Inicio > Acceso Docentes > cuatrimestre 2009 > La vida de los otros >

por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICILOGÍA

PSICOLOGÍA, ETICA Y DERECHOS HUMANOS

SEGUNDO PARCIAL

ALUMNA: CALDERÓN JULIETA MERCEDES
DNI: 25.441.472
Email: juli_calde@hotmail.com
COMISIÓN: 20
PROFESORA: Lic. PACHECO MARIANA

Pelicula elegida: “La vida de los otros”

Director: Florian Henckel von Donnersmarck

Año: 2006

País: Alemania

Genero: Espionaje

La historia comienza en el Berlín del Este del año 1984. La Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana vigila cada día la vida de sus compatriotas. Gerd Wiesler es un convencido comunista y capitán de la Stasi, a quien se lo ve en una primera escena enseñando a otros policías los modos de hacer interrogatorios a los enemigos del socialismo, dice, “los enemigos de nuestro Estado son anulantes”. Es un partidario leal y activo del Régimen Socialista.
Se puede ver aquí su universo moral, el de sus ideales puestos en la ideología de un sistema político. Se presenta con un yo consistente, firme y convencido en lo que dice y hace. Un sujeto alienado al mandato del otro, siendo este Otro el sistema imperante que le ordena su mundo de creencias. Su universo se halla sostenido en las certidumbres yoicas de que ese es el mejor sistema, dice que su juramento es ser “espada y escudo del partido”.
En una siguiente escena se encuentran Wiesler con su superior Grubitz en un palco viendo una obra de teatro pero Wiesler detiene su mirada en Dreyman, un poeta y dramaturgo de quien dice, refiriéndose a Dreyman, es “un tipo arrogante, suelo prevenir a mis alumnos contra tipos así”, y luego agrega, “yo lo vigilaría, yo mismo podría supervisarlo”. Luego observa con sus binoculares a Dreyman besarse con su novia, la actriz protagonista de la obra.
Esta idea, que sorprende a Grubitz por no tener sospechas de que Dreyman estuviese en contra del régimen, se la transmite como una idea propia al Ministro de Cultura quien lo halaga diciéndole que va mas allá de lo aparente y que le espera una excelente carrera, después de eso le ordena instalar micrófonos ocultos en la casa del escritor.
Wiesler es el encargado de escuchar día y noche la vida de Dreyman junto con su ayudante con el que reparte las horas de escucha instalados en la buhardilla del edificio.
Wiesler es soltero, con una vida privada insignificante. El espionaje a Dreyman le permite observar el mundo del arte y de los librepensadores, así como las relaciones interpersonales, de las que él no disfruta.

Así vemos a un Wiesler escuchando y viviendo la vida de los otros.
Escribe maquinalmente lo que escucha, es fiel a la tarea que debe realizar: escuchar algo en las conversaciones de Dreyman que lo hagan sospechoso de fallarle al régimen.
En una conversación de Wiesler con su jefe, este último le pide que no escriba nada sobre los encuentros del ministro con María, novia del escritor, ya que están ayudando al ministro para deshacerse de un rival, refiriéndose a Dreyman.
Se puede pensar que Wiesler podría haber presenciado en otras oportunidades la corrupción y el despotismo del régimen en el que vive y que alcanza incluso a sus propios amigos y superiores, pero no se ha interrogado por ello. Wiesler estaba demasiado preso en la necesidad de las cosas, en sus ideales sobre el régimen socialista.
Pero Wiesler comienza a hacer cosas que van más allá de lo esperado para su función de espía, por ejemplo, hace sonar el timbre del departamento para que Dreyman baje a la puerta de entrada y vea a María bajar del auto del Ministro de Cultura. En otro momento entra al departamento y saca un libro de Bertold Brecht del escritorio de Dreyman y lo lee. También lo vemos con una actitud diferente en su función, se dueme durante las escuchas.
Wiesler dice “ha llegado el momento de las amargas verdades”, podríamos pensar, aquellas que conmueven el universo que lo guiaba.
Hay algo en Dreyman que lo ha tocado en los más profundo por lo que empieza a actuar. Aquí se produce un viraje en la persona de Wiesler, comienza a elegir qué pondrá en el informe de sus escuchas, no pondrá la vida de los otros, sino que algo allí se filtrará de su deseo y de la vida que no tiene.
Wiesler comienza a encubrir a Dreyman acerca de un texto que este último esta escribiendo acerca de los suicidios que se suceden bajo el sistema socialista, y que enviará a Alemania del oeste.
Aparecen en Wiesler signos de culpa cuando va a un bar y en lugar de pedir

