la película: “El color de la noche”, la cual tiene como protagonista a Bruce Willis encarnando el personaje de un psicólogo de apellido Capa. El autor Alejandro Ariel hace un comentario sobre el film, a partir del cual consideramos que el análisis de la responsabilidad sujetiva se centra en el personaje del analista.
Describiremos unos pequeños minutos iniciales de la película, donde Michelle (paciente de Capa, creemos, desde hace años) se encuentra desesperada en el consultorio de su analista, expresando toda su ira. El psicólogo sin embargo no deja entrar la desesperación de ella porque se siente un sabio, cree tener el saber acerca de lo que le ocurre a su paciente, interpretando el odio hacia él como la transferencia puesta en juego, razón por la cual cree que “hay que buscar quién la persigue”, incitándola a mirarse en el espejo en busca de su perseguidor. Ariel, plasmando su hipótesis, manifiesta que el analista al indicarle esto, está sugiriéndole que ella misma es quién ocupa los dos lugares: el de perseguidora y el de perseguida. Allí su intervención analítica adquiere responsabilidad ya que vuelve a cerrar lo que se había abierto en la cura, no puede deducir que la perseguidora era la paciente y que él mismo era el perseguido. De esta manera puede observarse como Capa la abandonó en el espejo, desistiendo de la transferencia y dando lugar a que ella se tirase por los ventanales del edificio en el que se encontraba su consultorio, entendiendo que el vidrio de su ventana era el que la paciente había elegido para reflejar su imagen.
De acuerdo a los aportes de Gutierrez, el criterio profesional es el que guía el accionar del psicólogo, el cual dependerá de los principios éticos y de la responsabilidad a la que el terapeuta se compromete en relación a los avatares psíquicos de su paciente en particular, para así abstenerse de imponer los propios ideales y valores y poner en primer plano la dimensión del sujeto. En el film observamos un analista que interpreta y trasmite a la paciente su propia idea preguntándole: “¿Quién es tu perseguidor hoy?”, ubicado desde su lugar de saber y certeza sobre lo que le sucedía a Michelle.
El circuito de la responsabilidad se constituye en tres tiempos lógicos. En un Tiempo uno el analista lleva adelante acciones con ciertos fines suponiendo que se agotan en los objetivos para los cuales fueron concebidas. El analista despliega su interpretación a la paciente: “¿Quién es tu perseguidor hoy?”. El sabía lo que le tenía que decir en esa sesión, y en las siguientes. Extrae una conclusión a partir de su conocimiento teórico sobre la transferencia y de su creencia acerca de que el odio que ella expresaba no era contra él, e incita a Michelle a buscar quién la persigue. La acción del analista concuerda con el universo de discurso en el que se encuentra inmerso.
En un Tiempo dos del circuito de la responsabilidad la acción se confronta con algún indicador que le muestra un exceso en lo acontecido anteriormente. El accionar del personaje, que se agotaría en determinados fines, no se ha agotado en los mismos. Michelle, eligiendo los vidrios de la ventana para reflejarse, provoca en el analista la comprensión de la situación: ella va a suicidarse. Él la mira e intenta socorrerla, pero es tarde, ya no puede agarrarla. La invitación a buscar en algún espejo a su perseguidor no se ha agotado en sí misma, fue mas allá, desencadenando la consecuencia trágica que perturba el accionar del analista.
Siguiendo la secuencia lógica, “el Tiempo dos se sobreimprime al Tiempo uno, resignificándolo” . Se trata hasta aquí de dos tiempos donde “el segundo anota la eficacia del primero a posteriori” .
El modo de respuesta del analista ante la interpelación es el sentimiento de culpa que lo invade al ver que su paciente se había arrojado por la ventana. La formación sintomática que se despliega en el psicólogo está ligada en primera instancia a la culpa, aunque esta respuesta se sitúa aún en el eje particular. Se trataría, en palabras de Dominguez M. E. de un “síntoma que se usa para completar al Otro, que le da consistencia al goce del Otro, vertiente ligada a la culpa” . Allí donde el analista es llamado a responder hace un síntoma histérico, que lo lleva a dejar de ver el color rojo de la sangre alrededor del cuerpo de la paciente ya sin vida que yace en el asfalto. A partir de este momento Capa no volverá a ver ese color, el daltonismo se hará presente en él hasta unos minutos antes de concluir la película, dónde se produce un cambio. Nos encontramos frente a la formación de un síntoma egodistónico, que es fuente de queja y del cual el analista quiere liberarse. Un síntoma que insiste a lo largo del film ya que tiene un sentido que está reprimido y debe ser descifrado.
