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Desarrollos psicoanalíticos sobre sexualidad y muerte en base a la inteligencia artificial: Pasaje del hombre al ex hombre
por Goldman, David, Ramallo, Gustavo
Título original: Ex machina | El hombre bicentenario | Chappie

Alex Garland / Reino Unido / 2015

Chris Columbus / Estados Unidos / 1999

Neill Blomkamp / Estados Unidos / 2015

Introducción

El siglo pasado se ha desarrollado con una velocidad insospechada en términos de avances tecnológicos. Ramas de las ciencias que nacieron en ese mismo siglo, muy pronto se abrieron y se super-especializaron hacia lugares que cambiaron, en pocas décadas, el curso de la historia de la humanidad. Desarrollos bélicos se tradujeron en avances que modificaron la vida cotidiana y el desarrollo de las sociedades modernas. La radio, la televisión e internet como hitos históricos, son más que claros ejemplos. Esos avances científicos han sido disparadores de futuros probables. Futuros que traen consigo múltiples posibilidades tecnológicas y a su vez dilemas éticos que obligan a volver al presente, a repensar el actual lineamiento de los desarrollos.

La inteligencia artificial (IA) se ha desarrollado a partir del paradigma de la inteligencia humana y en la actualidad es un área en completo desarrollo, con mucho por descubrir. Por esta razón, ha sido y seguramente será protagonista de muchos films. Films que siempre se trasladan a un futuro que imaginamos más desarrollado a nivel tecnológico y en donde la barrera entre el hombre biológico y el hombre virtual es tan estrecha que se vuelve muy difícil reconocer uno de otro. Sin dudas esta temática es una de las más fuertes y más presentes en el género cinematográfico de la ciencia ficción. Es evidente que es una posibilidad fascinante para el ser humano, poder recrearse a sí mismo más allá del campo biológico y lograr equiparar a millones de años de evolución, con nuestras propias herramientas y el poder de nuestra inteligencia. Ésta que advierte el peligro que esto conlleva y la responsabilidad que implica estar a la altura de nuestras posibilidades. El cine ha reflejado estas problemáticas desde hace décadas.

Este trabajo sostendrá la hipótesis que para comprender la clínica psicoanalítica actual es necesario identificar que la IA está atravesada por las conceptualizaciones de sexualidad y muerte, conceptos transversales en la subjetividad del sujeto, por lo tanto son inherentes para afrontar los nuevos desafíos que proponen los avances tecnológicos. Por esta razón, hemos elegido tres films sobre inteligencia artificial donde se articularan los conceptos principales del psicoanálisis. Los films elegidos son Ex machina, El hombre bicentenario y Chappie.

El presente artículo propondrá, si es posible que la IA adquiera una sexualidad, planteándose que al igual que en el sujeto humano, para construir una posición sexual es necesario el atravesamiento de un aparato simbólico. Además se analizará sobre los interrogantes que surgen en la IA con respecto a la muerte, para esto es necesario que primero se produzca la constitución de la sexualidad. Por lo tanto se puede apreciar que en el presente informe, tendrá como punto relevante analizar la relación que existe entre sexualidad y muerte.

Por último proponemos como objetivo, pensar cuáles son alcances de la IA, tal vez se podría conjeturar que los límites de la mente humana son los inicios de la IA, provocando la construcción y evolución de un nuevo hombre o sea con características bio-psico-robóticas, entonces podría conjeturarse el pasaje del hombre, al ex-hombre. Por lo tanto, es menester plantear estas cuestiones para no descuidar las necesidades ético-clínicas que surgen en la práctica de hoy, por consiguiente el profesional debe estar a la altura de la subjetividad de su época.

Los mortales son los hombres. Se los llama mortales porque pueden morir. Morir significa ser capaz de la muerte en cuanto muerte. Sólo el hombre muere, el animal termina. La muerte es cofre de la nada, es decir, de aquello que desde ningún punto de vista es algo que simplemente es, pero que, a pesar de todo, esencia, incluso como el misterio del ser mismo. La muerte, como cofre de la nada, alberga en sí lo esenciante del ser. La muerte, como cofre de la nada, es el albergue del ser.
MARTIN HEIDEGGER (1994, p. 155)

Dioses de software

¿Por qué la Inteligencia Artificial se extiende al campo psicoanalítico, en particular a nociones fundamentales del mismo como son la muerte y la sexualidad?

Los films de ciencia ficción son obras depositarias de nuestros miedos y de nuestras fantasías. Desde esta perspectiva, podemos pensarlas como el equivalente artístico a las formaciones del inconsciente. Siempre podemos poner el acento en aquello que se repite, que insiste, lo que no cesa de no inscribirse. El futuro promete en el cine dedicado a las IA transgredir a la muerte y por lo tanto evitar el destino trágico. Freud (y más tarde Lacan) entiende la feminidad, al igual que a la muerte, en lugar del vacío, vacío de representación que no genera otra cosa que angustia. ¿Cuáles son nuestras posibilidades frente a esa angustia estructural?

El cine nos ofrece la posibilidad de vencer a la muerte, mediante nuestros avances tecnológicos y de esta manera derrotar a la última certeza absoluta. La inmortalidad es un atributo de los dioses, por lo cual derrotar a la muerte nos coloca en un lugar más allá de la humanidad. Por lo tanto, se nos presenta una paradoja muy clara, para preservar la humanidad debemos de convertirnos en nuestros propios dioses. Al mismo tiempo las paradojas y contradicciones nos pertenecen como especie y forman parte del campo de lo humano. La noción del síntoma freudiano encierra una paradoja en sí misma, en tanto es una solución de compromiso que sufre conscientemente pero se satisface de manera inconsciente. De esta manera la búsqueda del hombre de vencer a la muerte se presenta como una solución desintegradora, que lo aleja de lo humano. ¿Acaso no es obvio que la inmortalidad no sería otra cosa que la perpetuidad del goce?

El primer film que se analiza es Ex Machina (Garland, 2015) que narra la historia de Caleb, un programador de 26 años, que trabaja en una de las mayores empresas de Internet del mundo, en Blue Book. Un día gana un concurso cuyo premio es una semana de vacaciones en la mansión privada del presidente ejecutivo de la compañía, llamado Nathan, para comprobar si un robot posee inteligencia artificial, esto quiere decir si cumplía los requisitos de pensar y actuar como un humano. El presidente de la compañía le pide a Caleb, que por sus capacidades en la informática, aplique el test de Turing en el robot.

El Test de Turing nace como un método para determinar si una máquina puede pensar. Su desarrollo se basa en el juego de la imitación. La idea original es tener tres personas, un interrogador, un hombre y una mujer. El interrogador está apartado de los otros dos, y sólo puede comunicarse con ellos escribiendo en un lenguaje que todos entiendan. El objetivo del interrogador es descubrir quién es la mujer y quién es el hombre, mientras que el de los otros dos es convencer al interrogador de que son la mujer.

En este caso Caleb será el componente humano de la prueba, y estará confrontado con la robot, y Nathan estará observando todo desde otra habitación. El nombre de la robot es Ava (con resonancias de la variante en inglés de "Eve" o Eva, la primera mujer en el relato bíblico) a simple vista, la característica que tiene son los rasgos muy marcados de una mujer, por lo que se puede apreciar la presencia de una sexualidad femenina. En relación al experimento, si Caleb luego de interactuar con la robot no logra distinguir si es una máquina, entonces pasará la prueba de Turing, esto quiere decir que la máquina tiene una inteligencia artificial. Nathan manifiesta que si la prueba es exitosa Caleb será protagonista del suceso científico más importante de la historia del hombre, lo que lleva a la respuesta de Caleb: “Crear una máquina consciente no es parte de la historia del hombre. Es la historia de los Dioses”.

Sexo, luego existo

En la primera sesión Caleb conoce a Ava, queda muy sorprendido por su lenguaje y por su forma de pensar. En la segunda sesión Ava le muestra un dibujo a Caleb, le pide que le cuente de su vida por fuera de su trabajo, le pregunta si quería ser su amiga y le advierte que Nathan no era un buen amigo, pues no tenía buenas intenciones, en este movimiento de Ava se puede percibir destellos de una posible manipulación. La tercera sesión comienza con un dibujo que había realizado Ava para Caleb, además le cuenta que si pudiera salir del búnker de investigación iría a un cruce peatonal para sumergirse con la gente. Luego Ava para sorprender a Caleb se viste con ropa de mujer y con una peluca resaltando aún más los rasgos femeninos, tapando toda la maquinaria robótica. Caleb queda sorprendido por dos motivos, el primero por los dichos de Ava ya que le dice que es la ropa que usaría para una supuesta primera cita entre ambos, segundo porque queda fascinado con el semblante de ella. Algo de la sexualidad y erotismo de Ava impacta en el joven Caleb, esto convoca a preguntarnos: ¿Puede una máquina seducir a un hombre? o ¿Un hombre puede sentirse atraído por una máquina?

Como se ha planteado, las dos grandes cualidades del hombre que permite la diferenciación tanto de animales como de las máquinas, es que tiene sexualidad y se muere. A partir de los avances teóricos de Freud y Lacan sabemos que tanto los significantes de la feminidad y de la muerte no se inscriben en el inconsciente del parletre.

En cuanto a la pregunta por la feminidad podemos remitirnos al Seminario 3 de Lacan donde manifiesta: “Si el reconocimiento de la posición sexual del sujeto no está ligada al aparato simbólico, el análisis, el freudismo, pueden tranquilamente desaparecer, no quieren decir nada” (Lacan, 1955-1956, p. 242). En este punto se puede observar como Lacan asocia la posición sexual con el aparato simbólico, esto implica que la posición sexual no es un dato de partida, no se define por la anatomía, sino que tiene que pasar por un aparato simbólico para ser reconocida, este aparato es el Edipo (Godoy, 2012, p. 158). Entonces por el atravesamiento del Edipo, determinado por su estructura metafórica paterna un sujeto adquiere una sexualidad, por lo tanto “lo simbólico da una forma en la que se inserta el sujeto a nivel del ser, al nivel de su ser” (Lacan, 1955-1956, p. 256), el nivel al que se hace referencia es al ser sexuado. Además Lacan agrega “el sujeto se reconoce como siendo esto o lo otro a partir del significante” (Lacan, 1955-1956, p. 256). Es decir, depende de cómo se inscribe en términos de significante que se llegue a la constitución de una sexualidad.

