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La identidad personal durante la Shoá

por Kustermann Ramos, Nathali Andrea

Universidad de Buenos Aires

Resumen:

El presente artículo interroga a partir del personaje principal, Francisco Boix, del film El fotógrafo de Mauthausen (Mar Targarona, 2018), cómo el contexto deshumanizante de la Shoá impacta en su identidad personal y qué factores podrían comprenderse como ejes constitutivos de la misma. Para dicho análisis se recurre al método ético-clínico de análisis de films, el cual se basa en la pregunta: ¿Qué puede enseñar a la psicología la experiencia del cine?
Se identifican, a través del análisis singular del personaje de Boix, ciertos elementos como ejes constitutivos de la identidad personal por vincularse con su historia personal y familiar y que serían afectados en un contexto de deshumanización. Estos son: cuerpo, fotografía, ideología, nombre propio. Además, mediante el testimonio Boix reconstruye su biografía, y le brinda una continuidad narrativa a su identidad. Se analiza entonces, en un contexto de desconocimiento de la condición humana, cómo estos anclajes de la identidad personal se constituyen en un símbolo de resistencia.

Palabras Clave: Humanidad | Identidad | Shoá | Testimonio

The Personal Identity During the Shoah: An Analysis from Film the Photographer of Mauthausen

Abstract:

This article questions from the main character, Francisco Boix, of the film The Photographer of Mauthausen (Mar Targarona, 2018), how the dehumanizing context of the Shoah impacts on his personal identity and what factors could be understood as constitutive axes of it. For this analysis, the ethical-clinical method of film analysis is used, which is based on the question: What can the experience of cinema teach psychology?
Through the singular analysis of Boix´s character, certain elements are identified as constitutive axes of personal identity because they are linked to his personal and family history and that they would be affected in a context of dehumanization. These are: body, photograph, ideology, proper name. In addition, through testimony Boix reconstructs his biography, and gives a narrative continuity to his identity. It is then analyzed, in a context of ignorance of the human condition, how do these anchors of personal identity become a symbol of resistance.

Keywords: Humanity | Identity | Shoah | Testimony

Introducción

La película El fotógrafo de Mauthausen (Mar Targarona, 2018), se basa en hechos reales y muestra las prácticas que se llevan a cabo dentro de dicho campo, las cuales son documentadas por los propios nazis mediante filmaciones y fotografías.

El presente artículo tiene por objetivo realizar un estudio, por medio del film español, sobre la identidad personal en el contexto de deshumanización de los campos de concentración nazis durante la Shoá. Para tal propósito, el trabajo se enfoca en el personaje principal del film, Francisco Boix, que presenta características de interés para el abordaje del problema de investigación.

Francisco Boix es un combatiente republicano español, comunista y fotógrafo, capturado y destinado al complejo de campos de concentración de Mauthausen en Austria durante la Segunda Guerra Mundial. En Mauthausen, Boix es destinado a trabajar en el laboratorio fotográfico del Servicio de Identificación. Las filmaciones y fotografías que allí se exponen resultan ser pruebas irrefutables de los crímenes de lesa humanidad cometidos por los nazis, motivo por el cual Boix y algunos de sus compañeros deciden arriesgar sus vidas. Las fotografías rescatadas por Boix fueron determinantes para condenar a altos cargos nazis en los juicios de Núremberg en 1946. Él fue el único español que asiste como testigo.

Problema de investigación

Se seleccionan recortes de escenas del personaje principal del film escogido que permiten explorar sobre el reconocimiento de la identidad por medio de la mirada, y la capacidad de la fotografía para representar la identidad personal. También se busca responder de qué manera la identidad se constituye como un tipo de resistencia. Además, se busca comparar el lenguaje verbal con la fotografía en base a la capacidad testimonial que presentan, y a partir de ello reflexionar sobre el lugar de testigo que ocupan las víctimas de la Shoá incluso tras el despojo de la palabra.

Se pretende responder los siguientes interrogantes:

¿Cómo el contexto deshumanizante de la Shoá impacta en la identidad personal de Boix? Y a la vez, ¿Cómo pensar la identidad personal de Boix en un contexto de estas características? ¿Qué factores podrían comprenderse como ejes constitutivos de la identidad personal de Boix? ¿Qué aportan el cine y el análisis del material audiovisual elegido a la práctica profesional psicológica en relación a la identidad?

El tema de investigación resulta relevante por buscar comprender parte de las consecuencias que contextos de deshumanización, como la Shoá, generan en la identidad de las víctimas.