su habitual agua con gas pide un vodka doble, y luego pide otro, y habla allí con María alentándola para que no se encuentre con el Ministro. También hay arrepentimiento cuando va a la oficina de su jefe para delatar a Dreyman como el autor de ese informe sobre los suicidios que ya se han hecho públicos, pero ante el relato de su jefe sobre las medidas carcelarias que deben tener los
artistas que se oponen al sistema, Wiesler hace una nueva apuesta en el camino que ha emprendido y le pide de reducir la intensidad de la vigilancia por tratarse de un caso improbable.
Hasta aquí un fragmento de la película de la que me voy a valer para recortar los tiempos del circuito de la responsabilidad sobre el personaje de Wiesler.
Como tiempo 1 voy a ubicar la acción de hacer sonar “el timbre”, aquí el personaje encarnado en Wesler lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los fines para los cuales fue concebida, destruir a Dreyman. Esta conducta se ve confrontada con un tiempo 2 que voy a ubicar en la escena en el bar donde aparece la culpa y luego el arrepentimiento. Podríamos pensar que hacer sonar el timbre para que Dreyman descubra a María está en dirección a destruirlo por ser “un tipo arrogante del que hay que prevenirse”. Es decir, que esta conducta podría estar en concordancia con el universo de discurso en el que el sujeto se haya inmerso, su universo particular, el de sus creencias. Pero Wiesler dice “ha llegado el momento de las amargas verdades”, ¿a cuales verdades se refiere?. ¿Son las verdades de una novia infiel y de un escritor subversivo o de un sistema que muestra quiebres en relación a sus ideales?
Vemos en un tiempo 2 a un Wiesler quebrado, en el que su universo particular, el de ser escudo y arma del sistema se conmovió. Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo.
Wiesler percibe la inconsistencia del sistema en relación a los ideales en que se soportaba y actúa en relación a ello, pero en un primer momento no es

conciente. La activación del timbre de las amargas verdades muestra un desvío de su estricta función de ser escucha y funcional al régimen, actúa sobre la situación, acción que se verá recién en un tiempo 2 cuando decididamente encubra a Dreyman y su función, entonces, pierda su sentido inicial.
Wiesler se duerme, algo del goce en ese saber, el saber de los otros, se ha desvanecido, Wiesler disfruta ahora de la lectura de un poema, de algo que está por fuera de la demanda del Otro.
Se podría pensar que Wiesler es un neurótico obsesivo que rebaja el deseo a la demanda del Otro. El sujeto obsesivo cede en el camino del deseo para amoldarse a los mandatos del superyo. Donde nunca en lo que hace esta implicado como sujeto, resulta así que siempre la vida está en otra parte y como esa no es su vida, tampoco lo amenaza la muerte.
Pero algo sucede, con el timbre Wiesler produce un cortocircuito que pone de manifiesto el quiebre del universo particular que lo sostenía guiándolo en sus acciones. Allí hay un quiebre que rompe con la moral en que se sostenía para que advenga algo de la singularidad de un sujeto. Hubo una creación de algo distinto de ser un autómata destinado a espiar la vida de los otros. A partir de allí se abre a la incertidumbre que genera el atravesamiento del deseo en las certidumbres yoicas. La incertidumbre de hacer algo mas allá del Otro.
Su jefe le pidió que mantenga en secreto la relación de María con el Ministro, pero Wiesler pone en evidencia esa relación, mas allá de lo que se le pidió.
Luego el encubrimiento a Dreyman. Hay algo de la responsabilidad del sujeto en relación al deseo.
Aparece la figura de la culpa en la escena del bar con María, y el arrepentimiento cuando va a la oficina de su jefe para delatar al escritor.
Esto demuestra y a la vez vela la responsabilidad en relación al deseo ya que somos culpables ante el yo del deseo.
Wiesler intenta salir, significar, el camino que ha emprendido retrocediendo. Delatar a Dreyman pondría las cosas, su lugar en el mundo, en el orden previsto, en la necesidad o el destino asignado. Sería un modo de responder

a la interpelación a la que se ve convocado desde lo moral, retomando la dimensión particular.
Pero Wiesler apuesta por el camino de la incertidumbre, aquel que no le asegura un ascenso en su carrera ni la tranquilidad de las respuestas dadas.
Ya no hay vuelta atrás, Wiesler se interrogó el sistema en el que participa, se abrió a ver las fisuras y contradicciones que lo constituían, descubrió el velo de una vida monótona y carente de sentido propio.
Descubrió una vida deseante en Dreyman que le generó inquietudes en relación a su propia vida y a su propia sexualidad: Wiesler en una escena tiene una relación sexual, infrecuente en su vida, con una prostituta de la que le queda un sabor amargo. ¿Qué respuesta se buscó en ese encuentro? ¿Qué quería demostrarse? ¿Cuáles son las amargas verdades?
Las ultimas palabras de Wiesler son, ante un libro que le dedicó Dreyman, “es para mí”.

Bibliografia:

-Alemán, J. (2003): "Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo". En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre psicoanálisis y política. Miguel Gómez
Ediciones, Málaga.
-Ariel, A. (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En El estilo y el acto.
Ediciones Manantial, Buenos Aires.
- Ariel, A.: La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo.
Publicado en la página web de la cátedra.
- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Domínguez, M. E.: Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis.
En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
- Lewkowicz, I: Singularidades codificadas. En La transmisión de la ética.
Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
-Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial
Sitio. Buenos Aires.
-Michel Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo
universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la
tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra.
Eudeba, Buenos Aires.
-Michel Fariña, J. (1995). Ética Profesional. Acápite 3.4. La ética y los valores universales. En Dossier Bibliográfico. Ediciones Facultad del Psicología.
- Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

- Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: