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A propósito de la película "El lector": acerca de la culpa y la responsabilidad
por Duer, Eduardo, Guitelman, Roxana, Gutiérrez, Mariana, Michan, Milena, Sívori, María Belén
Título original: The Reader

Stephen Daldry / Estados Unidos - Alemania / 2008

“Que el dolor, así pues, sea tan sólo un peldaño más” E. Jabés (2002) [1]

Introducción

Un juez alemán escribe un libro. Escribe en un intento de tramitar ciertos aspectos de la historia. Procesamiento que alcanza a un pueblo entero. Un juez emite fallos según la ley. Juez que acata la ley como tantos que aceptaron un mandato de exterminio sin cuestionar su propia posición. En ocasiones sin cuestionar el valor moral o jurídico de una orden impuesta por la figura de un presidente bajo un régimen autoritario pero legal. Se responde a otro. Otro, estado totalitario, que impone normas. Normas que un pueblo, incluído el juez, acata. Un juez escribe, reconstruye la historia de su pueblo y su propia historia.

Revisionismo de la culpa y responsabilidad.

Algo del arte en la escritura y en las imágenes del cine permiten elaborar parte de un pasado que no cesa de no inscribirse.

“Marca incurable de la historia.” Primo Levi (1988). [2]

Algo que no se inscribe porque no hay palabras, una suerte de analfabetismo colectivo que sumerge a un pueblo en una marcha silenciosa que deriva en uno de los horrores más funestos de la humanidad. Al decir de Tato Pavlosky [3] “Cuando Adorno, después de Auschwitz, señaló que ya no se podría escribir más poesía, había algo de verdadero en su afirmación. Steiner afirma que cierto tipo de monstruosidades evocan los límites del lenguaje y llega a decir que ante los extremos de lo atroz parece imponerse el silencio.” Otro silencio que, en la época de la dictadura militar en Argentina, circulaba como slogan: El silencio es salud, obligaba, y sometía a una sociedad a ser cómplice de sus actos.

Sinopsis cinematográfica

La película comienza cuando Michael, sintiéndose mal, conoce a Hanna, una mujer que lo dobla en edad. Algo se despierta en él al verla- a través de una hendija- colocarse las medias de nylon. Será ella quien le enseñará todo lo referido al sexo. Hanna lo llama “niño”, lo baña, lo seca, lo atiende, a veces, como si fuera una madre.

Michael comenzará a escribir en su cuerpo las trazas de sus vínculos amorosos.

Hanna no habla de su pasado, se presenta como una mujer a la que su historia y la del otro, molestan. Prefiere ignorarlas. Sin embargo, y paradójicamente, es la historia narrada, en cuentos o fábulas lo que a ella le importa. Hanna impone durante las relaciones sexuales, un ritual: antes de cada encuentro sexual, se hace leer por Michael. Él la baña con palabras. Hanna parece inscribir algo con esos relatos; su cuerpo y sus gestos se modifican con la musicalidad de las palabras escuchadas. Más allá de los idiomas, algo en ella renace con cada lectura. Ella disfruta cuando le leen. La forma de encarar sus relaciones sexuales con Michael es directa, sin rodeos ni seducción previa. También lo es su lenguaje.

Luego de meses de relación, un día y sin aviso, ella desaparece. Michael no comprende, se ve obligado a atravesar una situación, que por carecer de palabras, dejará una marca de por vida. Luego de muchos años, y al estar cursando la carrera de abogacía, asiste a un juicio contra seis mujeres guardianas de los campos de concentración nazi. Se las acusa de haber dejado morir bajo el fuego a trescientas mujeres encerradas en una iglesia. Hanna es una de ellas.

Previo a la masacre humana se organizó en Alemania, bajo las órdenes de Goebbels, un bibliocasto, es decir una quema de todos aquellos libros, en su mayoría de autores judíos o de izquierda, que se consideraban peligrosos para la ideología sustentada por el Tercer Reich.

“El anterior pasado perece en llamas, los nuevos tiempos renacen de esas llamas que se queman en nuestros corazones.” Goebbels.

“Donde los libros son quemados, al final también son quemados los hombres.” Heinrich Heine.

Así como no todo puede ser dicho, no todas las palabras dichas podrán ser borradas o desaparecidas.

Es a partir de otro libro escrito por una sobreviviente que Hanna es descubierta, revelada como autora, junto a las otras guardianas, de dichos actos. Algo de su historia se sabe por ese escrito. Relata la sobreviviente que Hanna tenía la particularidad de hacerse leer por muchachas jóvenes en los campos de concentración.