Metodología

La metodología implementada es de tipo cualitativo por resultar pertinente para el estudio e interpretación de fenómenos sociales. A su vez, se aplica el método clínico-analítico de lectura de filmes y series desarrollado por Michel Fariña. Dentro de este método Fariña y Maier (2016) retoman el “paradigma indiciario” (p.75) de Guinzburg. El cual consiste en la detección e interpretación de signos secundarios poco perceptibles de una realidad compleja y, a partir de ello, la formulación de una secuencia narrativa novedosa mediante el método abductivo.

Por ello, se decide aplicar el método clínico-analítico para un análisis del film El fotógrafo de Mauthausen (2018) con el fin de reflexionar acerca del impacto que la deshumanización padecida por las víctimas de la Shoá genera en sus identidades personales y de pesquisar algunos de los elementos que actuarían como ejes constitutivos de la identidad personal en el análisis singular de dos de los personajes elegidos del film.

Objetivos

Objetivo general:

• Identificar, por medio del personaje de Boix de la película El fotógrafo de Mauthausen, posibles ejes constitutivos de la identidad personal en un contexto de deshumanización establecido por el nazismo.

Objetivos específicos:

  • • Conceptualizar la condición humana en las víctimas de la Shoá.
  • • Analizar las particularidades de la conducta que el oficial Ricken manifiesta hacia Boix.
  • • Explorar de qué forma la identidad de Francisco Boix se constituye como símbolo de resistencia, y qué elementos se encuentran en juego.
  • • Reflexionar sobre la posibilidad e imposibilidad de los prisioneros de testimoniar sobre sus experiencias en los campos de concentración y exterminio.

Desarrollo

De la ruptura de los lazos sociales a la resistencia

El film “El fotógrafo de Mauthausen” (2018) se desarrolla principalmente dentro de un complejo de campos de concentración ubicado en la zona europea ocupada por los nazis, denominado Mauthausen. En este complejo se encuentran confinados como prisioneros tanto adversarios políticos, como intelectuales, delincuentes, y judíos.

Cabe aclarar que la Shoá consiste en un programa sistemático de exterminio principalmente de la población judía, aunque también son eliminados todos aquellos grupos sociales que se manifiestan en contra del régimen nazi y cuyas características mentales y físicas no concuerdan con los parámetros esperables establecidos para la homogenización de la población (Moradiellos, 2017).

El film seleccionado tiene como protagonista principal al prisionero español y comunista Francisco Boix. Es un personaje que se destaca del resto por ser alguien audaz, perspicaz, ingenioso, empático, amistoso y alegre aún en un contexto de vejación y degradación permanente. Durante el film intenta salvar la vida de algunos prisioneros junto con algunos compañeros comunistas del campo mediante una operación secreta de intercambio de identidades. Además, Boix persuade a sus compañeros para ejecutar un plan que idea con el objetivo de resguardar los negativos fotográficos de su destrucción en manos de la SS. Como se ve en una escena del film cuando Boix interpela a sus compañeros: “¿y no merecen justicia? Tenemos las imágenes de nuestros compañeros asesinados, de Himmler y la cúpula de la SS visitando el campo. Tenemos pruebas para incriminarles ¿De verdad queréis que se olvide lo que está pasando?”.

Esta organización clandestina refleja la capacidad que Arendt (2009) denomina “acción” ya que ésta sólo puede desarrollarse en interacción social, pues tiene por condición la pluralidad de perspectivas. Se trata de una empresa que al buscar alterar el statu quo se convierte en un accionar político, y por este motivo es clandestino.

El gobierno nazi busca eliminar todo pensamiento y acción contrario al discurso nacionalsocialista. Por ello, se reprimen las posibilidades de actuación de los prisioneros y su libertad de expresión. Se podría pensar que dentro de los campos se busca invalidar la subjetividad de los cautivos degradándolos a una posición de objetos. Por lo cual, los presos dejarían de ser sujetos de sus discursos y toda transmisión de su experiencia de desubjetivación quedaría invalidada (Levín, 2013). Que la palabra de la víctima sea ignorada y que su libertad de expresión sea coartada conllevarían a su deshumanización por invalidar sus vivencias, su padecer y capacidad de pensamiento, y por limitar sus posibilidades de actuación, pues sin la libertad de comunicarse con otros individuos se ve limitada la interacción social y con ello la “acción” (Arendt, 2009).

En el film, se puede observar que mediante las reuniones clandestinas y la planificación de estrategias Boix y sus compañeros intentan preservar aquello que, según Arendt (2009), los define como humanos: ser seres políticos y sociales.

Según los griegos (Arendt, 2009), tratar a una persona por medio de la violencia para que cumpla órdenes es una forma pre-política de dirigirse a quienes se encuentran por fuera de la polis, es decir quienes no son ciudadanos sino esclavos. De igual forma, en el régimen nazi, los prisioneros pierden la condición de ciudadanos y pasan a ser esclavos.

