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Universidad de Buenos Aires

ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

Parcial Domiciliario

Cátedra: Fariña
Comisión: 8
Profesor: Gervasio Noailles
Alumna: Catalina Soulas
L.U.: 31.181.491
Junio de 2010

Película: Insomnia
1) Tomando el comentario de Elizabeth Ormart sobre la película Insomnia podemos determinar que el personaje en el que se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el del detective Will Dormer, caracterizado por Al Pacino. Dormer había dado muerte, en medio de unan densa neblina, “por accidente” a su compañero de trabajo Hap Eckhart. Tal como se interroga Ormart, “¿Qué asuntos internos lo movieron a disparar? La culpa no tardó en aparecer mostrándonos el camino de la responsabilidad.” En esta frase hallamos la clave para seguir el camino de responsabilidad que transitará el personaje de Dormer hasta el momento en que éste responde por sus actos y se hace sujeto. Otra frase del comentario en la que nos apoyamos para sustentar la hipótesis de que el análisis de la responsabilidad subjetiva se centra en el personaje de Dormer es “Ahora que su narcisismo estaba a salvo y los números cerraban ¿por qué no podía conciliar el sueño?”, la que hace referencia a este personaje que no logra dormir, el que acusa a la falta de oscuridad y a la excesiva luz que lo mantienen en vigilia. Dormer no lograría conciliar el ansiado sueño sin antes hacerse responsable, sin antes decir y hacer algo al respecto. A partir de estos comentarios afirmamos que Ormart centra su análisis de responsabilidad subjetiva en el personaje de Dormer, aquel que en un momento se desrresponsabilizó, como al momento clave de contarle a la mujer de Hap cómo había muerto su marido, y como luego, como contracara de la responsabilidad, adviene la culpa, que lo tortura, haciéndolo transitar por diversos tortuosos estados. Tiene frente a él al asesino, y no puede capturarlo porque aquel lo ha visto matando a su compañero y sosteniendo su cuerpo mientras este, agonizante, le decía que lo había hecho intencionalmente para librarse de “asuntos internos”. Pudiendo “capturar la verdad” no lo hace por “capturar su mentira” el mayor tiempo posible.
2) Hallamos el circuito de responsabilidad subjetiva centrado en el personaje de Dormer, los cuales organizan la situación. Para esquematizar el circuito recortamos una escena en particular que funciona como ligazón del circuito, en donde se juegan los aspectos centrales de la película. Es la escena en la que Dormer, luego de varios días sin dormir se encuentra en su habitación del hotel. La luz que penetra por entre la cortina y la ventana parece casi quemarle la vista. Las alucinaciones en las que se ve a Hap sentado en un sillón mirándolo lo asechan constantemente. El momento del disparo a su compañero, la imagen de aquel ensangrentado y espantando con lo que Dormer ha hecho se muestran como diapositivas en su pensamiento. Intenta toda forma de tapar la luz, de alguna manera, tal vez, todas las formas de tapar estas imágenes que le devuelven constantemente el sentimiento de culpa, el cual, se intensifica a medida que transcurren los días. En medio de esta situación se pone a ordenar su ropa, descubre en una de sus camisas, la usada el día en que muere su compañero, una mancha de sangre. El director, haciendo uso de la imagen apela al paralelismo “luz que entra como fuego por la ventana” y “sangre que se filtra entre los hilos de algodón de una camisa”. Esta situación dispara en Dormer el recuerdo de aquella camisa que, en su pasado intencionalmente había manchado con la sangre el niño asesinado (El caso “Dobbs”) para poder así inculpar al asesino y violador del niño. Este caso crucial para la carrera profesional de Dormer sería el as en la manga de asuntos internos para “manchar” así como lo está su camisa ahora, su intachable reputación, y que como se enuncio antes, Hap ya estaba decidido hacer al volver a Los Angeles. Aparece la recepcionista del hotel, preguntando porqué había tanto ruido. Dormer ya en un estado de extremo agotamiento, de rendición, casi al borde de la locura, toma a esta mujer como a quien, indirectamente, le confesaría lo sucedido. Invadido por la culpa y rendido ante ella, le cuenta sobre aquel caso que acababa de recordar al ver la mancha en