Hanna queda en evidencia con ese alegato escrito, pero también y en ese mismo acto es Michael quien quedará preso del igualmente acto horroroso de haber mantenido una relación con una mujer culpable de cientos de asesinatos.

¿Si la quiso, es también él parte de eso? ¿Qué de ella tiene él? ¿Quién es el otro?

En ese mismo juicio él descubre el secreto que guarda Hanna, ella es analfabeta, hecho que la avergüenza y no declara, aún corriendo el riesgo de ser condenada, únicamente ella, a cadena perpetua. Prefiere cargar el peso de 300 muertes que declarase analfabeta.

Las otras cinco acusadas, la manipulan en su debilidad. Y ella lo acepta.

Deseo-Demanda-Goce

Nada sabemos de su pasado. ¿El analfabetismo como síntoma, habrá cobrado más fuerza luego del encuentro amoroso con Michael? Algo de su posición subjetiva se conmueve en ese encuentro.

El analfabetismo de Hanna no es obstáculo para que, desde su posición, haga una lectura de los hechos. Cumple su deber, hace lo que el Otro le ordena. En el juicio Hanna sólo puede engañar al otro para salvaguardar su síntoma, su falta. Lo que no puede es estar en falta con el Otro, siendo que su posición apunta a sostener a un Otro completo.

Reducir el deseo a la demanda del Otro, por lo tanto, nos remite a una posición obsesiva frente a la falta. Se vive bajo el guión de Otro, delegando así el peso de tomar decisiones. Y esto no es sin goce. Sin embargo el psicoanálisis apela al sujeto en su posición deseante, lo llama a su responsabilidad subjetiva, a encontrarse frente a su falta y su deseo.

De esta forma, Hanna cumple órdenes, no se pregunta acerca de ellas, las acata y se somete. Su franqueza en el juicio, es lo que sorprende. También Michael queda atravesado por la vergüenza y el secreto al haber estado enamorado de esa mujer. Retrospectivamente él comienza a escribir su historia, donde ella tiene un lugar protagónico.

Hanna se hacía leer, inmersa en palabras de otros parecía recobrar la vida. Existencia que fuera de los relatos la mostraba como una mujer sumisa, obediente, carente de toda posibilidad de establecer vínculos empáticos y de armar lazos. Ella parecía vivir por Otro. Obediencia de una vida no vivida. Queda ubicada respondiendo siempre a la demanda del Otro, evitando así conectarse con la angustia de saber sobre su deseo y el deseo del Otro. Estructura que, podemos aventurar, le es funcional al régimen totalitario. Pues, enfrentarse al enigmático deseo del Otro angustia, por lo tanto lo transforma en demanda, lo que el otro pide con palabras es posible de abordar, el deseo no.

Necesita creer que el otro, siempre le pide.

Contexto histórico

La película nos sitúa en la Alemania de posguerra. Podemos entender el juicio como un comienzo colectivo de “querer saber” acerca de lo que pasó. La guerra recrea un contexto donde hay caída de valores y límites. Siendo la aceptación de la muerte más fácil de ser tramitada.

Momento histórico de la Alemania nazi, impregnada de una elaboración ideológica y jurídica (la raza aria, la limpieza del mundo) Convencidos de estar haciendo un aporte a la humanidad. Como Las Cruzadas: en Nombre de Dios.

No hacía falta ser un perverso gozador para cumplir esa tarea. Más aún: en las maniobras de extermino intervenían también los propios judíos. Hay un universal que justifica y tiene estatuto de ley. Hitler elevado a la categoría del Otro. No hay culpa porque es más fuerte la orden del Otro. “(...) La masa se mantiene cohesionada en virtud de algún poder. (...) el individuo resigna su peculiaridad en la masa y se deja sugerir por los otros. (…) El conductor o la idea conductora podrían volverse también, digamos, negativos; el odio a determinada persona o institución podrían producir igual efecto unitivo y generar parecidas ligazones afectivas que la dependencia positiva." Freud (1921) [4]

Podemos ver en Hanna el efecto hipnótico que se produce por sumisión al líder, ella dice: “Tenía que hacerlo”.