“Los ojos de Mauthausen”

A diferencia del trato que comúnmente se desarrolla entre los oficiales de la SS y los prisioneros, el comportamiento del oficial Paul Ricken –jefe del Servicio de Identificación– con Boix resulta inesperado y ambiguo.

Boix aprende a hablar con cierta fluidez el idioma alemán, lo cual le permite entender lo que ocurre a su alrededor, comunicarse, y conseguir un puesto de trabajo acorde a sus habilidades en el Servicio de Identificación (Erkennungsdienst), específicamente, como asistente de Ricken en el laboratorio fotográfico; accediendo a mejores condiciones de vida que otros presos.

Obligar a los prisioneros a comprender y hablar alemán impidiéndoles comunicarse en su lengua materna podría generar una ruptura de los lazos sociales con su comunidad de pertenencia e impedir un desarrollo fluido de las interacciones sociales, restringiendo, a su vez, el accionar político (Arendt, 2009).

Por un lado, Ricken elogia los conocimientos de Boix sobre fotografía, le enseña cómo mejorar, recomienda su trabajo con otros oficiales y recompensa su servicio. Además, Ricken nunca lo golpea o insulta. Incluso, cuando Boix se revela al insultar y golpear a Ricken, éste no se atreve a matarlo. Por otro lado, Ricken observa el mundo por medio de su cámara fotográfica, como si todo lo que ocurre dentro de Mauthausen fuese una “obra de arte” digna de contemplar. Trata a los prisioneros como maniquíes o especímenes con los cuales experimentar y no como humanos. Se podría decir que en ciertas circunstancias Ricken reconoce a Boix como sujeto, y en otras como objeto.

Esto se ve ilustrado en una escena del film cuando Ricken expone a los prisioneros del campo al clima invernal completamente desnudos para fotografiarlos mientras se escucha a Boix, mediante la técnica de voz en off, decir: “para el jefe del Servicio de Identificación lo más importante es la escenografía de la obra. Paul Ricken, los ojos de Mauthausen. Nunca se separa de su Leica”. En esta escena como en otras Ricken no expresa compasión frente al sufrimiento de los prisioneros, dado que no se inmuta ni se manifiesta en contra del maltrato que sufren. Esto se puede ver en aquella escena cuando, luego de tomar una fotografía con su cámara puesta en un trípode, Ricken se irgue para observar a los prisioneros y la cámara, mediante el recurso del plano contrapicado, al enfocar en la imagen del oficial genera el efecto de enaltecimiento de dicho personaje, como si fuera más poderoso que los presos. A su vez, Ricken los observa sin demostrar afecto alguno e indica con su dedo índice a los presos que deben cambiar de ubicación para tomar una fotografía.

Se podría pensar que mediante la construcción de escenografías Ricken transmite una percepción singular del mundo con el fin de crear obras de arte. Él busca dominar el medio que lo rodea al moldear la realidad para que se adecue a su fantasía. Como le explica a Boix en una escena del film: “la realidad no existe Franz. Todo depende del punto de vista”. Manipula seres humanos para construir las escenografías de sus sesiones fotográficas.

A partir del trato que Ricken entabla con Boix surgen las siguientes preguntas ¿A qué se debe esta ambigüedad en el trato? ¿Qué reconoce Ricken en Boix? ¿Qué impacto producen los ojos de Mauthausen en la identidad de Boix?

En una escena del film, el oficial Ricken recompensa la labor de Boix llevándolo a un prostíbulo dentro del campo. Allí, Ricken se oculta para observar y fotografiar, por medio de una hendija, las relaciones sexuales que Boix mantiene con una mujer.

Se puede pensar que Ricken actúa como un investigador que observa a su objeto de estudio para comprender su conducta. De esta forma, Boix ocupa el lugar de objeto y Ricken el lugar de sujeto en una situación desubjetivante que simula a un laboratorio. Como explica Arendt (como se citó en Agamben, 2006, p.152) “Los campos de concentración son laboratorios para la experimentación del dominio total”. Ricken actúa acorde a ello.

El nazismo se nutrió del Darwinismo social para planificar y ejecutar crímenes de lesa humanidad, justificándolos a partir de argumentos científicos (Braylan, 2007). Por medio de estos argumentos, también logró inmiscuirse en la vida privada de cada individuo. Como resultado, los prisioneros ya no tienen intimidad; incluso sus procesos biológicos son controlados mediante conocimientos científicos modernos (Foucault, 1998).

