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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humanos
Prof. Titular: Lic. Juan Jorge Michel Fariña

Segundo Parcial

Alumno: Candia, Santiago
L.U.: 29.042.635/0
Comisión: 1
Profesora de trabajos prácticos: Ianina Samolevich

Para dar comienzo a este escrito diremos que en el mismo procuraremos desplegar ciertos conceptos que hemos ido aprehendiendo a lo largo de la cursada y como estos se van entramando en las escenas elegidas, de una novela del Marqués de Sade, las cuales resultaran de un valor fundamental y necesario para poder materializar estos conceptos en lo que iremos desarrollando.

En lo que sigue a continuación haremos un escueto comentario del Marqués de Sade, autor de “La filosofía del tocador”, obra que hemos seleccionado para llevar adelante nuestro escrito. Sabemos que Sade a lo largo de su vida ha resultado ser un personaje envuelto en los más complicados escándalos, por lo general teñido de las practicas sexuales mas perversas, que en parte quedaron reflejadas en la obra por nosotros elegida. En cuanto sus practicas van adquiriendo conocimiento publico Sade se ve obligado a exiliarse, a ser privado de su libertad ya sea en instituciones asilares o bien en distintas cárceles. Sin embargo no solo fue recluido de la sociedad por su extravagante modo de vida sino también por sus escritos controvertidos, juzgados de pornográficos y de ir en contra de la moral de la época.

La filosofía del tocador se desarrolla en siete capítulos a lo largo de los cuales, el autor procura mostrar la instrucción sexual de una joven virgen llamada Eugénie, la instrucción la convierte en la mas perversa y libertina de las mujeres al punto que la misma exclama: “Heme aquí, pues a la vez incestuosa, adúltera, sodomita, y todo eso en una muchacha”. En el transcurso de la obra, la joven Eugénie no solo cree que puede alcanzar cualquier transgresión sexual, sino que se presentan blasfemando en contra de Dios y la religión, despotricando contra las normas sociales, procurando destituir los vínculos familiares, etc. Hasta el final del relato todo fluye en este sentido exceptuando las últimas líneas del mismo, en que todo puede ser resignificando a partir de un hecho. Para concluir con el breve resumen que estamos llevando adelante, quisiéramos presentar a los personajes que intervienen en el recorte que realizaremos: por un lado tenemos a Dolmancé y Madame Saint-Ange (quien se encargan de los cuidados y la instrucción de Eugénie), Madame de Mistival (madre de Eugénie) y Eugénie, la joven ya presentada.

La escena que ubicaremos en el primer tiempo de la responsabilidad subjetiva, se desarrolla en el punto en que la joven recibe una carta del padre diciendo que su madre se dirige hacia donde ella se encuentra alojada, porque supone que le han enseñado y la han instruido con las mas horrorosas practicas, para la moral puritana reinante en ese momento. Frente a las injuriantes palabras y las intenciones de Eugénie hacia su madre, sus instructores exclaman “¡Ah, qué insolente criatura! ¡Nunca vi nada parecido!” “Es cierto, ¡es una anormal!”. En este punto pareciéramos estar detenidos ante una joven con todos los semblantes de una transgresora social, que no obedece a ninguna ley social, que en apariencia se rige por su propia ley, recalquemos esto ultimo ya que volveremos a retomarlo. A raíz de las costumbres, dominantes en aquella época, Eugénie puede ser moralmente juzgada en tanto que su conducta se despliega a contracorriente de todos los valores compartidos por la sociedad. No dejemos de estar atentos que en este sentido nos encontramos en el registro de lo particular, propio de la idea homogenizarte de la moral y los investimientos propios de lo que podría ser una rebelde, ante la mirada juzgante de la sociedad en la que la joven se halla inserta. Resumamos lo hasta aquí dicho para poder pasar al segundo momento, Eugénie llega a la escena anterior como una joven que puede gozar de todo, que no existe una ley que determine como debe comportarse y cuales son los valores que deben respetarse. Pero principalmente aparece como una joven que se vanagloria de esta posición frene al mundo, posición que ha convertido en su modo de posicionarse frente a la realidad.

Hacia el final de La filosofía del tocador, entra en escena la figura de la madre diciendo lo siguiente: “ruego que me perdonen si llego a su casa sin avisar; pero se dice que mi hija está aquí y, como su edad no permite que aún salga sola, le ruego señora que me la entregue y nos deje marchar. Vamos Eugénie sígueme!”, a lo que al joven se niega y se inicia una discusión. Casi inmediatamente después del enfrentamiento entre la madre y su hija, esta ultima intenta poner en escena una practica fuertemente sexual con su madre, quien la rechaza con violencia y horror. Un instante después de lo ocurrido la escena recién presentada, Dolmancé obliga a Eugénie a coser los genitales de su madre. En esta escena ubicamos el segundo tiempo del circuito de la responsabilidad, tiempo en el que algo ocurre que interpela al sujeto resignificando el tiempo anterior, tiempo en el que la joven se presentaba como habiendo atravesado cualquier mandamiento o ley sagrada. Si pudiésemos separarnos por un instante de la violencia y del horror de la acción a la que se ve obligada la niña, podremos observar que este acontecimiento irrumpe de forma sorpresiva en relación a la forma en que venían desenvolviéndose los hechos. ¿Qué es lo que localizamos en este acto? Que por un instante, no cualquiera, Dolmancé encarna al Otro portador de la ley, es él, el encargado de introducir algo del orden de la castración, allí donde en apariencia todo es permitido.