“Haber dado el paso al frente y haber permanecido íntegros, salvo excepcionales casos explicables por la humana debilidad, es lo que nos ha hecho fuertes. Ésta es una gloriosa página de nuestra historia que jamás había sido escrita y que no volverá a escribirse.” “La orden de solucionar el problema judío es la más terrible orden que una organización podía jamás recibir”, “Sabemos muy bien que lo que de vosotros esperamos es algo sobrehumano, esperamos que seáis sobrehumanamente inhumanos.” Himmler a los comandantes de los Einsatzgruppen y altos jefes de las SS. Citado por Hannah Arendt (1963). [5]

“Los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son verdaderamente peligrosos son los hombres comunes.” Primo Levi [6]

Fenómenos como el nazismo demuestran que quienes ejecutaban órdenes no se correspondían con estructuras perversas ni psicóticas, todo indica que quienes llevaban adelante sus funciones en los campos era gente común. Ni diabólicos ni monstruos, dóciles sujetos que obedecían la ley. La mayoría de los sobrevivientes aseveraban que sus guardianes no eran sádicos ni anormales, sino simplemente gente común que cumplía órdenes Eran simples funcionarios que se limitaban a trabajar para ganarse la vida.

Matando y torturando los guardianes no rompían el contrato social, se atenía a las leyes de su país. “Los que aplicaban la ley eran más peligrosos que los que la infringían.” Tzvetan Todorov (1993) [7]

Heichmann sostenía que él no sólo cumplía con su deber, sino que además cumplía con la ley. Alegaba que las decisiones no le pertenecían. Que él “no podía cambiar nada.”

“Las muertas, muertas, están.” Hanna

Sin embargo podemos preguntarnos por el Ideal de la Alemania Nazi. ¿Por qué la ideología Hitleriana resonó tan fuertemente en ese pueblo? ¿Qué ideales hacían eco en la gran mayoría de ellos? ¿Qué coordenadas sociales, políticas, culturales hicieron posible tal resonancia

Totalitarismo y moral

El nuevo estado no tenía necesidad de hacer apóstoles, santos, constructores frenéticos y posesos, discípulos de la fe. Sólo eran necesarios empleados.” Tzvetan Todorov(1993). [8]

Los guardias no mataban contra su voluntad, ni siquiera era necesario ejercer presión para que lo hicieran. En ocasión de una matanza fueron invitados músicos para amenizar la velada, éstos se ofrecieron “voluntariamente” a participar de la ejecución, sin ser considerados por ello, seres aberrantes o patológicos. Hanna Arendt utiliza el término de “trivialidad del mal” refiriéndose a Heichmann, a quien consideraba un hombre ordinario, vulgar, mediocre, normal, capaz de cometer los actos más atroces. No se necesitaba ser inhumano a tales fines. En eso radica, en parte, la gran cantidad de adeptos que tuvo el régimen. No se necesitaban cualidades excepcionales para obedecer, torturar o matar.

“Existe un límite para la cantidad de gente que se puede matar por odio o por el gusto de la masacre (he aquí la referencia al fanatismo o al sadismo), pero no hay límite para la cantidad que se puede matar de manera fría y sistemática en nombre del imperativo categórico militar.” Tzvetan Todorov (1993) [9]

En el sistema totalitario es el estado quien asume los valores que rigen la conducta de los individuos.

“Es el Estado, y no la humanidad, quien detenta la medida del bien y del mal.” Tzvetan Todorov (1993) [10]

El Estado controla la vida social de los individuos, determinando comportamientos morales en los sujetos totalitarios. En éstos regímenes se trastoca el concepto del mal. Al apropiarse el Estado de todos los objetivos y fines últimos de la sociedad logra un doble efecto sobre los sujetos. Por un lado, les quita “la responsabilidad personal” sobre los actos ejecutados, se les inhibe de pensar, tan sólo ejecutar. Por otro lado, incide en el comportamiento moral de los mismos. La conciencia moral no es alterada ni tocada, por el contrario, estos hombres que participan de actos reprobables, son padres probos. Los guardianes no dejan de distinguir entre lo que se considera “bien”, y lo que se considera “mal”, esta capacidad no sufre perturbación alguna, pero piensan que cometer dichas atrocidades en nombre de un imperativo es un acto correcto. Por lo tanto, se establece una nueva moral.

Este estado descripto, ¿suprime la posibilidad de elegir? ¿Releva al sujeto de su responsabilidad?

Sobre Hanna: algunas hipótesis

Hanna se hace leer, el analfabetismo como síntoma de su goce, su estigma, marca indeseada de otro que no donó, otro materno-paterno que le falló.

Resulta paradójico el analfabetismo de Hanna, siendo Alemania considerada como uno de los pueblos más cultos del mundo. Ella escucha relatos que vivifican, frente al horror de una realidad que se vive en Alemania. La coexistencia del horror y eros.

