por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I Prof. Lic. J. J. Fariña

SEGUNDO PARCIAL

Nombre de la docente: Somoza Varón, Ivana

Alumnas: Chaumont, Daniela L. U.:32.891.250/0
Sequeira, Giselle L. U.: 33.019.824/0

Comisión: 22

Fecha de entrega: 10/06/2010

I Cuatrimestre 2010

El Lector
Sinopsis
En el Berlín de la posguerra, Michael Berg, un joven de 15 años, cae enfermo en su camino a casa desde el colegio y es rescatado por Hanna Schmitz, una mujer que le dobla la edad. Ambos comienzan un apasionado y secreto romance, hasta que Hanna desaparece un día misteriosamente dejando a Michael confuso y desconsolado. Ocho años más tarde, siendo estudiante de Derecho, Michael asiste como observador a un tribunal donde se está juzgando a colaboradores de la Alemania Nazi, y se queda atónito al encontrarse de nuevo con su antigua amante, esta vez, como acusada. A medida que se va revelando el pasado de la mujer, Michael descubre un profundo secreto que tendrá un gran impacto en la vida de ambos.

Análisis
Para el presente trabajo de articulación se tomará, en primer lugar, el artículo “Responder por la vergüenza” realizado por Juan Jorge Michel Fariña, Dora Serué y Eduardo Laso, para luego, adentrarnos en nuestro propio análisis de la película “El Lector”. Para esto se tendrán en cuenta fundamentalmente los conceptos de responsabilidad, tanto jurídica como subjetiva, el circuito que implica esta última, así como también los conceptos de necesidad, azar y culpa.
Comenzando entonces por el artículo mencionado anteriormente, el análisis de la responsabilidad subjetiva que realizan estos autores se centra en el personaje de Hanna, considerando que ésta, al declararse culpable de un crimen que no cometió está en realidad evitando responder por otro crimen que sí le pertenece: no se trata de su analfabetismo (aquello de lo que Hanna se avergüenza) sino que este, “en tanto figura de la culpa vela otra escena que es necesario rastrear para devolverle al sujeto esa verdad que atesora pero de la que nada sabe” .
Esta “otra escena” no sabida por el sujeto le permite a los autores distinguir dos niveles de responsabilidad. Un primer nivel hace referencia al hecho de que Hanna no sepa leer no sólo los libros sino principalmente su propia posición en una situación que la implica gravemente pero de la que aparece desentendiéndose (en ningún momento del juicio parece interrogada por lo que los jueces le preguntan, no teniendo problema en dar cuenta de cómo llegó a ser guardia de un campo de concentración ni tampoco de porqué no liberó a las prisioneras del edificio en llamas), recalcando la desproporción entre la capacidad de leer su acto y su vergüenza desplazada a la casi trivialidad de su analfabetismo.
Un segundo nivel de responsabilidad “remite a un fantasma más temido” , en el que el analfabetismo será entendido en tanto síntoma: ser leído por otro. Pero no quedan testigos de este fantasma ya que las chicas de campo de concentración debían ser sacrificadas y el único testigo vivo, Michael, todavía no sabe que lo fue. De aquí se desprende que Hanna tiene una deuda con esos muertos pero esta no tiene que ver con el crimen que se le adjudica jurídicamente sino con su posición, con lo que de ella en tanto sujeto, se jugó en relación a los cuerpos bañados y cuidados de sus lectoras en el campo.
Basándonos en estas ideas, podríamos ubicar el circuito de la responsabilidad subjetiva. Este consta de por lo menos de dos tiempos lógicos siendo el tiempo 1 aquel en “…donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada” mientras que el tiempo 2 es el tiempo de interpelación en el circuito, es decir, el tiempo en donde el universo de lo particular se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo. Queda manifiesto así, que se trata de tiempos lógicos, no cronológicos, ya que la puesta en marcha del circuito está dada por la interpelación, siendo el tiempo 1 fundado a partir de esa resignificación: “el recorrido del circuito es invariable en cuanto a la lógica que instrumenta: la retroacción. No responde cronológicamente sino con lógica de retroacción, hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió” .
