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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología

“Psicología Ética y Derechos Humanos”

2º Parcial Domiciliario

Cátedra: I

Profesor titular: Lic. Fariña, Juan Jorge

Profesora de trabajos prácticos: Lic. Dora Serué

Ayudante de docente: Lic. Tamara García Karo

Comisión: 02

Alumna: Tauil, Carolina A. - 32.267.223

2° cuatrimestre 2009

CONSIGNA

Elija un film, un texto literario o alguna otra producción narrativa en la que se despliegue y pueda ser recortada una singularidad en situación. En caso de elegir una creación cinematográfica, la misma debe haber sido realizada entre el año 2002 y el presente (salvo condiciones excepcionales, las cuales deben ser autorizadas por el docente a cargo de la comisión de trabajos prácticos).

En ese recorte, escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre.

Analícela ubicando sus coordenadas en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y explicitando la hipótesis clínica que establezca respecto de qué debe responder el sujeto, en términos de responsabilidad subjetiva.

Incluya las referencias relativas a las categorías de necesidad y azar, así como a las de culpa y responsabilidad.

Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente- el efecto particularista.

PRODUCCIÓN NARRATIVA: CUENTO CORTO

FUENTE: http://www.losmejorescuentos.com/cuentos/otros476.php
AUTOR: Juan Carlos Ramos
TÍTULO: La decisión de ser raíz
RELATO: Ese verano acaba una etapa de mi vida, a los dieciocho y con lo que me estaba pasando, creía que las cosas eran mucho más enormes. Cuando digo cosas me refiero a las cosas de la vida. A esas cosas que te pasan durante el día y que sin darte cuenta van tejiendo tú historia. Tu vida. Esas cosas que a veces sin pensar, y otras muy pensadas, a veces por accidente o azar, y otras por razonamiento y planeadas. Construyen tu día a día. Y que al pasar del tiempo se transforman en tu historia. Y a veces no solo en tu historia….
Las cosas enormes que a los dieciocho nos afectan tanto. A los cuarenta le damos poca importancia. Pero otras siguen siendo importantes y enormes no importa la edad que se tengan. Por ejemplo el amor. Si, creo que es un buen ejemplo. El amor no conoce de edades. Por supuesto que no conoce de edades. Y nos complica la vida durante toda la vida y en cualquier parte de ella. Se te cae encima en cualquier lugar y en cualquier situación. Puede ser en un baile, o en la escuela. En misa o en la calle. En un comercio o en un comité. En el trabajo o en vacaciones. No importa lo que estés haciendo, o que lo busques o no. El amor se aparece quizás donde menos lo esperas y en la persona que menos esperas. O no. A veces lo buscas, y lo esperas. Y a veces lo encuentras y tienes suerte, y a veces no. Somos dueños de nuestras vidas, pero no somos dueños de la vida de los demás. Quien crea lo contrario se equivoca. Y es por esto que a veces la búsqueda termina mal y a veces ni siquiera se encuentra. El alma gemela no aparece y nos quedamos solos. Pero realmente fracasa el que se rinde. El que no sigue intentando pierde más de lo que imagina. Por que el solo hecho de que la búsqueda te mantiene vivo. Creo que soy una persona que busco el amor toda su vida. Y a mi edad lo sigo buscando….
Pero a los dieciocho, como decía, y con las cosas que me pasaban ese verano, no solo estaba desilusionada del amor. Sino que por raro que parezca sentía que odiaba al amor. Y lo odiaba con todas mis fuerzas. Claro que tenia mis razones para ello…. Pero no nos adelantemos.
La casa del doctor Piovano era hermosa. Tenía un gran jardín al frente y un camino de piedras blancas que llevaban al alero del frente. Muchas flores de infinitos colores y un césped que siempre, no importaba la época, parecía el más verde de todo el barrio.
Mi mejor amiga, la hija del doctor Piovano, se llama Mercedes. Y es a ella a la que vengo a ver.
