por 

Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

Psicología, ética y derechos humanos

-Cátedra Fariña-

Profesora de trabajos prácticos: Somoza Barón, Ivana

BATTILANA, MARÍA VICTORIA L.U: 267344930
Ferroni, Lucila L.U: 322967200

La película elegida para el presente trabajo, cuenta la historia de un joven de 15 años que cae enfermo en su camino a casa desde el colegio, siendo rescatado por Hanna, una mujer que le dobla la edad. Ambos comienzan un inesperado y apasionado idilio hasta que Hanna desaparece inesperadamente. Ocho años después, Michael, convertido en un joven estudiante de derecho vuelve a encontrarse con su antigua amante mientras está como observador en un tribunal donde se está juzgando a colaboradores de la Alemania Nazi. Hanna está acusada de un horrible crimen y rechaza defenderse a si misma. Michael, gradualmente, se va dando cuenta de que el amor de su juventud guarda un secreto que considera aún más vergonzoso que el asesinato.
Con el propósito de articular los conceptos teóricos especificados en la consigna, se realizó un recorte de la película “The Reader”. En el mismo intervienen el personaje de Hanna Schmitz y el joven Mickael Berg. En este trabajo nos centraremos específicamente en el personaje de Hanna. La escena ocurre en medio del juicio en el que ella es acusada de haber colaborado en los crímenes nazis.
En el mismo juicio el joven reconoce a Hanna, pues había mantenido 8 años atrás, una relación amorosa.
El joven se encuentra presenciando el juicio en condición de estudiante de derecho, pues era este, un momento importante en la historia.
En el banquillo de acusadas, se encontraban junto a Hanna otras acusadas, que intentaron defenderse poniendo la mayor responsabilidad sobre la persona de Hanna, pues ellas sabían que Hanna era analfabeta y desconocía absolutamente cual era la intervención de su participación.
En el momento en que el juez interroga a las acusadas, todas se desresponsabilizan, excepto Hanna.
El juez insiste en preguntarle a Hanna sobre su papel en el genocidio, y ella, no responde. Seguido de esto le lee todas documentaciones que fundamentaban el nivel de lo ocurrido, y la responsabilidad y la culpabilidad de la que se la acusaba, y es en este momento donde Hanna advierte consternada el daño producido, hasta el momento ella creía estar desarrollando una tarea encomendada, valorada a partir del reconocimiento de su anterior trabajo.
En la misma escena, el joven se corre del interés personal que lo llevaba a estar en ese juicio, pues se siente involucrado y pesquisa como han sucedido los hechos. Él en ese momento descubre que Hanna es analfabeta, y que jamás pudo saber qué firmó ni de qué se la estaría acusando; sin embargo él no interviene, mientras que ella, sin saber la gravedad del asunto asume la culpabilidad total y no busca probar de alguna manera que ella no es del todo culpable.
Hanna es sentenciada a cadena perpetua, por ser la mayor responsable, acusada de 300 homicidios; mientras que el resto de las acusadas son sentenciadas a 4 años de prisión.
Años después en la prisión, Hanna recibe unas cintas que le posibilitan que ella pueda ponerse en contacto con él, pues por medio de éstas aprende a escribir.
El joven consigue la libertad de Hanna. Tiempo antes de cumplida la condena, cuando esa libertad finalmente le es concedida, ella acaba con su vida.

Para comenzar con el análisis de la escena, creemos necesario definir las categorías de universal-singular, como la de particular.
Para poder abordar el acto ético, debemos en primer lugar apoyarnos en la dimensión particular.
Dicha dimensión, es el primer movimiento del acto ético, en donde a partir de este se apoyan las normas, juicios morales, y los códigos, a los que responden las buenas costumbres compartidas.
Aquí nos encontramos ante el sujeto moral, autónomo, en el que se basa el derecho para sancionar a quienes infringen la ley.
La responsabilidad adjudicada por el orden de lo particular, consta en los códigos, como punible a quienes sean responsables, de ir en contra de un bien común. Una intencionalidad conciente, que responde al sujeto autónomo, de la responsabilidad, y de la voluntad, sujeto del derecho. De esta manera nos referimos tanto a la responsabilidad moral, como así también a la regida por el discurso jurídico.
Sobre esta dimensión se apoya lo que daremos en llamar el segundo movimiento de la ética, que es la dimensión universal-singular.
Aquí hablamos de una dimensión del sujeto, pero de un sujeto del acto ético.
Esta dimensión supone un mas allá de las pautas deontológico-jurídicas, dando lugar a algo del orden de lo diferente, que desborda el conocimiento que antecede.
Es la singularidad ese instante, que posibilita algo de un orden nuevo.
Nos obliga a extender los límites del universo, poniendo en desafío la consistencia del mismo, por lo tanto es allí donde retorna lo particular.
El advenimiento de lo singular suplementa realmente el universo de lo existente.
El punto de singularidad vehiculiza la exigencia de una nueva ley, esta devendrá universal, dejando atrás el limitado horizonte restrictivo de la legalidad previa. El universo se ha ensanchado, suplementado a partir de una singularidad.
Respecto a esta dimensión, y a diferencia de la anteriormente citada, nos referiremos a la responsabilidad subjetiva. Esta se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente; sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención. La misma es la que se define en la dimensión de la clínica.
El discurso del sujeto barrado, sujetado a la ley y al lenguaje –siguiendo el discurso freudiano- nos habla de una verdad psíquica que difiere con la verdad material y una responsabilidad subjetiva, “Atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo” . Podemos pensar siguiendo a Freud que esta responsabilidad es aquella que interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconciente.
De manera metodológica puede plantearse la responsabilidad subjetiva mediante un circuito de tres tiempos lógicos, este recurso, en su recorrido, deberá dar cuenta del accionar de un sujeto y su posición en dicha decisión.

