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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

SEGUNDA EVALUACIÓN
FILM: “EL SECRETO DE SUS OJOS”

Psicología Ética y Derechos Humanos
CÁTEDRA FARIÑA I - COMISIÓN 26
Profesora: Pesino, Carolina Rut
Primer cuatrimestre 2010

MAZZOCCHI PAREDES, NICOLÁS 339849210
ZANABRIA, LEANDRO EMMANUEL 342752210

Film: “El Secreto de sus ojos”
El análisis acerca de la responsabilidad subjetiva está centrado en el personaje de Morales, interpretado por el actor Pablo Rago, quien ante el asesinato y violación de su esposa, y viendo, que el crimen queda impune con el agresor convicto y confeso, condenado a cadena perpetua, libre; decide vengar la muerte de su esposa. La hipótesis propuesta por Michel Fariña en el comentario del film nos invita a cuestionarnos acerca de la responsabilidad del sujeto en relación al crimen, utilizando 5 escenas donde trasciende el interrogante de Morales actuando o no conforme al deseo que lo habita.
Una primera escena donde la casa de campo en que vive Morales 25 años después, nos demuestra, un estancamiento en el tiempo. La imagen de Liliana aún aparece ahí. Algo no fue tramitado, el duelo no fue concluido y quizás aquello que parecía amor, encierra algo más ¿hasta qué punto puede alguien actuar conforme a su propio deseo, cuando es evidente la presencia del goce? Parece no haber encontrado salida alguna; pero sí, aunque el camino es otro: lo hace través de una evasión de la responsabilidad subjetiva, encerrando en el galpón al criminal liberado, resolviendo desde una dimensión jurídica, haciéndose cautivo para garantizar la deuda. La culpa está obligando a Morales a saldar cuentas, involucrando su cuerpo, apresándose a sí mismo, para no enfrentar la verdad.
En una segunda escena se formula la pregunta acerca de por qué no fue capaz de ver aquello que era evidente: esa mirada que se repetía foto tras foto, y que mostraba la adoración de Gómez a Liliana. Podríamos conjeturar un no querer ver la obviedad. Aquello lo lleva a interpelarse acerca de su propio deseo. Lo evadido aparece cuando en una tercera escena tenemos a Morales comunicándose con la mamá de Gómez y descubriendo que Liliana e Isidoro habían sido novios y quizás no se habían olvidado ¿Qué hace ante esta verdad que viene a atropellarlo? La resuelve desde la moral, buscando que Gómez pague por el crimen cometido, como se ve en la primera escena. Pero esto nos conduce al siguiente planteo: ¿La violencia ejercida contra el criminal, se realiza para que él pague por el asesinato, o por haberse atrevido a amar y ser amado por Liliana?
En una cuarta escena, es el público (sólo aquellos que puedan captarlo) el que se hace eco de la posibilidad de una relación entre Liliana y su agresor al escuchar las palabras “mi amor… basta, mi amor.”. Aunque la idea de que la puerta no haya sido forzada en el momento del delito, ya puede, desde el comienzo, darle pistas en esa vía. Podríamos plantearnos, ¿es alguien sabedor de lo acontecido al momento del crimen? ¿No podríamos suponer una construcción de Morales, subrogando su comportamiento posterior?
Y una quinta escena, que no implica directamente a Morales, sino a Espósito, percibiendo algo distinto donde una vez vio un amor único y verdadero. El sí tiene la posibilidad de actuar conforme a su deseo. Acá vemos, en contraposición a la responsabilidad subjetiva que es evadida por el personaje que se está analizando, su reacción en Espósito haciéndose cargo de lo que siente, aunque esa asunción le haya llevado muchos años. Lo argumenta diciendo: “No Morales ¡No!, es mi vida también, su amor por esa mujer nunca más volví a ver… en nadie”.