La encontré en su dormitorio. Como ya era mi costumbre, llegaba a su casa y solo pasaba. Como si esa casa también fuera MIA... y un poco así la sentía. Después de todo me críe con Mercedes. Y es la hermana que nunca tuve. Siempre fue más responsable, más centrada y mucho más inteligente que yo. Además de muy buena persona. De excelente persona. La mejor que jamás conocí ni llegue a conocer. Y esa tarde me comprobaría sin lugar a dudas que era y es mejor persona que yo….
La encontré, como casi todas las tardes a esa hora, estudiando. Me miro por sobre sus anteojos de metal y me sonrío. Solo un segundo. Eso le llevo descubrir que algo me traía. Y en la mirada se noto. No se como describir eso. Es como un cambio en la luz de sus ojos azules. Esos hermosos ojos que tiene. No se como describirlo, pero es como que en los ojos de ella se refleja lo que piensa o siente. Y nos conocemos tanto y de hace tanto que hemos aprendido a interpretar hasta los gestos y los ánimos.
Me dijo hola y se quedo esperando a que yo hablara. No se necesitan preámbulos entre amigas. Solo se habla y punto. Solo se dice lo que se viene a decir, sin vueltas ni rodeos. Para eso están las amigas. Para hablar, escuchar, entender y ayudar. Por eso estaba ahí, si alguien me podía ayudar era ella.
Por lo que mis primeras palabras fueron justamente esas:
- Me tenés que ayudar. Metí la pata hasta la nuca.
Que paso?
Estoy embarazada
No jodas.
Es en serio, estoy de casi dos meses.
Estas segura que no es un atraso?
Si, muy segura. Y vos me tenés que ayudar a sacarme este “problema”.
Se quedo en silencio por un rato que me pareció un siglo.
Luego se levanto, miro para fuera por la ventana, sin mirar en realidad. Se notaba que su cabeza iba a mil. Mas silencio…
Por fin, se dio vuelta y dijo:
- No, no contás conmigo en esta.
- Pero vos sos mi amiga. O no sos mi amiga?
- Si lo soy. Por eso te digo que no cuentes conmigo.
Creo que jamás después de esa tarde, fui tan elocuente, tan ingeniosa, tan ladina… le di mil razones por la que debía, tenia que ayudarme. Le hable de la sociedad, de las vecinas, de las puertas que se me cerraban por estar embarazada. Y ni hablar si me transformaba en madre soltera. Y llegando a ese punto le hable de lo poco capacitada que estaba para tremenda responsabilidad. Y que si me dejaba sola estaba realmente sola, ya que ni mis padres ni mi novio. Ex novio, en realidad, ya que el fulano se borro al enterarse. Harían nada para ayudarme. Estuve hablando por más de media hora. Y luego cuando ya no se me ocurría nada para decir. Le pedí que como ella estaba estudiando medicina, como su padre, seguro sabía que hacer, que tomar. Y que si no lo haría igual y con el riesgo de que me saliera mal.
Silencio, otra vez el maldito silencio.
Y otra vez, un siglo de espera.
Pero por fin se levanto, y abrió su placar.
Yo la mire como un niño que espera por su regalo prometido. Con las mismas ansias, con las mismas esperanzas.
Pero papa Noel no vino.
Y lo que saco del placard fue un gran pergamino. O mejor dicho EL PERGAMINO. Así con mayúsculas.
Yo sabía lo que era. Ella le dedicó más de tres meses de trabajo a ese pedazo de papel. Claro que como siempre la nota de tan fabuloso esfuerzo fue un diez. Pero lo que no entendía era que le pico para sacarlo ahora.
Lo desenrosco y lo estiro sobre la cama. Luego fue a su escritorio y saco un fibrón negro.
Se sentó en la cama tomo su pergamino y sin mas empezó a tachar con el fibrón uno a uno los nombres que escritos en tinta china formaban las ramas del árbol genealógico de su familia. El primer nombre tachado era el suyo. El de su padre y de sus tíos. Sus primos y primas. Su abuelo y sus hermanos. Los hijos de estos y sus hijos. En cuestión de segundos arruino un trabajo que le llevo meses. Yo estaba atónita. No entendía nada. Ella seguía con la tacha de nombres. Concentrada en lo que hacía. Como si nada en el mundo fuera más importante que el tachado de su pasado. De su familia…. Seguía sin entender nada.
De repente se detiene, me mira y me señala un nombre. Le hace un círculo. Lo subraya.
Un nombre. Unas fechas. Pero en otro color. Y en letras más grandes que los demás:
MARIA MERCEDES PIOVANO – 1879 – 1944