En aquella escena del prostíbulo, Boix se percata que Ricken lo observa y sin embargo no se queja por ello, pues sabe que allí su palabra no tiene valor y si llega a sublevarse podría morir. Pues Ricken, como representante del “poder biopolítico” (Foucault, 1998) del nazismo, tiene el poder de ejercer el derecho de vida y el derecho de muerte sobre Boix ya que para el gobierno nazi los prisioneros representan un peligro biológico para la “raza aria”. En este estado de excepción todo es posible, incluso la manipulación del ser humano (Ávila, 2014), ya que toda protección jurídica ha sido suspendida de forma permanente. Es así que Boix puede ser asesinado sin que esta acción se catalogue como homicidio, a partir de la incorporación del racismo a la política estatal (Foucault, 1998).

Se puede pensar que el trato diferencial e interés de Ricken hacia Boix se debe a que el oficial lo considera un objeto de estudio y ve reflejados rasgos de su identidad en Boix.

Entonces, se podría decir que Ricken no reconoce la identidad de Boix. Por el contrario, sólo reconoce y se relaciona con un reflejo de sí mismo, no con Francisco Boix Campo. Esta ficción de sí mismo se disuelve cuando Boix se subleva –cuando insulta, cuestiona y ataca a Ricken– en una escena del film. En esta escena Boix y Ricken se encuentran en el laboratorio fotográfico. Mientras Ricken observa las fotografías que cuelgan de un hilo, sorpresivamente Boix grita (arrojando un objeto): “¡Eres un hijo de puta!”. Ricken contesta sorprendido: “¿Cómo dices?”. Boix replica: “Eres peor que ellos”. Ricken contesta (mientras desfunda un arma que porta en su cintura): “¡No permitiré ninguna insubordinación!”. Boix responde: “¿Qué? Le gusta ver como los otros asesinan, ¿verdad? Cómo los otros se emocionan, cómo lloran, cómo sufren, cómo… cómo follan. Eres un puto mirón que espía tras un agujero porque no tiene los cojones de hacer nada, no los tiene”. Ricken replica: “¿Cómo te atreves? ¡Cállate ya!” y apunta con un arma a la cabeza de Boix, pero no dispara. Entonces, Boix lo agarra del rostro y Ricken lo golpea y comienza a ahorcar. Pero este acto resulta infructuoso porque Boix, tras presionar con fuerza los ojos de Ricken, logra liberarse.

De forma sorpresiva, Ricken se encuentra con una identidad distinta a la propia. Ya no se trata de un reflejo vago de su identidad. Por ello Ricken reacciona con violencia frente a Boix. De esta forma Ricken busca eliminar la diferencia que emerge en la escena, pues no admite que Boix se revele contra su persona, que piense por sí mismo y lo juzgue. Se podría pensar que Ricken busca, a lo largo del film, integrar a Boix como un engranaje más de una máquina, como una pieza que facilite el funcionamiento de la organización de Mauthausen. Frente a lo cual, su insubordinación obstaculiza el normal funcionamiento del campo.

A partir de estas dos últimas escenas descriptas se podría conjeturar que no resulta casual que Ricken sea el jefe del Erkennungsdienst, pues es un personaje que se presenta como omnipresente, documentando y controlando todo lo que ocurre en Mauthausen, hasta lo más íntimo. Por lo cual, podría plantearse que Ricken encarna el Erkennungsdienst, conformándose así en una pieza funcional más de Mauthausen.

En una escena anterior, Boix y Ricken se encuentran revelando algunas fotografías. Para ello, el laboratorio fotográfico se encuentra iluminado por una intensa luz roja. En un momento, Boix ve el cuadro del pintor Caravaggio titulada “La cabeza de Medusa” –que recrea la cabeza degollada de la diosa griega del inframundo– colocada en una pared frente a Ricken. Boix, señalando la pintura, dice: “me gusta”. Y Ricken contesta: “ten cuidado. Convirtió en piedra a todo aquél que la miró. Me gusta tener referentes de artistas”. Boix contesta: “yo prefiero fotografiar la realidad”. Y Ricken replica: “la realidad no existe Franz. Todo depende del punto de vista. No olvides”.

Como los ojos de Medusa, Ricken convierte en piedra lo que observa. De forma similar se podría comprender el destino que Ricken define para uno de los presos de Mauthausen; al cual, en una escena del film, Ricken le toma unas fotografías por considerarlo un “espécimen exótico e interesante” por tener acondroplasia. Este personaje le dice sonriendo a Boix: “ser diferente tiene sus ventajas. El otro día incluso me llevaron al prostíbulo”. Inmediatamente, la cámara enfoca el rostro de Boix mediante el recurso de zoom in, para enfatizar su reacción de estupor y pavor. Al final del film, Boix descubre el cuerpo de aquél preso diseccionado y preservado dentro de un gran recipiente.