Tiempo 1
En el tiempo 1, se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada.
Se realiza un acto en el cual el Sujeto no advierte la totalidad de las consecuencias para las cuales fue llevado a cabo.
A partir de la escena planteada, podríamos ubicar el tiempo 1 en el hecho de que Hanna firma una documentación sin saber qué se está firmando. Dicha documentación es una solicitud de “empleo” que la haría participar del exterminio en los campos de concentración, sin embargo no esta al tanto -hasta ese momento- de lo que de ella se espera.
En este primer tiempo se podría pensar cómo a partir del no saber o –mejor dicho- el no querer saber por parte de la protagonista, la habilita a la realización del acto.

Tiempo 2
En el tiempo 2, la acción realizada en el tiempo 1 se ve confrontada con algún indicador que le señala un exceso en lo acontecido otrora. Tiempo, donde el universo particular se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Cuando el tiempo 2 resignifica retroactivamente al primer tiempo, interpela subjetivamente al Sujeto. Es aquí donde su universo particular se quiebra al verse el Sujeto ob-ligado a responder por lo acontecido en el tiempo 1.
Es necesario que en el tiempo 2 haya ocurrido algo que interpele al tiempo 1 y a partir de este resquebrajamiento yoico emerja una posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. A modo de respuesta el sujeto se siente ob-ligado a responder, y es por medio de la culpa, la vergüenza, que la llevan a la protagonista a asumir la total culpabilidad, más no así responsabilidad como acto ético.

- Juez: ¿Usted fue parte de eso? (Proceso de selección en Auswisht)
- Hanna: sí
- Juez: ¿Lo admite?
- Hanna: Todas lo hicimos
- Juez: Decir todas es más fácil que decir yo sola, ¿No es cierto señorita Schmitz? No estoy seguro de si entiende.

Esto da cuenta de un “déficit” del Sujeto, de su falta, de su desear en tanto Sujeto del inconsciente. Por lo tanto, hay emergencia de una singularidad, que junto con lo universal, demuestran la incompletud y el quebrantamiento del universo previo de discurso en el cual el Sujeto estaba inmerso.
La interpelación nombrada como tiempo 2 del circuito, el lógicamente anterior al tiempo 1.
Es a la interpelación subjetiva la que pone en marcha el circuito de la responsabilidad.

¿Qué es lo que la interpela?

En base a esto podemos ubicar el momento en el cual Hanna es interpelada, es interpelada por el juez a responder sobre lo sucedido en los campos de concentración. Es en este momento donde aparece un quiebre en el personaje, cuando los documentos son leídos por el magistrado y ella advierte de lo que se la acusa, asume culpa y cargos y con su silencio se “declara” culpable. Pasa de un no saber a un saber, a una toma de responsabilidad moral de lo ocurrido.
Otra de las escenas que manifiestan la interpelación sucedida en el juicio hacia la protagonista, se revela cuando una de las sobrevivientes la señala entre otras como responsables, manifestando el horror a la que fue sometida.
A modo de una respuesta potencial, entendemos que la figura del juez la interpela y lo que la interpela a ella es la vergüenza de sí misma, posición con la cual vivió hasta ese momento; la culpa y la angustia, todas estas respuestas propias de un desvalimiento yoico. Es el sentimiento de culpa que deja a Hanna anclada a una imposibilidad de cambio de posición de sujeto, por ende no lugar a una responsabilidad subjetiva.
La culpa nos da la pista de que algo de la responsabilidad esta en juego, pero esto no quiere decir que el sujeto responda haciéndose responsable.
Fariña y Gutiérrez en el texto “veinte años son nada” plantean entender la culpa como reverso de la responsabilidad, y la emergencia de la angustia en tanto sentimiento genuino, puesto que nos podría orientar hacia una posible modificación subjetiva del acto ético.