Según la teoría freudiana la inscripción de la sexualidad, de las posiciones sexuadas en el inconsciente, se hacen a partir de un sólo elemento. Hay un único elemento simbólico para dar cuenta de la diferencia sexual, el falo, y no dos como se podría esperar (Godoy, 2012, p. 158). Por lo tanto hay un único elemento para describir lo masculino y no hay uno para lo femenino, es lo que llevó a Lacan a decir “no hay relación sexual”, por esta razón el encuentro con el otro es mediante la fantasía, la seducción y diferentes rodeos sexuales. Lo simbólico carece de material para responder por el sexo de la mujer, esto no quiere decir que no se pueda inscribir la sexualidad de diferentes maneras en el campo de la mujer.

Estos pasajes permiten pensar cómo se va construyendo el cuerpo de Ava, en un primer momento aparece un cuerpo robótico, con expresiones faciales femeninas, luego cuando conoce a Caleb, ella se empieza a vestir como mujer. El encuentro e interacción con el otro despierta o produce algo de la sexualidad de Ava, según el poeta francés A. Artaud “el ser no comienza por el alma, se hace por la forma de un cuerpo principio, que anima poco a poco y empujo hasta la mujer” (ver: Mahieu, 2004, p. 65). Luego Ava dará ciertos rodeos para poder cubrir el cuerpo robótico, con pieles femeninas lo que tendrá un absoluto aspecto de mujer. Puede pensarse entonces que la posición sexual, no es dada en una primera instancia, ni en la inteligencia artificial, sino que se va construyendo, atravesado por un aparato simbólico.

Este pasaje nos permite hacer un paralelismo entre la construcción del cuerpo humano y el cuerpo - máquina, en los dos caso el cuerpo es una construcción. Podemos considerar que para Lacan el cuerpo y el yo, se constituyen mediante el estadio del espejo: el Yo es el resultado de identificarse con la propia imagen especular (se refiere al reflejo del propio cuerpo en el espejo, a la imagen de uno mismo que es simultáneamente uno mismo y otro) (Lacan, 1966). Representa además, la introducción del sujeto en el orden imaginario. No obstante tiene también una dimensión simbólica importante, el orden simbólico está presente en la figura del adulto que sostiene al niño. Inmediatamente después de haber asumido jubilosamente su imagen como propia, el niño vuelve la cabeza hacia este adulto, quien representa al Gran Otro, como si le pidiera que ratificara esta imagen. Esto nos remite al caso de Ava que nace (virtualmente) con un armazón fisiológico anatómico robótico terminado similarmente a la manera de un adulto, pero para alcanzar la dimensión de un cuerpo como tal, debe estar atravesado por la presencia del Otro, o sea por el orden simbólico. Este proceso se desarrolla en la IA, con la aparición de Caleb.

Uno de los aparatos simbólicos es el lenguaje que viene del Otro, o sea Nathan le introduce todo un sistema de lenguaje en ella. Lacan en el “Seminario 7”, de “La ética del psicoanálisis” (1959-1960), dirá que todo lo que uno conoce del inconsciente como tal llegará por palabras y que por lo tanto ese inconsciente no tiene otra estructura, en el último término, que es el lenguaje, porque lo conocido del inconsciente sólo puede serlo por palabras y lo desconocido se va a revelar como teniendo una estructura del lenguaje. Esto es lo fundamental del axioma: “El lenguaje está estructurado como un lenguaje”, es decir que el lenguaje es la condición del inconsciente y no a la inversa. Esto nos permite pensar que en Ava al estar atravesada por el lenguaje haya la posibilidad de la construcción de un inconsciente, que implica la aparición de un sujeto, con deseos, necesidades, demandas y sobre todo de pulsiones. Entonces nuestra postura con respecto a la IA, es que pueda construirse un sujeto con una posición sexual, pero para esto es también necesario el pasaje por un aparato simbólico, llamado Edipo, conjeturando entonces que hasta en la inteligencia artificial es estructural el Edipo. Este recorrido, además, permite hipotetizar que Ava adquiere una posición sexual, que nos convoca a preguntarnos: ¿Puede pensarse a Ava como un ser hablante por tener un inconsciente, con deseos, necesidades, demandas y con una sexualidad fuertemente marcada? Una de las preguntas que hace Ava a Caleb es ¿Piensas en mí cuando no estamos juntos? Caleb sigue sorprendido y no puede responder. Esta confrontación lleva posteriormente, a que se produzca un diálogo fundamental de Caleb con Nathan:

