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Etica y Cine

por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
FACULTAD DE PSICOLOGÍA

PSICOLOGÍA, ÉTICA Y DERECHOS HUMANOS

CÁTEDRA I: PROF. LIC. J. J. FARIÑA

SEGUNDO PARCIAL DOMICILIARIO

PROFESORA: Lic. María Elena Domínguez
ALUMNAS: Manzanares, Pamela LU: 32.575.379/0
Noejovich, Daniela LU: 32.848.328/0
COMISIÓN: 10

2º CUATRIMESTRE DE 2009
Para la realización de este trabajo, centrado en la aplicación del circuito de la responsabilidad subjetiva, tomaremos como personaje de nuestro análisis a Walter Sparrow, protagonista del film “Número 23”. Nos parece importante comenzar diciendo que el recorrido del circuito no responde a un tiempo cronológico, sino que funciona en base a una lógica de retroacción, que promueve el retorno sobre una acción ya acontecida. “En esta dimensión ya no hablamos sólo de buenas o malas intenciones, o de buenas o malas acciones por las que mereceríamos ser juzgados por otros”. En este sentido, se intentará señalar una situación que interpele al sujeto, no desde el punto de vista moral (ligado al bien, al mal, a lo esperable dentro de un universo determinado), sino desde su posición como sujeto de deseo.
Comenzaremos planteando algunos hechos que nos permiten dar cuenta del inicio del circuito y que, a nuestro parecer, se ubican en las dimensiones del azar y la necesidad.
Al comienzo de la película, faltando un minuto para que la jornada de trabajo de Walter (empleado del Servicio de Control de Animales) finalice, su superior le informa que debe cumplir con una última tarea: ir en la búsqueda de un perro, el cual culmina mordiéndolo. Esta situación hace que Walter se demore en pasar a buscar a su esposa Agatha. Podemos ubicar esta cuestión del lado de la necesidad.
Creemos importante señalar que el protagonista conoce a su mujer al salir de un instituto de rehabilitación, en el cual se encontraba internado a causa de un accidente que le provocó un traumatismo cerebral y la pérdida total de la memoria.
El protagonista persiguiendo al animal mencionado se ve llevado hacia el cementerio, donde éste se queda detenido ante una de las tumbas. Consideramos que este hecho podemos ubicarlo del lado del azar.
Por otro lado, el hecho de que Agatha (debido a la demora de su marido) entre en la librería que se encuentra al lado de su trabajo, elija y compre un libro para regalarle a su esposo, es un acontecimiento que ocurre por causa del azar.
En un primer momento, Walter demuestra cierta reticencia o falta de entusiasmo hacia el obsequio de su mujer, pero progresivamente su curiosidad empieza a aumentar. Suponiendo un Tiempo 1, planteamos que en éste Walter decide finalmente comenzar a leer el libro que le regala su esposa. Podemos decir entonces que “el personaje lleva adelante una acción, una conducta orientada por un determinado objetivo y entendiendo que tal iniciativa se agota en los fines para los cuales fue concebida”.
Consideramos necesario mencionar la siguiente secuencia de hechos que conllevan al advenimiento del Tiempo 2. El libro relata la historia del asesinato de una mujer perpetrado por Fingerling (personaje principal). Ni bien Walter empieza a leerlo, comienza a sentirse representado por el personaje y los hechos del relato. Es así como se propone develar la identidad del autor y el misterio que envuelve al número 23, llegando a desarrollar una obsesión por el número en cuestión que toma control de su propia vida. Cada vez más sumergido en esta dinámica enfermiza, vuelve a encontrarse con aquel perro de la primera escena y, con ansias de vengarse de él, otra vez lo sigue hasta el cementerio. Allí, el animal se detiene ante la misma tumba que la primera vez. Aparece un vecino que le cuenta la historia de una mujer fallecida, a la cual el nicho en cuestión representa; los restos de la misma en realidad nunca fueron encontrados. Walter comienza a investigar el caso y afirma que las circunstancias del mismo coinciden con los hechos que el libro relata. Así, identificando al autor del asesinato de la mujer (profesor universitario de ésta) con el crimen q lleva a cabo Fingerling, se dirige hacia la prisión donde aquel se encuentra para exigir que le brinde toda la información sobre su libro y el número 23. Este hombre niega por completo haber sido el perpetrador del crimen del cual se lo ha acusado, como así también haber escrito el relato.
