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Responsabilidad sobre la propia construcción de una identidad

por De Sousa, Rosa Paula, Fuentes, Fatima Marisa

Entender la identidad a partir del circuito de responsabilidad

Einar Wegener es un artista reconocido de la Dinamarca de principios del siglo pasado. Casado con Gerda, también artista plástica pero de reconocimiento mucho menor que él hasta el momento.

En los primeros momentos de la película vemos como ante la ausencia de la modelo de una de las obras de Gerda, ella le pide a su esposo que pose para su cuadro. A partir de ahí se desencadenan ciertos eventos que dan cuenta de una transformación que se gesta en el interior de Einar. El “vestirse como mujer” pasa de ser un juego a algo más. En este pasaje, su esposa interviene como cómplice y facilitadora de cierto deseo que Einar aún no reconoce como propio en este punto: convertirse en mujer.

Es importante entender que existe un factor fundamental que incide en esta historia, esto es el momento histórico en el que se desarrolla. Pensar una sexualidad o una identidad de género que salga de la “norma” no era algo común en esa época, ni mucho menos. Los cambios culturales, sociales y jurídicos, los avances médicos y los estudios de género de los últimos sesenta años hacen que hoy en día podamos pensar la resolución del dilema que se le presenta a Einar de una manera muy diferente. La psicopatología de la época señalaba a personas en la situación de Einar como enfermos, desviados, locos. Hoy en día la legislación sobre los derechos que se ven implicados en el desarrollo del género autopercibido, brindan un marco de protección (aún no eficaz al cien por ciento pero sin dudas mayor a lo se podía tener acceso en el siglo XX) para las personas trans.

Volviendo a la trama, nos resulta interesante destacar que en la cronología del film existe un momento que aparenta ser inaugural en el recorrido hacia la construcción de una identidad nueva para Einar. Ese momento en el que Gerda le solicita que se ponga las medias, zapatos y vestido de su modelo con el “inocente” propósito de culminar su obra, nos abre la puerta hacia los sentimientos que la suavidad de estas prendas sobre la piel despiertan en el protagonista. Del mismo modo que en su rostro leemos la extrañeza que estos sentimientos suponen para Einar, podemos decir que el contenido de las formaciones del inconsciente a veces significan la misma sensación de ajenidad. Respecto a este punto, Freud, en "La responsabilidad moral por el contenido de los sueños" nos habla del caso de los sueños que expresan impulsos inmorales, incestuosos y perversos, o deseos homicidas y sádicos.

“Frente a algunos de esos sueños el soñante reacciona despertándose angustiado; en tal caso, la situación ya no da lugar a dudas. La censura ha dejado de actuar, el peligro fue advertido demasiado tarde y el despliegue de angustia viene a representar el sucedáneo de la deformación omitida.” (Freud, 1925).

Para entender los términos en que discutiremos la responsabilidad en "La chica danesa", retomaremos el texto de Freud donde nos responde acerca del qué hacer con eso que se aparece desde nuestro interior como ajeno o como extraño:

“Desde luego, es preciso asumir la responsabilidad de sus impulsos oníricos malvados. ¿Qué otra cosa podría hacerse con ellos? Si el contenido onírico -correctamente comprendido- no ha sido inspirado por espíritus extraños, entonces no puede ser sino una parte de mi propio ser” (Freud, 1925)

Ahora bien, la escena que dijimos, supuestamente inaugural, nos da acceso a hechos del pasado y del futuro que, si bien son llevados adelante por este personaje como hechos sin mucha importancia, pasan a tomar un tinte diferente a partir del desencadenamiento del circuito de responsabilidad. Para Einar, el beso a un amigo de la infancia, para quien aún destina cierto afecto, elogiar un camisón de la esposa y luego vestirlo debajo de su vestimenta masculina, y detenerse en el maquillaje de Gerda, son escenas que carecen de relevancia para la construcción de su identidad como Lili. Sin embargo, estos hechos relacionados con su “costado femenino”, conforman los antecedentes de un primer momento en el circuito, y serán releídos más tarde, luego de que el sujeto sea interpelado. Es decir que el contacto con las prendas femeninas instaura un primer momento significativo. Allí, algo en él se conmueve. Entonces podemos decir que en nuestro caso de estudio, el momento uno y dos del circuito se fusionan en la misma escena.