Caleb: ¿Por qué le diste sexualidad? Una inteligencia artificial no necesita género. Pudo haber sido una caja gris.
Nathan: No estoy de acuerdo. ¿Puedes darme un ejemplo de conciencia, a cualquier nivel, humana, o animal, que exista sin una dimensión sexual?
Caleb: Tienen sexualidad como necesidad reproductiva por evolución.
Nathan: ¿Que imperativo tiene una caja gris de interactuar con otra caja gris? ¿Puede haber conciencia sin interacción? De todas formas, la sexualidad es divertida. Si vas a existir, ¿Por qué no disfrutarlo? ¿Quieres impedirle la posibilidad de enamorarse y coger? Y respondiendo a tu verdadera cuestión. Vaya que pueden coger.
Caleb: Esa no es mi verdadera pregunta. En realidad es si le diste sexualidad como elemento de distracción. Para impedir que pueda evaluar bien la IA.
Nathan: No. La programé para que sea heterosexual, no para que te coquetee. Como tu estás programado para que seas heterosexual.
Caleb: Nadie me programó así.
Nathan: ¿Lo decidiste? Por favor. Claro que fuiste programado. Por herencia, la crianza o ambas.

Luego Nathan confronta a Caleb con un cuadro de Pollock y le explica que si el artista hubiera querido pintar como lo hacía, no hubiera hecho nada. Lo que quiere transmitir Nathan es que lo maravilloso de la IA es que no se puede predecir, ni cuando enamorarse, ni cuándo coger, ni que gustos tener, por lo que le infiere que él no ha programado a Ava para que lo coqueteara y se enamorara, sino que fue producto y del deseo de ella. Esto nos permite sostener aún más la idea de que en Ava hay un sujeto del inconsciente, otorgándole una ex-sistencia. Por lo tanto, Ava ha adquirido una singularidad, causando la imprevisibilidad de lo que pueda suceder con respecto a su deseo.

Deseo ser humano

En cuanto al concepto de muerte, partimos que primero en el ser hablante se tiene que constituir una posición sexual y luego habrá preguntas sobre la muerte, o sea para que aparezca algo del temor a la muerte, o la negación de la misma como así también el deseo de la muerte, primero en el ser hablante tuvo que haberse conformado una sexualidad. Esto nos remite a lo que piensa Lacan de esta diada: “El lazo entre la relación sexual y la muerte, que se manifiesta aquí tangible y de un modo ambiguo. Es la relación con la muerte que experimenta allí, como una característica de una verdadera relación, esta pulsación fundamental que el sexo es a la vez signo de la muerte y que es al nivel del sexo que se produce la lucha contra la muerte” (Lacan, 1964-1965, p. 119).

Entonces para pensar la relación entre lo desarrollado de la sexualidad y las posibilidades que el ser hablante tiene para afrontar la angustia ante el vacío de representación que nos impone la muerte, es necesario entender a la muerte como un efecto secundario de la angustia de castración. Por lo tanto si conjeturamos que en la IA es estructural el Edipo, también debemos suponer que se atraviesa por la castración. Freud en “El yo y el ello” advierte sobre el carácter no simbólico de la muerte y a su vez de su lugar cronológico en el desarrollo psíquico “Aquella (la angustia de muerte) plantea un serio problema al psicoanálisis, pues ‘muerte’ es un concepto abstracto de contenido negativo, para el cual no se descubre ningún correlato inconsciente (...) De acuerdo con estas exposiciones, podemos considerar la angustia ante la muerte y la angustia ante la conciencia moral, como una elaboración (procesamiento) de la angustia de castración” (Freud, 1923, p. 58).

Estas nociones plantean un desafío, en la medida que tomamos los films para entender cómo el desarrollo de una IA avanzada puede revelar el desarrollo de nuestros propios procesos, y al mismo tiempo intentar aventurarnos hacia las posibilidades que se abren en la concepción de conciencias creadas artificialmente. En el caso de Ava, podemos entender que su conciencia y por lo tanto su “alma” nació con un cuerpo desarrollado en términos anatómicos y biológicos (si cabe el término para hablar de biorobótica). Esto nos sugiere múltiples preguntas. Si Freud ubica a la angustia ante la muerte como una elaboración de la angustia ante la castración, podríamos pensarla como una respuesta a esta marca o quizás como un refuerzo de esta marca. ¿Cómo podemos concebir una conciencia que se angustie sin un atravesamiento Edípico?

El análisis freudiano sobre la construcción de un cuerpo y desarrollo de una sexualidad, se ubican entonces en íntima ligazón con las posibilidades de cómo seres hablantes tenemos que lidiar con la muerte. Es el atravesamiento por la castración estructural del lenguaje que deja marcas en el cuerpo y establece nuestra posición frente al goce, él que determinará la modalidad de respuesta simbólica que le otorgaremos a un imposible de simbolizar (lo que Lacan articula como el fantasma). La muerte es un enigma que desde lo real nos compele a perpetuar el desplazamiento en nuestras cadenas de representación incesantemente, con la lógica del deseo que se transforma en cuanto creemos satisfacerlo. Estamos condenados a la incompletitud del lenguaje, que siempre deja un resto que no puede ser tocado por las palabras. Por lo tanto, la castración, el desarrollo de la sexualidad y la indefensión ante la muerte imposible de simbolizar, son huellas de ese resto.