Capa se siente culpable por el suicidio de su paciente, pero ésta es una culpa que tapona, una culpa moral. En palabras de D`amore: “Esta respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética” . Se responsabiliza moralmente por lo ocurrido. Pero es una respuesta después de todo, aunque todavía no se ubica un tiempo tres, tiempo de la responsabilidad subjetiva, por tanto, la culpa funcionando como tapón es distinta a la responsabilidad. Sin embargo, de acuerdo a las palabras de D’Amore: “no hay responsabilidad subjetiva sin culpa” .
El lazo entre el tiempo uno y el tiempo dos implica una Hipótesis Clínica frente a la pregunta por la responsabilidad del Sujeto, donde el mismo debe tomar una posición frente a la Castración, lo que se pone en juego para Capa en la falla en sus intervenciones con Michelle. El analista que se apoyaba en su universo de discurso psicológico, seguro de sus conocimientos y de sus intervenciones, se enfrente con un agujero, con la falla estructural. Se concluye que hay coincidencia con la hipótesis clínica que expone Ariel en su texto.
Para dar lugar al Tiempo tres es necesario que emerja la responsabilidad subjetiva. Se trataría del “momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo” . Se espera una respuesta que implique un cambio de posición, donde el Sujeto que adviene ya no será el mismo que el del tiempo uno. Para ello la culpa no tiene que actuar como tapón porque no favorecería el efecto Sujeto.
Capa, luego de lo sucedido en su consultorio, parte hacia los Ángeles a la casa de un colega llamado Bob, quién le presenta el grupo de análisis con el que se encontraba trabajando. Durante el transcurso de la película Bob resulta ser asesinado. Consecuentemente Capa comienza a investigar a los miembros del grupo para averiguar cuál de ellos podría haber consumado el hecho. Mientras esto ocurre se enamora de una joven, más tarde descubrirá que había pasado por la vida de cada uno de los integrantes del grupo. Así nos encontramos con una de las últimas escenas del film, donde Rose luego es descubierta por Capa como quién se involucró con todos los pacientes de Bob desde distintos personajes, sube a la terraza con el objetivo de suicidarse, consecuentemente Capa la sigue para intentar detenerla, expresándole las siguientes palabras: “Arriésgate, no hay riesgo en la muerte”. Rose lo escucha y comienza a caminar hacia él pero se resbala, cuando está por caerse él la sujeta de la mano salvándola. Él mismo se arriesga enfrentando su existencia, decidiendo qué hacer allí. Sin saberlo se encuentra a sí mismo en una situación similar a la del tiempo uno, pero desde el tiempo dos que lo resignifica, dando como resultado el tiempo tres. Es aquí donde Capa finalmente decide, en el saberse responsable decide ayudar a Rose, evitar su suicidio. En este hacerse responsable cae el síntoma histérico.
Entendemos, entonces, que el analista se posiciona de otra forma frente al mismo hecho, dos mujeres que se quieren suicidar. En el primer caso no pudo salvar a Michelle porque no pudo oír en sus palabras lo que le estaba pasando, no logró dejar entrar en él la angustia de su paciente. Sin embargo en la escena con la joven Rose sí advierte qué es lo que le sucedía, expresando una interpretación que la llevaría a tomar una decisión con respecto a su propia vida, que se arriesgara a seguir viviendo, a hacer algo distinto con su historia traumática para que no desencadenara en un suicidio. Allí mismo donde le dice que se arriesgue, él también lo esta haciendo, está haciendo algo diferente con aquellas marcas del suicidio de Michelle que desembocaron en su síntoma histérico.
La culpa se figura entonces, a partir de aquí, de otro modo. El universo en el cual se sostenía el analista se resquebraja, frente a la interpelación proveniente de lo sucedido la culpa ob-liga los elementos disonantes desligados para dar una respuesta, permitiendo el pasaje al tiempo de la responsabilidad subjetiva. La culpa que taponaba se diluye en el efecto sujeto y pasará a ser una respuesta de la dimensión ética, ubicándonos ya en el campo de lo subjetivo. Se trata, en palabras de M. E. Domínguez del “tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de la pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo (…)” .
En el Tercer tiempo adviene la responsabilidad subjetiva frente a un acto ético que produce un Sujeto, diluyéndose tanto el sentimiento de culpa como el síntoma histérico, que permite que vuelva a ver el color rojo proyectado en un farol, mientras sostiene a la joven de la mano, evitando su muerte.
En este punto ubicaremos las categorías de Azar y Necesidad. De acuerdo a los aportes de Fariña quien retoma la conceptualización de Juan Carlos Mosca: “la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar” . La Necesidad es entendida en el sentido de un determinismo, como algo inexorable. El Azar hace referencia a aquello que implica incertidumbre, es lo no determinado.
Cuando una situación está totalmente regida por la determinación (o la necesidad) o por el azar, no hay lugar para la pregunta acerca de la responsabilidad del Sujeto. Pero esta situación se vierte cuando se produce una grieta entre ambos polos. Se observa en el film cuando el analista le dice a Rose: “Arriésgate, no hay riesgo en la muerte”. Hay allí una grieta entre la determinación que es la muerte, y el puro azar, dando lugar a la responsabilidad. Esa brecha que se abre entre los dos polos, es la que surge por la interpelación del tiempo dos que lleva al propio analista a hacer algo distinto, a arriesgarse.
De acuerdo a los aportes de Salomone, se considera que la responsabilidad está vinculada a una determinada noción de sujeto. Por un lado la responsabilidad subjetiva vinculada a un sujeto del inconciente, más allá de los límites del yo. Por el otro lado, la responsabilidad jurídica “la cual restringe la posibilidad al terreno de la conciencia, al ámbito de la intencionalidad conciente” . El sujeto del derecho, como sujeto autónomo, es capaz de hacerse responsable por sus elecciones, sus decisiones y sus acciones, es dueño de su voluntad y su intención, no es otra cosa que la decisión propia de Capa de dejar de atender a pacientes y viajar a los Ángeles, una vez muerta Michelle, como forma conciente de responder a sus actos.
A continuación desarrollaremos la comparación entre el texto “El Muro” de Sastre y el film “El color de la Noche”, con respecto al circuito de la responsabilidad. En el texto “El Muro” el protagonista denominado Ibbieta, interpreta a un prisionero republicano en manos de oficiales falangistas, quienes lo interrogan acerca del paradero de Gris. Ibbieta resuelve optar por la burla hacia ellos en vez de denunciar al líder anarquista. Sabiendo que Gris se escondía en casa de su primo, les replica que está escondido en el cementerio. Ante este tiempo uno del circuito de la responsabilidad, Ibbietta sigue el camino de una elección, elige mentir. Al igual que el personaje del film, Capa, cuando le dice a su paciente que se mirase en el espejo para ver quién la perseguía. Ambas conductas concuerdan con un Tiempo uno, entendiendo que las mismas se agotan en los fines para los cuales fueron concebidas.
Sin embargo, las acciones emprendidas en un Tiempo uno no se agotan en sus fines, porque en el texto “El Muro” el personaje es interpelado a partir de ciertos indicadores que le demuestran que algo no anduvo del todo bien, ya que después de dar su testimonio, los falangistas partieron hacia el cementerio logrando encontrar a Gris, dándole muerte, y al regreso no terminan con la vida de Ibbieta. Es otro personaje, de nombre García, quién le comenta luego a Ibbieta sobre lo acontecido.
Por otro lado, en el film la paciente elige la ventana para mirarse, tirándose de la misma para dar fin a su vida, interpelando al analista, ya que su invitación a mirarse en el espejo no se agotó en sí misma.
En ambos casos estaríamos frente a un Tiempo dos, desde el cual el Tiempo uno es resignificado. La palabra “cementerio” es resignificada a posteriori cuando es relatada por García. La interpelación que implica la retroacción del Tiempo dos sobre el Tiempo uno, ob-liga a responder. Es allí cuando Ibbieta se ríe hasta que las lágrimas inundan sus ojos, lo cual hace suponer la emergencia de un Tiempo tres donde el Sujeto que adviene no es el mismo que el del Tiempo uno, y la culpa no funciona como tapón sino que favorece el efecto Sujeto. Se lo puede considerar responsable de haber hablado, de elegir en su discurso la palabra “cementerio”.
Así mismo, en la escena final del film donde Rose sube a la terraza con el objetivo de suicidarse y Capa la sigue intentado detenerla, momento en que ella escucha sus palabras y comienza a caminar hacia él resbalando, pero él la sujeta de la mano salvándola, es este el momento en donde Capa toma una decisión: él mismo se arriesgará enfrentando su existencia. Se ocasiona una toma de posición que produce un Sujeto, tiempo tres del circuito de la responsabilidad.

Bibliografía

 Ariel, A: “En rojo: la responsabilidad por la transferencia”. Clase dictada en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, 2004.

 D’Amore, O.: “Responsabilidad y culpa”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.

 Domínguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.

 Fariña, J. J. M.: “Responsabilidad: entre responsabilidad y azar”. Ficha de cátedra publicada en la página web de la cátedra.

 Fariña, J. J. M.: “The Truman Show”. Un Horizonte en quiebra.

 Gutierrez, C. & Salomone, G. Z.: La responsabilidad profesional, entre la legislación y los principios éticos. En La nave, año III, Nº 20, Septiembre 1997.

 Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Etica: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

 Salomone, G.: “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En Salomone, G. Z.; Domínguez, M. E. (2006). La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Letra Viva, Buenos Aires.



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