En ese historial de antecedentes, fijamos los puntos de retorno a los que se remitirá el personaje principal desde el momento en que es interpelado y cuestionado respecto de su propia identidad. D’Amore en “Responsabilidad subjetiva y culpa”, nos aclara la naturaleza de este segundo tiempo en el circuito de la responsabilidad subjetiva:

“No responde cronológicamente sino con lógica de retroacción, hace que vuelva sobre una acción que ya sucedió. Se lo puede resumir en la forma interpelativa mínima: ¿Que dije?, ¿Que soñé?, etc. De modo que, es esta interpelación la que me hace volver sobre lo dicho.” (D’Amore, 2006).

A esta conceptualización que hace D’Amore respecto a la modalidad en la que opera el segundo tiempo, podemos agregar que el circuito de responsabilidad no es unidireccional, sino que pareciera retroalimentarse; es decir que desde un fin "provisorio/rudimentario" se puede avanzar (o retroceder) hacia un nuevo inicio en el ciclo: cada respuesta a la interpelación posiciona al sujeto en un lugar diferente y esto desencadena nuevas acciones que reinician en el momento primero. A su vez esto motiva nuevos movimientos internos que también desencadenan nuevas respuestas. Por ejemplo, en el caso de la historia que estamos analizando, el posar por primera vez para Gerda es un momento inaugural que termina teniendo más peso que otros "primeros momentos" ya que lo enfrenta directamente con la sensación de estar en el cuerpo de una mujer. Se trata de un momento en que se moviliza algo interno y que dispara ciertas respuestas que Einar elabora con las herramientas que tiene: primero lo toma como divertimento, luego como hábito dentro de los juegos en la intimidad de la pareja y luego como el escenario para pensar “ser mujer”.

Un momento que nos interesa destacar en la película nos muestra a Gerda y Einar yendo a un baile. Él no quiere ir, por lo que Gerda le propone un juego: que “se haga pasar por otra persona”. Einar asiste entonces como Lili. La preparación para el evento nos muestra a la pareja divirtiéndose: buscan la vestimenta necesaria, medias, zapatos de mujer, peluca; Gerda retrata a Lili, que posa provocativamente. Hasta ahí es todo un juego.

Ya en el baile, Gerda deja sola a Lili, y es abordada por Sandahl, hasta el momento un extraño. Sandahl intenta seducirla, le propone ir a otro lugar para estar más tranquilos y lo besa. Lo que allí se produce lo vuelve a interpelar a Einar. Donde él creía que lo tenía todo controlado y que era todo un juego, el disfrazarse, posar y hasta hacerse pasar por una mujer, se produce un impasse. En el momento del beso, a Einar se le llenan los ojos de lágrimas, y sale corriendo; le pasó algo allí, algo que no esperaba, que lo interpela. Es decir, que lo lleva a preguntarse por lo que acaba de pasar, por lo que acaba de hacer, y por qué eso lo afecta de esa manera. Es por eso que ubicamos este momento como sumándose al tiempo dos ya descrito, operando en la misma dirección. Acceder al beso de Sandahl suscita nuevos interrogantes respecto de quien es y por qué actúa como actúa. Vale destacar que esta escena, en la que se ve a sí mismo besando a un hombre y respondiendo a la mecánica del cortejo, lo desconcierta a tal nivel, que la respuesta, al ver que Gerda atestigua esta imagen, es huir (huir del plano, podríamos decir).

Posteriormente al rencontrarse con su esposa, Einar le pregunta “¿Cómo estuvo? ¿Lili se divirtió?”, haciendo referencia a la noche anterior, y obviando el asunto del beso con Sandahl. De esa manera coloca en el plano de lo ajeno esa escena, no “haciéndose cargo” de la situación. Y se lo dice a su mujer, ante su cuestionamiento, con las siguientes palabras: “pero no fui yo todo el tiempo; hubo un momento en que solo fui Lili. Y creo que él se dio cuenta.” Así, al no poder darle a su esposa una explicación (pero sobre todo, al no poder dársela él mismo), pronuncia esas palabras, en un intento de dejar todo el asunto fuera.