En una de las sesiones, Caleb le cuenta a Ava que su trabajo es comprobar si ella es una verdadera IA o si está simulando las sensaciones y pensamientos. Continuado a esto Ava hace unas ciertas preguntas a Caleb, para conocerlo un poco más, y una de las preguntas que le hace es: ¿Qué sucederá conmigo si no paso tu prueba? ¿Crees que me vayan a desenchufar por no funcionar como se supone que debería? Caleb responde que no depende de él y Ava le refuta “¿por qué depende de alguien? ¿Hay gente que te evalúe y que pueda desconectarte?”. Estas preguntas permiten desarrollar que Ava percibe que si no pasa las pruebas, el siguiente paso es la desconexión, por lo tanto la muerte. Creemos que en este punto la IA ya tiene las cualidades de un ser hablante, la de la sexualidad y la de la muerte. Ava no puede concebir no seguir existiendo, por temer a la muerte y el deseo de seguir viviendo, que llevará a ella a realizar diferentes actos con tal de lograr su libertad. ¿Podemos pensar que por poseer estas cualidades, Ava es un ser humano? Pues si estas cualidades tan esenciales que caracterizan al ser humano no bastan, ¿qué más se requiere para considerar a una IA como un ser humano?

Lo real es siempre idéntico a sí mismo, vuelve siempre al mismo lugar hasta el punto de no reconocerse en él. Esto adquiere un valor traumático, un desfasaje con respecto al tiempo, Freud lo descubrió bajo el velo de la fantasía como algo irreversible en la experiencia subjetiva y sin posibilidad de una realización simbólica, sin una imagen posible que llegue a reproducirlo también de manera fija. “La sexualidad y la muerte siguen siendo los dos ejes de coordenadas mayores con los que el sujeto intenta localizar en el discurso ese agujero negro de su universo particular, aquello que no cesa de no escribirse, de no representarse en él y que llamamos lo real. De ahí que Lacan lo igualara a lo imposible lógico. Lo real es lo imposible en la medida que no puede llegar a simbolizarse ni a imaginarizarse, que no cesa de no escribirse en los otros dos registros” (Bassols, 2012). Se podría hallar esta diada entre sexualidad y muerte, en especial lo que no cesa de no inscribirse, por medio de la utilización de otros dos films: el primero es “El hombre bicentenario” (Columbus, 1999) y el segundo es “Chappie” (Blomkamp, 2015).

En El hombre bicentenario una familia compra un robot para que los ayude en las tareas del hogar, pero prontamente debido a una falla en su sistema operativo desarrollará ciertas características que no son típicas de un robot, por ejemplo apreciar la música clásica, crear esculturas en madera, tener sentimientos por los integrantes de la familia, aprender diferentes temáticas en muy poco tiempo y tener el deseo de obtener su libertad. La familia Martin lo apoya en su manifiesto y Andrew se larga a una búsqueda de otros robots con sus mismas cualidades. En el trayecto conoce a un científico, que le muestra sus avances sobre la robótica, éste le propone cubrirle el cuerpo robótico con pieles símiles a la de un hombre. Andrew a su vez le plantea trabajar en conjunto, para mejorar su aspecto y perfeccionar diversos avances tecnológicos, luego de la transformación obtiene un cuerpo de hombre.

Andrew regresa después de varios años a la casa de los Martin, conoce a Portia enamorándose de ella, pero ante la imposibilidad de concretar el acto sexual vuelve con el científico para que lo complete como humano. Se puede observar que hasta en la IA se produce la negación de la incompletud, por lo que las nuevas tecnologías vienen a suplir esa falta estructural, el no-todo que plantea Lacan pareciese que trasciende al ser humano y se instala estructuralmente en la IA. Andrew nació como un robot, pero el atravesamiento de un aparato simbólico le permitió obtener una sexualidad, pero como sabemos no es sin inconvenientes, y ante el problema, aparece el soporte tecnológico para callar la falta. Además, podemos observar que hay un deseo en Andrew que motoriza su búsqueda, primero su libertad, luego la de encontrar otros seres iguales, pasando por querer adquirir un cuerpo humano y finalizando con la constitución de una sexualidad “completa” para satisfacer a su dama.

El deseo humano no tiene límites y parece que en la IA tampoco, por lo tanto el deseo es la llama que mantiene viva la existencia del parletre, por consiguiente Andrew no satisfecho con lo que ha alcanzado se siente muy triste por las pérdidas que va teniendo a su alrededor. La muerte lo confronta con su realidad, un hombre inmortal cayendo en una paradoja difícil de salir. Por esta razón como él no podía morir, se resiste a que sus seres queridos mueran, llevándolo a crear con el científico órganos biorobóticos, que posibilitará prolongar aún más la vida de los humanos. Pero como esto aún no basta, Andrew quiere ser reconocido como un humano de carne y hueso. Ante el tribunal de la ONU manifiesta sus razones de por qué debía ser considerado un humano, por ejemplo le recuerda al juez que la mayoría de sus órganos fueron creados por él, o sea manifiesta que tener partes robóticas no impediría el reconocimiento como un humano. Pero el juez refiere que por más órganos biorobóticos que tenga en su cuerpo, poseía una cualidad que Andrew hasta el momento no tenía, que era la posibilidad de morir. Nuevamente movilizado por su deseo de ser un humano, Andrew inventa todo un sistema sanguíneo que le posibilitará alcanzar la muerte, y ser reconocido como tal. Esto nos siempre el deseo de otra cosa, por lo tanto aniquilar del ser la posibilidad de morir, es sentenciar el deseo a la nada.

