por 

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
2do. Cuatrimestre 2010

Profesor Titular: Fariña, Juan Jorge Michel
Alumno: Planas, Julián Francisco
Comisión nº 08
LU: 326973910
Profesor a cargo de la comisión: Noailles, Gervasio
Película: El niño pez

1. El sujeto que realiza una decisión comparable en términos teóricos a la que realiza Ibbieta en el cuento “El Muro”, de J.P.Sartre, es el personaje interpretado por Inés Efrón, Lala, en la película “El niño pez”.
Se entiende por decisión a aquella que aparece en una situación dilemática. La decisión está ligada a la producción de una singularidad subjetiva. Es en el lugar de la decisión que el Sujeto se constituye como tal. Frente a una situación dilemática el Sujeto está obligado a responder. Este tipo de respuesta se hace sin garantías: cualquier resolución a la que se arribe implicará consecuencias. En la decisión, el amparo en las garantías del Otro no existe. Es únicamente el Sujeto en soledad quien puede tomarla. Éste es el verdadero ateísmo del cual habla Sarte: el que existe, para llegar al Ser, necesariamente debe pasar por el hacer, por el hacer en soledad, por la decisión, por responsabilizarse del propio deseo. Un acto de ésta índole permite el surgimiento del Sujeto: es imposible que éste sea programado a partir de determinismos superyoicos. De ser así, estaríamos en el plano de la existencia, de los hombres grises y no en el Ser, en la esencia.
En el cuento “El Muro”, Ibbieta es parte de un grupo de prisioneros apresados por la falange en el contexto de la Guerra Civil española. Es condenado a muerte. Se lo conduce a una celda en la cual pasará sus últimas horas esperando el amanecer, momento en que será fusilado. Cuando llega el momento, son fusilados los dos prisioneros que comparten la celda con Ibbieta, mientras que a él le ofrecen salvar su vida si revela el paradera de su gran amigo Ramón Gris, otro republicano perseguido por la falange. A Ibbieta le piden que hable y que diga la verdad. Aquí es donde aparece la decisión: creyendo que Gris está escondido en lo de un primo, pretende jugar una broma a la falange diciendo que su amigo está en el cementerio. Es decir, Ibbieta decide hablar. Podría no haberlo hecho: era poco probable que Gris se peleara con su primo y se refugiara en el cementerio, pero no tenía por qué no darse esa situación necesariamente. Efectivamente, esta improbable situación sucede, Gris es asesinado e Ibbieta salva su pellejo, al menos por un tiempo más. Como se ve, lo que Ibbieta decidiera en su situación dilemática acarrearía consecuencias.
Ubico una situación parecida en la película “El niño pez” en el momento en que Lala decide darle un vaso de leche mezclado con fármacos a su padre. En un primer momento, el cóctel letal era para Lala, pero en determinada situación, ella decide que sea su padre quien lo tome. Podría haberlo tomado ella, o tirar el vaso, o avisarle, pero decide otra cosa.
En ambos casos, es el deseo quien decide. No hay elección reflexiva, va más allá de la pura lógica racional. Recordemos que una decisión implica consecuencias.
2. Es importante, en primer lugar, establecer la diferencia entre responsabilidad jurídica y responsabilidad subjetiva.
En la primera, la responsabilidad se atribuye al “sujeto-joya”, al sujeto racional, a quien dispone de las capacidades establecidas por la legalidad de responder. En la responsabilidad jurídica, la noción de responsabilidad va de la mano con la de imputabilidad: es imputable, juzgable, condenable, aquel que actuó disponiendo de su cuerpo, de sus facultades racionales, aquel que tuvo intención de hacer lo que hizo. Frente al hecho, deberá responder quien califique para la categoría de imputado.
El circuito de responsabilidad subjetiva va por otro lado. La responsabilidad subjetiva aparecerá (o no) en relación a la posición que el sujeto adopte frente a su deseo. No se evalúa aquí cuál fue la intención conciente del sujeto, sino cómo se relaciona éste con las consecuencias que produjo su deseo. En este circuito existen diferentes tiempos lógicos.
Existe un primer tiempo (T1) en el que sucede un hecho. Hay una acción frente a la cual el sujeto da algún tipo de respuesta. Luego aparece un segundo tiempo (T2) en el que se interpela al sujeto por su hecho. Aquí, la interpelación obliga a responder, ofrece al sujeto la posibilidad de resignificar lo acaecido en el tiempo 1. Ésta lógica no es cronológica, sino retroactiva: algo sucede que lleva al sujeto hacia atrás, al momento de la acción, que lo obliga a replantearse lo sucedido, a responder de algún modo por ello. En este momento, en el de la interpelación, aparece la culpa, el precio a pagar. La respuesta del sujeto puede darse dentro del marco de la moral y ser así particular. El sujeto se desentiende de su deseo y se refugia en las diferentes modalidades de la culpa, que oficia así de tapón. El sujeto queda atrapado en este tiempo 2, en el plano de la existencia, en el no-hacer con el deseo.
Existe otro tipo de respuesta, el de la responsabilidad subjetiva. Aquí se abre un tercer tiempo (T3) que resignifica el T1. El deseo obliga a volver al T1 para hacerse cargo. Es en este hacerse cargo, en este cambio de posición subjetiva, donde el Sujeto se hace. Se hace, porque es a través de la acción, de responsabilizarse de actuar en conformidad al deseo. Esto implica posicionarse más allá de la coherencia, de la moral y de la razón para ubicarse en el plano de lo ético.
¿Dónde se ubica este circuito de la responsabilidad subjetiva en la película “El niño pez”?
T1: Lala decide darle el vaso de leche con pastillas a su padre. Hay una acción en conformidad al deseo que acarreará consecuencias.
