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Psicología, Ética y Derechos Humanos

2º PARCIAL DOMICILIARIO

Cátedra: I
Prof. Tit. Reg: Lic. Juan Jorge Michel Fariña
Comisión: 14
A.T.P.: Lic. Brunetti Marcela
Alumna: Riva Natalia
L.U.: 26952289-0
Cuatrimestre: 1º
Año: 2010

ANÁLISIS

Tomando en cuenta el comentario sobre el film Insomnia (Noches Blancas), el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva es el detective Dormer (Robert De Niro) quien a partir de una acción en apariencia accidental, iniciará un recorrido que lo conducida a una transformación como sujeto.
Si el azar quiso que con el disparar de su arma hiriera accidentalmente de muerte a su compañero Hap, quien iba a acusarlo a asuntos internos, tirando por la borda su carrera de detective ejemplar ¿por que no podía conciliar el sueño? Eso inesperado lo ha tocado realmente de cerca ya que no puede remitir esa acción fallida solo al terreno de las coincidencias. Entre el azar y la insistencia de lo real, se ha abierto una brecha que lo deja frente a su propia inconsistencia como sujeto. Ha emergido un deseo inconciente que no se le revela y respecto del cual debe responder. En este sentido Dormer es responsable, no culpable, de querer librarse de la espada que pendía sobre su cabeza (asuntos internos). Responsable en relación a aquel propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad de su yo, propicio la acción (herir de muerte a su compañero). Al finalizar el comentario del film, el autor hace referencia a que el detective Dormer, próximo a emprender el sueño eterno, pudo decir aquello de lo que era responsable. Puede responder ante la exigencia de la interpelación; respuesta que va mas allá de lo que el yo quisiera responder. Esto puede observarse en una de las ultimas escenas en la que la joven detective Ellie Burr le pregunta si él quiso matar a su compañero Hap, a lo que el responde: “quizá sí lo quise matar...”, ella le ofrece antes de que el muera, ocultar lo recientemente confesado y la evidencia que lo inculparía, a lo que el detective Dormer responde: “no pierdas tu camino”, como quizá él lo había perdido. Hay un cambio de posición en el sujeto, algo allí pudo reinscribirse para que el sujeto pueda hacer desde un lugar deseante y distinto a como solía responder.
Queda planteada desde la lectura del autor del comentario del film, la responsabilidad subjetiva en 3 tiempos lógicos, que organizan la situación, recorridos por el personaje Dormer, entendiendo como responsabilidad subjetiva a aquella que se configura a partir de la noción de sujeto del inconciente; sujeto no autónomo que, por definición no es dueño de su voluntad e intención (rasgos que definen al sujeto llamado autónomo del discurso jurídico)
Los tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva que organizan la situación, están dados por: el tiempo 1 en el que lleva a cabo una acción con un fín que se agota para la que fue concebida. El indicador de este primer tiempo en el film, esta dado por el disparo efectuado por el detective Dormer, que da muerte a su compañero y al ser interrogado, inculpa al asesino al que perseguían. El tiempo 2, en el que algún indicador señala un exceso y hace que se interpele la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo, por lo cual el tiempo 2 resignifica al tiempo 1, esta dado por el indicador en el film del no poder dormir Dormer en las “noches” en Nightmute de Alaska. No pude conciliar el sueño sin que se presente la imagen de uno de sus casos en el que implanto evidencia y la de su compañero muerto por el disparo que el efectúo de manera ¿accidental?. Algo fue más allá del cálculo que le concierne y lo desarma de su posición previa. Algo del inconsciente y del deseo comienza a hacerse ver, pero éste no es nombrable; no se deja atrapar por el significante. El tiempo 3, en donde aparece el cambio de posición subjetiva; es el momento en el que el sujeto se encuentra con su deseo y esta dado por el indicador en el film respecto de la aceptación por parte de Dormer, a la joven detective Ellie Burr cuando lo cuestiona, de que quizá sí quiso matar a su compañero Hap. Hay un cambio de posición subjetiva en la persona, en el que pudo actuar diferente, abriendo la puerta del deseo a un sujeto responsable. Se responsabiliza por su acción pero no tiene que ver con hacer conciente lo inconciente sino con un saber hacer con ese inconciente. Antes de morir, la detective le ofrece ocultar la evidencia que lo inculpaba en la muerte de su compañero Hap a lo que responde: “no pierdas tu camino”. Se puede observar como se reafirma su cambio de posición y la emergencia de la singularidad. En este acto ético se diluye la culpa de querer haber hecho otra cosa, aunque sin saber qué.