camisa. Notamos como ella de alguna forma, por el revoleo de su mirada, por sus dichos, entiende que él podría haber sido el asesino de Hap, sin embargo no hace opinión al respecto. Él le pide por favor que le diga “qué piensa al respecto”. Ella, en cierta complicidad con él, (ella estaba en Alaska escapando de “algo”) le dice “Supongo que hizo lo que creyó correcto en ese momento …y con lo que está dispuesto a vivir”. Dormer decide entonces que no está dispuesto a vivir así y que ahora saber que mantener el silencio no es lo correcto. Esta frase junto con la imagen de la mancha de sangre en la camisa funciona como disparadoras, como momento de interpelación al tiempo 1, aquel momento en que Dormer “accidentalmente y entre la neblina” mata a su compañero, una situación que se agota en sí misma. La imagen de la mancha de sangre en la camisa lo remite a aquel momento. Interpelado este primer momento, resignificado lo sucedido, Dormer comprende que es esta otra oportunidad que tiene frente a él para hacer las cosas que debe hacer, para hacerse responsable. Apoyado en la frase que esta desconocido le expresa, y el tiempo 1 presentándose ahora con toda su potencia y significación, Dormer realiza una elección, decide hacer algo, hacerse responsable y va entonces en búsqueda del asesino de la joven, el caso para el que lo habían mandado hasta allí. Encontramos aquí el tercer momento del circuito. Momento en que Dormer se hace sujeto, hay un efecto-sujeto. Dormer no reflexiona ya, sino que acciona, así como lo propone la lógica de Sartre, “tiene que elegirse, se tiene que hacer a sí mismo”. Al buscar al asesino de este caso, sabría que éste hablaría, lo acusaría de matar a Hap y que no fue por accidente ya que éste último habló de “asuntos internos” antes de morir. Dormer demuestra en este accionar desesperado que ya no le interesa correr ese riesgo, su deseo por responsabilizarse y capturar la verdad es más fuerte. Vemos claramente aquí como la culpa lo ob-liga desde un tiempo 2 que lo interpeló a aquel tiempo 1 para resignificarlo, para darle un significado a aquello que lo carecía. En respuesta de esta vuelta el efecto producente es el sujeto que se forja, sujeto que habla y dice ya casi al final de la película “tal vez sí lo quería matar, tal vez sí.”
3 En la escena en que Dormer dispara contra Hap y lo mata hallamos al azar como elemento central. Al no poder ver por la niebla y pensando, supuestamente, que aquel persona con impermeable era el asesino, Dormer le dispara al corazón y lo mata. En una última imagen que se le pasa por la mente a Dormer en medio de sus tortuosas alucinaciones mezcla de lo culpógeno y el insomnio correspondientes uno a otro, vemos que una de estas imágenes muestra el momento exacto en que Dormer mira a su futura víctima a la cara, notamos como él había distinguido claramente en aquel momento que aquella persona era Dormer. Aun así, dispara y este momento, se mantiene velado durante estos días, hasta que él lo ve muy claramente. El azar había funcionado como una excusa que explicaba el hecho, una excusa que lo desrresponsabiliza del acto intencional. En situación de incertidumbre, dispara casi convencido, pero no del todo, al que suponía, era el asesino. Si hubiera sido un puro accidente por azar él entonces no debiera haberse atrasado ni un minuto para decir la verdad de lo sucedido. Sin embargo opta por ocultar la verdad e inventar su coartada. El azar se presenta en el momento en que Dormer “tira a pegar” literalmente, tira a pegarle justo a Hap. Notamos como pende de un hilo la explicación entre el azar y la intencionalidad. Reposar en la explicación del azar y lo accidental evitó exactamente esto en Dormer, que pueda reposar, y por lo contrario asumir la intencionalidad, hacerse responsable, lo cual se le devela ante sus ojos luego de unos días. Tal como lo expresa Juan Carlos Mosca en Ética: Un horizonte en quiebra “Los hechos se encadenaron azarosamente para producir finalmente ese resultado”. El sonido del megáfono tan desafortunado para ese crucial momento disparan la sucesión de los hechos que culminan en la muerte de Hap. Esto inesperado, producto del azar, que le ha sucedido “toca (a Dormer) de cerca, “realmente” lo toca”, también expresado por Mosca en el mismo texto, al punto de que se tocan realmente los cuerpos. Dormer sostiene entre sus brazos el cuerpo moribundo del Hap y así mancha su camisa con la sangre, imagen que lo interpelaría en el futuro. “De ese roce que hace marca, la segunda vuelta plantea qué hacer con esa marca”. Marca magistralmente impresa y difícil de borrar como la sangre seca en una tela, por el tiempo en que no se hizo nada al respecto. Invocar al azar para explicar lo sucedido no fue liberador para este personaje.
