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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2012 > Film:  Medianoche en París
Análisis ético sobre el protagonista Gil Pender dentro del circuito de la responsabilidad subjetiva
por González, Mercedes
Título original: Midnight in Paris

Woody Allen / Estados Unidos / 2011

Introducción

Gil Pender es un escritor norteamericano que trabaja para la industria hollywoodense escribiendo guiones de cine. Está prometido con Inez, hija de un importante empresario y su mujer con quienes viajan a París por negocios. Gil es un hombre sensible y enamorado de otra época: los dorados años 20… y de París, sobre todo cuando llueve. Inspirado por sus ídolos de la literatura está escribiendo su primer novela, y espera que su éxito le permita alejarse de la banalidad de Hollywood e instalarse a vivir en París junto con Inez, quien no está nada de acuerdo con esta idea, después del casamiento.

Gil está obsesionado con la idea de que “ha nacido tarde”, que pertenece a otra época, a los años 20, y que seguramente sería más feliz si pudiera vivir en la París de aquellos años. Maravillado con París como si fuera la primera vez que la visita, recorre sus calles y parques soñando con una vida tranquila bajo las luces de esta ciudad llena de cultura y música de su agrado. Sin embargo su deseo de una nueva vida está siempre en un segundo plano. Gil, como buen obsesivo que es, se ubica siempre, como sujeto deseante, en el lugar de la imposibilidad, sosteniendo y priorizando el deseo de alguien más, en este caso, el de Inez: toda su relación con ella y su familia se basa en lo que ellos quieren y deciden, dejando a Gil en una posición sumisa y manipulable y, así, sosteniendo su posición neurótica.

Gil ha vivido en París durante su juventud y lamenta haber vuelto a California, donde ahora tiene un gran trabajo, una bonita casa y una vida feliz junto a su novia. Sin embargo nada de eso es lo que Gil realmente desea. Repite una y otra vez que sus mejores años fueron cuando vivía en París y que quisiera volver para ser un escritor bohemio e independiente. Pero cada vez que Gil menciona la idea se encuentra obstaculizado por la palabra y el deseo de Inez y su familia: vivir en Malibú, en una gran y envidiable casa, rodeados de la vida hollywoodense, intelectuales y adinerados amigos (como el pedante Paul, amigo de Inez), etc. Incluso se ve forzado a abandonar toda iniciativa de actividades que quiere realizar durante el viaje: almorzar en un lugar donde alguna vez estuvo un escritor famoso (porque Inez se encuentra con amigos y prefiere ir con ellos), caminar bajo la lluvia (porque a nadie más que a él le parece divertido y romántico mojarse con la lluvia), quedarse en el hotel escribiendo (porque tiene que salir de compras con su suegra), opinar sobre una escultura (Inez se lo impide porque “no sabe nada sobre eso, en cambio Paul sí, y podría aprender algo de él si lo dejara hablar”), etc. Constantemente se ve imposibilitado de llevar a cabo cualquier cosa que él desee o tomar sus propias decisiones, por más pequeñas que estas pudieran ser. Y pareciera que ese lugar es un tanto cómodo para él (en su posición neurótica): alejando la realización de sus deseos o tomando decisiones sobre su propia vida e intereses lo colocan en un lugar ajeno a toda responsabilidad sobre lo que suceda, y exento de culpa por realizar algo del orden de su propio deseo [1].

Relato de la película

La historia narra que Gil e Inez llegan a París junto con los padres de esta en un viaje de negocios. Almorzando en un restauran se encuentran con una pareja amiga de Inez: Paul, un pedante cineasta de Hollywood, y Carol2, con quienes salen a recorrer algunos lugares turísticos de la ciudad, por lo cual Gil está un poco molesto, ya que Paul no es de su agrado, pero a lo que no objeta palabra.

Una noche, luego de una degustación de vinos y estando ya borracho, Gil se separa del grupo y se pierde caminando por las calles de París, hasta llegar a un barrio latino donde se sienta a descansar en unas escalinatas. Al escucharse las doce campanadas que marcan la medianoche, un auto antiguo frena justo enfrente de él, lo invitan a subir y se transportan en el tiempo a los tan soñados años 20… [2] Aquí es donde, sin poner en tela de juicio si se trata de un posible viaje en el tiempo, de su gran imaginación, una fantasía o alucinación, producto de su borrachera o simplemente de la magia del cine, Gil se encuentra, estupefacto, en la época y con todas aquellas personas, sus ídolos, con quienes tanto soñó. Conoce grandes artistas y escritores y se enamora de Adrianna.

