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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I - Prof. Tit. Reg. Fariña, Juan Jorge Michel

Profesora de TP: Soledad Pérez Michielli
Comisión de TP: Nº 18
Alumnas:
Orellana, Adriana M. – LU: 17.219.391-0
Prutscher, Gisele Anabela - LU: 32.145.835-0

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

PELICULA: LA CINTA BLANCA
TITULO ORIGINAL: Das weiße Band
TITULO ALTERNATIVO: The white ribbon (título en inglés)
ORIGEN: Alemania, Francia, Italia, Austria.
DIRECTOR: Michael Haneke.
GENERO: Drama.
DURACION: 144 Minutos
AÑO: 2009
Breve reseña:
La acción transcurre en un pueblo protestante del Norte de Alemania, hacia 1913/1914 en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Es un pueblo en el cual se hallan todas las clases sociales concentradas en un pequeño espacio, en el que todos se conocen, y caracterizado por un tipo de sociedad represora. La educación de los niños incluye el castigo físico y no existe posibilidad de expresión ni participación por parte de éstos. Los protagonistas principales de la historia son el barón, el pastor de la Iglesia y los niños del coro, un doctor viudo, la partera y el profesor de la escuela. En el pueblo suceden una serie de extraños e inexplicables incidentes que adquieren la forma de un ritual de castigo. El profesor observa que en la mayoría de esos acontecimientos, los niños del coro habían estado, antes o después de los hechos, con las víctimas. En una ocasión, una de las niñas, Erna le pregunta al profesor si los sueños se cumplen, relatando que había soñado que le harían daño a uno de los niños del pueblo. Él la tranquiliza diciéndole que no se cumplen, pero la niña insiste indicando que tuvo otro sueño, referido a que su hermano enfermaría, que efectivamente se cumplió. El profesor refuerza la negativa, y olvida el incidente. Posteriormente sucede el daño anticipado por la niña. Debido a la gravedad de los acontecimientos se convoca a unos inspectores para que investiguen los hechos acaecidos. El maestro recuerda el relato de Erna y la lleva ante ellos, para que la interroguen. Pero la investigación es infructuosa. El maestro también interroga a los hijos del pastor, y a este mismo le comenta su sospecha de la intervención de los niños en los crímenes acontecidos. El pastor lo considera un agravio, fruto de una mente enferma, y lo conmina a no repetir ante nadie su hipótesis. El maestro accede y continúa como si nada hubiera sucedido. De ahí en más la historia parece diluirse, los rumores que circulan, adjudican la comisión de los hechos al doctor y la partera que abandonaron el pueblo, mientras todo sigue en aparente calma, salvo por la irrupción del devenir histórico que anuncia el advenimiento de la primera Guerra Mundial.

Tomamos como personaje, para dar curso al análisis, al profesor de la película “La cinta blanca”. La elección radica en que hallamos un paralelismo entre la responsabilidad de lbbieta y el profesor, ya que esta no se halla en relación a las muertes y/o torturas acontecidas sino en función del vínculo existente entre el deseo y su palabra o su silencio respectivamente.

Para pensar el circuito de la responsabilidad puntuamos los tiempos lógicos que lo componen.
Entendemos como tiempo 1: “…donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizado…” . Pero, este tiempo no está libre de motivaciones inconscientes, que se expresan más allá de la intención del yo del sujeto.
Recortamos en la película como tiempo 1, el momento en que la hija del administrador le cuenta su “sueño premonitorio” al profesor y éste lo desestima. Así, la acción se condice con el universo y representaciones vigentes, tratando de calmar a la niña y sin darle importancia a su palabra. En este contexto la palabra de los niños no tiene lugar. A continuación comentamos la viñeta.
El profesor va a la casa del administrador para pedirle el carro para ir a ver a su prometida. El administrador no estaba en la casa en ese momento. Recorriendo la sala, se asoma por una puerta y ve a la hija del administrador junto a su hermano bebé. Allí se produce un diálogo entre la niña y el profesor.
La niña le pregunta al profesor si los sueños pueden cumplirse y le cuenta que sueña que algo terrible le sucede a Karli, el hijo retardado de la partera. El profesor intenta calmarla: “Fue un sueño. No lo tomes tan en serio. Los sueños no se cumplen. Olvídate de esas cosas.” A esto, la niña le contesta que a veces sus sueños se hacen realidad, como la enfermedad de su hermano ocasionada por la ventana abierta de su habitación. “¿Qué estás diciendo? ¡Es absurdo!”, le responde el profesor.

