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Facultad de Psicología
Universidad de Buenos Aires

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra: I Fariña, Juan Jorge Michael
Profesoras: Viviana Carew, Julia Calderone
Comisión: 17
Apellido y Nombre: Barbosa, Gabriela Analia
DNI: 28.897.615.

Análisis de la crítica

Elizabeth Ormart sitúa como personaje para el análisis de la Responsabilidad Subjetiva a Monsieur Pignon, planteando como Hipótesis Clínica el deseo de Pignon de ocupar la posición de sujeto deseante.
Plantea esta hipótesis estableciendo una analogía entre “Salir del placard” (expresión que hace referencia a que un sujeto desoculte su homosexualidad) y “la posibilidad de ser algo mas que un mueble” (expresión que alude al cambio de posición subjetiva).
Ormart describe a Pignon como un sujeto cuyo deseo esta aplastado por el sometimiento al Otro y solo a partir de su salida del placard, la puerta de regreso a su trabajo, logra el protagonista posicionarse como sujeto deseante frente al Otro logrando así un cambio en su posición que lo llevara también a ocupar su lugar de padre, su hijo lo prefiere homosexual (en tanto sujeto deseante) que aburrido.
La autora destaca la escena del restaurante de Pignon con su ex-mujer, donde encuentra la “emergencia de un sujeto deseante”, el efecto sujeto, el cambio de posición de Pignon.

Desde “Salir del placard” hasta la Responsabilidad Subjetiva

Según el enfoque de la cátedra la Responsabilidad Subjetiva sigue un circuito de tres tiempos lógicos. En el primer tiempo (T1) el sujeto realiza un acto con un fin determinado, es decir, el objetivo conciente de su acto será obtener ese fin. En el segundo tiempo (T2), el sujeto es interpelado al darse cuenta subjetivamente de que su acto fue mas allá de lo esperado, hubo consecuencias que el sujeto no esperaba, al menos concientemente. Esta interpelación subjetiva lleva al sujeto a volver sobre el T1, a interrogarse sobre el, buscando una respuesta que si o si deberá encontrar dado que la interpelación ob-liga al sujeto a su acto, es decir, lo obliga a responder por el, lo liga a su acto. Esta vuelta desde el T2 al T1 resignificará este ultimo dando lugar a algo nuevo, una interpretación fundada en la lógica no-todo convocando así al sujeto, el tiempo tres (T3). En el T3 se produce un acto con carácter suplementario poniéndose en juego el deseo inconciente del sujeto, que dará así lugar al cambio de posición del sujeto.