Al terminar cada noche, Gil vuelve a la actualidad y a su vida. Pero ahora empieza a mentir e inventar excusas para presentarse nuevamente a medianoche en aquella calle donde, después de las doce campanadas, aparece siempre el auto que lo transporta de nuevo a los años 20. Y dejando a Inez a solas con Paul, quien la deslumbra tanto que no repara siquiera en las extrañas salidas nocturnas de su novio, y aprovechan para estar a solas mientras Carol también se encuentra ausente debido a su trabajo…

Es así que una noche estando con Adrianna, al igual que le sucede a él cada medianoche, ven pasar un carruaje que los invita a subir y los transporta a la Belle Epoque, The Golden Age según Adrianna. Conocen a un grupo de hombres (Toulouse Lautrec, Degase y Gauguin) en el Moulin Rouge y Adrianna decide quedarse argumentando que ella pertenece a esa época, que es la edad de oro de la cultura y que, teniendo la posibilidad de elegir, decide no volver a los años 20 porque “es sólo el presente” y por lo tanto no es interesante. A su vez, algo similar ha escuchado Gil decir a los hombres que acaban de conocer: “Esta generación está vacía y falta de imaginación… Hubiera sido mejor haber nacido en el Renacimiento…”

Así es que Gil, al escuchar el argumento de Adrianna y su decisión de quedarse allí aunque esto los separe, se da cuenta que no necesita vivir en otra época para poder realizar su deseo de vivir y ser escritor en París:

Adrianna: No volvamos a los años 20…

Gil: ¿Y eso a qué viene?

Adrianna: Quedémonos aquí, es el principio de la Belle époque… Es la mejor época y la más bonita que París ha conocido

Gil: Si, pero ¿Qué pasa con los años 20… y el charlestone y los Fitzgerald y los Hemmingways…? Yo amo a esa gente.

Adrianna: Pero es tan solo el presente… y es aburrido…

Gil: ¡¿Aburrido?! No es mí presente… ¡Yo soy del 2010!

Adrianna: ¿De qué estás hablando?

Gil: Que yo llegué hasta tu época del mismo modo que tú y yo estamos aquí

Adrianna: ¿En serio…?

Gil: Si, Estaba tratando de escapar de mi presente de la misma manera en que tú tratas de escapar del tuyo a una “edad de oro”

Adrianna. No creerás que los años 20 sean una “edad de oro”

Gil: Pues sí, Para mí lo son

Adrianna: Yo soy de los 20 y puedo asegurarte que la edad de oro es la Belle époque

Gil: Mira a estos hombres… para ellos el Renacimiento fue la edad de oro… ellos preferirían… en fin, cambiarían la belle époque para pintar junto con Tiziano y Miguel Ángel y a su vez éstos seguramente pensarían que era mucho mejor cuando estaban… y ahora se me enciende una luz (en el original dice “insight”), es una luz de poco voltaje pero… explica la ansiedad del sueño que he tenido

Adrianna: ¿Qué sueño?

Gil: La otra noche tuve un sueño… fue como una pesadilla en la que me quedaba sin citromax entonces iba al dentista y él no tenía nobocaína… ¿Comprendes? ¡Esta gente todavía no tiene antibióticos!

Adrianna: ¡¿De qué estás hablando?!

Gil: Adrianna, si te quedas aquí, muy pronto esto se convertirá en tu presente, y empezarás a imaginar que otra época es realmente la tuya… tú época dorada. Pero eso es lo que el presente es, es un poco insatisfactorio porque la vida es un poco insatisfactoria

Adrianna: Ese es el problema con los escritores… están tan llenos de palabras. Pero yo soy más emocional. Y me voy a quedar y vivir en la época más gloriosa de París. Tú elegiste una vez dejar París y lo lamentaste

