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06_PallaresWalter_Nueve Reinas

Marcos [interpretado por Ricardo Darín] es un estafador profesional que ayuda a un colega principiante, Juan [Gastón Pauls] enseñándole trucos para ganar plata en la calle. Juan necesita 70 mil para ayudar a su papá [que está en la cárcel], tiene 50 mil, le faltan 20 mil, y los tiene que conseguir sea como sea. Pronto esta pareja hallará la única oportunidad para conseguir cerca de medio millón de pesos a través de una estafa mayor: venderle a un extranjero español una copia falsa de “Las Nueve Reinas”, estampillas de principio de siglo. Los dos hacen todo lo posible por vender las estampillas falsas pero unos motoqueros se las roban y las tiran al mar. Solo queda una opción: conseguir las originales y cumplir el trato con el español. Para eso van a la casa de una señora que las tiene, pero esta señora sabe que las estampillas son valiosas y pide la suma de 250 mil. Si las van a vender al doble es negocio, pero para eso, deben los dos, Marcos y Juan, primero comprarlas. ¿Con qué plata? Marcos tiene 200 mil ahorrados y le pide a Juan sus 50 mil para así comprar “Las Nueve Reinas” originales. Juan presiente que va a ser timado por Marcos, aunque luego de pensarlo un poco accede y juntos van a la casa de la señora. Acto seguido le venden las estampillas originales al español y este les paga con un cheque. Deben ir a cobrar el cheque que guardan en un portafolio. En el camino un conocido de Marcos lo increpa a este queriéndole cobrar un dinero que Marcos le debía. El atracador resulta ser un enviado de Marcos para que “le cobre” y así poder quedarse él con todo. Luego de este episodio, ambos dos compañeros van al banco a cobrar. Pero resulta que el banco presenta quiebra esa misma mañana. Marcos no puede cobrar el cheque y Juan se aleja de él, en tanto Marcos vuelve al banco para intentar lograr algo que se torna imposible: cobrar los casi medio millón.
Hasta acá la historia, ya que el final deriva en una vuelta de tuerca inesperada pero que no sirve de mucho relatar para este trabajo.
Ibbieta, el personaje del cuento de Sartre “El Muro” tiene que tomar una decisión, debe responder a una pregunta: ¿Dónde está escondido Ramón Gris?, ante lo cual él tiene que decir la verdad o mentir, enfrentando con esto las consecuencias de su decisión, o sigue viviendo o muere. Es enfrentar el hecho de que no hay referentes para cada acto, no hay garantías, si no que es la propia persona la que debe elegir algo y luego hacerse responsable por tal decisión. Siguiendo esta lógica Jorge Alemán afirma que “la elección constituye al sujeto” , le otorga una manera de ser, de existir.
Tomando el caso de Marcos en el filme escogido, se puede decir que él toma la decisión de cagar a su compañero Juan [el significante “cagar” guarda su ilación de sentido en la carga de erotismo anal que todo asunto de dinero conlleva], trata de quedarse con todo, aún a costa de cargar con eso y nunca reflexiona sobre si lo que eligió está bien o mal, tan solo busca conseguir un beneficio personal. Marcos también responde una pregunta tal vez nunca conscientemente formulada: ¿Voy a cagar a mi compañero?, ante lo cual responde “sí” y pone en marcha una manera de lograrlo, contratando a un conocido que simule cobrarle algo.
Marcos arriesga todo para obtener lo que quiere, pero no se percata de la dimensión que su acto conlleva hasta que logra re-significarse esto en un 2do tiempo. La lógica de los 3 Tiempos de la Responsabilidad Subjetiva es explicada por Oscar D´Amore de esta manera: “La interpelación subjetiva es la puesta en marcha del circuito. Luego la culpa ob-liga a una respuesta ad hoc a la interpelación; es decir, dado el tiempo 2 [….] se funda en su resignificación el tiempo 1 [momentos de destotalización del sujeto]”, siendo así que para este autor el tiempo 3 implica el efecto sujeto, la responsabilidad subjetiva . Ahora bien, el tiempo 2 es el tiempo de la