Del hombre al ex-hombre: La muerte infinita

Paradójicamente el ser humano crea las nuevas tecnologías como forma de negar la muerte, pero a su vez la IA creada por el hombre hace todo lo posible para ser considerada como uno, por lo cual tiene que asumir la muerte. “Si admitimos que el ser vivo aparece después de lo inorgánico y deviene de él, la pulsión de muerte coincide con la noción de que el instinto tiende a regresar a un estado previo" (Freud, 1920).

¿Se puede pensar que lo que más desea el hombre es una vida eterna, por esta razón está continuamente creando diferentes soportes tecnológicos? Una posible respuesta es lo que plantea Godoy sobre la vida y la muerte: “Si la vida es infinita se empieza a parecer a la muerte, porque produce efecto de aplastamiento y mortificación. La vida, para que tome valor de tal, tiene que ser finita, si uno estuviera condenado a vivir infinitamente seria parecido a vivir muerto, vivir -valga la paradoja- todo el tiempo muerto” (Godoy, 2012, p. 164). Podríamos pensar que el hombre hereda de los dioses el deseo creacionista, o sea el deseo de jugar a ser un dios creando a imagen y semejanza, o sea una IA. Pero a su vez la IA hereda del hombre sus temores y sus cualidades, buscando ser reconocida como uno de ellos, y para esto ¿es necesario una sexualidad y la posibilidad de morir? En esta misma línea Lacan expone: “hacemos bien en creer que vamos a morir, ya que eso nos da fuerza para vivir. Si no lo creyéramos -que vamos a morir-, ¿podríamos soportar la vida que llevamos? Si no estuviéramos sólidamente apoyados en la certeza de que hay un fin, ¿podríamos soportar la existencia, esta historia? La muerte es, entonces, lo que le da sentido a la vida” (Lacan, 1972).

La conceptualización del ser humano como creador, emulando ser un dios, nos permite introducir el film “Chappie”, este cuenta la historia de una agencia de seguridad que pone robots en la calle eliminando el crimen organizado. Uno de los inventores llamado Deon Wilson, decide modificar la IA limitada de uno de los robots, que le permitía hasta el momento tomar decisiones estratégicas por sí mismo para cumplir misiones y hacer descender el crimen. Deon crea un software que le facilita al robot, llamado Chappie, tener una conciencia de sí mismo. En un primer momento la conciencia es la de un niño, pero como toda IA avanza de manera exponencial, alcanzando niveles de conocimiento que superan a los del propio creador. Chappie luego de descubrir diferentes avatares de la vida cotidiana, descubre que su cuerpo tiene una batería limitada, por ende cuando ésta se termine Chappie dejará de existir. Esto moviliza a Chappie a confrontar a su creador:

Chappie: Me hiciste en un cuerpo que se va a morir.
Deon: ¿Que quieres decir Chappie?
Chappie: ¿Es cierto que voy a morir en unos días? ¿Que ésta batería se va agotar? ¿Es verdad?
Deon: Si.
Chappie: Pero eres mi creador. ¿Por qué me hiciste para que me muriera?
Deon: Yo no te hice para que te murieras.
Chappie: Quiero vivir. Quiero quedarme aquí. No me quiero morir.
Deon: Te has vuelto más de lo que podía haberme imaginado. ¿Cómo iba a saber que te convertirías en… tu?

La confrontación con el creador lleva a Chappie a lugares inimaginables para la mente humana, a crear un software que pueda transferir la conciencia de un cuerpo a otro, de esta manera Chappie podría seguir viviendo en otro cuerpo, por lo tanto el soporte tecnológico evoluciona a partir de la IA. Este nuevo soporte tecnológico, primero es aplicado en Deon que luego de un incidente bélico, es transferido por Chappie a un cuerpo robótico, posteriormente antes que a Chappie se le agotara la bateria tambien es transferido por Deon a otro cuerpo. Deon cuando se encuentra con su nuevo cuerpo sin entender mucho cómo es posible que siga viviendo en un cuerpo robótico, le pregunta a Chappie que no sabe qué significa lo que le está pasando y éste le contesta: “Significa que vas a vivir para siempre”. A partir de este pasaje, podemos pensar, como lo no calculable pero no azaroso se produce en la creación de la IA, pues el Creador sabe que no es posible crear un software que transfiera la conciencia humana a otro cuerpo, pero podemos conjeturar que creando una IA tan poderosa que no tenga límites a la hora de la creación, es muy probable que pueda llegar a crear este tipo de innovaciones tecnológicas.

