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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
- Psicología, Ética y D.D.H.H-
Prof. Tít. Reg. Fariña, Juan J.M
2010 – Segundo Cuatrimestre
- Segundo Parcial -

Alumno: Mariño, Analía
Nº de libreta: 32.481.687/0
Comisión: 10
Docente a cargo: Domínguez, María Elena.
Película asignada: “Héroe Accidental”
Fecha de entrega: 28/10/2010
Película asignada: “Héroe Accidental”

Consignas:

1-Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibietta, el personaje del cuento “El Muro” de J.P Sartre. Justifique su elección.
2- Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3- Establezca los elementos de necesidad y azar presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4- Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5- Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y- si resulta pertinente- el efecto particularista.

Análisis:

El personaje principal de esta película es Bernie La Plante, un oportunista, un ladrón, que se aprovecha de todas las situaciones que se le presentan para sacar una ventaja en dinero. Este es el universo particular en el que está inmerso, del que forma parte. Sus acciones responden a las leyes, a los códigos, que rigen su universo: “la vida es una jodida selva”, “no todos son lo que dicen ser, ni las cosas lo que parecen”, “la vida se vuelve muy complicada, extraña en verdad, cuando eres mayor”, “hay que volar bajo el radar, hay que pasar inadvertido”.
Es así, bajo este universo particular que guía sus acciones, que cuando un avión cae frente a él en la ruta por la que viajaba (¿Azar?, ¿Necesidad? ¿Ambas?), Bernie, interviene en la escena rescatando a los pasajeros, para luego retirarse sin más, al lugar donde se dirigía.
Situaré en este acto, el Tiempo 1 del circuito de responsabilidad que tomaré para el análisis.
La acción de nuestro protagonista no tiene otro fin más que ayudar a las personas que quedaron atrapadas dentro del avión que cayó frente a él y seguir su camino. La iniciativa de su accionar se agota allí, en los fines por los cuales fue realizada.
Aquí la frase “hay que volar bajo el radar, hay que pasar inadvertido”, (lema de vida de Bernie La Plante) es aplicada con exactitud. En la escena están los bomberos, los paramédicos, los medios de comunicación buscando la mejor nota para el noticiero de turno, sin embargo nuestro protagonista, solamente, quiere seguir su viaje, su camino, quiere pasar inadvertido en tremenda situación.
Este suceso podría ser uno más dentro de la vida de nuestro personaje, sino fuera porque ello genera, a posteriori, por parte de todos los sobrevivientes y de la sociedad en general, una adoración por el “héroe” que salvó la vida de varias personas, arriesgando la suya propia.
A partir de ese momento, sus certidumbres tambalean, su universo particular se agrieta, marcando una ruptura allí donde todo sucedía de acuerdo a lo esperable: su acto es leído como un acto heroico por los otros, pero a él, le es ajeno.
Plantearé aquí el advenimiento de un Tiempo 2, momento en el que nuestro protagonista se ve confrontado con esta situación que lo excede y que resquebraja las certidumbres yoicas que soportaban su universo particular. Su acción inicial fue más allá de lo esperado.
La situación lo interpela, lo interroga acerca de su posición subjetiva, y Bernie, deberá responder por ella. Pero ¿cómo responderá? ¿Cuál será su respuesta? ¿Responderá desde la moral de su universo particular, desde lo que es lógico, lo que es correcto, taponando y negando el quiebre que la interpelación produjo en su universo, o será una respuesta que vaya más allá, que exceda lo particular, que permita la emergencia de una singularidad que abra nuevos caminos, que produzca un acto ético, un tercer tiempo dentro de este circuito en el que se produzca un sujeto, en el que se rompa con lo dado y se exija un cambio de posición subjetiva? ¿Cuál de las dos respuestas dará nuestro protagonista?
La interpelación permite volver sobre lo dicho, sobre lo hecho, re-significando el primer tiempo y abriendo la pregunta sobre la implicancia subjetiva, sobre la responsabilidad del sujeto en dicha acción. ¿Qué habrá tenido que ver Bernie La Plante en todo esto?.
La distancia entre el tiempo 1 y el tiempo 2 nos permitirá conjeturar al respecto; realizar una Hipótesis clínica que permita hallar el lazo asociativo entre ambos tiempos y así otorgar una explicación posible a ese exceso que desmorona el universo particular que regía la vida y las acciones del sujeto.
Pero para ello será necesario determinar el grado de implicancia de la necesidad y el azar en nuestro circuito, ya que sólo en el espacio que se abre entre ambos es donde tiene lugar la pregunta por la responsabilidad subjetiva.