A todo esto, Gerda le dice que Lili no existe, que la inventaron, que era un juego, en un intento de recuperar a su marido. Einar le contesta “ya sé, pero después... algo cambió”. Se trata de un momento clave, en el cual él reconoce que paso algo allí, que algo cambió en él en el momento del beso, momento en el cual el juego dejó de ser tal; y en que él dejó de ser Einar disfrazado, para ser completamente Lili. Einar es nuevamente movido a buscar una respuesta a una interrogación que irá respondiendo de diferentes maneras en el transcurso de la película.

El llamado a responder

D’Amore nos dice que “la interpelación es en términos económicos lo que genera una deuda por la que hay que responder” (D’Amore, 2006). Volver al surco de lo moral, con una respuesta (sentimiento de culpa, proyección, negación, intelectualización, formación sintomática) desde lo particular, tapona la dimensión ética y allí no hay singularidad, siendo que el sujeto no responde desde su deseo, sino que responde por ejemplo con lo que la sociedad espera que diga o haga. En nuestro caso, responder a lo que la sociedad de la época le propone a Einar es posicionarse como un desviado, un enfermo (que tiene que curarse o recluirse) pero sin embargo él decide poner en riesgo su vida para responder a su deseo.

A continuación señalaremos algunos momentos en la película que nos muestran cómo la sociedad le da un marco a las acciones de Einar que implican nuevos cuestionamientos en su realidad.

Hay un momento en que Einar cae al piso, víctima de espasmos estomacales. Va al médico a quien le informa que tales dolores coinciden con hemorragias nasales que se presentan mensualmente. El médico le pregunta si tiene hijos con su mujer a lo que él contesta que no. El doctor le dice que la explicación más probable es que se trate de un desequilibrio químico, que eso explicaría el dolor, el estado confundido de masculinidad y la infertilidad. Le aplican radiación para curarlo.

Acá se puede ubicar un síntoma ya existente previamente, cuyas manifestaciones serían su infertilidad, el sangrado mensual, y los dolores estomacales, síntoma que lo que vino a taponar es precisamente su verdadera identidad sexual. Lo ubicamos, sin embargo como respuesta a la interpelación, ya que se incrementa la frecuencia justo en este momento que Einar está viviendo, tanto así que lo llevan a ir al médico para consultar por ellos.

Le preguntan luego del tratamiento con radiación como se siente, y Einar contesta: “lastimó a Lili”. El médico le dice a Gerda que los pensamientos aberrantes de su marido siguen presentes. Le dice que está demente.

Respuesta en la dimensión ética: Responsabilidad subjetiva

La noche en la que Gerda arregla una cena con Einar y Hans, el amigo de Einar, y este último no se presenta, quien sí aparece es Lili cuando Gerda y Hans van a la casa a verlo y ver sus pinturas. Esa noche, antes de dormir, Einar le pide a Gerda un camisón para acostarse a lo que ella responde con cierta angustia “no, jamás hemos hecho eso... Lili jamás ha pasado aquí la noche”. Pero lo resulta clave escuchar lo que dice Einar en esta situación: “no importa lo que me ponga. Cuando sueño, son los sueños de Lili”.

En dicha escena ubicamos un momento en el cual se produce un cambio: al pedirle a su mujer un camisón para dormir, Einar ya no solo hará de Lili por momentos y a modo de juego, sino que, Lili va a quedarse; es más, al decirle a su mujer que cuando sueña, es Lili la que sueña, lo que hace es resaltar lo poco que queda ya de Einar. Soñar con los suelos de Lili es reconocer que ya no es una realidad ajena. Es iniciar el camino hacia el momento tres del circuito. En este sentido leemos un nuevo rumbo, un nuevo perfil en sus respuestas.

A esto se agrega la escena siguiente, en la que Einar, vestido de Lili, le dice contento a su mujer “ahora que volví, ¡puedo volver a posar para ti!”.

A continuación, no acompaña a su mujer a uno de sus eventos de arte y la recibe a la noche con una cena para festejar, vestido de Lili. Gerda le reprocha a Einar no haberla acompañado, y angustiada, le pide ver a su esposo, que lo vaya a buscar, que necesita abrazarlo, a lo que él contesta que no puede hacerlo. En esta instancia se concreta el tercer momento. Se concreta ya que es un momento en el que el protagonista responde desde su posición como sujeto, es decir desde la dimensión ética; hay allí singularidad (por lo que desfallece el particular previo). Allí hay acto ético. Dicho tercer tiempo es el de la responsabilidad subjetiva.

