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Psicología Ética y Derechos Humanos.

Cátedra: I Fariña, Juan Jorge Michel.

Comisión: 3

Alumna: Alanís, Gabriela (L.U.:31.799.342/0)

Fecha de entrega: Lunes 25 de Octubre de 2010

FILM: “EL NIÑO PEZ”

ARGUMENTO DE LA PELÍCULA:
Ailín, también conocida como "la Guayi", lleva trabajando siete años como mucama en la casa de la familia de un juez en Argentina desde que huyó de su pueblo paraguayo natal cuando tenía trece años. Mantiene una relación sentimental con Lala, la hija de la familia de su misma edad, pero también con el Vasco, un hombre que se dedica a entrenar perros para peleas y vender objetos robados. Además el padre de Lala mantiene relaciones sexuales con Ailín. Ambas chicas planean escaparse juntas para lo cual roban un cuadro y varias joyas de la casa familiar y se las dan al vasco, para que las venda entre sus contactos, y así poderse comprar una casa frente al lago del pueblo natal de la Guayi.
Lala se marcha a Paraguay donde conoce al padre de Ailín que es un conocido actor de telenovelas y cantante en su país. Allí, nadando en el lago se le aparece el extraño niño pez cuyas historias le había contado Ailín. Descubre por la prensa que han detenido a Ailín como sospechosa del asesinato del juez y que se encuentra internada en un correccional de menores. También descubre el motivo por el cual ella huyó de su pueblo: su propio padre la había dejado embarazada. Entonces regresa a la Argentina. Lala al llegar a casa rememora el día de la muerte del juez. Sorprendió a su padre en pleno acto sexual con Ailín. Después Ailín harta le dice que se va de la casa para no volver. Lala desesperada decide suicidarse poniendo un medicamento en un vaso de leche. En ese momento su padre entra en la cocina y le dice que le ponga a él otro vaso. Su padre se toma el vaso de leche envenenado mientras Lala se queda callada mirando.
Lala acude al correccional de menores a visitar a la Guayi. Le dice que va a confesar pero Ailín le contesta que si lo hace ella seguirá echándose la culpa y que la policía siempre pensará que la culpable es la chica pobre y no la niña de clase alta. Posteriormente Lala reflexiona sobre un detalle de la conversación con Ailín que le ha dicho que ha visto el cuadro que vendieron y se pregunta cómo pudo ser. Va a ver al Vasco y le pregunta a quién se lo vendió. Éste le dice que se lo vendió a un comisario corrupto al que le entrena perros de pelea y que además saca a las menores del correccional para usarlas en sus “fiestas”. Esa noche ambos van a la casa del comisario y tras un tiroteo y con la ayuda de los perros liberan a la Guayi. Tras curar la herida de bala de Lala, Ailín le cuenta la historia completa del niño pez y de cómo arrojó a su bebé moribundo a las aguas para que lo protegiera la deidad del lago. Finalmente ambas huyen juntas a Paraguay.
ANÁLISIS
El mismo recaerá sobre el personaje de Lala (Inés Efron), en el cual me centraré para dar cuenta de su responsabilidad subjetiva desplegada en tres tiempos lógicos, y ensayaré una hipótesis clínica para dar cuenta de la irrupción de su deseo.
Tiempo I: Lala decide suicidarse poniendo un medicamento en un vaso de leche. En ese momento su padre entra en la cocina y le dice que le ponga a él otro vaso. Su padre se toma el vaso de leche envenenado mientras Lala se queda callada mirando. Su padre muere.
Tiempo II: Estando en Paraguay, el padre de Ailín le dice que la han detenido a su hija como sospechosa del asesinato del juez.
Tiempo III: Lala regresa a la Argentina y acude al correccional de menores para decirle a la Guayi que va a confesar la verdad, pero Ailín le contesta que si lo hace ella seguirá echándose la culpa.
Finalmente, rescata a Ailín, tras un tiroteo, cuando ésta iba a ser abusada por un policía corrupto.