A diferencia de este personaje, Boix sabe que Ricken lo observa y utiliza para sus propios fines. Boix mantiene su razonamiento y sus objetivos claros. Él no cae en los engañosos regalos de Ricken ya que es astuto y sabe cómo actuar –siempre complaciente y sumiso frente a los oficiales de la SS– para no ser descubierto e “inmortalizado” por los ojos de Ricken, es decir, con su identidad capturada en la escena estática de una fotografía por medio de su cámara, como ocurre con aquellas personas que al mirar los ojos de Medusa son petrificados.

Mediante el recurso técnico-estilístico de la intensa luz roja, de la escena en el laboratorio fotográfico, se resalta la violencia de la pintura de Caravaggio, como si la sangre que emana del cuello de Medusa abarcara todo el laboratorio. Justamente es allí donde se encuentra registrado y condensado todo el maltrato dirigido a los presos en piezas fotográficas. El rojo intenso da cuenta de ello, de esa violencia expansiva que cubre todo Mauthausen.

Al final del film, se desarrolla una escena en la cual –tras la caída del régimen nazi y el posterior ingreso de las fuerzas aliadas al complejo de Mauthausen– Boix ingresa al Servicio de Identificación y escucha el flash de una cámara que proviene del laboratorio fotográfico. Una vez allí, Boix ve a Ricken sentado en un rincón del cuarto rodeado de objetos tirados en el piso. Se acerca y con un arma le quita a Ricken una cámara que le cuelga del cuello. En ese instante, Ricken le dice a Boix: “Dime. Dime que mi obra está a salvo”. A lo cual Boix no responde y simplemente se retira. Luego, partiendo de un plano medio del cuerpo de Ricken, la cámara, mediante los recursos de zoom out y de fundido, resalta la soledad y la sensación de vacío del oficial de la SS. Este último cuadro es acompañado por el recurso acústico de una melodía compuesta con violín que genera un ambiente dramático.

En esta escena se puede observar, por un lado, a Boix como un sujeto libre que manifiesta tener más poder que Ricken al apuntarle con el cañón de un arma, como al apropiarse de la cámara; un elemento importante para la identidad de ambos personajes. Por otro lado, se puede ver a Ricken abatido, despojado de sus pertenencias y posición jerárquica. Ahora su vida depende de lo que Boix decida hacer con los negativos. Las diferencias de conducta y ubicación espacial entre ambos personajes marcan una modificación en la relación de poder pero no un cambio de roles. Pues Ricken aún integra la SS y es responsable de actos de lesa humanidad, y Boix continúa siendo una de sus víctimas.

Lo anclajes de una identidad confinada

Los prisioneros son despojados de toda insignia que simbolice su origen, historia, cultura e identidad personal; como identificaciones, fotos y objetos personales. También son rapados y uniformados, desdibujando así las características individuales para lograr su homogenización. Incluso, algo tan propio como el nombre es suplantado por una cifra numérica.

En el film, Boix porta en su chaqueta la cifra “5185”, la cual no sólo facilita su identificación ante los oficiales de la SS, sino que también le recuerda que allí es una “insignificante cifra” más en las listas. Se podría pensar que es una muerte simbólica que antecede a la muerte biológica. Es decir, primero se llevaría a cabo un desconocimiento de la identidad personal, luego el asesinato, y finalmente la eliminación de los cuerpos por medio de la cremación.

Boix se resiste a perder su lucha por justicia y a ocupar aquél lugar fijo de objeto, a ser un número más entre los muertos. Se resiste a identificarse con el estereotipo que el régimen nazi formula sobre los prisioneros, como “seres inferiores y peligrosos”.

Dado que la identidad es una construcción dinámica que se desarrolla por medio de la interacción intersubjetiva, ésta se ve afectada por la ruptura con los lazos sociales de pertenencia, específicamente por la ruptura del entramado familiar (Wainstein, 2016). Pues la familia es el núcleo de origen de la identidad. A su vez, la identidad de los prisioneros es afectada por los estereotipos que se formulan sobre ellos como también por el maltrato físico. Se podría pensar que muchos prisioneros acaban identificándose con estos estereotipos y formulando así un autoconcepto negativo (Owens, 2006). Como dice Wainstein (2016), “el rechazo externo a su identidad se reproduciría en el rechazo interno, la fractura social coincidiría con la fractura subjetiva” (p.26). Esto representaría el “éxito” de los campos de concentración ya que su objetivo es producir cuerpos dóciles, productivos, sin capacidad de reflexión, que acaten órdenes y acepten pasivamente su castigo y exterminio. En línea con Revilla (2003), se podría pensar al cuerpo como un anclaje de la identidad, es decir, como un sostén físico que permite llevar a cabo una “acción” (Arendt, 2009) de forma autónoma, como también permite comunicar ideas y sentimientos, e interactuar con el medio social. Su destrucción, por medio del maltrato físico y asesinato, es un medio radical por el cual anular la existencia de toda identidad. Por el contrario, en el caso de Boix su cuerpo no sufre el mismo grado de deterioro que otros, y por ende tiene mayores posibilidades de “acción” (Arendt, 2009).