Este tiempo 1 del circuito de la responsabilidad, “se ve confrontado en un tiempo 2 con algún indicador que le señale un exceso en lo acontecido otrora” .
Como tiempo 2, ubicamos el momento en que el profesor se ve confrontado con el suceso de la tortura de Karli. Efectivamente el niño es víctima de terribles atrocidades. Ante esto, el profesor retoma aquel primer suceso de la declaración del sueño de la niña.
El profesor relata: “Cuando me acordé, dudé en contarlo a las autoridades. Tan absurda coincidencia podía poner en riesgosa reputación y la paz de la familia del administrador. Pero cuando me enteré que Karli podía perder la visión, hice a Erna ir hasta la escuela para que contara a los policías su sueño.” “Volví a pensar en el sueño de Erna. Si Erna no lo había soñado, pero sabía que Karli sería torturado, ¿quién se lo había dicho a ella? ¿Alguien que ella no podía denunciar?”
El tiempo 2 interpela al sujeto a responder sobre el tiempo 1, el sujeto es llamado a responder, a tomar la palabra. La interpelación subjetiva hace que se ponga en marcha el circuito, de esta manera se resignifica la acción correspondiente al tiempo 1. Se abre entonces como respuesta a la interpelación un abanico de posibilidades. El sujeto es interpelado por aquel acto que vive como ajeno, pero que le pertenece.
En este caso, podría pensarse algo del orden de la culpa en relación al cambio de conducta del profesor: comienza a cuestionarse los sucesos, lleva a Erna para que sea interrogada por los inspectores, decide investigar y hasta interroga a los hijos del pastor. Entendemos la culpa como el reverso de la responsabilidad, que aparece allí donde la responsabilidad del sujeto se encuentre ausente. El profesor también le informa al pastor sus sospechas acerca de sus hijos como posibles actores de las torturas de Karli y otras sucedidas en la aldea. Sin embargo, el pastor le prohíbe volver a cuestionar o contar algo de esto. En la película no pareciera que el profesor continuara sus investigaciones sino más bien, quedan acalladas estas sospechas y todo lo que respecta a estos crímenes padecidos por los habitantes de la aldea. Gabriela Salomone distingue dos nociones bien distintas de responsabilidad: la responsabilidad deontológico-normativa (moral, código, leyes) y la responsabilidad subjetiva (que hace a la experiencia del sujeto deseante). El profesor parecería degradar a una responsabilidad moral eso que lo convoca a responder desde el campo de la responsabilidad subjetiva. Es la culpa la que hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder. El tiempo 3, sería aquel en el cual el sujeto debe poder responder por sus actos, asume así la responsabilidad subjetiva, esto es el efecto sujeto, la singularidad en situación, que se corresponde con el segundo movimiento de la ética.
En este personaje la culpa anestesia, actúa como tapón y obstrucción de la emergencia subjetiva. Como lo explica D’Amore “saberse culpable implica pasar por una experiencia analítica de deseo inconsciente que, una vez más, ob-liga. Sin dudas es más sencillo querer des-ligarse del asunto, no querer saber nada de ello”

No podemos pensar en estas cuestiones del lado de un tiempo 3, que implicaría el advenimiento de un nuevo sujeto, verificando la responsabilidad subjetiva en relación a un acto que produzca S. Se trataría más bien de un cortocircuito ya que, si bien en un primer momento decide investigar, luego acalla esta posibilidad y sus sospechas respecto del sueño de la niña como posible confesión. Igualmente estas acciones llevadas a cabo darían cuenta más bien de una postura moral, en relación a efectuar actos que “debiera” haber concretado antes, pero que nada dicen de su posición como sujeto deseante, de algún modo de involucrarse en relación a su deseo. Si bien resignifica lo desestimado anteriormente, no cuestiona su falta de intervención, no se implica en ella, redobla la apuesta al justificar”se” diciendo que “se olvidó” y posteriormente que “temía por el honor de las familias”. Sus acciones quedan en el terreno de lo particular, en el ámbito de la moral, pero no hay lugar para el surgimiento de una singularidad, no hay nada en el accionar del profesor que haga tambalear las consistencias previamente instituidas, algo que deje atrás el limitado horizonte restrictivo de la legalidad previa.

“La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión.”
Podemos pensar en este circuito de la responsabilidad que venimos planteando, en esa hiancia entre el azar y la necesidad.
Del lado del azar, podemos pensar todo aquello que implica incertidumbre, que no puede ser acotado por lo determinado, mientras que del lado de la necesidad, queda la determinación que excede al ser humano.
Respecto a nuestra viñeta, podemos pensar del lado del azar, la coincidencia que el profesor va a pedir el carro del administrador y éste no está en la casa, justo allí se encuentra con la hija en la habitación contigua que le cuenta este sueño. Por el lado de la necesidad, podemos pensar en las características del modo de vida y educación del pueblo que contextualiza estos sucesos. Se trata de una sociedad rígida, moralista y opresiva. Resaltamos también en esta línea la anulación de la palabra de los niños, estos aparecen desprovistos de derechos, se trata más bien de menores que son educados de modo rígido, basados en la obediencia y los castigos excesivos.