Así hallo, en lo que parecía ser una combinatoria de azar (la caída del avión frente al auto de Bernie La Plante y la presencia de nuestro protagonista en dicha escena) y necesidad (la caída del avión tras los desperfectos técnicos del mismo y el mal tiempo), una grieta que nos permitirá indagar acerca de la responsabilidad del personaje en su accionar.
¿Es responsable Bernie de que el avión haya caído? ¿Qué responsabilidad tiene de haber estado justo en el lugar del accidente? ¿Es responsable de que la sociedad lo considere un héroe? Claramente no.
Remitirnos únicamente a alguno de estos polos (azar o necesidad) no podría brindarnos ninguna información acerca de la responsabilidad de Bernie La Plante en este hecho. Sin embargo, él es responsable. Responsable de haber actuado, de haber intervenido en aquél accidente rescatando a los pasajeros del avión cuando podría haber actuado de diferentes maneras: siendo sólo un espectador de la tragedia, llamando a la policía, yendo a buscar ayuda, etc.
Pero él interviene, rescata, y es allí donde ubico la grieta entre necesidad y azar. Grieta donde el deseo ha encontrado su lugar para manifestarse y donde la responsabilidad puede comenzar a pensarse.
Deseo Inconsciente, que como tal, no se deja atrapar y busca la manera de satisfacerse una y otra vez. Es ese deseo del que sólo podemos conjeturar, y que vemos que insiste, que se reedita, en diferentes escenas de la película.
Bernie vuelve a rescatar, cuando, también, podría haber actuado de otra manera.
Se sube a una cornisa de un edificio, donde el mendigo que ocupó su lugar de “héroe” frente a la sociedad, quiere ahora suicidarse y habla con él. Luego de esa charla el mendigo desiste en su intención y ambos ingresan al edificio.
Hacia el final de la película, nuevamente, otra situación de rescate en la que nuestro protagonista interviene. En el zoológico, un niño ha caído en la jaula de un león y su madre pide ayuda. Allí acude Bernie a salvarlo.
¿Qué lo lleva a la cornisa, a entrar a la jaula de un león, a arriesgar su vida nuevamente para salvar otra, ahora frente a toda una sociedad que los observa, frente a su hijo que lo mira atónito?
Una charla con su hijo en un bar, donde al interrogarlo sobre la nueva pareja de su madre, el niño responde diciéndole que éste es un héroe, ya que es bombero y salva muchas vidas; una foto con él en la chimenea principal de la casa, junto a un carro de bomberos, en lugar de la foto de su padre como “héroe” de la guerra de Vietnam; el desconocimiento por parte del niño de tal guerra y de la presencia y el accionar de su padre allí, son algunos de los indicadores que nos ponen sobre aviso acerca del papel importante que el heroísmo juega en nuestro protagonista.
La palabra “héroe” parece ser aquí la clave que nos llevará a interrogarnos y conjeturar sobre su deseo: ¿Qué soy yo para el Otro?, ¿Un héroe, un oportunista, un mal ejemplo? ¿Para quién soy un héroe? ¿Para quién quisiera serlo? ¿Puedo ser yo un héroe? ¿Qué significa serlo?.
Las constantes demandas de nuestro personaje hacia un Otro, en búsqueda de su aprobación, siguen la misma dirección: “¿vos que dirías si te dijera que fui yo el héroe del vuelo 194? “¿Sabías que tu Padre estuvo en Vietnam?” ¿Qué dice tu madre acerca de esto?. Bernie busca persistentemente que su hijo lo apruebe, que aprenda de la vida; que su esposa lo reconozca como un buen padre, como un buen hombre; que en los juicios por sus delitos se piense que él es un hombre de bien que “metió la pata”.
Es en estos momentos donde podemos comenzar a pensar la noción de culpa en nuestro personaje.
Una culpa moral por no poder responder a este ideal de padre, de buen hombre, de buen esposo, de "héroe" para sus seres queridos. Una culpa con la que se intenta restablecer el universo particular que tambalea con la interpelación. Una culpa que viene a tapar la brecha que la interpelación ha abierto, culpa que ob-liga a responder, a cerrar el circuito. Culpa a través de la cual el yo, en su afán de mantener el equilibrio del universo particular del sujeto, “niega” al deseo, a su insistencia, a su actuar en conformidad con él. Lo desconoce, lo justifica, lo tapona.
Es así como Bernie La Plante responde al significante que lo interpela: huyendo de él, cubriéndolo con justificaciones racionales, con culpas, con enunciados que responden a la moral.
De esta manera vemos cómo en la cornisa del edificio, en la charla con el mendigo, por ejemplo, Bernie se niega a sí mismo como héroe, huye de ese papel, de ese significante que lo llamaba y lo interpelaba, en los siguientes términos: “yo no soy un buen tipo, tú si lo eres”, “La gente te adora”, a mi no me quieren, “si saltas, le romperás el corazón a toda esta gente”, solamente quiero el dinero, “¿Crees que yo daría algo a la beneficencia (como vos)?”.
