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Segundo Parcial curso de verano 2012

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

Carrera; Licenciatura en Psicología

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos

Cátedra: Profesor Juan Jorge M. Fariña

Ayudante; Tamara Flor García Karo

Alumnos: Analía Aguilar LU: 318048380 - Walter Ogloblin: LU 840014572

Comisión número tres

Hemos elegido para el presente trabajo, la obra “La barca sin pescador” de Alejandro Casona. El personaje del cual nos valemos para el análisis solicitado, es Ricardo Jordán, ya que consideramos que es este mismo personaje en el cual se presentan los dos tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad tal como nos fue mostrado con Ibbieta en el cuento El muro.-
Para ello haremos una breve reseña del argumento de la obra en cuestión.
El protagonista es Ricardo Jordán, un hombre de negocios que está atravesando una crisis financiera. Su equipo de trabajo, más su secretaria amante, le insiste en cambiarse a otra empresa, la competencia, como única garantía para no quedar en la ruina. Todos ya lo han decidido, falta él. Tras quedar un instante solo en su despacho, meditando sobre lo que está ocurriendo y la propuesta de sus empleados, se le aparece el diablo (Caballero de Negro) personificado con un estilo burgués, y le propone un pacto. Aprovecha ese instante de desesperación de Ricardo, y le propone obtener una gran suma de dinero que lo salvaría de la crisis, a cambio de un crimen sin sangre. Ricardo se niega, al comienzo, pero el Caballero de negro le recuerda que Ricardo ya ha cometido crímenes en su vida: arrojar cosechas al mar para aumentar el precio, logrando que muchas personas pasen hambre, sosteniendo una industria insalubre que provoca muertes tempranas en los empleados, etc. Él se escuda diciendo que no tiene la culpa de que el sistema funcione así, que no es él únicamente, sino varios los que hacen esas cosas, y que una cosa es eso, y otra muy distinta matar. Pero el Caballero de negro insiste en que él no conocerá la víctima, que no soñará con ella, etc., entonces Ricardo termina aceptando.
En este pacto tan particular, el Caballero de negro le hace ver a Ricardo una escena en una isla del norte, que Ricardo no ha visitado nunca, y lo hace visualizar a un alegre pescador que celebra el haberse comprado una barca. Está algo ebrio, y va caminando por un peligroso despeñadero.
El diablo insta a Ricardo a firmar, antes de que el pescador, Peter, doble por el despeñadero, ya que de ese modo todos pensarán que fue un accidente provocado por el viento. Ricardo firma, y en ese mismo instante, al morir Peter, se oye el grito desgarrador de una mujer.
Ricardo no pasa por alto ese grito, y a lo largo de la obra irá en búsqueda de esa mujer, para conocer así quién era el pescador y el mundo que lo rodeaba. Al mismo tiempo se irá replanteando muchas cosas de su propia persona, como así también del pacto que hizo en ese momento.

En base a lo señalado, hemos recortado una escena en la cual se lleva a cabo un contrato entre Ricardo y un misterioso Caballero de Negro que el autor se ha encargado de personificar como el diablo.
La intención original de Ricardo consistía en la recuperación del dinero que perdería inexorablemente en una crisis financiera de su compañía. Fue únicamente por ese motivo que aceptó realizar un crimen sin sangre, tal como se lo describió el Caballero, y luego de que se le haya garantizado que no tendría contacto de la víctima ni física ni oníricamente, como sí sucedía con los criminales, según Ricardo.
Por lo tanto, considerando que este pacto se agotaría en los fines mismos para los cuales sería firmado, podemos ubicarlo en el marco de una acción simple que no traería mayores consecuencias para Ricardo, ya que de ser cumplido tal como lo estipulado, él volvería a ser dueño de un gran capital.
Inmediatamente cumplido el pacto, Ricardo oye el grito desgarrador de una mujer, a partir del cual queda conmovido e intrigado.
Este sentimiento es expresado a través de unas frases que exclama, segundos antes de partir el Caballero y luego cuando se reencuentra con sus socios.
Ni bien firma el pacto y oye el grito de la mujer, se leen las siguientes líneas del protagonista:
* Espera. ¿Quién dio ese grito?...
*Peter no estaba solo
*Si por lo menos no hubiera oído ese grito…