Es en este sentido que la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de lo que se dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo inconsciente que causó la formación.

Ahora, para que la interpelación tenga lugar, tuvo que producirse algo que a la persona le genera culpa, y es por ella que hay que responder ¿culpa por qué? “por haber cedido en su deseo”, diría Lacan. Y responder desde la propia responsabilidad subjetiva no es tarea fácil sino que muchas veces requiere de rodeos previos, y muchas otras, nunca se logra. Hacerse responsable subjetivamente es lograr una relación más ética con el deseo dando lugar a lo singular de la historia o novela personal.

De este modo podemos decir que en este caso, lo que motoriza al circuito es asumirse como mujer partiendo de una expresión de ser mujer, presente desde siempre pero que aparece en escena a partir de la puesta en marcha del circuito de responsabilidad. Nuestro personaje responde desde la singularidad.

Como Gerda insiste en que busque a su marido porque lo necesita, él le dice q va a tratar, entonces ahí se produce como un retroceso.

Entonces al día siguiente Lili se viste como Einar y le dice que la ama y que va a ir a buscar una respuesta a lo que le pasa. Le dirá a un médico “no puedo seguir viviendo sin saber quien soy”, pero ve que en su planilla escribe “esquizofrénico” y se va rápidamente. Eso demuestra que él ya sabe que “loco” no está, que no es eso lo que le pasa.

En otro momento habla con Hans, su amigo de la infancia, y le dice “cada mañana me prometo que pasare todo el día como Einar. Pero “ya queda poco de él... a veces quisiera matar a Einar”. Con esta reflexión podemos presumir que el momento tres no implica un cierre del circuito sino que es un nuevo terreno ganado para el sujeto pero que no anula retrocesos. Cuando Gerda se enoja, consulta al médico para “arreglar esto”, investiga en la biblioteca, habla con Hans (tal vez quien fue su primer amor). Todas estas son instancias de reflexión concreta sobre cómo resolver el dilema de quién es Lili.

Continuaremos con algunas escenas que nos hablan de cómo el sujeto responde ya no desde la lógica de lo moral o de la exigencia cultural, sino desde su propio deseo.

Le pregunta Gerda si ella le hizo eso, y es responde que no... “ayudaste a Lili a cobrar vida, pero ella siempre estuvo ahí... esperando”. Gerda le pregunta si quiere ver a un doctor más. Y van. Allí el médico le pregunta “¿Qué explicación le da a lo que está viviendo sr Wegener?” y anuncia una guía en su discurso: “la verdad es que creo que soy una mujer”.

La situación del médico también es compleja. En el contexto del modelo científico vigente en esa época, las prácticas de este médico son tildadas como propias de “un loco”. Le explica a Einar que en su momento conoció a otro hombre con su mismo problema y le dijo, en contra de sus colegas, que intentaría operarlo para transformarlo en una auténtica mujer. Al final huyó y no se supo si la cirugía tendría éxito o no. Le cuenta que son dos operaciones, en la primera se retiran las partes masculinas y en la segunda se construye una vagina. Einar decide operarse.

El modo en que opera este procedimiento quirúrgico que significa reafirmarse como mujer en el mundo, nos muestra como el tercer momento viene a ejecutar, a ligar toda la historia del sujeto. La escena en que hablando con Sandahl le dice “Dios me hizo mujer, el doctor está curando la enfermedad que era mi disfraz” confirma esta reflexión. Aun al someterse a la segunda operación y poniéndose en riesgo de muerte dice “soy completamente yo”

Conclusiones

Sin pretender hacer un diagnóstico presuntivo ni mucho menos, concluimos que lo que motoriza al circuito de responsabilidad en el caso que analizamos debe entenderse en términos de las formulas de sexuación que Lacan explica en la clase 7 del seminario 20: la sexuación responde a una lógica que excede al sujeto. En ella se lee como se inscribe la marca del Otro en los cuerpos. Particularmente en el caso de Einar, esa marca no atenta contra ley sino que por el contrario se posiciona con un si a la función fálica y se aleja de la mera biologicidad que se le enfrenta.