- Juez: ¿Por qué no abrió las puertas? usted sabia, los informes de las SS estaban firmados por usted, las dejó morir.
- Hanna: (silencio)
- Juez: Las victimas merecen una respuesta.

Hipótesis clínica

La hipótesis clínica sitúa la naturaleza de la ligadura entre el tiempo 1 y 2, el lazo asociativo entre ambos. De esta manera, si algo ha emergido en el segundo tiempo des-ligado del universo particular, se buscará religarlo hallando una explicación a su presencia. Consideramos que la Hipótesis Clínica tiene que ver con el deseo inconsciente que sostiene la primera situación. La hipótesis se construye en el lazo asociativo que une el primer tiempo con el segundo.
Sobre este punto, podríamos plantear nuestra hipótesis clínica entre un no querer saber, que forma parte su ignorancia y que la privan de su libertad de acción, no pudiendo esbozar algo de su propio deseo.
Resulta pertinente mencionar que en el momento en que el juez le pide a Hanna que escriba para poder comparar su letra con la del cuaderno y de esta manera determinar su culpabilidad, ella se niega a escribir, admitiendo ser la autora de lo escrito, lo que denota con firmeza su vergüenza de ser analfabeta, aunque hasta el momento no haya hecho nada para cambiarlo, reforzando de esta manera, su no querer saber, la no implicación en su propia vida.

Hanna participa de los campos de exterminio, aludiendo no saber que lo estaba haciendo. Solo aceptó un trabajo. Dice haber aceptado firmar algo sin saber de que se trataba. Tampoco parece intentar averiguarlo.
Es pensar la imposibilidad de poner en palabras y pasar al acto.
Se podría pensar que el deseo de ser alguien y dejar de tener pena de si misma, la lleva a un camino que no sabrá desandar.
La imposibilidad de explorar su falta, de realizar su búsqueda, en tanto sujeto barrado, la lleva a una pseudo-creencia de “elegir” algo que desconoce.
Es su ignorancia, la que una vez más la deja presa de sí misma, pero esta vez de manera determinante.

- Michael: “¿Te has dedicado tiempo a pensar en el pasado?
- Hanna: “Antes del juicio nunca pensé en el pasado, nunca tuve que hacerlo”
- Michael: “¿Y ahora?
- Hanna: “No importa lo que sienta, no importa lo que piense, los muertos siguen muertos”

Tiempo 3
Para finalizar el circuito de la responsabilidad, será necesario un tiempo 3 que verifique la responsabilidad subjetiva, una toma de posición en relación a lo universal. Algún elemento del segundo tiempo apareció desligado del universo particular, por lo cual el Sujeto se ve ob-ligado a re-ligarlo para encontrar una respuesta.
Oscar D´Amore plantea que este tipo de respuesta puede tomar diferentes formas: por un lado, el Sujeto puede volver a la dimensión particular y por lo tanto al surco de lo moral, mediante respuestas tales como el sentimiento de culpa, la proyección, la negación, la intelectualización y la formación sintomática.
Por otro lado, puede responder desde la dimensión ética, dando lugar al efecto sujeto y permitir así la apertura de un tiempo 3.
El tiempo 3 verifica la responsabilidad subjetiva, se trata de una toma de posición en relación a lo universal-singular dando cuenta del efecto sujeto. Por lo tanto, la presencia del efecto sujeto supone la existencia de un acto ético, en tanto que se produce un Sujeto de deseo inconsciente, sujeto de la falta en ser.
En la escena citada, el desenlace es un pasaje al acto, una determinación, en la que acontece la muerte.
“Así, entonces, resulta que el pasaje al acto opera como un contrasentido. Se encamina en sentido contrario a la escena donde el sujeto es llamado a sostenerse como sujeto historizado, Y, a la vez, obra en contra del efecto de sentido que revelaría a ese sujeto como deseante. En el pasaje al acto, el sujeto no sabe de qué se trata lo que hace; y aquello que hace no lo dice. Todo lo contrario: lo aproxima peligrosamente a lo que permanece fuera del discurso, fuera de toda ley”.
Hanna presenta angustia la cual revela indicio de la culpa. Quedará anclada en esa posición no permitiendo el cambio de posición subjetiva y de esta manera en el que el acto ético donde podría reconocerse el lugar de responsable, no tiene lugar en ella. El pasaje al acto da cuenta de no poderse interpelar más allá de la culpa y poder vivir acorde a su deseo inconciente.
Parecería que la respuesta que dá a la interpelación es el sentimiento de culpa y por ello queda en la posición donde aparentemente acepta el castigo que le imponen.
Se cerraría de este modo el circuito y la pregunta de la interpelación.
El lugar en el que Hanna queda anclada (sentimiento de culpa) la imposibilita al pasaje a una verdadera responsabilidad subjetiva, ésta, de establecerse se ubicaría en los insterticios entre dos categorías “Necesidad y Azar” desarrolladas por el lic. Juan Carlos Mosca.
La primera hace referencia a aquello que va a ocurrir inexorablemente, aquellos sucesos que son ajenos a la voluntad humana y que comúnmente lo conocemos con el nombre de Destino. El Azar, en cambio, se define en términos de “suerte”, “coincidencia”, “casualidad”. Es aquella categoría que sin bien escapa a la voluntad humana, no entra dentro del marco de lo necesario.
Entonces, si Necesidad establece una conexión entre causas y efectos, Azar desconecta tal relación. El ubica la responsabilidad del sujeto en la grieta entre necesidad y azar, basta que se produzca una grieta entre las mismas, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión. Sin embargo, sostiene que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambas no es pertinente aludir a la responsabilidad.
Teniendo en cuenta lo hasta aquí planteado, y en función de nuestro recorte, es dable deducir, que algo de estas categorías se presentan imposibilitando el advenimiento de la responsabilidad subjetiva.
En relación a la escena elegida, podemos ubicar la categoría de azar, en el hecho de que el joven este presenciando el juicio en el que Hanna está siendo juzgada. Luego de ocho años de haber terminado con aquella relación amorosa, el joven se encuentra como observador en un tribunal en el que Hanna es acusada de haber participado del genocidio.
Acerca de la categoría de necesidad, se nos plantea una cierta una dificultad para establecer la relación entre causa y efecto, no obstante podríamos ubicarla en el hecho de que ante el ofrecimiento, o reconocimiento en el trabajo, (para obtener un ascenso) no pudiera jamás saber el alcance del mismo.