Releamos la secuencia de los hechos en la diacronía en que fue presentada, existe un primer tiempo en donde Eugénie se presenta con un placer descontrolado, expansivo, desproporcionado, todo pareciera desenvolverse bajo esta lógica hasta que Dolmancé intercede desde un lugar distinto, desde el lugar del Otro portador de la ley. Este Otro interviene poniendo la ley en funcionamiento e introduciendo una prohibición, no se trata aquí de cualquier ley sino de la ley que prohíbe el acceso a su madre, que hay algo que no se puede poseer, acto que se materializa cuando Eugénie cose los genitales de su madre. A consecuencia de la desfiguración de la imagen paterna en esta joven, al punto de su casi desaparición, vemos como el Otro portador de la ley puede ser encarnado en un personaje cualquiera. Siendo Dolmance quien asume el lugar de prohibir el acceso a cierto objeto, la madre.

Frente a un acto de tal, que en otras palabras podríamos enjunciarlo como un hecho singular que posibilita la operación de un universal. “La llamada castración simbólica no es finalmente más que un concepto, que como tal no se realiza sino en formaciones siempre singulares, la escena virulenta que hemos descripto, no es sino un efecto significante singular, posibilitado por la existencia de la ley o por la condición simbólica de la especie” . Si introducimos los dos tiempos, que se despliegan en cierta diacronía, en el circuito de responsabilidad subjetiva debemos tener presente que no se desarrolla en un tiempo cronológico, sino retroactivo. Con esto intentamos decir que la primera escena de transgresión queda resignificada a partir de la segunda escena en la que se instaura la prohibición y algo de la primera posición del sujeto debe caer, todos esos ornamentos imaginarios con los que se presenta la joven caducan en el punto en que algo de la ley simbólica interviene haciendo emerger el sujeto del inconsciente. Entonces podemos adentrarnos a decir que esta situación interpela al sujeto, quien se ve llamado a responder por sus actos. La interpelación en este punto no se dirige al yo, al individuo transgresor de las normas sociales, sino al sujeto del inconsciente, al sujeto deseante, al que se lo interpela a responder por sus actos. Hemos adelantado que esta interpelación apunta a hacer caer toda la fachada imaginaria con la que se presenta Eugénie, haciendo advenir el sujeto del inconsciente.

Esto ultimo nos introduce de lleno en la hipótesis clínica, en relación a la cual nos parece prudente aclarar que: en tanto nos encontramos en el plano hipotético, lo que aquí sea dicho es resultado de moverse en un campo puramente especulativo y como tal no contamos con los elementos suficientes y las pruebas fehacientes para corroborar lo que aquí será dicho. Dejemos de lado estos rodeos para decir que, en forma retroactiva, podríamos decir, que Dolmance se encuentra allí reactualizando, con su brutal acto, que existe una ley que no puede ser transgredida, ley que resulta estructural del ser parlante y que se encuentra en lo más profundo del inconsciente. Ley que pareciera suspendida por la expansión con la que se presenta el goce de Eugénie. Para dar una vuelta distinta a lo que venimos planteando “diremos que el cortocircuito pone de manifiesto el quiebre del universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones, haciéndolo tambalear al enfrentarlo con la posibilidad de la destitución subjetiva” . En nuestro caso la irrupción de Dolmance rompe con la lógica particular con la que se desenvuelve Eugénie, al introducir el eje universal singular. La introducción de este eje plantea una escena distinta a aquella del goce excesivo con el que se muestra nuestra joven protagonista, al ponerse en juego la lógica del no-todo, la instauración de una prohibición viene a conmover algo de la posición subjetividad de Eugénie, como ya hemos presentado anteriormente.

En estas últimas palabras haremos referencia al tercer tiempo y, por consiguiente, a la responsabilidad subjetiva. Entendiendo por esta ultima, no una responsabilidad en términos morales y jurídicos, no se trata aquí del sujeto del derecho que debe responder ante la ley y ante determinados valores culturales y morales, sino de un sujeto que se produce por efecto del significante y que, si ante algo debe responder, es ante su propio deseo. En este sentido cabe indagar cual es la posición que asumirá Eugénie frente a sus actos, que retornan invertidos desde el tiempo dos, que responsabilidad asumirá frente a los mismos, cual será su posición en relación a los otros y en particular, frente a su deseo. En este tercer tiempo se funda la posibilidad de registrar el recorrido transitado y de anoticiarse acerca de la posición ocupa en relación al deseo, pero para ello resulta necesario que el sujeto haya adoptado una posición diversa con la realidad que se ve cuestionada.

Creemos que a lo largo de este escrito hemos podido ubicar como se despliega el circuito de la responsabilidad, localizando un primer tiempo en el que se produce la repetición de una situación, un segundo tiempo que retroactivamente resignifica el primero y da lugar a lo nuevo. Pero si esto tiene el carácter de novedoso lo es en tanto evoca al sujeto del inconsciente, evocación que adviene a partir del acontecimiento que hemos situado y descripto arriba. Hemos de aclarar que por contingente que parece el hecho si tiene efectos es porque existe una determinación inconsciente que predispone al sujeto para que lo allí acontece tenga efectos subjetivos.

Bibliografia:
• Salomone Gabriela, Domínguez María Elena. La transmisión de la ética. Clínica y deontológica. Letra viva, tercera edición.
• Juan Jorge Michel Fariñas, Ética. Un horizonte en quiebra, Eudeba, segunda edición.



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