Gil: Sí, lo lamenté pero al menos fue una decisión, una decisión de verdad. Lo de ahora creo que es un locura, no funciona, pero si quiero escribir algo que valga la pena tengo que prescindir de mis ilusiones, ser más feliz en el pasado es, seguramente, una de ellas… Adrianna: Entonces… Adios Gil… [3]

Gil vuelve a su tiempo y deja a Inez argumentando que él no es para ella y que ella le ha sido infiel con Paul (de esto se entera recién cuando escucha una buena crítica sobre su libro de boca de las únicas personas que ha dejado leerlo, Gertrude Stein y Ernest Hemmingway, quienes le critican que lo único no creíble de su novela es que el protagonista no se haya dado cuenta que “su novia le es infiel en sus narices con el pedante del amigo…”). Ante la negativa de Inez, Gil le comenta que han sido sus amigos de los años 20 quiénes se lo hicieron notar, que está convencido de su razonamiento y que “puede mentirle a él, pero no a Hemmingway”. A lo cual, superada por la situación del “tumor cerebral” de Gil, como llama Inez a los inventos de su novio, ésta confiesa sin ningún tipo de culpa su infidelidad, dice que lo ha hecho porque “Paul es romántico, habla francés…” y que Gil debe superarlo. Sin embargo Gil por primera vez se mantiene en su decisión y abandona la habitación que compartían para no volver.

Al final de la película, Gil sale a caminar nuevamente por la noche parisina pero ya no vuelve a aquella calle donde tiene la oportunidad de viajar a los años 20 cada medianoche (se escuchan de fondo las doce campanadas). Se queda en el puente, mirando el río y se encuentra con Gabrielle, la vendedora de discos que conoció en una de sus visitas turísticas en las que acompañaba a su novia y su suegra de compras.

Charlando con ella se da cuenta de que tienen en común más de lo que se imagina y la historia termina con ellos dos alejándose, gustosos, bajo la lluvia.

Análisis de la película

La historia nos muestra a Gil, un personaje neurótico, insatisfecho con la implacable realidad, que sueña y fantasea con escapar de su presente y vivir en la dorada ciudad de París de 1920, donde todos sus escritores y pintores admirados se encuentran.

Todo el tiempo está complaciendo los deseos de los demás y postergando siempre los propios. Su única escapatoria a este presente que lo inhibe de sí mismo, es fantasear con un tiempo pasado y mejor.

Dentro del análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva [4], ubicamos a Gil en un primer tiempo cronológico (segundo tiempo lógico), en su expresión constante (y conciente) de querer vivir en París y en su permanente (e inconciente) obstaculización de su propio deseo [5]. Aunque pareciera ser que la idea fuera siempre impedida y obstaculizada por el deseo de Inez, que nada tiene que ver con vivir en París. Por lo que Gil vive desde hace años con la fantasía de vivir allí y, además, en los años veinte, con sus escritores favoritos, la música, el arte... Podemos ver esta posición de Gil en varias oportunidades: Al inicio de la película cuando habla de cuán maravilloso sería mudarse a París luego de casarse, cuando se encuentra con los suegros en el Hotel para ir a cenar e insiste nuevamente con abandonar todo y mudarse allí con Inez, o la escena en que pasean por Versalles junto a Paul y Carol, en la que escuchamos a Inez, en un tono burlón, hablar de Gil como un hombre que “vive en el pasado… que piensa que su vida sería más feliz si viviera en otra época, en 1920, en París y con lluvia…” y Gil sólo atina a decir “No estaría mal…” mientras Paul y Carol no hacen más que criticar esa idea diciendo que “la nostalgia es negar el doloroso presente... algunos creen que una época diferente es mejor que en la que viven, es un pensamiento romántico de aquellas personas que encuentran difícil lidiar con su presente…”: descripción que caracteriza perfectamente a Gil y su obsesiva imposibilidad de llevar a cabo su propio deseo.

Así transcurre la vida de Gil, entre su realidad (la vida con Inez y su trabajo en Hollywood) y su fantasía (la vida en Paris un siglo atrás).

Pero sucede que la magia del cine le da la oportunidad a Gil de cumplir su sueño: viajar a los años 20 y conocer a todos aquellos artistas que han alimentado sus fantasías e inspirado su naciente novela. Maravillado, y a la vez perplejo por lo que ven sus ojos, Gil vive una serie de situaciones que lo llevan a replantearse su vida y su posición en ella.