En la película “Le placard” Monsieur Pignon, es un sujeto cuya vida transcurre sin sentido alguno, nada interesante le pasa, su vida es monótona y totalmente ajena al resto, nadie lo ve, es insignificante para todos, incluso para el mismo. Pignon trabaja en una empresa que se dedica a la comercialización de los derivados del caucho, principalmente preservativos. Esta separado de su mujer desde hace dos años y todavía la sigue amando y extrañando, por lo menos así lo expresa todo el tiempo al comienzo de la película. Con ella tiene un hijo, Frank, de 17 años, a quien su padre le parece sumamente aburrido, sentimiento que comparte con su madre, motivo por el cual nunca lo visita y siempre lo deja plantado.
La película comienza con una escena de la empresa tomando la fotografía de todo el personal, Pignon llega y se acomoda en el cuadro de la fotografía como todos los demás empleados, hasta que el fotógrafo avisa que el no entra en el cuadro y que debe acercarse mas, lo intenta, pero no lo logra quedando fuera de la foto de la empresa. En la siguiente escena, entran al baño de hombres, el fotógrafo y el Jefe de Personal de la empresa quienes mantienen una conversación en la cual hablan de que Pignon será despedido. Pignon que estaba dentro de uno de los baños se entera así que perderá su empleo.
Será entonces cuando vuelve a su casa deprimido por la posibilidad de perder su empleo y por su triste vida, que conoce a su nuevo vecino, Jean Pierre Belone quien impide que Pignon salte del balcón (aunque no sabemos si realmente lo iba a hacer). Su nuevo vecino, Psicólogo y que había trabajado como Jefe de Personal en una empresa cuando era mas joven, luego de conversar un rato con Pignon, donde este le cuenta su situación y su vida, le da la idea de “Salir del placard”, asumir su homosexualidad para no perder su empleo, con el argumento de que la empresa no iba a querer verse involucrada en problemas por discriminación.
Es en esta charla con su vecino donde ubicaría el T1, Pignon decide mentir sobre su sexualidad para recuperar su trabajo y poder seguir pasándole la pensión a su ex mujer. Concientemente este es el fin de su mentira, mantener su empleo, pero sin saberlo Pignon se ubica allí, en esa mentira, en el lugar de objeto deseado, poniéndose en juego su deseo inconciente.
Ahora bien, como Hipótesis Clínica, podemos encontrar en Pignon el deseo inconciente de ser un objeto de deseo. Si bien toda su vida transcurre siendo alguien insignificante y que pasa desapercibido ante la mirada del Otro, en su interior habita el deseo de ser un objeto deseado, como deseo inconciente reprimido que se abre paso a través de la mentira sobre su sexualidad para no perder su trabajo.
Es muy notorio en la película el cambio en la mirada del Otro hacia Pignon cuando este decide decir que es homosexual, pues ocupa ahora un lugar de objeto deseado y esto se refleja en como toda la empresa lo tiene presente, dejando de ser el sujeto aburrido a quien nadie tenia en cuenta para convertirse en el centro de todas las miradas, que a diferencia de antes lo ubican claramente como un objeto deseado ya que su homosexualidad lo ubica como sujeto deseante, otorgándole como dice Ormart un “brillo fálico”. Será precisamente en ese cambio donde situare el T2.
Luego de asumir su falsa sexualidad, Pignon se da cuenta de que todo a su alrededor cambia, no solo evita perder su trabajo, si no que también de su mentira se derivan una serie de hechos que lo interpelan, lo llevan a interrogarse sobre que hizo, no se lo pregunta directamente si no mediante expresiones como “en una semana me pasaron mas cosas que en toda mi vida”. Es esta interpelación la que genera la culpa y como ya mencione mas arriba obliga al sujeto a responder.
En este momento Pignon comienza a sentir culpa por todas las consecuencias manifiestas de su mentira (casi despiden a la Srta. Bertrand por haberla acusado de acoso sexual y el jefe de personal comienza a comportarse extrañamente amable hacia él, hasta terminar en un instituto psiquiátrico) haciéndose cargo de ellas, producto de una culpa moral por los efectos que su mentira tuvo en su entorno. Pero todo esto se sitúa en lo manifiesto de la situación y la culpa en tanto moral no conduce al sujeto hacia la responsabilidad subjetiva si no al taponamiento de una respuesta a este circuito abierto. Por ello el T2 se ubicaría concretamente cuando en lo latente encontramos la culpa de Pignon, el sentimiento de culpa por su posición de objeto deseado, la culpa en tanto se ve obligado a responder mas allá de lo que querría responder. Es este sentimiento de culpa el que llevara a Francoise, el protagonista, a volver sobre el T1 resignificando su acto, derivándose de este un T3 en que el sujeto asume su Responsabilidad Subjetiva. Si bien se puede desprender esto de viaria escenas, tomare como principal aquella en que el protagonista acude al instituto psiquiátrico a visitar a Santini, el jefe de personal, pues posicionado mas que nunca como objeto de deseo, acude a la visita con un sweater color rosa que Santini le regalo, afirmando su posición como objeto de deseo y, aunque aun lo hace desde su falsa homosexualidad, su cambio de posición queda confirmado cuando en la empresa el Jefe de la misma lo enfrenta pidiendo explicaciones sobre todo lo acontecido y Pignon responde que él es responsable de todo y que ira a inscribirse a la lista de desempleados. Francoise podría haberse excusado de mil maneras desde la culpa moral por su acto, para conservar así su empleo, pero sin embargo, asume su responsabilidad decidido a retirarse de la empresa, a lo que el Jefe le responde, que no, que no se trata de eso y que es él un insoportable, a lo que Pignon responde, que considera un ascenso que lo llamen insoportable dado que toda su vida lo han llamado aburrido.
Por ultimo se puede señalar también el final de la película, donde otra vez llega el día de la foto del personal pero a diferencia del año anterior, Pignon no se corre del cuadro, empuja al resto abruptamente posicionándose como sujeto, como objeto deseado.
¿Destino o Casualidad?

Como elementos de necesidad podemos encontrar el hecho de que fueran a despedir a Pignon, como su Jefe de personal dice en el baño de la empresa cuando habla con el fotógrafo “ya esta afuera”. Para Pignon esto era un hecho y no podía intervenir para que esto cambiara, sin embargo el azar hizo que al volver a su casa se encontrara con un nuevo vecino, psicólogo y homosexual, que en base a su experiencia profesional como psicólogo y a su experiencia personal como homosexual en una empresa le dijera que saliera del placard para conservar su empleo.
También se puede situar el azar en el hecho de que su mentira fuera de gran impacto para evitar que lo despidieran no solo por evitar problemas de discriminación si no también por el hecho de que su empresa como mencione mas arriba se dedicaba a la comercialización de preservativos y al despedirlo seguramente perderían a un importante numero de consumidores de su producto.
Vemos entonces que tanto necesidad como azar se pusieron en juego en la situación del protagonista pero dejando una grieta que permitió el efecto sujeto. Si la situación hubiese estado guiada solo por necesidad o azar no habría lugar para la pregunta por la responsabilidad del sujeto.