Me mira, y luego vuelve a mirar ese nombre. Guarda silencio un momento. Y luego me dice el discurso más importante que alguien me haya dicho jamás:
- Te quiero contar quien fue ella. Te quiero contar la historia de una chica que tomo una decisión en su momento. Y que gracias a esa decisión, hoy estamos acá hablando. Las decisiones que tomamos a veces no solo nos afectan. Hay cosas que hacemos que tienen su eco en el futuro. Y ella con una edad no mayor a la que tenemos ahora, tomo una decisión importante, tan importante que no solo afecto su vida, sino la de muchas vidas, incluyendo la mía. Te aclaro que no existe nadie vivo que me pudiera decir nada sobre ella. Lo que se, es por deducción y por algunas cartas que mis abuelos tenían guardadas. Ni siquiera tengo alguna foto que me muestre como era. Pero la imagino parecida a mí. Quizás herede sus ojos. Quisiera creer que no solo herede su nombre. Que también tengo algo de su carácter, de su temple. En realidad no se que tengo de ella. Pero se con certeza que de ella herede la vida. Y por eso quiero que sepas lo que yo descubrí de ella. Quiero que viajes en el tiempo, hasta el siglo pasado. Que te pongas en su piel. Que te imagines la vida en una sociedad mucho más prejuiciosa que la de hoy. Con reglas mucho más estrictas. Donde una chica, soltera y embarazada, si que era discriminada. Me imagino las noches de llanto. De cavilaciones. De sufrimiento que debe haber pasado. Me imagino lo difícil que debe haber sido. Pero ella era fuerte. Y tuvo los ovarios tan bien puestos que se enfrentó al mundo entero. No le importo el que dirán. Y le importo muy poco lo que creyeran los demás. Ella fue más fuerte que todos. Más valiente, más integra. Tengo el orgullo de llevar su apellido. Llevo el apellido de una madre soltera. Y también llevo el apellido de una gran persona. Una persona que tomó la decisión de ser raíz. La raíz de un gran árbol. Hecho de vida, de historias de vida. De personas. De familias. Donde nacieron personas y esas personas tuvieron más vida. Donde cada vida tiene su origen en una decisión. La decisión de ser raíz. No te voy a engañar, podría hacer algo para evitar que tengas esa vida que llevas dentro. Pero no lo voy hacer. Yo estudio medicina para salvar la vida, no para matarla. Hoy tenés una decisión que tomar. Y se que no va a ser fácil. Quiero que sepas que podes contar conmigo siempre, sabes que estoy para ayudarte y también para cuidarte. Sos mi amiga, sos mi hermana. Por eso jamás podría hacerte lo que me pedís. Por que se que te lastimarías en lo mas importante…. en tu alma.

Ese día llore como nunca. Llore de vergüenza, de miedo, de bronca. Llore tanto que al final comprendí que la que lloraba era mi alma. Pero no era un llanto de tristeza. Era un llanto de alivio. El peso de la carga había desaparecido. Y lo bueno de todo es que no llore sola. Sabía que jamás estaría sola.