En los campos de concentración se busca producir “der muselman”, es decir, individuos cuya vida es reducida a una existencia meramente biológica, y que han perdido toda espontaneidad, voluntad, y deseo de vivir, tras la supresión de su condición humana y su reducción al lugar de objeto (Agamben, 2006; Levi, 1987). A partir de lo cual surgen los siguientes interrogantes ¿Qué es aquello que le permite a Boix no olvidar su origen? ¿Qué lo sostiene y motiva a continuar y no desistir con su lucha por justicia?

Al principio del film, Boix menciona que es fotógrafo y que su padre le enseñó todo lo que sabe sobre fotografía. Se puede pensar que la fotografía es un símbolo que Boix preserva hasta el final de su estadía en el campo y que representa sus lazos y afectos familiares perdidos. Es aquello que le recuerda quién es, de dónde viene, y hacia dónde va; pues le marca un propósito por el que vivir –como la recolección y protección de los negativos fotográficos– y le brinda esperanzas de algún día hallar la libertad. Por lo cual, se podría decir que Boix no se transforma en un “muselman” (Agamben, 2006; Levi, 1987).

Otro aspecto importante en Boix es la ideología. Al comienzo del film se presenta un fondo blanco con un texto que explica que más de 7000 españoles son capturados y destinados a Mauthausen luego de haber perdido en el frente de batalla contra los soldados alemanes y tras ser abandonados y olvidados por el gobierno franquista. Aquí, la ideología actúa como promotor del accionar político contra el régimen nazi dado que la mayoría de los españoles, como Boix, llegan tras haber luchado contra el ejército alemán. Cabe aclarar que el padre de Boix tenía ideas izquierdistas. Por lo que mantener y actuar acorde con estos ideales no sólo implica la preservación de sus valores e identidad, sino también el respeto y cumplimiento con los ideales paternos.

Se podría pensar que su ideología política y su afición por la fotografía se constituyen en dos anclajes de la identidad de Boix al mantener los lazos con su historia personal y familiar, en tanto sujeto, hasta el final de sus días en el campo de concentración como hasta el final de su vida; ya que, una vez libre, Boix decide trabajar como reportero gráfico para la prensa cercana al Partido Comunista Francés.

A partir de la conducta de Boix a lo largo del film, se podría pensar que él se aferra a sus valores y principios para sobrevivir, pues arriesga su vida con el principal objetivo de hacer justicia al resguardar los negativos fotográficos que demuestran las prácticas aberrantes llevadas a cabo en Mauthausen. Como dice Levi (1987), “nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca” (p.13).

En línea con Revilla (2003), se podría pensar que otro elemento de anclaje es el nombre propio. Es decir, Boix busca mantenerse en contacto con aquello que lo identifica, justamente en donde se asigna una nueva identidad a cada uno de los presos deportados a Mauthausen. Allí se sustituye el nombre propio por una cifra numérica. Podría decirse que Boix busca no desligarse del nombre en el cual se reconoce, el nombre propio de “Francisco Boix Campo” archivado en los registros del Erkennungsdienst. Se trata de un nombre al cual aferrarse para saber quién es, pues lo liga a su historia familiar y a un espacio y tiempo constitutivo de su identidad, cuando todavía era libre. De hecho, el oficial Ricken no lo llama “5185”, sino “Franz” o “español”. Denominaciones referentes a su origen e identidad.

Del silencio al testimonio

Según Gonzáles y Marón (2019), las vivencias traumáticas de la Shoá son imposibles de imaginar y simbolizar por completo, por lo que sólo pueden ser representadas parcialmente mediante imágenes y palabras. Se podría decir que la Shoá es inimaginable para quien no lo vivió y al sobreviviente puede resultarle difícil de comunicar y rememorar esa experiencia tan íntima de dolor y vejación. A sí mismo, Arendt (2009) plantea que el dolor físico agudo es la experiencia más íntima y menos comunicable.

Agamben (2005) propone que una de las razones que puede motivar a los prisioneros a sobrevivir es convertirse en testigos como es el caso de Boix. El autor también plantea dos formas de comprender el término “testigo”. Como tercero entre dos rivales, y como el que ha vivido una experiencia y testimonia sobre ello. Por ende, se podría ubicar a Boix como testigo que experimenta en carne propia la degradación humana, y a su vez como tercero entre el hecho y el difunto. Como en una escena del film cuando Boix lleva los archivos del Erkennungsdienst a un horno crematorio y ve cremar el cuerpo de un prisionero. O incluso, como tercero en relación a los cuerpos sin vida registrados en los negativos fotográficos.