Lala ha sorprendido a su padre en pleno acto sexual con Ailín. Después Ailín harta le dice que se va de la casa para no volver. Lala no soporta estra sin Ailín, como tampoco que alguien se le acerque y mucho menos si ese alguien es su padre. Es entonces cuando desesperada, decide suicidarse, va en busca de medicamentos que coloca en su vaso de leche. En ese momento su padre entra en la cocina y le dice que le ponga a él otro vaso. Su padre se toma el vaso de leche envenenado mientras Lala se queda callada mirando. Ésta secuencia, obviamente conduce a su padre a la muerte. Es este momento el cual ubico como un primer tiempo. ¿Que logra Lala con esto? En primer lugar, la acción del padre ha prolongado la vida de Lala, si él no hubiera aparecido en la escena solicitando un vaso de leche, su hija hubiera tomado el envenenado y eso irremediablemente la hubiera conducido a la muerte. Pero la escena fue otra y el juez, toma entre los dos vasos servidos el envenenado, su hija se queda callada, mirándolo, la acción emprendida por su padre cambia sus planes, eso significa que se podrá escapar con Ailín, ya no estará el padre en el medio de ambas, ocasionando peleas, la Guayi será de ella. No debía matarse, la muerte de su padre servía para que ambas pudieran estar juntas y dar curso a sus planes.
Tras lo ocurrido, Lala se va a Paraguay y es allí cuando se entera por el padre de su amada que en Buenos Aires había recaído en Ailín la culpa de lo acontecido. Aquí adviene lo que llamamos un tiempo 2, es decir, una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. Su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá o más acá de lo esperado. Implica algo que no estaba en la intención del yo. Se abre entonces la pregunta por la responsabilidad del sujeto: ¿qué habrá tenido que ver Lala con todo esto? Este conmueve su posición y produce un quiebre en el discurso del sujeto. Hay un síntoma egodistónico, produce cortocircuito en el yo, no es acorde con el sujeto. Esto produce conmoción, quiebra el mundo de sentido del sujeto. Frente a esto no puede hacerse la desentendida, va dirigido hacia ella y se espera una respuesta de su parte.
Por azar quedó inocente de un crimen que cometió, pero algo de lo que sucedió no estaba en la intención del yo, su amada no debía verse perjudicada por su accionar. Si bien al padre le sobraban enemigos quienes podrían haberle propiciado su muerte, el azar le jugó una mala pasada porque no fue a alguno de ellos a quienes acusaron, lo cual le hubiera permitido escaparse junto a Ailín; fue a ésta última a quien le adjudican el acto.
Lala había obrado de acuerdo a su deseo, no soportaba que su padre tocara a Ailín, la quería para ella o se mataba, pero la muerte de su padre fue visualizada como un remedio en todo esto. Lala había elegido el deseo, y como respuesta a la interpelación aparece el sentimiento de culpa, el llanto desmedido. Todo ha salido mal, no debía estar Ailín entre rejas, no era quien cometió el asesinato.
Lala regresa a la Argentina y acude al correccional de menores a visitar a la Guayi. Le dice que no es ella quien debería estar ahí, que va a confesar. Se ha inaugurado así el tercer tiempo de la responsabilidad, en el que el sujeto toma posición frente a su acto, ingresando en la dimensión de la responsabilidad subjetiva. Pero además, hay significantes previos capaces de inscribir este acto y de predecir sus alcances, la responsabilidad jurídica. El universo dado tiene contemplado éstas situaciones (esto se ubicaría en el primer movimiento de la ética).