Estas cinco escenas que Fariña desarrolla en su comentario nos remiten al circuito de la responsabilidad, cuyos primeros dos tiempos son observados en el personaje analizado en la película, nunca alcanzándose el tercero. Posicionados acá, partimos desde un tiempo dos, una interpelación subjetiva que pone en marcha el circuito y se produce ante una situación repentina e inesperada que provoca culpa y que lleva a preguntarse retroactivamente sobre un acto sucedido con anterioridad, en el tiempo uno. La interpelación, a través de la culpa, ob-liga una respuesta que va a resignificar el primer tiempo. Así, en Morales se podría ubicar que la escena en la que llama a Chivilcoy y se entera acerca del lazo que unía a Isidoro y Liliana, es ese acontecimiento inesperado (tiempo dos) que remite a un tiempo uno: el “Basta mi amor…. basta” pronunciado por Liliana que fuerza por hacerse audible de múltiples maneras, como por ejemplo el hecho de que la puerta en el sitio del crimen no hubiera sido forzada, o también la mirada perdida en la belleza de su amada en las fotos. Éstos serían los elementos disonantes. Opta, (ante esa verdad que lo interpela y cuya respuesta desde el lado un acto ético lo convertiría en sujeto deseante), por esquivarla y responder a eso moralmente, sentenciando al criminal a cadena perpetua. Genera su propia sentencia, allí donde la Justicia falla. Una impunidad aún más chocante si se tiene en cuenta que se produce en tiempos de democracia. Se devuelve un criminal a las calles. Morales cierra el circuito, y se afianza en esa posición sorda: negándole la palabra a su cautivo puede mantener velado su deseo, aunque esto implique mantenerse también cautivo a sí mismo. Intenta constantemente en forma desesperada, reestablecer su cualidad de autónomo, apelando a imposiciones morales, para mantenerse en su posición equiparable a un síntoma donde a la persona se le dice que es lo que muestra, un justiciero, desentendiéndose como deseante, a través de respuestas particulares. Hacia el final de la película, cuando Espósito lo encuentra en el galpón y conoce su secreto, esperamos haya una nueva posibilidad de abrir el circuito, pero el silencio de Espósito no genera la culpa que exigiría una respuesta de Morales, quien entierra toda posibilidad de apertura del circuito justificándose antes que su interlocutor diga nada, con la frase “Usted dijo perpetua”.
Así desarrollado el circuito de la responsabilidad, vemos no se produce efecto sujeto en el personaje analizado, es decir no se llega al tiempo tres que generaría un acto de disolución de la culpa y avance del deseo.
Lo que Morales genera es una respuesta culpógena, bajo la premisa “yo soy culpable”. La respuesta anestesia, de alguna manera la culpa, y entiende goce, como efecto sustancializador. Actúa el mecanismo de la negación de su implicación subjetiva. Ahí no aflora el efecto sujeto, es más fácil no hacerse cargo del deseo, y generar una solución momentánea, haciéndose moralmente responsable a través de la búsqueda del resarcimiento, para el cual la Justicia se muestra inoperante.
En términos psicoanalíticos diríamos, que el deseo vuelve a las personas responsables de lo que dicen, la traición a ese deseo, (ubicando a Morales), habla de un no saber, es decir, la culpabilidad morosa mencionada en el párrafo anterior. Freud habla de realidad del síntoma moviéndose en esta línea, donde se pone en juego la relación de un sujeto con su saber; Lacan agrega que cada vez que un sujeto se acerca a su verdad, la cambia por el objeto “a”.
Cuando no hay responsabilidad en el sujeto, su sustituto es el sentimiento de culpa; en el texto de Juan Fariña y Calos Gutiérrez se mencionan pensamientos atormentadores, remordimiento, arrepentimiento, y distintos modos de altruismo como algunas de sus figuras, presentes por ausencia de responsabilidad. Pudimos apreciar en el film, remordimiento y pensamientos atormentadores, que encausan el objetivo, es decir, que el asesino obtenga lo que merece. ¿Qué merece? Se aferra a la dimensión jurídica que establece cadena perpetua, decidiendo hacer justicia por mano propia. Tengamos en cuenta que en el mantener vivo a Gómez, haciéndolo cumplir su pena, boga por velar su responsabilidad. Pegarle cuatro tiros en las vías del tren, lo pondría frente a una realidad angustiante, de responsabilidad y deseo.