Dos cambios de posición, Ibbieta y Pignon

Finalmente, una comparación entre el caso de Pignon y el caso de Ibbieta.
Ambos protagonistas a su manera asumen la Responsabilidad Subjetiva por su acto a través de una respuesta singular que hace tambalear todo su universo particular.
Así como en Pignon encontramos el T1 en el momento en que decide mentir sobre su preferencia sexual para conservar su empleo en el caso de la situación de Ibbieta podemos situar este tiempo en el momento en que para no delatar a su amigo Gris decide contestar para burlarse de los falangistas “en el cementerio”. Al igual que Pignon, Ibbieta desconocía el sentido inconciente de esta respuesta. Recién en el T2, la interpelación alcanza a Ibbieta cuando se entera de que los falangistas encontraron a Gris en el cementerio y le dieron muerte; del mismo modo es interpelado Pignon cuando comienza a ver las consecuencias de su mentira. Ambos sujetos se ven ob-ligados a responder, ligados a su acto y darán en el T3 una respuesta que lejos de corresponder a una culpa moral dará cuenta del deseo inconciente de cada uno. Seguir con vida en el caso de Ibbieta; ocupar el lugar de objeto de deseo en Pignon.
El T3 de Pignon quedo ubicado en el momento en que va a visitar a Santini afirmando mas que nunca su posición como sujeto de deseo (aun en su papel de homosexual); a si mismo el T3 en la situación de Ibbieta se puede ubicar en el momento en que asumiendo su deseo inconciente decide seguir con vida a pesar de que sin saberlo su acto de burla hacia los falangistas dio muerte a su amigo Gris.
Los dos personajes dan curso a su deseo inconciente “¿Has actuado en conformidad con el deseo?” .
Hay que destacar también que en ambos casos encontramos elementos de necesidad y azar pero no sin una grieta que de lugar al efecto sujeto.

Bibliografía

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
Juan Jorge Michel Fariña: Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra.

Anexo-Crítica
Salir del placard, o de la posibilidad de ser algo más que un mueble