Michael expresando un sentimiento de culpa que baña a toda una nación, se debate entre revelar el secreto del analfabetismo de Hanna y reducir su pena, o aceptar la decisión de ella de callarlo y recibir la condena perpetua.

Ella va a la cárcel, lugar que tal vez la libera de la verdadera opresión que vivía estando afuera. Como si estar presa la despojara de su vergüenza y allí, y no afuera, es cuando aprende a leer y escribir. Logra allí desprenderse de su síntoma, que durante tantos años guardó y preservó.

Freud refiere que el obsesivo presenta actos, impulsos, representaciones, dudas e indecisiones. Lacan retoma el punto de la indecisión y la reformula en términos de procrastinación o postergación de la acción. Evitación del acto que, finalmente es lo que da muestra de la concreción del deseo. No alcanza con el decir, es en la puesta en acto donde se lleva a cabo la formalización del deseo del sujeto. Hanna se demora décadas en su alfabetización. No sólo su analfabetismo representa una restricción, sino más bien todas las medidas que realiza para mantenerlo oculto, armándose alrededor de ese síntoma un callejón sin salida.

Hanna parece carecer de conductas creativas, se la ve realizar actos rígidos, rutinarios, mecanizados. Sin embargo en la cárcel, de una manera original logra alfabetizarse.

Al aprender a leer y escribir, al leerse, ella logra cierta libertad en sus actos.

Durante 20 años Hanna recibe cintas grabadas por Michael, es él quien libidiniza a esta mujer que se presenta sin otro sustento emocional. Algo de ese encuentro hace posible un cambio en ella. Puede asumir “su falta”, algo de su deseo comienza a ponerse en juego.

Al hacerse leer, Hanna escucha la voz del otro, otro que le dirige a ella su palabra.

Cuando Hanna aprende a leer y escribir se transforma en “La lectora”. Comienza, entusiasmada, a escribirle cartas a Michael, cartas que él sistemáticamente guarda en un cajón y nunca responde. Involucrar sus propias palabras hubiera significado dejar testimonio, una implicación de otro orden. Puede sostenerla con palabras de otro, no con las propias. No acepta tal complicidad No acepta responder a dicho compromiso y sin embargo este hombre aparece profundamente marcado, en todos sus actos, por esa mujer. Es sobre el final que él decide contar “su secreto” a su hija. Dice su verdad. ¿Sale de su encierro, de su silencio? Le dá al mismo tiempo a Hanna, la posibilidad de elevarla al estatuto de sujeto lo que implica hacerse cargo, ser responsable de los actos cometidos. En el encuentro que tienen en la cárcel, podemos leer la condena de él como una condena social. Michael representa y metaforiza el drama de la Alemania de posguerra.

Hanna pierde allí el sostén de Michael. Lo que él pide es su arrepentimiento, y así salir de su complicidad .Va a verla a la espera de que ella asuma una responsabilidad que limpiaría su conciencia. Es él quien quedaría absuelto en las palabras que ella no logra decir, quien se siente arrastrado y cómplice por los actos de Hanna. Busca salvarse, sacarse lo atroz que lleva de ella. Contradicción insuperable, Michael la salva pero la condena. Condena que Hanna no tolera y sostenida por los libros que la hicieron libre, se quita la vida.

Hanna no parece tener recursos para expresar, con palabras, su arrepentimiento por los actos cometidos. Sin embargo ella ha pagado para la ley. Su acto suicida posterior deja en evidencia la insuficiencia de haber cumplido la condena impuesta por la ley. Algo no estaba saldado

Culpa y responsabilidad subjetiva

Culpa, responsabilidad y castigo son conceptos que pueden ser pensados tanto desde el campo de lo jurídico como desde el psicoanalítico. Desde el punto vista jurídico un sujeto puede ser declarado culpable por haber cometido un acto que la ley establece como delito. Se castiga una conducta y no a un sujeto. La condena está tipificada según el delito cometido, y es de la aplicación del Código penal desde donde la conducta es leída como delito. Desde el psicoanálisis hablamos de un sujeto que asume una responsabilidad subjetiva. La misma no está establecida desde el Otro (la ley) sino que deberá ser asumida por el propio sujeto. Requiere un cambio con respecto a su posición subjetiva frente al deseo.

Que un sujeto cumpla una condena no implica que se responsabilice de sus actos. Tampoco es la culpa la que implicaría a un sujeto como responsable de sus actos.

