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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2012 > Film:  Orgullo y Prejuicio
El pre-juicio del amor o el juicio del padre sobre el amor
por Domínguez, María Elena
Título original: Pride & Prejudice

Joe Wright / Reino Unido / 2005

La famosa novela de Jane Austen Pride and Prejudice (1813) fue llevada a la pantalla grande en varias oportunidades. Nos centraremos para nuestro comentario en la versión cinematográfica de 2005. En el film Orgullo y prejuicio el amor ronda la escena en sus diferentes manifestaciones: el amor entre hermanas, entre amigas, entre un hombre y una mujer, pero también entre un padre y una hija. Pues no podemos pasar por alto que Lizzie es la preferida de la mirada de su padre. No obstante, si sólo se tratara de esa mirada la joven Elizabeth estaría condenada a amar únicamente a su padre. A contramano de ese sentido diremos que este film no es sólo una historia de amor sino otra historia del amor.

El gesto y los gestos

Uno de los recorridos posibles es seguir la sutil línea de los gestos pues es, a través ellos, que leemos lo que escapa del control de los personajes: el deseo. La serie se inaugura con la mano ofrecida, caballerosamente, por el Sr. Darcy a Elizabeth Bennet para subir al carruaje que la conducirá de regreso a su casa, gesto que logra sorprenderla y perturbarla. Hay algo nuevo allí. Un exceso se revela cuando la cámara se detiene en la mano abierta de Darcy retirándose de la escena como interpelándose por lo acontecido.

Georgio Agamben enuncia que "el elemento del cine es el gesto y no la imagen" [1]. Ahora bien, ¿qué es el gesto? comúnmente diremos que se trata del movimiento del rostro o de las manos con que se expresa algo, diversos sentimientos o afectos del ánimo, pero también acto. Pero, volvamos a Agamben pues el trata al gesto como "la exhibición de una medialidad, el hacer visible un medio como tal" [2]. Es decir, no supone un hacer para algo, para una finalidad determinada, sino un producirse en ese medio. En este sentido, “hace aparecer el-ser-en-un-medio del hombre y, de esta forma, le abre la dimensión ética” [3], la esfera propia de lo humano, el “ethos, soportando y asumiendo” [4] en él la acción. Se trata de un modo de pensar el hombre, sin ninguna esencia o vocación e incluso hasta sin un destino biológico [5] predeterminado. Se trata del sujeto, de la producción del sujeto en acto. La mano como objeto privilegiado del gesto aparece a lo largo de todo el film y somos los espectadores, quienes, ineludiblemente, hilamos con ellos la historia. En una suerte de recuperación que, como plus de gozar, aporta más allá del señuelo de la imagen la posibilidad de trazar un camino singular. Todo un suplemento a lo ya dado.

El heredero y lo que se hereda

La moral de la época impulsaba a la realización de ciertos rituales para el acceso a la vida social en procura de hallar un buen partido para el matrimonio. En la búsqueda del Sr. Bingley las hermanas Bennet se encuentran con el Sr. Fitzwilliam Darcy quien es un mejor candidato que su amigo, pero peca de orgulloso y engreído por pertenecer a una clase social demasiado alejada de la que representan los amigables Bennet.

El heredero de Derbyshire enamorado de la tradición afrontará, al enamorarse de esa mujer, la ardua tarea de librarse del conservadurismo que lo aqueja. Y eso lo conducirá a las puertas del acto.

En efecto, el heredero suele ser al que se lo ha beneficiado con una herencia. En aquel entonces, ello implicaba el valor del caballero en cuestión. No olvidemos que George Wickham es degradado por haberla despilfarrado, o que incluso una dama puede ser objetada por considerarla más interesada en la herencia que en su portador. Nos interesa aquí introducir otra vertiente de la herencia, la que se halla en consonancia con el acto que produce sujeto. Aquella propuesta por Derrida al indicar que se trata de escoger la herencia, es decir, ni aceptarlo todo ni barrer con todo [6], “sino pescarla en falta” [7], pescar en ella la falta y al sujeto que la porta.