Articulando estos términos con la película, podríamos ubicar como tiempo 1 aquel en el que Hanna no libera a las prisioneras de la iglesia en llamas, sosteniendo que sólo lo hace por cumplir con sus deberes de guardia, por mantener el orden. Así, ante la pregunta del juez sostiene: “es obvio, por la razón obvia. No podíamos (…) éramos guardias, nuestro trabajo era vigilar a las prisioneras (…) no podíamos dejarlas escapar (…) si abríamos las puertas hubiera sido el caos ¿cómo hubiéramos restaurado el orden? (…) y si hubieran intentado escapar no podíamos dejarlas salir (…) éramos responsables por ellas”.
El tiempo 2 puede ubicarse hacia al final de la película, en el momento en que Michael va a visitarla a la cárcel cuando ella ya está terminando con su condena (de 20 años). En este encuentro él le pregunta acerca de si ella piensa en el pasado. Ella entiende en un primer momento que él se refiere a la historia amorosa que los unió tiempo atrás, pero él le aclara que, en realidad, se está refiriendo al pasado de ella en particular. Frente a esta pregunta y a la distancia que Michael también sostiene con su actitud y postura durante el encuentro, Hanna se siente contrariada. Fariña lo plantea así: “la imposibilidad de Michael es la vía por la que retornan a ella los efectos de su acto, para que ella pueda finalmente leerlos” .
Frente a la interpelación, el sujeto resignifica su acto, que ahora adquiere un significado para él, en tanto se sabe culpable; sabe que eso le pertenece. Se abre así el campo de la responsabilidad subjetiva. Vemos así que este dejarse interpelar es “desanestesiar la desresponsabilización que crea finalmente la obediencia” .
Siguiendo a O. D´Amore y J. Jinkins sostenemos que “…la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo inconsciente que causó la formación” ; “responsable: no digo conciente de lo que hace ni que se hace cargo de lo que dice, sino culpable de lo que hace y dice” . En este sentido, la culpa es el reverso de la responsabilidad, es aquello que, siendo condición para el circuito de responsabilidad, obliga a responder.
La hipótesis clínica es una conjetura sobre la que tiene que responder nuestro personaje, refiriéndose a lo que estuvo de él en juego en esa primera acción (tiempo 1) sin que sepa sobre ello. El ligar así al tiempo 1 con el 2 produce significación, siendo esta aportada en respuesta a la pregunta: ¿de qué debe hacerse responsable el sujeto?
En el caso de Hanna, podríamos pensar que lo que la llevó a no abrir las puertas del edificio en llamas para que los que estuviesen encerrados dentro pudieran salir, va más allá de su obediencia, de cumplir con su puesto de guardia. Podemos ubicar en este punto a la relación que Hanna mantenía con aquellas jóvenes que le leían en el campo de concentración durante la noche, jóvenes a las que Hanna cuidaba y bañaba. Al igual que lo dice Fariña, podemos sostener que el analfabetismo de Hanna es un síntoma: ser leído por otro, pero no quedan testigos de este fantasma, en tanto estas chicas debían ser sacrificadas. De modo que de lo que Hanna debe hacerse responsable va más allá de lo que pueda imputársele jurídica o moralmente sino que, subjetivamente, su deuda tiene que ver con su posición una a una con esos cuerpos, con que de ella en tanto sujeto se puso en juego allí.
Pero las situaciones de la vida cotidiana no se presentan de manera pura, transitando exclusivamente el terreno de la responsabilidad subjetiva sino que están compuestas también por necesidad y azar. La realidad es muy compleja y debemos poder discriminar entre los distintos elementos que integran una situación, ya que cuando rigen por completo la necesidad o el azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad.
En relación a la película podemos pensar el azar, que desconecta la causa del efecto, en el punto en el que Michael, único testigo (aunque recién comience a pesquisarlo hacia el final de la película) de esa escena mencionada anteriormente, se reencuentra con ella. Este reencuentro es posible gracias a la casualidad de que él, como estudiante de derecho, asista como observador a un juicio en el que Hanna se encuentra acusada.
Retomando la cuestión del circuito, debemos distinguir que a partir de la interpelación pueden darse dos posibilidades. No hay forma de no responder ya que la interpelación siempre exige una respuesta, respuesta que va más allá de lo que el yo quiere responder, pero no siempre el volver sobre los elementos disonantes implica una apertura sino que muchas veces es un cierre del circuito.
