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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
Cátedra I
Profesor titular: Fariña, Juan Jorge Michel

Profesora: Carew, Viviana

Co-ayudante: Calderone, Julia

Comisión: 17

Alumnas: Gusukuma, María Florencia

Niikado, Sofía

Fecha de entrega: 26/10/2010

2° Cuatrimestre 2010

Película: Héroe accidental
Título original: Accidental Hero
Año: 1992
Director: Stephen Frears
Guión: David Webb Peoples
Reparto: Dustin Hoffman, Geena Davis, Andy García, Joan Cusack, Stephen Tobolowsky, Tom Arnold, Kevin J. O’Connor, Chevy Chase
Género: Comedia

El comienzo de la película nos ubica en el personaje de Bernie (Dustin Hoffman) quien a partir de que un avión se estrella ante sus ojos y aunque a él todo le es indiferente, Bernie salva a todos los pasajeros de una muerte segura, luego de lo cual desaparece convirtiéndose en el héroe misterioso del vuelo 104. En la película se muestra a Bernie como un individuo completamente oportunista, lo único que le interesa a este hombre es conseguir dinero, de cualquier manera y por cualquier medio, y ello implica robar billeteras si se le presenta la oportunidad y traficar tarjetas de crédito pero siempre delitos de poca monta. Es así como en una noche Bernie, se encontraba en camino a casa de su hijo para llevarlo al cine, un avión se estrella justo al lado de él. Casi a regañadientes, destraba la puerta del avión y salva a los pasajeros de su posterior explosión. Asímismo un niño le insiste desesperadamente que salve a su padre quien supuestamente había quedado dentro del avión, pedido al cual Bernie quejoso, finalmente acepta. Es así que en busca del papá del niño, logra salvar a tres personas más que habían quedado atascadas dentro, una de ellas la famosa periodista Gale Gavley. Finalmente el avión estalla, sin víctimas ni muertos y Bernie desaparece dejando como único rastro su zapato izquierdo. En este caso en particular, Bernie desaparece sin importarle recibir reconocimiento alguno; pero la cuestión cambia cuando una cadena de televisión, a través de la periodista Gale Gayley, comienza a buscar al héroe que salvó sus vidas con el único rastro que tenían: el zapato izquierdo, ofreciendo así una recompensa de un millón de dólares. Pero el millón de dólares no se los lleva Bernie, sino John Bubber (Andy García), un vagabundo a quien Bernie contó todo lo sucedido porque lo recogió en la carretera luego del accidente. Casualmente se quedó con su zapato, lo cual constituye para los periodistas la prueba definitiva de su identidad. Así John Bubber se aprovecha de la situación y se hace pasar por el héroe Nacional con el zapato obsequiado como prueba de ello. Lo curioso del caso es que, a pesar de ser un impostor, John Bubber es un buen hombre que cree en la justicia y en la solidaridad y que aprovecha su tirón mediático para hacer mejor a la gente que lo admira. A diferencia de Bernie, John sí parece responder al arquetipo popular de héroe americano y su supuesta farsa termina desencadenando una ola nacional de buenos sentimientos.
Nuestro análisis se centrará así en el personaje John Bubber, a partir del cual se intentará dar cuenta de su responsabilidad subjetiva, la cual se desplegará en tres tiempos lógicos, y se ensayará una hipótesis clínica para dar cuenta de la irrupción de su deseo.
Podríamos plantear entonces como Tiempo 1 del circuito de la responsabilidad el momento en que John Bubber decide hacerse pasar por el héroe misterioso del vuelvo 104. En tanto su única intención era pasar solamente por un momento acotado de fama ya que no dudaba en que rápidamente vendría Bernie a denunciarlo y todo se terminaría. Es de este modo, el momento en el que el sujeto lleva a cabo una acción conciente y voluntaria con determinados fines, acción que se supone, se agota en los fines para los que fue realizada. “Una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se halla inmerso” , un accionar que muestra su posición subjetiva desde ese universo cerrado.
Ahora bien, no hay responsabilidad subjetiva sin culpa. Jorge Jinkis reformula la definición clásica de responsabilidad diciendo: “Responsable: no digo conciente de lo que hace ni que se hace cargo de lo que dice, sino culpable de lo que hace y dice” . De esta manera introduce una dimensión deseante más allá de la intención y de la prentendida autonomía de la conciencia. “La culpa es en este sentido una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es la culpa lo que ob-liga a responder” .
De esta manera, podemos situar que las cosas se le van de las manos a Bubber. A medida que transcurren los días, éste despierta en la gente a partir de sus palabras y actos bondadosos una ola de buenos sentimientos en la sociedad. Realmente con el dinero ganado, a pesar de que él también lo necesita, empieza a hacer actos de caridad. Visita así un hospital de niños y alienta a uno de ellos que se encontraba en estado vegetativo a seguir viviendo y no rendirse. Es en la salida del hospital, donde Bernie gritando le reclama el dinero y su zapato a Bubber, quien escucha la voz del mismo pero no alcanza a ver a Bernie entre la multitud. Es así que ésta voz, que creía que provenía de su conciencia, lo interpela, lo ob-liga a retornar sobre la acción primera, a pagar la deuda, a inscribir el deseo. Por lo tanto, obliga a un movimiento retroactivo, es decir, volver sobre la acción del tiempo 1. Esto posibilita la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo, resquebrajando su universo particular soportado en las certidumbres yoicas. Así se pregunta: “¿Qué hice?, yo era pobre pero honrado…”
