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Universidad de Buenos Aires
Facultad de psicología
Psicología, Ética y Derechos Humanos

TITULAR DE CATEDRA: Juan J. Fariña
DOCENTE DE TRABAJOS PRÁCTICOS: Gabriela L. Mercadal
COMISIÓN: 15 - Lunes 18:00 a 19:30 horas -
ALUMNOS RESPONSABLES:
Tomás Sanchez Galarce (32.783.936)
Dolores Ruiz de Galarreta (33.087.647)

tomas2040@hotmail.com
mdolores.galarreta@gmail.com

Fecha de entrega del trabajo: 07 de Junio 2010

CONSIGNA DE EVALUACIÓN

1. Tomando en cuenta el comentario sobre el film: ¿Cuál es el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva? ¿Propone el autor alguna hipótesis al respecto? En caso afirmativo, explicítela consignando los indicadores.

2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.

3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.

4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.

5. Compare conceptualmente el caso presentado con el de Ibbieta (cuento “El muro”, de Jean Paul Sartre).

En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

1. A partir de lo leído en la reseña bibliográfica sobre la película La Lengua de las Mariposas podemos inferir que la hipótesis clínica en la que hace hincapié la autora se centra en “que los insultos de Moncho son un acto creador en el sentido de llevar un mensaje de libertad”. El acto se concentra específicamente en los insultos de Moncho, pero no en los peyorativos “rojo, ateo y asesino”, sino en las palabras “tilonorrinco” y “espiritrompa” (éste último refiere al nombre de la lengua de las mariposas) inculcadas por su maestro, acérrimo defensor de la libertad. Éstos son tomados como indicadores de que según Elisabeth Ormat implican que no se atienen a una situación de necesidad, sino que implican “un acto por fuera de los otros”, un acto que le posibilita una apertura simbólica, referida en el texto como un “rechazo al dogmatismo”, como un mensaje de libertad.
Ya en este punto se puede deducir que Elisabeth Ormat coloca su análisis sobre el pequeño Moncho, el protagonista de la historia. Es a éste pequeño al que la autora le concede la responsabilidad subjetiva por sus actos. Dentro del comentario de Ormat podemos vislumbrar una contraposición entre a lo que ella refiere como la libertad de elección, bajo la condición de la existencia de multiplicidad de opciones, y la opresión del mandato materno, instituido por la comprensión de la necesidad de mentir.

2. En relación a lo que pudimos leer en esta película, proponemos nuestra propia hipótesis clínica, a partir de ubicar los tiempos lógicos.
El momento de caos, el barullo de la muchedumbre y los gritos acusadores, la situación política/social por la que atraviesa España, la represión y el miedo de la incertidumbre, son muchos de los factores que atraviesan a los personajes de la película, pero en especial a Moncho, el protagonista, que se ven inmiscuido en esta serie de eventos, casi como de casualidad.
En este contexto es que podemos realizar una hipótesis clínica, focalizando dentro de esta situación el grito de Moncho, como grito ante la angustia de ver al Ideal caído.
Para explicar esto, primero situaremos los tiempos lógicos que se presentan en la película.
El S1: El momento en el que el maestro le promete a Moncho continuar juntos más allá de su retiro (“ahora que esta usted de vacaciones y yo jubilado podemos ir todos los días”, haciéndole saber que pronto llegará el microscopio para ver la dichosa lengua de las mariposas). Hasta acá, podemos subrayar que una serie de momentos previos a esta situación con el maestro también son significativos para la próxima interpelación del S2: cuando el maestro lo salva de un ataque de asma; el regalo de un libro de aventuras; cuando el maestro lo alienta a que le regale una flor a su amiga, Aurora, la chica por la que Mocho tenia sentimientos; etc.
Es decir, estos momentos van constituyendo a lo largo de la historia una fuerte relación amistosa entre ellos, y la promesa de seguir juntos salva la sensación incómoda de Moncho, que se puede observar en su rostro en el momento de su discurso final.
Además esta relación implica distintas posiciones simbólicas: Moncho puede desplegar toda su curiosidad, siendo el alumno preferido del maestro, y éste a su vez siendo el guía e Ideal en su recorrido por el conocimiento.
El S2: Bajo el marco de la situación en la que se encontraba Mocho con su familia (el desfile de apresados por los falangistas) la Madre de Moncho le demanda que le grite al maestro, a él, que se estaba yendo, que partía del pueblo. Si tomamos en consideración el S1, este momento interpela a Moncho, y resinifica la promesa del profesor de compartir tiempo juntos, a pesar de su retiro.
Es ésta situación que podemos ubicar como el momento en donde el sujeto ve la castración en aquél que implicaba su Ideal (el Otro consistente), y se pone en marcha la angustia, que nosotros lo distinguimos en la perplejidad de la expresión en su rostro, una cara de desconsuelo inexplicable, sin palabras, que conmueve al espectador presente.
El S3: Frente a este pedido (de la madre), y a la partida del maestro, Moncho comienza repitiendo los insultos “rojo y ateo”, expresados por la muchedumbre, y su propia familia. Luego corre cuando arranca el camión, siguiéndolo. Toma una piedra y comienza a vociferar insultos que repite, y es aquí, en este momento que se abre la posibilidad de un acto, el despliegue simbólico cuando grita “tilonorrinco” y “espiritrompa” y le arroja piedras al maestro.