Boix busca testificar para preservar del olvido lo acontecido en Mauthausen, no sólo por medio de la palabra, dado que los oficiales nazis negarán toda acusación. En este caso se requiere de una prueba objetiva tan potente que no pueda ser recusada. Por ello Boix acude a los negativos, porque –como le enseña Ricken– las fotografías reveladas pueden ser alteradas para falsear la realidad, en cambio los negativos no pueden ser adulterados.

Conforme a Levín (2013), en los campos de concentración los oficiales nazis destituyen a los prisioneros de su condición de sujetos y con ello desconocen e invalidan su palabra. El sistema biopolítico del gobierno nazi busca justamente la escisión entre el ser hablante y el ser viviente, es decir, que la materia viva permanezca como resto frente al ser hablante anulado. Se podría pensar al “muselman” (Agamben, 2006; Levi, 1987) como ese resto que permanece hasta su defunción antes que su subjetividad.

Al ser invalidada su palabra, los prisioneros no tendrían posibilidad de apelar ni de testimoniar. Justamente, mediante el testimonio el superviviente reclama ser reconocido como sujeto-testigo de su propia experiencia. De esta forma, Boix reclama la posibilidad de ser escuchado tras su liberación, y con ello busca preservar su subjetividad.

Boix también procura que aquellas personas ya sin voz puedan testimoniar mediante las imágenes explícitas de su calvario. De esta forma, el testimonio rompe con aquella escisión que instaura la biopolítica. De acuerdo con ello, si retomamos a Agamben (2005), por medio del testimonio de Boix el “muselman” también brinda su testimonio mostrando el maltrato recibido mediante los negativos fotográficos. Por un lado, Boix podría ser un medio por el cual el “muselman” testifica; por otro lado, cabe pensar que no hay un testigo único. Según Agamben (2005), Levi nombra como dialéctica imposible a esa indeterminación del testigo.

Agamben (2005) propone que el testimonio contiene un resto de verdad intestimoniable. Por ende, y retomando a Levín (2013), lo intestimoniable sería aquella degradación a objeto al que son reducidos los prisioneros. Dado que el sobreviviente se asume como sujeto de su discurso por medio del testimonio, la transmisión de toda experiencia de desubjetivación queda invalidada. Según Levín (2013), esta es la paradoja del testimonio de la víctima.

Surge la pregunta de si Boix puede testificar, en calidad de sujeto, sobre sus experiencias en los campos siendo que allí es degradado al estatus de objeto. Ahora bien, al recurrir a los negativos fotográficos Boix logra comunicar aquello que la palabra no captura, y que al ubicarse nuevamente como sujeto de su testimonio no logra expresar. Por consiguiente, se puede pensar en la mayor potencia testimonial, en comparación con el lenguaje verbal, que adquieren los negativos fotográficos como pruebas concluyentes del horror acontecido.

Boix no busca simplemente informar al reconstruir los hechos ocurridos en Mauthausen, sino que también busca reconstruir parte de su biografía y resignificar sus vivencias (Porta, 2007), brindando una continuidad narrativa a su identidad (Revilla, 2003) al dar a conocer su experiencia, sufrimiento, y compromiso con Mauthausen por medio de un lenguaje verbal y no verbal. Boix arriesga su vida siendo fiel con sus ideales y valores.

Conclusión

Por medio del análisis del film El fotógrafo de Mauthausen se realiza un estudio sobre la identidad en un contexto de deshumanización durante el nazismo.

En los campos de concentración, como Mauthausen, se busca en primer lugar desconocer la condición humana y la identidad de las víctimas para facilitar su posterior asesinato y eliminación de los cuerpos. Como resultado de este proceso encontramos a la figura del “muselman” ¿Lograría Boix diferenciarse y no transformarse en un muselman tras el pasaje por esta máquina de la muerte denominada Mauthausen?

En línea con ello, podría pensarse que en ciertos contextos Ricken degrada a Boix a ocupar el lugar de objeto de estudio. Pero también se observan situaciones en las cuales parecería que Ricken reconoce a Boix como sujeto. Sin embargo, se podría plantear que esto es una ilusión; que en realidad Ricken sólo ve un reflejo de sí mismo y desconoce la identidad de Boix. Incluso busca integrarlo como una pieza más de la organización del campo.

Por un lado, Boix se resiste a ocupar el lugar de objeto y a identificarse con el estereotipo que el nazismo formula con respecto a los cautivos. Por ello, al no formular un autoconcepto negativo, su identidad no se vería tan afectada. Por otro lado, se pueden identificar ciertos elementos que actuarían como ejes constitutivos de la identidad personal y que pueden ser afectados en un contexto de deshumanización.