Hanna no quiere saber sobre las muertes que causó (-“las muertas, muertas están”) leemos allí cierta resistencia individual, pero también cierta resistencia colectiva a saber.

Por otro lado, al alfabetizarse podría pensarse en una inscripción retrospectiva de sus actos. En el libro El lector de Bernard Schlink, en el que está basado la película, el autor señala que Hanna tenía en su biblioteca libros sobre los campos de concentración. Es a partir de la actitud y las palabras de Michael en el último encuentro, que algo de la dimensión de su acto retorna en Hanna. En el acto suicida algo de la culpa parece estar tramitándose. Un darse cuenta parece estar localizado, algo se inscribe. En el juicio, ella asume la culpa de todas, por lo tanto su muerte estaría simbolizando la expiación de la culpa de un pueblo entero. La libertad que se le concede después de cumplida su pena, va en contra de su autopunición. Ella prefiere seguir pagando en la cárcel, como si Hanna nunca hubiera salido de su encierro. Antes de suicidarse deja escrito un pedido para que Michael lo lleve a cabo. Dona su dinero a la sobreviviente de la Iglesia, ésta lo rechaza y esa donación es destinada a una Institución para la alfabetización de niños judíos. Algo intenta reparar donando lo único que posee ¿Se mata cuando logra inscribir la atrocidad del acto cometido? ¿Se mata cuando su acto, leído a partir de la mirada del otro, se torna insoportable? ¿Se mata cuando Michael la condena? ¿Escucha alguien a Hanna? ¿Logra finalmente hacerse responsable? ¿El acto de matarse no implicaría asumir su falta?

Conclusión

A modo de conclusión sostenemos que la responsabilidad subjetiva que busca el psicoanálisis nada tiene que ver con pagar la culpa mediante una pena impuesta por la justicia.

Desde la perspectiva psicoanalítica la ley anuda el deseo y éste está atravesado por los discursos de cada época.

La ley se vale de lo universal y es necesaria para establecer normas consensuadas que regulen la vida en sociedad. El psicoanálisis en cambio es ley de lo singular, toma en cuenta como cada uno interpreta lo universal de un modo particular, es decir como cada sujeto se ubica respecto de la ley, si la trasgrede, la acata, desacata, la reconoce, desconoce.

Desde el psicoanálisis no hablamos de sociedad culpable, hablamos de sujetos responsables. Sostenemos que la responsabilidad subjetiva que busca el psicoanálisis nada tiene que ver con pagar la culpa, por un delito cometido, mediante una pena impuesta por la justicia.

Delito que tomamos del campo jurídico, no extrapolable al campo psicoanalítico.

Responsable para el psicoanálisis es aquel que responde con su palabra, que implica la necesariedad de un sujeto. Sujeto deseante que se desprende de la masa anónima que la sociedad borra. Es la posición subjetiva, la que se conmueve y modifica al sujeto responsable.

Para la justicia en cambio, el sujeto se borra en lo universal. El sujeto queda absuelto al pagar una pena tipificada y general establecida por el código penal. No es necesaria ninguna conmoción, ni modificación del individuo.

Para el psicoanálisis la cultura es el lazo del sujeto al Otro. Las relaciones que se establecen con el Otro cambian en las distintas épocas.

Es decir que lo que cambia es la subjetividad.

Lo que no cambia por ser irreductible es el malestar, que traduce a Tánatos, pulsión de muerte como aquello no ligado, que siendo estructural es imposible de evitar. Pulsión que es asocial y en tanto tal prescinde del Otro. En cambio, lo que si es social es el Inconsciente que varía con las épocas, respondiendo a los distintos discursos Amo.

En 1912 en Tótem y Tabú, Freud ubica el acto parricida como fundante de la ley. Se mata al padre, único gozador, y en ese mismo acto se funda un pacto fraterno de equitativa distribución del goce donde ninguno ocupará el lugar del padre muerto.

La ley se funda con el parricidio (no es sin eso) Por lo tanto decir ley es decir sujeto culpable.

Previo al amor se mata al padre, la culpa es estructural para el sujeto psicoanalítico, no para el sujeto jurídico. Pues el sujeto psicoanalítico es culpable por estructura y responsable como efecto de un posicionamiento subjetivo. En cambio, desde el punto de vista jurídico, el sujeto es culpable por condena de Otro.

Bibliografía

- Arendt, Hannah. (1963), "Eichmann en Jerusalén", Editorial DeBolsillo, Barcelona.