Preguntémonos, entonces, ¿qué es aquello que se hereda? Sabemos que se hereda una lengua: la materna, un lugar en el deseo de los padres, inclusive una cultura, pero más allá de los dones y de la filiación que nos hace “herederos de”, es preciso –tal como sugiere Jaques Derrida- reafirmarla, registrando al mismo tiempo qué continúa pero también qué interrumpe. Selección, elección y finalmente decisión [8] lo que implica cierta posición del sujeto en su enunciación misma. En ese sentido “habría que pensar la vida a partir de la herencia, y no a la inversa” [9], pues una herencia no nos convoca a una posición pasiva de objeto que recibe diferentes impresiones, sino que nos convoca a apropiarnos de un pasado –una empresa no del todo posible-. Nos convoca a responder al llamado de aquel que nos precedió, nos obliga a decidir. Se trata de mantener viva la herencia lo que conduce a afirmar ciertas cosas y dejar caer otras. La herencia gobernada por dos gestos a la vez, nos asigna tareas contradictorias recibirla y escogerla, “nos obliga a acoger lo que viene antes que nosotros y sin embargo reinterpretarlo” [10] y ello que da fe de nuestra finitud y permite el legado.

Freud en Tótem y Tabú (1913[1912-13]) cita al poeta "Lo que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo" [11], para situar la comunidad psíquica que se puede suponer entre generaciones, señalando que es por la vía de las costumbres y las ceremonias que se recibe la herencia de esa relación primordial con el padre. En suma, la herencia nos responsabiliza por el pasado y por el futuro, es respuesta ante aquello que nos precedió, pero también, ante aquello que uno legará a los que lo sucederán. Es una decisión singular, es responder en su nombre y con el nombre, “firmar de otra manera, de un modo siempre único, pero en nombre del nombre legado” [12].

La música

Ella recorre todas las escenas, ella propicia diálogos y bailes. Anuncia lugares, revela castas, establece relaciones y hasta designa parentesco. La música totalmente instrumental compuesta por Darío Marianelli conserva el tono clásico esencial para este film de época, recordando vagamente la música del romanticismo clásico.

La decisión de Marianelli sobre la banda sonora original que, acompaña las desventuras y las aventuras de nuestra protagonista y su amado, implicó tener en consideración que, para Elizabeth, tocar el piano resultaba la mejor forma de expresarse y de exteriorizar sus auténticos sentimientos. Así, decidió que la simplicidad de las notas a piano, que serían ejecutadas, tanto por Elizabeth como por Georgiana, –las dos mujeres más importantes para el Sr. Darcy-, tenían que ser claves, la clave para todo el desarrollo musical del film. Ello convirtió a la pieza musical “Dawn” en aquella que podemos apreciar en varios fragmentos volviéndola su melodía principal siendo, a su vez, la que nos ubica con su cadencia en los sentimientos y en la intimidad de los protagonistas.

El amor al padre

La histérica se caracteriza por amar al padre, pero esa armadura del amor al padre [13] es el modo sinthomático en que se obstaculiza el encuentro con un hombre, con otro hombre... que el padre. La misma Lizzie así lo señala: sólo el amor más profundo me persuadiría a casarme, por lo que acabaré solterona. Volveremos sobre este punto ya que veremos de qué amor se trata.

En varias escenas del film puede apreciarse ese amor que se tienen padre e hija. Cuando la joven se niega a aceptar la propuesta matrimonial del Sr. Collins ella corre a resguardarse en su padre, quien “mete mano en el asunto” y, sin decir nada en contra de la Sra. Bennet, le anuncia que si acepta esa proposición de allí en adelante va a ser una extraña para uno de sus padres. Lo cual la autoriza a mantenerse soltera y confirma su amor por ella. Luego la envía al mundo libre para ser rechazada, expresando su deseo de que no sea desposada pronto.