El desencadenamiento de los hechos conlleva que su esposa, acompañando a Walter en su búsqueda desesperada de información, se encuentre con ciertos objetos que se convierten en pruebas del asesinato cometido por éste, y que dan cuenta del pasado desconocido de su marido. De este modo confirma que el autor del libro había sido su propio esposo, como así también del asesinato en cuestión. Sumido en sus cavilaciones obsesivas, Walter llega a atribuirle a su esposa la escritura del libro, por lo cual ella se ve llevada a enfrentarlo con aquellos objetos de su pasado que había encontrado en el hospital psiquiátrico en el que Walter había estado internado luego de su intento de suicidio. En un primer momento rechaza lo que le dicen y su propio nombre en el manuscrito del libro le parece ajeno. Pero en el contacto con objetos que formaron parte de su historia (el saxofón, revistas y la pulsera que le sacó a la chica luego de asesinarla), el protagonista comienza a revivir su pasado por medio de flashes de recuerdos que inundan su cabeza de un modo abrumador. Es precisamente en este encuentro con sus pertenencias que Walter se desespera, se siente desbordado e interpelado a encontrarle un sentido, una secuencia lógica a esos fragmentos dispersos que se le imponen en su mente. Ubicamos entonces aquí el Tiempo 2. Éste puede definirse como “una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal. Su acción iniciada en el Tiempo 1 fue más allá o más acá de los esperado” . Podemos plantear entonces que la interpelación subjetiva pone en marcha el circuito; el sujeto se ve interpelado por los elementos disonantes que se convierten en un tiempo 1. En un principio, evidenciamos en Walter un monto considerable de angustia y una respuesta culpógena que se manifiesta en lo que podemos denominar “ser un asesino y una mala persona”, imagen a la cual el personaje parece identificarse como su ser y destino predeterminado. En este sentido, necesitamos un paso más para que pueda darse la respuesta esperable en la que ya no cuentan la intención y la pretendida autonomía de la conciencia, ya que introduce una dimensión deseante más allá de ella.
Observamos que el sujeto, obnubilado y sumido en la angustia, vuelve al mismo hotel en el que se había recluido después de cometer el crimen, donde escribió el libro, tirándose luego por el balcón para intentar acabar con su vida. Allí intenta comenzar a rearmar y encadenar todas las escenas disgregadas. A partir de las imágenes que invaden su mente, arranca el empapelado bajo el cual se encontraban los últimos capítulos del libro que terminaban de desarrollar la historia. De este modo, podemos decir que Walter por primera vez se “lee” realmente a sí mismo, logra encontrarse y reconocerse en su relato y como autor del crimen cometido. Surge la culpa que hace que se retorne sobre la acción, la culpa que ob-liga a responder, y que permite que se ponga en juego la responsabilidad subjetiva. Puede ubicarse entonces un tercer tiempo donde Walter se ve convocado a rearmar, entramar sus recuerdos, a establecer nexos entre los hechos y poder brindarles una significación. En este sentido, el Tiempo 3 que, a partir de la potencia de lo universal-singular abre la posibilidad de una singularidad ética, se basa en la reconstrucción de su pasado, el otorgamiento de sentido y aceptación de aquel. Podemos recordar aquí que “no hay que confundir la historia en que se inscribe el sujeto inconsciente, con su memoria (…) ninguna razón justifica identificar dicha memoria, propiedad definible de la sustancia viviente, con la rememoración, agrupamiento y sucesión de acontecimientos simbólicamente definidos (…)”. En este sentido, lo central no son las determinaciones de la memoria, sino cómo el sujeto lleva a cabo la historización, la operación de alteración de las marcas de la memoria que permiten el advenimiento de un sujeto. Vemos entonces que surge un sujeto que ya no es el mismo que dejamos en el tiempo 1, que enfrenta su existencia y puede dar una respuesta que no es evitativa, negadora o renegadora, sino que supone un cambio de posición del sujeto frente a las circunstancias.
Ante estas circunstancias, podríamos agregar que Walter se ve convocado a responder por su acto, olvidado en el momento del suicidio fallido a causa del impacto. Cuando su esposa lo va a buscar y habla con ella, termina de asumir que hay un acto fundamental de su historia por el que debe responsabilizarse. Es así como decide reconocer su acto (el asesinato de la chica) y entregarse a la justicia para obtener la condena correspondiente. Podemos plantear que esta decisión es lo que podrá permitir luego el comienzo de una nueva vida, en la cual su pasado esté incluido.
Como hipótesis clínica podríamos plantear que Walter se ve confrontado con hechos que lo marcan y constituyen como sujeto, a los cuales debe responder. De este modo, se ve interpelado a entramar en su historia una parte de su vida que había quedado escindida de su propio ser. Se puede pensar como un cambio de posicionamiento subjetivo el hecho de que, al revivir su pasado, al develarse con toda su crudeza la secuencia de acontecimientos, pueda dar una respuesta diferente a la dada anteriormente. Donde antes intenta acabar con su vida, escapando de algún modo de su situación, ahora intenta asumir las consecuencias de sus actos, entregándose a la justicia para cumplir con su condena. Consideramos que este hecho es fundamental, no desde una perspectiva moral o jurídica que involucra cumplir con una condena o un castigo por el delito cometido, sino desde lo que implica para el sujeto, en tanto modo de elaborar y resignificar sus acciones pasadas. No se trata entonces de la moral entendida como los deberes del sujeto frente al estado, frente a la ley, lo que es pertinente a la conducta social de un sujeto entre otros, sino del sujeto y el sentido singular de su acto, un acto ético que no puede ser previsto y que presenta carácter suplementario respecto de la moral. Se trata de la posición del sujeto frente a su soledad, del “deber” consigo mismo y con su propia historia.