La necesidad es aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación , establece una ligazón entre causas y efectos, el azar en cambio, deshace esa relación; es lo incalculable, algo completamente ajeno a la decisión, al deseo y a la voluntad. Los indicadores de estos 2 elementos, necesidad y azar, se encuentran presentes en el film. Se le puede atribuir al orden de lo azaroso la situación en la que todos los policías y detectives esperaban ocultos a que el asesino aparezca para capturarlo cuando, en el momento en el que éste se hace presente, el megáfono produce un sonido que termina por alertarlo propiciando su huída. De no haber sucedido ese hecho fortuito, probablemente lo habrían capturado y no hubiese habido lugar para lo que ocurriría luego. A partir de la huida del asesino, se produce la persecución del mismo en un lugar en el que la visión se vio reducida en gran medida a causa de la densa niebla. Dormer que estaba tras sus pasos cree verlo y efectúa el disparo que cambiaria el rumbo de su vida. La bala impacta en un área vital del cuerpo de su compañero Hap que se encontraba en medio de la niebla, propiciándole una muerte casi instantánea. Este disparo certero, puede ubicarse dentro del orden de la necesidad respecto a que si una bala impacta sobre un órgano vital de un ser humano, le causa la muerte independientemente de la voluntad de cualquier sujeto; no siendo así si la bala impactara sobre una parte más periférica ocasionando un daño menor.
Dormer no dice lo sucedido y le atribuye el disparo que da muerte a su compañero, al asesino que perseguían ¿por que no puede contar lo ocurrido si la situación para él fue una jugada del azar? De hecho, antes de que su compañero muera, en plena agonía, Dormer le dice que fue un accidente, que no pudo verlo a causa de la niebla.
En ese caso deslindar lo sucedido al terreno de la necesidad o del azar no seria un buen escondite para él como sujeto. Una cita de lacan en el texto de J. C. Mosca que podría ilustrar lo referido es: “De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables…el error de buena fe es entre todos el más imperdonable”.
La responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente. En el circuito de la responsabilidad subjetiva, la retroacción hace que se retorne a una acción que ya sucedió; es la interpelación la que hace que se vuelva sobre lo hecho y pone en marcha el circuito; luego la culpa ob-liga a una respuesta ad-hoc a la interpelación. La culpa hace que se vuelva sobre la acción por la que se debe responder. Como respuesta a la interpelación dentro de las posibilidades se encuentran: la negación, el sentimiento de culpa, la proyección y estas respuestas pueden considerarse como un decirle si a la interpelación subjetiva. En el film la interpelación se ve en que Dormer no puede conciliar el sueño y no solo por el exceso de luz; se hace lugar en este punto a la aparición de la culpa. En este sentido podría plantearse la hipótesis de que hay algo que no debe develarse, temor a ser descubierto, lo que quiere mantener a resguardo de “la luz”. La ventana que trata de tapar para que la claridad de la noche no entre en su habitación, es como la mirada inquisidora de la justicia que cuestiona todo su proceder en pos de una justicia llevada a cabo por él de manera inmoral. La luz puede pensarse como simbolizando la conciencia moral ante la cual Dormer no puede dar respuesta ni tampoco ocultarse.
Desde la perspectiva psicoanalítica lacaniana, la culpa es por haber cedido al deseo. Dormer es responsable de ceder al deseo de no querer que su compañero lo delate a asuntos internos acerca de su proceder en la implantación de pruebas cuando la situación así lo requería provocando, esta confesión, la perdida de su prestigio y la posible liberación de los asesinos apresados por él. Desde la perspectiva jurídica, la responsabilidad se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual circunscribe la responsabilidad al terreno de la conciencia, en donde se ubica la intencionalidad conciente. Se trata de la condición de ser responsable y responsable de si mismo. El sujeto autónomo es el sujeto de la voluntad y la intención por tanto se lo considera también sujeto de derecho capaz de hacerse responsable de sus acciones, sus elecciones y decisiones. Es el sujeto imputable. La culpa en este sentido es por un daño por el que se debe pagar, es un delito o falta. Desde esta perspectiva jurídica se puede considerar culpable o imputable al personaje de Dormer por haber mediado la razón y la intencionalidad en el ocacionamiento de la muerte a su compañero Hap ocultando lo sucedido en función de su conveniencia. Tanto razón como intencionalidad son operadores con los que se analiza la responsabilidad jurídica para la imputación o no de la culpa.
Haciendo una comparación entre el film Insomnia (Noches Blancas) y el caso de Ibbieta en el texto de ficción El Muro, de Jean Paul Sartre, se pueden hacer las siguientes comparaciones conceptuales: Tanto en el caso de Ibbieta como en el del detective Dormer, hay un circuito de responsabilidad subjetiva organizadazo en 3 tiempos lógicos donde hubo un cambio de posición subjetiva en relación a los puntos mas obscuros de ambos sujetos, dado que el tiempo 2 legítimamente los interrogó como sujetos y por otro lado se cumplió en ambos casos con la condición de que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se debió exclusivamente a azar y/o necesidad. Tanto en el caso de Ibbieta como en el caso de Dormer se genero una brecha entre necesidad y azar ante la cual debieron responder frente a sus respectivos deseos desde la posición de sujetos del inconciente frente a la acción del tiempo 1.
A Ibbieta se le puede atribuir responsabilidad ante el secreto deseo de sobrevivir a cualquier precio en tanto a Dormer responsabilidad ante el deseo de “sobrevivir” a asuntos internos a cualquier precio…