Ya han pasado muchos años de esa tarde. Y los años no vienen solos. Construí mi vida. Tengo mi casa, un trabajo que me encanta y del cual vivo. Aprendí muchas cosas, a fuerza de prueba y error. Sufrí mucho…. Pero disfrute más. Me caí muchas veces, pero siempre me volví a parar. Trate de ser mejor persona, mejor vecina, mejor amiga. Y sobre todo mejor madre.
Hoy mi hija viaja a Córdoba. Va con su adorada tía y madrina, la prestigiosa doctora Mercedes Piovano, va a inscribirse en la facultad de medicina. Ella sigue siendo mi mejor amiga y mi hermana del alma. También es la culpable de la insipiente vocación de mi hija. Hay personas que afectan a otras personas. Que con solo tenerlas cerca nos mejoran. Mi amiga es una de ellas. Hace mucho tiempo ya que la conozco. Se dedica a salvar vidas. Y fui testigo de su primer acto medico. No fue en una clínica. Y todavía no se había recibido. Porque esa tarde, solo con palabras y destruyendo un trabajo hermoso, salvo una vida. Y según creo, la vida de muchos más. De todos los frutos que dará esta raíz.
Espero a que el coche doble en la esquina. Invente una excusa para no ir. En realidad quería que fueran solas. Es algo que quiero que hagan ellas. Además yo les tengo un regalo para cuando vuelvan. Lo vuelvo a sacar de su caja y lo lustro por enésima vez. Lo pongo sobre la mesa. Se que es muy anticipado y que quizás alguna critica reciba. Pero también es un acto de confianza y de orgullo de madre.
La chapa dorada dice: MARIA MERCEDES ALBARELLO – MÉDICA