Allí, en esa acción de salir de la "norma" que introduce una terceridad, una novedad respecto a las respuestas posibles frente a eso que lo interpela: vemos como nuestro personaje toma una decisión para ir en línea con su deseo. Esto nos muestra que los mecanismos de cumplimiento del deseo movilizan las acciones del sujeto aun cuando la biología y lo cultural (que propone la sociedad de la época) marcan una dirección opuesta.

Bibliografia

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.

Freud, S. (1925). La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu Editores, 1984.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. En Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Lacan, J. Seminario 20, Aún, Cap. VII, Paidós, Bs.As.1995

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. IV. Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Salomone, G. Z. (2006). El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Ezequiel Aducci  » 12 de septiembre de 2016 » fe.aducci@gmail.com 

Me parece interesante la lectura que hace el autor acerca de Einar y un acto ético que habla de la responsabilidad subjetiva en tanto muere como hombre y “nace” como mujer. Sobretodo porque dicho acto se encuentra perfectamente fusionado con un efecto sujeto, en términos de Lacan, a partir de aquellos movimientos simultáneos de alienación y separación que llevan a Einar a sacar a Lili de su interior. A mostrarla desde un plano imaginario donde la imagen femenina se hace presente para todos, donde Einar pasa desapercibido, donde un hombre no está frente a los ojos de los otros, sino la figura de la bella mujer en la que se convierte.

Desde el principio del film, el protagonista se muestra delicado, sensible a cuestiones que no hacen al hombre de aquella sociedad. Observa a las mujeres desde una propia femeneidad desconocida como tal: las ve en cuadros, las ve cambiarse, atiende a cuestiones como el maquillaje de su esposa, a la vestimenta de la primer escena donde posa para ella con las medias y el vestido de aquella mujer que no pudo asistir para trabajar con Gerda. Y su expresión lo muestra atónito, como si hubiera un deseo plantado pero no planteado. Mira fijo, su boca se mueve, su expresión esconde algo. Lili ya existía, solo que vestía de pantalón y camisa. Estaba presa bajo el nombre de Einar, condenada a la continuidad de lo que su mundo le demanda, viviendo en un pantano plasmado en aquel diálogo (posterior a la escena en donde Gerda critica que su marido siempre pinta pantanos) en donde ella comenta “A veces, siento que vas a atravesar el lienzo y te vas a esfumar. En el pantano. Como la cometa de tu amigo cuando eras niño”, culminando con una reflexión de él:“...no te preocupes. No me esfumaré en el pantano. El pantano está dentro de mí, tontita”.

Sin embargo, Einar necesita de su entorno para ser Lili. Su esposa termina por aceptar algo que parece inexorable desde comienzos del film, su marido es una mujer, y ella lo acompaña en todo momento. Por otro lado, es pertinente mencionar aquella escena en donde Lili entiende que Henrik la pretende aún sabiendo la verdad de aquella identidad que está muriendo. Lili encuentra un lugar para poder desplegar la subjetividad, espacio cedido ante su convicción sobre su sexo y su incomodidad por seguir mostrándose como el hombre que ya no es, quizás, a partir de este último acontecimiento en donde se besa con aquel apuesto caballero.

En conclusión, el hecho de haber encontrado a personas como Henrik, o al médico que le hará la operación definitiva, así como también el acompañamiento de Gerda en las decisiones del personaje encarnado por Eddie Redmayne, llevan a éste último a poder desenvolverse como sus sentidos demandan. Pienso que por sobre todas las cuestiones que acontecen en el film, el acto ético de Gerda en cuanto a aceptar una realidad que ella también sabía desde los inicios, aunque vedada, es el verdadero eje que lleva al desenlace de esta historia: ¿Habría podido Einar sacar de su interior a Lili sin la nueva posición de responsabilidad subjetiva de la que Gerda se hace cargo, luego de que ella misma ayudara inconcientemente a su salida del pantano?.


Película:La chica danesa

Titulo Original:The Danish Girl

Director: Tom Hooper

Año: 2015

Pais: Estados Unidos

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