El amor al padre puede verse en aquellas insignias del padre que Elizabeth porta, su cordura, su fortaleza, el ocuparse del honor de la familia y de que el amor de su hermana Jane llegue a buen puerto, su falta de frivolidad que dista mucho de la posición de su hermanas, su andar solitario y en “meter sus manos” en los asuntos de la familia… como lo haría un hombre. Ello revela hasta qué punto el amor al padre en la histeria es solidario de la identificación viril [14].

Lo excluido de la mirada: el amor

Una vuelta más por el lado del amor.

Badiou advierte que no hay “nada más ajeno al amor que las certezas, porque éste implica más bien aventura, contacto cara a cara con lo desconocido, el encuentro casual pero a la vez transformador de la propia existencia” [15].

Nuestro film plantea cómo la moral epocal intenta opacar y aplacar dicha aventura con su pretensión de hacer encajar el amor en normas y protocolos preestablecidos, pero pese a ello, el azar, hace su entrada ya al comienzo de esta historia de amor, y nos posibilita aventurarnos en encuentros y desencuentros teñidos de un romanticismo atemporal.

Es llamativo que el film termine luego de la escena que aparece en el fotograma en dónde las manos de los enamorados se encuentran y sellan un pacto de amor. En esta nueva declaración del Sr. Darcy, Elizabeth responde tomando y besando sus manos. El espectador conocedor del film dirá que hay aquí un error. No obstante, diremos que no es un fallido el confundir esta con la última escena –cuando en verdad no lo es- ya que allí algo concluye. Pero, asimismo, ella paradójicamente inicia temporalmente un circuito [16]. En efecto, ella se instituirá como tal a partir de la segunda que la resignifica, aquella en la que Elizabeth habla con su padre para obtener su consentimiento de boda. Y, nuevamente allí, aparecen las manos: Lizzie confiesa a su padre su amor por el Sr. Darcy y, mientras habla de él, de sus bondades, de sus sentimientos, se ríe y tapa su boca con su mano. ¿Vergüenza? No lo creemos. Llamativamente su padre realiza ese mismo gesto al sorprenderse por hallar a su Lizzie enamorada y le dice: “no creía que nadie pudiera merecerte, pero parece que me equivocaba”. Y luego agrega: “no podría dejarte ir con alguien más digno”. Agreguemos ahora nosotros: “… de ti mi Lizzie”.

La identificación viril con un rasgo del padre, lo que ella de él hereda, hace lugar ahora a lo que de esa herencia ella se ha apropiado. Sería pasar de la identificación con el padre a identificar aquello que del padre se acepa recibir. Es que no puede prescindirse de la armadura del amor al padre más que a condición de servirse de ella [17].

Eso es lo que le posibilita a Lizzie dar el paso hacia un hombre y… al altar. Se sirve del padre, de su père-version [18]: toma con sus manos al hombre que… la toma con sus manos. La père-version es la “ley del amor” [19], puesto que ya que no hay relación sexual, la ley del amor, la père-version es lo que la suple. Y aquí se suple en el encuentro de esas manos.

Pero ¿se trata solo de un pase/paso de manos? ¿Es únicamente pasar de la mano del padre a la del hombre… a quien el padre entrega su mano, la de ella? No, ya que aun hay otro paso que dar, en que se franquea ese amor al padre y del padre, y que permite ir más allá de este “juego de manos”. Es una escena sustraída de la mirada del espectador: no aparece más que en algunas versiones del film en Internet. La verdadera última escena –la tercera del circuito- es aquella que confirma ese pasaje de una histérica père-versamente orientada, a una mujer que ha encontrado un “hombre que le hable según su fantasma fundamental, el de ella” [20]. Y de allí extrae efecto de amor y de deseo. En esta escena recortada, luego de que Lizzie acaricia amorosamente la pierna de su amado, se los escucha dialogar:

– ¿Cómo está hoy querida?

– Muy bien, pero no me digas querida.

– ¿Por qué?

– Porque es el modo en que le dice mi padre a mi madre cuando esta de malas.

– ¿Y cómo debo llamarte?

Luego de meditar un poco le dice – Lizzie todos los días, mi amor para algunos días y divina diosa para algunas ocasiones especiales.