Podríamos plantear en este punto, el Tiempo 2 del Circuito: algo ha sucedido por fuera de lo esperable, algo que exige de Bubber una respuesta; la voz de Bernie y el cariño de la gente lo han interpelado. La culpa hace así a la retroacción, que se retorne sobre la acción por la que se debe responder. De este modo, la retroacción resignifica el tiempo 1, en la medida en que hay una falla que abre el universo cerrado de éste. Es decir, el tiempo 1 es entonces resignificado por la interpelación a través de la culpa. Esa culpa es la que llama al sujeto a responder por su deseo.
El interrogante ya ha sido formulado, pero su respuesta queda en suspenso por el momento: Bubber se acomoda a las demandas superyoicas y evita asumir la responsabilidad de que algo se ha conmovido en él. Intenta suicidarse y renuncia así a su deseo, en tanto el suicidio es una forma de responsabilizarse moralmente y por la que el yo se desculpabiliza del deseo: “la culpa moral tapona el acceso a un orden de deseo” El intento de suicidio no es más que una forma desplazada de la responsabilidad ausente en Bubber. Señalaremos así una hipótesis clínica que da cuenta del deseo inconciente de Bubber y que lo obliga a dar una respuesta desde la responsabilidad subjetiva: “La pregunta por la responsabilidad no supone un cuestionamiento a la persona sino a la interpelación al sujeto. Se trata evidentemente del deseo inconciente” . En este caso en particular, lo que se revela es que todo empezó siendo un simple juego sin pensar que él iba a tener la trascendencia adquirida y convertirse en una figura admirable. Esperaba entonces que no le creyeran y que rápidamente aparecería Bernie denunciándolo, pero ello no fue así debido a que éste fue encarcelado por traficar tarjetas de crédito e impedido de reclamar la recompensa sin poder develar su farsa a tiempo.
En este punto, podemos plantear que el encarcelamiento de Bernie fue una combinación de necesidad y azar. La experiencia humana es un factor intermedio que se despliega entre azar y necesidad. Ambos constituyen márgenes de nuestra libertad, pero esa libertad es irreductible a estos principios. Así, el arresto es del orden de la necesidad en tanto es un evento que escapa al campo de la voluntad y conciencia, es decir, a la capacidad de intervención tanto de Bernie como de Bubber. Ninguno de los dos podría impedir entonces el arresto. Es aquello que va a ocurrir inexorablemente, y recibe hoy en día el nombre de destino. Por otro lado, fue necesario también el azar, lo fortuito, el hecho de que justo en el momento en el que Bernie iba a reclamar la recompensa de un millón de dólares, es detenido y Bubber aprovecha la situación. Ahora bien, como bien dice Juan Carlos Mosca: la responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Lo importante es cómo se ubique el sujeto frente a esto que le ha sucedido: “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables” y es esa responsabilidad subjetiva que hace a la experiencia de sujetos deseantes.
Es entonces que podría situarse como hipótesis clínica, que Bubber deseaba en el fondo, ser reconocido y recibir afecto ya sea mediante halagos y la atención de las personas, en definitiva, ser admirado. Más allá de la cuestión del dinero, ser rico o pobre, deseaba ser alguien en el mundo y asistir a la gente que como él necesita de esa ayuda.
En este sentido, es que planteamos un tiempo 3 como responsabilidad subjetiva, en tanto se trata de una respuesta que suponga un cambio de posición del sujeto frente a sus circunstancias. En Bubber, lo situamos en su arrepentimiento a la decisión de suicidarse y en el pacto que establece con Bernie allí desde la cornisa del edificio: la farsa no sería develada, sino que él se quedara con el reconocimiento de la gente pero a cambio le dará parte del dinero que gane a Bernie. Así Bubber se quedaría entonces con los honores y Bernie con el efectivo, ya que éste último se siente incapaz de hacerse querer por la gente como sí lo hace Bubber. Hay así un efecto sujeto en aquella elección en la que se posó el deseo. En la resignificación de la acción del tiempo 1, hacerse pasar por Bernie, no hay entonces una falta cometida por malicia en dicha elección, sino que produce en acto un sujeto, una novedad desconocida. Se decanta así un tiempo 3 a partir de un tiempo 1, el universo restringido del tiempo 1 se amplía en el tiempo 3 y da una nueva posición al sujeto, una singularidad ética, un elemento realmente diverso y heterogéneo. En este punto Bubber reconoce el efecto que provocó en la gente, el afecto que de ellos recibía en respuesta a lo que él generaba con sus palabras y actos de caridad: la solidaridad. Y así lo dice: “Creo que todos somos héroes si nos llega el momento justo, todos tenemos algo de decente y noble que quiere salir dentro. Yo soy igual que los demás llenos de fallas con algo de coraje mezclado con decencia, creen que soy un héroe pero para mí un héroe es solo un símbolo de lo bueno que hay en todos ustedes”. Y ese es su deseo inconciente, no ser un héroe desde el acto real de salvar vidas en momentos de crisis, sino salvar vidas prestando ayuda a quienes más lo necesiten.

BIBLIOGRAFIA
• D’Amore, O.: “Responsabilidad y culpa”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
• Dominguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis.” En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006
• Freud, S.: (1925) “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de cláse teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

• Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). “Veinte años son nada”, en Causas y Azares, Número 3, Bs. As. 1996

• Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



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