Nuestro protagonista se sitúa en el polo de lo particular, de la culpa, de la moralidad y desde allí elige: realiza una ponderación de diferentes perspectivas encontradas que le permiten elegir qué hacer, cómo actuar, qué y cómo responder. No toma una decisión que implique un cambio subjetivo en su posición como sujeto, que rompa con su Universo particular. Simplemente elige.
De esta manera cierra el circuito, brindando meramente una respuesta. Una respuesta acorde a su moral, a su Universo particular, que le permite a su yo volver al equilibrio.
Aquí se plantea una diferencia respecto del Tiempo 3, en el que la respuesta a la interpelación producida en el Tiempo 2 no es una respuesta genérica, un taponamiento, como la desarrollada hasta aquí, sino una respuesta diferenciada, que implica un cambio de posición subjetiva. El tercer tiempo, es el tiempo de la producción de un sujeto, del acto en el que se produce, y como tal, es un acto ético, en el que las particularidades sostenidas hasta el momento se desvanecen tras el advenimiento de una singularidad en situación. Es el tiempo de la responsabilidad subjetiva.
Es a través de esta diferencia que podemos comparar la acción de nuestro protagonista con Ibietta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.
Ibietta, por el contrario de Bernie, toma una decisión. Decide dejar de callar y burlarse de los falangistas al responder con una “mentira” sobre el paradero de Gris. Es así como en su acto, pronuncia la palabra “cementerio” como escondite de su amigo, sin saber que éste era el verdadero lugar donde se escondía y donde los falangistas lo encontrarían y ejecutarían.
La decisión de hablar y de pronunciar aquella palabra (en lugar de otra), en su intención de burlar a los falangistas y por medio de ellos al azar, son las que lo volverán responsable.
Por el contrario Bernie no decide, sólo elige.
Confrontado con la interpelación del tiempo 2 (su acto es leído como un acto heroico por los otros, pero a él, le es ajeno), Bernie La Plante opta por considerar las distintas alternativas que la situación le presenta, eligiendo, finalmente, correrse del lugar de héroe, “emparchando” la brecha abierta por la interpelación, con respuestas acordes a la moralidad de su Universo.
Sin embargo, se podría pensar, que tanto Ibietta como nuestro protagonista actúan en conformidad con su deseo.
Ibietta con su deseo de querer vivir, aunque sea un momento más (deseo que lo lleva a actuar, a hablar y a elegir el término “cementerio”) y Bernie según ese deseo Inconsciente del que sólo podemos hipotetizar, y que lo lleva a actuar de la misma manera cada vez que hay una vida en juego. Deseo que insiste en manifestarse, en satisfacerse, y en tanto no ha sido interpretado, consigue su fin. Se reedita en cada situación en la que algo del heroísmo se pone en juego, llevándonos nuevamente a interrogarnos y conjeturar sobre él: ¿Qué soy yo para el Otro? ¿Un héroe, un oportunista, un mal ejemplo?
Por lo desarrollado hasta aquí, no visualizo la existencia de un Tiempo 3, un cambio de posición subjetiva, en Bernie La Plante.
Quizá pueda pensarse como posibilidad, como esbozo de este cambio, el hecho de dirigirse a hablar a la cornisa de un edificio con el mendigo y evitar así que él se suicide. Si bien el discurso que allí se observa por parte de nuestro personaje, es del orden de la moralidad y la culpa, como lo explicitamos anteriormente, él se encuentra allí, arriesgando su vida nuevamente.
Esta misma escena se repite luego, en el zoológico, con el niño caído a la jaula del león, en el que también Bernie interviene.
Sin embargo, no advierto una nueva postura por parte de nuestro protagonista en su accionar. La actitud con la que realizó la primera acción (recortada como tiempo 1 en este trabajo), en relación a las subsiguientes, parece ser la misma.
No observo la producción de un sujeto, un cambio de posición subjetiva en él. Por el contrario, visualizo una misma posición que, considero, guiada por el deseo inconsciente, por ese saber no sabido, que insiste en satisfacerse. Deseo que he conjeturado (según lo expuesto) en relación al heroísmo, en lo que el significante Héroe marca, atraviesa, a Bernie.
Tal vez, en alguna oportunidad futura, una nueva interpelación sobre su accionar conduzca a Bernie La Plante a la potencialidad de un tercer tiempo, en la que emerja un cambio de posición subjetiva, produciéndose así como sujeto. Por el momento, no la hallo.



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