– Y, ¿cómo debo decirte cuando estoy de malas? ¿Sra. Darcy?

– No! sólo puedes decirme Sra. Darcy cuando estés, perfectamente, completamente, radiantemente feliz.

– Como esta noche.

En ese punto llega un beso: ¡se hizo esperar! Y de las manos se pasa a los labios –lo que en la escena anterior se anticipaba-. Los protagonistas ahora parecen otros. Elizabeth es Otra. Y Otro es el amor. Pero esa es otra hystoria [21].

Referencias

AGAMBEN, G. (2001): Medios sin fin. Notas sobre la política, Pre-textos, Valencia, 2001.

AGAMBEN, G. (1996): La comunidad que viene, Pre-textos, Valencia, 2006.

BADIOU, J. A. y TRUONG, N. (2012): El elogio del amor, Paidós, Buenos Aires, 2012.

DERRIDA, J. &. ROUDINESCO, É. (2003): Y mañana, qué…. Buenos Aires (2da ed.): Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009.

DOMÍNGUEZ, M. E. (2004): “Los carriles de la responsabilidad el circuito de un análisis”. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología, Volumen 1. Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.

FREUD, S. (1913[1912-13]): “Tótem y Tabú”. En Obras completas, Amorrortu editores, Buenos Aires, XIII, 1-162, 1993.

LACAN, J. (1951): “Intervención sobre la transferencia”. En Escritos 1, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 1988, 204-215

LACAN, J. (1967): “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela” (versión escrita). En Momentos cruciales de la experiencia analítica, Editorial Manantial, Buenos Aires, 1987, 17-18.

LACAN, J. (1970): Psicoanálisis. Radiofonía y Televisión, Editorial Anagrama, Barcelona, 1977.

LACAN, Jacques (1975-76): El seminario 23: Le sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006.

LACAN, Jacques (1976): “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI". En Ornicar?, 1, Petrel, Barcelona, 1981. (También en Lacan, J., Intervenciones y textos, 2, Manantial, Buenos Aires, 1988).

LACAN, J. (1976-77): El Seminario 24: L’insu que sait de l’une bévue s’aile à mourre. Inédito.

LACAN, J. (1980): “Decolaje o despegue de la Escuela”. En Escansión Nº, Nueva Serie, Buenos Aires, Manantial, 1989.

VEGA, J. (2012): “Más difícil que el amor”. Entrevista a Alain Badiou en Revista Ñ, Buenos Aires, 30 de julio de 2012.


Notas

[1] AGAMBEN, G. (2001), p. 52

[2] AGAMBEN, G. (2001), p. 53.

[3] AGAMBEN, G. (2001), p. 54.

[4] Ibíd.

[5] Cf. AGAMBEN, G. (1996), p. 41.

[6] Derrida, J. &. Roudinesco, É. (2009), p. 9.

[7] Derrida, J. &. Roudinesco, É. (2009), p. 10.

[8] Seguimos aquí la formulación de Ignacio Lewkowicz quien considera a la decisión ligada a la producción de una singularidad subjetiva, una variable que se inventa, una variable acorde a la singularidad en situación.

[9] Derrida, J. &. Roudinesco, É., 2009, p. 10

[10] Derrida, J. &. Roudinesco, É., 2009, p.13

[11] FREUD, S. (1913[1912-13]), p.159. Cita del Fausto de Goethe.

[12] Derrida, J. &. Roudinesco, É. (2009), p.14.

[13] LACAN, J. (1976-77). Clase del 14-12-1976. Inédito.

[14] LACAN, J. (1951), p. 213.

[15] Fragmento extraído de la nota periodística realiza a Alan Badiou en la Revista Ñ, del 30 de julio de 2012. Cf. BADIOU, J. A. (2012).

[16] Nos referimos a nuestro conocido circuito de la responsabilidad el cual produce como efecto un sujeto dividido, o mejor dicho el sujeto se produce allí como respuesta (responsabilidad).