4. Las figuras de la culpa se suceden en el trascurso del circuito de la responsabilidad del personaje de Dormer. A partir de lo sucedido en un tiempo 1 el personaje se ve atormentado por el sentimiento de culpa, el insomnio como síntoma, ante el cual Dormer acusa que se debe a la luz interminable, adviene en él producto de la consciencia que lo mantiene despierto. Tal como lo dice el personaje de Ellie “Un buen policía no duerme porque hay piezas del rompecabezas que le faltan, un mal policía no duerme porque su consciencia no lo deja”. La culpa como reverso de la responsabilidad subjetiva, se inmiscuye en todo momento a partir del tiempo 1. Las alucinaciones, y visiones de la muerte de su compañero, los equívocos de nombre en la escena final, el malestar general, vómitos y náuseas, los momentos casi de locura, cuando por un instante no se choca con un camión que venía de frente en la ruta. Hasta el arrepentimiento, arrepentimiento de haber callado hasta ahora su verdad, arrepentimiento que deviene como efecto de la interpelación en un tiempo 2, y que produce ahora un efecto-sujeto. La culpa lo vela, no lo deja ver, al tiempo que devela lo que no había visto entre la niebla. Es la culpa lo que lo obliga a responder. Lo que se le devela es su deseo y es por lo que se tiene que hacer responsable. Hablamos entonces de responsabilidad subjetiva, la cual no hace referencia a un sujeto autónomo consciente de sus actos, sino aquel sujeto al deseo del inconsciente, aquel que el sujeto autónomo, dueño de su voluntad, ignora. Podemos inferir que Dormer actuó impulsado por su deseo inconsciente de matar al enemigo, en este caso, Hap, quien de vivir, atentaría contra su nombre y dignidad. El actor, en este caso Dormer, “nada sabe del propósito que se le enlace, no se las imputa a sí mismo ni se considera responsable de ello” como expone Freud en Psicopatología de la vida cotidiana (1901), citado por Gabriela Zalomone. Al Dormer hacerse responsable, está dispuesto a pagar la deuda, alguien debe responder por el acto, se adeuda un sujeto responsable. Dormer elige en el tiempo 3, adoptar ese lugar, pagar el precio de la deuda, aunque este sea muy caro.
6) En el caso del cuento de Sartre, el Muro, el personaje de Ibbieta se libra al azar, pensando que esto lo liberaría, por unos instantes más de su mortalidad. Apoyado en el azar, provoca que encuentren a Gris en aquel lugar que Ibbieta había enunciado al azar. Por azar justamente Gris se encontraba en el cementerio. Lo hayan y lo matan y unos instantes más tarde lo matan a él. En su intento de querer burlar al Otro Ibbieta se hace responsable, pero no culpable de la muerte de Gris. Como lo enuncia Mosca en Ética: Un horizonte en quiebra “la imposibilidad de determinar su responsabilidad (…) empobrece su subjetividad". El hombre, como el caso de Dormer, que no se hace responsable en un primer momento, que oculta su verdad, que se explica a sí mismo que los motivos que lo llevaron a dispararle se sucedieron por azar, carece en ese sentido, de responsabilidad. Como fue esbozado previamente. Se apoya en la justificación de los hechos desencadenados por el azar y no por la intencionalidad que se le devela en un tiempo posterior. El paralelismo entre Dormer e Ibbieta lo trazamos en el hecho que ambos apostaron al azar, Ibbieta al decir un lugar cualquiera a modo de burla, y Dormer, al disparar a un hombre “casi cualquiera” sin tener la certeza, supuestamente de a quién se estaba disparando. El azar llevó a ambos a un final penoso. El acto de Ibbieta se inscribe en su deseo, deseo de vivir un tiempo más, así como el acto de Dormer se inscribe en su deseo inconsciente, según nuestra hipótesis, de vengarse por la traición, deseo que se liga a los “asuntos internos” tan temidos por el personaje, y los cuales lo llevaron a accionar de tal manera.



NOTAS

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