- Baéz, Fernando. "El bibliocasto nazi", http://www.elortiba.org/quelib.html. Especial XII Festival Internacional de Poesía /Medellín (2002). “Barataria”, revista de poesía número doble.

- Chéjov, Antón. (1899) "La dama del perrito", Editorial Nórdica, Madrid.

- Freud, Sigmund. (1921) “Psicología de las masas y análisis del yo”, Vol. XVIII, Editorial Amorrortu, Bs. As.

- Kafka, Franz. (1917) "Ante la ley" , Parábola.

- Hadad, Gerard. (1994) “A partir de una hoguera en los bibliocastas”, Editorial Ariel, Buenos Aires.

- Levi, Primo. (1988) "Si esto es un Hombre" , Editorial Raíces, Buenos Aires.

- Mazzuca, R. (comp.), Schejtman, F. y Godoy, C. (2006) “Cizalla del cuerpo y del alma. La neurosis de Freud a Lacan” Editorial Berggasse 19, Buenos Aires.

- Pavlosky, Eduardo. "Auschwitz y sus complicidades" http:// www.el ortiba.org/quelib.html

- Schlink, Bernhard. (1995) "El lector", Editorial Anagrama, Buenos Aires.

- Tzvetan, Todorov. (1993) “Ni monstruos ni bestias, gente común frente al límite” Siglo XXI, Madrid.

FILMOGRAFÍA

- “El lector” (“The reader”). Dir.: Stephen Daldry. Alemania, Estados Unidos, 2008.

- “La ola” (“Die Welle”). Dir.: Dennis Gansel. Alemania, 2008.

- “Y... como ícaro” (“I... comme Ícare”) Dir.: Henri Verneuil. Francia, 1979.


Notas

[1] Especial XII Festival Internacional de Poesía /Medellín (2002). “Barataria”, revista de poesía número doble

[2] Levi, Primo. (1988) "Si esto es un Hombre"

[3] Pavlosky, Eduardo. "Auschwitz y sus complicidades" http:// www.el ortiba.org/quelib.html

[4] Freud, Sigmund. (1921) “Psicología de las masas y análisis del yo”.

[5] Arendt, Hannah. (1963), "Eichmann en Jerusalén".

[6] Ídem.

[7] Tzvetan, Todorov. (1993) “Ni monstruos ni bestias, gente común frente al límite” Siglo XXI, Madrid.

[8] Ídem

[9] Ídem

[10] Ídem





Comentarios
Mensaje de Mariela Gonano  » 14 de noviembre de 2011 » mariela_gonano@hotmail.com 
El lector

Sabemos que la ley jurídica "se encarga" de la culpabilidad del sujeto en tanto ciudadano, toma al yo como un objeto, es decir, objetiviza un sujeto para determinar si es culpable o no; en cambio, la ley simbólica está relacionada con la responsabilidad subjetiva. Esta es inconsciente, el sujeto está "desobjetivizado". Esta ley es la que nos constituye como seres humanos, a partir del prohibición del incesto.
Ahora bien, la responsabilidad subjetiva implica hacerse responsable de un acto dando una respuesta por ese acto que va más allá de la ley (en minúscula). La respuesta que se espera es un acto ético que implique una modificación del propio particular.
Llegar a un tercer tiempo en el circuito de la responsabilidad, como explica la cátedra, implica asumir el propio deseo inconsciente, posicionarse de una manera diferente haciendo surgir un nuevo sujeto. Qué ocurre con Hanna al respecto? No llega a asumir su responsabilidad subjetiva, más bien, lo que realiza es un pasaje al acto.
Quizás Escudada tras la ley jurídica se mantenía a salvo de la Ley simbólica, Ley que termina por matarla, al momento en que la culpabilidad no le alcanza. "Asume" la muerte antes que asumir la responsabilidad, su propia responsabilidad.


Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 9 de noviembre de 2011 » val9_2004@hotmail.com 
El lector

Es muy interesante el recorrido que proponen los autores así como también los comentarios sobre este film tan rico de analizar, ya que abre la posibilidad de pensar, y eso no es poco. Este es un recorte más de todo lo que podría plantearse en relación a dicho film.

Es pertinente abordar cómo cambia nuestro punto de vista a lo largo del film. Ya que al comienzo nada sabemos acerca de esta mujer, vamos conociéndola a partir de sus actos. Nosotros como espectadores también leemos al personaje. Ella es leída por otro, hasta por el espectador. La leemos como a una dama que disfruta de la lectura, aunque ella no puede decir de esto, ninguna palabra.