Es en este sentido que O. D’ Amore sostiene que la culpa pueda mantenerse sin el advenimiento del sujeto, denominando a esto sustancialización de la culpa: “decir que la culpa se sustancializa es hablar del yo y del intento de sellar la hiancia que ha sido abierta con el acto” . Es decir, que se trata de un proceso en el que la culpa funciona como tapón y obturador de la emergencia subjetiva.
En la película, podemos situar algunas de estas figuras de la culpa. Una de ellas es la vergüenza que siente Hanna por no saber leer ni escribir, lo que la lleva a hacerse cargo de un crimen que no cometió. En tanto figura de la culpa debemos interpretarla como velando otra escena, la cual se refiere a aquello que el sujeto no sabe que sabe pero por lo que igual debe responsabilizarse subjetivamente.
Aquí se pone de manifiesto la discrepancia entre responsabilidad jurídica y responsabilidad subjetiva. En tanto provenientes de corpus conceptuales y prácticas diferentes, convocan a dos posiciones subjetivas distintas, es decir, convocan al sujeto a responder desde lugares distintos. La responsabilidad subjetiva es aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente, sujeto que no es dueño de su voluntad e intención, diferenciándose así del sujeto autónomo, quien es caracterizado desde el discurso jurídico justamente como poseedor de estas características. Si Hanna fuese nuestra paciente podríamos sostener que nuestra responsabilidad profesional residiría en poder propiciar un más allá de esta responsabilidad jurídica que Hanna sí asume, intentando de esta manera, impedir que la sanción social o el castigo le permitan refugiarse en el campo de la responsabilidad moral únicamente, sustrayéndose de la responsabilidad subjetiva, la cual implicaría el confrontarse con la verdad que la determina (Aquí podríamos ubicar algo del orden de la necesidad, la cual conecta causa con efecto, en el punto en el que si uno se declara culpable en un juicio en el que es acusado, necesariamente será penado por ello).
También puede ubicarse como figura de la culpa a la respuesta que Hanna le da a Michael inmediatamente después de que este le pregunta si piensa sobre su pasado:”que importa lo que siento, que importa lo que pienso, los muertos siguen muertos”, en un intento de negar su participación allí.
Pero puede ser que más allá de estas respuestas particulares tenga lugar un tiempo 3, tiempo de la responsabilidad subjetiva, que implica “la noción de acto en la que el sujeto se produce” . De modo que esta otra forma de responder a la interpelación queda dentro de la dimensión ética, permitiendo la emergencia de una singularidad.
¿Podría pensarse un tiempo 3 en el caso de Hanna? Creemos que sí. Lo situamos en el punto en el que ella decide darle su latita de té a una de las mujeres judías que había sobrevivido al incendio. Entendemos que este acto supone otra posición subjetiva de Hanna ya que ésta, durante toda la película parece como completamente desligada de lo que le sucede, pero al final, en lo que respecta a este último acto (posible gracias a la interpelación que implicó el encuentro con Michael), parece que finalmente “aprendió a leer”. Ya no se desentiende ni se culpa más de lo debido por lo sucedido, sino que reconoce (inconcientemente) lo que de ella estuvo en juego y esto le posibilita hacer algo distinto: devolverle a esta mujer algo de lo que ella sabe que esta última perdió durante su paso por el campo de concentración, una lata de té, en la que esta mujer guardaba sus “tesoros” cuando niña.
Es en este punto que podemos realizar una comparación con Ibbieta, personaje de “El muro”, cuento de Jean Paul Sartre. En ambos casos puede ubicarse un tiempo 3, tiempo en el que Ibbieta, en ese reír y llorar simultáneo, y Hanna, al reconocer que lo sucedido no simplemente sucedió, sino que ella está implicada en eso y esta implicación le da el poder de hacer algo distinto con ello, emergen como sujetos que, entre la necesidad y el azar, responden a un verdadero acto ético.

Bibliografía

- Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Publicado en la página web de la cátedra.

- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

- Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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