Monsieur Pignon (Daniel Auteuil) es un individuo adaptado pero con una existencia miserable que se describe como "un desastre, sin mujer, sin hijo y ahora sin trabajo". La puerta de regreso al trabajo es "la salida del placard" expresión que en francés alude a desocultar su sexualidad, personas que buscan salir del encierro para asumir lo que son. Esta pretendida farsa de su vecino Jean Pierre Belone (Michel Aumont) ha sido calculada para reinsertarlo en su apagada existencia, pero esto no tiene retorno. El cálculo anticipa una verdad incalculable.
Devenir en tanto inventar, querer, negarse a sí mismo, superarse a sí mismo: ningún sujeto (sub-yectum), sino un hacer, poner, creador, nada de causas y efectos. Nietszche.
Monsieur Pignon (Daniel Auteuil) se ha acomodado a las exigencias de los otros. Es un individuo adaptado pero con una existencia miserable, resignado a su miseria y aún en el colmo del absurdo, aferrado a su desinflada existencia. Sus pretensiones se reducen a mantener un trabajo en el que su opacidad sea tolerada para mantener a una mujer y a un hijo que no lo toleran. Su gris sobrevivencia no puede ser resucitada por una colorida corbata. De un empujón está afuera, de la foto, del trabajo, de la vida. Salir del cuadro, tambaleo del fantasma, el precipicio, y la voz de Jean Pierre Belone (Michel Aumont) que lo detiene desde el absurdo de la ironía. Francois Pignon se describe a su vecino como "un desastre, sin mujer, sin hijo y ahora sin trabajo". Jean Pierre recobrando su oficio interpreta un "no se tire ahí sobre mi coche" "devuélvame mi gato". El diálogo lo vuelve a su cotidiana estabilidad y acepta la propuesta.
La puerta de regreso al trabajo es "la salida del placard" expresión que en francés alude a desocultar su sexualidad, personas que buscan salir del encierro para asumir lo que son. Su pretendida farsa ha sido calculada para reinsertarlo en su apagada existencia pero esto no tiene retorno. El cálculo anticipa una verdad incalculable.
La incisiva intervención del vecino, que no por casualidad es psicólogo, lo ha confrontado con su descolorida existencia. El adjetivo aburrido que califica su goce de la sumisión al Otro, va perdiendo su fuerza significante El individuo (sub-yectum) nombrado por el significante va cediendo ante la división del sujeto.
El misterio de su incierta sexualidad le presta un brillo fálico perdido y se vuelve objeto de seducción, de amor y rivalidad. Se vuelve un hombre, inclusive un padre.
Podemos ubicar diversas líneas de análisis del film; por un lado, el cambio de posición subjetiva del protagonista a partir de la intervención del psicólogo vecino; y por otro, pero no sin ella el lugar del padre.
Su hijo con la naturalidad propia del adolescente huye de ese fantasma que le ofrece el ritual del "espagueti con albahaca". Pero cuando ve a su padre encabezando el desfile por el orgullo gay recobra las esperanzas. ¿Un hombre con un preservativo rosa en la cabeza es preferible a un serio empleado de traje?
El joven prefiere un padre homosexual a un padre aburrido. Las insignias de homosexualidad han operado como credenciales de paternidad y ahora tiene existencia como padre. Pero vayamos con cuidado en este punto, no es su homosexualidad lo que lo ha hecho padre, sino que ella le ha dado el estatuto de sujeto deseante.
Lo que funda la función paterna es la perversión, per-versión, pere-versión, o sea, en la perversión hay algo de la función del padre, versión es decir, orientación. La versión del padre, la versión de su deseo, es lo que funda realmente su función de padre, de que su deseo sea causado por un objeto. Para Monsieur Pignon, el deseo estaba aniquilado. El deseo estaba aplastado por la obediencia. La obediencia obsesiva como modalidad de protección contra la falta, había hecho del protagonista la sombra de un hombre, la fachada de un padre.
Lacan plantea que la función del padre consiste en que "su nombre es el vector de una encarnación de la ley en el deseo". Para que la ley opere tiene que haber deseo, al tiempo que la ley lo funda como posible. "Pero no es la ley misma la que le cierra al sujeto el paso hacia el goce, ella hace solamente de una barrera natural al sujeto tachado. Pues es el placer el que aporta al goce sus límites" (Lacan, 1960: 801). Es en la medida en que M. Pignon se ha vuelto un sujeto deseante que su goce ha encontrado un límite. Y en tanto que sujeto deseante, barrado, en falta, puede representar la ley y transmitirla a su hijo. Un padre operante ante una madre que no deja de decir "ve a ver a tu padre" y no deja de desacreditarlo. Una mujer que cuando descubre que su hijo accede gustoso a su demanda corre ofuscada a confrontar al padre.
Esta mujer no ha visto en Pignon más que alguien que la consuele de su ruptura amorosa, un paño de lágrimas. Esta mujer no lo ama, difícilmente acepte la privación que le impone su ley. Pero luego de su salida del placard, se vuelve un objeto enigmático. ¿Qué supuesto saber encarna ese sujeto? La histérica, como perro tras el hueso, olfatea algo de deseo y va en su búsqueda.
En la escena del restaurante parece escenificarse la emergencia de un sujeto deseante. El antiguo Pignon llama ansiosamente a su esposa para consumar una cita en un romántico restaurante de moda, planea la velada, la ropa, el champagne, y sin saber muy bien por qué ella viene. Dispuesto a sostener el papel de felpudo que viene consumando desde que la "ama" hay algo que no es oído por el mismo sujeto, efectivamente su escucha viene de otro lado ¿quién es el "payaso" al que ella se refiere? Esa palabra no designa su ser, el aburrido payaso perdió su fuerza significante y entonces descubre, que en la sumisión a los caprichos histéricos no radica el amor. Que estar con una mujer no puede ser sinónimo de suprimirse como sujeto deseante. Pero antes de invitarla a partir, satisface el deseo de saber qué impulsó sus pasos y le espeta: "no soy gay. Lo hice para conservar mi empleo y poder seguir pasándote la pensión." Rápidamente ella acude al chantaje: "se lo diré a nuestro hijo". Pero Pignon se lo prohíbe pues desde la salida del placard, es un hombre y es un padre, y su hijo necesita uno.
Un universo de consistencias que se rompe y un sujeto que se produce con su acto, funda la posibilidad de otra elección de objeto. Una mujer deseable y deseante ante la cual no tendrá que huir, lo acompañará en la foto. La foto que marca un nuevo año en la empresa. La foto en la que Pignon podrá hacerse un lugar. Salir del encierro, ser quien se es; o en términos freudianos, "Wo es war soll Ich werden".

Elizabeth Ormart
E-mail: elizabethormart@speedy.com.ar



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