También será interesante el abordaje que se le puede dar a la decisión que debe tomar Michael, cuando se entera de la triste realidad. Cuando nosotros como espectadores también nos damos cuenta de quién es Hanna, quién ha sido, cómo ha sido marcada por su realidad. Aquí se visualiza claramente –como mencionan los autores- que las personas vinculadas con las atrocidades que marcaron a todo el mundo, aún hoy, han sido personas denominadas “comunes”, no eran monstruos sino que eran comunes. Lo que no quita pensar que, quizás, lo sean luego. Ya que todos han quedado marcados, poniendo en tela de juicio la etiquete de “comunes”. Creo pensar que nadie puede ser catalogado de común después de haber transitado por ese hecho atroz, ya que todo hecho deja marcas, imborrables.

Michael con su accionar, queda posicionado como víctima y cómplice a la vez, debido a que tampoco pudo poner en palabras todo aquello relacionado a su vida, relacionado a Hanna. Le sigue el juego, mandando aquellas cintas, aunque no responde a sus cartas, como un modo de no involucrarse aunque, el hecho de mandar grabada su voz, ya es un modo de seguir involucrado al juego de las palabras.

También es interesante ver el cómo nos posicionamos frente al pasaje al acto que realiza Hanna. ¿Es un modo de tramitar aquello que escapa a la simbolización?, ¿es un modo de mostración hacia el Otro?, ¿es responsabilizarse por aquello que no tuvo lugar en el fluir de su voz?, ¿se transformó con ello en un sujeto activo aún cuando en el acto deja de “ser”?, ¿es salir del encierro de la cárcel y de su vida?, ¿es un modo de resarcimiento?. Todas estas posibilidades surgen a la hora de pensar aquel acto atroz por parte de Hanna.

Más allá de estos interrogantes, es necesario plantearse que, ella ya estaba cumpliendo con su condena jurídica, pero la condena por su comportamiento en los actos cometidos -más del lado de la perspectiva psicoanalítica- no estaba resuelto, no estaba tramitado. La contingencia de la vida hizo que Hanna no haya aprendido a leer ni a escribir, (aunque luego pudo hacerlo), esto seguramente –entre otras cosas por su puesto- hizo que su modo de goce haya sido “ser leída por Otro”. Se podría pensar que Hanna sin estar sostenida en Otro, sin ser leída por Otro, sin tener las respuestas de esas correspondencias, sin ser “correspondida” por un otro, no tuvo la posibilidad, el andamiaje de un otro para sostener su ser, para sostenerse con sus deseos, sus faltas, realizando entonces el pasaje en acto, como un acto que pone fin a su ser.


Mensaje de Fernanda Marina Casaroli  » 4 de octubre de 2011 » fcasaroli@yahoo.com 
El lector

Hola, felicitaciones por el congreso y por los comentarios de las películas, muy buenos.
Respecto de Hanna no creo que su suicidio tenga que ver con la asunción de su responsabilidad, me parece que esto y la donación de los libros son un agregado romántico-literario-cinematográfico de la historia.
Creo que Hanna se mata cuando el sintoma cae quitandole sentido a su existencia, va por la misma via de la frialdad subjetiva donde el otro no tiene lugar.
En esta linea se relaciona con Michael,el es "un lector" no un hombre para ella.
Impresiona la sorpresa de Michael,ser objeto puede ser muy fascinador, quizas tampoco para el ella haya sido una mujer sino un Otro dandole un cierto lugar.
GRACIAS.


Mensaje de Sabrina Pérez  » 28 de septiembre de 2011 » sabrinaperezk@hotmail.com 
El lector

Antes que nada quería felicitar a los autores por la claridad en la exposición de sus ideas, que resultan motivadoras para seguir reflexionando.

En primer lugar quiero centrarme en el personaje de Michael, quien además de lector amante y jurista desempeña el rol de “testigo”. Todas las víctimas elegidas por Hanna están muertas para contar el horror. Y será durante el juicio en 1966 (8 años luego de la desaparición de Hanna) que Michael resignificará el lugar, la posición que tomó en ese entonces, cuando una sobreviviente relata cómo Hanna hacía el proceso de selección de sus lectoras y futuras víctimas:

“Hacía que las mujeres le leyeran. (Michael muestra con la expresión de su cara estar atónito). Elegía a los débiles y enfermos. Lo hacía como si intentara protegerlos, pero luego los entregaba. ¿Es eso bondad?”