interpelación, ¿y qué interpela a Marcos en la película sobre las Nueve Reinas? Lo interpela un hecho preciso: el quiebre del banco donde iban a cobrar el medio millón. Este hecho o acontecimiento, azaroso e imprevisto, desbarata todo accionar de Marcos, toda respuesta del yo. Entonces el hecho de verse imposibilitado para cobrar la cuantiosa suma de dinero funciona como tiempo 2 interpelando a Marcos sobre su accionar en un ya reformulado tiempo 1: la decisión de cagar a Juan. Uno podría preguntarse ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Cómo algo que no dependió de Marcos puede hacerlo sentir culpable [hecho que aún no comenté todavía]? Esto nos lleva directo a diferenciar la responsabilidad jurídica de la subjetiva.
Para la Justicia, Marcos es un sujeto autónomo, responsable, es decir, sus actos son voluntarios y está en plena facultad de ejercer sus derechos. Ahora bien, desde el Psicoanálisis se puede interpelar al Sujeto con respecto al deseo que lo habita. ¿Es libre Marcos de su deseo de cagar siempre a otro? ¿Se hace él responsable de este modo de goce con respecto a los demás? ¿Puede siquiera interrogarse por esto? La culpa subjetiva funciona entonces como una abertura hacia la responsabilidad, aunque no implicando esto sí o sí alcanzarla. Paso a describir con detalles la escena muda, en silencio , que sucede entre los dos protagonistas luego de que Marcos se entera de que el banco quebró esa mañana:
Juan ve que Marcos sale del banco. Éste se libera de la muchedumbre, se acerca caminando a paso lento hacia Juan, con el cheque en la mano. Luego están cara a cara. Marcos parece mostrarle el cheque, aunque casi sin querer. Juan mira el papel sin valor monetario, pero aún todavía simbólico. Los dos se miran fijo a los ojos y no dicen palabra alguna. Marcos parece buscar una explicación, pero no la hay y parece en este momento sentirse culpable, como si hubiera hecho algo en este asunto. Juan mira al piso y luego lo mira a él. Sí hasta parece que Marcos casi no puede sostenerle la mirada. Una gota de sangre resbala por la frente de Marcos. Juan mira esto y le ofrece un pañuelo con el cual Marcos se limpia [aún puede recibir un gesto del otro, tal vez aceptarlo equivale a pensar que aún podría tener el compañerismo de Juan]. Juan deja el portafolio vacío en el suelo y se va, ante la sorpresa o interpelación sin voz de Marcos que lo ve irse. Este observa el cheque y vuelve al banco para tratar de lograr algo. Desde ahí no se sabe nada más de él.
Rescaté en particular esta escena para ejemplificar el hecho de que Marcos se siente culpable por algo que lo toca de cerca, ya que si no cobran el dinero ninguno de los dos, Juan pierde sus únicos ahorros destinados al padre y de alguna manera termina estafado por una jugada que Marcos comenzó [Marcos dice, con respecto a las Nueve Reinas a vender: “este es mi asunto”] y no pudo concluir satisfactoriamente.
Así, Marcos tiene que enfrentarse con las consecuencias de su decisión. “Cagué a Juan” y esto aunque sabe que él no es responsable de que el banco cierre sin fondos, pero siempre va a ser culpable por el deseo que lo habita y lo hace ser [deseo innombrable, indecible] por más que lo sepa o no conscientemente, es culpable por el solo hecho de desear. Tal vez el silencio de la escena narrada pueda hacer que Marcos se sienta interpelado por su acto, sea responsable de su acto.
El elemento de azar es sin lugar a dudas la ocasión de que el banco cerrara por quiebra, ya que nadie puede pre-ver esto si no se está todo el tiempo pendiente de las movidas bursátiles. El elemento de necesidad, el campo de la determinación [ya sea natural, social, subjetivo, etc.] regido por leyes, puede rastrearse en la actitud estafadora de Marcos, sujeto que iba quedándose sin compañeros con los cuales trabajar porque él los cagaba siempre, no podía hacer otra cosa que eso, aunque hasta ese momento nunca se había enfrentado con las singularidades de Juan.