Por un lado, al enamorarse de la bella Adrianna, se encuentra ante el inevitable replanteamiento de su matrimonio con Inez, una mujer con la que, parece darse cuenta, nada tiene que ver. No comparten gustos, valores, ideas, ni siquiera sobre las cosas “realmente importantes”.

También, podemos ubicar como un momento importante de reflexión sobre su propia vida, cuando los críticos de su novela lo enfrentan ante la inverosimilidad de su propio personaje: un hombre que no puede (o no quiere) ver que su prometida lo engaña con otro justo enfrente de sus narices, entendiendo así, que su infidelidad sólo le confirma la lejanía que existe entre ambos.

Pero el momento en que ubicamos a Gil ante un acontecimiento que realmente lo hace replantearse su posición ante su propio deseo (ante su sueño parisino), donde ubicamos el segundo tiempo cronológico (primer tiempo lógico del circuito de la responsabilidad), es cuando se ve interpelado por su conversación con Adrianna en la escena clave del Moulin Rouge. Es allí cuando se da cuenta de algo que siempre había preferido ignorar: la vida es siempre un poco insatisfactoria, cualquier período de tiempo es triste o aburrido si lo comparamos con los mundos irreales que forja nuestra imaginación. En ese preciso momento, comprende que la percepción del pasado como un tiempo mejor es, en realidad, sólo una negación del presente. Gil le explica, pero Adriana no comprende y el adiós es la última palabra.

Esta situación provoca un “cortocircuito” en la forma sistemática en que Gil se maneja en su vida en relación a ese Otro, poniendo de manifiesto el “quiebre del universo particular que (lo) sostenía (…) guiándolo en sus acciones (…) Esa falla que el cortocircuito comporta no es otra cosa que el lugar mismo del deseo” [6].

Abandonado por Adriana, regresa a su siglo, pero ya no es el mismo Gil. Por primera vez en la película, toma la iniciativa, de manera valiente y adulta: deja a Inez (decisión facilitada por la infidelidad de ella) y decide quedarse en la ciudad. Intentará ser escritor. Entonces, se ubica aquí el tercer tiempo dentro del circuito. Aquel por el cual el sujeto se hace responsable del accionar (tiempo cronológico 1) interpelado en el tiempo cronológico 2 (la conversación con Adrianna). Responsabilidad que recae sobre el sujeto, poniéndose éste en acto ante la singularidad de su respuesta [7].

Hipótesis clínica

Hasta el final de la película, Gil se ha comportado como un niño soñador y pasivo, arrastrado a una vida que no le gusta por complacer a los demás. En lugar de responder a esas presiones y tratar de establecer su propio espacio de autonomía, Gil se ha refugiado en un mundo nostálgico e ilusivo y, como casi todos los mundos irreales, fantaseados diríamos, perfecto. La realización de su supuesto sueño le hace ser conciente de la falacia de la nostalgia al verse reflejado en la posición de Adrianna frente a un sueño como el suyo. Esto sitúa a Gil ante su propia contradicción. Al tratar de convencer a Adrianna para que no se quede en la Belle époque se da cuenta de lo absurda que era su nostalgia de vivir en una época a la cual no pertenece.

Gil es un hombre que se ha encargado siempre de alejarse de su propio deseo, sosteniendo el deseo de los demás y obstaculizando toda idea o iniciativa que lo acerque a la posibilidad de aquello que quiera realizar. Se ha refugiado en una cómoda posición pasiva, sometiéndose a las expectativas de los demás. Sus éxitos están relacionados con la presión externa que siente: Inez, su familia, sus amigos, su trabajo, lo influencian desde sus perspectivas de “qué es lo mejor para él” (“La academia te adora…” “Es lo que mejor sabes hacer”, “Prométeme que te olvidarás de París…” etc.) Se lo ve constantemente intentando (fallidamente) imponerse ante distintas situaciones. Quiere dar su opinión política en la cena a lo cual es totalmente desacreditado por la mirada de sus suegros, quiere opinar sobre arte en sus paseos turísticos pero es siempre callado por Inez y refutado por Paul y Carol, quiere caminar bajo la lluvia pero sólo “lo miran con cara de loco” y no le hacen caso… Cualquier intento de expresarse desde su lugar como sujeto pensante/deseante se encuentra en un callejón sin salida que lo obliga a retraerse y aceptar la posición de los demás como verdadera y adecuada. Ante todas estas situaciones, Gil no ofrece un doble argumento que sostenga su posición, evitando así cualquier conflicto y manteniéndose en su pasividad.