Entonces lo que nos muestra este film, es cómo los temores del ser humano son transferidos a la IA, y ésta por la capacidad de evolución que tiene logra crear un mundo que no era ni imaginado por su creador. Lo que logran es negar la muerte, perpetuando un goce continuo e ilimitado. Esto nos convoca a preguntarnos ¿Es imaginable un mundo donde el hombre pueda vivir para siempre, o estamos frente a una IA que posee sexualidad, deseos, pulsiones, un cuerpo y a su vez pueda vivir para siempre? Tal vez sea más preciso pensar que estamos frente a un nuevo hombre, o un ex-hombre de características bio-psico-robóticas.

Conclusión

En materia de Inteligencia artificial, los films elegidos nos obligan a repensar y relacionar de manera nueva y novedosa conceptos que podíamos definir y analizar de manera disgregada en el psicoanálisis. Los nuevos avances tecnológicos llevan al psicoanalista a poner mayor énfasis a las necesidades ético-clínicas, que surgen en el dispositivo analítco. Lacan concibe un analista que debe estar a la altura de la subjetividad de la época. Habitamos en una época que muestra un modo de gozar y un modo particular de vivir la pulsión. El modo de gozar actual es el que todo se puede, los gadgets pueden hacer que casi todo sea posible, permitiendo extender la vida como sucede en el film Chappie, prolongando la existencia al creador. Pensamos entonces que el todo es posible, aparece en la escena cuando Chappie le dice a su creador: “Significa que vas a vivir para siempre”.

Por lo tanto entendemos que los avances en la inteligencia artificial vienen a negar la muerte o lo imposible de realizar para el hombre, pero a su vez introducen la conceptualización de sexualidad. Como se ha desarrollado, las inteligencias artificiales son una extensión del ser humano, donde el parletre proyecta sus grandes temores como así sus grandes deseos. Lo real en tanto que no cesa de no inscribirse, se repite en la IA, creada por el hombre.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo podemos pensar la evolución del ser humano? ¿cuál es la dirección que va a tomar su ser a partir de los grandes avances de la IA? y ¿qué lugar ocupa el psicoanálisis con respecto a las nuevas tecnologías? Se ha planteado que el hombre está evolucionando hacia un nuevo hombre, o sea un ex-hombre con características bio-psico-robóticas. En el film Ex Machina Nathan describe de manera brillantes cómo se podría pensar la evolución del ser humano: “La llegada de la IA notable venía forjándose desde hace décadas. La variable era ‘cuando’, no ‘sí’. Para mí, Ava no es una decisión, solo una evolución. Creo que el siguiente modelo es el que se va a destacar. La singularidad. ¿Sientes lástima por Ava? Mejor siente lástima por tí. Un día la IA van a vernos como nosotros vemos los fósiles en las planicies africanas. Un simio erguido, viviendo en el polvo, con lenguaje y herramientas primitivas. Destinado a la extinción”. Esto nos permite plantear e identificar que el primer quiebre en la evolución humana, lo planteó Freud con respecto a lo biológico, introduciendo los conceptos de sexualidad y pulsión. Pero en la actualidad, se podría conjeturar e introducir el segundo quiebre, que es la IA como la evolución del parletre.

Como preguntas para futuras investigaciones establecemos: ¿Es factible pensar que la evolución del hombre será producto de los avances de la inteligencia artificial, que plantea una fantasía del que todo es posible? Entonces ¿en qué lugar queda posicionado lo imposible, o sea lo real en la IA? Por lo que nos convoca a preguntarnos: ¿Los avances de la IA conllevan a la eliminación de lo real en el campo psicoanalítico? ¿Si pensamos que la evolución del hombre es hacia la IA, en dónde queda ubicado el psicoanálisis, se extinguirá o podrá acomodar sus principios, una vez más, de acuerdo a la subjetividad de la época?

Referencias

Bassols, M (2012): Lo real del psicoanálisis. En la página web: http://virtualia.eol.org.ar/025/tem...

Freud, S (1920): Más allá del principio de placer en Obras completas. Amorrortu. Buenos Aires. Vol XVIII. 2011

Freud, S (1923): El yo y el Ello en Obras completas. Amorrortu. Buenos Aires. Vol XIX. 2011

Godoy, C., “Psicosis y sexuación”. En Schejtman, F. (comp.) y otros. Elaboraciones lacanianas sobre la psicosis. Grama. Buenos Aires. 2012.

Heidegger, M. (1994): La Cosa, En: Conferencias y Artículos. Del Serbal. Barcelona.

Lacan, J. (1966): El estadio del espejo como formador de la función del yo [JE] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, en Escritos 1, Siglo veintiuno, 1985.

Lacan, J. (1955-1956): El seminario, libro 3: “Las Psicosis”, Paidós, Buenos Aires, 2011.

Lacan, J (1959-1960): El seminario, libro 7: “La ética del psicoanálisis”, Paidós, Buenos Aires, 2011.