En cuanto a las opiniones e hipótesis de Elisabeth Ormat, nosotros nos encontramos en puntos encontrados. Para nosotros, la necesidad no recae en mentir, sino que la identificamos en la partida del maestro a manos de los falangistas, y la orden explícita de la madre de gritarle. Es la autora que interpreta que a Moncho se le exige que mienta, pero la Madre no le dice que mienta, sino que grite. Sobre este último punto, queremos destacar que Ormat también señala una orden materna (temor al castigo y solidaridad con la familia), pero resalta que Moncho acata por temor a perder el amor materno. Para nosotros, Moncho obedece no por temor, sino por repetición (en el sentido de “copiar” la imagen de los insultos que escucha del público, y de sus familiares) sin comprender la situación y la necesidad de mentir. Sobre este último punto, en nuestra concepción, Moncho no comprende, no entiende del todo bien que es lo que esta ocurriendo, y ésta es una de las razones que le posibilita una abertura simbólica. Esta situación de incomprensión, de “no-saber”, esta necesidad de gritar la anuda, a su propio dolor, a su propia angustia por la perdida del maestro.
Es así como escupe las palabras que denotan una apertura simbólica, una relación especial entre alumno y maestro. En cuanto a esto, la autora resalta que estas palabras refieren a un grito de mensaje de libertad, inculcado desde los ideales que le enseño el maestro. Nosotros leemos que los gritos, según Ormat son mera repetición, o identificación imaginaria, ya que el maestro hablaba de libertad. En nuestra opinión, los gritos son de otro orden. Refieren al encuentro con la falta, con la castración, la posibilidad de que Moncho construya su propio camino como sujeto de deseo, y no como repetidor del maestro. Si bien se identifica especularmente con él, es condición necesaria para que luego la caída del Ideal tenga sus efectos, y le posibilite una salida singular, aunque en este camino se encuentre con momentos de angustia.

3. Azar: El hecho de que haya estallado la guerra civil española justo en ese momento (que además coincide en el momento que Moncho iba a ver con el microscopio la lengua de las mariposas, la espiritrompa), que el maestro sea republicano, que haya dado un discurso sobre la libertad en su retiro, y que un poderoso conciudadano, perteneciente al régimen falangista haya escuchado este discurso.
Necesidad: Que el profesor sea apresado por los falangistas, y deba dejar el pueblo, y a Moncho. En particular, la Madre le ordena explícitamente que le grite al maestro.

4. En nuestro caso, nosotros consignamos al acto justo al final de la película, por ende solo podemos hacer hipótesis sobre la posición de Moncho frente a éste.
A lo largo de la película se puede ver los distintos posicionamientos del sujeto: comienza como un pichón de gorrión, siempre bajo la falda materna, bajo los significantes del Otro; cuando iba para monaguillo, cuando tenia miedo que el profesor le pegue, cuando se encontraba estudiando en su casa sin salir por su enfermedad, etc.
Luego, a partir del recorrido que hace al lado de su maestro, en el cual éste le imparte conocimiento, mas allá de lo académico, llega a transmitirle el deseo por el conocimiento (el regalo del libro “La isla del tesoro”); le explica del amor cuando le aconseja que se acerca su amiga, Aurora.
Todo se resignifica cuando Moncho observa a su maestro castrado, y esto lo posiciona como sujeto de deseo, autor de su propio deseo. Consideramos que ésta es la última enseñanza del Maestro, donde pasa la posta a su aprendiz, y lejos de cerrar, posibilita la apertura, no sin la presencia de la angustia. Es a partir de todo esto que nosotros creemos que Moncho podría tomar responsabilidad por su deseo, por su acto haciendo su propio camino, y no el que le dicta su Madre, el cura o la sociedad falangista.
En este caso, no observamos responsabilidad jurídica sobre el acto de Moncho.

5. Podemos encontrar en ambos casos (disímiles entre sí) puntos de contacto. Por un lado, en cuanto al azar, ambos se ven condicionados por hechos contingentes, tales como el cambio de escondite de Gris, de la casa al cementerio, como la guerra civil española dentro de los ideales republicanos del maestro. Ambos hechos dan las condiciones para que se interpele a los sujetos sobre la posición de sus deseos. Además son pieza clave en cuanto a la necesidad de la situación a la que se ven llevados. En Ibbieta lo podemos identificar con la presión de delatar a Gris para salvar su propio pellejo, y en Moncho, lo reconocemos en la partida del maestro, y en el pedido explicito de la madre a que le grite.
Podemos diferenciar ambos casos a partir de la responsabilidad subjetiva que identificamos en cada caso. En Ibbieta era en la risa y en el llanto, cuando reconoce su propio deseo, como sujeto divido; deseo de seguir viviendo. En el caso de Moncho solo hemos podido generar una hipótesis sobre su responsabilidad, sobre su cambio de posición, refiriéndonos a esta como cambio en cuanto a construir su propio camino, un camino de deseo.
En cuanto a sus respectivos Actos, podemos ver que se asemejan en tanto ambos escapan al mero significado, y pasan a un plano significante, ya que desconociéndolo, bajo ceguera, ambos no alcanza a entender que las palabras que profieren van más allá de su comprensión. La diferencia radica que en el caso de Ibbieta, es el que tiene la posibilidad a posteriori de comprender la palabra “cementerio”, y en el caso de Moncho, solo podemos conjeturarlo. De todas maneras, ambos son guiados por el deseo.



NOTAS

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