Para hallar el lazo asociativo entre tiempo 1 y 2, es necesario pensar en una hipótesis clínica que sitúe la naturaleza de esa ligadura. Esta dará cuenta de cómo y por dónde se ubica el deseo del sujeto y si este asume o no la responsabilidad de haber cedido a su deseo.
Los problemas en la aldea comienzan con los crímenes cuyos culpables se desconocen. Luego, la niña se presenta contándole su sueño al profesor pero éste lo desestima sin tomarlo en cuenta, sin preguntarse ni siquiera, dónde podría la niña haber escuchado una idea semejante, si cree justamente que los sueños no son premonitorios. Ponerse a cuestionar esto, implicaría para el sujeto encontrarse con las fallas de la aldea como comunidad, como grupo, en su seno mismo, en los niños. A su vez, implicaría poner en cuestión una lógica de orden instaurado, cuestionar los sistemas representacionales vigentes y dar cuenta de su insuficiencia. Esto último se manifiesta en los comportamientos criminales de los niños como síntoma de una sociedad opresiva y totalitaria que anula la palabra de los niños y sus subjetividades. Siguiendo esta lógica, tomamos el efecto de lo siniestro, por su proximidad y conocimiento de lo que se encuentra oculto y es fuente de horror, para visualizar en el seno de las familias de la aldea, los secretos familiares, los castigos opresores y la educación punitiva que formaba a los niños en base a la obediencia extrema. Lo siniestro es justamente aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo familiar. “El único remedio contra la malignidad de lo siniestro es el develamiento de aquello que lo promueve, simultáneamente al establecimiento de un nuevo orden de legalidad familiar.” Sin embargo, este movimiento no parece producirse en el sujeto en cuestión, frente a los sucesos que lo interpelan.
El no preguntar, no cuestionar y dejar acallados los crímenes y sospechas sobre los niños de buena familia del pueblo, permite continuar con el orden social establecido, dándole consistencia.
Si pensamos al sujeto de eje de nuestro análisis, el profesor, podemos pensar entonces la falta como velada, de modo tal que no permita poner en juego su propia falta, dando así consistencia yoica como ilusión de unidad.
Retomando las conceptualizaciones de Freud sobre “Psicología de las masas y análisis del yo”, entendemos la estructura libidinosa de una masa basada en la distinción entre el Yo y el Ideal del Yo, el individuo renuncia a su Ideal del Yo, trocándolo por el Ideal de la masa, y a la doble naturaleza de la ligadura, identificación de yo a yo y substitución del ideal del Yo por un objeto exterior. Es así como “la racionalidad del hombre a solas se disuelve y sucumbe en la hipnosis de la multitud” .
Podemos pensar entonces en la importancia de la aldea como comunidad, como unidad totalitaria, devolviéndole al sujeto una ilusión de unidad, de completud, que le permite velar la falta como estructural, tanto a nivel de la comunidad como del propio sujeto en tanto barrado.
Podemos inferir que no se trata del advenimiento de un nuevo sujeto, un nuevo saber hacer con el goce del sujeto, sino que, a pesar de la interpelación de un tiempo segundo en el circuito de la responsabilidad, todo parece reacomodarse en la misma lógica que sostenga la consistencia yoica, velando la falta.
Al final de la película todo parece seguir igual, sin cuestionamientos, ni siquiera enjuiciamiento alguno, logrando así hacer consistir la ilusión de unidad de la aldea. El profesor no ahonda en aquella grieta que rompe con la quietud y el sistema instaurado en la aldea, sino que silencia toda sospecha, toda incertidumbre sobre los niños de la aldea, y con ello sobre su propia falta.

Epílogo: Al decir de Ulloa, “el olvido como valor social no solo instaura una cultura siniestra con todos sus efectos, sino que promueve la repetición de los hechos”

Bibliografía:

D´Amore: “Responsabilidad subjetiva y culpa”
Domínguez, María: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis”
Fariña, Juan Jorge: “Responsabilidad: entre necesidad y azar”
Fariña Juan Jorge: “Desastres y catástrofes”
Fariña, Gutierrez: “Veinte años son nada”
Freud sobre “Psicología de las masas y análisis del yo”
Mosca: “Responsabilidad: otro nombre del Sujeto”
Salomone, Gabriela: “El sujeto dividido y la responsabilidad”
Salomone, Gabriela “El sujeto autónomo y la responsabilidad”
Ulloa: “La ética del analista ante lo siniestro”
Viñar, Marcelo: “Especificidad de la tortura como trauma”



NOTAS

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