Jinkis cita una frase de Lacan donde se afirma que “la responsabilidad es el castigo” . Esto quiere decir que el sujeto es realmente responsable una vez que afronta las consecuencias de su accionar, de su obrar, de su decisión ante algo. La culpa puede preparar al sujeto para esto, es condición necesaria pero no suficiente. Es posible arribar a un tiempo 3, al decir de D´Amore, pero solo es posible a través de una retroacción sobre los dos tiempos anteriores y de un posicionamiento subjetivo que implica un acto ético. Ética siempre tomada en su coordenada singular-universal, esto es: obrar cuando el saber deja de existir, cuando nada es seguro, pero enmarcada en la particular moral de la época, las costumbres, lo que soporta el acto ético, pero que no lo puede asir y por lo tanto esas leyes, en tanto sociales [por ejemplo, en la película se nombra a “la ley de la calle”], forman un horizonte que se quiebra para albergar a las inminentes singularidades en acto que aparecen sin cesar y pujan por ser tenidas en cuenta, codificarse de algún modo, (Lewkowicz).
Ubicar la responsabilidad es difícil en el caso de Marcos, ya que no se sabe qué pasa luego de que vuelve al banco, no se puede ubicar un tiempo 3, pero se puede especular [en el plano imaginario y de sentido] con las alternativas que se le podrían ofrecer: o sigue cagando a sus compañeros de “trabajo” o trata de formularse una ley que se lo impida. Tal vez resulte extraño que ponga así las cosas, a su decisión de cagar a Juan como una singularidad que trata de expresarse, pero también se debe tener en cuenta que no todo lo que se halla en lo universal es favorable a las relaciones humanas y su eventual progreso; también hay miseria y deseos oscuros que responden a la pulsión de muerte diferenciada por Freud. Justamente de esos deseos es que uno debe hacerse responsable, de los contenidos de los sueños y fantasías que sirven para constituir a la persona como tal. Aún así, con Hegel y con Lacan podemos corrernos de la vía que propone al deseo como anhelo [pudiéndose decir así que Marcos deseaba el dinero, o que le gustaba ser ambicioso (como si eso lo constituye y nada más)] y plantear al deseo como desear el deseo de Otro, que lo sostenga como tal, para así tal vez proponer que Marcos necesita un Otro que desee en él, que Juan desee ser cagado para que Marcos cumpla con esto, pero: ¿qué pasa si este Otro en verdad no desea esto?. Aparece así el problema de definir un deseo innombrable, imposible de figurar en palabras, ya que es algo que de nada sirve decirlo, solo basta hacerse responsable de eso, lo demás es en vano.
Marcos dice en una parte del film, para aclarar las diferencias entre él y Juan: “yo me banco lo que hago [….] para ser un hijo de p… hacen falta huevos”. Tal vez sí se podría esperar que acceda a su responsabilidad subjetiva, tarde o temprano….
Walter Pallares

Bibliografía utilizada del Módulo 5
- Jinkis, J. (1987). Vergüenza y Responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.
- Alemán, J. (2003). Nota sobre Lacan y Sartre: El decisionismo. En Derivas del discurso capitalista: Notas sobre Psicoanálisis y Política. Miguel Gómez Ediciones, Málaga.
- D´Amore, O. Responsabilidad y Culpa. En La Transmisión de la Ética. Clínica y Deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
- Ariel, A. La Responsabilidad ante el aborto. Ficha de Cátedra. Mimeo. Publicado en la página Web de la Cátedra de Ps. Ética y DD. HH.
- Freud, S. (1925) La Responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu Editores. 1984.

Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología
Año y Cuatrimestre: 2010, 2do C.

Materia: Psicología Ética y Derechos Humanos
Código 71 Cát. I, Fariña, Juan Jorge Michel

2do Parcial: Análisis del film “Nueve Reinas”
Entrega: 26 de Octubre 2010

Comisión: 6
Docente a cargo: Levy Daniel, Gabriela
Alumno: Pallares Díaz, Walter J.
LU: 33774976/0
Mail: simbolica10@live.com



NOTAS

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