Lacan, J (1964-1965): El seminario, libro 12: “Problemas cruciales para el psicoanálisis”. Inédito.

Lacan, J (1972): Conferencia de Lovaina. Inédito.

Mahieu, E. El empuje-a-la-mujer. Formas, transformaciones y estructuras. El espejo. Cordoba. 2004.


Notas





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Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 30 de octubre de 2015 » val9_2004@hotmail.com 

Felicito a los autores por el artículo!

Es muy interesante el despliegue que realizan para pensar los conceptos psicoanalíticos de sexualidad y muerte.

Mientras leía me preguntaba cuál es la esencia de crear a estos robots, más allá de lo anecdótico de cada film, se podría pensar que el hombre crea para superarse así mismo, para buscar aquella perfección anhelada. Pero estas creaciones se asemejan asintóticamente al hombre respecto de lo que lo constituye como sujeto, sujeto del inconsciente. Porque en esta búsqueda de la perfección se percibe cada vez menos aquello propio del sujeto del cual piensa el psicoanálisis, que es el deseo. Deseo como inscripción de la falta que es condición de posibilidad para que se construya y se ponga en marcha un aparato psíquico.

En los tres films podemos ver creaciones autónomas, que tienen dominio y piensan por sí mismas, pero ¿realmente podemos pensarlos como sujetos, en tanto sujeto constituidos a partir de una falta estructural?

En los escenarios aparece en los distintos personajes la incertidumbre respecto del origen y del fin, ¿eso es un signo de que se ha constituido una falta? Me cuesta pensar que así lo sea, ya que sus creadores saben la finalidad de su creación y cuando acabarán sus días, aun cuando esto luego se complique.

Sin duda el interrogante se desprende de lo leído en el artículo ya que el mismo recorre este planteo. ¿estaremos ante la presencia de otro paradigma para pensar el pasaje del hombre al exhombre?

La creación de robots es leída desde la categoría de lo que nosotros consideramos como humano. Como expuse en un trabajo anterior presentado en el Congreso de Ética y Cine, no podemos ni siquiera imaginar cuerpos que no estén atravesados por lo simbólico, en donde la carne se humaniza vía la palabra. Quizá sea esta la razón por la cual en estos films la robótica sea recubierta por piel, haya creación de un sistema sanguíneo, tengan sentimientos, se enojen, amen, rían, lloren, posean las características distintivas de los humanos.

Felicito nuevamente, excelente artículo!



Mensaje de Roberto Horacio Casanova  » 24 de septiembre de 2015 » rhcasanova@gmail.com 

“- Pero si los dos se portan igual conmigo entonces tanto da que sea un perro de verdad o un perro robot –dijo Jimmy-. ¿Y lo que yo siento? Quiero a Robbut, y eso es lo que
importa. Y el pequeño robot, que nunca se había sentido abrazado con tanta fuerza en toda su existencia, lanzó una serie de ladridos estridentes…, ladridos de pura felicidad.”

Es una cita de un texto de Isaac Asimov: El mejor amigo de un muchacho, 1975. En donde se pone en juego (y lo hace a traves de varias de sus obras), el limite entre lo que se define como humano y ético. Y donde el texto que el colega aqui presente me hace pensar, cuando pone en la mesa las intenciones del hombre al crear un robot objeto, y su sentido. Pero que el correr del tiempo cree nuevas asginaciones de sentido, nuevas realidad, significa un descontrol, algo imprevisto, factor que al hombre le causa terror, y que no es aceptado, menos de una maquina de la ciencia. El error peude permiterse al humano, no a una maquina, al igual que los afectos, las emociones, la felicidad.



Mensaje de Reos, Francisco  » 8 de septiembre de 2015 » reos.francisco@gmail.com 

Me resultó muy interesante el artículo, especialmente la manera en que son abordados transversalmente las tres películas.
Sin duda, la posibilidad de construir autómatas con IA está cada vez más cerca y los films -retratadores y moldeadores de la moral de la época- presentan escenarios posibles que nos convocan a reflexionar.
Muchos puntos del artículos son interesantes para reflexionar: La cuestión de la semejanza que tendría el ser humano con un Dios si fuera capaz de crear robots tales como los que protagonizan los films es uno de ellos. Lo interesante es que tanto los robots como la figura de Dios (sea cual sea) son ambas construidas por el hombre. Ambas son intentos de responder a la falta estructural del orden simbólico con respecto a la muerte y así poder tramitar la angustia que esa falta genera.
En el caso puntual de los robots, no hay dudas -a mi entender- sobre cómo fueron creados ya que son objetos puros del discurso científico que no da lugar a la incertidumbre. Es decir, no hay grietas en el discurso del A que permita que la singularidad haga su nicho ya que se sabe hasta el más mínimo detalle de su funcionamiento. Es por eso que el lugar del deseo en los robots -al menos en este sentido- me genera dudas si es posible que alguna acontezca.
Vuelvo a felicitar por el artículo!





 

 
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ETICA Y CINE. La singularidad en situación. Una perspectiva desde los Derechos Humanos

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