ANÁLISIS DEL CUENTO

El análisis de este cuento recae sobre el personaje que cuenta la historia, esta chica (adulta al momento de contar la historia) que acude a su amiga Mercedes, para pedirle que la ayude a “sacarse el problema” al enterarse que está embarazada. Al recibir una respuesta negativa de su amiga, se replantea la desición tomada.
Siguiendo los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad, se intentará ir tras la responsabilidad subjetiva de la protagonista de la historia.
El primer tiempo lógico es aquel en el cual el sujeto lleva a cabo una acción con el objetivo de lograr determinado fin. Esta acción si bien es determinada por el yo del sujeto, es decir, desde la conciencia, sabemos que no está exenta de motivaciones inconcientes, de las cuales el yo nada sabe.
Se puede ubicar el primer tiempo de la responsabilidad en este cuento, en el acto mismo de la relación sexual donde la protagonista quedó embarazada; el objetivo de esa relación, de ese acto, no era concientemente el de la procreación, pero claramente era una de las posibilidades.
Los hechos de este primer tiempo, adquieren consistencia cuando se ven confrontados con un segundo tiempo, donde aparece la pregunta que resignifica lo acontecido previamente, la acción realizada en primer término, dando en este punto un primer espacio para lo singular de la situación. Por lo tanto, en el segundo tiempo, se puede decir que hay un efecto retroactivo, que obliga al sujeto a volver al tiempo uno. Es el tiempo de la interrogación, es el tiempo caracterizado como el de la interpelación; la realidad enfrenta al sujeto con que su acción sobrepasó su intencionalidad, sucediendo algo inesperado, y se pregunta sobre eso que aconteció. Este segundo tiempo sería en el que la protagonista decide abortar, o “sacarse el problema” en sus propias palabras. Y para hacerlo, decide pedirle ayuda a su amiga que estudia medicina, considerando que ella debe saber cómo hacerlo. Entonces, ante aquel primer tiempo, en el que la consecuencia fue un embarazo, en este nuevo tiempo, ella se cuestiona aquello: “¿qué hago con esto?”, y su respuesta es terminar con el embarazo.
Al recibir una respuesta negativa de su amiga, su primer reacción es intentar convencerla, desplegando una cantidad de motivos por los cuales el aborto sería la única alternativa; dichos motivos, en su gran mayoría referidos a cuestiones de otros, a la mirada ajena, a la no comprensión, al estar sola, y sólo al final plantea que aún no está preparada para semejante responsabilidad. Alega también, que si Mercedes no la ayuda, igual lo hará, aún corriendo el riesgo de lastimarse.
En el tiempo tres de la responsabilidad, hay una toma de posición ante lo universal. Este tiempo puede o no estar, no siempre se logra un cambio con respecto a la responsabilidad subjetiva. Para que haya un tiempo tres, el sujeto debe asumir el deseo, lo cual implica decidir asumiendo los actos, responder por ellos. Este tiempo no es predecible ni anticipable, es un efecto, dará lugar al acto ético, donde el sujeto ya no será el mismo que el del primer tiempo.
En esta historia, es posible encontrar este tercer tiempo, es posible hallar ese momento en el cual la protagonista se hace cargo de su deseo, donde se asume la responsabilidad subjetiva. Luego del despliegue de motivos que le da a su amiga, por los cuales debería ayudarla, la joven recibe una nueva respuesta de su amiga, concluyendo que no la va a ayudar a abortar porque lastimaría su alma, pero que siempre va a estar a su lado, pase lo que pase.
Luego de recibir estas palabras de Mercedes, la joven embarazada, llora y llora, se siente enojada, con vergüenza, y miedo, hasta que finalmente se da cuenta que ya no llora de tristeza, que llora de alivio, por sacarse la carga de encima. El tercer momento se ubica aquí, en la decisión de no abortar. Analizaré al esbozar la hipótesis clínica, el por qué tomo esta decisión como un cambio de posición, asumiendo la responsabilidad subjetiva, y no como un cambio que continua un guión escrito por otro, en este caso por su amiga.
Con respecto a las categorías de necesidad y azar, en este caso en particular, supondremos (como se ha hecho hasta ahora) que el fruto de la relación sexual se debió a un descuido o un cuidado insuficiente por parte de la pareja.