Por último, nos parece relevante retomar la pregunta que Hanna le realiza al juez: “¿Usted que hubiese hecho?”

¿Que responder frente a esto?

En efecto, el accionar particular juzgado y reprochado a Hanna se desenvuelve en un contexto crítico Alemán.
“Donde el otro humano no es un semejante sino el enemigo a destruir como una plaga o una enfermedad infecciosa, donde el logro es la exterminación” ; Hallamos lugar en la ideología nazi, responsable de uno de los más grandes genocidios de la historia.
El exterminio alocado de lo diferente, el forzamiento absoluto al límite con la muerte de invocar a lo real allí donde la diferencia se presentara.
Parece ser éste el concepto de efecto particularista que desarrolla dicha afirmación, pretendiendo que un rasgo particular, devenga condición universal. En este efecto radica el núcleo de la violación a los llamados derechos humanos.
Entonces, como responder a la pregunta inicial ¿atendiendo el irracionalismo político? ; ¿definiendo la ideología imperante? O simplemente ignorando.
Observemos que, “Los presupuestos de la "comunidad", en sentido nazi, Fueron dos: la noción de pueblo, concebido como unidad étnica, basado en principios de carácter racista, y la etnificación de pueblo: la existencia de una total comunión entre quienes participan del espíritu del pueblo a través de su encarnación con el ser superior y real llamado "comunidad". El paso del espíritu del pueblo a la esfera del poder político se realiza a través de la figura del Führer, que asume la dirección del pueblo, y que realiza su función a través de dos principales instrumentos: el Partido y el Estado, ambos en íntima vinculación. La figura del Führer es la cúspide y centro de todo el sistema y está dotada de un carácter carismático. El Führerstaat aparece como un Estado totalitario, ajeno al "Estado de derecho". La fuente originaria del Derecho según la doctrina del nazismo, se encuentra en el espíritu popular. Al Führer, en cuanto que encarna perfectamente ese espíritu, corresponde formular y promulgar el Derecho"
El Estado alemán y los campos de concentración nazis montaron un aparato liderado por un genocida –Hitler- y por una ideología que exterminó el estado de derecho y por ende el valor a los derechos humanos. Un movimiento de esta envergadura basó su poderío en el miedo y la violencia y lo desplegó en una cadena de mandos que involucro también a civiles. No acatar la obediencia implica quebrantar los códigos del deber hacer. Por ende no escuchar es imposibilitar un acto de justicia.
El restablecimiento del estado del derecho, años mas tarde, posibilitó que sean oídas simbólicamente las voces acalladas.
“Obedecer es oír, el obediente no escucha, oye la orden y la ejecuta”.
“Del sujeto responsable se espera en cambio que escuche, es decir que hable” .

BIBLIOGRAFIA

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*Viñar: “Especificidad de la tortura como trauma. El desierto humano cuando las palabras se extinguen”. Montevideo.



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