Gabriela Salomone distingue dos nociones bien distintas de responsabilidad: la responsabilidad jurídica (moral, códigos, leyes) y la responsabilidad subjetiva (que hace a la experiencia del sujeto deseante).
La responsabilidad jurídica atañe a si el sujeto deliberadamente quiso asesinar al juez, de manera consciente e intencionada. Se interpela a un sujeto autónomo, racional y consciente. Quedó en manos del azar que el padre entrara en la escena en la que Lala estaba a un paso de acabar con su vida, y este solicitara un vaso de leche y eligiera justamente el envenenado; pero no queda todo librado a la suerte, Lala no quitó a su padre el vaso, ella quería que muriera por lo cual no hizo nada al respecto más que quedarse mirando cuando este lo tomaba. Lala cometió el crimen, por lo que en teoría le corresponde la pena.
Sí ha sido una necesidad por parte de la justicia, “responsabilizar” a alguien por lo sucedido (causa y efecto), aplicar la ley como consecuencia, a quien ha cometido una falta de adhesión a una norma compartida, causar la muerte a una persona.
La distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se debe exclusivamente al azar y/o necesidad y ya lo dice Juan Carlos Mosca en su texto, al sugerir que la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión. Si bien Lala se ve beneficiada de algún modo por la actuación de éstos dos elementos, hay algo que le hace ruido, que le es inconsistente con su yo, y esto es que Ailín haya resultado perjudicada por su accionar.
La responsabilidad –la decisión–, supone justamente sustraerse de la lógica del destino o de la mera casualidad. Necesidad y azar rigen ciertos sucesos en la vida de las personas. Pero no todos.
Retomemos la escena en el correccional, Lala se va a hacer cargo del acto cometido. Ante esto, Ailín le contesta que si lo hace ella seguirá echándose la culpa y que la policía siempre pensará que la culpable es la chica pobre y no la niña de clase alta. Ante ésta respuesta, Lala no insiste, por lo tanto, la responsabilidad legal ha sido denegada.
En los días siguientes Lala se encuentra cada vez con mayor frecuencia frente a la necesidad de reforzar su apuesta por el deseo. Ella desea a Ailín, si se entrega tampoco podrán estar juntas pero ésta se encuentra tras las rejas por un acto que no cometió. Es así, como dejándose guiar por su deseo, que es como una voluntad ciega, cada vez más fuerte, que Lala comete el segundo acto que la responsabiliza jurídicamente, pero la libera de la culpa que siente por la situación en la que se encuentra su amada.
Reflexiona sobre un detalle de la conversación con Ailín que le ha dicho que ha visto el cuadro que vendieron y se pregunta cómo pudo ser. Va a ver al Vasco y le pregunta a quién se lo vendió. Éste le dice que se lo vendió a un comisario corrupto al que le entrena perros de pelea y que además saca a las menores del correccional para usarlas en sus “fiestas”. Esa noche ambos van a la casa del comisario y tras un tiroteo y con la ayuda de los perros liberan a la Guayi.
El acto de rescatarla, más que ningún otro, es el que inscribe a Lala en el campo de la ética, es éste acto el que la hace verdaderamente responsable de su deseo: el acto que no puede ser anulado, el acto que la transforma completamente como sujeto, el acto que anula la angustia experimentada anteriormente.

HIPÓTESIS CLÍNICA

La hipótesis clínica intentará dar cuenta de cómo y por dónde juega el deseo del sujeto. Y que hacerse cargo de ese deseo, asumirlo, implica para él tomar una decisión.
Sin lugar a dudas, Ailín es el motor para Lala, es por quien mata, es el deseo de la protagonista. Se hace cargo de esto, ya que “por ella haría todo”. Podemos ver en dos situaciones cómo cuando se le presenta la oportunidad de elección entre dos opciones, siempre prima la más congruente con el cumplimiento de su deseo. En una primera instancia, decide suicidarse pero la aparición de su padre cambia los planes y la mejor salida se convierte en la muerte del mismo, lo cual le permitiría seguir estando con su amada. En una segunda instancia, la protagonista decide entregarse, lo cual le manifiesta a la Guayi, pero ésta le dice que seguirá echándose la culpa. Finalmente Lala, nunca asume su responsabilidad jurídica por la acción cometida ya que hacerlo iría de algún modo en contra de su deseo, el estar con Ailín; es su decisión, nuevamente, priorizar el vínculo entre ambas, por lo cual no se entrega y busca una salida acorde a esto y decide rescatarla.

BIBLIOGRAFÍA
o Alemán, J. (2003): Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
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o Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra www.psi.uba.ar.
o Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
o Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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