[17] Cf. LACAN, J. (1975-76), p. 133.

[18] LACAN, J. (1975-76), p. 20.

[19] LACAN, J. (1975-76), p. 148.

[20] LACAN, J, (1980).

[21] Cf. LACAN, J. (1976) p. 42.







Comentarios
Mensaje de Michel Fariña, Juan Jorge  » 5 de agosto de 2012 » jjmf@psi.uba.ar 
Orgullo y Prejuicio

La referencia de María Elena Domínguez al valor del gesto en la obra de Giorgio Agamben es especialmente interesante en el contexto del film que comenta. Nos recuerda que según el pensador italiano el gesto es justamente aquello que se asume y se soporta, esa extraña circunstancia que representa no un medio sino una finalidad en sí misma.

La ciencia de fines del siglo XIX estaba consagrada a estudiar los gestos más cotidianos, categorizándolos según parámetros que los remitían a un mapa estrictamente neurológico de consistencia orgánica. Agamben nos hace notar que en ese contexto histórico en que una sociedad ha perdido sus gestos, hace su aparición el cine. Es decir, la entrada del cine coexiste temporalmente con las descripciones que expulsan el gesto de la esfera subjetiva. De este modo, el cine permitiría una recuperación del gesto, en tanto adormece la mirada en la pura contemplación. Si la biopolítica ha expropiado el gesto de su razón subjetiva, el cine nos remite a un ethos que devuelve al ser humano su acción en el gesto.


Mensaje de Valeria Suque Stecklein  » 3 de agosto de 2012 » val9_2004@hotmail.com 
Orgullo y Prejuicio

Muy interesante el artículo, es una novela bellísima. Es interesante poder rescatar que, Jane Austen, a diferencia de Lizzie, nunca se casó ni siguió con los mandatos de la época, sino que dedicó toda su vida a su pasión: el escribir. Convirtiéndose en una destacada escritora británica. Tal como fue Mr. Bennet para Elizabeth, George Austen lo fue para Jane, ya que fue su padre quien la alentó a leer. Siguiendo los lineamientos del artículo, podemos percibir que el amor al padre subsiste en la vida de la escritora. Se podría pensar que a través de sus novelas, sus personajes reinterpretan la vida que no siguió, aquella que se vio sacrificada por su elección de ser escritora y no esposa, remendando en sus historias aquello que no pudo ser, dando sentido a su legado, a su herencia, pudiendo vivirlo en el mundo de fantasías y no en la realidad. En el personaje de Lizzie ve reflejada su vida, sus ideales, aquello heredado. Fue lo que Jane quiso en su mundo de fantasía. Ya que tanto Lizzie como Mr. Darcy no se miraron por sus dotes o intereses de clases, sino por el verdadero amor que unía esos gestos sutiles que se presentan en el film. Se nos abre el interrogante de qué fue lo que Jane quiso ser, ya que al dedicar su vida a la escritura no tuvo la oportunidad de encontrar al amor como lo hizo su más querido personaje: Elizabeth Bennet.


Mensaje de Mauro Lionel Zamijovsky  » 3 de agosto de 2012 » zami.mauro.lionel@gmail.com 
Orgullo y Prejuicio

¡Muy interesante! Me atrajo particularmente la articulación del gesto no como una simple expresión de sentimientos sino como la exhibición misma de esa medialidad; el gesto en su vertiente de acto. Creo que enriquece el modo de mirar aquello que ocurre en la pantalla y la traspasa.
Otro punto muy interesante es el papel que se le dio a la herencia. La cita "Lo que has heredado de tus padres, adquiérelo para poseerlo", contempla a un sujeto ante la responsabilidad de decidir, dejando la posición pasiva que el imaginario que "herencia" nos propone cotidianamente. Da a luz a una expectativa de sujeto, más que a un sujeto en espera. "¿Que´ se hereda?, ¿Que´ interrumpe?" son preguntas que como herramientas guardo para agudizar la lectura de aquí en adelante. Gracias por el trabajo. Saludos.



 

 
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