Podemos ubicar que, si bien este modo de proceder y sus consecuencias (ir preso y estar separado de su familia), no es el “final más feliz” es el modo en el que puede intentar rearmar su historia y pensar en un posible futuro junto a sus seres queridos. Podríamos decir que, sólo dando lugar en su entramado subjetivo al pasado olvidado, puede llegar a abrir una puerta para que algo nuevo surja.
Observamos entonces cierta imposición del pasado que insiste por manifestarse. De algún modo aquello enterrado, sucumbido, logra abrirse paso nuevamente hacia la conciencia por medio de la lectura del libro y la identificación total de Walter con el personaje. Su propio ser pasado, encarnado en el protagonista del relato, le retorna de un modo abrumador, como un goce insoportable del cual no sabe como liberarse. Así, el delirio sepultado tiempo atrás y sus consecuencias vuelven a desarrollarse y a cobrar vida en su mente y en su cuerpo, llevando al sujeto a revivir su historia e intentar finalmente lograr un posicionamiento subjetivo diferente. Más allá del impacto sufrido con el accidente, podríamos pensar que hubo un intento de anular y desligarse de los acontecimientos sucedidos, que ahora retornan invocándolo a responsabilizarse. (Pensamos al suicidio como pasaje al acto que implica un dejar(se) caer del lado del sujeto. Como dice Lacan en el Seminario X, “en el momento del mayor embarazo, con la adición comportamental de la emoción como desorden del movimiento, el sujeto se precipita desde allí donde está, desde el lugar de la escena donde sólo puede mantenerse en su estatuto de sujeto como sujeto fundamentalmente historizado, y cae esencialmente fuera de la escena” ). Podríamos decir entonces que, más allá de sobrevivir, Walter cae de la escena de su propia historia, de su propia vida y de los acontecimientos que lo determinan como sujeto y que ahora insisten por configurarse y adquirir sentido.
Creemos importante destacar que, si bien nuestro protagonista considera que cada hecho que sucede le está referido y se encuentra condicionado por el número 23, no pudiendo reconocer la existencia del azar o la determinación, pueden señalarse algunos hechos que corresponden a estas dimensiones.
Podemos plantear como un factor incluido en el orden de la necesidad, el hecho de que el sujeto haya sobrevivido a su intento de suicidio. Tomando el nombre cotidiano con el que suele denominarse los hechos que existen fuera del designio humano, podemos decir que no era el “destino” de Walter morirse cuando saltó del balcón. Puede agregarse también que, a consecuencia de la caída, el sujeto sufre un traumatismo cerebral que ocasiona la pérdida total de la memoria, modificando sus planes u objetivos que lo llevan a intentar suicidarse.
Cuando Walter conoce a Laura Tollins, persona que luego asesinará, logra relativamente relegar su obsesión por el número 23. En cierta oportunidad, cuando va a buscar a Laura a una clase, logra ver que el profesor está dando una clase en relación con el número 23, advierte que hay una relación entre este hombre y su amada, y su obsesión se reanuda. Puede plantearse como un acontecimiento producto del azar el que el profesor justo esté exponiendo esa temática y que escriba el número 23 en la pizarra en el momento que Walter llega al lugar. A partir de este momento se ve invadido nuevamente por su relación patológica con el número. Puede observarse que ésta lo perseguía desde pequeño, y se enlaza al suicidio de su padre, el cual ya había padecido la misma obsesión. De este modo, podríamos plantear que algo del orden de la determinación se pone en juego, como el retorno sobre Walter del designio tortuoso de su padre en relación con el número 23. En este sentido, y dado que el sujeto no es sujeto de necesidad, sino de deseo, atravesado por el lenguaje, la determinación puede pensarse como estas marcas que provienen del Otro y que convocan al sujeto a dar una respuesta singular.
Otro hecho importante que puede ubicarse del lado del azar, y que colabora en la consecución de los hechos, es la lectura de la nota que Laura le deja a Walter cuando intenta terminar su relación con él y la palabra que este encuentra al remarcar cada letra 23 del texto: “Mátala” (Kill her). Esta situación provoca que Walter intente advertir a Laura del peligro al que está expuesta y se termine desencadenando la escena del crimen.
Como conclusión, quisiéramos mencionar una frase que puede ilustrar la temática trabajada: “Un sujeto puede pasarse la vida huyendo de sí mismo. Pero existen ciertas circunstancias en las que algo cambia, en las que se encuentra eligiendo, pero no ya desde el cálculo y la certeza precedentes” . Podemos decir entonces que, como en el caso analizado, será cuestión de que cada sujeto, en cada situación, pueda posicionarse ante aquellas circunstancias que lo interpelan, dando paso al acto ético enmarcado en la vía del deseo.

Bibliografía
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