Estamos vislumbrando entonces la responsabilidad subjetiva en Morales, quien velando su verdad, su deseo, responde moralmente. Podría plantearse una analogía en el nombre del personaje, y su accionar. Morales se aboca estrictamente a la construcción de un dispositivo moral que lo aleja de la ética del deseo. Su vida esta vacía, y Espósito no se confunde signando amor a esos ojos, a partir del que va a poder completar su temor, temor a Amar, representado con la hermosa metáfora de la maquina de escribir. Espósito es al final de la película responsable subjetivo. Morales no, y sigue pagando. Aclaramos la cuestión en términos de responsabilidad para trabajarlo como concepto bisagra entre necesidad y azar. Siguiendo a Mosca, decimos: “cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad.” Entonces, podríamos decir que Morales no asumiendo su responsabilidad subjetiva, esta librando el crimen al azar, a la coincidencia, y a la necesidad aquello que rige por fuera del dominio de las personas, justamente lo situacional. ¿Cuáles son los beneficios? Apoyados sobre momentos claves como la apertura de la puerta sin forzar, o la respuesta obtenida en el llamado a la madre de Gómez durante la investigación, nos atrevemos a decir que se libra al azar y la necesidad el crimen para no aceptar la responsabilidad subjetiva que fraccionariamente se presenta en el film durante la violación, y con Liliana diciendo: “Mi amor… ¡Basta mi amor!”, podríamos conjeturar en esa escena la representación que tiene morales del hecho, y justamente lo que por todos los medios posibles intenta sepultar.
Lacan propone al final de su seminario acerca de la ética que la única cosa de la que puede ser culpable un Sujeto es de haber cedido su deseo.
Aprovechando la frase nos adentramos en “El Muro”, donde encontramos una analogía trascendental que se sostiene en un sujeto que cede en el camino del deseo para amoldarse a los mandatos del superyó, es decir una renuncia al deseo para gozar del sometimiento. El sujeto es el único responsable de la puesta en acto del deseo. Ibietta es responsable del acto de haber matado a su amigo, azarosamente, pero lo es, y este acto inscribe su deseo, y debe cargar con lo real de la culpa, con la responsabilidad. La culpa siguiendo el texto de Mosca, es el camino a la responsabilidad subjetiva que en ambos casos se sortea. El deseo, y adentrados por completo al campo de la subjetividad plantea una elección, por el Otro y el sentido, o por el Sujeto, la verdad y la responsabilidad. Ibietta es responsable de haber deseado vivir. Morales es responsable de haber amado a Liliana, debe registrar el asesinato y saber el lugar que ocupa en relación a el, debe hacerlo propio. Se menciona en el texto una insuficiencia cuando se toca lo real del deseo, que sostiene la caída del deseo de saber, creemos que Morales sostiene en su comportamiento un deseo de no saber, ¿no saber qué? No saber acerca de la escena “Mi amor… basta mi amor”, que lo atormenta. En ibietta, hablamos en términos de no saber acerca del deseo de vivir a cualquier precio.
Freud argumenta: “Lo real de la pulsión, la singularidad del objeto de goce, es el núcleo de la singularidad del sujeto.”
La persona neurótica, adjudicando culpas al Otro se protege de la responsabilidad, y esta culpa aparece ligada a pensamientos absurdos. Ibietta ríe, ahorrando su afecto displacentero, y poniendo el acento psíquico sobre el superyó, proporcionando un goce.
En Morales el goce está en su ser sujeto moral, no admite otra respuesta, la única que exclusivamente esta resarciendo el daño ocasionado es la cadena perpetua, y no va a descansar hasta conseguirla.

Conclusión final:
Podríamos decir que el amor en juego en ambos personajes es el mismo. Un amor tan puro y transparente como para detectarse en las miradas de los protagonistas. Espósito adueñándose de lo que siente, venciendo su temor, a pesar de los veinticinco años transcurridos, completa el circuito que deja a Morales atrapado en una vida vacía, en un amor estancado e incompleto sosteniendo su comportamiento.

BIBLIOGRAFÍA:

*Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

*Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

*Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
*Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

*D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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