Al final de la película, cuando Gil por fin decide tomar las riendas de su vida y, aún ante una nueva manipulación/imposición de Inez, sostiene su decisión, abriéndose a la posibilidad de construcción de un nuevo Gil, construcción de un sujeto en acto [8] que acepta la inviabilidad de sus fantasías y decide dejar entrar su real deseo y sus condiciones de posibilidad, responsabilizándose de aquello que le concierne por haberlo alejado constante y, a su (no) saber [9], inevitablemente. A partir de esto, posibilita un movimiento donde algo nuevo puede producirse a partir de esa ganancia de saber [10].

Referencias

D`Amore, O.: “Responsabilidad y Culpa” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

Domínguez, M. E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011

Fariña, J.J.: “Lo universal-singular” en Ética, un horizonte en quiebra. Eudeba, 2002 2ª ed. 2011

Freud, S.: “La interpretación de los sueños” Amorrortu Editores.

Freud, S.: “Psicopatología de la vida cotidiana” Amorrortu Editores.

Mosca, J. C.: “Responsabilidad, otro nombre del sujeto” en Ética, un horizonte en quiebra. Eudeba, 2002 2ª ed. 2011

Salomone, G. Z.: “El sujeto dividido y la responsabilidad” En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.


Notas

[1] Responsabilidad y Culpa no están tomados en este párrafo como conceptos dentro del circuito de responsabilidad subjetiva, si no en referencia a la relación del personaje con su deseo. El subrayado hace referencia al contexto de necesidad del personaje.

[2] Se ubican ambas situaciones como elementos de azar por la contingencia del encuentro ya que ninguna de las parejas sabía que la otra estaría en la misma ciudad y porque Gil, perdido, llegó a esas escalinatas (donde pasó el auto antiguo) como podría haber llegado a cualquier dirección dada su borrachera y, además, justo a la medianoche, con las doce campanadas.

[3] Fragmento del guión de la película. Traducción propia del original en inglés. Los subrayados marcan elementos en el discurso de Gil por los que se puede inferir que la situación interpela al protagonista y que éste empieza a notar que su deseo de vivir en el pasado es un absurdo imposible que sólo logra alejarlo de su verdadero deseo protegiéndolo de las consecuencias que podría tener el llevarlo a cabo.

[4] Domínguez, M. E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

[5] Salomone Gabriela, “El sujeto divido y la responsabilidad: Responsabilidad y formaciones del inconciente” p.122 en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

[6] Domínguez, M. E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. Apartado 2: El cortocircuito de la responsabilidad” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

[7] Mosca, Juan Carlos. “Responsabilidad, otro nombre del sujeto” en Ética, un horizonte en quiebra. Eudeba, 2002 2ª ed. 2011.

[8] Salomone Gabriela, “El sujeto divido y la responsabilidad” p.128/129 en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

[9] Salomone Gabriela, “El sujeto divido y la responsabilidad: Responsabilidad y formaciones del inconciente” p.120 en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.

[10] Domínguez, M. E. “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. Apartado 3: Un circuito que requiere de cuatro: Los estatutos del síntoma en Lacan” en La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol I: Fundamentos. Letra Viva, 2006 5ª ed. 2011.







Comentarios
Mensaje de Ariel Kaztman  » 30 de octubre de 2012 » arikazt@gmail.com 
Medianoche en París

Felicitaciones por el análisis, muy bueno.

Me quedo con unas ideas que me parecieron muy interesantes. Una de ellas es en la cual se le impone al pasado una "posición" superior que al presente por simple insatisfacción u obstrucción del deseo en el presente que nos hace fantasear con momentos mejores para nosotros mismos.

Y la idea de la película, que si recuerdo bien no se devela, en la cual no se sabe si los viajes al pasado son reales o son visiones/fantasías/sueños de Gil me parece excelente, dejan al espectador que decida ese detalle.



 

 
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