Michael se da cuenta de que también él fue elegido por su debilidad, no sólo porque conoce a Hanna estando enfermo, sino que ella misma lo denuncia cuando en una discusión le dice: “No tienes las fuerzas para disgustarme”. Lo baña, lo cuida tal como a los prisioneros, sólo que a ellos los entrega a la muerte, ¿pero a él? A él lo abandona, se va sin decirle nada, traiciona su confianza del mismo modo que con aquellos. En una escena Michael le dice: “De ahora en más no podría vivir sin ti”. En una película donde las palabras no se refieren precisamente a un sentimentalismo, cabe preguntarse si abandonar a Michael sin palabra que medie no es equivalente a entregarlo a la muerte.
Es a partir de esto que podemos empezar a delinear cuál es el evento disruptivo en la vida de Michael. Por un lado, descubre que Hanna fue agente de la SS y estuvo implicada directamente en el asesinato de trescientas judías. Por otro lado, y que resulta de mayor relevancia, se reconoce como uno más de una larga serie de lectores, en la que le habían precedido víctimas del Holocausto elegidas por su debilidad y enfermedad que serán abandonadas a su suerte.

El diálogo que transcurre en la escena en que ambos están en la bañera, manifiesta el lugar que Hanna proponía a Michael. Un lugar de sujeto en relación a algo (la lectura) y a alguien (Hanna) que dialécticamente la ubica a ella en la posición de “ser leída por otro”, lugar que asume casi durante todo el film.

Al comienzo de la película hay una escena que suele pasar desapercibida, pero que resulta determinante de todo lo que sigue. Cuando tres meses después de conocer a Hanna, Michael se recupera, vuelve para agradecerle y dice que en ese tiempo ni siquiera pudo leer de lo mal que estuvo; entonces Hanna levanta sus ojos y lo mira de un modo distinto. Michael le brinda en ese instante el elemento fundamental para que ella desde ese momento en adelante lo posicione como “lector”, y él que no se creía bueno en nada encuentre allí un lugar de aparente subjetivación, ya que sólo en ese rol se siente valorado. El lenguaje paraverbal en esta película invita a una interpretación no lineal.

A la pregunta que ustedes se realizan en la primer parte del texto “¿Qué de ella tiene él?”, quizás lo que Michael tiene es una posición que él asume pero que Hanna en gran medida le adjudica.

El film apunta al tratamiento de la culpa y a la resistencia de un pueblo a saber sobre su propia implicancia en los hechos, actitud que será cuestionada por las nuevas generaciones en 1968 durante la revuelta estudiantil alemana, que pondrá en tela de juicio los silencios y la amnesia de la generación que los antecede.

Por 1966 Michael se encuentra estudiando derecho en la Universidad de Heidelberg, y durante un seminario acerca de Jaspers y la culpa alemana, en una discusión con sus compañeros uno de ellos dice: “La pregunta es ¿cómo dejaron que esto sucediera? Nuestros padres, maestros, todos lo sabían, sabían lo que estaba pasando. No se trata de los alemanes. Se trata de los judíos. ¿Cómo nadie detuvo esto?”

Vale destacar que Jaspers dictó un seminario llamado “La cuestión de la culpa y la responsabilidad política de Alemania” en dicha universidad en el invierno de 1945-1946. El filósofo alemán consideraba que la esencia de la dignidad humana reside en atreverse a pensar por uno mismo y superar el “tutelaje autoimpuesto”. Michael sobre el final de la película parece poder iniciarse en el camino de superar ese tutelaje, contándole su propia historia a su hija.

“Tenemos que restablecer la disposición para la reflexión. Para ello no debemos dejarnos embriagar por sentimientos de orgullo, de desesperación, de indignación, de obstinación, de venganza, de desprecio sino que tenemos que enfriar esos sentimientos y ver la realidad.”
Karl Jaspers, “El problema de la culpa.” Ed. Paidós, 1998.

El profesor de Michael lo convoca a la reflexión cuando le dice que no importan los sentimientos que le genere la situación, ante ella, la única pregunta es ¿Qué se debe hacer?

Vale destacar que los lugares geográficos por los cuales pasa Michael durante toda la película no son casuales, sino que están relacionados con distintos momentos del proceso de tramitar la culpa para el pueblo Alemán, que ha presentado sus variantes en cada región del país. De todas formas, es una hipótesis que tengo por desarrollar.



 

 
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ETICA Y CINE. La singularidad en situación. Una perspectiva desde los Derechos Humanos

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