El Caballero no le da ninguna respuesta, de hecho se burla de su actitud:
* “De todos modos, pobre Peter Anderson ¿verdad? Cantaba como un enamorado y parecía tan feliz…”
Dicho esto se retira de la escena.
Ricardo inmediatamente llama a su asistente Juan, pidiéndole que vaya en busca del Caballero. Juan le comunica confuso que no vio a nadie, y que ha estado en el vestíbulo durante todo ese tiempo, por lo que no pudo haber entrado o salido alguien sin que él lo viera.
Las buenas noticias financieras no tardan en llegar, es en aquél momento en medio del revuelo de sus empleados, cuando Ricardo exclama:

* La rueda de la fortuna está en marcha y nadie puede detenerla ya. Pero, ¿Habrá bastante dinero en el mundo para borrar esa gota de sangre?
(...)
* A ustedes les pregunto, hombres que todo lo compran y todo lo venden. ¿Cuánto cuesta arrancarse de los oídos un grito de mujer? ¿Qué río de oro puede devolver la luz a esos ojos azules donde se están enfriando las estrellas?
Por lo tanto, vemos que respecto al pacto inicial hay algo que lo excede, que no estuvo calculado de antemano. Ese grito ha interpelado a Ricardo, tornándose en algo de lo cual el protagonista ya había anticipado que quería evitar: conocer a la víctima, recordarla en sueños, etc. Algo de los sentidos, en este caso el auditivo, se infiltra en los planes, y ya no podrá borrarse fácilmente de la cabeza de Ricardo Jordán; es ese grito el que conduce a una suerte de arrepentimiento de su parte por haber firmado el contrato. Podríamos ubicar aquí la pregunta: ¿Quién me mandó a firmar ese contrato?; aquí entonces aparece la culpa en su sentido autorreferencial por matar y sentir, saber que mató. En este movimiento culpógeno Ricardo vuelve,( tal como le dijera el Caballero de negro, “como el asesino a la escena del crimen”,) a un lugar al cual nunca había ido.
Con esto último queremos decir que en ese segundo tiempo, el primero es resignificado a partir de ese sentimiento culpógeno. Sentimiento que muestra que ese primer tiempo fue trascendido por la singularidad del segundo momento.
Hasta aquí no podemos dar cuenta de que haya una responsabilidad subjetiva en juego; sólo culpa sintomática que nos da la pista de su responsabilidad pero todavía no logra mostrárselo a sí mismo.
Se trata de un engaño que cierra un circuito de su responsabilidad sostenido en signos que no son suyos; esto quiere decir, que Ricardo todo este tiempo ha estado subsistiendo en base a un paradigma de fortuna y ambición.
La muerte de Peter remite a Ricardo a una soledad desgarradora como el grito que escucha: su propia soledad. Hasta ese momento su cobardía (tales sus palabras) estaba tapada por su dinero, no solo su cobardía, su mundo, su moral , su falsa o inexistente vida amorosa, su infancia pobre y hambrienta de bienes materiales (tal como le recordó el Caballero).; su adultez pobre y hambrienta de afectos.
Esta carencia de afecto, está velada por su ambición de poder y de dinero.
En algún punto, observamos, que el grito le remite a esa situación de carencia, ya que se trata del grito de una mujer que se ha quedado sola porque ha perdido a la persona que Ricardo, en el contrato, ha decidido matar.
En base a lo anteriormente mencionado, es pertinente plantear el siguiente interrogante a Ricardo: ¿De qué se trata ese grito que te lleva a interrogarte acerca de cuánto cuesta acallarlo? Esta pregunta apunta a poner en marcha el despliegue de la responsabilidad subjetiva inoperante aún en Ricardo.
Es muy distinta la soledad de Ricardo al comienzo de la obra que al final. La del comienzo es una soledad vacía, en coordenadas situacionales que lo desbordan y lo inquieren. Soledad con otros, que se apartan “como las ratas que huyen cuando el barco se hunde” (Caballero de negro).La barca moral (ciudad, negocios, dinero, poder, crímenes sin sangre, etc.) en la que navegaba Ricardo (cuando el azar de la lógica financiera quiso que su compañía se hunda, se vaya a pique) colapsó.- Con ella colapso el sujeto moral Ricardo.-