T2: Sucede algo que interpela a Lala por su accionar: el padre de la Guayí le comunica que ésta ha sido culpabilizada por la muerte del juez y encerrada en un instituto de menores. Hasta ese momento, Lala se evade de la culpa escapando al Paraguay, confiando que la Guayí se reuniría con ella, como habían acordado.
T3: Lala decide volver a Buenos Aires, hacerse cargo de su acción y liberar a la Guayí. Pensemos aquí que si la Guayí no hubiera sido apresada, quizás la interpelación por asesinar a su padre no hubiera ocurrido; es decir, quizás Lala nunca se hubiera hecho cargo de lo sucedido. Pero la interpelación empujó a Lala a regresar y enfrentarse a las consecuencias, generó un cambio en su posicionamiento subjetivo: produjo el efecto-sujeto. Es en este lugar en el que Lala asume la condición de Sujeto responsable que se hace cargo de lo esperable y lo no esperable de su deseo.
3. En relación a lo planteado por J.J.M.Fariña en su texto Responsabilidad: entre necesidad y azar, podemos definir a la necesidad como aquello que establece una conexión entre causas y efectos y al azar como lo que desconecta tal relación. Se relaciona así la necesidad con lo inexorable, con el destino, con lo “móirico”, si se me permite el neologismo. Es aquello que va a ocurrir, que debe ocurrir, que es necesario que suceda, ya que no puede ser de otro modo. Encontramos en la muerte el ejemplo paradigmático de la necesidad: todo ser viviente debe morir, es su destino ineludible. En el azar, la relación entre causa y efecto no existe. En el azar las cosas ocurren “porque sí”. Si una situación es dominada totalmente por el azar o por la necesidad, no podemos atribuir responsabilidad alguna al sujeto. Ahora, si existe un espacio que no esté dominado por alguno de estos factores, se abre el terreno para que el sujeta pueda dar una respuesta, es decir, pueda ser responsable.
En la situación seleccionada de la película podemos distinguir estos elementos. Dentro de lo necesario aparece la muerte del juez. Él iba a morir. Si Lala no le daba el vaso con leche quizás no hubiera muerto en ese momento, no era necesario que muriese en ese momento, pero inexorablemente era algo que habría de ocurrirle. También entra dentro de este orden el efecto del vaso de leche con pastillas: inevitablemente, le caerían mal a quien lo tomase. Quizás no moriría como ocurrió con el juez, pero repercutiría negativamente en su cuerpo.
Dentro del azar ubico la aparición del padre de Lala justo en el momento en que ella se disponía a beber del vaso. Fue por pura “suerte” que ocurriera. Podría haber llegado unos minutos después y encontrarse con otra situación. También el hecho de que se le antojase un vaso responde al azar. Ahora, que el padre beba el vaso con leche preparado por Lala es una situación en donde ni el azar ni la necesidad dominan por completo. Es en esta distancia donde se abre el espacio para que Lala pueda ser interpelada por su acción; es en este espacio que se le ofrece la posibilidad de asumir una posición de responsabilidad subjetiva.
4. La culpa es la que obliga a responder a la interpelación: no garantiza un T3, pero empuja a retroceder hacia el T1 y dar algún tipo de respuesta. La culpa adopta diferentes formas: la intelectualización, la negación, la proyección, el sentimiento de culpa y la formación sintomática. En Lala, es el sentimiento de culpa de que sea Guayí y no ella quien esté presa lo que la conduce a volver y enfrentar su deseo, entrando así en el terreno de la responsabilidad subjetiva. Lala se vuelve responsable desde ésta posición de Sujeto. No se responsabiliza en el campo de lo jurídico. Ella está dentro de la categoría de imputable ya que entra dentro de lo que se entiende por sujeto de derecho, por sujeto-joya, autónomo. En el momento de darle el vaso de leche a su padre parece estar dentro del terreno de la razón y su intención se denota al no impedir el equívoco del juez al agarrar el vaso que era para sí misma.
5. El posicionamiento de Lala frente a su deseo, la responsabilidad que asume, inscriben su accionar, su regreso, dentro del campo de lo ético. Este tipo de relación frente al deseo es una relación ética. Ella podría haberse refugiado en alguna de las formas de la culpa para desresponsabilizarse (negar el hecho, dejar que la Guayí cargue con las consecuencias, justificar su accionar alegando que su padre mantuvo relaciones sexuales con su amada, etc.) quedándose así en el terreno de la moral de lo particular, de lo esperable, de lo más lógico o coherente. Pero no lo hace. La culpa no se sutancializa en ella. En el momento en que cambia su posicionamiento subjetivo en relación a los hechos emerge una singularidad en situación: es ella, y sólo ella, quien va enfrentar las consecuencias de su deseo. Decide moverse del cómodo lugar que su status social de “nena-bien” de zona norte podría ofrecerle. Reniega de esa posición y re-acciona de modo propio. Se desprende del Otro. Cuando su madre intenta armarle una coartada, ella se escapa para poder rescatar a la Guayí. El acto que lleva a cabo permite que aparezca ella como tal, como Sujeto deseante, que al hacerse de su deseo, se hace.
“(…) Quiere ahora el espíritu su propia voluntad; el que ha perdido el mundo, quiere ganar su propio mundo…”

Bibliografía
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*Michel Fariña, J.J, Responsabilidad: entre necesidad y azar, Ficha de Cátedra.
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*Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
*Sartre, Jean Paul: El muro, Editorial Losada, Bs. As., 2007.



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