La necesidad, es una relación causa-efecto; para la necesidad hay una explicación científica. Se sabe que si se tienen relaciones sexuales sin protección hay un porcentaje muy alto de posibilidad de engendramiento, pero no es algo seguro, deben darse ciertas condiciones para que esto ocurra. El azar es entendido como todos aquellos fenómenos de los que no podemos predecir su resultado. Es posible ubicar el azar aquí en el hecho de que la muchacha haya quedado embarazada; la decisión de tener una relación sexual sin protección no tiene un 100% de probabilidades de terminar en un embarazo, pero hay un gran porcentaje de posibilidades. Por lo tanto, se podría decir que la joven (y su novio) confiaron en la suerte, que para ellos en eso momento no era tener un hijo, al menos de modo conciente. La acción es realizada no exactamente con intenciones de obtener una respuesta concreta.
Dado que la responsabilidad se ubica entre la necesidad y el azar, responsabilizarse es hacerse cargo de eso que aconteció.
Responsabilizarse es estar dentro del campo de la singularidad, porque el sujeto del inconsciente es el que se abre paso. En cambio, tiempo uno y tiempo dos están del lado de lo particular.
“El sujeto es responsable subjetivamente de aquello que desconoce de sí mismo, aún de aquello que el mismo de acuerdo a sus valores morales no estaría dispuesto a reconocer como propio, pero no todos los sujetos pueden cambiar su posición subjetiva a partir de las interpelaciones. Es importante considerar que para que haya responsabilidad subjetiva la culpa tiene que estar presente.”
La culpa es el reverso de la responsabilidad. Se la puede ubicar en el tiempo dos, ya que aparece cuando el sujeto se desentiende de su deseo. La culpa sería un sustituto de lo que está velado. En el caso de esta joven, la culpa que siente en ese episodio de llanto, que luego le abrirá las puertas a un tiempo tres, podría estar taponando aquel motivo por el cual no tomó las precauciones adecuadas para no quedar embarazada; motivo inconsciente, por el cual luego aparece la culpa al no poder asumir la responsabilidad de aquella acción. La culpa hace que el sujeto retorne a la acción del tiempo uno, aquella acción por la que se debe responder.
La interpelación de este tiempo dos, palpitando un tiempo tres, exige una respuesta más allá de lo que el yo conciente querría responder. Esa respuesta en este caso, correspondería a hacerse un replanteo de si realmente no quiere ni quiso tener a ese niño; por lo tanto la culpa de esta interpelación exige una respuesta que obliga al sujeto a volver al tiempo uno.
Hay una gran variedad de respuestas a la interpelación, dado que no siempre se logra el cambio de posición, no siempre se logra asumir la responsabilidad subjetiva. El sentimiento de culpa es una de ellas, la proyección y la negación son otras variantes entre tantas más.
Oscar D´Amore plantea que: “El efecto sujeto es también una respuesta a la interpelación, pero ya estamos hablando allí de una dimensión ética. Y eso implica la noción de acto en la que el sujeto se produce. De modo que, al hablar de efecto sujeto, estoy hablando del acto, y es ético, porque es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconciente.” Es en este efecto sujeto en el que se diluye la culpa. El autor se refiere a dimensión ética, ya que las singularidades hacen desaparecer al particular previo.
Por lo tanto es en este momento en el cual nos adentramos en un tiempo tres. El sujeto ya no será el mismo que el del tiempo uno, porque puede hacerse cargo de su deseo, pudiendo alejarse del campo de la moral y lo particular.
En la situación que aquí se está tratando, la culpa desaparece en esa misma escena donde la joven se da cuenta que llora de alivio, pudiendo asumir su deseo de tener al niño, y posiblemente sin darse cuenta, resignificar aquella acción del tiempo uno, depositando allí un deseo inconciente de tener un hijo.
En este caso, puede apreciarse que no había sujeto de la responsabilidad, había una culpa desparramada en varios actores (vecinos, ex novio, los padres, la sociedad… e intentó que en su amiga también), por los cuales ella decidía abortar.
Podría conjeturarse, que ella asume su culpa, se hace cargo, al no poder depositar la carga en su amiga. Que su amiga la ayude, era un modo más de sentirse extraña al problema; cuando esto no se logra, ella debe responsabilizarse, tomar las riendas de la situación y decidir si va a continuar con su idea de abortar o va a continuar con su embarazo.