BIBLIOGRAFÍA

D’Amore, O.: Responsabilidad subjetiva y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Michel Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Desgravación de clase teórica. Publicado en la página web de la cátedra.

Mosca, J. C. (1998): Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Salomone, G. Z.: El sujeto autónomo y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

El detective Dormer era un hombre organizado. Su vida tenía un sentido: su desempeño como buen detective, aquél que captura y lleva a la cárcel a criminales seriales

19-10-2002 - Por Elizabeth Ormart

Noches blancas

El detective Dormer era un hombre organizado. Su vida tenía un sentido: su desempeño como buen detective, aquél que captura y lleva a la cárcel a criminales seriales. Hap, su compañero, su amigo, había decidido traicionarlo. Venderlo a Asuntos Internos, por un poco de tranquilidad. Y, efectivamente, su expediente no estaba muy limpio. Hubo oportunidades en las que plantó evidencia, porque así lo exigía la situación. No podía permitir que ninguno de esos asesinos se saliera con la suya. Su compañero Hap había vivido junto a él la difícil tarea de buscar y apresar a esos “animales”. ¿Cómo podía entregarlo a Asuntos Internos? No era sólo traicionarlo a él: era detener la maquinaria policial; era hacer que los asesinos quedaran libres, que la paciente tarea de apresarlos se tornara sin sentido.

Decidió no dirigirle la palabra. Tenía que pagar el precio de su traición. Sólo estaba dispuesto a dar cátedra a una joven detective fascinada con su maestro.

Dormer y Hap llegan a Alaska para investigar el homicidio de una estudiante. El asesino cruzó una barrera sin retorno y el vaticinio de Dormer es inapelable:“volverá a hacerlo”.

La investigación los fue llevando a una cabaña en la montaña, en la que colocaron un señuelo para atrapar al asesino. La presa apareció y dócilmente se aproximó a la trampa. Todo parecía cuadrar con el cálculo policial. Un cálculo montado en un complejo proceso decisorio en el que se ponderaron distintas variables. Pero el azar jugó una mala pasada. El asesino, advertido de la trampa inició su huída entre la niebla. Dormer fue tras él. Cegado de furia corría sosteniendo el arma persiguiendo sombras que no se dejaban apresar. Hasta que al fin creyó verlo, disparó y se enfrentó a la magnitud de su elección. Había herido de muerte a Hap. Se acercó a él para explicarle que había sido un error de cálculo.

Hap, en su agonía y aterrado, lo acusaba de eliminarlo para librarse de “Asuntos Internos”. ¿Qué asuntos internos lo movieron a disparar? La culpa no tardó en aparecer mostrándonos el camino de la responsabilidad. Las noches blancas de Alaska se transformaron en un tiempo sin fin, sin descanso, sin sueño. Se había librado de la espada que pendía sobre su cabeza, ya no estaba el hombre que con su declaración habría arrojado por la borda su carrera de detective ejemplar. Ahora que su narcisismo estaba a salvo y los números cerraban ¿por qué no podía conciliar el sueño?

Lo azaroso y la insistencia de lo real terminan enfrentándolo con su propia inconsistencia. Y muy próximo a emprender el sueño eterno, pudo decir aquello de lo que era responsable. “Lo quise matar”.



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