El grito lo condujo a su soledad miserable, vacía de afectos. Lo invadió la culpa, y se refugió en ella. La autorreferencia culpógena lo sostuvo en el marco de las leyes jurídicas, como asesino impune, criminal consciente al menos de una muerte con nombre y apellido y por su voluntad...- Se hizo moralista de si mismo como sujeto responsable, autónomo para el derecho.
Cuando la obra comienza, está en esas mismas coordenadas morales pero con una culpa velada, proyectada hacia los otros. Es la empresa y no él la que produce desfalcos, injusticias, muertes, hambre, etc.-.
Esta posición del comienzo es comparable a la de Eichmann en su obediencia “ciega” a la maquinaria del holocausto, no asumiendo responsabilidad subjetiva alguna. Ricardo estaba en esa posición de obediencia ciega al sistema financiero del capitalismo. Como dice Carlos Gutiérrez en Eichmann y la responsabilidad: “la obediencia es el crimen”, “el móvil: la sumisión”. Decimos que la posición es análoga ya que también Ricardo incurre en esa defensa infame: Si no hubiera sido yo sería otro”.Esta frase de Gutiérrez le va como anillo al dedo a Ricardo: “El intenta desoír esa interpelación que se le dirige por haber sido él y no otro el que hizo lo que hizo” .Es culpable de su obediencia.-
El grito de la viuda del pescador lo orientó y él, eludiendo otra vez su responsabilidad subjetiva, se señaló culpable, en su ser, esta vez casi desde una posición altruista, otra postura moral.-
Desde el final del primer acto hasta casi el final de la obra, se mantiene en esa posición.-
Es azar que Cristian (ex.pretendiente de Estela y envidioso de Peter por su barca nueva) empujara a Peter y que justo ese haya sido el nombre elegido por Ricardo. Es azar que Estela haya visto caer a su marido. Es azar que Ricardo haya escuchado el grito de Estela. No es azar la intención de matar de Ricardo y Peter.-Es necesidad que Peter haya caído por el despeñadero debido a la fuerza de gravedad. Es necesidad que muera en algún momento.-
No es necesidad que Peter lo empuje ni que Ricardo lo haya elegido.-
Es azar que Ricardo lo haya elegido como víctima y que no haya caído por el despeñadero por causa de éste sino porque fue empujado por Cristian para que luego la gravedad haga lo suyo.-
Este aspecto del azar abre una grieta en Ricardo ¿Por qué? Por azar no fue él quien lo mato, sino otro. Pero Ricardo creyó que su voluntad de matar fue la que produjo esa muerte
Acá se abre otra veta: Esa muerte con nombre y apellido sumada al grito de Estela pusieron a Ricardo en la pista de su responsabilidad subjetiva
Como suele decirse: Le remuerde la conciencia .Conciencia moral del sujeto jurídico. Ricardo se queda instalado allí un tiempo. Justo cuando le esta por confesar a Estela, se entera que el asesino es otro.
Esto lo vuelve a conmover. Esa posición culpógena, en la que empezaba a sentirse cómodo, colapsa.
Ya no está en la oficina con su amante y socios, el escenario es otro

Otra vez está solo. Pero esta soledad es distinta a la del principio, Otra vez el caballero aparece pero ahora recordándole que tiene un contrato pendiente. Debe matar a alguien todavía. En este momento Ricardo Decide matar a Ricardo Jordán. Firma el contrato y le dice “ya está, estamos en el terreno de la voluntad”.-
En este momento Ricardo pudo realizar un acto ético. ¿Qué nos conduce a afirmar esto respecto de Ricardo?: Inmediatamente después de su acto vuelve Estela. El le dice: “Estela permítame trabajar junto a su lado”.- Ese respeto por el otro es nuevo en él, además ya no hay señales de culpa.-
No se trata de un ser bondadoso y humanitario, ese respeto es ético por que fue él quien se autorizo a si mismo a ejercitarlo.-



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