HIPÓTESIS CLÍNICA

Las preguntas que surgen al momento de esbozar una hipótesis clínica, respecto de a qué es a lo que debe responder el sujeto, giran en torno al motivo por el cuál quedó embarazada (si no se cuidó, de ser así si era conciente de las consecuencias probables); al ¿por qué fue a pedirle ayuda a su amiga para abortar?, ¿por qué no siguió con su idea de abortar aún sin la ayuda de ésta?; ¿qué la movilizó realmente para darse cuenta que el alivio que sentía tenía que ver con la decisión de no abortar?.
A efectos de esbozar la hipótesis clínica resulta de mucha utilidad el texto de Ariel, Alejandro: "La responsabilidad ante el aborto". Para comenzar creo pertinente abordar la definición de acto: “Un acto implica una decisión tomada por fuera de los otros, sin los otros. Implica una decisión por fuera de lo moral (del bien y del mal). Es una decisión de alguien que no se retrasa, que no calcula. Es una decisión y no una acción. No es una acción moral, ni legal.” Lo que los demás ven de los actos de un sujeto, es una acción.
El mismo autor da una clara definición de la moral, como la pertinencia de la conducta de un hombre con respecto a otros hombres; la cual se sostiene del ideal del yo dominante en una época, es decir que se hereda, se transmite por la voz de los padres.
Desconocemos la época en la que ocurriría esta historia, pero siguiendo el relato, es evidente que no circula el castigo moral por el aborto; en cambio sí el castigo por la procreación antes del matrimonio y a tan corta edad. Eso sería lo que la sociedad, y lo que sus padres le demandarían, y al principio ella no puede sustraerse de ese mandato, al punto de creer propio ese guión. Pero lo que hace posible el ir más allá de este universo particular y moral en el que está inversa la joven, es el hecho de que su amiga no quisiera “lastimarle el alma”, de que su amiga le dijera que ella siempre iba a apoyarla. A partir de eso, la protagonista puede salirse del campo de la moral, salirse del guión ajeno; como dice Ariel en el texto “…entonces nos queda otra decisión por fuera de la moral, por fuera de la ley, por fuera de la pertenencia, por fuera de la creencia, por fuera de la familia, por fuera del estado, y también por fuera de la neurosis. La mayoría de los abortos, de las decisiones sobre los abortos, se toman por dentro de algunos de estos campos.”
Podría pensarse que no asumió una responsabilidad subjetiva, dado que tomó la decisión de no abortar luego de que su amiga le hablara, y le diera su apoyo para lo que sea, pero no para ayudarla a abortar. Pero dadas las circunstancias, es pertinente considerar que la decisión no es tomada inmediatamente luego de la negativa, sino que es un despertar luego de llorar y penar, y es allí donde aparece la responsabilidad subjetiva, en ese darse cuenta que el llanto era aliviador; en ese encontrarse con su deseo verdadero de tener a ese niño, más allá de lo que los demás pensaran de ella, y de las dificultades que se le presentarían.
¿Qué quiere decir esto? Que pudiendo haber continuado con su primera decisión (como dijo en un segundo momento, cuando manifestó que la ayude o no Mercedes, lo iba a hacer igual), ella logró comprender que lo que necesitaba era que alguien le dijera que no estaba sola, que no tenía que abortar porque el entorno y la sociedad la fueran a juzgar. Allí encontramos su cambio de posición, ya no como la chica que accidentalmente quedó embarazada, a la cual su novio abandonó por eso, la cual no recibiría apoyo de sus padres, y quedaría excluida de muchas cosas a causa de la opinión de los demás; sino como la chica que quedó embarazada por un “descuido” propio, y la cual acudió a su amiga más que en busca de una ayuda para abortar. Podría hipotetizarse que lo que realmente la llevó a buscar ayuda en Mercedes, no fue que ella era estudiante de medicina, sino justamente la certeza de que su amiga le diría que no podía ayudarla con eso. Cuando intenta convencer a Mercedes diciéndole: “…Y que si me dejaba sola estaba realmente sola, ya que ni mis padres ni mi novio. Ex novio, en realidad, ya que el fulano se borro al enterarse. Harían nada para ayudarme…” En realidad allí, leyendo entre líneas, le estaría pidiendo que no la deje sola en su deseo de tenerlo.
Resignificando de esta manera, el acto de la relación que la llevó a embarazarse, y su responsabilidad subjetiva ante esto, asumir su deseo de tener a ese bebé, a pesar de las dificultades que eso podría traerle a esa altura de la vida.
BIBLIOGRAFIA:

• D’Amore, Oscar: "Responsabilidad subjetiva y culpa". En La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Volumen 1.
• Salomone, Gabriela Z.: “El sujeto autónomo y la responsabilidad”. En La transmisión de la ética: Clínica y Deontología. Volumen 1.
• Michel Fariña, J. Lo Universal-Singular (Cap. III). En Ética: Un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
• Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: Un horizonte en quiebra. (Cap. IV). Eudeba, Buenos Aires.
• Mosca, Juan Carlos: Responsabilidad: Otro nombre del sujeto, en Ética: Un horizonte en quiebra, (Cap VIII). Eudeba, Buenos Aires.
• Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgrabación de clase teórica. Publicado en la página Web de la cátedra.
• Ariel, Alejandro: "La responsabilidad ante el aborto". Ficha de la cátedra de Psicología, Ética y Derechos Humanos, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.



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