El primer anclaje analizado es el cuerpo. Éste se constituye en un sostén físico que le permite al hombre expresar su identidad e ingresar al mundo humano al ser el medio por el cual llevar a cabo “acciones políticas” (Arendt, 2009). Dado que Boix consigue una mejor calidad de vida dentro del campo, su cuerpo no sufre el mismo grado de deterioro que otros presos y tiene mayores posibilidades de “acción” (Arendt, 2009).

El segundo anclaje serían los intereses personales. En el caso de Boix se identifica a la fotografía como símbolo de sus vínculos familiares perdidos, principalmente con su padre.

El tercer anclaje serían los valores éticos y morales. En Boix es la ideología. Él es comunista al igual que su padre, por lo que actuar acorde a esta ideología implica preservar sus valores e identidad, como también representa el respeto y cumplimiento con los ideales paternos.

Tanto la fotografía como la ideología le recuerdan a Boix quién es, de dónde viene y hacia dónde va; pues le marca un propósito por el que vivir –como la recolección y protección de los negativos fotográficos– y le brinda esperanzas de algún día hallar la libertad.

El cuarto anclaje sería el nombre propio ya que se vincula con la historia familiar y con un espacio y tiempo constitutivo de la identidad. A pesar de que el nombre propio de Boix es sustituido por la cifra “5185” al ingresar a Mauthausen, el hecho de decidir trabajar dentro del Erkennungsdienst le permite mantenerse en contacto con aquella denominación que realmente lo representa y que allí se encuentra archivada.

Por último, se analiza la paradoja del testimonio de las víctimas de la Shoá (Levín, 2013). Por medio de un testimonio verbal y fotográfico Boix puede reconstruir su biografía y brindar una continuidad narrativa a su identidad al comunicar sus vivencias en Mauthausen. Mediante el testimonio la víctima reclama ser reconocido como humano y como sujeto de su discurso. Por ello se podría considerar al testimonio como un anclaje más de la identidad.

Se podría pensar a estos elementos como ejes constitutivos de la identidad de las víctimas al vincularse con la historia personal y familiar. Posiblemente, en el caso de Boix, estos anclajes de su identidad le permitieron desempeñar un accionar político de resistencia contra el nazismo y sobrevivir en aquel contexto de arrasamiento subjetivo, y una vez libre ir en búsqueda de justicia por las víctimas de la Shoá.

El análisis del film seleccionado permite interrogarse, dentro del campo de la Psicología, acerca de lo que acontece en la identidad personal en un contexto deshumanizante como son las catástrofes humanitarias.

Referencias:

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COMMENTS

Message from Andrea Annabel Fernández   » 30 de octubre de 2023 » andreaannabel@yahoo.com 

Te agradezco tus desarrollos que me resultaron muy interesantes, mostrando un pormenorizado análisis del film.
Me quedé pensando en que Boix, aún en las antípodas del pensamiento y la acción de Ricken, nunca dejó de ser fotógrafo. Eso lo subjetivizo, lo dejo del otro lado de la mirada, corriéndolo del lugar de objeto. Dicha posición creo que, en muchos sentidos, lo salvó de ser un resto más devenido imagen de goce, como tantos otros prisioneros.



Message from Estefanía Otero  » 31 de agosto de 2023 » ofaniotero@gmail.com 

Al leer el trabajo de análisis La identidad personal durante la Shoá, recordé un libro cuya lectura considero fundamental: Si esto es un hombre, de Primo Levi.
Allí, el autor presenta dos categorías de sobrevivientes: quienes fueron al Lager sin tener un compromiso político y aquellos que poseían preparación política, convicción religiosa o fuerte conciencia moral. Para los primeros, el horror del campo de concentración representa una desgracia e intentan extirpar el recuero; para los segundos constituye una experiencia cargada de sentido y deben recordarla. No quieren olvidar, para que el mundo no olvide. Levi escribe desde la posición de testigo de la deshumanización, de la reducción de sujetos a la condición de bestias (los prisioneros utilizaban el vocablo devorar en lugar de comer o alimentarse) y de aquello que “(…) ha sido el hombre capaz de hacer con el hombre.” (Levi, 2017, p.59)
Para el protagonista de la película trabajada, no hay posibilidad de que los negativos de las fotografías que registran lo ocurrido en el campo desaparezcan. Para Boix, mostrar lo allí ocurrido es un deber.



Película:El fotógrafo de Mauthausen

Título Original:El fotógrafo de Mauthausen

Director: Mar Targarona

Año: 2018

País: España

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